Gracias por los comentarios, me hacen muy feliz y me animan a continuar esta historia con la que me he encariñado en poco tiempo.


.

Crónicas de una Maleficarum

-Acercamiento-

.

.

-Así que… básicamente tu plan es colarte a los calabozos del Castillo ¿Por dinero? Me parece un plan perfecto.- Señaló Azana con palpable sarcasmo, mientras el grupo permanecía oculto en unos matorrales aledaños a la imponente fortaleza.

-No es tan difícil, conozco Caer Oswin como la palma de mi mano, además según los relatos de los aldeanos la mayoría de los soldados partieron hacia Ostagar antes de la batalla y nadie ha vuelto.-

-Qué tal si solo entras, Bann Loren te conoce, puede que sea razonable contigo.- Sugirió Alistar ingenuo pero con un tono que daba a entender que ni siquiera él creía en sus palabras.

-Es un hombre envenenado por Loghain que perdió a toda su familia… no creo que vaya a entender razones.- Comentó Leliana con pesar.

-Parsheera… no tenemos tiempo para esto ¿Qué hacemos aquí mientras los engendros tenebrosos avanzan sin oposición en el sur?-

-No es tan simple Sten, no podemos ir a combatir sin armas, ni armaduras, ni ninguna clase de apoyo.- Los ánimos se encendían con cada segundo que pasaban escondidos.


Elizabeth, Azana y Leliana recorrieron los alrededores del Castillo hasta visualizar una pequeña entrada de servicio.

-No debemos matar a nadie, en caso de que nos descubran intenten noquear, eviten causar todo el daño posible… Por favor.- La preocupación de Elizabeth era palpable, ser tratada como un paria en su propia tierra, en las tierras de los amigos más cercanos de sus padres, le destruía el corazón, a pesar de su vida lejos de la corte era devota con su país, amaba Ferelden y ahora no era más que una traidora.

La intromisión fue breve, dentro de los calabozos, en la tercera celda una trampilla oculta, visible solo para aquellos que conocen su existencia se encontraba la cámara de emergencia que hace décadas el abuelo de Teyrn Bryce Cousland había mandado a construir en caso de que su familia tuviera que huir, cosa común entre las familias nobles de cualquier país.

-¡Azana! Detente, por allá está el patio del Castillo, ven aquí.-

"Y a un corto salto de distancia hacia un oscuro agujero, ahí estaba la cámara secreta de la familia Cousland, jamás había visto algo así, un cuarto pequeño polvoriento y sucio plagado de tesoros y recuerdos, cuadros de los antepasados de Elizabeth vigilaban su legado, cofres rebosantes de soberanos, armaduras y armas que parecían sacadas de libros de fantasía, joyas y piedras preciosas amontonadas en una esquina mugrienta."

-Es la primera vez que estoy aquí…- Dijo Elizabeth abstraída en lo que la rodeaba. –Tomen lo que puedan pero no se sobrecarguen demasiado, no volveremos aquí.-

-¿Por qué?- Preguntó la maga extrañada por la decisión de su compañera.

-Aún tengo la esperanza de salvar mi linaje, si en algún momento del futuro los descendientes de mi familia tienen problemas deberé dejar parte del tesoro para ayudarles.- Con toda su familia asesinada y ella convertida en Guarda Gris no perdía la fe de ver reconstruida su familia…


-Esto será suficiente.- Dijo con esfuerzo mientras arrogaba frente a los demás el saco con piezas de armaduras, espadas, arcos y toda clase de armas que habían recolectado.

-¿Ahora a donde nos dirigimos?- Preguntó Morrigan recargada sobre un árbol, ninguno de esos implementos le eran de utilidad y estaba comenzado a exasperarse por la tardanza.

-Creo que Risco Rojo es la mejor opción.- Recalcó Alistar.


Caminaron hasta volver al Camino Real y montaron su campamento.

-Así que… Alistar ¿Qué piensas de Elizabeth?- Preguntó la maga con cizaña, no esperando una respuesta sino solo una reacción.

-¿Eh? Ah bueno, es una buena líder, creo…- La sola presencia de la elfa causaba incomodidad en el ex-templario. -¿Hay algo en específico que quieras saber Azana?-

-¿Por qué tan a la defensiva? Yo solo quería charlar…- Dijo mofándose antes de marcharse a su espacio al ver que la aludida se acercaba.

-¿Estas bien?- Preguntó secándose el cabello.

-Si… es solo Azana.-

-Bueno, ella suele ser algo incomoda…- Dijo con una sonrisa ladeada.

-¿Y tú? ¿Estás bien? Hoy… pasaron muchas cosas, imagino que te sientes cansada.-

-No… no, no es cansancio, es otra cosa… que jamás había sentido… siempre estuve orgullosa de lo que era, de donde venía y ahora que no soy nada me siento algo perdida… y continuo perdiendo cosas…- Susurró cabizbaja. Alistar solo reaccionó a posar su mano sobre el hombro de la chica.

-¿Dónde creciste Alistar?- Preguntó intentando alivianar el ambiente.

-¿Mmmmm? ¿Yo? Ehhh bueno, ¿No te lo dije? Fui criado por una manada de lobos…- Su tono nervioso y clara incomodidad hicieron que la mujer no le quitara los ojos de encima mientras se sacaba parte de la armadura.

-Vamos… puedes confiar en mí, después de todo no tengo a quien contarle tus secretos.- Y al terminar la frase notó con pesar lo triste de su comentario.

-Me crio Arl Eamon, en el Risco Rojo.-

-Lo conoces, por eso quieres acudir a él.- Elizabeth notó la convicción en las palabras de su compañero, esperanza, cosa que a veces ella olvidaba.

-Es un buen hombre…- Terminó con una sonrisa mientras observaba el danzar del fuego en su fogata.

Un siseo de dolor captó la atención de Alistar.

-Estas herida.- Dijo tomando su antebrazo desnudo sin ningún tapujo.

-N-no es nada grave, debo habérmelo hecho al bajar a la cámara.- La sangre fluía leve pero constantemente.

-Tengo unas vendas aquí mismo.- La vendó con delicadeza como si estuviera hecha de cristal y la más mínima torpeza fuera a quebrarla, por largos minutos reinó el silencio con la luna y el fuego de la hoguera como únicos testigos, sus ojos se encontraron y una sincera sonrisa hizo brotar el rubor en las mejillas de Alistar. –Creo que ya está.- Dijo dubitativo depositando con la misma gentileza inicial el brazo de la muchacha. Sin decir una palabra y solo dedicándole un gesto amable con la cabeza ella se retiró hasta su tienda sintiendo la mirada persistente de él antes de perderse en la oscuridad de su refugio.


-Elizabeth…- Mientras Alistar tomaba del brazo a la líder de su pequeño grupo para apartarse de los demás, las miradas y susurros curiosos no tardaron en aparecer, bueno menos Sten, pero sus voces eran acalladas por el sonido del agua cayendo, clara señal de que se encontraban en la entrada de la villa del Risco Rojo.

-¿Está todo bien?- Elizabeth no ocultaba su incertidumbre.

-Recuerdas lo que te dije sobre que Arl Eamon me crio aquí en Risco Rojo… bueno…-

-¿No es tu padre o si?- Se puso algo pálida con solo pensarlo.

-No no… es solo que… ¡Soy un bastardo! El Rey Maric es mi padre y mi madre fue una sirvienta del Castillo, Arl Eamon lo sabía y por eso me crio.- Vomitó la información como un niño que hace una travesura y no puede evitar confesar.

Elizabeth intentaba digerir la información lo más rápido posible pero se encontraba en shock, esto cambiaba mucho las cosas, es más hacia todo mucho más claro.

-Tranquilo Alistar… No pasa nada.- Dijo con un tono dulce y armonioso en un intento por calmar al hombre que parecía a punto de colapsar.

-Todos a mi alrededor lo sabían nunca tuve que decírselo a nadie, es por eso que quizás no abordé la situación correctamente.-

-¿Duncan lo sabía? ¿Lo sabe Loghain? Qué clase de pregunta es esa claro que lo sabe.-

-Pero esto no cambia nada… la verdad solo quería que lo supieras.- Dijo ya más calmado.

-Alistar no quiero que te preocupes, pero esto si cambia las cosas. Con Cailan muerto sabes que podrías tener qu-

-¡NO! NO, claro que no… Arl Eamon es hermano de la reina y muy querido por todo Ferelden, él debería ser quien tomara el trono.-

-¿Y qué pasará si el Arl no se recupera? Alistar no puedes hacer oídos sordos a lo que está pasando… ¿No lo entiendes? En Ferelden las familias que le siguen a la realeza son los Teyrn, mi padre era uno y Loghain es el otro, pero él es solo un plebeyo.- Elizabeth notaba que con cada palabra Alistar iba palideciendo, ni él ni nadie de su grupo estaba tan interiorizado con la política en Ferelden como ella y ahora tenía muchas cosas que reflexionar.

-¡UUUHHHH VAMOS MI PRINCIPE, RISCO ROJO NOS ESPERA!- La conversación entre los Guardas nunca fue secreta y los gritos de Azana apoyados por las impresiones de Morrigan y Leliana habían diezmado el ambiente de privacidad y confianza.


-¿Bann Teagan? Te acuerdas de mí, la última vez que nos vimos yo era un niño… y estaba cubierto de barro.-

-¿Cubierto de barro? ¿Alistar, eres tú? Por el aliento del Hacedor estas son excelentes noticias, todos creímos que habías caído en Ostagar junto con mi sobrino.-

-Entonces… ¿No das crédito a las palabras de Loghain?-

-¿Que los Guardas Gris traicionaron y mataron a mi sobrino? ¿Que Cailan arriesgó todo en nombre de la gloria? Claro que no, son las palabras de un hombre desesperado…-

Bann Teagan era un hombre que parecía tener solo un par de años más que yo, a pesar de ser notoria su buena cuna se notaba sencillo a la vez, un hombre que media a las personas por su valor y no por su origen. A mi alrededor se alzaba una capilla, siempre odie a la capilla "elegidos por el Hacedor" ellos mismos se otorgan el poder de disponer con las vidas de los demás y se dan aires de superioridad que no les corresponden, pomposos y egocéntricos no sería nada de ellos si no hubieran tanto crédulos que se tragaran sus mentiras…

-Claro que ayudaremos Bann Teagan, es por eso que estamos aquí, necesitamos la ayuda del Arl si queremos enfrentarnos a Loghain.- Alistar parecía disfrutar de su papel de héroe de la historia, ya veremos si tendrá la fuerza para ajustarse a las expectativas que acababa de crear.

-Esto es completamente inútil… solo perderemos el tiempo, si estos campesinos quieres salvar su aldea deben hacerlo ellos mismos de otra forma no merecen ser salvados.- Las palabras de Sten siempre eran de alguna forma mucho más duras que las de Morrigan.

-Pueden hablar con Murdock, él les dirá en que pueden ayudar antes de que caiga la noche.- Sugirió Teagan antes de atender otros asuntos.


Leliana, Sten y yo fuimos a explorar la aldea mientras que los demás hacían los mandados de estos pueblerinos. Llegamos hasta una pequeña taberna que parecía abierta sin importar que la aldea estuviera siendo engullida por cadáveres andantes. Dentro un gordo cobarde y una camarera corriente mantenían el lugar funcionando.

-Wow mal momento para visitar Risco Rojo ¿no les parece extranjeros?-

-Creo que eso no es asunto tuyo… tabernero…-

-Eh lo que mi compañera quiere decir es que estamos aquí para ayudar.- Dijo Leliana intentado suavizar mi áspero saludo. -¿Qué puedes decirme del elfo del rincón?- Preguntó cambiando completamente el tema.

-Nada la verdad, llegó unos días antes que todo comenzara y no le gusta la compañía.- Leliana no dejo de observarlo mientras el hombre hablaba.

-Hay algo raro en él… no lo sé.-

-Quizás si le preguntamos directamente.- Sugerí en tono de broma al tiempo que Leliana se aproximaba a él para interrogarlo.

-Gracias… pero no busco compañía.- Dijo sin siquiera voltear.

-Estuve observándote y no pude evitar notar algo raro en ti…-

-Mira eres muy bonita pero solo quiero estar a solas.- Recalcó más nervioso cada vez.

-Eres un espía no es así… puedo reconocer a uno solo con mirarlo y tú eres un espía.-

-Habla antes de que las cosas se pongan feas.- Dije esperando terminar rápido con esta charada.

-Hey, no porque seas una Guarda Gris puedes hacer lo que desees.- Respondió titubeante.

-¿Cómo sabes que soy una Guarda?- Lo interrogué aproximándome con tono amenazante.

-A-alto, está bien to-toma esta carta me la dio Arl Rendon Howe, por favor, solo se me pidió que observara algún cambio.-

-… Cobarde… Ayudaras a defender la ciudad, ahora.- Le ordené con la notoria aprobación de Sten.


Nos esperaba una larga noche… Pero al menos esperaba que esto sirviera para salvar al único aliado que parecíamos tener…


Y bueno se viene el asedio a la villa, la parte de la pelea será corta para poder centrarnos más en la historia y en las decisiones importantes que hay que tomar en esta parte en particular.

Siempre leo y tomo en consideración todos sus comentarios.