Le costó demasiado contenerse para no regresar a toda velocidad a la recámara de Marinette. Pues luego del mensaje con su fotografía ella había mencionado que en más de una ocasión había soñado con él y la suavidad del cuero de su traje.
Adrien no quería quedarse atrás, por lo que se acercó al baño dentro de su habitación y con ayuda del regulador de iluminación logró tomar una fotografía de su torso con las venas de su cuello y sus clavícula mostrándose. Agradeció a las mil deidades que existían alrededor del mundo por no contar con algún tipo de marca de nacimiento y envío la instantánea por mensaje.
« Debo confesar que más de una vez he querido saber si tu piel es igual de suave debajo del traje ;) « Recibió luego de que el mensaje fuese entregado y leído.
Sonrió y contestó.
» No tendrás que rogar para saberlo, princesa, pídelo y estaré contigo lo más pronto posible» Sabía que sonaba desesperado... Y lo estaba. Marinette acababa con su cordura de una manera increiblemente rápido. Ya había probado una sola vez sus labios y ahora quería tener más de ella.
Necesitaba conocer el sabor de su piel, poder recorrer cada centímetro de su cuerpo y grabárselo a fuego en su memoria. Sabía que en cuanto pudiese probar su sabor se volvería adicto a ella.
Quería verla retorcerse de placer por su culpa, estar dentro suyo y poder llegar a ese punto máximo de placer a su lado. Quería también sentir su boca alrededor de su miembro, poder experimentar la sensación de sus manos suaves por su falo.
Con ella quería todo. Quería lo dulce del amor, las salidas al cine o con amigos, poderse escapar de vez en cuando para pasar tiempo a solas y que esa parte dulce se convirtiera en fuego.
Pero ella no lo quería así. No por ahora, al menos.
« No es posible, Gatito. Ve a dormir. « Marinette lo mataba. Pero por ella todo valía la pena.
