Lo besó como si no hubiese un mañana. Se dedicó a explorar su boca hasta saciar toda su sed de él, esa que crecía a cada momento que pasaban separados y en los cuales debía fingir que no eran nada, que su conexión era meramente amistosa.

Porque Adrien era una figura pública en París, era modelo, pianista y el hijo de uno de los mejores diseñadores de modas de toda Europa. Y aunque Gabriel Agreste había aceptado su relación, no aceptaba que esta fuese pública, al menos no de momento pues necesitaba que la atención por las sospechas de su identidad como Hawk Moth se disiparan para evitar algún escándalo que arruinase su vida pública y la vida en general de su hijo. Él no deseaba que Adrien fuera la comidilla de la prensa por algo que no fuese su trabajo.

Así que, aunque ya había pasado más de medio año desde que Adrien y ella eran pareja oficial, para el mundo Adrien permanecía soltero. Eso significaba no citas, no verse en público sin compañía de sus amigos o sin ser algún evento de la marca Gabriel donde ella había empezado a diseñar como práctica a futuro, también implicaba no acercarse de más en la universidad y por su puesto, todo contacto entre ellos debía ser a puerta cerrada.

Y lo odiaba.

Odiaba ver que las modelos se le tiraban encima y él no podía decir nada. Odiaba ser presentada como la diseñadora amateur de la compañía cuando en realidad era su novia. Odiaba tener que tragarme sus celos y no poder hacer nada al respecto... Porque entendía bien la situación. El señor Agreste había estado mucho tiempo en la mira siendo sospechoso de ser el villano de París, y aunque al final lo terminase siendo, la realidad es que no era tan malo como sus actos indicaban; debido a eso, ella junto con el resto de guardianes del templo, habían decidido apoyar lo más posible al hombre que había dañado por amor. Obviamente sus actos tuvieron consecuencias, pero todo sería sobre él y sus allegados nada tenían que ver así que la humillación pública no era una opción.

Por eso ahora mismo se encontraba devorando la boca de Adrien, tratando de transmitirle todo lo que se estaba guardando, los celos y las ganas que tenía de mostrar su verdadera relación en público. Estaba tratando de borrar cualquier huella del perfume dulzón que esa modelo había dejado sobre la camisa color blanco que el chico portaba para esa cena, quería ir y gritarle que Adrien era su novio, y que ella no tendría nunca una oportunidad con él. Pero no podía. Por eso lo besaba con furia, mordía su labio inferior hasta sentir como el chico apretaba sus manos sobre su cabeza con demasiada fuerza.

— Eres mío. — Le susurró cuando se separaron a tomar aire. Finalmente decidió que, si no podía mostrar que la novia del Ángel de París era ella, al menos mostraría que no estaba soltero. Sin que el rubio se diese cuenta, una marca del lápiz labial color coral que enmarcaba su boca apareció en el cuello de su camisa.

Sonrió y se alejó del chico.

—Hay que regresar a la cena, seguramente te están buscando.