Bueno... se que ha pasado tiempo pero de verdad que no he podido actualizar antes... ahora si que ya pasó la tormenta (figurativa) trataré de no desaparecer por tanto tiempo.
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Crónicas de una Maleficarum
-Sangre-
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La sangre de los muertos mezclada con la de quienes debían ser nuestros aliados se opacaban con el final de la batalla, entre jadeos de cansancio observe con incredulidad como Isolde corría a socorrer a Teagan después de que lo noquearamos al principio de la pelea luego de que fuera ella quien pusiera su vida en la cuerda floja en primer lugar.
-Oh Teagan, no me lo habría perdonado si hubieras muerto.- Decía entre sollozos que no me convencían por completo…
-El niño es una abominación, todos sabemos lo que eso significa.- Clamó Morrigan mientras Isolde se volteaba hacia ella con una expresión de desprecio.
-¡Como puedes decir eso! Mi pequeño Connor NO ES UN MONSTRUO. Tienen que creerme él aún está ahí. Po-por favor ¡No le hagan daño a mi bebé!- Esa bruja astuta sabia jugar sus cartas, la lástima y compasión son armas mortales, a muchos monstruos se les ha permitido vivir por pena… y Alistar, Teagan, Leliana y Elizabeth estaban cayendo en su juego.
-No estoy dispuesta a matar a un niño.- Y ahí está, el dictamen de la señorita Cousland que nadie se atrevería a contrariar ¿Por qué? Supongo que no hay una respuesta rápida, ella era una especie de encarnación de lo justo y lo correcto, con la dosis perfecta de dureza, era ella quien tomaba las decisiones… al menos por ahora.
-E-el mago… él podría servir para algo…- Dijo temblando pero notoriamente más calmada.
-Eso no será posible… está muerto. Pero si lo que quieren es una conexión al velo solo hay 2 opciones, magia de sangre o una absurda cantidad de magos y lirio.-
-La Torre del Círculo tiene ambas.- Exclamó Alistar con la esperanza e ingenuidad de un infante, Elizabeth solo sonreía complacida por tan "humana" sugerencia.
-Es un viaje de un par de días hasta la Torre… y estando allí nada asegura que nos vayan a ayudar.-
-¿De qué hablas? Es el hijo del Arl.- Replicó Alistar con indignación.
-Bien entonces está decidido.-
-¿Eso es todo? "Está decidido" Elizabeth tu eres lista, creo que entiendes que no puedes dejar a una abominación cuidando el castillo.- Morrigan con su arrogancia tenía un punto. En apenas unos días Connor había exterminado casi por completo la aldea y a los residentes de la fortaleza.
-Entonces Morrigan, tú y Sten se quedarán aquí, traten de mantenerlo calmado y alejado pero si la situación se torna insostenible… que no les tiemble la mano solo porque es un niño.-
-Yo lo haré Guarda.- Proclamó Sten apretando sus puños con convicción, sin morbo asumiendo meramente que alguien tendría que hacerlo.
Elizabeth desenfundó su espada y la presentó frente a él.
-Esta es la espada de mi familia, ha servido a los Cousland desde antes de Calenhad… No conozco mucho de tradiciones Qunari pero quisiera que la usaras hasta que volvamos, la necesitaras más que yo.- Sten, algo reticente terminó por aceptar el préstamo.
-Azana… puedo hablarte un segundo.- Pidió Morrigan casi en un susurro con desconfianza o quizás esa es su actitud habitual.
-Dime.- Fingí indiferencia intentando ocultar mi innata curiosidad.
-Ya que Elizabeth decidió que me quede aquí quería pedirte un favor… El Grimorio de Flemeth hace muchos años fue robado por Templarios es la única vez que los secretos de mi madre han caído en manos extrañas.-
-He vivido toda mi vida en la Torre y he leído todos los libros de la biblioteca, dime como es.-
-Esta encuadernado con una cubierta negra de piel y tiene el símbolo de un árbol sin hojas en la portada.-
-Mmmmm nunca lo he visto… aunque puede que Irving lo guardase para sí… ¿Qué contiene exactamente?-
-Nada que pueda ser de utilidad para nadie que no sea yo.- Sentenció altanera.
-No te aseguro nada, mantendré los ojos abiertos.-
Salimos inmediatamente por lo que no avanzamos demasiado antes de que cayera el sol, en nuestro campamento improvisado, tres Guardas y un mabari descansaban junto a una fogata.
-Bueno, yo hare la primera guardia.- Dijo Alistar poniéndose de pie con pereza.
-Con qué nos encontraremos en la Torre.-
-Eehh… básicamente con un puñado de magos y templarios… no lo sé, para mi es lo normal.-
-¿Cuál es su visión de los Guardas?-
-Irving los respeta pero Gregoir… no le agradan demasiado desde que me reclutaron.- Espeté con una sonrisa burlesca al recordar la cara de furia del Comandante mientras me marchaba con Duncan.
-¿Por qué?-
-Porque a la Capilla no le gusta que le arrebaten sus juguetes.-
-Pero tú has vivido allí gran parte de tu vida ¿No les consideras tu familia?-
-La Torre es una cárcel y los Templarios celadores listos para matarte ante cualquier señal de debilidad… Nadie allí es familia de nadie. Pero hablando de familia… creo que la tuya es mucho más interesante "Lady Cousland", nunca había conocido a alguien con una espada familiar ¿Qué me dices, no visitaremos el Pinaculo en alguna de nuestras avent.-
-No.- Gruñó tajante antes de que pudiera terminar la frase. –Esa tampoco es mi casa, al menos ya no.- Sé que el tacto no es lo mío y aunque la curiosidad es un defecto muy feo era más fuerte que mi voluntad.
-Puedes decirme que pasó, no es como si tuviera a alguien a quien irle con el chisme.- Ronronee intentado doblegar su testarudo carácter.
-¿Qué es lo que quieres saber en realidad?-
-¿Cómo es que eres la hija de un Teyrn y no vives la vida de una cuasi princesa?- Su rostro palideció mientras me miraba con desamparo.
-No es una historia que me guste compartir… Fue hace mucho pero aun asi…- Miró hacia Alistar y me di cuenta de que lo que fuera que le pasó no quería que nadie del grupo se enterara.
-Bien hagamos esto, tú me cuentas tu historia y yo después te contaré lo que quieras saber de mí.- Me miró fijamente por largos segundos como queriendo descifrar mis intenciones y aunque aún había duda en sus ojos finalmente aceptó.
Era mi cumpleaños número 13, mis padres no habían preparado una gran fiesta pero aun así concurrieron muchas familias de la nobleza, más que nada por los rumores de que el Rey Maric estaba pensado en comprometer a Cailan… conmigo… todo un escándalo, aunque no eran más que rumores.
No había muchos niños más en la fiesta ya que las familias protegen mucho a sus hijos, enfermedades, accidentes, rivales, los hijos son siempre el blanco más efectivo. A pesar de todo ahí estaba Oswyn hijo de Bann Sighard y Vaughan Kendells, cuyo padre Urien por supuesto se encontraba muy ocupado en Denerim, en ese tiempo Vaughan y Oswyn tenían alrededor de 18 años.
Ya avanzada la velada mi padre, Maric, Bann Loren y Loghain, charlaban animadamente… bueno cualquiera lo haría después de beber esa cantidad de vino, claro exceptuando a Loghain, tiene una fuerte opinión en contra de las bebidas espirituosas "Nada que comprometa mi juicio y lucidez" solía decir con esa expresión taciturna tan característica.
Mi madre por su parte mantenía el ambiente ligero, el compromiso de Arl Eamon con una Orlesiana era el escándalo del momento y mi madre buscaba evitar que surgiera el tema a toda costa, las opiniones aún estaban muy divididas entre los invitados. Fergus harto de tanta política y cotilleo había ido a los campos de entrenamiento junto con otros nobles jóvenes para competir amistosamente entre ellos, espada, arco y flecha… hombres…
Yo me escabullí fuera del castillo a las perreras de los mabari, cerca del campo de entrenamiento. Los mabari son una compañía excelente, nada de chismes nada de política, pero aun así puedes ver ese brillo es inteligencia y comprensión en sus ojos.
"-Si no es la cumpleañera más hermosa de Ferelden ¿Qué hace aquí sola mi Lady?-" Su tono era inocente, fue amable.
-Solo quería ver a los mabari Lord Vaughan, el señor Devin, el maestro del canil dice que uno de ellos se imprimó de mí, pero que aún no puedo ser oficialmente su ama porque es muy cachorro, por eso vengo a visitarlo cada que puedo.-
"-Eso suena impresionante. Dígame mi lady ¿Puedo preguntarle algo para que quede solo entre nosotros?-"
-Claro.- Era tan ingenua…
"-Imagino que la prometida del príncipe aún conserva su virtud… intacta.-"
-¿Di-disculpe? Mi Lo-lord esa es una pregunta muy inapropiada.-
"-Oh vamos puede confiar en mi.-"
-Con su permiso iré a ver a mi hermano.-
Saliendo del canil sentí su mano halar con violencia mi cabello y arrojarme al suelo de un tirón.
"-Que ni se te ocurra gritar-"
Pero yo apenas podía pensar mientras él subía mi vestido, solo recuerdo esas frías manos subiendo por mis piernas…
El dolor más intenso que pudiera haber imaginado me paralizó, su helada mano cubría mi boca mientras que la otra impedía que me moviera… no sé cuánto tiempo paso exactamente pero fue una eternidad el mundo transcurrió en cámara lenta pude sentir todo, cada rincón de mi cuerpo siendo violado con cada embestida una parte de mí se daba por vencida, se rendía al horror solo quería morir. Pensé que iba a morir.
¿Alguna vez has visto a un animal acorralado? Sin importar que tan pequeño y frágil sea, si lo arrinconas, si cae en la más absoluta desesperación se convertirá en la criatura más peligrosa de la tierra.
Le mordí hasta sentir su sangre caliente correr entre mis dientes y grite con todas mis fuerzas. Luego de eso todo se volvió blanco.
Al recuperar la conciencia estaba agazapada en un rincón con las uñas teñidas de sangre, no podía oír nada más que un intenso pitido que lentamente se fue despejando hasta no dejar más que el sonido de los nudillos de Fergus rompiendo los huesos de la cara de Vaughan y la sangre que salpicaba en el rostro iracundo de mi hermano.
-¡BASTA! ¡Fergus por favor solo quiero irme! ¡SACAME DE AQUÍ! te lo ruego.-
Se quitó en abrigo, y me cubrió completamente con él antes de llevarme cargada en sus brazos de vuelta al castillo, esa caminata de alguna forma fue más dolorosa, me sentía avergonzada y humillada, absorta en mis tortuosos pensamientos una lágrima que cayó en mi mano me distrajo, alcé la vista y esa imagen hasta el día de hoy desasosiega mi corazón. Fergus tenía la miraba clavada al frente su rostro reflejaba impotencia y… estaba llorando, mi hermano quien siempre estaba bromeando y sonriendo, quien cuando caía o se lastimaba hacia una broma al respecto y se ponía de pie una vez más, estaba destrozado… por mi culpa.
-Pe-perdóname hermano.-
Mi hilillo de voz que creí inaudible hizo que Fergus se detuviera de golpe, me sentó en el suelo y se agachó a mi lado tomándome por los hombros.
"-Elizabeth, jamás vuelvas a decir eso. Tú no tienes ninguna culpa NINGUNA. Nunca te volveré a dirigir la palabra si piensas algo así otra vez.-"
Ocultamos nuestro llanto en el abrazo más intenso que me hayan dado jamás…
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Final de capítulo.
Hasta aquí este capítulo indagamos un poco más en la vida de Elizabeth así que, espero que les haya gustado o bueno no se si gustar pero me entienden... Cualquier comentario siempre es super bienvenido y más que eso.
