En general todos los drabbles y one-shots de este reto van en la misma historia, el de hoy no. Sería como un AU de mi propio fic (o algo así)Para mejor ambientación escuchar Flesh de Simon Curtis.


Llevaban tiempo jugando el uno con el otro, cuando uno estaba decidido a iniciar algo serio, el otro decidía que solo quería sexo.

Nunca llegaban a ponerse de acuerdo, tenían un temple que discernía demasiado... Alguna vez escuchó a alguien decir que estaba hechos el uno para el otro, ella creía que eran como el agua y el aceite.

La última vez que lo vio, ambos se habían gritado, Adrien se había rendido y había aceptado que sus sentimientos por ella eran más de lo que podía manejar. Había, luego de mucho tiempo, aceptado que la amaba aún cuando muchas cosas dentro se su relación podían salir mal. Y ella había huído por miedo, pues aunque Adrien era la personificación de la perfección, ya anteriormente la había dañado.

Por un par de meses los dos habían tenido una relación medianamente formal, durante ese corto periodo de tiempo había sido la mujer más feliz del planeta. Adrien era ese primer amor que ella nunca había podido olvidar, no importaba si había salido con otros chicos o la relación en la que Adrien la había conocido y de la cual la logró sacar. Él siempre sería su talón de Aquiles, el único hombre que lo pondría las piernas a temblar. Por ello, cuando el rubio la besó la primera vez supo que nunca volvería a ser la misma, cuando tocó su cuerpo lo aceptó. Y cuando tiempo después supo que este tenía una relación con una chica, entendió que estaba jodida.

Adrien nunca le dijo nada, al menos no hasta terminar su relación con ella, y cuando lo mencionó a modo de broma, Marinette explotó en ira. Lo maldijo mil veces y lo sacó de su vida.

Pero Adrien era complicado, se las arregló para volver a ella con la fachada de un amigo, y todo el mundo sabía que la pelinegra jamás podría decirle que no a un amigo. Volvieron a verse lentamente, siempre con una barrera a su alrededor que le impedía al ojiverde acercarse más de lo debido, pero que si le dejaba resquebrajarla de una manera en que paso a paso, día a día, acción por acción había logrado hacerse de un pequeño agujero que le daba pase libre a la vida de Marinette.

A jugar con ella a su antojo.

Por ello ahora se encontraba ahí, no sabía si era un bar o algún tipo de fiesta, estaba decidida a olvidarse por un día - o noche - de la existen del rubio. Tomó con decisión la bebida en sus manos y se decidió a buscar a quien cazar esa noche. Vio a un chico alto, con cabello largo atado a una coleta baja que también le devolvía la mirada, le sonrió ligeramente y fue correspondida.

Habían pasado quizás treinta minutos desde su primer interacción con el chico pelinegro y ahora mismo se encontraban moviéndose al compás de una canción bastante sugestiva, sentía las manos del hombre sobre su trasero y su boca en su cuello mientras sus manos femeninas lo acercaban más a sí misma. Algo le había susurrado porque de la nada se comenzaron a mover hacia la salida, sin embargo no lograron llegar ni a la puerta cuando el hombre fue alejado abruptamente de su lado y una mano que reconocería aún si estuviese ciega la tomó del brazo para sacarla con evidente enojo del lugar. No dijo nada de momento, estaba buscando la fuerza para hacerlo.

Una vez dentro del vehículo, Adrien le comenzó a reclamar su falta de consciencia al exponerse a tan altas horas de la noche con un completo desconocido y sin avisarle a nadie. Le reclamó también el no haber 'respetado' su relación, lo que colmó su paciencia.

— No eres nada mío, Agreste. Si quiero puedo ir y follarme medio París sin necesidad de avisarte. Entiéndelo de una vez por todas. —

— Marinette... — se giró a mirarlo, y ya cansada de la situación decidió que esa noche debía acabar todo.

— Tienes una noche, tú decides que hacer. No me interesa si quieres hablar o si quieres tener sexo conmigo, hoy se acaba todo. — Dio el ultimátum.

Vio a Adrien dudar.

Cuando se dio cuenta, estaban entrando a una zona de hoteles de paso, no dijo nada en todo el trayecto que suponía el coche hasta la puerta de entrada a la habitación. Sus ojos recorrieron la estancia, se notaba que era un lugar por demás lujoso. Su yo enamorada eternamente de Adrien habría sonreído y se habría lanzado al hombre, la mujer que era en este momento solo atinó a sonreír porque sabía que era lo que se merecía.

Poco a poco fue quitándose la ropa, no quería juego previo, necesitaba terminar con esto lo más pronto posible. Retiró su vestido por encima de sus hombros dejando a la vista sus pechos desnudos y sus bragas negras, en sus pies solo sus stilettos negros. Adrien tampoco perdió tiempo y de inmediato se acercó a tocarla.

Con ambas manos retiró las manos de su cuerpo y habló. — Tienes prohibido tocarme, si me tocas tu noche se acaba y me iré así sea andando. — Vio como el rubio iba a reprochar pero con el amago de recoger sus cosas le dejó en claro que no bromeaba. Lo vio asentir y sentarse a la orilla de la cama.

Se acercó para poder comenzar con esa noche y arrancó con fuerza los botones de la camisa que vestía al hombre frente a ella. Se sentó en su regazo y con la punta de sus dedos aventó sus hombros hacia atrás para hacerlo recostar sobre la superficie.

Sin tanta dilación retiró el pantalón de jean que cubría sus piernas al igual que los boxers en su entrepierna.

Cuando lo vio erecto en sus manos y sabiendo que esa noche todo acababa, decidió que se daría un festín con su cuerpo.

Lo acarició lentamente con las manos, se dedicó a explorar su falo como si fuese la primera vez que lo veía. Al principio con suavidad besó la punta, cubriendo con sus labios su dentadura. Luego aplicó presión sobre la cabeza mientras sus manos masajeaban el tronco y exploraban las venas que lo rodeaban. Lo torturó con lentitud, esa que hacía al rubio perder la cabeza y desear empujar la suya hasta que su nariz pudiese tocar su abdomen.

Lo vio cerrar sus puños para evitar tocarla. Lo vio perderse en el placer que le daba su boca hasta casi hacerlo venirse. Sin embargo esa noche ella no deseaba probar su esencia, así que solamente se separó de él y retiró por fin sus bragas y montándolo se penetró ella misma.

Al comienzo fue despacio, buscando su propio placer más que el del rubio, subía muy poco y bajaba lentamente para hacer roce con su clitoris, sintiendo las vibraciones en su interior y sabiendo que no duraría mucho.

Lo comprobó cuando, ya sin una pizca de paciencia, Adrien la comenzó a penetrar por debajo, moviendo sus caderas para chocar con sus lentas estocadas.

Durante la gran mayor parte de tiempo había tenido sus ojos cerrados, cuando los abrió y enfocó su vista en los verdes que la miraban embelesado... Supo que era el final.

Sin permitirle decir nada, se alejó de él, tomó sus cosas y salió de la habitación. Agradeció que Adrien no la siguiera. Y rápidamente buscó un taxi que la llevase a su departamento donde lloró el final de su amor por Adrien.

Muchas veces mientras eran pareja o cuando no lo eran pero mantenían relaciones Adrien había sido duro en el sexo, pero ver su mirada esa noche había sido lo más doloroso de todo.

Él no la amaba lo suficiente, y ella no estaba dispuesta a mendigar por amor.