Aclaración: El mundo de Thedas pertenece a BioWare
Crónicas de una Maleficarum
-Unión-
- Cada vez más cerca de la cima el ambiente se iba poniendo más y más pesado, el mismo aire parecía denso y difícil de respirar, un mal presentimiento comenzó a crecer en todo el grupo y tras derrotar a unas crías de Dragon, Azana los detuvo.
- No podemos continuar avanzando todos... - Algo en su interior le decía que lo que encontraría en la cima estaría fuera de la imaginación y el horror.
- ¿Qué dices? Es peligroso, apenas hemos podido lograr llegar aquí todos juntos. - Wynne intentaba comprender la locura que había poseído a la elfa.
- Es cierto, pero en contra del Demonio de la Pereza... Fueron un estorbo, todos ustedes. - Dijo sin intención de ofender realmente a nadie.
- Entonces ¿Qué propones? - Preguntó Elizabeth con un tono disconforme, sabía que su espada poco podía contra la magia y control mental de demonios y abominaciones.
- Alistar y yo continuamos, Wynne, Elizabeth, Emilia y el perro... Es mejor que nos esperen aquí, estamos a 3 pisos. Arriba solo están los dormitorios de los Templarios y en la cima la Cámara de la Angustia. -
- ¿Por qué Alistar? -
- No es un experto en el Velo, pero ni Emilia ni Wynne lo son y somos magas, al menos las habilidades Templarias de Alistar pueden hacer algo que yo no... -
Wynne suspiró y Elizabeth comenzó a prepararse para bajar nuevamente, esperando que la maga tuviera razón pues de lo contrario solo les quedaría esperar la muerte a manos de los templarios o de las abominaciones salidas de la Cámara de Angustia.
- Amelia, necesito la Letanía, también necesito que busques unos libros en la oficina de Irving… Uno esta encuadernado en cuero negro y tiene un arbol grabado en la tapa, el otro es un encuadernado de piel teñido de rojo con las pagina ennegrecidas, no dejes que Wynne lo note… -
La muchacha asintió mientras Wynne le entregada algunas pociones a Alistar, los restantes del grupo armaron una pequeña fogata y se parapetaron en las habitaciones, el joven guarda y la elfa subieron las escaleras que llevaban a los pisos, frente a la puerta que les llevaba al siguiente nivel se miraron en silencio, asintieron antes de que Alistar empujara la pesada puerta, Azana quien debía lanzar una bola de fuego al entrar estaba en shock, frente a ella la figura de Uldred se volteo lentamente hacia ellos mientras que un mago arrodillado frente a él parecía agonizar. Los vacíos y monstruosos ojos de su antiguo maestro la golpearon como si hubiera visto su propio futuro, el destino que sentía inevitablemente caer sobre su vida.
El mago que estaba de rodillas comenzó a convulsionar deformandose en una grotesca y despiadada abominación, Uldred, o su cascarón poseído por la maldad le dedicaron una cálida sonrisa a Azana quien no podía mover un músculo, viendo como una abominación se abalanzaba sobre ella.
Está muerto… completamente muerto ¿Ese es mi futuro? ¿Solo así puede acabar mi búsqueda de poder a toda costa? ¿Sería tan malo morir ahora o morir como ese… monstruo?
- ¡Azana reacciona! - Alistar la había tomado por el brazo, protegiendo a ambos con su escudo corrió hasta una de las habitaciones de los templarios, seguidos por un suspiro por decenas de garras afiladas se cargó sobre la puerta la maga estaba de rodillas en el suelo aún sin reaccionar. - Azana, por favor, de verdad necesito tu ayuda. - Exclamaba en un susurró el templario quien sostenía la puerta con todas sus fuerzas. De pronto la elfa se levantó, con la misma expresión de desconcierto, tomó su báculo y conjuró una barrera que contuvo la puerta y a las criaturas al otro lado, se mantuvo en posición sosteniendo su hechizo al tiempo que Alistar recuperaba el aliento. - ¿Estás bien? ¿Qué pasó? ¿Quién era ese? -
- Era Uldred… Fue mi mentor. ¿V-viste sus ojos? - La maga le daba la espalda pero su terror era palpable, el impacto que le había causado aquel horror parecía haber calado hondo en su ser, más que nada que hubiera visto jamás.
Cuando Alistar se paró tras ella pudo ver 3 profundos cortes en su espalda, su túnica estaba cubierta de sangre y el templario se asustó aún más de que la maga no lo hubiera notado todavía, se aproximó rápidamente a ella quien formaba lentamente una barrera más sólida, sacó unas vendas que guardaba y las presionó sin aviso en su espalda, Azana dió un pequeño salto de dolor pero se mantuvieron en silencio, ella debía mantener la concentración pero estaba cansada, apenas podía mantener sus brazos firmemente extendidos frente a la puerta, él puso una poción sobre a ella pero en su evidente incapacidad de consumirla, la destapó y ayudó a beberla incómodamente. Con una barrera sólida protegiendo la puerta, Azana fue hasta el fondo de la habitación y sacando algunos pequeños libros que guardaba comenzó a arrancar las hojas para armar una pequeña fogata.
- ¿No te importa quemarlos? - Preguntó Alistar, muy seguro de que eso sería un sacrilegio para cualquier mago.
- Estoy cansada por la barrera… solo puedo hacer una chispa ahora… -
- Entiendo eso, pero me refería a que, ya sabes, los magos necesitan sus libros para hacer magia. -
- ¿Qué dices? ¿Qué tontería es esa? -
- Lo siento, no quería ofenderte pero es que en realidad no sé cómo funciona la magia, oía a templarios más viejos decir que con cortarles las manos basta para controlarlos así que no tengo buenos referentes. - Dijo nervioso al notar la reacción de la maga al oír las tortuosas ideas de sus antiguos carceleros.
- No lo entenderías… -
- ¿Puedo preguntarte algo? A veces siento algún tipo de rechazo por parte de Elizabeth ¿Te ha dicho si hice algo malo? -
- ¿Hiciste algo malo? -
- No no, claro que no. -
- No es tu culpa, es un asunto personal que le concierne solamente a ella. - La respuesta de la maga provocó en él una reacción de frustración. - En el salón del 8° piso hay una marca muy fea en el suelo, Reigal lo hizo, cuando comenzamos a aprender hechizos elementales los más peligrosos son siempre los de fuego, un día Reigal se prendió fuego así mismo, nada grave, pero por largos 14 segundos todo su cuerpo estuvo cubierto por llamas que él mismo había creado, fuera de quedar calvo un par de semanas no tuvo ninguna secuela física, pero jamás pudo volver a conjurar una llama, es más cuando una llama estaba muy cerca de él, simplemente salía del lugar. El fuego le dejó una cicatriz. Eso es lo que tiene Elizabeth, una cicatriz que a veces puede doler, son cicatrices que nunca sanaron por completo, no puedes hacer nada con eso Alistar. -
Las horas pasaron y los gemidos y rugidos fuera de la habitación no parecían disminuir, Azana luchaba por mantenerse despierta pero el cansancio por el excesivo uso de su magia y sus heridas eran más de lo que podía manejar, así cayó finalmente rendida a su sueño. Su agotada mente traía la imagen de los gélidos ojos de su maestro y su sonrisa asesina carente de cualquier rastro de humanidad. La maga despertó de golpe lastimándose la espalda, cubierta de sudor.
- Azana luces horrible, bebe esto. - Alistar se acercó a ella con otra de las pociones que Wynne le había dado. - Debes descansar. -
- Ya dormí suficiente… -
- ¿Qué dices? Hace menos de dos minutos que te acomodaste. -
Convencida de que no podría conciliar el sueño suspiró frustrada y agonizante.
- Déjame cambiar tus vendas perdiste mucha sangre… - Alistar la ayudó a acomodarse antes de limpiar sus recientes heridas.
- No pongas esa cara, estaré bien, en cuanto me recupere un poco más me sanaré con magia. - Su voz sonaba algo incoherente, disparatada, como si estuviera dopada.
- Si… ustedes los magos creen que pueden solucionar todo moviendo sus dedos. -
- ¿Crees que podemos evitarlo? ¿Podrías dejar de respirar si te lo propusieras? Es lo mismo que pedirle a un mago que no use su magia. -
- No lo entiendo… - Admitió el templario atendiendo sus heridas sin mirarla.
- Es algo vivo dentro de mi… no sale de los libros, ni de un báculo, es como una pequeña extensión de tí a la que tienes que educar y enseñar, así como cuando aprendes a leer o a caminar. No puedes anularla ni apagarla. -
- ¿Qué me dices de los tranquilos? ¿Qué son ellos entonces? -
- Ellos no tienen un alma, son solo cascarones vacíos… Yo preferiría morir antes que ser una marioneta. - Alistar se detuvo un momento para observar de perfil, sus ojos por primera vez parecían tener calidez, una pequeña luz en ellos. - Bueno eso decía un amigo. - Una sonrisa escapó de los labios de la maga captando la atención de Alistar quien quedó embelesado con el gesto involuntario de la muchacha.
- ¿Era un amigo? o un ¿Amigo? - Azana se volteó para verlo y soltar una sonrisa burlesca.
- No digas tonterías, los mago no se enamoran. - Sentenció con un tono algo lúgubre.
- Tú no digas tonterías, todos se enamoran. -
- No cuando estás solo, cuando te enseñan que eres peligroso y que puedes hacer daño. Cuando a las magas les arrebatan a sus bebés y los mandan a otros círculos de nacer magos o a ser templarios de lo contrario. No tenemos familia, ni posibilidad de formar una, estamos solos en este mugroso mundo… - Dijo la maga con sarcasmo, tratando de sonar menos deprimente, pero el trasfondo estaba ahí y un silencio melancólico los envolvió a ambos mientras Alistar terminaba de vendar sus heridas. -
- Yo fingía que Arl Eamon era mi padre, los demás niños se burlaban de mí por no tener familia entonces yo les decía que mi padre era el Arl y que por eso vivía en el Castillo. Recuerdo que cuando Lady Isolde llegó, una de las tardes mientras yo jugaba con los demás niños, hijos de los trabajadores y mucamas, ella me escuchó decir que el Arl era mi padre, casi corrió hasta mí, me agarró, me alejó de los demás niños y me dijo que si volvía a decir mentiras, me mandaría a dormir a los calabozos. - Alistar terminó su relato con una voz de comedia, como si estuviera contando la anécdota más graciosa del mundo pero Azana clavó una mirada triste en la de él, odiaba que los pequeños sufrieran y el solo imaginar la escena descrita por Alistar, simplemente la tocó.
- Cuando era niña, siempre iba a hablar con los magos adultos que llegaban por primera vez a la torre, ellos siempre hablaban de escapar y pues, ese es el sueño de cualquier mago cuerdo del círculo, con los años me di cuenta que escapar no era más que un sueño tonto y suicida, no hayaba una salida, hasta que simplemente me hice una promesa, me dije que no moriría aquí, me prohibí morir dentro de estas frías paredes. - Azana comenzó a reír sin razón. - Y ahora mírame. Esta podría ser nuestra última noche en este mundo. -
Azana puso un mechón de su cabello tras su oreja mientras sonreía y Alistar vió en ella algo que jamás pensó que siquiera existiera, tal vez fueron sus palabras o lo cerca que estaban de la muerte, pero sin pensarlo la tomó por la mejilla y la besó, Azana embriagada por la situación le correspondió con fervor y ambos se fundieron en un apasionado abrazo, en el umbral del vacío con la muerte esperándolos al otro lado de la puerta, olvidaron todo y se dejaron llevar, por aquella última noche en este mundo.
Fin del capítulo 11
