Aun con sus rostros cerca el uno del otro, ninguno de los dos había dado un paso hacia adelante. Se mantenían a un par de centímetros del otro, sentían la proximidad cálida de sus cuerpos pero no se atrevían a romperla.

Chat Noir tomó un poco de coraje para atraerla a sí mismo por la cintura, esperando por la reacción de su compañera; la sintió tensarse levemente, dar un ligero respingo y posteriormente vio como ella levantaba su vista para dirigirla a sus labios.

De alguna manera él esperaba que ella fuese quien quebrara la barrera que aún los hacía llamarse amigos. Él ya había dado el primer paso al confesar sus deseos por ella sin saber realmente lo que ella opinaría al respecto, se jugó su gatuno pellejo y su creciente amistad con la franco-china... Ahora era el turno de ella llevar las riendas de su relación, Marinette no tendría nada que perder, pues él estaba más que feliz si ella se atreviese a dar ese paso más. O incluso si no lo hacía.

Pasaron un par de segundos en esa postura, él con su mano presionando su cintura y ella con la vista sobre sus labios, segundos que se sintieron como horas para el héroe. No fue hasta que hizo el amago de retirar su mano sobre el cuerpo de su amiga que ella lo tomó con fuerza para evitar que el contacto se rompiera. Aún con el traje mágico como barrera sentía la calidez de la piel de Marinette y le encantaba los estragos que podían hacer en su propio cuerpo.

Antes de que pudiese decir cualquier cosa ella por fin tomó el valor de romper la distancia entre sus labios para poder presionarlos en un beso que decía mucho y ocultaba poco. Tardaron un par de segundos más en poder moverse para mayor comodidad, pero cuando lo hicieron el mundo se detuvo por un momento.

Adrien sabía que ese beso compartido con su amiga significaba más que el resto que había recibido en su vida. Este no lo olvidaría por culpa de algún Akuma, no tendría que verlo después en una fotografía tomada por algún civil que pasaba por ahí, tampoco sería recriminado como un intento por salvarlo a él o a la situación.

Tampoco se sentía como los pocos que compartió con Kagami, que pese a haberla querido, nunca se sintieron reales... Nunca hubo esa chispa que te hacia desear más... Justo como ese beso con Marinette, ese que recordaría siempre como el beso que inició todo.

Con su mano libre acarició la espalda de la chica mientras su otra extremidad seguía sujetando su cintura. Ella le correspondió pasando sus brazos por su cuello para acercarse lo más posible a su cuerpo, lo que él francamente agradeció.

Ahora con esa cercanía podía sentir a la perfección las formas del cuerpo de la mujer que tenía junto a él. Sentía lo menuda que era, la forma en que sus pechos se presionaban contra su torso y la manera que presionaba sus muslos, quizás en un intento de no dejarse llevar del todo.

Ese beso con ella lo iba a matar...