Aclaración: El mundo de Thedas pertenece a BioWare


Crónicas de una Maleficarum

-Oportunidad-

La barrera cedió y una abominación cargó con potencia para derribar la puerta, ambos Guardas se pusieron rápidamente en posición de combate sin mediar palabras, apenas cruzando una mirada. Se localizaron estratégicamente en la habitación, listos para pelear, cuando la criatura atravesó la puerta, fue fulminado por un rayo de la maga solo para ser rematado por la espada de Alistar. Ambos salieron de la habitación liquidando a un par de abominaciones más antes de que el salon quedara en un silencio sepulcral, en su camino a la Cámara de la Angustia combatieron coordinados y pulcros, hasta que al cruzar la puerta que llevaba a la escalera se toparon con una sorpresa.

- ¿¡Cullen!? ¿Cómo es que estás vivo? - Azana volvía lentamente a la realidad mientras que la amenaza de Uldred se sentía a solo un respiro de distancia.

- ¿Qué es este juego? Si no funcionó con ella, mucho menos funcionará con Azana… - Exclama el templario a alguien que no estaba ahí, para su mala suerte ellos no eran una ilusión.

- ¿Sabes de qué está hablando? - Preguntó Alistar a la maga.

- Creo que está hablando de Emilia, mi compañera, la pelirroja. Cullen siempre ha estado enamorado de ella. - Comentó Azana esperando una respuesta del templario.

- ¿Entonces son reales? -

- Dime Cullen, ¿Quién es él? - Le preguntó apuntando a Alistar.

- Yo… Yo no lo sé… ¿Eres real Azana? -

- Si, dime que fue lo que pasó. -

- Uldred, o la cosa que parecía Uldred nos encerró, quería quebrarnos, que aceptáramos lo que él ofrecía… Yo… Yo soy el único que queda. -

- ¿Están en la Cámara de la Angustia? -

- Si vas ahí ¡Tienes que matarlos a todos! -

- Lo siento, no haré eso, necesitamos a Irving para poder salir. -

- Tú no lo entiendes, ellos están corruptos, todos están poseídos… ¡Debes matarlos a todos! - El hombre lucía claramente alterado, deshidratado y exhausto.

- Cállate Cullen, volveremos por ti. -

- ¡Eres una tonta Azana! -

Con los gritos de Cullen tras ella, los guardas finalmente llegaron a la cima de la torre, en el corazón del salón Uldred sujetaba la cabeza de un joven aprendiz mientras susurraba palabras a toda velocidad y con una voz que definitivamente no era humana, se volteó a ver a su antigua aprendiz a los ojos y le regaló la misma sonrisa de un depredador paralizando a su presa, soltó al joven mago y este comenzó a convulsionar violentamente en el suelo, deformando su cuerpo y rostro hasta convertirse en una Abominación.

- ¿Vinieron a unirse a nosotros? - Preguntó el monstruo de forma burlesca.

- Morirás aquí y ahora Uldred, estás acabado. - La voz de Azana era dubitativa, débil, ni rastro de su usual confianza. Sacó la Letanía y comenzó a leer sus pasajes en voz baja provocando la ira de Uldred.

- ¿¡Crees que puedes negarles mi regalo!? ¡¿Siquiera tú puedes resistirte?! - Mientras leía la maga lanzó un hechizo para disipar la barrera que mantenía prisionero al gran encantador.

- Irving necesito su ayuda ¡YA! - El viejo mago se puso de pie con dificultad mientras Alistar corría a cubrirle de los rayos que Uldred lanzaba aleatoriamente. Con esfuerzo los magos lograron inmovilizarlo el suficiente tiempo para que Alistar cargara a decapitarlo de un movimiento. La cabeza del demonio rodó por el piso al tiempo que los magos restantes en la habitación cayeron muertos.

- No había forma de salvarlos… lo único que podría haberles mantenido con vida era convertirse en abominaciones… - El viejo Irving se lamentó y dijo unas palabras por sus hermanos caídos, Azana y Alistar guardaron silencio. Al salir de la Cámara de la Angustia, la barrera que aprisionaba a Cullen había desaparecido, el Templario lucía exhausto y Alistar le dio una poción para que no flaqueara ahí mismo. Bajaron hasta encontrarse con el resto del grupo donde Amelia le dio una mirada discreta y cómplice a Azana confirmado que había encontrado los libros requeridos. Wynne y Amelia se encargaron de atender nuestras heridas. Sobre todo la de la maga que se había abierto durante la batalla causando que se desangrara otra vez.

Elizabeth golpeó las enormes puertas y un grito del otro lado preguntó por el gran encantador, Irving respondió que por favor abrieran que ya todo era seguro, las puertas de salida de la torre se encontraban abiertas de par en par, entonces cuando logramos cruzar hacia la entrada, la luz del sol nos cegó, un instante antes pude ver como Alistar me miraba, no fue capaz de mirarle de vuelta…

- No puedo creer que lo lograran, y que tantos sobrevivieran… -

-También salvamos a uno de los tuyos ¿Recuerdas? ¿Qué también estaban atrapados ahí? - Agregó Azana de mala manera por el insensible comentario de Gregoir.

- Si… Cullen… Muchas gracias Azana, y a todos. Sin ustedes esta situación hubiera sido mucho peor… -

- ¿Qué dicen? ¡Esos magos podrían estar poseídos! Aun estamos en peligro ¿Qué no lo ven? - Cullen se aproximaba al grupo exclamando a viva voz.

- ¡Basta! Ya tomé mi decisión, deje que los magos atiendan sus heridas… ¿Hay alguna forma en la que podamos agradecerles? - Agregó el Comandante algo más relajado pero visiblemente molesto.

- Si… de hecho lo que nos trajo aquí en primer lugar fue… -

- El tema de los tratados, sí. Dejaré que lo hablen con el primer encantador entonces. - Gregoir comandó a sus hombres recorrer la torre mientras que Cullen era atendido incómodamente por Amelia.

Elizabeth se aproximó a Irving para solicitarle de muy formal su ayuda no solo con la Ruina que azotaba al país sino que requerimos inmediata asistencia para salvar la vida del pequeño hijo del Arl, Connor quien ha sido poseído por un demonio.

Así, con Wynne como nueva incorporación a su grupo y dejando atrás a una muy triste Amelia, partieron de vuelta al risco rojo, acompañados por un grupo de magos del círculo, el camino por el borde del lago era muy agradable y pintoresco además de estar bastante cerca, al caer la noche todos armaron su campamento en silencio.

- ¿Quién tomará la primera guardia? - Elizabeth preguntaba mientras Wynne bostezando se escondía en una tienda, Azana la miró mientras comía y levantó su mano, Alistar agregó que la acompañaría para hacer turno doble.

Sentados frente al fuego, con el lago Calenhad de paisaje y el crujir de la leña entre las llamas como el único estímulo que rompía el silencio, ambos evitaban la mirada del otro. Tras una larga pausa los dos balbucean al mismo tiempo interrumpiendo mutuamente las palabras del otro.

- ¿Qué ibas a decir? -

- Ah, no yo… Si. Estuve pensando en lo que ocurrió en la Torre y pues… - Alistar la miraba luchar contra las palabras, la expresión del Templario se ensombreció ligeramente antes de responder.

- Azana no sé qué piensas tú, pero yo… - La maga levantó su mano impidiéndole continuar.

- Basta, Alistar… Yo, esa noche fue. - La elfa tomó aire y le miró directamente a los ojos. - Creí que no saldría con vida de la Torre, cuando vi a Uldred me paralice, no reaccioné y casi me matan. -

- No entiendo qué tiene que ver con-

- Yo no soy así. Yo no me paralizo, no entro en pánico y no me da miedo pelear… Pero tú y yo, creí que seríamos más fuertes, pero no-

- Entiendo, no es necesario que digas nada más, te daré tu espacio, iré a patrullar alrededor del campamento. - Alistar se levantó en silencio y desapareció en la oscuridad de la noche, Azana esperó a perderlo de vista para soltar el aire que estaba atrapado en su pecho, miró sus manos que aún temblaban un poco.

Intentando sacar de su mente la conversación que acababa de ocurrir buscó el libro que Amelia había robado de la oficina de Irving, dió un último vistazo al campamento que parecía dormir plácidamente en sus respectivas tiendas. Observó el pequeño libro rojo y lo ojeó rápidamente, luego recordó el Grimorio de Flemeth, era mucho más grande y pesado, el encuadernado tenía una textura extraña, lo abrió y comenzó a deslizar su mirada por las páginas mirando todo y a la vez nada en particular. Habían notas en una lengua que no logró siquiera identificar, bocetos de lo que parecían rituales sumamente raros, algunos tenían tiempos de preparación de años, definitivamente era magia pagana muy… inquietante. Dejó el libro de Morrigan a un lado antes de volver a su propio tesoro, las primeras 5 hojas estaban en blanco aunque la quinta de ellas estaba manchada de sangre, los primeros capítulos parecían narrar cómo surgieron los primeros encuentros entre magos y demonios en el Velo, y como fueron ellos quienes les revelaron los secreto y poder oculto en la sangre. Se fundió poco a poco en la lectura hasta que el sueño le ganó. El sol salió y un amanecer rojo les dió la bienvenida de vuelta al Risco Rojo, con el fin de los horribles ataques nocturnos la aldea recuperaba tímidamente su normalidad, el gran grupo de magos que se dirigía al Castillo fue recibido con el silencio y las miradas curiosas de los aldeanos quienes aún no se atrevían a acercarse demasiado a la gran edificación. Dentro, Teagan se encontraba en el Gran Salón, acompañado por Leliana, Morrigan y Sten, Isolde por su parte se encontraba en la planta superior junto a Eamon.

- ¿Por qué tardaron tanto? Creímos que algo malo había sucedido, estuvimos a punto de ir partir hacia la Torre. - Leliana interrogó a sus compañeros.

- Es una larga historia… - Sentenció Elizabeth tras meditar por escasos segundos si debía contarle todo el asunto.

- Bueno lo importante es que han vuelto con ayuda. - Teagan se acercó, parecía tan agotado que ver al grupo de vuelta le quitó un enorme peso de encima. - Connor sigue en su cuarto, en el piso superior. Ha estado tranquilo, tanto que Isolde se encuentra junto a Eamon. -

- Eso es bueno, Azana me puso al día sobre la situación de muchacho, el ritual en sí es sencillo, mandaremos a un mago al Velo para que rescate a Connor y elimine la influencia que el demonio tiene sobre él, aún no es demasiado tarde, pero debemos apresurarnos… - Irving explicó la situación con su usual calma, tras sus palabras Teagan partió a buscar a Isolde. - Bien, entonces ¿Quién irá al Velo? - Las miradas se pasearon entre todos los presentes hasta que lentamente todos fijaron sus ojos en Elizabeth.

- Creo que Azana debería ir, en la Torre fue muy cauta y no puedo negar que gracias a ella logramos salvar el Círculo. - Azana la miró con asombro.

- Bien, yo iré entonces… ¿Puedo prepararme sola unos momentos? -

La maga caminó por el pasillo hasta la última habitación, una sonrisa maliciosa se dibujó en su rostro, ni ella misma hubiera pensado que todo marcharía tan bien, el libro rojo era claro, para aprender magia de sangre necesitas de un demonio, pero cómo hacerlo sin un trato, sin tener que vender su cuerpo por el secreto que el inutil de Jowan había descifrado. Connor, era perfecto y completamente seguro para ella, solo necesitaba estar a solas con el demonio que intentaba poseer al niño y ahora gracias a su gran actuación en la Torre, Elizabeth le había dado la oportunidad en bandeja de plata.


Fin del capítulo 12