Aclaración: El mundo de Thedas pertenece a BioWare


Crónicas de una Maleficarum

-Traición Oculta-

Irving asentía con la cabeza en dirección a Azana, el grupo de magos del Círculo la rodeaba, todos en silencio coordinados, no era la primera vez que mandaban a un mago al Velo de esta forma, pero el objetivo… Nunca es fácil enfrentarse a un demonio. Un haz de luz arrancó a Azana del oscuro Castillo con olor a muerte, de pronto volvía a aquel mundo espiritual. Sonrió para sus adentros con un objetivo muy claro en la mente. Los sollozos de Connor y los gritos desesperados de su padre inundaban el elaborado laberinto que el demonio había construido para él.

- Sal, sal, donde quiera que estés… - Azana se paseaba por las pomposas habitaciones, todas parecían iguales, pero había pequeños indicios que la ayudaron a llegar hasta el centro de aquellos dominios. - Así que un demonio del deseo ¿Te aprovechaste del pobre niño que quería salvar a su padre? -

- Pequeño, ingenuo y lleno de poder… ¿Me culpas por no poder resistirme? - El súcubo se deslizó alrededor de ella como un felino en busca de una caricia. Pero Azana no respondió se mantuvo en una postura defensiva… esperando. - Mmmm ¿No vienes a matarme? Entonces… ¿En qué puedo ayudarte? -

- Magia de Sangre… -

- Uhhh… Eso es costoso ¿Conoces el trato cierto? -

- Escúchame bien, me darás lo que quiero y a cambio, no te mataré… y podrás quedarte con el niño, aunque no por un tiempo. -

- No puedes estar hablando en serio… Los humanos no toman esa clase de decisiones. -

- Bueno… Yo no soy humana, así que ¿Tenemos un trato o tendré que acabar contigo? -

- Mmm no es común pero no puedo negar que me estas tentando… Esta bien, los secretos de la magia de sangre serán tuyos y tu pago, la vida de Connor… - La demoníaca mujer estiró su brazo hacia la maga para sellar el trato, Azana tomó su mano dubitativa, el demonio apretó con fuerza su mano y le dio un mordisco en el brazo derecho, cerca de la muñeca de la cual comenzó a brotar la sangre.

- ¿¡Qué haces!? -

- Si mueres por esas heridas, no mereces el poder de la sangre… -

Azana intentó tomar su báculo pero el demonio lo alejó, la herida en su muñeca estaba provocando que se desangrara rápidamente. La maga cerró los ojos, respiró intentando sentir o detectar esta nuevamente fuente de poder, poco a poco el ruido a su alrededor desapareció y en el silencio un golpeteo surgió, era su corazón, bombeando sangre por todo su cuerpo, pudo sentirla llegando a cada rincón, sintió su brazo desgarrado, el líquido deslizándose por sus dedos, como goteaba en el suelo. Al abrir los ojos la sangre que iba cayendo se detuvo en el aire, su debilidad iba siendo reemplazada por la sensación de poder, la sangre comenzaba a juntarse y orbitar en torno a ella como un aura carmesí.

- Conoce tus límites… O morirás… - Agregó el súcubo con una sonrisa lujuriosa. - Ahora vete, yo cumpliré mi parte y me mantendré inactiva por algunos años… pero no me iré. Ah, antes de que se me olvide. - La mujer lanzó un zarpazo con sus afiladas garras directamente al rostro de Azana quien no alcanzó a esquivarla. - Nunca vuelvas a subestimar a un demonio… -

Azana despertó de golpe y por instinto se llevó la mano derecha a sus ojos, los demás magos se acercaron pero ella los detuvo con un gesto de su mano.

- ¿Estas bien? ¿Qué pasó? -

- Vayan a ver al niño… Ya debería haber despertado. - La maga se levantó sin abrir los ojos y salió a toda prisa del Castillo, cruzo el puente y llegó hasta el borde más tranquilo del lago, se arrodilló junto al agua y abrió lentamente los ojos para evaluar los daños, al observar su reflejo en el agua suspiró con disgusto, no había perdido la vista, pero sus ojos que siempre habian sido profundamente negros… se había tornado carmesí… rojo sangre, se acercó incrédula y tras unos minutos no le quedó más opción que volver al Castillo.

Alistar fue el primero, quien al verla pasar volteó y de la impresión golpeó una mesa casi destruyendo un busto de apariencia muy antigua, pero no le dijo nada. Elizabeth quedó muda, pero la miró directo a los ojos, Azana pudo sentir como la mujer se preguntaba qué demonios habia pasado.

- ¡¿Qué te ocurrió?! - El grito de Leliana hizo que la atención de Wynne fuera directo a la elfa.

- Azana… Por el aliento del Hacedor, tus ojos. - La maga veterana se aproximó y tomó el rostro de la elfa en sus manos examinando con cuidado sus iris.

- El Demonio me atacó en el Velo, justo antes de matarlo y volver… -

- Eso no parece una herida… parece una marca ¿Hablaste con el Demonio? -

- Si… Me dijo que ella sanaría al Arl y que Connor moriría si la mataba… - Wynne y todo el grupo la miraron con algo de incredulidad.

- ¿No te duele? -

- No, creí que quedaría ciega y solo… -

- Tal vez Irving debería verte… -

Después de que todos los magos presentes la examinaran detenidamente sin encontrar ninguna respuesta, no les quedó más que darse por vencidos y tomar la versión de la involucrada, como no parecía tener efecto negativo en su magia o su salud acordaron que no era algo de lo que se tuvieran que preocupar.

Con los magos del Círculo de vuelta a su hogar, a excepción de Wynne, y Connor y su madre a salvo el siguiente paso era la salud del Arl, la muerte del demonio no lo había matado asi que aun tenían una posibilidad y aunque Isolde clamaba que las Cenizas Sagradas de Andraste eran la única oportunidad de salvar a su esposo, nadie excepto ella creía en tal cosa.

- Así que… ¿Qué hacemos? ¿Buscamos las cenizas? -

- ¿Qué otra opción tenemos? -

- El Gran Encantador revisó al Arl y no tenía idea de que clase de veneno usaron. -

- Eso significa que es un veneno extranjero… Tal vez magia sanadora de otra región. - Sugirió Leliana.

- No podemos ir hasta Tevinter u Orlais… Estamos en mitad de una Ruina, necesitamos algo que podamos encontrar en Ferelden. - Elizabeth trataba de guiar las ideas del grupo.

- ¿Qué me dicen de los elfos Dalishanos? Ellos tienen su propia magia y viajan por todo el mundo, si alguien podría sanar al Arl con magia serían ellos. - El comentario de Wynne dió un nuevo empuje a los demás.

- Es una gran idea, además los tratados los incluyen, sería más o menos lo mismo que hicimos en el Círculo. - Alistar se notaba animado otra vez.

- Ojalá ellos no estén en medio de una crisis como el Círculo… - Agregó sarcásticamente Morrigan.

- ¿En qué nos ayudaría buscar a unos elfos en el bosque con la Ruina? -

- El país está en guerra, el Arl es el único que puede ayudarnos a unificarlo, de otra forma no tendremos ejército, No olvides Sten, que Azana, Alistar y yo somos traidores y regicidas… -

- No creo que debamos descartar la búsqueda de las cenizas Sagradas. - Leliana quien se había mantenido en silencio expuso con ímpetu. - Además los caballeros del Risco Rojo ya comenzaron con la investigación, al menos deberíamos evaluar sus hallazgos antes de descartar la idea por completo. -

Tras revisar los informes que Teagan les facilitó el grupo acordó no descartar la búsqueda, así que optaron por separarse para cubrir mayor terreno y llamar menos la atención.

- ¿Quienes irán a Denerim entonces y quien al bosque? -

- Yo no pienso ir a buscar elfos… - Morrigan fue la primera en protestar.

- Bien creo que Sten, Morrigan, Wynne y yo deberíamos quedarnos en Denerim a investigar. - Dictó Elizabeth con la aprobación de la mayoría.

- Yo quisiera acompañar a los demás al bosque. - Dijo firme Wynne.

- Parsheera ¿Por qué es mejor que me quede en la ciudad? -

- Porque no tienes una espada… - Sten masculló molesto pero no agregó nada más.

- Bien. - Leliana extendió un mapa de todo el país sobre una gran mesa de reuniones. - Tenemos que mantenernos lejos de los caminos más transitados, sobre todo del Camino Imperial, y hay que tener cuidado con los caminos pequeños… no sabemos qué Castillos cuentan con soldados, ni en qué aldeas hay Templarios… -

- ¿Podríamos viajar a campo traviesa? - Preguntó Alistar no viendo otra salida. -

- No. -

- Si. - Morrigan dió respondió afirmativamente antes de aproximarse al mapa y apuntar con el dedo Denerim. - ¿Ahí es donde hay que llegar? con este mapa yo puedo guiarlos entre los castillos por caminos menos poblados. - Agregó observando ahora el mapa detalladamente pasando sus dedos por los caminos y mirando cada aldea y Castillo, desde el Risco Rojo hasta la capital. - No debería haber problema, podemos pasar por algunas aldeas pequeñas esquivando los Castillos, si debemos ir a Denerim, pasando el Rionn podemos retomar el Camino Imperial hasta la capital. -

Pasaron su última noche en el Risco Rojo, los pasillos estaban tranquilos y desiertos, de no ser por el impecable aseo y velas cuidadosamente encendidas, el lugar parecería abandonado, para suerte de todos el Castillo era lo suficientemente grande como para que todos los invitados tuvieran una modesta habitación propia, Azana recorría el lugar de puntas, hasta llegar a un enorme salón con una aún más enorme chimenea.

- ¿No puedes dormir? - Leliana estaba sentada frente a la enorme llama.

- No, digo sí. Necesitaba hablar con Morrigan. - Leliana volteó a verla.

- ¿Te encuentras mejor? Elizabeth dijo que.. bueno tu ojos, que no había sido grave. -

- Si… Justamente tenía algunas dudas, no me siento mal y pues, puedo ver asi que, supongo que no puedo quejarme. -

- Bueno, no te retengo más. -

Tocó con suavidad la puerta 3 veces, tras unos segundos escuchó hablar a la apóstata desde dentro de su habitación.

- ¿Sí? ¿Quién es? -

- Soy la mensajera, le llegó un libro del Círculo. - Susurró sobre la madera burlonamente. La puerta se abrió de inmediato, Morrigan miró las manos de Azana y luego se aseguró que nadie las viera.

- ¿De verdad lo tienes? Cuando volvieron de la Torre y no dijiste nada, creí que lo habías olvidado. -

- Debo decir que tenía curiosidad, no te mentiré, lo hojeé un poco, pero tenías razón, no es magia "tradicional" así que disfrútalo. -

- ¿Eso es todo? ¿Sin preguntas? ¿No me pedirás nada a cambio? -

- Claro que no, prefiero que no olvide que yo te hice un favor desinteresadamente. - Sonrió con sarcasmo antes de salir de la habitación. Rió para sus adentros camino a su cuarto, pero el sonido de voces despertó su curiosidad. Leliana seguía en el Gran Salón, aunque ahora Alistar acababa de llegar a hacerle compañía. Azana no tenía intenciones de espiarlos, pero tampoco quería pasar e interrumpir, se sentó en el suelo, a pocos metros de la entrada al Salón.

- ¿No puedes dormir? -

- ¿Qué? No, no es eso, no recuerdo cuándo fue la última vez que estuve en un lugar tan hermoso y pues estoy aprovechando la vista. -

- Supongo que Lothering no es demasiado pintoresco. -

- ¿Qué..? Ah… Claro, claro Lothering, si… Es un poco aburrido. -

- ¿Y cómo es que fuiste a parar ahí? Disculpa pero tienes un ligero acento, bastante difícil de ignorar. -

- Nací en Ferelden, mi madre era la dama de compañía de una noble Orlesiana que estuvo viviendo aquí, cuando ella murió, Lady Cecille fue muy gentil de llevarme con ella a Orlais, pero basta de mi, que me dices de tí Alistar, debió ser maravilloso crecer en este Castillo junto al lago, un pequeño príncipe corriendo por los pasillos. - Imaginó Leliana dulcemente.

- Si… Bueno no quiero decepcionarte pero en realidad yo no pasaba mucho tiempo aquí, generalmente estaba con los demás niños en el patio, o en los establos. -

- ¿En serio? -

- Si, al menos hasta que tuve edad para que me enviaran a la Capilla para convertirme en Templario. -

- ¿No querías ir? -

- Claro que no… No te ofendas, sentí que el Arl se estaba deshaciendo de mi. -

- Eso no es verdad, seguro te extrañaron mucho. -

- Bueno la Arlesa seguro que no… -

- Entonces ¿Disfrutas de ser un Guarda Gris? -

- Me gusta más que la Capilla, sin dudar. -

- Espera… ¿Por qué no te gustaba la Capilla? -

- No lo sé, supongo que me hacen sentir estúpido… Todas sus respuestas estaban en el Hacedor, no tengo nada en contra de la Capilla, solo que ser Templario no es para mí. -

Azana casi cayó en los brazos de morfeo, incluso cuando retomó el hilo de la conversación, ambos parecían estar pasando un buen rato, se puso de pie y se dio vuelta en dirección contraria al Salón, eran altas horas de la madrugada pero aun así decidió salir al exterior. El aire frío entraba por sus pulmones y la envolvía desde dentro, cerró los ojos y caminó lentamente frotando sus brazos con las manos para retener algo de calor, llegó hasta el puente y sintió como era cegada por el reflejo de la luna en la calma del lago, cruzó sus brazos sobre la barandilla y se quedó en silencio observando las estrellas.

- Parece que nadie duerme esta noche. - Wynne se acercaba a la maga con una expresión amigable.

- Desde que salí de la Torre duermo menos. -

- ¿En serio? ¿Cuánto ha pasado ya? -

- Mmmm más de un mes. -

- ¿No lo extrañas? - Azana se rió ante la pregunta, Wynne era plenamente consciente de la opinión de la joven sobre el Círculo.

- Ni un poco, bueno, excepto por el lodo, tener que caminar tanto y dormir en el suelo, fuera de eso, jamás volvería al Círculo. -

- Sabes que siempre será tu hogar. -

- Soy una Guarda Gris ahora, y moriré como una. -

- No pensé que sintieras tanto respeto por su misión. -

- Los Guardas Grises me dieron mi libertad… - Dijo con una sonrisa plena. - Algo tan simple como caminar en el exterior. Sobreviviré esta Ruina y al fin podré vivir mi vida, seré la mejor maga que jamás hubiera llegado a ser en la Torre. -

- Creo que el Guarda Gris que los reclutó a ustedes 3 tenía muy buen ojo. -


Fin del capítulo 13