Pareja: Rose y Scorpius

Condición: Uno de ellos es infiel y se lo confiesa al otro.

NOTA: Bueno, pues aquí está. Quizá se pueda decir que no cumple del todo con la condición porque en teoría, Rose nunca realizó un acto físico, de ningún tipo, que se pueda catalogar como infidelidad. Pero si ustedes son tan estrictos como yo, comprenderán que también se pueden traicionar los sentimientos, aunque a veces no tengamos mucho control sobre ello. Sin más, ¡gracias por leer!

Este fic participa en el Reto #47: "Larga vida a tu OTP" del foro Hogwarts a través de los años.

ROSA CAÍDA

Rose se sentía la persona más miserable del planeta. No podía creer cómo había hecho aquello, no podía perdonarse. Ahora debía enfrentar la verdad, por más que doliera. Le debía a Scorpius eso. Por eso lo estaba buscando por todos lados, sin éxito. Por una parte, quería encontrarlo, y por otra, no creía poder soportar ver sus amorosos ojos y decirle que lo había traicionado. Ella no había querido esto, de ninguna manera.

El problema había comenzado seis meses atrás, cuando se hizo amiga de Lisa McGlaggen, aunque sus primos le advirtieron que no era de fiar. Lisa era muy inteligente y supo cómo llegar hasta lo más profundo de Rose, la hizo sentir especial y querida, la hizo sentir como la más inteligente de todo el colegio. No era que Scor no lo hiciera también, se había dado cuenta Rose, el problema era que Lisa era manipuladora, y la había convencido de la quería, hasta el punto en el que Rose comenzó a sentir algo por ella.

La confusión que siguió a eso fue de las peores. Amaba a Scorpius, con su corazón entero, y realmente no estaba segura de lo que sentía por Lisa. Scorpius y ella tenían una larga y profunda historia, desde que se habían convertido en amigos hasta el momento en que habían decidido volverse novios, contra la opinión de todos. Él era justo y respetuoso, lo cual sólo hacía sentir peor a Rose.

Esa tarde, con la culpa comiéndole el alma, por fin decidió contarle lo que estaba sucediendo a sus dos mejores amigas y confidentes: su amiga Penny y su prima Lily. Para sorpresa de Rose, no la odiaron. Le preguntaron, muy serias, si había actuado. Cuando Rose contestó que no, pero que aún así sentía que había traicionado a Scorpius, Penny y Lily se echaron a reír.

—No te preocupes, Rose. Lisa lo hace con todo el mundo, por eso James te ha insistido en no acercarte demasiado a ella. Intentó algo conmigo el año pasado, pero yo sabía lo de James y no lo permití —le confesó Lily.

Rose intentó que sus palabras le sirvieran de consuelo, pero sólo la hicieron sentir peor. No iba a negar que se había sentido especial, y de alguna forma le dolía aceptar que le habían visto la peor cara de tonta, porque después de haberle dejado en claro a Lisa que amaba a Scorpius y que no pensaba dejarlo por ella, la chica comenzó a chantajearla y después dejó de hablarle. Rose se sentía, en pocas palabras, con el orgullo herido. Y se sentía una mentirosa, una hipócrita.

—Quizá si se lo dices a Scorpius te sientas mejor —le aconsejó Penny. Y aunque al principio había parecido una idea demente, Rose sabía que era cierto. Y que era su única salida.

Mientras recorría el castillo buscándolo, Rose comenzó a recordar miles de cosas que había pasado con Scorpius. Habían construido un camino juntos, por el que transitaban con el otro, y ahora Rose sentía que había perdido rumbo y que no podría encontrarlo de nuevo, aunque era lo que más quería.

Sintió que una mano se deslizaba en su palma abierta. La calidez de los dedos de Scorpius, la piel suave…todo era familiar para ella. Dolorosamente. Había llegado al campo de quidditch sin darse cuenta. Scorpius, con su resplandor plateado y verde, le sonreía con amor.

—¿Me estabas buscando? —le preguntó. Rose huyó su mirada.

—Esto…pues sí. ¿Quién te ha dicho?

Scorpius se encogió de hombros.

—Albus.

De pronto Rose se sintió tonta, tontísima de remate. Había estado con Albus antes de ir a buscar a Scorpius, Lo que pasaba era que estaba tan concentrada que ya ni siquiera se acordaba.

Scorpius apretó los dedos de Rose con ternura.

—¿Qué sucede, Rosie?

Ella suspiró. Había llegado el momento de la verdad. No tenía escapatoria, debía decírselo. Sabía que se iba a odiar cuando viera la traición en los ojos de él, pero quizá también merecía sentirse así.

—Scor, quisiera hablar contigo.

El muchacho asintió. Se sentaron juntos en el paso, mirando a lo lejos a un grupo de Hufflepuff jugar a lanzarse una quaffle. Rose besó a Scorpius con dulzura, amor, desesperación y arrepentimiento. No sabía si después de saberlo él decidiría que todo terminaba. Y, pensó, tendría todo el derecho de hacerlo. Al menos creyó que le gustaría que así fuera si los roles se invirtieran.

—Scorpius, ¿te acuerdas de Lisa McGlaggen?

Su novio asintió.

—Esa chica de Ravenclaw que es tu amiga, ¿no? Aunque últimamente no las he visto juntas. ¿Qué pasa con ella?

Rose sintió que el corazón se le encogía.

—Pues debo decirte una cosa. Primero que nada, quiero decirte que te amo y que jamás haría algo que te lastimara. Y que lo siento, de verdad lo siento mucho.

Continuó hablando, antes de permitirse ver la revelación en los ojos de él.

—Pues…pues algo ha pasado con ella. Comenzó a hablarme y a actuar de forma extraña. Me estaba… coqueteando. Y yo, yo… me hacía sentir bien conmigo misma, más inteligente y mejor. Como si fuera la única persona del mundo.

Scorpius le sostuvo la barbilla y la obligó a mirarlo. Rose vio un poco de desilusión en sus ojos, pero también algo de comprensión.

—¿Hiciste algo, Rosie? —le preguntó, serio.

Rose negó.

—Te juro que nunca hice nada físico. Ni siquiera sé qué me sucedió. Yo sólo… no he dejado de amarte ni un poco, Scorpius.

Scorpius asintió.

—Yo lo sé.

—¿En serio?

—Rose —dijo él, y ella aceptó que se merecía ese leve tono de regaño—, te conozco como a la palma de mi mano. Si algún día dejaras de quererme, lo sabría. Ni siquiera me sorprende del todo esto… lo intuía, un poco.

Ella sintió que las lágrimas se le resbalaban del alivio. El rubio le pasó los dedos por las mejillas para limpiárselas, y Rose agradeció el contacto y la sensación de su piel.

—Todos nos equivocamos alguna vez —le dijo, atrayéndola hacia él para abrazarla. —Pero hay cosas más fuertes. Sea como sea, encontraremos la manera de ir a través de esto, juntos. ¿Bien?

Rose asintió, oculta en su pecho, aspirando su olor tan familiar y amado. Y nunca se sintió más en casa.