PLAYA

El aire acariciaba sus mejillas, al cerrar los ojos podía disfrutar de todos los sonidos y sensaciones que la playa ofrecía cada vez que la visitaba. El horizonte le obsequiaba un paisaje único de tonos rojizos, morados, mezclados con el azul y negro del cielo; coronado con un sol naranja, enorme, cálido, como si quisiera ofrecerle un poco de vehemencia antes de ocultarse por completo, sabiendo que su corazón estaba destrozado y necesitaba ser reconfortado.

La traición llegó hace una semana cuando recibió su título como doctora. Corrió al término de la comida familiar para ver a Hisoka, jefe del área de pediatría del Hospital Kenko en Tokio y su novio. Ese día tenía guardia así que no pudo acompañarla en la ceremonia ni en la celebración, habían quedado de verse por la noche en el departamento de él, pero ella estaba tan feliz de avisarle que le habían dado el puesto en el área de cirugía que quiso sorprenderlo. La sorpresa se la llevo ella, cuando al abrir la oficina lo encontró con una pelirroja prendida a sus caderas, Kaho Misuki encargada del área de personal, su fama de "come hombres" la precedía y por lo visto era real.

A partir de ese momento su vida dio un giro de 180°, tomó un puesto en Okinawa, de medicina general, completamente diferente al que tendría en Tokio, terminó con el "doctor infiel" y ahora rentaba un departamento frente al mar, solo debía abrir su ventanal y podía ver la inmensidad desde aquel balcón, escuchar las olas así como sentir la brisa. A pesar de que su corazón le dolía mucho, estar ahí calmaba su malestar.

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—Por décima vez —Dijo la castaña mientras revisaba unos expedientes —, estoy bien, Touya.

—Resoplo cansado y respondió con su característico tono gruñón — ¿Y cuándo piensas venir a vernos?

—Apenas han pasado tres meses desde que me fui, no puedo pedir vacaciones ahora, además el hospital es pequeño hermano, necesitan todo el apoyo en caso de emergencias.

—Pues sigo creyendo que te excediste, debiste de haberme dejado encargarme del idiota de tu ex novio —dijo levantando la voz—, el que debió de salir huyendo era él, no tú.

— ¡No salí huyendo, Touya! —Dejó los papeles y levantó un poco la voz. — ¡Necesito que respetes mis decisiones! —Respiro y continúo hablando, más serena. —De verdad que estoy bien, me siento tranquila y en paz.

—Está bien, monstruo —comentó no muy convencido —espero pronto podamos ir nosotros a verte. Yukito te manda saludos.

—Igual yo a él y por favor también saluda a mi papá, dile que lo amo…

La puerta se abrió de golpe dejando ver a una enfermera —Dra. Kinomoto, lamento molestarla en su descanso, acaban de avisar que vienen dos pacientes para cirugía y sólo está la Dra. Ishida.

—Entiendo. Te dejó hermano—Colgó y salió de su oficina mientras ponía su bata.

Llegó a la entrada del hospital donde ya estaba su colega, ésta le puso al tanto del percance —tenemos un accidente entre carro y motocicleta, al parecer el automovilista estaba ebrio y golpeó al otro. ¿Qué te parece si me hago cargo del primero y tú ves a la víctima? Ya que el borracho va a llevar protocolo con la policía y aún no lo conoces ¿de acuerdo?

—Está bien Dra. Ishida.

No pudieron decir más porque los paramédicos entraron de forma estrepitosa con las camillas. Sakura se acercó.

—Joven, 28 años, fractura de costilla y femoral izquierdo, múltiples contusiones en la cara y brazos. Tiene un pedazo de metal enterrado en la pierna derecha que debe ser removido con cirugía. Signos vitales estables, se desmayó en la ambulancia.

-Bien, —contestó la castaña mientras observaba el parte médico. ¿cuál es el nombre del paciente?

-Su identificación dice Li Xiao Lang.

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La relación del paciente Li y la Dra. Kinomoto avanzó de manera especial. Después de la cirugía estuvo en rehabilitación por dos meses, para recuperar la movilidad total de sus piernas. Aunque ella no era la encargada de ayudarle con esto, siempre estaba al pendiente, lo que hizo que fueran desarrollando una relación cercana.

Cuando él la veía entrar por la puerta, todo era más hermoso, hacía más calor y las palabras no salían como él quería. Se ponía nervioso, no podía verla a los ojos por mucho tiempo y sentía que su estómago se apretaba cada vez que se acercaba a revisarle. Su aroma a flores lo ponía en un estado de excitación total, en más de una forma. Su sonrisa iluminaba la habitación a la que entrara, pero cuando reía, Dios, parecía una ninfa, el sonido de la misma lo hacía reír sin darse cuenta.

Para ella no era diferente, desde que empezó a conocerlo le pareció un chico excepcional, era muy inteligente, reservado y trabajador, siempre que podía tenía una computadora en sus manos. Se enteró, por él, que era de China y que su familia estaba en el mundo de las exportaciones, por lo que viajaba constantemente. Sin embargo su hogar era Okinawa, amaba la playa tal como ella por lo que la sede de Exportaciones Li en Japón, estaba instalada en el puerto.

Soltero, con cuatro hermanas, que al mes vinieron a visitarlo y ella lo pasó de lo más divertida, a pesar de que él quería salir huyendo. Por último una madre seria, pero muy amable, le recordaba a él.

Sin darse cuenta o buscarlo desarrollaron una amistad muy cercana. Pasaban mucho tiempo platicando de todo tipo de cosas, metas, sueños, viajes e incluso ideales. El era serio, sin embargo Sakura notaba como con ella era más tento ty platicador.

Cada que la ojiverde estaba cerca de él, era imposible no oler su loción a madera y chocolate. En una ocasión, mientras revisaba el golpe que tenía en la cabeza se vio hipnotizada por su aroma y sus ojos ámbares, no supo cuanto tiempo pasaron observándose, hasta que su celular les interrumpió y tuvo que salir corriendo de la habitación; no sólo por la emergencia que había, sino porque su corazón latía tan rápido que pensó tendría un infarto.

Él nunca se había sentido así…para ella era lo mismo. Ni con el "doctor infiel" había experimentado una conexión como con Li.

Por eso hoy, que era el día de su alta, tenía una mezcla de alegría y tristeza, saber que tal vez ya no lo volvería a ver, le dolía en el alma.

—Bueno, Dra. Kinomoto, le agradezco mucho todo lo que hizo por mí —esbozó una bella sonrisa, mientras la miraba con mucha intensidad y hacía una reverencia.

—No debe agradecer —agachó un poco la mirada, esforzándose en sonreír, él debía verla bien, era el día en que retomaría su vida fuera del hospital, no podía ser egoísta. Así que levantó la mirada para regalarle un sonrisa que, como siempre, iluminó el cuarto y su corazón, haciendo sus mejillas se tornaran carmesí por lo bella que era.

El ambarino comenzó a salir del cuarto, pero al pasar junto a ella, pensó que no podía dejarla fuera de su vida, ella se había convertido en alguien muy importante, en tan poco tiempo llenó su corazón con esperanza.

Se detuvo en la puerta, con su maleta en una mano, abría y cerraba el puño libre, estaba muy nervioso. —Dra. Kinomoto.

— ¿Sí? —contestó ella mientras observaba como se giraba para verla a la cara.

— ¿Puedo llamarte por tu nombre? —Le dijo mientras su cara se sentía arder.

Sakura abrió los ojos sintiendo mucha emoción, seguramente estaba igual de roja que él —Sólo si yo puedo llamarte por el tuyo.

Li, dejó la maleta en la entrada del cuarto, comenzó a caminar hacía ella para tomar sus manos —Claro que puedes, Sakura —Dijo en un tono muy bajo mientras se sumergía en sus esmeraldas que tanto le gustaban.

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Al apagar el motor pudo escuchar el sonido del mar, las olas chocando contra las piedras, la espuma bañando la arena, no había mejor medicina para sentirse en paz que oír la inmensidad del mar en el patio de su casa.

Masajeaba su cuello con una mano, mientras que abría la puerta con la otra, habían sido 72 horas de trabajo extenuantes, gracias a una intoxicación por mariscos de uno de los hoteles nuevos en la zona, estaba muerta.

Se deshizo de sus zapatos, dejó su bolso y bata en el perchero mientras se dirigía a la cocina. Abrió el refrigerador buscando alguna botella de agua, cuando escuchó un ruido en el balcón. Cerró la puerta con cuidado tratando de no hacer ruido, dejó la botella en el desayunador y con un poco de miedo asomó su cabeza por la puerta de la cocina. Observó la sala con sus muebles de madera, más allá el ventanal abierto dejando entrar la brisa marina con las cortinas meciéndose y trató de recordar si lo había cerrado. Estaba por tomar la escoba cuando una vela se prendió en el suelo del balcón, eso le pareció extraño, pero por alguna razón dejó de tener miedo, caminó hasta la pequeña flama y vio que debajo de ésta había un papel. Lo tomó y leyó: "te extrañé".

De pronto un camino de fuego se vio frente a ella, varias antorchas decoraban la playa hasta una mesa, a lo lejos una figura parada, inconfundible, al menos para ella. Comenzó a distinguirlo mientras se acercaba, vestía unos jeans verdes, una camisa blanca de manga corta, su cabello castaño se mecía por la brisa del mar y sus ojos ámbar la observaban con mucha expectativa, cuando la veía así se sentía arder, era una mirada que la devoraba, que desnudaba su alma, que la hacía estremecer.

Al estar a unos pasos de él su sonrisa ladeada la puso mucho más nerviosa, sin embargo no se dejó intimidar. Rodeo su cuello y busco sus labios. Un beso lento, cálido, delicioso. Sentía su aroma y después sintió sus manos que la apretaban hacía él, querer soltó un suspiro. Poco a poco se fueron apartando mientras mantenían el contacto con sus frentes y manos.

—También te extrañé ¿cuándo llegaste? —Dijo con sus ojos cerrados.

—Hace unas horas, quería sorprenderte. —sonrió acariciando sus mejillas.

—Y lo hiciste, por poco te atacó con la escoba —finalizó separándose de él y haciendo una mirada asesina.

Ambos rieron mientras se daban un abrazo. Aún en esta posición él habló —Tengo una cena deliciosa Dra. Kinomoto ya que hoy cumplimos 6 meses juntos.

Ella sonrío, este hombre la volvía loca — ¡Ah sí! Sr. Li ¡pues sorpréndame!

Durante la cena platicaron de todo lo que les había pasado en los 2 meses que estuvieron separados. Shaoran, como ella le llamaba, tuvo que hacer el viaje anual a las diferentes oficinas en Japón y China, se llamaban casi todos los días, sin embargo nunca era suficiente, sólo se sentían en paz cuando estaban juntos.

—Estaba recordando que el próximo mes cumplimos un año de conocernos. Nunca me imaginé que al cambiar de residencia, encontraría el amor.

—Y yo nunca cría que un choque podría traerme a la mujer de mis sueños. —besó su mano mientras se ponían de pie y la llevaba a la manta que había colocado en la arena. —Traje tu vino favorito.

—Sr. Li, primero me da vino tinto y ahora rosado, usted quiere emborracharme. —exclamó de manera sobreactuada mientras llevaba su mano al pecho.

—Tal vez —dijo Li sonriendo mientras le pasaba una copa y brindaban.

Siguieron charlando, bebiendo y poco a poco el alcohol fue haciendo de las suyas. Ella estaba recostada en la cobija, mientras él la besaba con mucha delicadeza, degustaba sus labios sabor a cereza y exploraba su boca. Su mano derecha viajó por su cuello, clavícula, brazo, mano para después dibujar círculos por debajo de su blusa, a la altura del ombligo.

No es que fuera la primera vez de ambos en una situación similar, sin embargo se sentía como si lo fuera, estaban nerviosos y ninguno se atrevía a avanzar. Él sabía que ella nunca había estado con nadie más allá de un buen faje. Él tenía experiencia, no era un casanova pero sabía lo que hacía.

Sakura sentía su cuerpo estremecerse cada que el rosaba sus pechos con los dedos por encima de la blusa. Él sentía que el pantalón de pronto era muy apretado. Los besos subieron de intensidad, las manos de ambos recorrían sus cuerpos y en un gemido ella le pidió acabar con esa tortura. Lo necesitaba, lo quería para ella.

Shaoran le ayudó a levantarse de la manta y ella brincó para quedar prendida de su cadera con sus manos alrededor del cuello del castaño reanudando el beso. Entraron a la casa de la castaña perdidos en el ardor. El lobo la pegó a la pared para besarle el cuello mientras acariciaba sus pezones; ella sentía la dureza de sus manos, de su agarre y de su virilidad.

Sin darse cuenta ambos se habían desecho de sus prendas superiores y se encontraban en la cama. Shaoran paró un momento, la observó sobre el tálamo, con sus labios hinchados, su respiración entrecortada y sus pechos al aire, hermosos como ella, rosados en la punta y duros de tanta pasión. Le preguntó si estaba segura, ella le obsequió una de esas sonrisas que lo derretían mientras se sentaba al borde de la cama y desabrochaba el pantalón sin perder contacto con sus ojos, que ahora, más que ámbar parecían dorados.

Terminó de desabrochar el pantalón y se deshizo de las prendas de un jalón, dejando ver al lobo por completo. La esmeralda lo observó a los ojos y comenzó a bajar su vista mientras tocaba su pecho, sus caderas y al final su entrepierna, palpitante y dura. Se atrevió a tomarlo entre sus manos para manipularlo, era bastante grande y él soltó un suspiro. La imagen era única, ella se veía atraída, sus ojos brillaba mientras subía y bajaba su mano, él estaba tan excitado que estaba seguro que si ella continuaba así todo terminaría muy rápido por lo que tomó su muñeca y la detuvo, Sakura volteó a verlo con una pequeña sonrisa de satisfacción y ser mordió su labio inferior mientras se recostaba.

Shaoran trago grueso, hoy era el día, hoy Sakura sería suya y él de ella. Subió a la cama y volvió a besarla, mientras sus manos masajeaban sus pechos. Su boca comenzó a bajar mientras saboreaba todo de ella, se detuvo en las cumbres y una a una le dio la atención necesaria para después comenzar a desabrochar su pantalón y descubrir aquella prenda negra de encaje que los separaba de ser uno. Al terminar de retirarla la volvió a besar, con más hambre, con más necesidad. Su mano acariciaba el sur de su cuerpo buscando aquel lugar que sabía la haría enloquecer.

Sakura se sentía en una bruma de placer, en completo éxtasis y con un calor abrasador, su cuerpo caliente buscaba la unión mientras movía sus caderas, él al verla así tomó su dureza y la frotó sobre aquel montículo de placer, mientras le susurraba lo mucho que la deseaba, lo hermosa que era, lo afortunado que se sentía.

—Por favor mi vida, si sientes dolor dime y pararé ¿estás listas?

Como un susurro, ella contestó –Sí Shao…

Comenzó a entrar en ella, lento. Sakura lo tomó de los hombros y apretó, él la besaba, con ternura al mismo tiempo que manipulaba su clítoris para que el dolor pasara rápido, cuando llegó a aquella tela que lo separaba de ser uno con ella, tomó a Sakura de sus caderas mientras le afirmaba que la amaba entró de una estocada. La ojiverde lanzó un grito y mordió su hombro. Él no se movió, dejó que ella se acostumbrará, pero siguió besándola.

Poco a poco el dolor pasó, Sakura comenzó a moverse y él entendió que ya era momento de continuar. La pasión entre ambos se desbordaba, él besaba sus labios, su cuello y pellizcaba sus pezones.

Ella acariciaba su espalda y tocaba sus brazos, besaba su cuello y barbilla, pasaba sus manos por su estomago trabajado, se atrevía a tocar su espalda baja que tanto la hacía suspirar.

—Sakura…te amo…me…en…cantas… ¿te gusta?

—Sí —decía entre suspiros —me gus…ta —comentaba seguido de un gemido.

—Mi flor, aahh…estás tan apretada, tan mojada para mí.

—Más Shao…más…—El lobo obedeció, haciendo más rápido los movimientos, entrando y saliendo con velocidad, hasta que ambos alcanzaron el clímax, entre palabras de amor, caricias y besos.

Cuando salió de ella y se retiró la protección, la atrajo a su pecho, besó su frente recordándole una vez más lo mucho que la amaba, la felicidad que sentía de tenerla a su lado y expresó la esperanza que tenía: "vivir juntos", ella primero se sorprendió, pero no necesito pensarlo mucho para aceptar con alegría y repartiendo besos por toda su cara.

Esa noche se amaron hasta el amanecer, mientras se prometían amor eterno.

NOTAS AUTORA:

GRACIAS A TODOS LOS QUE LEYERON

Los invito a revisar los demás shot del Fictober 2020, hay de todo tipo de historias, les va a encantar.

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