《Los personajes pertenecen a Sthephenie Meyer y la historia completamente a Kat Cantrell 》
Capítulo 4:
Cuando el teléfono de Edward comenzó a sonar y él vio que se trataba de un número que no reconocía. En vez de trabajar, tal y como debería estar haciendo, había estado observando su teléfono, esperando que Bella le llamara.
Contestó al teléfono. Suponía que se trataría de algo relacionado con sus negocios.
–Cullen.
–Soy Bella Swan –dijo una suave voz, cuyas delicadas tonalidades hicieron blanco en los lugares correctos–. ¿Tienes unos minutos?
Bella tenía una voz muy sensual por teléfono. Edward se reclinó en su butaca y estiró las piernas.
–Depende de para qué. Si es para la segunda ronda de preguntas rápidas, sí.
Bella río, aunque parecía estar nerviosa.
–Me temo que esa no es la razón de mi llamada. En realidad, tengo buenas noticias en ese sentido. Ya no necesitamos más sesiones. Tengo tu pareja.
–¿Ya? Pues sí que es una buena noticia –replicó Edward. En realidad, era la mejor.
No tenía que volver a ver a Bella Swan, tal y como deseaba.
«Mentiroso, mentiroso», le decía una vocecilla.
–Así es. Te llamo para concertar la primera cita con tu pareja, Tanya.
–Tanya… – murmuró pensativo.
—Tiene veintiocho años y trabaja como ayudante en Browne y Morgan.
–Solo estaba curioso, es nuevo esto para mi. ¿Y qué hay que hacer? ¿Tengo que llamarla yo y concertar una cita o algo así?
–Eso depende de ti. Yo le he enviado a ella tu fotografía por correo electrónico y te he enviado a ti la suya. Si los dos queréis conoceros, yo estaría encantada de ayudaros, o podéis ir por libre desde ahora mismo.
La curiosidad le ganó la partida a Edward. Se sujetó el teléfono con el hombro para poder abrir el correo electrónico. Ahí estaba. Remitente: «Isabella Swan»; asunto:
«Tanya Denali». Lo abrió inmediatamente y una fotografía de la mujer ocupó la pantalla. Dios Santo. Era preciosa. Preciosa de verdad.
–¿Es una de las que has tenido que pulir?
–No todo el mundo necesita que lo pulan. Tanya me vino tal y como es.
Estupendo. No era una cazafortunas. Se fijó un poco más en ella. Rubia con mayúsculas, con una pícara sonrisa que prometía mucho más. Edward se habría fijado en ella en un instante.
Por primera vez, empezó a ver el por qué el negocio de Bella era un éxito.
–Me gusta.
Entonces, regresó al planeta Tierra. Si había tenido que recurrir a una casamentera, había muchas posibilidades de que Tanya no fuera tan maravillosa como parecía.
–Ya me parecía que te gustaría –dijo Bella–. Es perfecta para ti.
¿Acaso porque él también tenía algo de malo?
Bella tendría toda clase de explicaciones psicológicas para explicar sus carencias, que eran las de su incapacidad para comprometerse y los problemas con su madre. En realidad, a él no le importaba comprometerse mientras el objeto de su compromiso llevara el sello de Cullen Media. En lo de las mujeres, el tema era muy diferente. Sería capaz de morir antes de permitir que una mujer lo defraudara tal y como su madre había hecho con su padre. Además, jamás había conocido a nadie que mereciera esa clase de promesas.
Sin duda, Bella le habría advertido a Tanya de en dónde se había metido. Tal vez le había dado consejos sobre cómo camelarlo. Bella lo había averiguado inmediatamente y, por supuesto, tenía mucho interés en conseguir que Tanya lo hiciera feliz. Podría ser incluso que aquella mujer con la que lo habían emparejado fuera una profesional. Una actriz a la que Bella había pagado para conseguir que él se enamorara de ella.
Por suerte, no tendría que volver a ver a Bella. Una ayudante en un bufete era un agradecido respiro en vez de una casamentera muy inteligente y con piernas de escándalo.
–La llamaré –dijo él–. ¿Esperas un informe completo a continuación?
Nadie respondió.
–¿Sigues ahí, Bella?
–Completo del todo, no.
–Me refería a lo de si es mi alma gemela. No pienses cochinadas.
Por alguna razón, aquel comentario hizo gracia a Bella.
–Sí, claro que quiero ese informe. Supongo que nunca hemos hablado de las reglas que hay en este acuerdo. ¿Necesitamos una tercera parte imparcial para que verifique los resultados?
–Creo que cuantas menos personas haya implicadas en este asunto, mejor. Te llamaré después y te contaré cómo ha ido. ¿Te parece?
–Perfecto. Que te diviertas con Tanya. Hablamos luego.
Ella colgó el teléfono. Inmediatamente, Edward guardó el teléfono de Bella entre sus contactos. .
A continuación, marcó el número de Tanya, que Bella había incluido también junto a la fotografía. Su lado perverso quería descubrir si Tanya era lo que él creía. Si Bella había contratado a alguien para que lo sedujera, él se daría cuenta rápidamente. Y su venganza sería terrible.
Edward le entregó al mozo las llaves de su Audi y entró en el bar que Tanya había seleccionado para su primera cita. No le costó encontrarla. Todos los presentes estaban pendientes de la atractiva rubia que esperaba junto a la barra sentada en un taburete. Entonces, todos los ojos se fijaron en él cuando se acercó y besó a Tanya en la mejilla.
–Hola. Bonito bar.
Habían hablado por teléfono un par de veces. Ella tenía una voz agradable y parecía cuerda. Lo miraba con unos ojos azules dignos de una muñeca de porcelana, unos ojos que eran menos eléctricos en persona de lo que le habían parecido a Edward en la pantalla del ordenador. No pasaba nada. Su sensualidad le atraía.
–Eres igual que en la fotografía –dijo ella–. Pensé que la habías tomado de una revista. Me alegra ver que estaba equivocada.
Edward sabía a lo que ella se refería. El tiempo le había tratado bien. Sin embargo,¿por qué tenía que ser su físico lo primero en lo que se fijara una mujer?
La mayoría de las mujeres. Bella no. Una de las primeras cosas que ella le había dicho era que estaba muy solo.
Mientras Tanya parpadeaba con gesto coqueto, Edward supo a lo que Bella se refería. Hasta que una mujer rasgara esa cortina y viera al hombre real, tan solo se dejaría llevar. Y Edward siempre salía con mujeres incapaces de penetrar ese lado cínico que él tenía.
¿Cómo era posible que se acabar de dar cuenta de eso? ¿Y cómo se había atrevido Bella a cuestionar el modo en el que él afrontaba una cita tan filosóficamente? Si era tan inteligente, ¿por qué no se había dado cuenta de que estaba saliendo con las mujeres equivocadas?
Además, no era así. Las mujeres con las que él salía estaban bien. Bella Swan no iba a arruinarle aquella cita con sus análisis psicológicos.
Se sentó en el taburete que había junto al de Tanya, se giró hacia ella y le dedicó la mejor de sus sonrisas. Siempre dejaba a las mujeres sin aliento.
–Tú también te pareces a tu foto. ¿Has sido modelo?
Edward le indicó al camarero que le llevara una carta de vinos y le indicó un tinto chileno sin mirarlo demasiado.
–Sí. Desde que tenía catorce años. Principalmente a nivel regional. Grandes almacenes, catálogos… Las famosas se quedan con los cosméticos, así que nunca he tenido oportunidad en ese campo. Al final, las ofertas dejaron de llegar. Mi madre me obligó a conseguir un trabajo cuando cumplí los veinticinco años.
Había sido una pregunta casual, pero ella se la había tomado muy en serio y había contestado con sinceridad.
–¿Y ahora trabajas como ayudante en un bufete?
Ella arrugó la nariz y se echó a reír. La combinación resultó muy mona. No parecía una animadora descarada que estuviera a punto de hacerle un cupcake.
En realidad, pensándolo bien, no era tan mona.
–Sí. Me paso investigando documentos legales todo el día. No es lo que me imaginaba haciendo, pero me costó encontrar un trabajo. Si me entrevistaba una mujer, me daban con la puerta en las narices inmediatamente. Los hombres eran peores. Me aseguraban que el trabajo era mío si yo accedía a hacer horas extra…
Tanya se echó a temblar delicadamente, por lo que Edward comprendió inmediatamente a qué se refería ella con lo de las horas extra.
–La discriminación en su estadio más refinado.
–A la mayoría de la gente le parece que está bien tener ese problema, pero no es así. La gente me discrimina por mi aspecto constantemente –dijo ella. Se cruzó de piernas casualmente y se inclinó hacia delante para colocar un codo sobre la barra y dejar caer la mano, casualmente, a pocos centímetros de la rodilla de Edward –. Por eso presenté una solicitud en IMS International. Yo no puedo conocer hombres del modo tradicional.
El lenguaje corporal de ella le transmitía un mensaje muy claro.
–Lo entiendo. ¿Quién quiere conocer a alguien en un bar sabiendo que solo se acercan a ti y te hablan por tu rostro? –preguntó él. Se tomó un sorbo de vino y se dio cuenta de que, en algún momento, se había relajado. Tenía una cita con una mujer atractiva y agradable, y tenían varias cosas en común. Se sentía cómodo–. ¿Te gusta el fútbol?
–Claro. No hay que pensar. Resulta fácil seguirlo.
Efectivamente. Por eso le gustaba a él también. Cullen Media ocupaba el noventa y nueve por ciento de su materia gris a diario, por lo que resultaba fantástico vegetar un poco los domingos, el único día de la semana en el que no se centraba exclusivamente en el trabajo.
–Deberíamos ir a ver juntos un partido en alguna ocasión.
Bella había dado en el clavo. Tanya era exactamente su tipo. ¿No había sido aquel un giro inesperado? La gente en general no lo sorprendía, pero Bella casi nunca dejaba de hacerlo.
–Me encantaría –respondió Tanya con una deslumbrante sonrisa–. Ver todos los programas previos a un partido es mi parte favorita. Es como una fiesta de seis horas todos los sábados y los domingos.
–¿Sigues también el fútbol universitario?
–Supongo. ¿Son esos los que juegan los domingos? Se me olvida quién es quién. En realidad, la mayor parte del tiempo no miro el partido…
Tanya se rio y sacudió cuidadosamente la cabeza para que los mechones de cabello le rozaran los hombros y atrajeran la atención al escote. Era impresionante. Había llegado el momento de que Edward le mandara también señales. Conocía bien la rutina.
En ese momento, el teléfono de Tanya comenzó a sonar. El de Edward estaba en silencio, algo que él consideraba una regla inquebrantable en una cita.
Evidentemente, ella no pensaba lo mismo.
–Perdona –dijo ella de un modo que parecía ensayado para que pareciera un accidente que el teléfono no estuviera en silencio cuando era todo lo contrario–.Tengo que tranquilizar a mi amiga para que sepa que no me has echado algo en la bebida para llevarme a un callejón oscuro.
–No pasa nada.
Se lo pasaría en aquella ocasión. Tenía sentido tomar ciertas precauciones.
Tanya escribió rápidamente un mensaje y luego otro. Edward miró su teléfon mientras su cita contestaba a su amiga. Él también tenía un par de mensajes.
Como Tanya aún no había terminado, abrió sus propios mensajes. Los dos eran de Bella y, por algún motivo, eso le hizo sonreír.
«¿Cómo va todo? Debe de ir bastante bien dado que no respondes».
Edward sonrió y se dispuso a responder. «Es estupenda».
Así lo dejó. Bella tendría que esperar a recibir un informe más pormenorizado.
Mientras Tanya terminaba de enviar mensajes a lo que parecía ser la mitad de la población de Dallas, Edward se tomó su vino y se divirtió un poco imaginándose a cierta casamentera muriéndose de ganas por recibir más detalles.
Bella estaba sentada sobre las manos para no poder escribir un mensaje de respuesta. Edward tenía una cita con Tanya y ella no tenía ningún derecho a molestarle con mensajes de texto.
Sin embargo, había tanto en juego… De todas las mujeres que tenía en su base de datos, Tanya Denali había sido la más adecuada para evitar que Edward destrozara su empresa. Evidentemente, también quería que Tanya encontrara el amor de su vida. Edward era encantador y muy guapo incluso con la ropa puesta y además poseía un inteligente sentido del humor. ¿Qué era lo que no le podía gustar a una mujer? Si te iban esa clase de hombres, que era el caso de Tanya...
Sin embargo, ¿y si a Edward no le gustaba Tanya? La respuesta que él le había dado a su mensaje no decía mucho, pero en realidad se acababan de conocer.
Bella tenía que darles a ambos la oportunidad de conocerse más y confiar en el proceso que ella misma había creado.
Para mantenerse ocupada, trató de ocuparse en una campaña publicitaria que tenía que salir inmediatamente. Enero estaba ya a la vuelta de la esquina, y era tradicionalmente la época del año en la que IMS International tenía más demanda.
Después de Navidad y antes de San Valentín la gente se motivaba más para encontrar a alguien especial.
Cuando Edward hubiera conocido un poco más a Tanya y supiera cómo era, ¿qué clase de regalo de Navidad le compraría?Desgraciadamente, el anuncio tampoco la estaba ayudando a concentrarse.
Agarró el teléfono y volvió a enviar a Edward un mensaje.
«¿Eso es todo? ¿Estupenda? ¿Te gusta?».
Presa de la angustia, permaneció un rato mirando al teléfono esperando que él respondiera. Nada.
Edward la estaba ignorando. A propósito.
Tenía que dejar de obsesionarse. Apagó el teléfono y lo lanzó al sofá, donde no pudiera verlo.
Tal vez debería repasar algunas de las solicitudes de su programa para pulir a las candidatas. Tras tomar esa decisión, se sentó en el despacho que tenía en su hogar.
¿Por qué estaba tan nerviosa?
Porque había manipulado las preguntas de Edward. ¿Y si se había equivocado y Tanya no era en realidad su alma gemela?
Armada con un bol de uvas y un vaso de agua helada, abrió el programa.
Estaba decidida a averiguar cómo había llegado al primer emparejamiento para poder así decidir si el segundo había sido hecho correctamente.
Después de quince minutos de desear que las uvas fueran chocolate y de mirar la pantalla hasta quedarse bizca, no pudo soportarlo más. Fue a buscar el teléfono y lo encendió. Lo apagó inmediatamente, antes de que el teléfono pudiera reiniciarse.
¿Qué estaba haciendo? Casi era como ir al bar donde estuvieran y asomarse por los cristales como si fuera una acosadora. Lo peor de todo era que sabía que lo habría hecho si hubiera sabido dónde habían quedado Edward y Tanya.
Ridículo.
Decidió encender el teléfono para comprobar los mensajes, quedarse así tranquila y luego ponerse a ver una película o lo que fuera.
Nada.
Ese… hombre. No se le ocurría una palabra lo suficientemente desagradable para definir lo mucho que Edward Cullen le sacaba de sus casillas. Él sabía lo mucho que aquello significaba para ella. Sabía que estaba muy nerviosa. ¿Tan difícil era escribir «es hermosa y divertida. Me gusta mucho»?
No era difícil. No lo estaba haciendo porque ignorar a Bella era parte del juego.
Quería hacerle pensar que la cita iba de mal en peor, para tenerla pendiente y preocupada.
En realidad, se estaba riendo con Tanya, pasándoselo estupendamente tomando vino tinto y charlando sobre sus gustos. En aquellos momentos, seguramente estaba observándola por encima del borde de la copa con aquellos ojos verdes tan seductores y haciendo que Tanya admitiera cosas que seguramente jamás le había contado a nadie antes.
Tal vez se habían ido al aparcamiento y Edward la tenía acorralada contra su coche, sin aliento…
Inmediatamente, escribió un mensaje: «Tanya no va hasta el final en la primera cita».
Lanzó un gruñido. Estaba pensado demasiado en lo que haría Edward. Apretó el botón para borrar el mensaje.
Dios, ¿había apretado el de enviar? «Por favor, por favor no, por favor», rezó, esperando contra toda esperanza que hubiera borrado el mensaje tal y como había sido su intención. Buscó en los archivos del teléfono para encontrar la respuesta.
La encontró con la forma de un nuevo mensaje de Edward.
«¿Acaso hablas por experiencia propia?».
Bella sintió que se le hacía un nudo en el estómago al mismo tiempo que soltaba una carcajada. Edward había hecho que su paso en falso tuviera una vista cómica. ¿Cómo lo había conseguido?
Al menos, había conseguido que él respondiera.
«Ella es una mujer a largo plazo».
«Jamás lo hubiera pensado de otra manera», contestó Edward.
Aquel comentario le volvió a provocar el nudo en el estómago. Si la cita salía bien, Edward y Tanya podrían terminar casándose. Así ocurría con la mayoría de las parejas que ella unía. Aquel era su trabajo.
¿Por qué el hecho de pensar en Edward y en Tanya felizmente enamorados hacía que Bella quisiera echarse a llorar?
La perspectiva de otras Navidades sola unido al estrés de tratar con Edward. Eso era. Las dos cosas la estaban matando. Muy lentamente.
Si alguien tan cínico como Edward encontraba su final feliz, ¿qué indicaba que ella no pudiera encontrar el suyo?
Aquí un nuevo capítulo! Besos a todos, Nos seguimos leyendo!!
