Reencontrándonos.
"Cloud ha encontrado una nueva forma, sencilla y honesta, de encontrarse con ella.".
II
Llovía.
El intenso nubarrón no dejaba entrever ninguna porción del cielo, cernido como un manto sobre Midgar, el agua caía copiosa desde una noche que era más lúgubre que de costumbre, desprovista de estrellas y de luna, daba la bienvenida al descanso más idóneo y profundo. La lluvia ayudaba a estimular sueños más gratos y Cloud se preguntó, antes de acostarse, si soñaría con ella otra vez. Había intentado, después de esa noche, replicar cada una de sus acciones del día anterior, buscando evocar la presencia de Aerith en sus sueños.
No lo consiguió, sin embargo. Ella no volvió.
Ya había pasado un mes desde ese momento onírico, matizado por emociones que resultaban difíciles de describir; esa mañana despertó con la paz y la sensación de ese abrazo mutuo y entregado; y Cloud se preguntó si estaba siendo demasiado absurdo.
Cuando cerró la cortina oscura de sus ojos, sin esperanza de vivir otro reencuentro, la sintió y todo su cuerpo se estremeció. Aerith estaba a su lado, en un cuarto desconocido, mirándolo.
—Dormiste mucho —la oyó decir.
Cloud abrió sus párpados con lentitud, estaba acostado en una cama y también era de noche; afuera el viento rugía como un animal hambriento y empujaba la lluvia contra las ventanas. Giró la cabeza e intentó entrever algo en la oscuridad, la única luz que iluminaba la estancia provenía de la llama de una vela que estaba situada sobre una pequeña mesita con dos sillas.
—Se ha ido la luz cuando dormías —explicó, Aerith—. La casera vino a entregarme esas velas, están arreglando el problema.
Cloud se sentó en la cama, con las piernas recogidas.
—Estás aquí… —le sonrió, con sutileza, mirándola a los ojos.
—Sí —dijo ella, ladeando la cabeza—. ¿Dónde más?
Él suspiró, sintiendo el mismo escozor en su pecho como aquella primera vez.
—Tardaste mucho, ¿eh?
—Lo siento —atinó a decir el joven y ella rió brevemente. No sabía exactamente a qué se refería Aerith, pero infirió que se podría tratar de no volver a soñar con ella.
—No te preocupes... —Aerith levantó su mano y le despejó algunos mechones rubios de la cara, Cloud recién despertado se veía adorable.
—¿Dónde estamos?
—En una cabaña, ¿no recuerdas? Nos quedaban unos veinte kilómetros para poder reunirnos con Barret, Tifa y Red, pero cayó este aguacero. Estábamos cansados... y...
Sus mejillas se tiñeron en carmín.
—… y nos hospedamos aquí —completó, Cloud. Ella asintió solamente. Las tiendas que utilizaban para acampar por las noches no resistían las lluvias intensas, ni las ráfagas de viento impetuosas.
No tenía mucho sentido, pensó él, pero era un sueño, a fin de cuentas. No recordaba que aquello hubiese pasado cuando viajaban; los sueños trataban de eso, se dijo, mezclar la realidad con los deseos y los sentimientos. Se quedaron en silencio y Aerith miraba hacia su izquierda, intentando entrever algo por las ventanas.
—¿Has dormido? —quiso saber, él.
—Sí, ¿no te acuerdas...? —preguntó—. Dormimos juntos.
Él frunció el ceño, confundido, y la inocencia de su gesto hizo reír a Aerith.
—Estaba a tu lado, Cloud, ¡tienes el sueño pesado!
Él abrió los ojos, atónito.
—Fue mi idea —confiesa ella con soltura y humor—. No tenemos tanto dinero para hospedarnos en dos cuartos separados.
—Huh...ya veo —titubeó de manera torpe, y Aerith dejó caer el resto de su cuerpo sobre la cama, estallando en sonoras carcajadas.
Cloud la observó en silencio, meditabundo, grabando su risa, sus gestos y sus palabras. A pesar de la poca luz en el cuarto, la joven percibió su mirada llena de afecto y su risa se volvió suave hasta desaparecer, sobrecogida y maravillada por el hallazgo. Aerith no conocía un hombre más expresivo como Cloud; de palabras justas y suficientes, el joven se ajustaba más al papel del amante silencioso y apasionado, de actos más que promesas deterioradas por el tiempo. Él cumplía sus promesas, no obstante, la cualidad especial de Cloud era que éstas estaban implícitas en sus acciones. Bajo su escrutinio cariñoso, cualquier mujer se sentiría nerviosa con una mirada así, pensó, mordiéndose los labios.
Ahora ella era la avergonzada, pero Cloud no buscó una forma para burlarse por ello, sino, a diferencia de otras veces, sonrió con esa sutileza que a ella le parecía tan encantadora y dulce.
Sintió la mano de Cloud acariciar su mejilla, antes de inclinarse lentamente y darle un beso casto en la boca. Sintiendo los latidos del corazón en sus oídos, el suspiro de Aerith fue lo único que se escuchó en la habitación, afuera llovía y el cielo, tan ennegrecido como en Midgar, devoraba todo rastro de luz.
...
..
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Creo que por este segundo drabble o one-shot, se darán cuenta a qué viene la palabra «reencontrándonos» en el fic. La conexión que posee Cloud y Aerith es demasiado especial y bonita. Creo que dentro de lo especial, caen los sueños, también.
Tuve muchas visitas en el fic y agradezco eso. También a Lady Yomi por haber comentado, ¡eres tan linda! Muchas gracias por tus palabras.
Estoy abierta a ideas y a críticas.
Espero que les haya gustado, ¡no olviden dejar su opinión!
Nos vemos.
Final Fantasy VII © Squaresoft-enix (?)
