Todoko ama como el rojo de las mejillas de Choroko hacen resaltar sus ojos verdes.
Una tarde oscura donde el agua no parecía tener fin en la ciudad de Akatsuka, en un departamento compartido por dos amigas, la menor de ellas se encontraba observando las notificaciones de su celular mientras el programa del televisor era ignorado. En el lugar se puede escuchar una risa sutil, por la dirección del sonido Todoko sabe a quién pertenece, la única compañía que tiene, la chica de los ojos más hermosos. Deja la pantalla de su dispositivo para voltear a ver a la chica que poco a poco fue robándole casi todo el espacio del cómodo sillón con sus largas piernas. La chica de la mirada verde en ningún momento despego la vista del manga entre sus manos, ríe de nuevo, aumentando el sonrojo en sus mejillas.
Todoko desde joven se ha fascinado por las cosas hermosas, razón por que el buen gusto se fue agudizando y ser de las mejores estudiantes de moda en su universidad. Es por eso que es la indicada para decir que la belleza de su compañera era más de lo que ella creía, solo que no lo hacía relucir y en el interior de la menor le gustaría que siguiera oculto para ser únicamente presenciado por ella.
Aún recuerda cuando conoció a Choroko, fue cuando siendo estudiante de preparatoria y su hermana mayor todavía vivía en casa de sus padres. Osoko se había hecho amiga de Choroko en una clase de su universidad al tener que trabajar juntas para un proyecto, aunque la responsabilidad de Choroko chocaba con lo despreocupada que era Osoko al grado de llegar a pelear varias veces, ambas se dieron cuenta que en realidad se complementaban bien, Osoko se obligaba a tomarse más en serio los asuntos y la rectitud extrema de Choroko se suavizaba, aunque sus peleas es algo de todos los días realmente ninguna llegaba a algo serio. Un día Osoko simplemente invito a la chica de ojos verdes a tener una pijamada como si de unas adolescentes se trataran, con algo de negación al principio Choroko termino aceptando.
Recuerda que Osoko llego alzando la voz anunciando que había llegado y que tenía compañía. Una chica lo suficientemente alta para estar a la altura de Osoko con sus usuales tacones de siempre, un cabello castaño brillante sujetado en un moño, una sonrisa y unos ojos tan únicos que si no fuera porque conocía como lucían las lentillas pensaría que tenía puestas unas. Le robo el aliento con una mirada y solo pudo gritar un pequeño tartamudeo que pretendía ser un saludo. Amabas le dedicaron una mirada extrañada pero siguieron en los suyo. Las visitas de Choroko se hacían frecuentes y en ocasiones la que dormía fuera de casa era la Matsuno mayor. Todoko no admitiría que se sentía celosa por la amistad que su hermana compartía con la castaña, que se notaba estaba creciendo algo más.
-Eh, Todoko… ¿estás bien?- La dueña de sus pensamientos hablo, saliendo de su trance y observando a la chica del otro lado del sillón. Se dio cuenta que esta había terminado su manga y ella en ningún momento quito su mirada de la chica-¡Ah! Sí, sí, estoy bien, Choroko- sonrió, esperando que no dijera nada de su raro comportamiento.
-Hace tiempo no te pasaba algo así- dijo mientras se paraba del sillón y estiraba sus extremidades.
-¿Qué cosa?- Pregunto algo nerviosa.
-Soñar despierta, recuerdo que cuando estabas en secundaría te sucedía muchísimo. Osoko decía que era porque tu espíritu maligno salía de tu cuerpo directo al infiero para recargarse de maldad.- dijo sonriendo divertida al recordar esos momentos donde la pequeña de trenzas se quedaba con la mirada perdida, sin mirar algo en específico y regresar en si misma poco tiempo después. Al inicio eso la preocupo pero Osoko decía que la pequeña era un ser despiadado, que seguro era un demonio dentro de una colegiada y sus repentinos momentos de desconexión deberían ser restablecimiento de maldad, Choroko creía que era algo estúpido pero no podía evitar reír porque tenía un poco de razón, Todoko podía ser un demonio si se lo proponía.
-¡¿Osoko decía eso de mi?!- chilló, sabía que al enamorarse de Choroko esto le comenzó a suceder, quedarse perdida en sus pensamientos pero no pensaba que ellas se daban cuenta, que le pasara seguido y que la estúpida de Osoko le dijera cosas tan desagrables de ella a su querida Diosa. Sí, en su mente Todoko catalogaba a la chica de verde como una Diosa, una que no le traía más que fortuna con esas hermosas esmeraldas brillantes en sus ojos.
-Lo sigue diciendo. Sabes que ella habla muchas tonterías- respondió tranquilamente guardando su manga en el librero que se encontraba en el lugar. –Es una tonta sin remedio pero por lo menos ya no es holgazana.- ahora fue el turno de la pequeña para reír.
El sonido de un opening de anime comenzó a sonar, Choroko reacciono y camino hacia el celular para contestar mientras caminaba saliendo de la habitación. Todoko decidió volver a lo que hacía antes de que se perdiera en sus pensamientos, mientras revisaba tweets una voz la interrumpió. - Era Osoko, dijo que por la lluvia se quedaría más tiempo en la oficina, regresara cuando la lluvia pare o disminuya.
-Oh, bien, pero si no llega a la hora de la cena me comeré su parte.- Todoko amaba cuando Osoko se quedaba más tiempo en la oficina, el departamento pasaba a ser únicamente de ella y Choroko, como si no fuera solo una invitada que se iría del lugar tarde o temprano.
-Nos dividiremos su parte entonces.- Choroko se sienta donde mismo, con una manga diferente para leer, y mira disimuladamente a la pequeña estudiante universitaria. Nunca sabe que pasa por la mente de la Mastuno menor.
El lugar no parece cambiar, todo volvió al inicio con una chica en su celular y otra leyendo mientras estira sus piernas. La otaku ríe y Todoko la mira de nuevo. Una de las cosas que complementaban el hermoso verde brillante era el rojizo. Algo que para Todoko era un recordatorio de que solo podía limitarse a apreciarla, porque Choroko necesita la intensidad de un rojo, pero ella es un fantasioso rosa pastel.
