Volvió a mirarse al espejo. Con esa coleta alta se veía aún más infantil pero solo así su cabello no le molestaría.
"Te llevaré a mi escuela"
Oh, Samael era un maldito que gozaba con irritarla, quizás se estaba desquitando por todas las que ella le hizo en el pasado.
Levantó la vista y ahí estaba el con su mirada tonta cuando la puerta fue tocada. Un olor conocido inundó sus fosas nasales. Giro con una sonrisa y lo vio, Okomura Yukio ya precia todo un hombre.
— Yukio, ella es Lilith. Es nuestra nueva estudiante y está a tu cargo.
—¿Lilith?
— La leyenda en persona, esto es todo un placer para ti. — ella sonrió mostrando sus colmillos.
— ¿Debo exorcizarla? — cuestionó el joven exorcista, aunque no se veía como un demonio poderoso si tenía una reputación que el no quería corroborar.
— No, no es necesario. Solo vigílala y no permitas que se quede a solas con nadie o que esté en presencia de peleas... se alimenta de emociones negativas.
— pero El Niño está lleno de ellas. — Lilith inhalo profundo. — delicioso rencor el que tu corazón alberga.
Yukio guardó silencio mientras veía a la chica con sus ojos azules, se veía como en las pinturas que había visto antes, pero más joven y con otro color de piel.
Un par de indicaciones más por parte de Mephisto y ambos salieron de ahí. Lilith lo seguía en silencio y un par de pasos detrás de el, analizando cada rincón de su corazón, lo sabía bien. El sabía todo sobre lo que ella era.
— Ya que el sacerdote estupido murió ¿tu hermano volvió con tu padre?
Yukio se detuvo.
— Se lo que intentas hacer... conmigo no funcionará.
Lilith dejo escapar una risilla antes de empezar a caminar y pasar de largo.
— Ya funcionó.
Pero esas energías era muy débiles, así jamás regresaría al infierno. Yukio la alcanzó y empezó a caminar a su lado mientras ella se concentraba en buscar un alma pura. Hasta que el chico se detuvo frente a una puerta, cuando el entró Lilith lo siguió y todas aquellas emociones negativas e inseguridades fueron olfateadas por ella, todas eran deliciosas.
— Ella es nuestra nueva estudiante, no inició con nosotros por problemas de salud. — La demonio alzó una ceja, era increíble lo fluida que le salían las mentiras al Niño que creyó tan puro años atrás.
Dio un paso al frente e hizo una pequeña reverencia.
— Mi nombre es Fukushima Lilith, si no se meten conmigo prometo no devorar sus almas. — giño un ojo y sacó su lengua.
— ¡Que Bonita! — dijo la rubia de pelo corto frente a ella. A su lado un chico con colmillos le sonreía, ese era el joven príncipe y olía delicioso a pesar de no emanar emociones negativas.
El chico de colmillos le dedicó una sonrisa que ella ignoró.
— ¿Es el mismo nombre de un sucio súcubo? — Preguntó la chica de cabello purpura con la mano alzada.
— ¿Estas muy deseosa de tener un igual en tu baja categoría cerca? — Respondió Lilith con media sonrisa la cual se hizo una completa cuando vio el rostro colérico de la chica. Unos chicos a su derecha carcajearon.
— No te metas conmigo.
— Tu empezaste cejitas.
— No más peleas. — murmuró Yukio con un tic en su ceja, Lilith miró al frente y la clase empezó.
La larga y casi interminable clase por fin llegó a su fin cuando era momento de almorzar. Vio una fuente y se sentó, le recordaba a los años antes de cristo en Roma donde había fuentes casi en cada esquina. Le gustaba ver su reflejo en el agua casi tanto como a Narciso.
— ¡Hola Lilith- san! — dijo esa aguda voz sacándola de su paz. Vio a la chica de pelo rubio y ojos verdes. — Soy Moriyama Shiemi.
— Que bueno. — respondió moviéndose de lugar para alejarse un poco de la chica.
— ¡Shiemi! — gritó el hijo menor de Satán— Te dije que no te le acerques.
— Tranquilo, no soy venenosa.
Yukio se sonrojó, sabía bien que eso había sido descortés y no estaba bien.
— Lo siento. — hizo una reverencia y Shiemi sonrió. La chica era más pura que un ángel.
— ¿Me consigues un postre? Así te perdonaré.
Antes de que Rin respondiera ella le había entregado el dinero y el ya estaba camino a buscar algún postre.
— No se por que hago esto.
— Creo que es una dulce chica. — le dijo Shiemi caminando a su lado.
Rin solo pensaba en sus ojos, supuestamente era una maldición pero esa era la excusa que el usaba para cubrir sus colmillos y orejas.
— ¡Ella es un demonio! — gritó como si hubiese descubierto algo de otro mundo.
Shiemi soltó una carcajada. Sonaba demasiado estupido pero también sonaba real, el también era un demonio y no cualquiera sino hijo de satanas.
Shiemi se detuvo en el baño cuando el encontró el postre y se lo llevó, ella se encontraba en el mismo lugar y sonrió cuando lo vio acercarse con el pastel de chocolate.
— ¡Gracias! Estás perdonado.
Lilith empezó a devorar el chocolate, delicioso manjar de dioses y ángeles. Noto que el chico seguí ahí mirándola atentamente.
— ¿Que esperas?
— ¿Eres un demonio?
— Obvio, a nosotros nos encantan las ofrendas. — Rin la miró mal. — ¿A ti no, joven príncipe?
Rin tomó su espada, estaba confundido de que un demonio estuviese de reo de la escuela, ¿Acaso Yukio no sabía?
Lilith, ¿en serio era un demonio milenario?
