Danza sangrienta
Te quedaste paralizado con la escena sangrienta que desfilaba ante tus ojos; pensaste que lo habías visto todo hasta ese momento, el momento en que Sebastian aniquilaba a tus enemigos danzando entre ellos. Gritos y huesos rompiéndose se escucharon por la habitación. Hombres que profanaron tu apellido alguna vez yacían muertos a tus pies; su sangre teñía tus zapatos.
– Sus órdenes fueron cumplidas, bocchan. –dijo.
Lo miraste con inquisición. Sus usuales ropas azabaches estaban teñidas de escarlata profundo; su rostro, enmarcado por una sonrisa macabra. Inspiraste hondamente antes de asentir con suavidad, jubiloso.
– Vayámonos cuanto antes de aquí.
Sebastian humedeció sus belfos.
– Yes, my lord.
