Te deseo lo mejor

Sólo era un nombre, el simple nombre de un demonio, de un humano: InuYasha. Después de tantos años y tantas idas y vueltas, nos ha llegado el momento.

Es hora de decirnos adiós.

No tuvimos oportunidad de hacerlo antes.

Te odié porque te amé como jamás pensé hacerlo. Era una simple jovencita con un destino más grande que ella misma: cuidar la perla de shikon. Era un poder que absorbió mi vida cuando sólo quería ser una simple mujer junto al hombre que amaba.

El hombre que amo.

El hombre que siempre amaré.

Mis almas migraron a otro cuerpo con el fin de volver a verte.

—Inu... yasha —musito tu nombre y me besas.

Te siento llorar, no sé cómo mi cuerpo es capaz de producir lágrimas que se conjugan con las tuyas.

Te amo.

Quiero llevarte conmigo, aunque aprendí a fuerzas que no debo. Aunque no me importaba arder en las llamas del infierno por ti.

Mi tiempo se acabó hace tiempo y sé que no debería estar aquí probando tus labios por última vez.

—Sé feliz —por favor, cumple este deseo. Vence a Naraku, destruye la perla y no vuelvas a pensar en mí. Esa mujer que se parece a mí está enamorada tanto como yo a su edad— hazla feliz —llego a susurrar en tu oído.

Intentas decirme algo, pero ya no tengo fuerzas.

Mi cuerpo se disuelve en almas que se esfuman en el cielo.

Las almas de las mujeres que me alimenté, las ayudaré a descansar en paz. Por ahora, me elevaré al cielo y te veré una vez más.