Después de pasar innumerables noches sin dormir para planear venganza, el momento perfecto había llegado. El General Armitage Hux de la Primera Orden se frotó las manos e hizo una mueca maliciosa con la boca, anticipándose a lo que ya sabía que sería un éxito rotundo.
Sería el espectador y artífice principal de la caída del Líder Supremo Kylo Ren, y la certeza de que los días de miseria quedarían en el pasado, le hacía muy feliz. Ya nunca más tendría que soportar su desprecio ni observar cómo Ren se quedaba con todo lo que debería ser para él, cómo obtenía sin dificultades lo que a Hux le había costado una vida conseguir.
Al principio pensó que lo mejor sería eliminarlo directamente, sin rastros de sangre y sin que nadie pudiera señalarlo como asesino. Un poco de veneno en su desayuno y estaría muerto por la tarde. Pero a pesar de su crueldad, Hux no quería manchar sus manos y tenía un estómago sensible. Pero lo más importante era que quería torturar a Ren, lenta y dolorosamente. Más allá de eliminarlo, quería verlo sufrir.
Entonces se le ocurrió que podría humillarlo en vez de acabar con su vida. Una muerte política es peor que una real. Sin duda, perder la lealtad de la Primera Orden por traición le empujaría al destierro y Hux estaba seguro de que la Resistencia no lo iba a recibir con los brazos abiertos, especialmente después del episodio de Crait. En cualquiera de los dos escenarios, Ren ya no sería un obstáculo para ascender al puesto máximo de gobernante de la galaxia.
Todos verían al fin que el verdadero Líder Supremo era -y siempre había sido- Armitage Hux. Durante esos meses se esforzó como ningún otro general para expandir los dominios de la Primera Orden, sacrificó todo para mantener en marcha la maquinaria infernal que implicaba la organización.
¿Y qué hizo Ren mientras tanto? El Líder Supremo parecía distraído, hundiéndose cada vez más en sus asuntos personales, hechizado por una simple y ordinaria niña que salió de la nada.
Asqueroso.
Puede que a Ren no le importara en absoluto lo que pasaba a su alrededor, pero Hux sentía que la Primera Orden era la obra de su vida y no se rendiría fácilmente cuando estaba tan cerca de obtener lo que más ansiaba. No iba a permitir que todo se cayera a pedazos de acuerdo a sus cambiantes estados de ánimo.
Ciertamente, nunca dejaría que sentimientos amorosos se involucraran. El amor era una distracción, una debilidad.
Ese fue el error de Kylo. Pero sería la ventaja de Hux también.
Por lo tanto Hux dio rienda suelta a su imaginación y decidió pegarle a Ren justo en donde más le iba a doler. Y por suerte sabía cuál era su punto débil: la carroñera.
Hux sospechaba que entre ellos había una especie de relación, aunque no le interesaba saber de qué tipo. Los detalles no le importaban, sólo se aseguró de que Ren corría detrás de la joven Jedi como una polilla hacia la luz.
Más de una vez había escuchado a Kylo hablando solo, incluso riendo, en una habitación vacía. Las paredes de la nave eran demasiado delgadas y Hux no tenía descaro en apoyar el oído para oír mejor. Primero pensó que el Líder Supremo estaba completamente loco pero luego escuchó otra voz, una voz de mujer.
A todas estas pistas le sumó el hecho de que Ren se veía más feliz y que las manchas oscuras debajo de sus ojos habían desaparecido. La horrible cicatriz de su rostro aún seguía allí pero no daba tanto miedo como antes.
Irónico. Además de todo lo que tenía, ahora alguien se preocupaba por él.
¿Cómo era posible esta comunicación? Hux no lo sabía. En su mente la única palabra posible para describir el acto infame de llevarse bien con el enemigo era traición. Y ardía en deseos de exponerlo ante sus fieles.
¿Y qué era esa estúpida idea de una posible tregua? A raíz de esa buena relación que aparentemente mantenían, Ren propuso una especie de suspensión de la guerra. Alguien le había llenado la cabeza con ideas pacifistas y a Hux todo eso le producía ganas de vomitar.
¿Y si firmaban la paz? ¿Perdonaría la vida de la escoria rebelde? ¿Echaría a la basura el sacrificio de toda su vida?
Tal vez los otros Generales estaban ciegos de amor por el Líder Supremo. Pero Hux no.
Aún así, tuvo que admitir que la oportunidad que se le presentaba no podía ser mejor y el plan terminó de formarse en su mente durante las vísperas de la tregua. Hux se ocuparía en persona de que nada saliera mal y estaba ansioso por comenzar.
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Se había determinado que Coruscant sería el lugar adecuado para llevar a cabo la reunión. No se podía considerar del todo neutral, pero en ese momento reinaba una duradera calma entre las partes y ambos contaban con la misma cantidad de aliados y enemigos en el planeta.
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La carroñera asistiría junto con el traidor FN-2187 y otros ilustres emisarios de la Resistencia. Ren en persona también estaría allí, para sorpresa de nadie.
Y Hux, por supuesto, no se lo podía perder.
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Su plan era complejo pero infalible: Drogaría a la carroñera con un alucinógeno para que atacara al Ren en el medio de la reunión. Él tendría que defenderse y al hacerlo expondría su verdadero rostro. Sutil.
Ren no podría asesinarla porque estaba claro que sentía algo por ella; en todo caso, quedaría devastado por la traición.
Y si lo hacía, sus amigos lo matarían y la paz quedaría descartada para siempre. A Hux le entusiasmaba particularmente este último escenario, ya que le sumaba la posibilidad de que lo torturaran antes de poner fin a su miserable vida.
En cualquiera de los dos casos Ren terminaba derrotado, sin la posibilidad de recuperar al objeto de sus deseos. ¿Muerto? Hux no se animaba a ir tan lejos, pero sufriría, eso seguro.
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Vertería un poco de anxynth en la bebida de Rey cuando se presentara el servicio con los refrigerios, sin que nadie lo notara, y se relajaría para disfrutar el espectáculo. El alucinógeno era poderoso, eso le había asegurado su traficante de especias, Y Hux confiaba en él porque requería sus servicios con asiduidad.
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Rey estaba entusiasmada por la inminente reunión en Coruscant. La promesa de llegar a un acuerdo y acabar con la guerra era algo con lo que soñaba hace tiempo, pero lo que más le emocionaba era poder ver a Ben en persona, al fin.
Durante meses se habían comunicado a través de la Fuerza en enlaces cada vez más gratificantes. No quedaban rastros de enemistad entre ellos aunque todavía no estaba claro qué tipo de relación los unía. Ninguno podía negar la atracción que sentía por el otro y en varias ocasiones hubo algún intento de acercamiento. Pero nunca llegaban a nada, porque la conexión se interrumpía en el momento menos oportuno.
No hablaban de eso porque era más urgente la restauración del equilibrio en la galaxia. Rey contaba con esta suspensión de hostilidades como punto de partida hacia un nuevo orden en el que estaría dispuesta a ceder un poco si Ben también lo hacía. Conocer a la persona detrás de la máscara del Líder Supremo cambió muchos de sus prejuicios y le dio una perspectiva más conciliadora. Y por supuesto, se había enamorado de él.
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Por su lado, Ben estaba nervioso. La idea de la reunión había surgido de él porque quería ver a Rey y renovar la propuesta que le hiciera en la sala del trono del Supremacy cuando juntos derrotaron a Snoke. Estaba dispuesto a sacrificar todo por ella si era necesario, pero no quería causar más dolor del que ya había ocasionado.
Usaría su influencia para terminar con la guerra y de esta manera podría redimirse, aunque sabía que no iba a ser tan fácil convencer a sus enemigos. Estaba claro que no iban a perdonarle y que sería juzgado, pero todo eso poco le importaba si con ello conseguía ganar el afecto definitivo de Rey.
Un matrimonio de conveniencia no estaba descartado, pero ese tipo de arreglos le parecían espantosos y estaba comprobado que no traían felicidad a ninguna de las partes. Excepto que ella aceptara por voluntad propia. Quizás no era tan mala idea después de todo.
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Ninguno de los dos estaba preparado para la sensación de estar juntos en la misma habitación. No importaba que hubiera otras personas, Rey y Ben sólo tenían ojos para ellos mismos.
Si los demás se dieron cuenta, no dijeron nada. Excepto Finn, que cada tanto le echaba algún que otro codazo a Rey para que prestara atención a lo que sucedía, y Hux, que soportaba la patética escena de los enamorados porque sabía que al final del día estaría un paso más cerca de su sueño.
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La conversación entre las partes se desarrollaba con naturalidad y Hux veía con horror que el acuerdo de paz se estaba haciendo realidad. Debía hacer algo. Y pronto.
Aprovechando la distracción de su víctima, derramó todo el contenido del frasco en el vaso de Rey.
Pero su complejo plan tan minuciosamente pensado, tenía fallas importantes.
Su ambición le había encandilado y la ansiedad le jugó en contra al momento de ejecutarlo, ya que no se fijó en el contenido del frasco antes de usarlo.
La confianza que depositó en su proveedor tendría que ser revisada para el futuro.
Eso definitivamente no era anxynth.
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Rey se estaba sofocando, no recordaba hacer sentido tanto calor en toda su vida. Sentía toda su piel arder y estaba sudando tanto que era ridículo. Escalofríos recorrían su espalda cada vez que sentía la mirada de Ben sobre ella y cada parte de su cuerpo estaba en estado de excitación. Ni siquiera escuchaba la monótona voz de los emisarios, las palabras se diluían en su mente sin sentido. La realidad se distorsionaba tanto que podría jurar que su cuerpo era una pluma y estaba flotando.
Apenas era consciente de la mirada reprobadora de Finn, ya que su mente desvariaba por otros senderos y no era capaz de controlar las ideas para nada inocentes que el Líder Supremo, sentado frente a ella, le estaba provocando.
La forma en que su cabello oscuro caía sobre su frente, sus labios perfectos para ser besados, sus ojos color avellana que no se despegaban de ella. Quería pasar sus dedos por la cicatriz que ella le había hecho y seguirla, más allá de su mejilla, bajando por su cuello hasta su…
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¿Qué está pasando conmigo?
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Había notado todos esos detalles antes pero nunca con tanta intensidad. Esto era algo incómodo, estaba obsesionada con él y lo necesitaba. Debería avergonzarse por sentirse así en una situación tan importante como esa, pero su lucha interna contra el pudor poco a poco era una batalla perdida.
Rey se estaba incendiando, pero el ardor que se originaba en sus entrañas no tenía comparación con nada que hubiera sentido antes. Ni siquiera podía permanecer sentada por la perturbadora y celestial sensación de urgencia entre sus piernas.
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Debía abandonar la reunión inmediatamente.
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Ben notaba cómo Rey se sonrojaba cada vez más. Sus mejillas y orejas tenían un color rojo intenso y le costaba respirar. ¿Acaso ella tenía un ataque de pánico? No, Rey era demasiado fuerte para algo tan simple. Sus nudillos estaban blancos por la fuerza que hacía para aferrarse a la silla.
Parecía incapaz de controlar sus impulsos. ¿Pero qué impulsos eran esos? Ben se moría de ganas por averiguarlo.
Intentó captar la mirada de Rey para descifrar su actitud, pero ella desviaba la vista con violencia. Trató gentilmente de entrar en su mente para poder ayudarle pero ella había bloqueado la intromisión.
Ben solamente recibió una súplica cargada de amenaza: ¡No te atrevas!
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Definitivamente su comportamiento no era normal.
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Hux observaba cómo la carroñera se agitaba y no pudo evitar una sonrisa prematura de triunfo. Pero la felicidad duró poco porque ella sólo se levantó abruptamente, arrojando la silla al suelo, y escapó corriendo del salón.
Algo anda mal.
Con una punzada de alarma, se fijó en la etiqueta del frasco que había utilizado y comprobó con horror que su plan había fracasado estrepitosamente.
Nysillin.
¡Maldita sea!
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Rey se refugió en una habitación vacía y trabó la puerta. Sí, se quedaría allí hasta que la sensación pasara y después diría que algo le había descompuesto el estómago. Su popular talento para devorar todo tipo de comida le serviría de coartada.
Pero en vez de disminuir, el calor no hacía más que aumentar. Intentó meditar pero nada le servía ya que cada vez que intentaba despejar la mente, le invadían imágenes del amplio torso de Ben sin remera, como la vez que la Fuerza los conectó en Ahch-To. Un sonoro gemido escapó de su boca y se apresuró a cubrirla con las manos.
Se moría de vergüenza al pensar que él podría darse cuenta de lo que le pasaba, pero al mismo tiempo sabía que el único que podría sacarla de este horrible y placentero estado, era él.
¿Cuánto tiempo más podría resistirlo? Pronto lo iba a averiguar.
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"¡Rey! ¿Qué sucede?"
El objeto de sus deseos estaba del otro lado de la puerta, intentando entrar. Ben había abandonado la reunión inmediatamente después que ella para cerciorarse de que se sentía bien.
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Obviamente, ella no lo estaba.
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"¡Vete de aquí!" Rey tronó ferozmente cuando en realidad lo que quería era abrirle la puerta de la habitación y no dejarlo salir hasta que…
"Dime qué sucede ¡Puedo ayudarte!" Ben dejaba escapar un poco de desesperación en la voz. Era muy tierno ver cómo se preocupaba por ella. Pero Rey estaba de humor para pensar cosas más lujuriosas.
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"¡Oh, Sí que puedes ayudarme!"
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"¡Quiero estar sola!" Rey se aferraba a lo último que le quedaba de decencia para mantenerlo alejado. Un minuto más y ya no podría.
"¡Por favor, Rey!" La angustia invadía a Ben ¿Qué demonios hice ahora? "Déjame entrar en tu mente así no tendrás necesidad de explicarlo con palabras. Te aseguro que sea lo que sea puedes confiar en mí."
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"Bueno, si así lo quieres." Hasta allí llegó la resistencia de Rey.
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Nada podría haber preparado a Ben cuando ella le dejó ver lo que pasaba por su mente. Ni todo su entrenamiento Jedi ni sus conocimientos del lado Oscuro fueron suficientes para ayudarle a conservar la calma. Ella lo deseaba, furiosa y desgarradamente.
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Y por un momento se volvió loco de alegría por el afecto correspondido, tal vez un poco salvaje, pero correspondido al fin. La intensidad de su deseo era abrumadora pero Ben estaba dispuesto a todo por ella. Por unos instantes se quedó sin aliento y sintió que sus rodillas temblaban.
Sin embargo algo le inquietaba, Rey no se estaba comportando de manera normal. La pérdida de las inhibiciones, el aumento de la temperatura, todos los síntomas que presentaba se correspondían con el efecto del alcohol, o de alguna droga. ¿Qué cosa era capaz de trastornarle así?
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Nysillin.
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Claro que sí. Se sintió un idiota por ser tan iluso. De ninguna manera se aprovecharía de ella bajo los efectos de la maldita flor afrodisíaca.
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"¿Ben? ¿Sigues ahí?" Rey abrió la puerta unos centímetros, mitad humillada mitad intrigada.
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Por el pasillo se escuchaban voces, Finn y Hux corrían llamándolos a gritos.
Ben empujó la puerta entreabierta y se metió junto con Rey en la habitación oscura. No estaba de humor para aguantar a su subordinado y al traidor. Tenía cosas más urgentes que resolver.
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"Escucha Rey. Te sientes así porque te han drogado con nysillin. Es un afrodisíaco que actúa mejor cuando se mezcla con algún líquido. Mataré a quien sea que lo haya hecho, pero por favor, no salgas de aquí" La idea de que ella buscara saciar sus impulsos con otra persona que no fuera él le revolvió el estómago.
"Mmm…" Rey no tenía ni la más remota idea de lo que Ben le decía, en cambio se arrojó a sus brazos y lo rodeó con los suyos. Poniéndose en puntas de pie, se acercó a su cuello y comenzó a olerlo. Su aroma es exactamente como me lo imaginaba.
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"Rey… ¿Qué kriff-" El abrazo sorpresivo lo trastornó un poco. Ella era tan suave y tan cálida. Sentía su pecho sobre el suyo junto con un cosquilleo aterrador y no era capaz de controlar las otras sensaciones que su cercanía le estaba despertando más abajo.
Pero debía desechar esos pensamientos antes de tener que arrepentirse. Al menos uno de los dos tenía que ser fuerte.
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"Eres tan…perfecto." Rey bajó sus manos por la espalda de él hasta llegar a su cintura, haciendo temblar a Ben que podía sentir su calor aún a través de la gruesa tela de su traje. Y no se detuvo ahí.
Tengo un mal presentimiento sobre esto. Ben se dijo a sí mismo que mantener la caballerosidad iba a matarlo. Pero no podía mover ni un músculo, preso de las sensaciones que las manos de Rey le producían.
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Un fuerte golpe en la puerta lo devolvió a la realidad y apartó a Rey suave pero firmemente. Ella se quejó un poco al separarse pero no insistió.
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"¡Rey, sé que estás ahí con Ren! No soy tan tonto como piensas. Me di cuenta cómo se miraban. Sólo quiero saber si estás bien."
El traidor, FN 2187 venía al rescate, qué ironía.
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"¿Líder Supremo?" La insoportable voz de Hux se sumó a los reclamos. "¿Debo considerar su huída como un acto de traición a la Primera Orden? ¿O queda cancelada la tregua?"
El bastardo se estaba deleitando con su miseria.
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"¿Qué hacemos ahora?" Rey envió la pregunta a su mente para no hacer ruido. A pesar de su estado de pasión descontrolada, aún conservaba un poco de instinto de supervivencia.
"Nunca me imaginé que este día sería así." Ben se llevó una mano a la frente. Tenía que pensar en algo y rápido.
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"Rey, ¡Contesta o tendré que entrar!"
En otras circunstancias Ben se hubiera reído abiertamente del traidor, pero no tenía dudas de que cumpliría con su palabra. Y el único testigo y protector de la virtud de Rey sería él. Aunque a ella no pareciera importarle mucho conservarla.
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"Ren, daré la orden de eliminar a toda la basura rebelde ¡Sólo tienes que decirlo!"
"Oye, ¿Qué te pasa? ¿Puede olvidar eso por un momento?" Finn se volvió para fulminar a Hux con la mirada.
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Rey, dentro de la habitación, puso los ojos en blanco. Su amigo y el general estaban importunando sus planes.
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"Estoy bien, Finn, ¡Vete! Estamos ocupados aquí, así que… excepto que quieras entrar y verlo con tus propios ojos…"
Ben le hizo un gesto para que callara pero fue tarde.
"¡No!" Los tres hombres gritaron al mismo tiempo.
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Del otro lado no se escuchó nada más por unos instantes. Luego un carraspeo incómodo. Dos, para ser precisos.
"Bien… supongo…" Finn no sabía qué decir "Yo… estaré por aquí si necesitas algo." Se rascó la cabeza en evidente embarazo. "Cuando termines, quiero decir… ¡Bien! ¡Me largo de aquí!"
"Líder Supremo" Hux aún no se daba por vencido, creía poder sacar ventaja de la situación. "No me interesan sus asuntos personales pero profundizar su relación con el enemigo no será bien visto entre los Altos Mandos de la Primera Orden." Hizo especial hincapié en el doble sentido, intentando poner todo su desprecio en la pronunciación.
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Rey ya no aguantaba más tanto palabrerío y jugó su carta más arriesgada. Incluso sin el efecto de la droga sobre su cuerpo, sabía cómo resolver la situación y beneficiar a todos al mismo tiempo. Y estaba segura de que Ben no se iba a oponer. Lo supo desde el momento en el que lo vio llegar.
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De golpe abrió la puerta y se encontró con el aturdido rostro de Hux.
"El Líder Supremo y yo estamos discutiendo los términos de nuestro compromiso. Así que si es tan amable de dejarnos solos para que podamos concretar la unión, se lo agradeceremos."
Y luego cerró la puerta con un golpe que despeinó los cuidados cabellos del general.
Ahora sí, todo estaba perdido para él. Y todo había sido obra suya, en efecto.
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Ben se había quedado sin palabras. ¿Acaso ella estaba sugiriendo…una propuesta de matrimonio?
"Así es." Le respondió en voz alta. "Y a menos que tengas otros planes, creo que ha llegado el momento de honrar el acuerdo."
"Te arrepentirás en unas horas cuando pase el efecto." Ben deseaba de todo corazón que ella no sólo estuviera actuando así movida por el deseo o por la preservación de la galaxia.
Ella se limitó a lanzarle una sonrisa encantadora que lo hizo temblar, mientras lo abrazaba colocando sus manos detrás de su cuello.
"¿Quién dice que he bebido algo desde que llegué aquí?"
