La tripulación del destructor estelar Steadfast estaba de muy buen humor esa noche.

El Supremo Líder Kylo Ren les había permitido terminar la jornada varias horas antes de lo habitual y aunque esa actitud benévola no era algo corriente, nadie tuvo la osadía de cuestionarlo.

Hasta el General Leal Enric Pryde se mostró complacido de no tener que pasar más tiempo del estrictamente necesario con sus colegas del Alto Mando de la Primera Orden.

Varios meses habían pasado desde el asedio de Crait y los dominios del Nuevo Imperio Galáctico se expandían día tras día. Pryde se sentía orgulloso de servir a su admirable líder con tanta eficiencia, pero no iba a despreciar algunas horas de descanso.

El General Armitage Hux, sin embargo, tenía otros planes para su tiempo libre.

Aunque tenía bastante bien oculto su deprecio por Ren, era de dominio público que anhelaba el puesto del Supremo Líder.

Con una sonrisa sádica, se encerró en su cuarto para hacer un estudio detallado de las mil maneras de eliminar a Ren sin que pudieran incriminarlo y dedicó el resto de la noche a practicar frente al espejo sus discursos para cuando gobernara la Galaxia.

Los otros oficiales se retiraron sin la más mínima sospecha, su lealtad era un atributo valioso e incuestionable. El puente de mando contaba con el personal mínimo e indispensable que mantuviera en funcionamiento a la gigantesca nave.

Podría decirse que el día había transcurrido tranquilamente y sin contratiempos, teniendo en cuenta que estaban en el medio de una guerra.

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Últimamente, el Líder Supremo se comportaba de manera extraña.

Corrían rumores de que el lado oscuro lo habría vuelto loco, aunque esa no era una condición que le impidiera a Ren el derecho de gobernarlos.

Entre los Stormtroopers algunos decían haber visto a Kylo Ren hablando solo en voz alta o mirando fijamente hacia la nada, o frente a una pared. Otros comentaban que hasta dejaba plantados a sus propios caballeros en mitad de una conversación para ir rápidamente a encerrarse en la habitación vacía más cercana.

Pero todo esto contribuía a su figura perversa y despiadada, ahora también impredecible y peligrosa.

Nadie se quería meter en líos con él.

Lejos estaban de sospechar que las causas de su curioso proceder tenían que ver con cierta aprendiz de Jedi que alguna vez había jurado matar.

Debajo de la máscara nadie podía ver lo que en realidad le ocurría a Kylo Ren. El Supremo Líder, gobernante autoproclamado de toda la Galaxia, temido y odiado por todos, estaba profunda y perdidamente enamorado de la carroñera.

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En la sala de conferencias, ahora vacía, Ben se quitó la máscara con un gesto de alivio. Se acercó a la ventana y observó la oscuridad del espacio con sus estrellas, pensando que en algún lugar Rey estaría durmiendo, entrenando o simplemente existiendo. A él le alcanzaba con eso.

Ben se sentía ridículamente feliz.

Desde Crait no había sido nada fácil hablar con rey, no habían quedado en buenos términos. Pero cada vez que la Fuerza los obligaba a estar juntos, no tenían más opción que intentar llevarse bien. Y con el tiempo, los tratos entre ellos iban mejorando.

Ben estaba seguro de que Rey pronto se rendiría ante él, que tomaría su mano cuando se la ofreciera. Así que pasaba muchas horas pensando en ella y en los planes que tenía para su futura emperatriz oscura.

¿Cuándo había pasado del odio al amor? Desde "voy a matarla" hasta "quiero pasar la vida con ella" había una línea bastante delgada. El límite entre enemigos y amantes era difícil de marcar, eso seguro. Ben suponía que el hecho de que fueran una díada de la Fuerza era un beneficio para ambos, estaban destinados a hacer cosas impresionantes.

Y ella le gustaba mucho, demasiado.

Claro que entre ellos nada era fácil. Al principio no podían estar frente a frente, ni un minuto, sin empezar a decirse palabras hirientes o revolver viejas heridas. Ahora, por lo menos, conseguían hablar sin discutir. Y eso ya era un gran avance.

Ben recordó con una traviesa sonrisa esa vez en la que Rey lo llamó "arrogante monstruo cínico" con una furia infinita en sus bellos ojos color avellana. Bueno, aparecerse justo cuando ella se estaba cambiando de ropa y no advertirle -o al menos tener la decencia de mirar para otro lado- no estuvo bien de su parte.

Pero desde entonces, gracias a la Fuerza, se habían encontrado varias veces y en mejores circunstancias. Ben aprovechaba cada oportunidad que se le presentaba para acercarse a Rey y ella tuvo que reconocer que eso le gustaba.

Semanas atrás Rey había llamado a Ben, casi gritando en su cabeza (de él), sólo porque había soñado que algo grave le ocurría y quería asegurarse de que estuviera bien. En otra ocasión Rey estaba enferma y de mal humor porque no la habían llevado en una misión, así que Ben se ocupó de atenderla y entretenerla con dedicación. Eventos de ese estilo tenían lugar esporádicamente pero cada vez con mayor frecuencia, convirtiéndose en una incomodidad bien recibida por ambos.

Como el tiempo que duraba el vínculo de la Fuerza era impredecible y caprichoso, ninguno de los dos se animaba a hacer grandes avances, aunque se morían de ganas. En esos momentos se miraban mucho y con tanta intensidad que quedaban sin aliento.

Ben no admitía sus sentimientos frente a nadie, pero con Rey no había necesidad de declararse en voz alta. Sensaciones como esa nunca las había experimentado por nadie, no es que tuviera mucho tiempo para eso tampoco.

De más está decir que sus conversaciones eran un secreto para todos. A Ben no le convenía que se supiera porque peligraba su papel de Líder Supremo y a Rey la podrían condenar como traidora o espía. La situación era delicada y se prometieron cautela.

Sólo quedaba el pequeño detalle de que ella tendría que venir a él y no al revés. Y como Rey tenía su propio y firme punto de vista al respecto, nunca se iban a poner de acuerdo. Eran los dos seres más obstinados del universo. Tal para cual.

Por eso acordaron que debían verse en persona cuanto antes, sin enlace de la Fuerza mediante, sin Primera Orden ni Resistencia. Una simple cita, entre dos personas que se sentían atraídas pero habían tenido la desgracia de pertenecer a bandos contrarios y de estar en el medio de la más feroz de las guerras.

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La noche en la que todos dormían era la indicada. Ben iba a reunirse con Rey en un destino conocido sólo por ellos y volvería antes de que lo echaran en falta. En su cuerpo sentía más adrenalina que cuando volaba en su TIE.

Esa noche, si la suerte estaba a su favor, lograría convencerla. O sería al revés. En verdad lo tenía sin cuidado volver o no al Steadfast o unirse a la Resistencia. Lo único que a Ben le importaba en ese momento era estar con Rey.

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En algunos de sus encuentros más agradables la conversación giró en torno a la música que a cada uno le gustaba. Hasta en eso eran tan diferentes como el día y la noche, pero Ben quería complacerla y por eso aceptó escuchar las canciones que eran importantes para ella.

¿Por qué no?

Una de las canciones en particular no abandonaba su mente desde que la escuchara por primera vez. Era bastante molesto, en realidad. Pero la canción era pegadiza y a Ben le atacaron urgentes ganas de bailar. Así que encendió el reproductor portátil y se puso los auriculares.

Asegurándose de que no había testigos, Ben abrió la puerta de la sala de conferencias y empezó a correr por el pasillo, preso de una emoción exagerada.

Where have all the good men gone
And where are all the gods?
Where's the streetwise Hercules
To fight the rising odds?
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Si alguno de sus subordinados hubiera pasado justo por ahí, habría visto la masiva figura del Líder Supremo corriendo y saltando a toda velocidad, sonriendo terroríficamente, con su larga capa ondeando sin control a sus espaldas, en completo silencio, sin explicación alguna. La visión lo habría perseguido de por vida o no viviría para contarlo.

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Isn't there a white knight upon a fiery steed?
Late at night I toss and I turn
And I dream of what I need

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Ben no se detuvo hasta llegar a los comedores, justo en el momento que la canción alcanzaba por el coro, según su criterio, la mejor parte. Entonces se subió a una de las mesas y comenzó a bailar. Si es que eso se podía considerar baile en alguna región de la galaxia.

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I need a hero
I'm holding out for a hero till the end of the night
He's gotta be strong and he's gotta be fast
And he's gotta be fresh from the fight

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Y por si esto fuera poco, empezó a cantar usando la empuñadura de su sable láser como micrófono, haciendo acopio de sus mejores dotes musicales y de interpretación. Movía los labios como si cantara, con los ojos cerrados y toda la pasión de la que era capaz.

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I need a hero
I'm holding out for a hero till the morning light
He's gotta be sure and it's gotta be soon
And he's gotta be larger than life
-Larger than life-

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En su mente imaginaba que su coreografía era perfecta, que no había nada ridículo en la forma extraña que su cadera se movía ni en la falta de coordinación de sus brazos y piernas. Se estaba dejando llevar como nunca antes, la música fluía a través de él como la Fuerza.

Somewhere after midnight
In my wildest fantasy
Somewhere just beyond my reach
There's someone reaching back for me
Racing on the thunder and rising with the heat
It's gonna take a Superman
To sweep me off my feet

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Se sentía muy bien. Condenadamente bien.

Lo que le faltaba de gracia lo compensaba en entusiasmo.

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Up where the mountains meet the heavens above
Out where the lightning splits the sea
I could swear there is someone somewhere watching me
Through the wind and the chill and the rain
And the storm and the flood
I can feel his approach like a fire in my blood

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En algún momento empezó a cantar en voz alta y sin darse cuenta estaba desafinando y le faltaba el aire.

Pero no le importaba nada, no tenía autocrítica y además nadie lo escuchaba.

O al menos eso creía. Tan aturdido estaba por el frenesí de la música que no sintió la vibración característica del enlace.

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I need a hero
I'm holding out for a hero till the end of the night

La canción llegaba a su fin y con un movimiento final abrió los ojos y se le congeló la expresión.

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Rey lo observaba con la mandíbula por el suelo ¿Cuánto tiempo estuvo ella mirando?

De pronto no estaba tan seguro de cómo resultarían sus planes de esa noche.

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En la base de la Resistencia, Finn y Rose se miraban extrañados. Rey miraba fijamente la pared desde hacía rato con un gesto indescriptible en el rostro, tenía la boca y los ojos desmesuradamente abiertos. Nada de lo que hacían lograba que volviera en sí, así que la dejaron sola, asumiendo que esa era una nueva forma de meditación y no debían molestarla.

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Con toda la dignidad que pudo, Ben se aclaró la garganta, levantó la cabeza y bajó de la mesa de un salto. Con el rostro del color de su sable láser, miró a Rey como si los últimos minutos no hubieran existido.

"¿Sigue en pie nuestra cita?"

Ella no pudo evitar sonreír.

"Veremos."