Encrypted

By Vainiella


Capítulo 6: "Luciérnagas"

Billy Raffoul – I'm not a saint


Yamato

Toqué la puerta de la habitación, y al escuchar la voz de Tachikawa permitiéndome el acceso entré sin dudar. Llevaba una bolsa de papel con dos galletas de chocolate blanco y un Pumpkin Spice Latte pequeño. Cuando Mimi me había dicho que las galletas de chocolate blanco de donde trabajo eran sus favoritas pensé que podría ser un buen detalle traerle. Y la bebida, bueno, no sé si vaya a gustarle, pero es super popular y creo que podría agradarle el sabor.

Pero, al entrar, me detuve un poco cortado cuando vi que Mimi no estaba sola, y que Sora estaba sentada con ella en la camilla, conversando animadamente.

Al verme ambas sonrieron ampliamente.

—¡Matt, estás aquí! —Sora me miró con calidez, y aunque para ella era una agradable sorpresa para mí fue todo lo contrario.

Y no sabía por qué.

—¿Qué tienes allí? —preguntó Mimi, sentándose mejor.

—Uhm, unos aperitivos —encogiéndome de hombros—. Pensé que…podrían gustarte.

Me sentí particularmente incómodo al ver como Sora me miraba con sorpresa.

—Oh, ¿Podría ser que…? —le tendí la bolsa. Ella rebuscó en su interior emocionada, y en otras circunstancias me hubiese sentido realmente satisfecho al ver su expresión de regocijo, pero con Sora allí todo cambió—, ¡Mis favoritas!

—Que lindo detalle de tu parte, Matt —agregó Sora, sonriendo.

Asentí mientras le daba un sorbo a la bebida caliente, un poco incómodo. Sí, había traído el café para Mimi, no obstante, la idea de que Sora viera que estaba siendo muy detallista con su amiga me puso nervioso, obligándome a disimular naturalidad mientras bebía un café que no me gustaba.

—Gracias, Matt. No sabes cuánto he deseado comerme algo como esto desde que estoy aquí —dándole la mitad de su galleta a Sora, y luego tendiéndome la otra a mí. Yo negué, permitiendo que se la comiera—. Mhmm, ¡Está deliciosa!

Sonreí mientras daba otro sorbo al café.

Puag.

—Tenía mucho tiempo que no probaba una de estas —agregó Sora—. A Taichi le encantan.

Obviamente, el gesto había sido puramente por amistad, pero Takenouchi me conocía bien, y sabía que no era detallista con nadie más que con mis mejores amigos. Y a ver, apenas había transcurrido un poco más de dos semanas desde que Mimi y yo empezamos a compartir, y aunque me cueste admitirlo ahora disfruto de su compañía.

No puedo negar que todos los días aguardo paciente por venir a estar con ella. A excepción de anteayer, que tuve un pequeño contratiempo y casi no vengo. Un contratiempo que vive un piso más arriba que yo, y que me estaba esperando en lencería cuando me escribió para que la visitara. Sin embargo, eso es algo que no puedo decirle a Mimi por obvias razones. Mi vida privada es muy privada, y aunque tenemos, por así decirlo, una amistad, eso no significa que tenga que saber todo sobre mí.

Especialmente que sigo enamorado de Sora Takenouchi, y que me incomodaba la idea de que ella pensara que tengo un trato especial con Mimi.

Que patético soy.

Ellas siguieron conversando por un par de minutos, tratando de que participara en la conversación con alguna que otra pregunta. Al final, Sora se levantó alegando que debía irse. Inmediatamente me levanté del sofá, mirándola.

—¿Te acompaño a casa?

Ella sonrió, negando con la cabeza.

—No hace falta, Matt. Gracias —en eso volteó a ver a Mimi—. Como mañana te dan de alta deberíamos celebrar.

—Eso sería genial. Lo haremos en mi casa —dijo Mimi—, ¿Estaremos todos?

—Con excepción del superior Jou.

—Ya, claro —encogiéndose de hombros—. Bueno, ¿Mañana a las ocho? —Sora asintió, y entonces Mimi me miró—, ¿Puedes a esa hora mañana, Matt?

Empecé a titubear, buscando una excusa.

—Anda, Matt, será genial que estemos todos —apoyó Sora, mirándome con sus ojos cafés. Al final asentí—, ¡Super! Entonces nos vemos mañana —dándole un beso a Mimi en la mejilla—, ¡Hasta entonces!

Seguí a Sora con la mirada hasta verla retirarse de la habitación, y fue un segundo luego que volví a mirar a Mimi, notando entonces que me había estado viendo y que tenía una extraña expresión en el rostro, casi analítica.

—¿Qué?

—Nada —desviando la mirada.

Fruncí el ceño.

—Habla con sinceridad, Mimi.

Ella pareció meditarlo, pero al final suspiró y volvió a verme.

—¿Te gusta Sora? —aquello me cayó como un balde de agua fría.

—Eso ha sido fuera de lugar —ahora fue ella quien frunció el ceño—. Sora es mi amiga, y su novio es mi mejor amigo. No sé de dónde has sacado esa tontería.

—Es porque no paraste de mirarla —poniendo los ojos en blanco—. Parecías un adolescente.

—No digas estupideces —me estaba poniendo ofensivo, pero es que ya los nervios empezaron a frustrar mis pensamientos, y por consecuencia mis palabras—. Sora es la novia de Taichi.

—¿Y? Eso no significa que no puedas tener sentimientos por ella —en eso me miró cautelosa—. Aunque…no creo que a tu novia le agrade que te guste Sora.

¿Novia?

Enarqué una ceja y me quedé callado, ya irritado con la conversación, ¿De dónde había sacado Mimi que yo tenía novia? Además, ¿Quién demonios se cree para opinar sobre mi vida de esa manera? De pronto una ola de rabia me invadió y movió mi cuerpo hasta ella, apoyándome en la camilla con ambas manos para acercarme lo suficientemente hasta su rostro y así hacerme escuchar bien.

—Nunca me agradaron las personas metiches —siseé, sintiéndome satisfecho con la expresión de sorpresa de Mimi—. Te voy a pedir que no vuelvas a meterte en mis asuntos.

Y tras aquello me alejé de ella, sin permitirle responderme si quiera. Un segundo después ya estaba fuera de la habitación.


No pensaba ir a casa de Mimi luego de esa discusión.

Y es que, a pesar de que de alguna forma ahora todo era diferente, me molestó de sobremanera que hayamos discutido de nuevo, como antes. Peor aún, que yo haya perdido los estribos de esa forma. No quería admitirlo, pero ciertamente fui un poco severo. Así que no iba a ir a casa de Mimi para darle la bienvenida, porque estaba claro que no sería bienvenido después de lo que ocurrió. Sin embargo, una vez más, Sora saltó al ataque convenciéndome para ir. Me negué, incluso casi inicio una discusión con Taichi, pero el que los dos hayan ido al departamento con la excusa de que estaban cerca fue lo que terminó por cambiar mis planes. Y si los chicos se enteran de que hemos discutido solo empeorará las cosas, por lo que acepté de mala gana, y ahora estábamos aquí en el bus, en camino a casa de Tachikawa.

—Satoe es un amor —comentó Sora mientras volteaba a vernos a mí y a Koushirou. Estaba sentada adelante, con un brazo de Tai rodeándola—. Mientras Mimi se bañaba preparó todo. Miren, me mandó una foto por Whatsapp.

Vi la foto muy por encima. Estaba demasiado preocupado por volver a ver a Mimi.

¿Estará molesta conmigo?

¿Qué me lanzará esta vez? ¿Piña colada?

Al llegar nos quedamos viendo la bonita fachada desde la entrada. Teníamos tiempo sin venir, yo mucho más que ellos, y siempre decimos que es la típica casa de una familia feliz. Y en realidad eso eran. La familia de Mimi era feliz. Siempre ves a sus padres con una sonrisa, a diferencia de los míos, y cada vez que vamos la pasamos en grande. Y cuando la señora Satoe nos abrió la puerta nos trajo recuerdos de cuando éramos pequeños, cuando vimos la enorme cesta con golosinas, y que siempre tenía para recibirnos con la siguiente frase:

—¡Dulces para endulzar su estadía!

Cada uno tomó un chocolate, todos agradecidos, y fue Taichi quien se comió el suyo en ese mismo instante. Yo me lo guardé en el bolsillo para después, y Koushirou se lo regaló a Sora, pues no era muy amante del dulce.

—Pasen, pasen —nos animó la señora Satoe, guiándonos al salón. Allí, globos de color rosado y blanco colgaban de todos lados, y unas enormes letras que decían "Bienvenida Mimi" resaltaban en el ventanal, y a un metro había unos elegantes muebles con una mesa en el centro llena de aperitivos—. Ya Mimi bajará con ustedes.

Tk y Hikari estaban sentados en un sofá agarrados de la mano. Al vernos, se levantaron contentos para saludarnos. Habían llegado apenas hace un minuto, como bien habíamos coordinado.

En eso escuchamos a Mimi ingresar al salón, y al verla me quedé estático en mi lugar. Aunque era la misma de siempre, hoy veía en ella algo diferente. Con un vestido verde hasta las rodillas y medias negras por debajo, abrió los brazos de par en par para saludarnos, y fue su brillante sonrisa lo que hizo que me sintiera extraño. Era la primera vez desde hace semanas que no la veía en pijamas y sentada en una camilla. Más radiante, más viva, Mimi me miró por un instante.

Al desviar la mirada me sentí aún más arrepentido por nuestra discusión.

—¡Que linda estás! —exclamó Hikari hasta alcanzarla y darle un abrazo.

—Gracias —Sora también se acercó para abrazarla. Al final las tres se abrazaron como un par de niñas y rieron con el gesto—. Me encanta que hayan venido, chicas.

—¡Eh, eh! No acaparen con todo —se quejó Taichi, acercándose también para agarrarla por la cintura con el brazo bueno y cargarla—. Viste, con un solo brazo aún puedo.

—Tai, por favor, hace nada tuviste un accidente —dándole un beso en la mejilla—. Debes cuidarte —entonces nos miró—, ¡Hola, chicos!

Todos siguieron halagándola, cosa que a Mimi parecía gustarle. Yo la saludé desde donde estaba, un poco incómodo, pero me sentí mal después, ya que nada me costaba acercarme cuando era un invitado en su casa.

Lo admito, me estaba comportando de forma infantil.


La noche transcurrió de forma amena mientras conversábamos y comíamos lo que nos había preparado la señora Satoe. A decir verdad, esta fue la primera vez que estábamos relajados y riéndonos todos juntos, con excepción de Jou, quien no pudo venir por obvias razones.

—¿Todo bien?

Takeru me miraba curioso. Estaba sentado a mi lado, con la mano de Hikari bien agarrada a la suya, haciéndome aquella pregunta mientras se escuchaba de fondo las voces de nuestros amigos conversar animadamente.

Me encogí de hombros.

—Supe que ahora Mimi y tú se la llevan mejor —me dijo con voz baja. Mi sonrojo fue toda respuesta—. Me alegra que ahora sean amigos.

Sí, claro. Amigos.

En eso, no pude evitar mirar como Tai pegaba su nariz llena de merengue a la cara de Sora, entre risas, sintiendo como el tema de Mimi pasaba al olvido, y me recordara que la chica que me gusta era novia de mi mejor amigo. No obstante, al obligarme a desviar la mirada, descubrí a Tachikawa mirándome fijamente, con una ceja elevada y una sonrisa cínica, como si en ese preciso instante estuviera pensando "A mí no me engañas". No pude evitar ponerme rojo al dejarme en tal evidencia, y como acto seguido levantarme de golpe, buscando una vía de escape.

—Iré a fumar.

—¡Yamato! —se quejó Taichi—, Por amor a Kami, ¿Puedes dejar esa porquería?

—Jódete —le respondí mientras abría el ventanal, que resultó ser una puerta corrediza, sintiendo como la mirada de Mimi me quemaba el cuello.

Demonios.

Al salir cerré el ventanal tras de mí, y la fría noche de octubre me recibió en aquel enorme jardín. Aunque se estaba más a gusto en el interior de la casa preferí quedarme afuera y así darle sentido a mi excusa, por lo que saqué mi cigarrillo de su cajita para luego ponérmelo en la boca. Tuve batallar para encenderlo, pues hacía bastante brisa, y ya el encendedor no me lo ponía fácil por lo desgastado que estaba por su uso.

En eso, la puerta corrediza sonó tras de mí, y al voltear noté a Mimi Tachikawa salir del salón, cerrando la puerta luego.

Anda, Mimi, no me jodas ahora.

Intenté ignorarla fingiendo demencia, siguiendo con mi lucha por encender el cigarrillo mientras la brisa seguía burlándose de mí, haciéndome quedar en ridículo. Cuando Tachikawa se acercó fue cautelosa, colocándose a mi lado, y de igual forma mantuvo su distancia. No tardó en interrumpir el silencio con su voz, tan cantarina como siempre.

—Lo siento —dijo para mi sorpresa. Volteé a verla sin entender—. Tienes razón, no debo meterme en tus asuntos, y mucho menos si no confías en mí.

Vale, no estaba para nada acostumbrado a esta versión de Mimi Tachikawa. No recuerdo cuando fue la última vez que se había disculpado, o al menos antes de que todo ocurriera.

—No pasa nada —intentando encender el cigarrillo nuevamente, sin éxito.

—Ven —acercó sus manos hasta mi rostro, obstaculizando el viento. Me quedé por un momento un poco atontado por su perfume a rosas y por su inesperada cercanía, pero al final logré encender el jodido cigarrillo, dándole una calada.

—Gracias.

—No hay de qué.

Nos quedamos en silencio por un rato.

—Yo solo… —suspiró—. Saber que fuimos amigos por tanto tiempo, y que ahora no te recuerde, no sé, me hace sentir mal —la observé atento—. No es justo para ti esta situación, pero tampoco es justo para mí. Me siento en desventaja el no saber nada de ti.

—Ya sabes un montón sobre mí.

—Me refiero al verdadero tú. Lo que me has dicho es lo mismo que sabe mi mamá.

Aquello me agarró fuera de base.

Ciertamente he obviado muchas cosas, pero muchas. Y quizás esa sea la razón por la cual Mimi Tachikawa y yo nos la llevábamos mejor. Cosas de las que no me sentía orgulloso, y que el solo hecho de que Mimi las supiera me hacía sentir especialmente avergonzado.

Y más si una de las víctimas de las estupideces que he hecho es la persona que justamente está mi lado.

—No tuve que haber reaccionado de esa manera contigo —dije antes de que pudiera arrepentirme. No sé de dónde habían salido esas palabras. Ella también parecía tan sorprendida como yo—. Yo…No soy un santo, Mimi. Hay cosas sobre mí que no me enorgullecen.

Ella no dijo nada en los siguientes segundos, y empecé a sentirme nervioso.

Quizás dije demasiado.

—Creo que todos las tenemos —intentó restarle importancia, acercándose un poco más hacia mí hasta estar hombro con hombro—. Pero si quieres que volvamos a ser amigos tenemos que ser sinceros el uno con el otro, ¿No?

Volví a darle otra calada al cigarrillo.

Amigos, ¿Eh?

—Le tengo miedo a los sapos, hablo dormida y cuando me rio mucho me hago pipí —soltó de un golpe toda aquella información que la miré como si se le hubiese zafado un tornillo—. Ah, y sí, tengo Backstreet Boys en mi lista de reproducción.

Eso sí que me causó gracia.

—Ya lo sabía —me burlé.

—Pero seguro no sabías que me sé todas sus canciones.

Me empecé a reír, imaginándome a Tachikawa en cada una de las escenas.

—¿Por qué me dices todo eso?

—Porque el problema aquí es que no confías en mí —Mimi se cruzó de brazos, mirándome divertida—. Por lo tanto, me estoy abriendo contigo, para que veas que todos somos humanos, y que todos tenemos cosas de las qué avergonzarnos.

—¿Te avergüenzas de los Backstreet Boys? Que fuerte —ella me dio un ligero empujón con su hombro.

—Hablo en serio.

—Tienes razón —respondí mientras botaba el humo—. Confío en ti.

—En ese caso, ¿Me hablarás de tu novia?

Puse los en blanco.

—Mimi, ¿De dónde coño sacaste que tengo novia?

Ella me miró desconcertada.

—Bueno… —dudosa—, el otro día tenías pintura de labios en el cuello.

Sentí que me sonrojaba con aquello, y automáticamente volteé a verla.

—¿Qué?

—Sé que no tienes un romance secreto con Sora porque ella jamás usaría pintura de labios color rojo —dijo con tanta naturalidad que no pude evitar ahogarme con el humo del cigarrillo. Tosí un par de veces como un idiota —Uy, ¿Estás bien?

—Yo jamás…

—…Traicionarías a Taichi. Lo sé, pero bueno, sabiendo que te gusta Sora es una posibilidad, ¿No? Sin embargo, es mi mejor amiga, y ella jamás ha usado pintura de labios color rojo. Solo caoba —acotó como si estuviera hablando de la cosa más obvia del mundo, jugando con las puntas de sus cabellos —Así que, ¿Quién es?

—Por Kami.

—Dijiste que confiabas en mí.

Miré el cielo, rogando salir de esta, pero no me quedó de otra que suspirar y terminar de ser sincero con ella, y quizás así se terminé de sacar de la cabeza que intentaría algo con Sora.

—Una vecina —Mimi sonrió con picardía, y no pude evitar sentirme fastidiado con su cara. Es como volver a ser un niño y que me pillen una travesura—. Y no es mi novia.

Ella enarcó una ceja, pero al ver que no iba a soltar más nada terminó por elevar las manos en son de paz y sonreír traviesa.

—Vale, vale, don't push my buttons, I got it —me miró risueña. Había olvidado lo bien que hablaba el inglés. Cierto que vivió un montón de años en USA, cuando éramos niños —Supongo que es un avance.

Puse los ojos en blanco.

Miré las luciérnagas brillar en el jardín junto con Mimi por unos segundos, hasta que ella regresó con los demás chicos. Taichi la había llamado a gritos, seguramente para contarle alguna de sus payasadas, y yo al final me quedé aquí fuera por un rato más, con la excusa de que me quería terminar mi cigarrillo en paz. No obstante, la realidad es otra, pues quería poner en orden mi cabeza que, gracias a la previa conversación, estaba demasiado revuelta.

Sí, confiaba en Mimi, y ya ven que lo suficiente como para hablarle de mi vida privada. Sin embargo, hay cosas que Mimi Tachikawa no puede saber. Punto. Y créanme que he considerado mantenerme lejos de ella por su bien, por su dignidad, pero ahora era diferente. Antes de sentenciarme a mí mismo por no ser del todo honesto me juré hacer lo que sea para enmendar el pasado.

¿Por qué?

Porque, sin quererlo, Mimi se había vuelto una persona especialmente importante para mí, y ya era muy tarde para advertencias vacías que solo acrecentaban mis ganas de estar cerca de ella.


Notas de la Autora:

Hello, hello!

Aquí Vai con nuevo cap, que por cierto me gustó mucho, ¿A ustedes qué les pareció?

Me he tardado un montón con Encrypted porque he editado la redacción de todos los capítulos, si se dieron cuenta. Pero ya está finalizada y por lo tanto nos veremos sagradamente todos los viernes.

Anyway, no se olviden de visitar Scare que también tuvo ediciones en su redacción. En cuanto a Stepmoms Recipe y IH: Remake también están en edición, pues he querido mejorar la calidad de mis historias en curso. Espero puedan entender.

Sin más, nos vemos el próximo viernes, mis amores.

Muackata!

Atte.

Vai.