Hola. Ha pasado tiempo. Realmente no hay ninguna explicación para mis demoras más que mi pereza, ni modo. Es algo con lo que he aprendido a vivir.

Quisiera comentarles primero que he corregido algunas referencias temporales del capítulo 1. No es nada que afecte a la trama, en realidad hice bien los cálculos de cuánto tiempo lleva trabajando Reid en la UAC (uso las siglas en español parta la Unidad de Análisis de Conducta). Así que, según yo, Spencer entró a la Unidad un 15 o un lunes 16 de agosto del 2004. Mi margen de error es de unos diez días. Pero digamos que, si me equivoco, en este fanfic Spencer Reid habría comenzado a trabajar específicamente en la UAC en esa fecha. Me basé en los capítulos Tabula Rasa y el 16 de la temporada 5.

Capítulo 2. Une scène sans armes et sans haine.

¿En las circunstancias ideales qué hubiera hecho? Con el resto de su vida en sus manos y las posibilidades por delante estaba seguro de que había tomado la mejor decisión, la más benéfica, la más práctica; su discernimiento era una ventaja. Pero se había apegado. No le gustaba del todo admitirlo; que se había, por lo menos, acostumbrado. Dejar la UAC iba a ser una de las cosas más difíciles que en su vida había hecho porque, por primera vez en quién sabe cuánto tiempo, sintió que tenía un lugar necesario en el mundo. Porque su inteligencia era superior y deslumbrante, pero era realmente innecesaria en el mundo hasta que, de hecho, fue testigo de cómo podía salvar vidas. Fue un resultado tan claro, nadie podría refutar los hechos: una cosa maravillosa, inmediata. No iban a ser a los grandes inventos a los que entregaría su vida, se dijo a sí mismo, su talento debía servir para los enigmas. Tal vez era un poco egoísta si lo veía de esa forma, pero era la verdad y Spencer Reid era tan sincero consigo mismo como podía. Bueno, lo suyo no eran las utopías o una revolución mundial, lo suyo era ver los casos avanzar, progresar: lo iba a extrañar.

Con la carta en la mano, Spencer entró al elevador. Antes de comenzar el día se la daría a Hotch. Él probablemente no la aceptaría inmediatamente, pero lo obligaría a tomarla. Incluso si la rechazaba, no es como si lo pudiera secuestrar u obligarlo a trabajar. Y seguramente Spencer ayudaría en uno o dos casos más, pero después se iría. La CIA lo iba a recibir con mucho gusto aún después de haberlos rechazado abiertamente dos veces. El elevador abrió sus puertas y Spencer apretó los dedos de los pies dentro de sus tenis converse. No tenía pensado pasar a su lugar, no quería flaquear.

Desde la puerta de cristal se divisaba la luz artificial de la oficina de Hotch. Era muy temprano, nadie más había llegado, casi como de costumbre. Reid arrugó el ceño y se lamió los labios. Quiso terminar tan pronto como fuera posible. Con el frío matinal aún en su nariz, tocó la puerta entreabierta.

―¡Pasa! ―Reid arrugó entre sus dedos el sobre blanco sin sellar ―Reid, ¿qué necesitas?

―Ya sabías que era yo ―. Hubo un cambio de temperatura y de aroma que sintió agradable―. ¿Realmente sabías que llegaría temprano?

Hotch no había levantado la cabeza del folder cuyo contenido leía y marcaba.

―Eres el único que llega tan temprano.

―Siempre después de ti ―agregó condescendientemente Spencer.

Hotch apretó los labios en una curva elevada.

―Tengo algo que darte ―Reid tendió el sobre, su mano quedó extendida unos segundos, mientras su jefe terminada de leer una página con una tabla de datos.

Alzó la mirada primero y luego el rostro. Ahí estaba frente a él un nervioso y decidido Reid, dándole algo que en verdad nunca recibiría. Soltó sobre otros folders el documento que había estado analizando. Posó sendos codos en la orilla del escritorio y enlazó sus dedos, tocando su barbilla.

Reid recogió su brazo y pegó el papel a la boca de su estómago, esperando.

―Tus motivos no podrán convencerme a menos que se trate de tu salud o la de tu madre. Y, en ese caso, solo te daría vacaciones.

―Tú no entiendes, Hotch―. Su voz sonó baja, pero seguía teniendo ese tono de "yo sé más que tú" que lo estaba irritando.

―Explícame.

Reid suspiró casi con desagrado.

―¿Interroarías así a cualquier otro empleado?

―Tú no eres cualquier empleado. Parece que lo olvidas. Jason no...

―Él lo entendería.

―¿Ni siquiera se lo has comentado?

Spencer lamió sus labios y agachó la cabeza hacia el lado izquierdo. El movimiento no pasó desapercibido por Hotch, que extendió su palma izquierda sobre su boca.

―Toma asiento y...

Hotch guardó silencio y eso hizo irritar a Spencer.

—En realidad no tengo porqué explicarte mi decisión detalladamente.

—No, no tienes qué, en realidad. Pero ambos sabemos que hace cuatro días no pensabas en renunciar.

Era la primera vez que alguno de los dos mencionaba la palabra y casi dejó sin argumentos a Spencer. Las cosas no estaban saliendo como quería. Y no quería enfrascarse en una competencia por ver quién tenía la razón porque sabía de antemano que no tenía oportunidad.

—Pero...

—Iré directo al grano. Ya no eres un adolescente, no puedes evadir el problema solo porque te hace sentir incómodo.

—No es incomodidad, esto está afectando mi desempeño, no puedes actuar tan intransigente cuando...

—¿Sabes todo el esfuerzo que hemos puesto para que tú estés aquí? Lo que Gideon y yo arriesgam...

—Pero a ti no te pedí tom...

—No, incluso Morgan está confiando en ti. Eres un genio. ¿Entiendes qué es lo peor? Te diré qué es peor. No es traicionar a tu equipo, es que no estás madurando.

—No es traición y no puedes hace una ev...

—Sí puedo. Y no acepto esta renuncia.

—Dentro del reglamento del FBI no hay ninguna razón por la que puedas...

—No estás entendiendo, Dr. Reid. ¿De verdad piensas que estás listo para la CIA? No has ni siquiera empezado aquí.

Spencer guardó silencio. A estas alturas ya estaban levantando la voz y Hotch comenzaba a gesticular. Si hubieran tenido esta discusión dentro del horario laboral, todo el piso habría ido a ver qué sucedía. Ni el tranquilo Reid ni el ecuánime Hotch solían elevar el tono más de lo debido.

—Mira, comencemos otra vez. Lo de JJ no es un obstáculo para ti. Tu papel aquí es más importante que eso. No puedes tirar todo por la borda...

—Yo he sopesado las posibilidades y...

—No puedes. No eres objetivo ahora. Porque allá no harás ni remotamente lo que aquí. Y esa habilidad para hallar conexiones no va a...

—Ya lo sé, ¿de acuerdo? ¿Pero qué quieres que haga? Ya es muy difícil estar aquí.

Tal explosión de honestidad puso súbitamente incómodo a Hotch. Suspiró. Se levantó de su asiento y se acercó a la ventana que daba al pasillo. Miró el escritorio de Reid, lleno de carpetas, más de las que podría terminar en una semana, él las haría en dos días.

―Eres sumamente indispensable. Y tenemos..., tengo altas expectativas de ti como perfilador.

Spencer tomó asiento. El ritmo había bajado.

―Esto es importante. Yo no quiero ser una burla...

―Y no lo eres. Pero no huyas.

Ninguno de los dos se estaba mirando. Y Hotch decidió establecer un puente, algo común.

―Te necesitamos. Aún somos una unidad muy frágil. Gideon acaba de volver, Elle sólo lleva un caso con nosotros. No quiero obligarte, quiero que pienses bien antes de irte. Gideon...

―Yo sé que esto es irresponsable desde tu posición, y no...

―¿Es el asunto de JJ más apremiante que tu carrera como perfilador? Necesito que lo pienses, porque este es el mejor lugar para desarrollar tus habilidades, no tendrías un mejor mentor que Gideon en ningún lado y..., nosotros no...

No lo dijo, le pareció excesivo, pero estaba seguro de que Reid lo comprendió. Volteó de nuevo hacia su subordinado, no sabía que estaba viendo su espalda mientras hablaba. Los dos se vieron a los ojos con gesto serio. Reid, como siempre desvió la mirada. Esto era parte de lo que lo hacía irse, se dijo, y se prometió impulsarlo a confiar más en sí mismo.

Volteó de nuevo a la ventana.

―Deja la carta en el escritorio. Tenemos un caso, esperaremos a los demás.

Oyó cómo Reid movió la silla al ponerse de pie. En la alfombra se acallaban sus pasos vacilantes.

―¿Podrías no comentarle a Gideon de mi..., de lo que hablamos?

―No hará falta. No te preocupes.

La puerta de la oficina se cerró y Hotch quedó preguntándose cómo no vio venir esta situación desde la última conversación que tuvieron ahí, en su oficina.

Era una carta de renuncia excelente, perfecta en todo sentido. Hotch se dio cuenta de que tal vez no podría convencer a Spencer de quedarse; parecía muy resuelto irse y el chantaje emocional que intentó no había funcionado. Pensó que tal vez podría manipularlo de esa manera. Buscaría poner al tanto de esta renuncia al equipo durante este caso. ¿Cómo se sentiría la oficina sin la presencia del siempre tambaleante Dr. Reid?

.

.

El caso era uno de esos que se quedan para recordar durante meses. Tan sórdido que hacía lamentar a Spencer de estar en la UAC. Él entendía el perfil, pero todavía quedaba cierta distancia entre su comprensión y la realidad. Esas fotografías ni deberían de existir. Las víctimas eran adolescentes, estudiantes de preparatoria; todas bonitas, todas estudiantes diligentes de clase económica media baja. Castañas, muy delgadas, blancas, sin novio. El ignoto las retenía por al menos 3 días; en sus cuerpos había señales de violencia sexual y todas habían muerto por estrangulación. Sus cuerpos botados en distintos puntos del condado daban cuenta de que el asesino no sentía remordimiento por sus muertes; las víctimas denudas fueron reportadas todas a la policía por grajeros que vigilaban sus campos de maíz.

Limestone era una comunidad tranquila. Uno de esos pueblos que van prosperando, pero que no superan las viejas costumbres todavía. Y los pobladores estaban aterrados. Nunca habían vivido esta violencia en su comunidad. Cuatro chicas asesinadas en seis meses eran cosas que solo veían en televisión.

El equipo sabía que el ignoto estaba deteriorándose y que continuaría matando aún con la presencia del FBI. En el cuartel de policía donde llevaban un día trabajando no había más pistas que seguir que los que ya tenían antes de llegar. Era un caso lento. El asesino debía ser parte de la comunidad, pero distinguir a un asesino sádico de entre todo un poblado de gente demasiado familiar entre sí no estaba resultando fácil, como siempre. El clima caluroso no estaba ayudando a los agentes a pensar con claridad.

La victimología los tenía dando vueltas en círculos. Y el asesino no parecía cometer errores, tal vez ya tenía experiencia matando. Pero ningún residente foráneo tenía el perfil del ignoto. Hotch estaba sentado junto a Reid, quien estaba leyendo el diario de Olanna Williams, la última víctima. Tal ven en esas páginas encontraran una pista de si el asesino era alguien conocido para ella. Pero tal vez fuera inútil. En Limestone todos parecían conocerse.

―¿Has pensado en si puedo regresarte esa carta?

Reid bajó la libreta forrada con papel floreado. No tuvo tiempo de responder, JJ entró a la habitación. Encontraron otro cuerpo.

Fueron dos segundos. Hotch vio cambiar el semblante de Spencer en dos segundos. La resignación lo estaba impulsando, se dio cuenta.