Encrypted
By Vainiella
Capítulo 8: "Luz verde"
Arctic Monkeys – Do I wanna know?
Mimi
Aguardé paciente frente a la puerta. Unos pasos no tardaron en escucharse del otro lado acompañados por una voz avisando que ya abriría. Sentí los nervios jugando con mi cordura, jugando con las puntas de mis cabellos mientras aguardaba fuera del departamento. Tan pronto como Yamato abrió la puerta puse mi expresión más casual, sonriéndole como una tonta.
—¿Mimi?
—H-Hola —le dije.
Me miró con real sorpresa, y es que no lo culpo, pues nunca había venido a su departamento, o al menos desde el accidente y, vamos, que había menos razones para que yo tomara la iniciativa en venir, sabiendo que él había sido el genio en besarme y luego fingir demencia.
Mandé mi dignidad a la mierda, y pensé que si la montaña no va a Mahoma, pues que Mahoma vaya a la montaña, ¿No?
O más específicamente, a su departamento.
—¿Qué haces aquí?
—Bueno… —dudosa—. Le caí bien al portero, así que me dejó entrar.
—No me refiero a eso.
Uff. Esto ha sido una mala idea.
—Yo…Lo siento. No contestabas tu celular, y pensé que podría ser buena idea venir a verte —dudé en decir lo siguiente—…y hablar.
Yamato vestía una franela negra y un pantalón de pijama, y sus cabellos revelaban que había estado acostado. Ya empezaba a sentirme incómoda y como una estúpida, pero luego pareció recapacitar y permitirme la entrada. Se hizo a un lado como si estuviera peleando en su interior, y aunque soy bastante orgullosa y que no me gusta estar en lugares donde no soy bienvenida esta vez era diferente. No podía pasar otro día sin hablar sobre ese beso.
Una vez en el departamento ya no hacía tanto frío, y miré mi entorno con cautela. Ahora que ya estaba dentro de la boca del lobo no sabía si estaba haciendo lo correcto.
—¿Quieres algo de tomar? —Matt me pasó por un lado hasta la cocina, que estaba prácticamente a dos pasos.
Era un departamento bastante pequeño. Ya había estado aquí antes, pero por alguna razón los recuerdos son confusos, como distorsionados. Es como si vieras un canal con mala señal en los televisores de los 90, además de que me era imposible recordar a Yamato haciendo cualquier cosa en aquel lugar.
Que extraño.
Al abrir el refrigerador revisó su interior.
—Hay cerveza, leche… ¿Agua?
—N-No, gracias. Estoy bien —él asintió y cerró el refrigerador.
Me quedé en medio de la sala como una tonta, sin saber qué hacer.
—¿Y Koushirou?
—En la universidad.
Así que estamos solos.
Oh my god.
—¿Y q-qué hacías? —intenté distraer mis pensamientos, cuales no era para nada puritanos y eran un detonante para los nervios.
Hasta empecé a sentir calor.
Por Kami, ¿Qué demonios me pasa? Hemos estado solos un montón de veces, en el hospital, en mi casa, y nunca me había puesto así de nerviosa. Sin duda alguna el beso tenía algo que ver, ya esa brecha de solo amigos había sido cruzada olímpicamente.
Sentí que Yamato me miró más de la cuenta, pero luego se alejó de la cocina como si nada y caminó hasta la sala, donde estaba yo. Un TV pantalla plana revelaba que estaba viendo una película por Netflix.
—Viendo un corto musical —dijo señalando la TV—. Se llama Anima, de Thom Yorke ¿Sabes quién es?
—No, ni idea —la conversación llegó a un punto donde a él no le quedó de otra que invitarme a verla, y yo aceptar gustosa, a pesar de que no sabía quién rayos era ese tal Thom.
Al final nos sentamos en el sofá, y Matt le dio play a la película, poniéndola desde el principio a pesar de que ya llevaba unos minutos viéndola. Me hizo una breve introducción, explicándome un poco sobre la película. Yo asentía a todo como si entendiera perfectamente de lo que estaba hablando, demasiado nerviosa como para preguntar. Al final me distraje viendo el sistema de sonido que tenían los chicos. Uno excelente, pues la música retumbaba en toda la estancia. Luego noté que nada más estaban las luces de la cocina encendidas, por lo que estábamos parcialmente a oscuras, y mientras veía a los actores comportarse de forma extraña en el metro sentía como la realidad empezaba a tomar peso sobre mí.
Quedarme a solas con el chico que me gusta, luego de haber sido besada por él, no era una brillante idea.
Vi de reojo a Yamato, quien estaba inmerso en la película, sin tener idea de lo que ocurría en mi mente. Demasiadas preguntas y pocas respuestas, y mientras más tiempo paso con él más confusa me sentía. No entendía para nada mi pasado con Yamato Ishida. Y mucho menos lo entendía a él, ¿Por qué me había besado si pensaba hacer como si nada después? Pero en lugar de molestarme y recriminarle, sentía que era más y más atraída a él. No sé cómo explicarlo, pero simplemente lo necesitaba cerca de mí.
Como ahora.
Vi su mano, que estaba justo al lado de su pierna, y a unos centímetros de mi mano. En comparación con la mía la suya era grande, y tenía pelos rubios en la parte de arriba, muy finos que casi no se veían. Sus dedos eran largos, como los que tendría un músico, y movía uno de ellos al ritmo de la canción.
Mi mano se arrimó un par de centímetros, discretamente, y sin poder controlarme había rozado la suya, solo un poquito, pero lo suficiente como para que se diera de cuenta de mis intenciones. Había dejado de mover su dedo de forma rítmica, y para mi asombro, no la alejó de la mía. Eso me dio luz verde, así que mi dedo meñique fue el primero en escalar su mano hasta cubrirla por completo y acariciar sus largos dedos mientras la canción hacía vibrar mi cuerpo. El corazón empezó a latirme rápido, y entonces volteé a verlo. Sus ojos estaban fijos en nuestras manos y en lugar de rechazarme lo que hizo fue entrelazar sus dedos con los míos, devolviendo mis caricias.
Fue embriagante.
Finalmente, su rostro giró hacia mí, y pude contemplar como sus ojos hacían un tour por cada rincón del mío, viendo mi frente, mi nariz, mi barbilla. Me sentí un poco cohibida pero no aparté mi mirada. Y mucho menos cuando la marea azul de sus ojos me arrastró hasta las profundidades. Nos acercamos, lo suficiente como para apoyar nuestras frentes y sentir nuestras respiraciones. Su nariz rozaba la mía suavemente, de forma dulce, y cerramos los ojos para disfrutar del momento. Sus labios al final encontraron los míos, e hizo exactamente lo mismo que con nuestras narices. Se rozaron, de arriba abajo, de un lado a otro, hasta que entreabrí los míos como una invitación, y la cual él no rechazó.
Volver a besarlo fue incluso mejor que ayer, pues esta vez no me agarró fuera de base, y pude saborear cada centímetro.
Nos besamos con su mano libre rodeando mi mejilla, acariciándola suavemente. A diferencia de ayer este beso estaba cargado de todo tipo de emociones, intensificadas además por la música. Tantas que, luego un de minuto, la delicadeza pasó a ser una brusquedad llena de añoranza. No pude contener un gemido cuando su lengua lamió mi labio inferior, explotando en mí una pasión que jamás creí sentir por Yamato Ishida.
Matt gruñó al oírme, y había dejado de estar sentado para luego cubrir mi cuerpo y empujarme suavemente hacia un lado. Al final terminé acostada en el sofá, con él sobre mí, y ambos embriagados en el deseo y cariño mientras no dejábamos de besarnos. Su mano, con mis dedos entrelazados, subieron por encima de mi cabeza, mientras que con su otra mano bajó desde mi mejilla a mi cuello, y de mi cuello hasta mi cintura, y de mi cintura hasta mi muslo, y cual elevó ligeramente para rodear su cuerpo, ahora entre mis piernas.
Por Kami.
Estaba respirando de forma entrecortada contra sus labios, sin poder controlar otro gemido de placer que escapó de ellos. Yamato empezó a besarme el cuello de forma sensual poniéndome la piel de gallina, y juro que podía morir en ese momento, cuando en eso escuchamos un ruido que casi no distinguí por la música, pero él sí. Matt se separó y me miró aturdido, y como si despertara de un sueño abrió los ojos como platos y se alejó un metro de mí, jalándome para que me sentara. Le seguí la mirada hasta el pasillo de la entrada, y un segundo después vi a Koushirou aparecer con su bolso y zapatos en mano.
Al vernos quedó tan sorprendido como nosotros.
Yamato saltó a ponerle pause a la película.
—Mimi, estás aquí —sonreí tímidamente, arreglándome el cabello y la ropa—. No sabía que vendrías.
—Yo…Vine a saludar.
Vale, eso sonó patético, y lo sé por la cara que había puesto Koushirou.
Por Kami, me sentía como una adolescente descubierta. Pero agradecía enormemente que Yamato se haya dado cuenta antes de que nos viera, pues sabía que Koushirou tenía sentimientos por mí, y el hecho de que su roommate casi me come viva en su sofá le iba a caer como tres patadas.
¿Qué demonios estoy haciendo?
—Ya… —parecía incómodo—. Vuelvo en un segundo, dejaré esto en la recámara.
Me mordí los labios al verlo retirarse, ¿Acaso sospechaba algo? ¿Se dio cuenta? Me sentí terrible, pero al voltear a ver a Yamato para buscar apoyo moral lo vi mirar el suelo de una forma extraña, como si se debatiera internamente. Estuve a punto de decirle algo, cuando en eso apareció de nuevo Koushirou, adentrándose a la cocina.
—¿Cómo te sientes, Mimi?
—Perfectamente —dije saltando del sofá y caminando hacia la cocina—. Ya he terminado la rehabilitación.
—Eso es fantástico —sonrió, pero la sonrisa no le llegó a los ojos.
Ay, Koushirou.
—¿Te quedas a cenar?
Antes de que pudiera responder la voz de Yamato me cortó.
—No, ya se iba.
Ambos volteamos a verlo con sorpresa, pues aquello sonó a que ya no era bienvenida a esta casa. Entonces Koushirou me miró, como tratando de confirmar de que así era. Y yo, como tonta que soy, mentí con que mi mamá me esperaba en casa para cenar, con tal de seguirle la corriente a Yamato.
—Bueno…Que mal que no puedas quedarte más tiempo —volvió a sonrojarse, y no pude evitar alcanzarlo sobre la isla de la cocina para pellizcarle una mejilla—, ¡Ough, Mimi!
—Vendré otro día, lo prometo —me alejé de la cocina—. Buenas noches, Kou.
—Buenas noches, Mimi.
Salí al pasillo, y cuando pretendía encarar a Yamato lo descubrí fuera del departamento.
—Vamos, te acompañaré a tomar un Uber.
Seguí a Yamato en silencio, con mis manos entrelazadas por detrás de mi espalda, controlando los nervios mientras apretaba mis dedos. Mientras aguardábamos por el ascensor lo miré de reojo, preguntándome qué estaría pensando, ¿Acaso no le gustó el beso? Si finge demencia nuevamente me dará algo.
Estábamos en completo silencio, en uno demasiado incómodo para mi gusto, y mientras pensaba en cómo carrizos podría romper el hielo el ascensor se abrió, y dentro de este había ya una guapa mujer, quizás de unos treinta años, y quien miró a Yamato con sorpresa, pero luego con reconocimiento.
—Buenas noches —saludó ella con voz empalagosa, sonriendo de una forma que no me agradó para nada. Automáticamente miré a Yamato, quien respondió el saludo con un tono bajo, y con sus hombros repentinamente tensos.
La vecina.
Me puse rígida cuando entramos al ascensor, y más cuando Yamato se colocó entre ambas, mirando al frente con una actitud de piedra, impenetrable, que despertó aún más mi curiosidad. Luego miré de reojo a la mujer. Sus cabellos eran largos y lisos, de un color azabache casi siniestro. Su pollina corta me recordaba a Lisa de Blackpink, solo que tenía un par de tetas muy a lo Scarlett Johansson que, vamos, tenían más plástico que el forro de mi Iphone.
Matt había dicho que no era su novia y, en cualquier caso, estoy segura que no me hubiese besado de tener algo con su vecina. Sin embargo, no puedo evitar hacerme una jodida película en la cabeza, ¿Será por ella que está así de frío conmigo?
El ascensor se detuvo, y automáticamente vi como la mujer volvía a sonreírle a Yamato de forma coqueta.
—Adiós.
Ella fue la primera en salir del ascensor tras despedirse, caminando de forma muy sugerente para mi tolerancia. Fruncí el ceño cuando vi a Yamato carraspeando e invitándome a salir también. A pesar de que estaba siendo un caballero la idea de él con aquella femme fatale me cayó de lo más mal.
Y más cuando él parecía arrepentido de lo que habíamos hecho hace unos minutos.
Una vez fuera del edificio, vi como Yamato no había soltado su celular. Y mientras tanto yo aquí, ahogándome en mi miseria, pensando en lo que hicimos...y en la vecinita.
¡Ugh!
—Ya el Uber está cerca —dijo entonces, evadiéndome—. Es un Lexus color blanco.
—V-Vale. Gracias, Matt —lo miré, esperando que pudiera corresponder mi mirada, pero algo empezaba a darme mala espina cuando lo vi observar el suelo con gesto abatido.
Y como si lo hubiese predicho, finalmente lo dijo.
—Mimi, lo lamento. Pero lo que hicimos hace un rato no volverá a suceder —sus ojos azules finalmente me miraron, fríos, distantes—. Perdóname por haber permitido que esto llegara lejos.
—¿Qué?
—Mira —suspirando—. Sabes bien que Koushirou gusta de ti.
—Espera un momento —frunciendo el ceño—. Koushirou sabe perfectamente que no puedo corresponder sus sentimientos, y ha aceptado ser mi amigo.
—También es mi amigo, Mimi, ¿Te parece correcto que lo traicione de esta forma?
—Yo…
Pero no supe qué responder.
—No sé cómo pude haberlo permitido —mirando el suelo nuevamente, mientras se masajeaba su frente—. Ha sido muy egoísta de nuestra parte.
—¿Egoísta?
Sin pensarlo, di un paso hacia él, sorprendiéndolo. Había invadido su espacio personal una vez más, pero esta vez mis intenciones no eran besarlo, sino hacerlo entrar en razón.
—¿Egoísta porque me gustas? —noté un sonrojo surcar sus mejillas—. Nada de lo que hemos hecho ha sido a propósito. Ha sido porque nos gustamos, y eso no es ser egoísta.
El Uber se estacionó a unos pocos metros de nosotros. Esperaba que mis palabras hayan tenido algún efecto en Yamato, quería hacerle entrar en razón. Y de verdad creí que lo había logrado, hasta que arruinó por completo mi noche con las siguientes palabras:
—No me gustas, Mimi. O al menos no lo suficiente.
Uff.
No hizo falta que dijera nada más.
—Ya, por supuesto. Igual tienes a la vecinita para que te quite el antojo, ¿No?
Yamato abrió los ojos de golpe, pero antes de que me dijera algo más le di la espalda y caminé decidida hacia el Uber. Sabía que mi último comentario había sido inmaduro de mi parte, una patética escenita de celos, pero me sentía tan fatal que ni siquiera volteé a ver a Yamato en mi camino al auto. No obstante, una vez dentro del mismo, y aprovechando los vidrios ahumados, volteé a verlo justo cuando el chofer había arrancado. Mis ojos estaban tan poblados de lágrimas que solo alcancé a ver una figura difusa.
¿Cómo pude haber sido tan tonta?
Notas de la Autora:
Hello, hello!
Uff, tienen que ver el corto musical que lanzó Thom Yorke por Netflix, se llama Anima, y está increíble. Pero si quieren escuchar la canción de la escena Mimato tienen que buscar Not the news, de Thom Yorke. Es una de mis favs.
Amé a Mimi en este cap, me pareció tan humana. Y no culpen a Yamato, que el pobre esta muriendo por dentro. Ya sabrán por qué, muajaja.
Nos vemos el próximo viernes, pequeñuelos.
Atte.
Vai.
