Encrypted

By Vainiella


Capítulo 11: "Encriptados"

Capsize – Big Black Delta


Mimi

Miré mi reflejo en el espejo, y estaba sintiéndome bastante orgullosa de la selección de vestuario cuando en eso la voz de mi madre resonó desde abajo.

—¡Mimi, tienes visita!

Sonreí contenta, sabiendo de quien se trataba.

No importa cuánto tiempo pase, todos los días se siente como si tuviéramos una semana de novios. Estoy loca por Yamato Ishida, en serio. Aquel chico callado y un tanto amargado resultó ser nada más ni nada menos que un caramelo por dentro. Era atento, y siempre estaba pendiente de mí. En frente de los demás seguía siendo un poco tímido, pero por suerte mi personalidad extrovertida lo compensaba, pues nunca desperdiciaba una oportunidad para saltar a abrazarlo o robarle un beso, cosa que siempre lo ponía rojo.

Y, para ser franca, Matt era aún más guapo cuando se sonrojaba.

Al salir a paso rápido de mi habitación y bajar por las escaleras ya me imaginaba la silueta de Matt en la entrada, aguardando por mí como siempre, ¿Me habrá hecho caso y se puso algo blanco para hacer juego? Me encanta cuando lo hacía. No obstante, al llegar abajo, tal fue mi sorpresa cuando me encontré con que no era él quien aguardaba por mí.

—¡Oh, por Kami! —chillé al ver a mi pelimorada amiga en la estancia con una maleta al lado, con su sonrisa pícara y sus largos cabellos lisos cubriendo sus hombros—, ¡Miyako!

Las dos corrimos para abrazarnos, y tal fue mi emoción que casi lloro, ¡Hacían meses que no la veía! Desde que se mudó a Hokkaido es tan difícil verla como a Jou, y lo entiendo, por lo que fue una enorme sorpresa verla ahí, en mi casa, y con una maleta que no significaba otra cosa más que disponibilidad absoluta por unos cuantos días.

—¿Qué rayos haces aquí? —dije al separarme, contemplándola. Estaba tan guapa como siempre, con sus largos cabellos purpuras que caían lisos y sus grandes lentes redondos que le daban estilo—, ¿Cómo no me dijiste que venías? Pude haberte ido a buscar.

—Era una sorpresa —en eso miró a mi mamá, que seguía a unos pasos de nosotras. Yo también lo hice, y entonces entendí.

Anda, que mi mamá también estaba detrás de esto.

—Mami, ¿Tú sabías?

—Cariño, Miyako es como una segunda hija para mí. Obvio que sabía —dijo divertida, batiendo una mezcla en un bol color rosa mientras nos sonreía.

Entonces recordé la salida, y que no faltaba mucho para que Yamato llegara.

—¡Ven, vamos! —le dije tomando su mano y jalándola—, Llegaste justo a tiempo.

—¿Para qué? —se quejó riendo, siguiendo mi paso por las escaleras. Fue en ese momento en que pareció percatarse de mi pinta—, Oye, ¿Tenías planes?

—Tenemos planes, bombón.

A mi amiga le había afectado un montón mi accidente, pero no había podido venir no porque no quisiera, sino porque de verdad no podía. Su abuela favorita al morir dejó su casa a cargo de su única heredera, la madre de Miyako, siendo esa la razón por la que se tuvieron que mudar a Hokkaido. Por suerte les iba de maravilla, pero ahora Miyako trabajaba con su madre, así que es de entenderse el por qué no había venido antes. No pude evitar enternecerme al saber que había buscado tiempo para estar conmigo.

Entramos a mi habitación, y de una me metí de cabeza a mi closet para conseguirle a mi amiga algo más apropiado para la salida. Vi de reojo como entraba y se tiraba en mi cama, relajándose.

—Ay, había olvidado lo deliciosa que es tu cama —entonces me miró curiosa—, ¿A dónde vamos?

—Quedé con los chicos para ir a un club a bailar, ¡Hasta Kou se animó a ir! ¿Puedes creerlo?

—Ah, vaya.

Algo en su tono me resultó desconcertante. Me detuve en la búsqueda y volteé a verla.

—¿Qué ocurre?

—Yo…Bueno, pensé que querrías charlar un rato, ya sabes, para ponernos al día.

—Miya, hablamos todos los días por teléfono —dije riendo, siguiendo con la búsqueda. Al final di con unos tacones que iban perfectos con los shorts que llevaba mi amiga.

Solo necesito una blusa que haga juego, a ver…

—Sí, pero…Es que hay algo que no te he dicho por teléfono.

Me di la vuelta con la blusa y los tacones, tendiéndoselos.

—¿Estás embarazada?

—¿Qué? ¿Estás loca? —haciendo una mueca—, ¿Cómo puedo estar embarazada si Ken vive aquí?

—No lo sé, capaz conociste a alguien en Hokkaido —Miyako me lanzó una almohada, haciéndome reír—. Vale, vale, ¿Qué me tienes que decir?

—Es sobre…Yamato.

Aquello me tomó por sorpresa.

¿Sobre Matt?

—¿Qué pasa con Matt?

Nunca había visto a Miyako Inoue tan cortada para hablar.

—¿De verdad no recuerdas nada de nada?

Fruncí el ceño.

—No, Miya. Ya te lo he dicho, ¿Por qué me preguntas eso de nuevo?

—Es que…No sé, no entiendo sus intenciones.

—¿Intenciones? —enarqué una ceja.

—Sí —suspiré, pero en lugar de prestarle toda mi atención regresé al espejo, asegurándome de que el vestido blanco ajustado que había elegido no se subiera—. Antes lo odiabas, Mimi.

—Pero ya no, ¿Vale? —respondí tajante.

Vi la expresión consternada de mi amiga a través del espejo, y me sentí mal.

—Sí, ciertamente ya no lo odias —continuó ella, mirándome con preocupación—. Pero había una razón por la que lo odiabas. Lo que pasa es que no sé si yo sea la mejor persona para decírtelo.

¿Qué?

Entonces mi mamá volvió a interrumpirnos, llamándonos desde abajo.

—¡Mimi, ya tu chico está aquí!

Miré hacia la puerta, sintiéndome de pronto ansiosa. Las palabras de Miyako habían hecho mella en mí y no sabía cómo reaccionar con tanto misterio, ¿Y cómo es eso de que ella no podía decírmelo? ¿Sino ella, quién?

Volví a mirarla, queriendo decir algo, pero mi mamá no tardó en volver a llamarme, haciéndome salir de mi estupor.

—Sea lo que sea, tendrá que esperar —dije de forma cortante.

Estaba molesta con ella, ¿Cómo podía soltarme aquello justo ahora?

¿Por qué tanto misterio?

Al bajar las escaleras Yamato aguardaba por mí con una pinta que alborotó la colección de mariposas que tenía en el estómago. Su gusto por el color negro al principio me cansaba, pero hoy particularmente se veía increíble, pues había combinado una franela blanca con su chaqueta de cuero negra favorita.

Tan guapo, que no pude evitar sonrojarme.

Él me miró con sorpresa, y también pude denotar un ligero sonrojo en sus mejillas. Me mordí los labios y me acerqué a él, tomando su mano.

—Hola.

—Hola, hermosa.

Sonreí, avergonzada y complacida con aquel apodo.

Fue como si nadie más hubiera allí, solo él y yo, mirándonos el uno al otro con tantas palabras silenciadas por nuestras emociones. No obstante, unos segundos después se percató de la presencia de mi amiga, a quien miró con real sorpresa.

—¿Miyako?

—Hola, Yamato —saludó con renuencia.

Me cayó fatal que haya sido tan fría, pues sabía bien que Miyako no era así.

—¿Cuándo llegaste?

—No hace mucho.

Silencio.

Bien, era hora de intervenir.

—Y se quedará un par de días, ¿Verdad que sí? —Miyako puso los ojos en blanco y sonrió vencida—. Ya sabía yo que ella no podía vivir sin mí tanto tiempo.

—Que me regreso a Hokkaido, ¿Eh?

—No lo harás.

—Mimi, hija, ¿Puedes venir un momento?

Miré hacia la cocina, no muy segura si irme y dejar a estos dos solos.

—Voy —miré a Miyako con una advertencia muda, y corrí prácticamente hasta la cocina.

Mi mamá necesitaba que le alcanzara algo, con lo bajita que es, pequeño detalle que no heredé de ella, pues la altura que tengo venía de mi padre, que era un poco más alto. Me habrá tomado un minuto o dos, no lo sé, pero al despedirme de mi madre con un beso en la mejilla y regresar con los muchachos me encontré con un aire bastante tenso que podía cortarse con cuchillo.

¿Qué rayos les pasó?

—¿Listos?

La expresión de Yamato estaba diferente. Serio, muy serio, casi pálido y con una mirada intensa, fue el primero en salir, sin siquiera voltear a mirarme o tomar mi mano. Luego miré a Miyako sin entender lo que había ocurrido, pero mi amiga en lugar de darme explicaciones salió detrás de mi novio, y no me quedó de otra que seguirles.

Y luego, todo fue decayendo.


La música alta hacía que nuestras conversaciones fueran casi gritadas, y algún que otro trago encima nos hizo tan patosos que, a pesar de no escuchar lo que nos decíamos, seguíamos hablando, cambiando de tema como se cambia de ropa interior.

En este momento Sora estaba siendo abrazada por Tai, quien de pronto pareció recordar a su novia y la rodeó con un brazo fuerte y así enterrar un beso en sus cabellos. Me pareció tan encantadora la escena que sonreí gustosa, complacida del amor que se profesaban los dos. Sora siempre fue tan madura, tan mujer, y Taichi tan niño y divertido que se complementaban perfectamente.

Por otro lado, noté como Hikari se sentaba en las piernas de Tk para luego depositarle un beso en su mejilla, mientras conversaban animadamente con Koushirou, y al lado de este tanto Miyako como Ken también formaban parte de la conversación, aunque ya mi querida amiga estaba tan patosa por el alcohol que te hacía reír.

Y yo...

Miré hacia mi lado, más específicamente hacia Yamato, notando como seguía mirando su celular.

Desde que habíamos llegado era así. Mejor dicho, desde que salimos de mi casa se comportaba tan indiferente que era como si hubiese venido sola. Sabía que algo había pasado, más no terminaba de decirme o nos interrumpían. Estaba tan confundida, ¿Acaso he hecho algo que le molestara?

Ya iba a insistirle de nuevo, cuando en eso siento que alguien se me acerca y toma mi mano.

—¡Eh, Mimi, vamos a bailar!

Hikari parecía emocionada, y tanto Tk como Sora y Tai se unieron al plan. Automáticamente miré a Yamato para que nos acompañara, pero su cara de que alguien se murió fue toda respuesta.

—No me apetece en este momento, lo siento.

Decepcionada, al final me fui sola con los chicos a bailar en la pista. Al principio me sentí mal, sí, pero Tk fue el responsable de que volviera a sonreír, cuando con Hikari me agarraron entre los dos para bailar juntos los tres, mientras Sora y Tai bailaban más como pareja. Estuvimos bailando un par de canciones, y solo me separé de ellos unos segundos cuando el coro me inspiró, craso error, pues un chico se había aproximado por detrás y colocado su mano en mi cintura.

—¿Estás sola, preciosa?

Me mordí el labio, buscando con la mirada a mi novio, pero cuando lo vi estaba con el rostro enterrado en las manos. No me estaba viendo en lo absoluto, y haber adoptado aquella posición solo despertaba aún más la sospecha en mí de que algo malo ocurría.

—¡Está conmigo! —Tk salió a mi rescate rodeando mis hombros con un brazo, aproximándome a él. No me había dado cuenta antes, pero con ese gesto descubrí que mi pequeño y adorable cuñado era en realidad un hombre, y más alto que yo.

El chico iba a insistir, pero Tai entonces apareció en su campo visual, colocándose del otro lado. Anda, que dos semejantes hombres se te encaren así es motivo suficiente para salir huyendo. Por suerte, el idiota no tardó en darse la vuelta y desaparecer, y en ese instante me sentí super a gusto de tener a un amigo como Tai y a un cuñado como Takeru.

Tomamos aquel pequeño suceso como un break para descansar, regresando con los demás chicos. Al llegar con ellos no pude evitar enfadarme con Yamato, sintiendo que no me prestaba atención. Un idiota se me había insinuado y él ni se daba por enterado, si no fuera por los chicos seguro seguiría siendo acosada, ¿Cómo puede ser tan desconsiderado y olvidarse de mí?

—Hey, ahora que lo pienso, ¿Qué no fue aquí el mismo lugar donde Mimi le lanzó su trago a Yamato?

Sora le dio un golpe en el brazo a Taichi, regañándolo.

—Y ahora mírense, ¿Quién hubiese dicho que terminarían juntos? —intentó arreglarlo.

Volteé a ver a Matt, buscando algún tipo de reacción de su parte al comentario de Tai, pero al ver que seguía sumido en su miseria supe que esto no podía seguir así, y que ya no quería seguir haciéndome la tonta.

—Matt, ¿Qué ocurre contigo?

Él finalmente correspondió mi mirada, acercándose luego a mi oído para susurrarme con voz ronca.

—Mimi, necesitamos hablar.

Uff.

Aquella frase solo podía significar una cosa.

Me alejé de él para mirar su rostro y así descifrar qué demonios podría querer hablar conmigo, ¿Piensa terminarme? ¿De la nada? Empecé a maquinar velozmente en mi cabeza los últimos días, recordando cada suceso a su lado mientras buscaba algún tipo de evidencia para justificar que quiera romper conmigo, ¿Acaso fue por la tonta discusión que tuvimos hace una semana sobre qué película ver? Estaba a punto de venirme el período, estaba irritada. Eso no puede ser un motivo para terminar, ¿No?

No obstante, antes de que pudiera hacer o decir algo el chillido de Hikari hizo que ambos volteáramos a verla, y encontrar a la hermanita de mi amigo cargando de un brazo a Miyako, y el otro brazo era sostenido por Ken, su novio.

Inmediatamente salté hacia ellos.

—Tiene ganas de vomitar —me dijo Ken, un poco preocupado.

Vaya, aquello me agarró fuera de base, ¿Tan mal estaba mi amiga?

—Vale —dije mirando ahora a Sora. Si vamos al baño de chicas Ken no podrá entrar con nosotras, así que necesitaremos ayuda.

Mi amiga entendió rápidamente el mensaje y saltó a nuestro rescate, adelantándose. Yo sustituí a Hikari por tener más fuerza que ella, cargando a Miyako con ayuda de Ken. La pequeña Yagami nos hizo camino hasta el baño, donde una fila de dos chicas aguardaba afuera además de Sora, por fortuna al ver el estado deplorable de Miyako nos permitieron entrar primero sin problema, y menos mal, porque mi amiga no paraba de decir que iba a vomitar. Fue cuando Ken se separó de nosotras y Sora sustituyó su lugar, entrando las cuatro al baño para luego seguir a Hikari hasta un cubículo disponible.

Tomé el largo cabello de Miyako, sosteniéndola junto con Sora mientras veíamos como vomitaba todo en el inodoro.

Había olvidado lo mala que era ella con el alcohol.

—Shh, ya pasará —le decía Hikari mientras le acariciaba la espalda con cariño.

—¿Será mejor irnos? —preguntó Sora mirándola con preocupación.

—N-No hace…falta —dijo Miyako para luego hacer otra arcada. El olor a vomito me hizo elevar la cabeza. Por más que quiera a mi amiga no podía tolerar ese olor.

Pobre.

—Eso es —animó Hikari apenas Miyako dejó de vomitar y se sentara en el piso. Tuve que chillarle para que volviera a pararse, con lo asqueroso que estaba el suelo—. Ven, vamos a lavarnos la cara.

—Mimi.

—Dime, cariño.

No la miré. Estaba más concentrada en llegar hasta el lavamanos sin caernos. Sora ya había abierto el grifo y preparado el área para nuestra llegada.

—No puedo seguir así —dijo entonces de forma graciosa, y las tres nos miramos divertidas.

—Ya, es que siempre se te ha dado muy mal el beber, Miya.

—No —negando torpemente con la cabeza—. No puedo seguir ocultándote la verdad.

Hikari me miró confundida, y apenas habíamos alcanzado los lavamanos me coloqué en frente de mi amiga.

—¿De qué hablas? —sin que la sonrisa abandonara mi rostro.

—En aquel momento te prometí que no le diría nadie, pero no es justo…para ti… —tomando mi hombro para sostenerse—. Yamato es un patán.

Ahí vamos de nuevo.

—Miyako, estás borracha.

Sora se rio mientras Hikari le tendía papel para limpiarse la cara.

—Podrías decir que es un antipático.

—No —continuó, ignorando el comentario de Sora y empujando el papel de su cara— ¡Es un patán! Está haciendo como si nada hubiese pasado.

—A ver, Miyako, ¿Qué te ha hecho Matt? Por Kami —Sora se exasperó, tomando el papel de las manos de Hikari y limpiándole ella misma el rostro.

—¡Que se aprovechó de Mimi cuando estaba ebria y se acostó con ella!

Me quedé fría.

No dijimos nada por unos segundos, e incluso Hikari y Sora me miraron estupefactas.

¿Qué?

—Miyako —dije con voz cortada, mirándola con seriedad—, ¿De dónde sacaste semejante cosa?

—Tú me lo contaste —abatida—. Fue en el cumpleaños número 18 de Tai.

Entonces abrí los ojos de par en par. Eso fue hace añales, ¿De qué rayos estaba hablando? Además, era imposible que Matt y yo nos hayamos acostado en aquel entonces. Tengo 21 años, y hace un año terminé con Kouji, quien fue mi novio por dos años y quien…fue mi primera vez, ¿No? Es imposible lo que dice Miyako.

Al menos que…no lo recuerde, como todo lo que incluye a Matt, y que él tenga miedo de decirme la verdad.

Agarré a Miyako por el brazo, sintiendo desesperación. En ese instante recordé una conversación telefónica que tuve con ella apenas Yamato y yo nos hicimos novios. No había entendido por qué me preguntó si recordaba el cumpleaños número 18 de Taichi, y simplemente no me explicó nada.

Supongo que aguardaba por este momento para decírmelo en persona.

—Miya, explícate —sintiendo como la voz se me cortaba de los nervios—, ¿De qué rayos estás hablando?

—Yamato estaba enamorado de Sora —mi amiga de cabellos rojizos se llevó la mano al pecho, dando un paso atrás y mirando atónita a Miyako—. Pero ella y Tai se hicieron novios y…Pues, Matt se aprovechó de que estabas borracha…Y se acostó contigo por despecho.

—¡Miyako! —Hikari se colocó a mi lado, encarando también a mi amiga—, ¿Cómo puedes decir eso?

—¡Mimi me lo confesó!

—Por Kami —se espantó Sora, incrédula—. ¡Yamato jamás haría algo así!

—¡Pregúntenle a él, entonces!

—¡Basta!

Hikari y Sora me miraban consternadas, a la espera, pero yo había dado dos pasos hacia atrás apenas les grité, intentando entender lo que decía Miyako. Empecé a navegar en las profundidades de mi mente, buscando, escarbando, pero solo me venían destellos que terminaban por darme pinchazos en la sien.

No podía recordar, ¡No podía recordar!

Pero había algo que recordar…

—Lo siento —dijo Miyako, mirándome con dolor—. No querías crear drama, por eso te callaste, pero yo no puedo seguir callada mientras él se aprovecha de nuevo de ti. Todos sabemos que sigue enamorado de Sora y que te está usando para olvidarla.

No.

—Mientes.

—No estoy mintiendo, ¡Jamás te mentiría con algo así!

—¡Mientes! —le chillé sintiendo como las lágrimas empezaban a recorrer mi rostro, tal como ella en ese instante.

—Mimi, cálmate. Seguro hay una explicación.

Miré a Sora, y entonces entendí qué debía hacer.

Salí del baño como si el diablo me persiguiera, y atravesé la pista tan bruscamente que a más de uno tuve que empujar. Estaba tan enfocada en llegar hasta él que no me importaba tumbarle el trago a algún que otro imbécil.

Tan pronto llegué hasta los muchachos lo primero que hice fue buscarlo.

Pero no estaba.

—¡Mimi!

Tai se había levantado para acercarse a mí. Al ver mi expresión fue inmediata su preocupación.

—¿Qué ocurre?

—¿Dónde está Matt?

—Afuera, fumando.

No le dije nada más y me alejé de allí, escuchándolo llamarme entre gritos. Corrí histérica hasta las afueras del club, sintiendo como el corazón me latía a mil por hora, llenándome de ansiedad en cada rincón de mi cuerpo.

Afuera, a varios metros de la entrada y bajo un farol, estaba él. Miraba el suelo distraído mientras le daba unos toques a su cigarrillo para botar las cenizas. Me quedé un instante congelada en donde estaba, contemplándolo. Estaba tan perdidamente enamorada de él que por un momento quise seguir como si nada, y fingir que lo que me había dicho Miyako había sido mi imaginación.

Pero los destellos volvieron, junto con los pinchazos. Un quejido salió de mí por el dolor, y eso fue lo que hizo que Yamato Ishida finalmente notara mi presencia, alarmándolo.

Unos segundos después ya estaba a mi lado.

—Mimi, ¿Estás bien?

Me apreté la frente, intentando calmar el dolor.

—Hey, ¿Qué ocurre?

—Miyako te dijo que me dijeras la verdad antes de venir al club, ¿Cierto? —él no respondió, y sentí como su cuerpo se tensó de inmediato. Subí mi mirada y alejé mis manos de mi cabeza, descubriendo su pálida expresión—. Por eso estabas tan distante conmigo, porque no sabías cómo hacerlo.

—Mimi…

—Miyako dijo que te aprovechaste de mí en el cumpleaños de Tai.

—Puedo explicarlo.

—Estaba ebria…y aún así te acostaste conmigo.

Los destellos volvieron, y me tambaleé por un repentino mareo.

—Mimi —me sostuvo del brazo —, ¿Estás bien?

Lo empujé.

—¿Cómo pudiste?

—Escucha —parecía desesperado—. Yo…también estaba ebrio, y era un adolescente, Mimi. No sabía lo que hacía.

—Fue mi primera vez, ¡Te llevaste mi primera vez de la forma más cruel posible!

—Mimi, espera…De verdad no quise…—Yamato desvió la mirada, dolido. Al no terminar aquella frase supe que de verdad me había hecho daño.

—Por eso te odiaba —dije en un hilo de voz, entendiendo todo—. Recuerdo que ese día Sora y Tai nos dijeron que eran novios, ¿Estabas tan dolido que te desquitaste conmigo?

—Por favor, Mimi…

—Y todo este tiempo…haciéndome creer que había sido una bruja contigo, cuando fuiste tú quien me hizo daño —me mordí los labios, conteniendo otro llanto—. Me usaste, Matt, y me engañaste, ¿Cómo pudiste ocultarme algo así? Y, ¿Para qué? —lo miré con profundo dolor—, ¿Acaso me estás utilizando para olvidar a Sora?

Yamato intentó acercarse a mí otra vez, pero volví a empujarlo, sintiéndome completamente vacía por dentro. Ya para ese instante los chicos aparecieron uno detrás del otro, pero estaba tan absorta en mi dolor que no me percaté cuando Hikari se abalanzó hacia mí, sosteniéndome como si me fuera a caer. Escuché gritos. Ken cargaba a Miyako, y Taichi había tomado por la chaqueta a Yamato de forma amenazante, mientras Sora y TK intentaban tranquilizarlos.

Sus voces hacían eco en mi cabeza, entrelazándose con la música del club y los recuerdos que intentaban resurgir.

Recuerdos encriptados que no quería que volvieran.

Lo último que vi antes de montarme en el taxi fue a Yamato en suelo agarrándose la barbilla, y Sora jalando a Taichi. Para el momento en que estaba sentada en el taxi con Miyako a mi lado y Hikari al otro me di cuenta de que las lágrimas seguían recorriendo mis mejillas, bañando mi rostro de un sabor salado que solo evidenciaba lo humillada que me sentía.


Notas de la Autora:

Hello, hello!

Vale, empezó el drama, ¿Qué coño serían mis Long Fics sin drama?

Ahora bien, seguro deben tener un montón de dudas, pero no se preocupen, en los siguientes dos capítulos todo se aclarará. Solo que, bueno, nuestros protagonistas sufrirán un poco.

Lo que sí aviso es que el siguiente capítulo tendrá material que puede ser ofensivo para algunos lectores. No puedo dar mucho detalle ahora, pero el día que actualice dejaré una advertencia más detallada para prevenirlos.

Solo me resta decir que muchísimas gracias por leer y por tomarse el tiempo de dejar un review. Espero que el curso que esté tomando esta historia no sea motivo suficiente para alejarlos de su lectura.

Un muackata y espero que todos estén bien.

Atte.

Vai.