Encrypted
By Vainiella
ADVERTENCIA:
El siguiente capítulo contiene material que puede ser ofensivo para algunos lectores.
Se recomienda discreción.
Capítulo 12: "Manos sucias"
The Amazons - Mother
Yamato
Le di otra calada a mi cigarrillo consciente del aire taciturno que debe rodearme en ese momento. Podía escuchar las voces de mis amigos dentro del departamento, completamente ignorantes de mi nuevo vicio, insensato y al mismo tiempo necesario, y el cual he mantenido en secreto desde hace tres semanas para evitar sus prejuicios. Por supuesto, sabía que fumar era malo. Da cáncer en los pulmones y te pone los dientes feos, por no decir el aliento a alquitrán que me transporta a mi niñez, cuando mi papá se la pasaba con un cigarrillo en la boca, no obstante, no es como si vaya a fumar toda la vida, pues solo lo hago cuando estoy muy ansioso o estresado…
…Como ahora.
Mi mente no paraba de analizar lo que sentía. Desde hace un buen me gustaba Sora, desde niño, pero ahora mis sentimientos son mucho más fuertes que un simple encaprichamiento infantil. Ya no podía seguir escondiéndolo. Y no estaba seguro de si ella podría sentir lo mismo por mí, pues me trataba exactamente igual que como trata a Taichi, y sabía que él también tenía sentimientos por ella. Pero de lo que sí estaba seguro es que no podía seguir de brazos cruzados mientras existía la posibilidad de que Tai se me adelante.
Hoy era el cumpleaños de mi mejor amigo, pero mañana no, y mañana puede ser un buen día para acabar con esta angustia y dar el primer paso de una vez por todas.
Iba a darle otra calada a mi cigarrillo cuando en eso escuché unos pasos aproximarse por el pasillo. Ahí recostado contra el muro que me separaba de una caída peligrosa de seis metros, volteé a mi derecha esperando encontrar algún vecino, después de todo estaba fuera del departamento comiendo moscas, no obstante, tal fue mi sorpresa al notar a Mimi Tachikawa a unos metros, mirándome con la misma sorpresa que la mía y con un gran regalo en sus brazos, probablemente para Tai.
—H—Hola.
—Hey —dije distraído, pero entonces me percaté de que aún tenía el cigarrillo en mi mano. Maldición, se supone que nadie debe saberlo o si no me caerá la bronca. Traté de fingir, pero al tirarlo a la calle sin siquiera apagarlo no solo me dejó en evidencia, sino también quedé como un imbécil—. Ahm…Por favor, no le digas a los muchachos que…
—¿Desde cuándo fumas?
Parpadeé un par de veces.
—Desde ayer —mentí.
Vi como Mimi miró el suelo, y no sé, me pareció ver una expresión en ella que despertó mi curiosidad, ¿Acaso parecía decepcionada?
Seguramente les dirá a los chicos, y debo de convencerla de que no lo haga. Si Sora se entera seguro se acabarían todas mis posibilidades.
Vamos, vamos, algún tema de conversación debe haber, ¿Hablo sobre el clima?
Tragué en seco, apoyándome con un brazo en el muro para luego encarar a Mimi. Sus cabellos castaños tienen el mismo peinado de cuando tenía 14 años, cuando vivía en USA, solo que esta vez no era de un inquietante color rosado sino de su castaño natural. Eso sí, algunos mechones rosas resaltaban en él. Por suerte ya no tenía esas estrellitas en el cabello. Nunca se lo dije, pero siempre me pareció infantil.
Vale, si quería un poco de empatía por su parte no podía criticarle el cabello, así que pensemos en otro tópico.
Miré el regalo.
—Es enorme, ¿Qué le compraste?
Ella miró la caja que tenía en manos. El enorme laso tapaba parcialmente su rostro.
—Es una tarta —enarqué una ceja—. Tiene forma de pelota de football.
Cierto que Mimi ahora le dio por hacer postres.
No estaba seguro de si a mi mejor amigo podría gustarle, considerando que ya no tenía 10 años, pero preferí guardarme mi opinión y así no arruinar mi intento por empatizar con Tachikawa.
Lo que me pareció extraño es que Mimi no se movió de su lugar. A ver, normalmente nos saludamos y cada quién por su lado, por eso me sorprendía que siguiera allí, a un par de metros de mí. Me sentí incómodo por tener que pensar en otro tema de conversación, hasta un poco frustrado, pues no teníamos una estrecha relación como para conversar fluidamente. Además de que, bueno, Mimi siempre me ha parecido una chica superficial y odiosa.
No obstante, está claro que los chicos la adoran, tanto que no podía evitar preguntarme, ¿Qué es exactamente lo que adoran de ella?
—Matt.
Tuve que salir de mi cabeza para volver a la realidad cuando escuché su voz. Mimi seguía en el mismo lugar, solo que esta vez me observaba de una forma que no había visto nunca antes. Un suspiro salió de sus labios y dio un par de pasos hasta mí, decidida.
—Necesito…Hay algo que tengo que decirte.
—Claro —miré por un instante la puerta del departamento, escuchando la voz de Taichi recriminarle algo a Koushirou—. Dime.
—Yo…
Me quedé a la espera de que continuara, pero pronto la descubrí batallar consigo misma para seguir hablando, cosa que me desconcertó realmente. A decir verdad, hace unos días Tachikawa me había dicho que quería hablar conmigo, pero fuimos interrumpidos por Miyako.
—Tú me…
—¡Hey!
La puerta siendo abierta interrumpió de una forma tan brusca las palabras de Mimi que la hizo saltar del puro susto. Taichi sonreía de oreja a oreja, y luego detrás de él apareció Sora. Ambos al ver a Mimi se emocionaron al instante.
Por un momento creí que ella se me iba a declarar, o al menos es lo que puede concluirse a juzgar el gran sonrojo en sus mejillas y su expresión abatida. Pero no lo creí imposible, pues Mimi y yo nunca hablamos, ¿Cómo podría gustarle? Y de igual forma no era una situación agradable, pues me gustaba Sora, y no podría corresponder los sentimientos de Tachikawa por eso.
Tai entonces se abalanzó hacia Mimi, abrazándola por encima de la caja con la tarta. Cada vez que estos dos se veían era lo mismo de siempre.
—¡Viniste!
—¡Feliz cumpleaños, Tai! —Mimi le tendió el regalo con una enorme sonrisa. Pude percatarme de que no estaba siendo del todo genuina, evitando a toda costa mirarme.
—¡Wow, es enorme! —dijo el Yagami tomando el regalo de sus manos—, No me digas que es una tarta en forma de pelota de Football.
—De chocolate.
—¡Mimi, eres lo máximo! ¡Gracias!
Enarqué una ceja.
Vale, mi amigo seguía siendo un crío.
—Vengan, vamos a jugar un partido de cartas —Tai tomó la mano de Mimi sin dudarlo y la jaló hacia el departamento, dejándome afuera como si de repente no existiera—, ¡Eh, chicos, adivinen quién llegó!
—¡Holaaaa!
—¡Hola, Mimi!
Observé aquel intercambio breve de saludos hasta que desaparecieron de mi campo visual, pues alguien más había atraído mi atención. La puerta seguía abierta y Sora estaba recostada contra esta con expresión divertida, viendo lo mismo que yo hace unos instantes. Tan pronto como Mimi y Tai se integraron al grupo contemplé como Sora volteó a verme con una sonrisa, con sus cabellos rojizos encuadrando su rostro como una pintura renacentista.
—¿Entras?
Salí de mi estupor, para luego asentir y acercarme a ella.
—Claro.
—¡Estás haciendo trampa!
—Claro que no.
Nuestras voces patosas resonaron en la estancia junto con las risas de los demás. Yo no estaba haciendo trampa, pero Tai estaba tan convencido de lo contrario que con cada victoria mía nos enfrascábamos en la misma discusión.
Sin embargo, era Sora quien ocupaba la mayor parte de mi atención. Y más cuando estaba más callada de lo normal. Se reía y bebía como todos, pero no ha regañado a Tai en toda la noche, lo cual me parece extraño, y por alguna razón evadía mi mirada.
Un ronquido de Jou hizo que nos partiéramos de la risa. Estaba con la boca abierta y la cabeza completamente sobre el respaldar. Koushirou y yo nos miramos y mi pelirrojo amigo no tardó en darle un pequeño empujón, a ver si reaccionaba, sin éxito.
—Está en el quinto sueño.
—Pobrecito. Se trasnochó por un examen.
—Déjenlo dormir, si se despierta seguro esconderá la botella de ron.
Tk entonces iba a agarrar mi trago, y antes de que pudiera hacerlo lo alcancé yo primero, alejándolo de sus manos.
—Oye…
—Olvídalo.
Hikari le ofreció un pedazo de tarta con el tenedor que mi hermano no pudo rechazar, abriendo la boca como el niño que es y aceptando el bocado. Los vi de forma divertida mientras me preguntaba cuando carrizos se animarán a estar juntos, sabiendo que se han gustado desde que son niños.
—Tai, por ahí dicen que quien anda mal en el juego anda bien en el amor —dijo entonces Mimi risueña—, ¿Es posible que tengas novia y no lo sepamos?
—Vaya, vaya —continuó la pequeña Yagami la broma—, ¿Quién podría ser?
—¿De qué hablan? —Taichi agarró su trago y señaló a las chicas con él—. No ando mal en el juego.
—Oh, no ha negado que anda bien en el amor —Hikari empezó a reírse, dándole otro bocado al pedazo de tarta junto con Takeru.
—Yo creo que anda mal en el juego y mal en el amor —solté yo con una sonrisa socarrona. Las victorias continuas han sido un incentivo para que mi ego se sienta bastante bien, por lo que aproveché la oportunidad para divertirme a costa de mi mejor amigo—. Tranquilo, Tai, de regalo de cumpleaños te dejaré ganar a la próxima.
—Serás…
—Tai, ¿Es muy bonita tu novia? —Mimi se mordió los labios cuando Sora le dio un leve empujón. Era evidente la influencia de alcohol en su voz, más patosa que la nuestra. A decir verdad, era la primera vez que veía a Mimi Tachikawa beber—. Vamos, ¡Que queremos saber!
—¡Tai tiene novia, Tai tiene novia!
—Kari, ¿Acaso tienes ocho años? —Taichi volvió a tomar las cartas para mezclarlas. Estaba cabreado—. Déjense de tonterías.
Vaya, ¿Por qué se habrá puesto así tan de repente?
Al menos que…
—Taichi Yagami, ¿Tienes novia? —pregunté incrédulo.
—¡Anda! ¿Tú también?
No pude evitar mirarlo con sorpresa. Se había puesto realmente rojo, poniéndose en evidencia. Dicho descubrimiento hizo que empezara a sacar conjeturas, una detrás de otra, ya que sabía bien sobre los sentimientos de mi mejor amigo sobre Sora, además de que jamás había oído hablar de otra chica de su boca. Entonces dejé de mirarlo a él para luego mirarla a ella, y fue cuando todo tuvo sentido. Sora estaba igual de sonrojada y tan incómoda como Taichi por las bromas de nuestros amigos.
El sonrojo de ambos que ha pasado desapercibido para el resto de los chicos, su clara incomodidad por la infantil broma, e incluso su renuencia a continuarla…Todo encajó como las piezas de un rompecabezas cuando recordé que, antes de venir a la reunión, le había dicho a Sora para ir a buscarla y así llegar juntos a la casa de los Yagami. Ella se negó alegando que debía hacer algo. Me pareció un poco extraño, sí, pero no le di importancia.
Jamás imaginé que finalmente Taichi Yagami daría el primer paso
¿Es posible que Sora…?
—¡Vale, vale! —bufó Tai, cansado con las burlas—. Ustedes ganan. Sí, tengo novia, pero no les diré quién es porque me tienen hasta los huevos y…
—Soy yo.
Sora dijo aquello con un hilo de voz que me atravesó sin piedad.
Maldición.
Entonces todos guardamos silencio y miramos a Sora con real asombro. Tuvieron que pasar varios segundos para que todos finalmente reaccionaran a la noticia. Escuché sus réplicas y felicitaciones como voces de fondo, como si poco a poco estuviera metiéndome en un pozo de agua. Sentí como mi cuerpo era pegado con cemento a la silla, vulnerable, y con un vacío y unas nauseas repentinas que removieron todo el licor y la tarta en mi estómago.
A diferencia de los chicos, no dije nada. Solo pude mirar a Sora con dolor, encontrando entonces aquellos avellanados ojos color caoba sobre mí, con una mirada llena de significado que solo yo, Yamato Ishida, pude leer.
Tai dio el primer paso, pero ella había esperado que yo lo diera primero.
—Esto merece un brindis —alegó Hikari.
—Eh, Kari, nada de brindis para ti. Tú no puedes beber.
—Ay, hermano. Papá y mamá no están, no se van a enterar.
—Y como lleguen mañana del viaje y te huelan la boca me van a caer a patadas. Olvídalo.
—¡Salud! —brindó Mimi. Vi como cayó un poco de su trago sobre Sora, que gracias a ello fue que pude despegar mis ojos sobre ella y volver a la realidad. Debía disimular mi incomodidad. Hoy era el cumpleaños de Tai, no podía ser yo quien arruinara la noche—, ¡Feliz cumpleaños a Taichi y felicidades por la próxima boda!
—¿Boda? ¿Qué boda?
Me están jodiendo.
—Mimi, por Kami —Sora se dio una palmada en la frente—. Déjate de tonterías.
—Eh, hermano, ¿Dónde estás? —Takeru pasó una mano en frente de mi cara, buscando mi atención.
Lo miré, y como si fuéramos hermanos siameses hubo una muda comunicación entre nosotros. Entonces su expresión cambió con una capa de entendimiento que hizo que me sintiera aún peor.
—Oh…
—¡Feliz cumpleaños, Tai!
Todos alzaron sus tragos y brindaron, incluyéndome, un poco abstraído, pero al menos presente. Fue gracias a Tk que no dejé en evidencia ante los demás sobre mi desgracia mental. Sí, ciertamente había perdido mi oportunidad con Sora, pero al ver el trago que tenía en mis manos descubrí algo.
Al menos tenía como ahogar mis penas por esta noche.
Todo me daba vueltas.
Y no era nada más yo, también Taichi estaba en un estado tan lamentable que apenas se podía poner en pie. Era la primera vez que bebíamos como si no hubiera un mañana, y al no tener supervisión adulta ya se podrán imaginar. Koushirou era otro ebrio más, pero no porque haya bebido mucho, sino porque se le da mal el beber. Ahora estaba casi igual que Jou, a punto de dormirse.
El alcohol hizo que me olvidara de todas las mierdas, de Sora y Tai. Finalmente la estaba pasando bien y todo porque estaba anestesiado por el ron. No obstante, Tai tomó la mano de Sora justo cuando ella se había levantado y la jaló hacia él, haciéndola caer en sus brazos. Era la primera demostración de afecto que hacían en público, y fue una bala en el pecho.
Necesitaba más ron.
Me levanté con intenciones de servirme otro trago. La botella estaba cerca de Jou, quien seguía noqueado. Cuando intenté alcanzarla no pude evitar tropezarme con el pie de Koushirou e irme de boca al suelo. Justamente TK me atajó en el aire y detuvo el bochorno.
—Hermano, ¿Estás bien?
—Perdón, quería servirme otro…Joder, se me botó el trago.
Tk negó con la cabeza, ayudándome a levantarme para luego colocar mi brazo sobre sus hombros.
—Creo que es hora de que te acuestes.
—¡Eh, no te lo lleves!
La voz de Tai sonó más patosa que nunca.
—Pero quiero otro trago.
—Vale, vale, yo te lo llevo —dijo mi hermano guiándome por el pasillo hasta la habitación de Tai—. Primera vez que te veo así.
—Oye, TK, ¿Estás haciendo ejercicio? —bromeé al ver cómo me sostenía sin problema. Le intenté agarrar el brazo para probar su musculatura. Él se sacudió antes de que lo hiciera.
—Por Kami, Matt.
Una vez dentro de la recámara, Takeru no tardó en acostarme en la cama de Taichi.
—Son las tres de la mañana. Vas a tener que quedarte a dormir aquí —alegó mientras me quitaba los zapatos—. Si papá te ve llegar así a casa te mata.
—Tengo 18 años. Que se vaya a cagar.
Tk puso los ojos en blanco.
—Oye —le llamé, acomodándome para verlo—, ¿Cuándo le dirás a Hikari que te gusta?
La lengua se me enredó mientras formulaba aquello, y ahora acostado sentía que todo me daba más y más vueltas. Sin embargo, vi como mi hermano se puso rojo como un tomate y miró hacia atrás temiendo que alguien más haya escuchado.
—Calla, ¡Puede escucharte! —imposible, pues la música del salón ya era una muralla sónica entre nosotros y ellos— Estás borracho. Duérmete.
—Hermano —reí—. Si no haces algo pronto probablemente perderás tu oportunidad, como yo.
Él ladeó la cabeza, y entendió que mi estado de mierda se debía a un rotundo e inesperado despecho. Me miró con lástima, tendiendo su mano hasta mi tobillo mientras se sentaba.
—Lo lamento, hermano.
No dijo nada más. Escuchamos como Kari lo llamaba desde el salón, haciendo que lo mire de reojo. Tk no se movió ni un centímetro.
—Kari te llamó.
—Lo sé, pero no te voy a dejar solo.
Aquello hizo que me conmoviera. No estoy acostumbrado a que Takeru cuide de mí, soy yo quien normalmente cuida de él, lo cual me hizo entender que estaba creciendo más y más.
—Tranquilo, no me ahogaré con mi propio vómito.
Él puso los ojos en blanco, mirando luego la puerta con duda.
—Anda, no seas terco —le empujé con el pie, sacándolo de la cama—. Estaré bien. Ve con ella.
Aún no estaba convencido, pero terminó por asentir y salir de la habitación. Luego, sin saber cuánto tiempo habría pasado, intenté dormir, sin éxito, pues las náuseas persistieron y la cabeza me daba cada vez más vueltas. El estar acostado era peor, así que me incorporé un poco, meditando si salía a vomitar o no.
A pesar de que lo había dicho en son de broma, había visto una noticia donde una chica se ahogó con su propio vómito y temí que me ocurriera lo mismo.
Y…Lo de ahogar las penas es una mentira. Las muy malditas habían aprendido a nadar y ahora no solo estaba borracho, sino también deprimido. De nada me sirvió tomarme casi una botella completa de ron. Y lo peor de todo es que dejé en evidencia mi estado ante Sora, ¿Qué podría estar pensando de mí ahora?
¿Y qué podría importarme eso en este momento, cuando es novia de Tai?
¡Maldición!
Las ganas de vomitar crecieron, y si no hubiese sido por el ruido de la puerta abriéndose y dejando entrar el alto volumen de la música del salón probablemente hubiese terminado vomitando todo en el suelo.
Me contuve, pero no miré hacia el umbral creyendo que podría ser mi hermano.
—Eres terco como papá —le dije con fastidio.
Sin embargo, abrí los ojos de golpe al ver una figura femenina en la puerta, ya cerrada. Intenté enfocar bien con la mirada, pero la recámara estaba a oscuras y, para mi desgracia, era como estar dentro de una lavadora, dando vueltas y vueltas, por lo que no podía concentrarme.
—¿Sora?
Sentí como se me aceleraba el corazón.
—No.
No, definitivamente no lo era.
No pude evitar decepcionarme cuando noté unos cabellos castaños y una vestimenta un tanto excéntrica una vez que pude enfocar la vista. Sí, cuando reconocí a Mimi Tachikawa la decepción me golpeó con fuerza, pero acompañado de una palmadita llena de sorpresa, pues no entendía qué demonios podría estar haciendo Mimi aquí. Pasaron algunos segundos hasta que Tachikawa empezó a caminar hasta donde yo estaba, pero temí por ella, viendo como caminaba con torpeza y con los brazos hacia delante buscando a qué aferrarse.
Se rio como una tonta cuando terminó por caer al suelo justo a los pies de la cama, dejando en evidencia su estado de ebriedad.
—Eh, Mimi —me estiré un poco hacia ella. La idea era haberlo hecho antes para atajarla, tal y como hizo Tk conmigo, pero estaba tan lento que tomé su brazo justo cuando ya había terminado de rodillas en el suelo—, ¿Estás bien?
—Lo siento. Estoy muy ebria.
Y entonces se empezó a reír de nuevo. Durante ello se le salió un sonido de cerdo que terminó por hacerme reír a mí también, y luego ella rio más fuerte.
—¿Qué haces aquí? —pregunté finalmente, intentando disimular mi voz patosa. Misión fallida.
—Jou sigue dormido, y Koushirou ahora se durmió en el piso —dijo mientras contaba con los dedos, como si hiciera una lista mental de nuestros amigos —Tk y Hikari están hablando muy acaramelados en el salón.
Sonreí.
Bien, hermano. Bien.
—…Y Sora y Tai están algo…ocupados.
La miré, pero antes de poder preguntarle a qué se refería, me interrumpió.
—¿Y tú? ¿Qué haces aquí? —contraatacó ella, divertida—. La fiesta es afuera.
—Aquí se está más cómodo.
—Ya lo veo —sonriendo—, ¿Me das un ladito?
Entonces la miré escéptico.
Vale, que una chica pida meterse a la cama conmigo solo puede significar una cosa, pero luego recordé que era Mimi, y que esa cosa jamás podría ocurrir con ella. Vamos, que casi ni hablamos. Pero en lugar de negarme dejé que el alcohol respondiera por mí y me arrimé más hacia la pared, de pronto muy cómodo con su presencia, lo cual era extraño.
La cama individual se quedó pequeña cuando se acostó a mi lado, pero no le dimos importancia. Ahí acostados y completamente solos, de pronto lo sentí lo más normal del mundo. Miramos el techo en silencio mientras Soldi de Mahmood sonaba a todo dar desde el salón. Lo había escuchado un par de veces antes, y me aprendí el nombre porque sé que a Sora le gusta escucharla.
—No tengo la menor idea de lo que dice —solté entonces, dejándome llevar por el sueño y el alcohol.
—Lo que tienes que decir no lo has dicho… —dijo Mimi al momento en que la voz aguda del hombre resonaba, creándome confusión—. Traicionar es una bala en el pecho.
—¿Qué?
—Es lo que decía en esa parte.
—Espera, ¿Entiendes italiano?
Mimi se encogió de hombros.
—En USA tomé clases.
—Genial.
Pasaron unos segundos más hasta que volvimos a hablar.
—La cabeza me está dando vueltas.
—Es porque estás acostada —le dije ya familiar con esa sensación. Elevé mi brazo lo suficiente como para no rozarla, luego tapándome parcialmente la cara. El brazo sobre mis ojos por alguna razón me aliviaba, y me hacía entrar en alguna especie de aislamiento—. Incorpórate un poco. Te sentirás mejor.
Sentí como se movía a mi lado, y no le presté atención por un momento al sentir como poco a poco mi cuerpo cedía al sueño. No me importaba que fuera Mimi la que estuviera a mi lado en ese instante, en realidad no me importaba nada. Aunque agradecía su compañía y sus intentos por hacerme reír no podía seguir ignorando lo mal que me sentaba la noticia de Taichi y Sora.
No estaba seguro como sería nuestra amistad a partir de este momento, ¿Dónde quedarían los tres mosqueteros?
Poco a poco estaba quedándome dormido, cuando en eso sentí algo suave envolver mis labios.
Algo húmedo y cálido, y con saber a fresas.
Aparté el brazo de mi rostro apenas aquellos labios se alejaron de mí. Al verla la encontré incorporada en la cama con su rostro demasiado cerca al mío.
¿Qué rayos…?
¿Acaba de besarme Mimi Tachikawa?
Sostenía sus largos cabellos castaños con destellos rosas con su mano libre, mientras apoyaba su cuerpo con el otro brazo. Sus ojos color miel me miraron intensamente, la misma mirada de antes, cuando la había visto llegar con aquel enorme regalo y con intenciones de decirme algo…
Algo que finalmente tuvo sentido.
—¿Q—Qué haces, Mimi?
Me incorporé yo también, obligándola a alejarse de mí. Ella terminó por sentarse a mi lado, un poco cohibida por mi rechazo, pero es que me ha tomado por sorpresa y no sabía cómo reaccionar.
—Yo…Pensaba decírtelo antes, pero… —suspirando. Luego volvió a mirarme con convicción—. Me gustas, Matt.
Mierda.
No supe qué decir ni qué hacer.
Las ganas de vomitar volvieron. No dije nada por casi un minuto o más, ni ella tampoco, pero es que si hablaba sentía que iba a salir cualquier porquería de mi boca que no eran palabras. Quizás una mezcla putrefacta de pastel y ron.
¿Desde cuándo yo le gustaba?
No entendí nada, en serio.
—¿A dónde vas?
Las ganas de vomitar me obligaron a levantarme de la cama y caminar rápido hasta la puerta, pero me detuve, pues la cabeza empezó a darme vueltas de nuevo. El alcohol estaba pateando cada vez más fuerte. Necesito ir al baño y vomitar.
Al abrir la puerta me apoyé contra el marco, respirando profundo. A pesar de la música en el salón pude escuchar unas risas a unos metros de mí, y al voltear descubrí a Sora contra la pared y a Taichi besándole el cuello.
Me quedé frío.
Ellos no se percataron de mi presencia, y es que no les di tiempo, pues inmediatamente volví a entrar a la recámara cerrando la puerta detrás de mí. La imagen de Tai besando el cuello de Sora se me tatuó en el cerebro para siempre, e hizo que una incontrolable ira de celos e impotencia me invadiera. Antes no había caído en cuenta, pero ahora sí.
Y la sola idea de ellos besándose pasionalmente me carcomió por dentro.
—¿Matt?
Respiraba de forma entrecortada, sin dejar de mirar el suelo. Mimi se aproximó hasta donde yo estaba, y solo alcancé a ver sus zapatos cuando se colocó en frente de mí. Sus manos tomaron mis mejillas mientras me hablaba, como si quisiera hacerme reaccionar, pero estaba tan cegado, tan dolido, que no podía responderle.
Sora…
Y entonces subí la mirada, y Mimi me observaba con preocupación mientras acariciaba mi rostro.
—¿Estás bien?
No, no lo estoy.
Pero en lugar de hablar hice algo estúpido.
Acorté la distancia entre ambos y la besé.
Sabía que no se esperaba aquello, pues al besarla dejó de acariciar mi rostro y le tomó varios segundos para finalmente corresponder mi beso. No obstante, no era dulce ni suave como el de antes. La besé casi de forma desesperada, tomándola por la cintura para luego darnos la vuelta y pegarla contra la puerta.
La acorralé entre mis brazos y besos, tal y como lo había hecho Tai con Sora.
Estaba completamente cegado, y todo avanzaba de forma intermitente, pues cuando empecé a besarla por el cuello unos segundos después ya estábamos caminando torpemente hasta la cama, sin dejar de besarnos. Empecé a tener lagunas mentales. Terminé encima de ella y con una pierna entre las suyas obligándola a abrirlas, rozando su piel desnuda con mi jean gracias a su falda. Tomé sus manos con fuerza y las pegué contra la cama, mientras volvía a ocupar su cuello con mis labios.
Un rugido salió de mí al escucharla gemir, contorsionándose en la cama.
No sé en qué momento mi mano se coló bajo su blusa, pero lo hizo, y ella gimió cuando empecé a besar su cuello y clavícula. Su piel era tan tersa y suave al tacto que me hizo querer más y más.
Estaba poseído.
—M-Matt, pueden venir y…
La imagen de los labios de Tai enterrándose en el cuello de Sora volvió a mi mente.
—Matt… —gimió en mi oído, y yo rugí en su cuello cuando me posicioné entre sus piernas, rozando mi entrepierna en su intimidad—. Oh…
Me olvidé por completo en donde estaba, incluso hasta me olvidé de que estaba tocando y besando a Mimi Tachikawa. Sabía que mis movimientos eran un poco torpes, después de todo estaba ebrio, pero era tanto el deseo y la frustración con mi vida que no podía detenerme.
Cuando subí su falda para alcanzar sus panties un sonido gutural salió de mi garganta.
—E—Espera…
Ella dejó de besarme.
—Matt, sé delicado…Yo soy…
La mano de Tai colándose bajo la blusa de Sora.
—Matt…Por favor…
La mano de Tai colándose bajo la falda Sora.
—¡Yamato!
Entré en otro lapsus mental, y para el momento en que me di cuenta de lo que estaba haciendo Mimi estaba llorando bajo de mí.
¿Qué…?
Ni siquiera supe cuánto tiempo había transcurrido. Me separé con torpeza y descubrí para mi espanto que estaba parcialmente desnudo abajo, y que Mimi estaba con la blusa por arriba de su ombligo y con la falda revelando su ropa interior. Entré en una especie de estado de shock en el momento en que me alejé de ella como si su piel quemara, vistiéndome y abotonándome el pantalón con ansiedad.
—Mimi —la miré con atención, entrando en pánico mientras la cabeza me seguía dando vueltas—. Yo…¿Estás bien?
Mierda, mierda.
Ella asintió, pero bien sabía que no.
—Mimi.
No paraba de llorar.
¿Qué había hecho?
—Idiota… —dijo con voz entrecortada, entre lágrimas—. Soy…virgen.
No dije nada.
En lugar de eso me senté de un golpe y vomité al lado de la cama. Unas arcadas tan fuertes que no sé cómo nadie más las escuchó. Sentí como Mimi se incorporaba a mi lado. Se estaba arreglando la ropa mientras yo vomitaba lo último que quedaba en mi estómago. El olor fue casi insoportable, e incluso vergonzoso, pero estaba asqueado conmigo mismo por otro motivo, y honestamente no tenía cara para verla.
Ella también se sentó en la cama. Vi de reojo como se acomodaba la ropa, moqueando en el acto por culpa de las lágrimas.
—¿Estás bien? —me preguntó con un hilo de voz.
¿Y me pregunta a mí si yo estaba bien?
—¿Lo…hicimos? —ella negó con la cabeza. No suspiré de alivio, pues igual había hecho algo horrible. Sin embargo, saber que no había llegado más lejos era un alivio agridulce—, pero…te hice daño.
No respondió, solo se encogió de hombros.
—Perdón, Mimi. De verdad lo lamento —se mordió los labios, y yo no sabía qué otra cosa hacer—. Estoy vuelto mierda, no sé qué me pasó…
—¿Te gusta Sora?
Abrí los ojos de golpe.
—¿Cómo…?
—Solo responde.
—Yo… —respiré profundo, sabiendo que me iba a odiar por decirle lo siguiente—. Lo siento.
Segundos pasaron, hasta que finalmente habló.
—¿Acaso…te imaginaste a Sora mientras…? —soltó ella en un susurro, mirando el suelo y con nuevas lágrimas corriendo por su rostro.
No dije nada.
Pero tenía que haberlo negado. Solo por bondad.
—Oh, por Kami —dijo levantándose de la cama finalmente.
Caminó hasta la puerta y antes de abrirla se detuvo. Pensé que iba a regresar a mi lado, pues dio un paso con esas intenciones, no obstante, se aferró al picaporte como si se lo prohibiera a sí misma.
Un segundo después se fue.
Notas de la Autora:
Hello, hello!
Vale, hice una referencia a Frida Kahlo por ahí, ojalá la hayan reconocido.
Les advertí desde el inicio que era un capítulo fuerte. La escena de Mimi y Yamato ha sido una de las cosas más difíciles de escribir. Me tomó días, en serio. Y créanme que no me gustó para nada colocar a Matt de esa forma, pero estaba ebrio y dolido. No lo justifico, hizo mal, pero hay matices en lo que hizo y era necesario hacer el incidente en su POV para que vean esos matices.
Y quiero aprovechar la oportunidad para sincerarme con ustedes.
Ahora soy una mujer hecha y derecha, estoy casada y ya han pasado más de 10 años, pero viví un incidente similar. Antes de mi esposo tuve una relación sumamente tóxica que me dejó marcada, y aunque lo he guardado bien a veces es bueno hablarlo, no por mí, sino por alguien que esté pasando por lo mismo y necesite orientación.
Si no te sientes cómodo NO LO HAGAS. Rechazar no te hará perder tus oportunidades con esa persona, y si has pasado por algo similar no lo guardes, es peor. Háblalo. Si necesitas apoyo en este momento puedes escribirme al privado y con mucho gusto te orientaré de la mejor manera.
En el siguiente capítulo se aclarará el tiempo que realmente estuvieron juntos Sora y Taichi, como también la transición de culpa hasta odio por parte de Yamato.
A todos los que leen, gracias por seguir esta historia. Por favor, siéntanse libres en dar sus opiniones al respecto, aceptaré sus críticas, en serio. Como dije anteriormente, entiendo si algunas me odian por este capítulo.
Sin más que agregar nos vemos el próximo viernes.
Adiu!
Atte.
Vai.
