Encrypted
By Vainiella
Capítulo 17: "Despedida: II"
Birdy – Wings / BIRDY + RHODES - Let It All Go
Mimi
Suspiré profundamente cuando leí el mensaje de texto de Koushirou.
"Ya se fue.
Si me necesitas, sabes que aquí estoy."
No pude responderle a pesar de lo atento que ha sido conmigo. No pude ni siquiera llorar, porque ya había llorado tanto por Yamato que no quedan lágrimas ya. Lo único que pude hacer fue bloquear el celular y dejarlo a un lado para luego acurrucarme aún más en la cama, sumida en mis pensamientos.
Era sábado por la mañana, y en este preciso momento Yamato Ishida se estaba mudando a Asao-Ku. Por cada minuto que pasaba crecía la distancia entre nosotros, reduciendo las posibilidades de encontrarnos casualmente en cualquier lado. Apreté mis labios mientras volvía a respirar profundo. Un vacío crecía en mi pecho con cada suspiro y me daba aquella sensación familiar de que se me hacía un agujero absorbente debajo de mis costillas. Desde que Matt y yo terminamos, desde el día en que me enteré de todo, no puedo evitar sentirme de esta manera cada vez que pienso en él, no obstante, en el momento en que volví a verlo, anoche, aquel dolor mutó a otra cosa cuya proveniencia no se parece en lo absoluto al despecho que sentía semanas atrás.
Porque antes mi imaginación era cruel y tóxica, encargándose de crear memorias ficticias de un Yamato Ishida despiadado, ¿Y ahora? Ahora mi mente es invadida por aquellos recuerdos que sí ocurrieron y que son los responsables de que me enamorara tanto de él.
Era lo único que me pertenecía realmente.
—Mimi, esto es absurdo.
—Claro que no. Será divertido.
Yamato puso los ojos en blanco, completamente incómodo con su disfraz.
Al principio cuando Yamato se me declaró pensé que nos lo íbamos a tomar con calma y mantenerlo entre nosotros por un tiempo, ya saben, ir poco a poco, no obstante, tal fue mi sorpresa cuando hace una semana me invitó a la fiesta de disfraces de su amigo Louis, pero…como su novia. Con lo introvertido que es él jamás me imaginé que quisiera formalizar nuestra relación ante todos en tan poco tiempo, y aquel pequeño pero gran detalle solo hizo que me gustara aún más.
Por lo que, aquí estábamos en mi casa, arreglándonos para la fiesta mientras sentía las mariposas revolotear en mi estómago.
Él se había disfrazado de un apuesto Drácula con un poquito de sangre falsa chorreando de la boca, completamente incómodo con los colmillos de mentira que le he comprado para que vaya más acorde al disfraz. Yo, por mi parte, me había disfrazado de doncella con dos puntos rojos en el cuello como evidencia de su mordida.
—Vas a ver que seremos la sensación —Matt seguía sin estar convencido, un poco avergonzado con su apariencia—. Además… —acercándome a él lo suficiente como para acariciar su rostro—. Quizás luego te permita morderme en otros lados.
Su rostro fue un poema.
—Mimi.
Sora entró a la habitación, viéndome acurrucada en su cama desde el umbral. Apenas reconoció mi expresión supo que ya Koushirou me había escrito. No tardó en acercarse a mí para luego acostarse también en la cama, justo en frente mío, acurrucándose tal y como yo mientras tomaba mis manos con cariño. Nos miramos por un instante, en donde ella me hizo la pregunta muda de cómo estaba y yo le respondí simplemente con una sonrisa triste.
Nos quedamos así, en silencio, y para cuando encontré arrulladora su presencia me permití cerrar los ojos.
Y seguir pensando en él.
—¡Hola, chicas!
Cuando Taichi nos saludó con entusiasmo a mí y a Sora vi como Yamato dejaba de hacer lo que estaba haciendo para luego mirarnos con sorpresa. Segundos después aquella particular sonrisa que hacía que me sonrojara de la nada ocupó su rostro, dándonos también la bienvenida y recordándome el verdadero motivo por el que había venido a este lugar.
—¿Cómo está el día?
—Sorprendentemente tranquilo —le respondió Tai a Sora, ya sin aquel yeso que entorpecía su trabajo—, ¿Qué les gustaría ordenar?
Vi de reojo como Matt servía la bebida en un vaso enorme, demasiado concentrado ahora como para percatarse de que lo miraba como la propia acosadora. Vestía una franela negra con un delantal color verde amarrado al cuello y a la cintura, ajustándose a su torneado cuerpo, y pesar de estar con su uniforme de trabajo igual se veía guapo, y vamos, que yo no era la única persona en apreciar aquel detalle, pues a unos metros de mí estaba una chica que se lo comía con la mirada.
Cosa que yo no estaba haciendo, no.
—Mimi, eh —me puse roja como un tomate cuando Taichi dejó en evidencia mi distracción, y que para fortuna mía no parecía percatarse del motivo—, ¿Qué te gustaría beber?
—Ah, sí. Claro. Uhm, ¿Chai latte pequeño con leche de avena, por favor? —Tai asintió sorprendido con mi pedido, que solo mostraba que era una cliente concurrida en este café—, ¿Tú ya pediste, Sora?
Mi amiga sonrió de medio lado, cruzándose de brazos.
—Sí, mientras contemplabas embobada el menú —me volví a poner roja, mordiéndome los labios después.
—Para tomar aquí, ¿No? —Sora respondió con un asentimiento por mí—. Genial. Se los llevó a la mesa.
—Gracias, Tai.
Las dos caminamos hacia una mesa un poco más apartada de las otras, y que según Sora era donde a ella le gustaba sentarse cuando venía a visitar a los muchachos.
—En serio, Mimi. A la próxima disimula más.
—No sé de qué hablas.
Claro que sé de qué habla. No soy idiota.
—¿Mirarlo como una acosadora? —empecé a revisar mi celular, ignorándola por completo—. Ten iniciativa, Mimi. Si de verdad te gusta díselo.
—No me gusta —mintiendo olímpicamente, cosa que no se tragó mi mejor amiga—. Somos amigos, ¿Vale? —pero antes de que Sora dijera algo seguí hablando, arrepintiéndome después—. Además de que…Ya a él le gusta alguien más.
—¿En serio? ¿Quién?
Me mordí la lengua, pues jamás podría decirle que era ella, sabiendo todos los problemas que eso conllevaría, ¡Aparte de que jamás haría algo para traicionar la confianza de Matt! Con lo mucho que me costó ganármela.
—No lo sé, no me quiso decir —volví a mentir, y esta vez sí parecí sonar más convincente, probablemente sea por la pequeña decepción que acompañaba mi respuesta.
Entonces Sora me miró suspicaz.
—¿Y si no te quiso decir porque en realidad eres tú quien le gusta? —enarqué una ceja ante las conjeturas de Sora, ignorándola nuevamente usando el celular. Unos segundos después mi amiga agarró un cojín del sillón donde estaba sentada y me lo lanzó, sacándome de mi burbuja —Eh, no me ignores.
—Deja de decir tonterías, entonces.
—No hasta que admitas que te gusta.
—¿De qué hablan, chicas?
Las dos saltamos cuando escuchamos la voz de Tai, quien se acercó a nosotras de forma tan sigilosa que no nos percatamos de su presencia. Llevaba una bandeja en manos con dos bebidas, y en lugar de dejárnosla e irse se sentó al lado de Sora mientras le entregaba su bebida.
—¿Estás en tu descanso? —Tai asintió, animado.
La segunda bebida que pensé que era para mí se quedó en las manos de Tai, y al verlo darle un sorbo arrugué el entrecejo, ¿Por qué se tomaba mi bebida?
—Ah, Yamato está haciendo la tuya. Ya te la trae.
Nuevamente volví a sonrojarme, y Sora no desperdició la oportunidad para reírse de mí.
No sabía si era mala o buena suerte, pero justo en ese instante Yamato se acercó a nosotros con una bandeja y con una bebida en ella. Me volví a poner roja, cosa que parecía no poder controlar el día de hoy, y cuando Matt llegó al lado de Tai con gesto tranquilo pude percibir una mirada divertida de parte de Sora.
—Lamento la espera —dijo Yamato, haciendo que se me acelerara el corazón. Tomó la taza de la bandeja y la colocó en la mesa del centro, justo en frente de mí—. Quería probar algo diferente.
El motivo de su tardanza fue nada más ni nada menos que un dibujo de notas musicales hechas con la espuma sobre mi Chai Latte, y cuales estaban prolijamente dibujadas como si hubiese usado un pincel. Elevé mis cejas con sorpresa, no pudiendo creer que se había tomado la molestia para hacerme semejante obra de arte en un simple Chai Latte.
—¡Joder, te ha quedado genial! —Tai se acercó a mi taza tan sorprendido como yo—, ¿Cómo es que siempre te quedan mejor que a mí?
—Que lindo quedó, Matt —agregó Sora.
—Pero, ¿Por qué notas musicales?
—Pues, porque a Mimi le gusta la música.
Volví a observar mi taza con otros ojos, sintiéndome extrañamente afortunada. No pude contenerme en colocar mi bebida en la mesa del centro y así tomarle una foto con mi celular, completamente ilusionada. Necesitaba algo que siempre me recordara que Yamato Ishida me ha dibujado unas notas musicales en mi Chai Latte porque sabe que me gusta la música. Fue un detalle tan bonito que mejoró mi día de mil maneras.
Y de pronto, no me importó que le gustara mi mejor amiga, no cuando Matt era tan atento conmigo como para recordar lo que me gusta.
Sonreí sin darme cuenta. Ciertamente dimos pasos lentos en nuestra relación, pero fueron los que crearon poco a poco ese vínculo entre nosotros que no he tenido con nadie más.
—¡Por favor!
—Mimi, no insistas.
—¿Por qué no puedo ir a verte ensayar?
Él desvió la mirada. Seguía sin dar su brazo a torcer.
—Matt.
—Porque me da vergüenza que me veas cantar, ¿Vale? —soltó para sorpresa mía, deleitándome con un ligero sonrojo en sus mejillas, ¿Es posible que Yamato se avergüence conmigo? La sola idea me hizo sonreír, haciendo que se irritara aún más.
¡Que adorable es!
—Vamos, Matt —insistí, intentando restarle importancia—, ¿Qué no te he visto antes cantar? Sora me dijo que una vez fuimos a un concierto que hiciste en…
—Ahora es diferente.
Sora removió un cabello de mi rostro, logrando que volviera abrir los ojos para ver como sus avellanados orbes color caoba me miraban con tristeza.
—Creo que estás cometiendo un error.
—Sora…
—Él te ama, te ama de verdad.
Lo sé.
—Aún no puedo perdonarlo, Sora —sintiendo como se me quebraba la voz—. Aún no. Necesito tiempo.
Intenté alcanzar la caja con la punta de mi dedo, queriendo arrimarla un poco más para así agarrarla cómodamente. Tuve que ponerme en cuclillas sobre la silla de mi alcoba, logrando una maniobra un tanto peligrosa y que no tardó mucho tiempo en abalanzarme hacia atrás y hacerme perder el equilibrio.
—¡Ay!
—¡Cuidado!
Sin embargo, cuando esperaba una dolorosa caída, algo me sostuvo de la cintura para luego irse al suelo conmigo. Chillé cuando impactamos contra el piso, bueno, cuando Yamato cayó al suelo y sirvió como amortiguador en mi caída.
Ahí, sobre su cuerpo, sentí como mis mejillas se calentaban, pues sus manos seguían aferradas a mi cintura. Nuestros rostros estaban demasiado próximos, tanto que pude detallar el largo de sus pestañas. Era la primera vez que estábamos así de cerca. Tan cerca, que Matt me miró igual de sorprendido, pero al mismo tiempo con expresión preocupada, tragando en seco.
—¿Te lastimaste?
—No.
Entonces sonrió, y yo sentí que morí por dentro.
—Que alivio.
—Vale —respondió mi amiga, asintiendo vencida—. No insistiré más.
Me relajó que aceptara mi decisión, y mientras seguía acurrucada en la cama, ella se levantó para entonces comunicarle a su madre que hoy me quedaré en su casa. Yo ni siquiera había accedido, pero sabía que, como era ella, jamás me dejaría sola en un día como hoy.
Ayer pasé la noche en casa de Yamato, y podría decirse que fue la primera vez que dormimos juntos. Llamé a mi madre alegando que me quedaría en casa de Sora, avisándole antes a mi amiga, por supuesto. Mis padres jamás aceptarían que pase la noche en casa de un chico, no sin antes tener un anillo.
Me reí ante la idea del anillo y Yamato, ¿En un universo paralelo, quizás? No obstante, anoche fue…increíble. Hicimos el amor hasta quedar devastados. Una y otra vez. A pesar de ser una despedida, a pesar de que nos dolía amarnos, quisimos olvidar todo y aprovechar las pocas horas que nos quedaban juntos.
A primera hora de la mañana llegó la verdadera despedida. Y les digo, fue espantoso…y al mismo tiempo liberador. Porque amaba demasiado a Yamato, pero necesitaba tiempo. Necesitaba tiempo para asimilar un pasado que no me pertenece.
—Tai está preocupado por ti —dijo entonces mi amiga tan pronto regresó a la habitación, revisando su celular—. Pregunta si te gustaría salir a comer pizza.
—Fresa.
—Por supuesto que te gusta la fresa.
Le di un codazo a Matt, quien estaba sentado a mi lado en la camilla. Al igual que aquel día que escuchamos música en mi celular, se había sentado junto a mí mientras compartíamos una bolsa de papas fritas, y al mismo tiempo, las imágenes aleatorias de alguna película nos iluminaban desde el televisor. Era extraño, es decir, estar sentada aquí con un completo desconocido mientras comíamos papas fritas, no obstante, confiaba en un pasado donde supuestamente fuimos amigos desde que éramos niños, además, Yamato me impartía confianza. Dejando a un lado lo opuesto a mí y lo introvertido que era, me agradaba su compañía.
Éramos diferentes, pero por alguna razón sentía que esas diferencias nos complementaban.
—¿Y tú?
—Melocotón.
—No, ¿En serio? —el asintió—. Juraba que te gustaba más el limón. Ya sabes, por lo ácido.
—Ja, ja, muy graciosa —robándome la papita que había agarrado, enorme, por cierto. Intenté recuperarla, pero ya se la había metido en la boca—, ¿Pizza?
—Obviamente Hawaina.
—Ugh, estás bromeando —me miró como si me hubiese salido bigote—. Es asquerosa.
—Apuesto que ni la has probado —lo meditó—. Por Kami, ¿Nunca la has probado?
—Tiene…Piña.
—Duh, es su ingrediente principal.
—Una pizza no puede llevar fruta. No tiene sentido.
—No sabes lo que te pierdes —refunfuñé para luego meter mi mano en la bolsa, al mismo tiempo que la suya, y rozando su piel de tal manera que hizo que ambos nos sonrojáramos.
—Mimi.
Suspiré derrotada. No podía seguir así, no podía seguir pensando en él.
—Claro, dile que sí.
Miré la hora en mi celular. A estas alturas ya Yamato debía haber llegado a Asao-Ku.
Mientras comíamos pizza Tai y Sora bromeaban sobre algo que hizo Hikari, y yo escuchaba mientras mi cabeza estaba en otro lado. Fingía bastante bien mi distracción, pues ninguno de los dos me ha observado con pena desde que salimos de casa de Sora. Lo cual estaba bien, pues no quería ponerme sentimental ahora, en público, y peor aún, en un Domino's.
Un mensaje de texto hizo que dejara de masticar, revisando mi celular con sorpresa. Salté de inmediato al ver quién me había escrito, deseando en contra de mi voluntad que fuera Yamato. Seguro para avisarme que había llegado bien, que tuvo un buen viaje, que…
Era Koushirou preguntando cómo me sentía.
Vale, fue cruel decepcionarme, pues Izumi no estaba haciendo otra cosa más que estar pendiente de mí. Me regañé por dejar que mis emociones me controlaran otra vez, limpiándome las manos con la servilleta y así responderle.
—¿Es Yamato?
Vi de reojo como Sora le daba un codazo a Tai para que se callara, haciendo que este se ahogara con el refresco que justo había empezado a beber en ese momento.
—¿Qué?
—Tai, te dije que Mimi y Matt terminaron.
—Bueno, pero igual pueden escribirse, ¿No? —Sora se pidió paciencia mientras miraba el techo—. Vamos, si tú me dejas yo igual te escribiría.
—Por Kami.
—Era Koushirou —intervine tan pronto vi a mi amiga exasperarse—. Les manda saludos.
—Dile que venga.
—Creo que tiene examen mañana —Taichi bufó a mi respuesta.
Sora le dio un mordisco a su pizza de tal manera que manchó de rojo la comisura de sus labios.
—Nunca tiene tiempo para nosotros —continuó Tai, dolido, aunque en realidad estaba siendo infantil, porque siempre que puede Koushirou comparte con nosotros.
Entonces mi moreno amigo notó la mancha de salsa en los labios de Sora, y en un gesto natural se acercó a ella para besar la comisura de su boca y así removerle la mancha. Yo me reí traviesa cuando mi amiga se puso roja como un tomate, tapándose la boca con la servilleta de la vergüenza.
Aguardé paciente a un lado de la puerta, mordiéndome la boca aguantando la risa. Tengo la particularidad de que cuando voy a hacer una travesura no puedo contenerme y termino dejándome en evidencia, así que me costó un milenio no reírme en ese instante. Un segundo después Yamato salió del baño, y fue el momento perfecto para dar un salto hacia él y asustarlo.
Hizo un sonido gutural de puro pánico, llevando los brazos al frente como sistema de defensa, pero en un movimiento tan torpe que parecieron dos Spaguettis.
Mientras me reía divertida con mi travesura, Yamato me observaba enfadado.
—Ay, perdón —solté, apretándome el estómago —No sabía que te asustarías tanto.
Él parecía a punto de explotar.
—No fue gracioso —soltó indignado, mirándome con mala gana.
—¡Lo siento! —al final Yamato se hartó de mi burla y siguió caminando —Eh, Matt, espera.
Al principio me ignoró, pero ya cuando se había alejado un par de pasos terminé alcanzado su brazo, tomándolo con nerviosismo.
—Oye, lo siento, de verdad —me miró desde arriba, no muy convencido con mis disculpas.
No podía culparlo. Temiendo que se haya molestado realmente conmigo, le miré con mi mejor cara de borrego, esperando que surta efecto. Para mi fortuna suspiró vencido, poniendo los ojos en blanco.
—Ya, pero no lo vuelvas hacer —soltándose de mi agarre—. Vamos.
Sin embargo, no le permití que siguiera caminando, no cuando en la sala Taichi y Sora estaban demasiado ocupados con un intercambio de saliva y otras cosas. Antes de que Yamato saliera del baño pensé en buscar a Tai y así pedirle que se animara conmigo en asustarlo, más al descubrir a mis amigos muy cariñosos el uno con el otro supe que debía abortar misión, y peor aún, evitar a toda costa que Yamato los descubriera.
Es por eso que volví a tomar su brazo, evitando que siguiera caminando. Me miró confundido, pero sabiendo sus sentimientos por Sora no quería que viera lo que yo vi.
—Te recomiendo que…esperemos un momento.
Por supuesto, no entendió, enarcando una ceja y pidiendo explicaciones.
—Por favor, Matt, no me hagas decirlo.
—Mimi, ¿Qué ocurre?
—Sora y Tai están… —no continué, y él pareció captar el mensaje rápido. Al ver su expresión fue como un golpe en el estómago. Automáticamente una nube negra se posó sobre su cabeza y no me gustó. No me gustaba porque Yamato me importaba lo suficiente como para afectarme verlo así—. Lo siento.
Entonces su expresión cambió.
—¿Por qué te disculpas?
—Bueno…Porque te gusta Sora, ¿No? —mordiéndome los labios—. Invitarlos a ver una película a mi casa ha sido una mala idea.
Hace unas semanas, cuando me habían dado de alta en el hospital, Yamato admitió sus sentimientos por Sora, y desde entonces he tratado de ayudarlo con el tema. No obstante, había planeado una tarde de películas con todos, como para distraernos un poco. Para mi mala suerte solo pudieron venir Tai, Sora y Matt, resultando algo así como una especie de doble cita. La idea me puso nerviosa al principio, pues no debería estar pensando en esas cosas con Matt, cuando solamente somos amigos. Además era un poco patético, pues la verdadera cita era entre Sora y Tai, Matt era el testigo martirizado y yo…Bueno, yo era la culpable de su miseria.
Pero cuando su mano alcanzó mi rostro y removió un largo mechón de cabello de mi cara sentí que, por un pequeño instante, había valido la pena todo esto.
—No te disculpes por eso. No es tu culpa —dijo sonriendo de medio lado, guardando luego sus manos en sus bolsillos—, ¿Qué tal si los dejamos solos y hacemos otra cosa?
No sé por qué me puse nuevamente nerviosa, porque con aquella pregunta no pude evitar sonrojarme y pensar en otra cosa.
—Anda, ¿Ni una cita primero?
Su sonrojo fue más evidente que el mío.
—Eh, ¡No quise decir eso! —volví a reír, haciendo que perdiera la paciencia—. Joder, Mimi.
—Oye, Mimi.
Tai me miró con esa expresión familiar, con la misma que Sora usó en su casa, cuando me encontró hecha una pelota en su cama. Supe qué venía a continuación porque es lo que suele suceder cuando quieres consolar a una persona desdichada.
No me había dado cuenta, pero cuando sentí como una lágrima resbaló por mi mejilla entendí el por qué me miraban de esa manera.
—No estés triste, Mimi —me dijo Tai alcanzando mi mano, apretándola con fuerza—. Tranquila, aquí estamos contigo.
Sonreí.
Contaba con los mejores amigos del mundo.
—Mimi, tengo que ayudar un momento a mamá —dijo Sora ya con la pijama puesta, mirándome preocupada—, ¿No hay problema si…?
—Anda, tranquila. No me voy a cortar las venas.
—¡Mimi!
—¡Estoy bromeando! Por Kami —puse los ojos en blanco. Sora bufó para luego irse de la recámara. Probablemente, cuando regrese, me volverá a regañar por ese comentario.
Me hice una trenza mientras meditaba todo lo que ha ocurrido el día de hoy. Eran las ocho de la noche, y estaba tan agotada que sentía que era de madrugada ya. Fue un día absolutamente largo y desagradable, en el que me hundí en un despecho tan dramático que mis amigos no sabían qué hacer para animarme. Al final lo lograron, por supuesto, y por eso ahora estaba de mejor humor, a pesar de tener unos ojos tan hinchados por las lágrimas de esta tarde que parecía todo lo contrario y la mente tan agotada de recordar y recordar, como si quisiera sustituir lo malo por lo bueno, lo que existe por lo que no.
—¡Está empezando a llover!
—Ven, vamos a resguardarnos.
Yamato tomó mi mano y me jaló a medida que corríamos por la calle, buscando un lugar seco para huir de la lluvia. Una parada de autobús fue lo más cercano que vimos, así que sin dudarlo nos metimos bajo el pequeño techo del sitio mientras el sonido de las gotas estrellándose contra el piso se multiplicaba en una orquesta ruidosa.
Peiné mis cabellos queriendo remover alguna que otra gota de agua, haciendo una mueca al notar como mi peinado se había arruinado. Rayos, me había preocupado por verme increíble para Matt hoy, siendo nuestra primera cita, y que se suponía que sería un día perfecto y romántico. No obstante, aquí estábamos, como pollitos remojados en una parada de autobús.
Además de que odiaba que lloviera en otoño porque se pone aún más frío.
Entonces, sin esperármelo, una chaqueta caliente cayó suavemente en mis hombros, y al ver a Yamato vi como desviaba la mirada avergonzado mientras acomodaba la prenda sobre mí.
—Está haciendo frío.
Sonreí enternecida.
—Gracias.
Él seguía sin mirarme, pero asintió con sus mejillas sonrojadas.
¿Quién hubiese imaginado que ahora sería novia de Yamato Ishida? El chico misterioso, el que conozco desde los 10 años, pero que no recuerdo, y el que se hacía el duro e inalcanzable. Apreté la boca conteniendo una sonrisa de emoción. Estaba perdidamente enamorada de él, y cada día que pasaba era mejor que el anterior.
—Lo siento —dijo entonces, intentando peinar sus cabellos mojados—. Cuando revisé el clima hoy solo decía un 70 por ciento de probabilidad de lluvia. Debía haber traído un paraguas.
—No pasa nada —sonriéndole—. Al menos vimos una buena película.
Mentira. Estuvo malísima. Matt pareció percatarse de mi sarcasmo, porque contuvo una risa al recordar la casi hora y media de la nueva versión de los ángeles de Charlie.
Estuvimos un par de segundos sin decir nada, contemplando la lluvia en silencio, cuando me percaté de que Matt se abrazó a sí mismo, aguantando frío a falta de la chaqueta que ahora me calentaba a mí. No me gustó eso, porque es la segunda vez que lo hace, así que siguiendo un impulso completamente natural en mí al estar acostumbrada a las demostraciones afectuosas en público debido a mi vida en USA, me arrimé hacia él hasta recostarme en su pecho, abrazándolo por la cintura con ambas manos. Él se tensó a la primera, pero luego cedió poco a poco a mi cariño, a mi calorcito, rodeándome con un brazo y luego besando mi cabeza.
—Aww, que linda la juventud.
Una señora hizo que nos espabiláramos, haciendo que Yamato se separara de mí más rojo que nunca.
Yo no pude evitar reírme, divertida con lo pudoroso que es.
Suspiré profundo cuando me levanté de la cama de Sora para ir a recoger mi neceser y así ir al baño, prometiéndome no volver a abstraerme así. Necesitaba lavarme la cara y los dientes, y si Sora no tenía problema, acostarme a dormir de una vez, sin embargo, justo antes de salir escuché mi celular. Me detuve automáticamente en el umbral, mirando el aparato brillar desde la cama, ¿Quién podría ser?
Me mordí los labios, dudando si correr y contestar por si acaso era Yamato, pero no había razón para que fuera él, vamos, si he sido yo quien terminó con la relación.
Al final me armé de fuerza y seguí caminando, regañándome internamente por seguir así.
¿Y si le pasó algo?
A mitad de camino me dio una ansiedad horrible, y como una desquiciada, me di la vuelta para regresar corriendo hasta el celular, esperando contestar a tiempo.
—¡Ay! —me quejé cuando me golpeé el dedo pequeño del pie con un mueble, justo a un metro del celular. Casi entro en histeria cuando reconocí el nombre en la pantalla y que pronto desapareció—, ¡No!
Yamato había llamado, ¡Y no pude contestarle!
Aguardé un minuto, dos minutos, tres…Esperando que llamara de nuevo, pero no lo hizo, y mientras miraba fijamente la pantalla como si pudiera comunicarle telepáticamente a Matt que volviera llamarme, escuché a Sora regresar a la habitación.
—Se me quedó el… —me observó confundida, como si se me hubiese zafado un tornillo—, ¿Qué te pasa?
No sabía si decirle, pero al final le dije.
—Yamato me llamó.
—¿Qué? —sorprendida, corrió hacia mí, tomándome del brazo—, ¿Qué te dijo?
—No alcancé a contestar. Estoy esperando que me llame de nuevo.
Sora miró mi celular, igual que yo. Casi pasa otro minuto cuando volvió a hablar.
—Mimi, ¿Y si lo llamas tú?
Volví a mirar mi celular, esta vez con los nervios picando mis dedos, ¿Y si lo llamaba yo? No tiene nada de malo que le devuelva la llamada, ¿No? Sería un acto masoquista, sin duda alguna, sabiendo como por dentro me desmoronaba por él, pero esta mañana, cuando nos despedimos, di por terminado todo. Volver hablar con él…sería como revivir ese dolor.
Yo había decidido terminar la relación. No él. Yo. Porque aún seguía que pisaba suelo frágil, porque tuvimos un pasado tormentoso que temía que nublara lo bonito que nos queda. Sentía que necesitaba más tiempo.
¿Eso me hacía dramática?
—Temo…No poder pasar la página, Sora —bajando el celular hasta mi regazo, intentando ordenar mis pensamientos—. Quiero dejar atrás el pasado, y seguir adelante.
Mi amiga sonrió con tristeza, jugando con mi trenza.
—Pues, reprimiéndote así hará el efecto contrario. No puedes sacarlo de tu vida así, será peor —dejando de jugar con mi trenza para luego apretar mi mano, la cual tenía el celular—. Hazme caso —insistió, esta vez levantándose de la cama—. Llámalo.
—Pero…
—Regreso en unos minutos, ¿Está bien?
Sora se marchó de la habitación dejándome sola, y con un celular en las manos que sentía que se volvía un arma contra mis defensas. Ciertamente no quería una relación masoquista, en la que dos personas se aman, pero no pueden estar juntas. No obstante, Sora tenía razón. Podría pasar todo el tiempo del mundo, pero mientras más borraba a Yamato de mi vida más se adhería a mi memoria. Era como quitarse un tatuaje con fuego, resultando una quemada con tinta que solo te recuerda un amor platónico y un intento fallido por eliminarlo de tu piel.
Mis dedos se movieron con destreza mientras desbloqueaba mi teléfono y devolvía la llamada. Cuando me lo llevé a la oreja, aguardé paciente por cada tono de espera.
—¿Mimi?
Volver a escuchar su voz hizo que todos mis planes por seguir adelante se fueran por la borda.
—Hola.
—Hey… —parecía sorprendido—. Hola.
—¿Cómo estuvo el viaje?
Tardó un poco en responder.
—Bien —el sonido de una silla chirriando en el suelo hizo que me lo imaginara levantándose de la mesa—. Fue un poco más largo de lo previsto.
—Debes estar cansado.
—Un poco.
Miré mi mano libre, sintiéndome de pronto nerviosa por no saber qué más decir. Ya estaba pensando en usar el trillado tópico del clima, cual resultaba ser patético pues ni siquiera llovió como para hacerlo interesante, pero cuando lo escuché titubear aguardé paciente, agradecida de que sea él quien acabara con ese silencio.
—Mimi…Mira, sé que no debí haberte llamado. Créeme, pienso respetar tu decisión, pero… —dijo él con aquella voz ronca de siempre, melodiosa, que hizo que el corazón me latiera rápidamente—. Necesitaba decirte algo.
—¿Qué cosa?
—Pues, que yo también he tomado una decisión, y es que me importa una mierda que no quieras estar conmigo en este momento, Mimi. No me importa cuánto tiempo te tome para perdonarme, yo…no pienso rendirme contigo.
Me llevé la mano a boca, presionando mis labios mientras volvía sentir mi corazón galopando rápido en mi pecho. No pude reprimir una sonrisa cuando entendí el peso de las palabras de Yamato, tan hermosas, que fue como si estuviera soñando.
—Entiendo que puedas sentirte presionada, pero necesitaba decírtelo.
—Yamato, necesito tiempo, yo…
—Lo sé, y está bien, pero no hagamos lo de esta mañana una despedida, por favor —lo escuché suspirar desde el otro lado de la línea—. No puedo dejarte ir. Lo siento, pero simplemente no puedo, Mimi.
Cerré los ojos, sintiendo como resonaban esas palabras en mi mente.
Una inesperada calidez me embargó cuando entendí que para pasar página no necesitaba dejar ir a Yamato, sino dejar ir todo esa impotencia y dolor de no poder cambiar mi pasado, y que al mismo tiempo no me pertenece. Saber sobre el daño, pero no recordarlo, era simplemente una tortura que no me aportaba nada bueno, porque sabía que Matt me amaba, y que a pesar de lo que hizo, desde que lo volví a conocer, lo único que ha hecho ha sido llenar mi presente de hermosos recuerdos, de darme todo lo bonito que no tuve antes.
En realidad, debo dejar ir lo que no puedo cambiar, y aferrarme a lo que sí puedo.
—Así que, ¿Vamos a tener relación a distancia, Ishida? —dije con tono coqueto, solo por bromear, sonriendo.
Él volvió a tardar en responder, pero sabía que había sonreído también.
—Por ti, Mimi, lo que sea.
Era como si todo lo malo desapareciera, quedando solamente él y yo.
—Haremos que funcione, ya verás —continuó él, casi susurrando. Me acosté en la cama de Sora mientras escuchaba su voz, cerrando los ojos para imaginármelo en frente de mí, mirándome con sus ojos azules atigrados, sonriéndome con sus labios finos, acariciándome con sus largos dedos…tan cerca como pudiera estarlo.
Pero entonces una voz masculina hizo que regresara a la realidad, recordando que Matt se había mudado a un departamento con dos roommates, y que probablemente uno de ellos le haya hablado en ese momento.
—Disculpa, tengo algo que hacer —dijo un poco decepcionado.
—Entiendo.
Yo también estaba decepcionada.
—¿Puedo…llamarte de nuevo? —entonces pareció darse cuenta de que quizás estaba presionándome, pues luego habló de forma atropellada—, entiendo si no. Podemos hablar otro día, no sé, cuando…
—Llámame cuando quieras, Matt —dije con voz dulce, interrumpiéndolo. Sonreí porque estaba pidiéndome permiso, porque sabe que necesitamos tiempo.
—Vale.
Pasaron un par de segundos hasta que Matt volvió a hablar.
—Hasta ahora, Mimi
—Hasta ahora, Matt.
Sí.
Haremos que funcione.
Fin
Notas de la Autora:
Hello, hello!
Omg, no puedo creer que haya terminado esta historia en menos de un año.
Señoras y señores, aquí concluido Encrypted, ¿Y les soy honesta? Ha salido tal como quería. Algunos odiarán el final, otros no, pero yo simplemente lo amé.
Probablemente hayan encontrado confuso que salgan dos canciones como inspiración, arriba, pero son precisamente las dos canciones que escuché cuando escribí este capítulo, so, no estaría mal que las escucharan. Puff, son tan intensas que me encantan. Birdy es una campeona en canciones para cortarse las venas.
Pues nada, solo me resta decir que gracias a todos por seguir esta historia, por sus comentarios, por sus follows, por simplemente estar ahí. Espero que la hayan disfrutado tanto como yo lo hice al escribirla.
Nos vemos pronto.
Atte.
Vai.
