Una semana con los Loud

Capítulo 5 Madre e hijo

Repentinamente todas las actividades en la casa Loud, por parte de las chicas, se habían visto interrumpidas, ni siquiera Lola había intentado volver a la guerra por la ducha, pues se encontraban todas ellas dándole diversos cuidados a Lincoln para que este sanara cuanto antes de su ataque de histeria.

Tratamientos tan necesarios como que entre Lola y Lana le pusieran un traje aislante del exterior echo de vendas y papel de baño. Mientras que Lisa sacaba y metía maquinas por su boca que aparentemente nadie en la habitación entendía cómo funcionaba. Luna cantaba una canción de rock tan fuerte que, en algunas notas, hacia estallar la pantalla donde Lisa monitoreaba sus avances. Lucy invocaba un hechizo que despertara a los muertos en caso de que su hermano hubiese caído en las garras de Tánatos. Leni llenaba de besos en la cara a su hermano para ver si de aquella manera lograba sanar el dolor dentro de la cabeza de Lincoln, y acariciaba su cabello con ternura. Luan contaba un repertorio alto de chistes, tratando de subirle la moral subconscientemente y Lily le daba golpes con su sonaja repitiendo:

—Winko, depehta…—y sus golpes arreciaron al no ver resultados—¡Wiñkoh!—así como la fuerza de sus golpes.

Las únicas que no hacían nada para ayudarlo eran, primero, Lynn recargada en la puerta con los brazos cruzados, que había llegado ante el grito solo por puro instinto de hermana mayor, pero que instantáneamente se cercioró que no era nada grave, evitó inmiscuirse para así no tener que lidiar con su hermano menor, seguía sumamente molesta por la noche pasada y con esa actitud de no ayudarlo pretendía que iba a poder demostrar su mensaje de protesta. Seguía rencorosa por la ceguera y poco tacto que tenía Lincoln ante sus problemas, que podían no ser graves para cualquier otra chica, pero para ella lo eran. No podía practicar deportes en otras asociaciones, porque eso sería renunciar a las que ya tenía; e intentar practicar deportes en casa salió terriblemente mal en el pasado, ya que su hogar no tenía nada para una jugadora profesional, y sobre todo porque no podría competir contra nadie competente. Si no competía en un partido, no había punto de practicar un deporte, ella necesitaba ganar.

La otra que parecía no prestarle atención a Lincoln, de una manera mucho más sutil era Lori, la cual, si bien estaba junto a la cama de Lincoln, realmente no estaba viendo a su hermano, sino a Leni dando besitos a este, mientras ella apenas y sujetaba la mano del chico, más como obligación.

Y mientras ellas estaban así en el segundo piso, en la parte baja, el señor Loud tocaba con fuerza la puerta del baño personal que tenían los adultos.

—Cariño, si esto es porque no he limpiado el garaje desde hace dos semanas, lo entiendo, ¿Bien? Lo haré hoy…Después de llegar el trabajo…Y antes de cocinar…—comenzó a dudar—No, no, lo haré mañana, sí, mañana…Pero mañana también trabajo, entonces hasta el sábado…Pero el sábado hay juego, y el domingo…

Pero Rita no era capaz de escuchar todo eso cuando despertó, a pesar de que por lo que oía, Lynn Loud senior continuaba dando excusas para no limpiar el garage, y en segunda instancia, hacerle abrir la puerta. Pero ella no quería escuchar, no debía, ya que ella no era ella.

—Y después es la fiesta ochenta y cuatro de mi madre, tenemos que tomarnos un año sabático… ¿Qué tal te parece en dos mil veintidós cuando volvamos de las Bermudas?—continuaba el hombre detrás de la puerta, pero detrás de la puerta seguía sin escucharse nada, todas esas excusas iban dirigidas al lado—¿Amor? ¿Rita?

Lincoln estaba sentada en el piso del baño ahora como su madre, mirando hacia el frente sin entender qué estaba pasando, queriendo despertar de uno a otro momento de la pesadilla en que estaba atrapada. Pero no lo hacía.

—Soy mi mamá… Soy mi mamá…—repetía una y otra vez tratando de encontrar sentido a esa frase, fracasando estrepitosamente.

Lincoln comenzó a hiperventilar la séptima vez que repitió la frase, sintiendo que le faltaba aire en el cerebro, o en los pulmones, pero rápidamente se tranquilizó debido a que esa exageración le había causado un tremendo dolor en el pecho. Miró hacia el espejo, tocó el rostro de su madre con la mano de su madre; ahora toda suya. Todo era tan extraño, decidió que tenía que saber algo, ¿Estaría su mamá en su cuerpo original? Si era así, ¿Qué les había pasado? ¿Por qué a ellos dos? ¿Estaban bien el resto sus hermanas? ¿Había otro cambio así en la casa?

Aquellas preguntas eran apenas la punta del iceberg dentro del océano de dudas que tenía en aquel momento. Dejo que estas pasaran para hacer lo primero que sabía tenía que hacer, antes que nada, comprobar si el cambio había afectado a ambos, o si solo a él. Así, el hombre con el plan, corrección, la mujer con el plan salió del baño y se topó de frente con su nuevo esposo.

—¿Estás bien?—le preguntó el señor Loud tímido de causarle otro ataque de histeria.

—¿Qué? Sí, sí, yo estoy bien.—dijo con un exceso de mímica y comenzando a sudar excesivamente, poniendo ambas manos enfrente suya para evitar que el señor Loud se acercara más a ella.

—Has estado actuando extraño hoy, ¿Segura que no tienes nada?—le preguntó preocupado con franqueza.

—No, nada en absoluto.—dijo Rita Loud sonriendo nerviosamente y tratando de encogerse de hombros.

El señor Loud se quedó mirándola durante un segundo antes de alzar los hombros, aceptando que debía estar diciendo la verdad y dirigirse a la cocina, seguramente para tomar una taza de café e iniciar su día. Inmediatamente se encontraba sola, ella subió las escaleras con prisa y se encontró con que al final del segundo piso, todas sus hermanas se encontraban en su habitación, rodeando su cama, impidiéndole a ella la vista del cuerpo de Lincoln, su cuerpo...

—Chicas…—intentó persuadirlas para que dejaran sola su habitación, pero fue olímpicamente ignorada—¿Chicas?—de nuevo lo ignoraron y comenzó a sentir algo raro, generalmente sus hermanas siempre le prestaban atención, y que repentinamente no lo hicieran le sentaba mal—¡Chicas!—intentó llamar su atención ya molesta, pero sus resultados fueron iguales—¡CHICAS!—gritó con todas sus fuerzas, esta vez logrando que Luna dejara de tocar, que Leni se quedara a mitad de un beso en la cara (escuchándose por tiempo extendido el sonido de succión de los labios contra la piel), detuvo los sonidos de las maquinarias de Lisa y los chistes de Luan tuvieron una frenada cuando apenas y estaba a punto de contar el chiste del pie con los legos que tanto había ensayado.

—¿Qué sucede mamá?—preguntó Lola haciéndose la inocente y dejando de lado su kit médico, fingiendo no saber nada de eso. El resto también trataron de esconder sus instrumentos, excepto Lisa, que parecía estar decidida a seguir con las operaciones.

—Están sofocándolo.—dijo Lincoln intentando hacer el mejor trabajo que pudo para fingir que estaba bien y no comenzar a gritar lleno de histeria por ayuda de sus hermanas que deberían estar junto a él, y no a ese falso Lincoln.

—Pero mamá, Lincoln comenzó a gritar adolorido, teníamos que ayudarlo.—dijo Lana justificando sus acciones de terapia en base a aguijonazos de escorpiones, que por suerte no estaban dándole al chico sus picadas por la coraza de papel higiénico que lo cubría.

—Estaba agonizando y delirando cuando llegamos, posiblemente haya caído en una locura total.—dijo Lucy con ciertas esperanzas de que sus palabras se cumplieran, cosa que Lincoln sabía que lo serían de sobras si él no volvía a ser un niño.

—¿Él gritó? ¿Y no pudo ser solo por una pesadilla?—preguntó pensando en qué debería decir—De todas maneras, tienen escuela, vayan, alístense, tomen un baño, y yo hablare con Lincoln sobre sus pesadillas.—dijo sonriendo, después de todo aquello sonaba como algo que su madre diría, aunque con mucho nerviosismo incluido.

Aunque el resto no podría estar en mayor desacuerdo con su pensamiento, generalmente su madre hubiera ordenado a todas que solo hicieran lo de siempre y la dejaran a ella resolver el problema. En aquella ocasión, ella les contaba todo lo que quería hacer así como lo que ellas hicieran.

—Eso…Suena bien.—dijo Lisa un par de segundos después siendo convencida—Nunca nos perdonaría faltar o retardarnos un solo día a la escuela por algo tan trivial como una pesadilla.—dijo ella acomodándose las gafas y apagando la computadora con datos.

Nadie encontró manera de rebatir eso, y a pesar de que no les gustó como su madre les había dado las ordenes, las aceptaron y salieron al pasillo. Al parecer sin ánimos para la lucha encarnizada.

Ya en el corredor:

—Bien, hora de usar el…—habló Lisa caminando con tranquilidad al baño y tocando la perilla antes de ser interrumpida por un grito de guerra.

Continuaba la batalla en el corredor de ser la primera en usar la ducha, batalla que todas participaban con todas sus ganas; especialmente Lola. La única que parecía resistir el efecto era Lana, quien se disponía a bajar secretamente las escaleras. Y Lori fingía pelear, pero se limitaba a observar como Leni aplicaba una llave para inmovilizar a Luna torciendole el brazo a su espalda. A su vez Lana trataba de escabullirse para bajar las escaleras.

—Hey, un momento Lana, no te has bañado.—dijo Rita, suponiendo que eso era lo que su mama hubiera dicho en su situación.

—Yo…Ehh…—balbuceó Lana—Esta bien mamá…—y se unió a la lucha sin un grito fuerte de guerra, sino apenas un suspiró desganado.

Para Lincoln era extraño ver a su hermana sonrojarse y tratarlo repentinamente no como si le hubiera dado un consejo, sino una orden, aunque este no hubiera sentido que había sido como tal una orden lo que había dicho. Ese poder le gustó, e incluso le hizo sonreír, pero él no estaba en una situación que le permitiera disfrutar o sentir algo aparte de deseos de gritar aterrado, como debería de hacerlo.

Una vez vio como todas regresaban a la lucha matutina diaria, suspiró aliviada y cerró la puerta con delicadeza, logrando que el ruido de afuera se hiciera menor, y entonces volteó a verse a si mismo. Tratando de sonreír se acercó a él y comenzó a darle pequeños empujones, esperando no encontrar un cadáver. Para su suerte, hubo respuesta de su parte con un pequeño quejido.

—Estoy vivo…—suspiró aliviado—Ahora, a comprobar que sea ella…—tomó su alarma y la puso al lado del oído de su segundo yo, provocando que la alarma sonara fuertemente en el oído de Lincoln.

Nada.

—Diablos.—dijo Lincoln escuchando a su madre insultar, aunque él controlaba lo que ella decía—Esto es incomodo…—dijo queriendo rascarse la nuca, consiguiendo solamente que los huesos de su brazo tronaran fuertemente—¡Ay, ay, ay!—gritó sobando su codo—Nota mental, mama no se puede estirar mucho…—dijo para si mismo—Ahora… ¿Qué puedo necesitar para despertar a mi otro yo?—dijo comenzando a dar vueltas por la habitación—¡Oh ya sé!

Rita Loud salió rápidamente por la puerta y en cuestión de lo que fueron un par de minutos, en los cuales la batalla campal terminó, ella fue con un balde de agua a la habitación de Lincoln, las hermanas Loud que estaban haciendo fila la vieron con ojos interrogativos, esperando una respuesta clara.

—Ehhh…Esto es algo totalmente normal.—aseguró Rita a las niñas tratando de sonar como su mamá, pero estaba demasiado nerviosa.

—Nah ah…—fue la respuesta de una Lily en negación, también en la fila del baño, solo quedaban ella, Lana, Lucy, Luan y Lori para bañarse en la fila, el resto se encontraba en sus habitaciones.

—Sí, sí lo es.—dijo encerrándose en su antigua habitación y recargándose contra la puerta—Espero que esto funcione.

Estaba a punto de echar el agua, cuando vio que al lado del otro Lincoln había un comic de Ace Savvy, precisamente por el que se había peleado con esa chica Renee el día pasado. Era un cómic demasiado valioso, así que lo hizo a un lado, dejándolo expuesto a la vista de todos en la mesita de noche, pero a salvo del salpicón de agua que recibió su contraparte casi al instante.

El agua estaba fría y permitió que Rita Loud se despejara momentáneamente y abriera los ojos, volviendo a encontrarse con el techo del cuarto de Lincoln, esta vez borroso por el efecto del agua. Se talló rápidamente los ojos mientras se sentaba en la cama, sintiendo que había alguien a su lado, y una vez abrió los ojos, aunque sabía que la vería, no estaba preparada.

—Tu…—dijeron ambos al mismo tiempo aterrados—Yo…—se apuntaron a ellos mismos—Pero…

Ambos se quedaron callados durante más de cuarenta segundos, insólitos ante lo que sus ojos mostraban. Enfrente suyo era como tener un espejo que los hubiera dejado mudos. Rita en el cuerpo de su hijo se sujetó de sus rodillas mientras sentía que le faltaba el aire del susto que le había entrado repentinamente al verse a si misma. Lincoln no se encontraba mejor, sujetándose el cabello con fuerza, aunque no la suficiente como para arrancárselo de nuevo.

Cuarenta segundos, solo intentando procesar todo, antes de que siguiera la pregunta que Lincoln se había estado formulando desde que recobró la conciencia. Y aunque hablaron, las expresiones de estupefacción continuaron.

—¿Tu eres mama…?—dijo con el mayor tacto que pudo la mujer.

—¿Tu eres Lincoln?—respondió Lincoln pareciendo a punto de hundirse, y llevándose ambas manos a los ojos—Esto no puede estar pasando.

—Mamá…Yo…

—No puede estar pasando…—y lanzó una carcajada—Es una broma, ¿Verdad?

—No, no lo es.—dijo Rita con franqueza, hiriendo nuevamente a su madre con sus palabras que resultaban ser verdaderas—Mamá…Tenemos que…—se señaló a si mismo y luego a su otro yo.

—Tenemos que…—repitió Rita antes de abrazarse a si mismo, sintiendo como los brazos de Lincoln alcanzaban sus rodillas y comenzó a mecerse de un lado a otro, intentando recuperarse—Tenemos que…Tenemos que estar locos…

Y Lincoln no encontró manera de rebatir aquellas palabras, su madre se encontraba a punto de la exasperación. Pero él mantenía la calma, posiblemente porque le aterraba tener que explicarle a cualquier otra persona su situación, quizá porque no era consciente de la gravedad del hecho. Lo cierto es que su calma era relativa y forzada por él mismo. Los minutos pasaban con velocidad vertiginosa, y ambos solo ballbuceaban.

—Está bien.—dijo Rita suspirando—Iré por el resto, tenemos que contar…

—¡Ni se te ocurra jovencito!—se acercó de un salto a la puerta Rita Loud, y aunque era mucho más pequeño que su otra yo, seguía teniendo ese rostro intimidante que la caracterizaba cuando iba enserio.

—P-pero…

—Pero nada, NADIE se enterara de esto.—dijo Rita decidida y dando un grito a la Rita adulta.

—Pues yo…

—¡¿Lincoln?!—se escuchó un grito desde la puerta de entrada baja, probablemente de Lola—¡LINCOLN! ¡YA ES HORA DE IR A LA ESCUELA!—su grito fácilmente hubiera sido escuchado por toda Royal Woods.

—No puedo ir a la escuela así…—dijo Lincoln comenzando a tocar su nuevo cuerpo, creyendo que todo podía ser solo una simple ilusión óptica.

—Ni yo a trabajar…—dijo Rita mirando sus manos de chico, algo más ásperas de como recordaba las suyas propias—¿Qué fue lo que…?

Pero se escuchó un segundo grito incluso más fiero que el primero, casi pudieron saborear los rugidos de Lola como un incremento exponencial en su ira, aunque era la ira más digna de un Leopardo.

—¿Qué haremos?—fue la pregunta de Lincoln, esperando ser guiado.

—No lo sé…—dijo Rita sujetándose la frente como si le doliera la cabeza—No sé, no sé…—repetía.

—Mamá, ¿Qué vamos a hacer?—preguntó Lincoln zarandeando su propio cuerpo de uno a otro lado.

Escucharon pasos acercándose a las escaleras, posiblemente la iracunda Lola. A su vez, desde Vanzilla se escuchaban múltiples pitidos, probablemente pidiéndole que se apresuraran.

—Estas enferma mamá…—dijo Rita con un tono de voz muy parecido al de Lincoln.

—¿Qué?—este se asustó y su mamá lo estiro para que ambos estuvieran a la misma altura y pudiera susurrarle.

—Tu quédate aquí y finge estar enferma, yo iré a tu escuela para que no sospechen y cuando vuelva resolveremos todo esto.—dijo ella—Decirle a tus hermanas sobre toda esta situación, o a papá, sería una locura.

Las pisadas estaban cada vez más cerca, y ambos se veían arrinconados entre la decisión súbita de guardar un secreto terrible, o sacarlo a la luz y esperar que el azar los arreglarse.

—Fingiré lo mejor que pueda... Lincoln.—le cerró el ojo Rita, guiñando de una manera tan poco sutil que si Lola hubiera entrado a la habitación en ese momento, hubiera sospechado mucho, él no era sutil.

La puerta fue abierta de par en par con una patada que la hizo estrellar contra la pared, una Lola echa furia, con la cara roja y su mirada asesina, se manifestó frente a los dos, indignada y contrariada.

—¡Ahí estas Lin…! ¿Mamá?—se extrañó Lola—¿Sigues aquí con Lincoln?

Toda su actitud agresiva parecía haberse desvanecido cuando vio a su madre enfrente de ella. Era casi como si el demonio que conocían hubiera dejado de poseer a una pequeña niña dulce y tierna. Ese cambio de actitud, aunque Lincoln lo reconocía, debió aceptar que no lo esperaba a su persona. Que aquella vez sea a él, o ella, a quien Lola mirará con ojos suplicantes de disculpa.

—Sí, sigo aquí…—dijo desconfiando de su actitud, cosa que Lola no dejo pasar por alto, pues levantó ligeramente una ceja.

—Ohh, lamento mucho interrumpirlos.—lanzó una risita pomposa antes de voltear a Lincoln, durante un breve segundo Rita pudo ver la rabia reflejada de Lola, posiblemente Lola se enojó creyendo que el niño usaba a su madre como escudo para no ser maltratado, cuando la realidad estaba lejos de ser eso—Lincoln, querido hermano, ya es tarde para la escuela.—y Lola tomó de la mano a quien creía que era su hermano, apretando con una fuerza descomunal que Rita no esperó venir—Vámonos ya Lincoln…—su voz y sonrisa seguían siendo melosas, pero su agarre era rudo.

—Auch…—susurró Rita no esperando ese agarre, aunque comenzando a asustarse por las miradas que le lanzaba Lola.

—Vámonos Lincoln.—dijo con una sonrisa donde mostraba todos sus dientes, una sonrisa tan ensayada que ya parecía falsa.

Rita salió volando junto a Lola y un nuevo pitido de Vanzilla. Intentó aferrarse a la cama de su hijo, logrando solo conseguir la mochila, y una camiseta naranja que estaba encima de esta. Se dio cuenta que estaba en pijamas aún, y cuando volteó a ver hacia su otro cuerpo, Lincoln le sonreía despidiéndose de ella, pero su mirada se veía llena de energía. Ella estaba segura de que Lincoln no desperdiciaría un segundo del día sin buscar alguna manera de regresarlos a ambos a la normalidad.

El trayecto para bajar las escaleras fue corto, y después en Vanzilla tuvo que irse en el peor lugar de todos. Rita sabía que no podía inventarse ninguna excusa, así que permaneció callado y alegre. Aunque una pasajera no le veía con buenos ojos, sino con unos rabiosos desde el asiento trasero.

"¿Cómo puede estar tan contento? ¿No le importa acaso la pelea de anoche?" eran los pensamientos de una molestísima Lynn. "No, claro que no le importan, para este momento ni debe acordarse de lo que le conté…" Miró decepcionada el suelo "Tal vez debe pensar que no debería provocarme para evitarse más problemas…" dedujo finalmente volviendo a echarle una mirada, pero se sintió mal consigo misma por considerar aquello "Nah…Él solo cree que soy débil, sí, eso cree… ¡Te demostrare quien es débil Lincoln Loud!" y al pensar eso sintió como su puño se cerraba con firmeza "Encontrare un nuevo deporte que practicar; cueste lo que cueste, y me haré la mejor, porque nunca me pienso rendir, nunca, nunca, nunca…Nunca…" Se sentía tan llena de energías que casi que hubiera gritado la última palabra, pero se contuvo, dejando salir su ira solo con una sonrisa "Ya lo verá, todos lo verán."

Pero ni aun con sus más mordaces pensamientos logró hacer que su hermano volteara a verla, solo para restregarle en la cara que ella iba a vencerlo.

Lo que no sabía, es que su hermano, el de verdad, se encontraba en aquel momento en lo que debería ser su habitación, si este siguiera en su cuerpo. Pero no lo estaba, sino que se encontraba como huésped dentro del cuerpo de su madre, y no como feto, sino que literalmente, su alma… mente… Éter… lo que sea que hubiera ocurrido o intercambiado con ella se encontraba dentro del cuerpo de su madre, él lo iba a solucionar.

Volteó de vuelta abajo, hacia su nuevo cuerpo, seguía usando el camisón de su madre, con la estatura de su madre, usando las manos de Rita y cuando suspiró decepcionado escuchó la voz femenina en la cual tantas veces había buscado consuelo, como consejos que siempre resultaban ser sabios. Ahora usada por su boca joven e inmadura.

La pesadilla apenas había comenzado.

Continuara…

Frase.— Hay dos clases de personas, las que se preocupan de las cosas y las que se ocupan de ellas.

Na.-Si preguntan por las tardanzas…Borre y reescribi este cap al menos 6 veces (¿) Lo lamento.