Prometo seguir a la diosa Artemisa.

Doy la espalda a la compañía de los hombres

Acepto ser doncella para siempre y me uno a la cacería.

Las palabras salieron de ella con una seguridad que tan solo una semana atrás Kayla no sentía, miraba fijamente a los ojos a Artemisa, aun arrodillada a tan solo unos metros de las barreras mágicas del campamento en la sima de la colina mestiza.

Lo que más la había hecho dudar era pensar en el futuro, uno muy lejano para cualquier mortal, e imaginar el momento en que ya apenas pudiera recordar a su familia y amigos en el campamento mestizo, con sus rostros y nombres casi perdidos en su memoria ¿Cómo soportaría llegar un día cualquiera y comprender que todos a los que ahora dejaba atrás ya no estaban allí y nunca más lo estarían?

Pero después de todo, ella era una mestiza y ahora una cazadora, incluso con una vida mortal nunca podías dar nada por hecho y aun así debes tomar decisiones y asumir sus consecuencias. Y esta era su decisión, ella ya no pertenecía a la cabaña 7 y el campamento mestizo ya no era su hogar, ahora solo estarían los lugares a donde ella y el resto de las cazadoras fueran.

Miró hacia el campamento una última vez, mientras el sol se ponía y hacia brillar más que nunca la fachada de la cabaña 7. Extrañaría a sus hermanos, por supuesto que lo haría, pero estaba segura de haber tomado la decisión correcta y sabía que ellos al final lo entenderían. En cuanto a Apolo… ¿Qué pensaría él de que una de sus hijas se uniera a su hermana? ella no tenía idea de qué pensaría su padre sobre su decisión.

Contuvo la respiración hasta que la diosa aceptó su juramento y cuando lo hizo una extraña sensación la recorrió de la cabeza a los pies, era algo parecido a lo que sentía cuando sus hermanos la curaban, pero más pacífico. Con su juramento, más que aceptar una carga, Kayla sentía que se había quitado muchas de encima, no solo las responsabilidades normales y el efecto de los años en los mortales, también parte del remolino de emociones que siempre sentía que la iban a ahogar. Puede que todo eso siguiera allí en alguna parte, pero ahora se sentía capaz de manejarlo mucho mejor de lo que jamás se lo hubiera imaginado, sentía una tranquilidad que hasta ese momento no había notado jamás.

Si tuviera que compararlo con algún momento de su antigua vida, Kayla lo compararía como el momento exacto en el que apuntaba a la diana, cuando respiraba hondo y disparaba una flecha con la seguridad de dar en el centro, si pudieras detener el tiempo en ese preciso momento o alargarlo eternamente, eso es lo que ella sentía ahora. También sentía que podía concentrarse más en todo y aun así permanecer calmada, lo que la hizo preguntarse si el THDA le seguiría afectando igual que antes, ya que normalmente en el único momento que parecían no afectarla solía ser cuando practicaba con el arco. Físicamente también se sentía diferente, con más fuerza, agilidad y precisión que antes.

La primera en acercarse a ella fue Thalía Grace, la lugarteniente de Artemisa, y en cuanto Kayla estuvo de pie nuevamente la abrazo y con una sonrisa radiante anunció:

- Bienvenida, hermana.

Kayla respondió con una pequeña sonrisa y le devolvió el abrazo a su nueva hermana, luego hizo lo mismos con cada una de las cazadoras que se amontonaron a su alrededor para felicitarla y presentarse con tal entusiasmo que no tardaron mucho en mudárselo a ella. Eran muchos nombres y caras nuevas por conocer, más de veinte chicas, pero tendría tiempo, realmente mucho tiempo para conocer a cada una de ellas.

Partieron poco después, tras un rastro que Artemisa decidió seguir y que rápidamente las alejó de Long Islam. Kayla no miró atrás, desde ese momento ya no lo haría. Pertenecer a las cazadoras era emocionante y divertido, tuvo oportunidad de demostrar su buena puntería, que luego de la bendición de Artemisa era aún mejor que antes y se pasó gran parte del camino charlando y bromeando con las demás como si las conociera de toda la vida, con ellas sentía que era el lugar en el que pertenecía, algo muy parecido a lo que muchos años atrás le había ocurrido al ser reclamada por Apolo e instalarse en la cabaña 7. Cuando era ya casi media noche levantaron el campamento y Kayla iba de aquí para allá ayudando a las demás, le asignaron una de las tiendas y le consiguieron todo lo que podría necesitar, en poco más de 15 minutos, entre risas y bromas, terminaron de instalarse.

En algún momento Kayla se alejó de su tienda y caminó alrededor del campamento, entre los lobos y las cazadoras que hacían guardia en ese momento, pensando en su decisión, no porque se arrepintiera ni nada de eso, sino que pensaba en las reacciones de las personas a quienes amaba. Pensaba en sus hermanos de la cabaña 7, especialmente en Austin que era el que peor había tomado la noticia y Kayla temía incluso que no la perdonara, también pensó Apolo, recordando el poco tiempo que había pasado con él y preguntandose si él ya lo sabía, por ser el dios de las profecías y que de seguro le hechaba un vistazo a sus hijos de vez en cuando. Al final también pensó en Darren, su padre mortal quien había muerto hace ya dos año, lo extrañaba y aun le dolía muchísimo no tenerlo junto a ella, pero eso era algo que ya no podría cambiar, solo podía recordar lo maravilloso que él fue, y como siempre él le había dicho que todo lo que estuviera bien para ella, lo estaría para él, que la apoyaría incondicionalmente en todas sus decisiones, entre las cuales contaba esta, algo de lo que llegó a hablarle hacía más de tres años atrás, porque esta era una decisión en la que llevaba años pensando y de la que estaba segura que no se arrepentiría.