Una Semana con los Loud
Capítulo 13 Encrucijada asiática
Llegaron al restaurante de Pei-Pei cuando el atardecer entraba en su apogeo. Rita tomó el bolso de su madre y comenzó a revolverlo para sacar el dinero correspondiente al taxista. Lincoln le apresuro mientras Rita le daba cincuenta dólares al taxista, siendo la tarifa de apenas treinta y cinco dólares. No recibió el cambio debido a que nunca lo pidió.
Lincoln miraba molesto el restaurante, la anterior vez que había estado ahí fue en el cuerpo de una mujer madura y derecha, ahora volvía como un niño que no estaba seguro si estaba o no cuerdo. Él y Rita caminaron con nervios a la recepción del establecimiento, los atendió la misma chica rubia de nacionalidad americana que el día pasado los había llevado a su mesa cargando un portapapeles donde debía llevar el registro de entradas, salidas y reservaciones.
—Buenas noches, bienvenidos a Los Chinos de la Suerte.—dijo la mujer sonriente antes de levantar una ceja—Oh, familia…Yo me sé su nombre.—dijo ella llevándose la pluma del portapapeles a la boca—Familia Loud, ¿No?—dijo la joven apuntándoles con la pluma—¿Mesa para dos?
—No, necesitamos hablar con la dueña del local.—dijo Lincoln autoritariamente—¿Dónde está Pei-Pei?—dijo él haciendo memoria.
Rita se mantenía un paso atrás de Lincoln, esperando no tener que hacer enfadar a la fiera interna de su madre. La joven empleada solo levantó mucho la ceja sin saber si indignarse o genuinamente preocuparse.
—¿Deja que su hijo se comporte de esa manera señora?—preguntó la mujer desaprobatoriamente.
—Ehhh…—se sorprendió y sonrojó Rita—Disculpe, señorita, enserio necesitamos hablar con la señorita Pei-Pei…Verá…
—¡Lincoln díselo directamente!—gritó el chico provocando que todos en el restaurante voltearan a verlos—Digo, "mamá" hazlo…—no era en lo absoluto notorio y evidente la rabia que le daba decir esas palabras tan sutilmente ocultas por Rita—Solo dile lo que creemos paso en este restaurante.
—¿Por favor?—suplicó Rita a la mujer rubia confundiéndola totalmente.
—Veré qué puedo hacer.—dijo la empleada dando media vuelta con una sonrisa, pero al ver que estaba fuera de su alcance visual su expresión cambio a una de confusión total.
Rita y Lincoln decidieron sentarse en una mesa del local que estaba vacía, uno enfrente de otro tratando de relajarse y Lincoln buscaba medir sus palabras exactas para tener cuidado de no revelar todo de golpe.
Tardo casi cinco minutos hasta que llegó finalmente a las puertas del local la amable señorita asiática que los había atendido el día pasado cuando Lincoln tuvo una discusión con Lynn y dio la advertencia a la familia, su cabello pelinegro estaba recogido con una liga y usaba un vestido rojo con toques negros que le hacía parecer parte del tapizado. Rita le sonrió, mientras que Lincoln se esforzaba por no lanzarse encima de ella por seguir con su sonrisa.
—Buenas tardes señorita Cloud.—dijo la mujer sonriente—Es un honor que vuelvan a nuestro restaurante tan…
—Buenas…Tardes señorita.—hablaba atropelladamente Rita con mucho nerviosismo.
—Veo que trae de nuevo a su pequeño.—dijo la mujer volteando al niño—Me han informado que querían hablar directamente conmigo sobre algo que paso en el restaurante.—dijo ella sumamente arrepentida—Y creo que temo saber qué les paso, señorita Cloud.—dijo dirigiéndose a Lincoln.
Rita y Lincoln parpadearon un par de veces antes de voltear a ver hacia la referida Pei-Pei con incredulidad. La mujer asiática solamente lanzó un suspiro, mientras se forzaba por mantener una sonrisa, aunque en su rostro se notaba que estaba molesta. Mientras ellos esperaban fueron dirigidos hasta una mesa cercana.
—Maaamaaaaa…—lanzó un quejido antes de sobarse sus sienes—Esperen un segundo, tarda por la edad…—dijo tratando de no parecer molesta.
—¿Cómo?—se sorprendieron ambos, pero Pei-Pei se limitó a decirles con mímica que la esperaran.
Ambos quedaron en silencio y esperaron hasta que llego desde las cocinas una mujer de avanzada edad, con una cabellera llena de canas y de un origen asiático demasiado marcado como para no ser visto, se acercó a ambos. Ya la habían visto antes, justo cuando estaban discutiendo en el pasillo del baño junto a Lynn. La mujer caminaba con la cara roja como un tomate y tratando de no mirar a los dos.
—Ella es mi mama, es muy buena cocinera.—dijo Pei-Pei tomando de los hombros a la otra mujer mayor de edad y sonriendo de par en par—Si quieren les preparará algunos de sus mejores manjares como compensación de…
—¿Compensación?—gritó Lincoln—¡¿Saben lo que han…?!
—Señorita Cloud, entiendo perfectamente lo que está pasando, créame no es la primera vez.
—¿Cómo de que no es la primera…?—se indignó nuevamente Lincoln.
—所有這些都是一個錯誤.—dijo la madre de Pei-Pei bastante molesta.
—這是你的錯.—dijo con reclamo Pei-Pei en chino.
Lincoln y Rita vieron la conversación incrédulos donde parecía que la mujer dueña de restaurante reprendía a su propia madre.
—這個餅乾是給女孩的.—dijo la anciana con aire definitivo.
—¿Qué está diciendo?—inquirió Lincoln interrumpiendo la no tan alegre conversación.
—Dice que estaría encantada de cocinarles un…
Se detuvo porque vio la cara de molestia y enfado de Lincoln, lanzó un largo suspiro pesado y se detuvo un segundo antes de asentir, sabía que no se merecían los presentes la larga.
—No hay vuelta atrás, por lo menos no podemos darles nosotros una vuelta atrás.—dijo Pei-Pei negándole a su madre—La única forma de revertirlo todo es cumpliendo la fortuna.
Lincoln se dejo caer sobre su asiento evitando derrumbarse en ese momento al darse cuenta de las consecuencias de las palabras de Pei-Pei y dejando caer su cabeza sobre la mesa mientras Rita solo sonreía con mucha confianza.
—¿Solo es eso? ¿Cumplir una tonta fortuna?—dijo Rita tratando de que alguien riese con lo que acababa de decir—Oh vamos, no es tan complicado.—le dijo a Lincoln y las mujeres asiáticas que sonreían incomodas.
—Lincoln, ¿Recuerdas cuál era esa fortuna?—preguntó entonces Lincoln a su madre.
Fue entonces cuando Rita trato de hacer memoria de lo que había pasado ayer, pero todos los eventos antes del terremoto estaban poco claros.
—No, no la recuerdo…—dijo finalmente Rita dándose finalmente cuenta a lo que su madre refería.
Parecía que ambos iban a rendirse cuando entonces Lincoln comenzó a negar fuertemente y miró con suplica a las dos mujeres chinas.
—¿Y tiene que ser la profecía exacta lo que debamos cumplir?—preguntó Lincoln moviendo mucho las manos—¿No puede ser alguna otra cosa?
—Sí, lamento decirle que sí.—dijo Pei-Pei avergonzada—Pero estoy segura que ustedes encontraran la manera de cumplir la fortuna, de lo contrario, todo se quedará como esta.—dijo antes de cerrar los ojos—Pero, hay esperanza, la doctora Coleman hace unos diez años ya paso por lo mismo con su hija y soluciono todo en un día.—dijo ella.
—¿Ha habido otro caso?—preguntó esperanzada Rita.
—Bueno, hubo varias, como esa vez de una pareja de jóvenes, pero esa fue permanente y porque quisieron…—dijo ella haciendo mucha memoria.
—¿Podemos durar así toda la vida?—iba a hiperventilar Rita.
—No señorita Cloud…Señorito…—dijo Pei-Pei tratando de calmarle—Lo que ustedes necesitan es volver a encontrar esos papelitos y cumplir la profecía, es muy simple, la doctora Coleman y su hija lo hicieron en un solo día, estoy seguro que para mañana todo esto será una experiencia de la que todos reiremos.—dijo tratando de sonar dulce—Bien, muéstrenme sus fortunas.
—Yo solté el mío durante el terremoto.—hizo memoria Lincoln mientras caminaba en círculos.
—Creo que yo también.—dijo Rita evadiendo el ataque de nervios estirándose el cabello, dándose cuenta que duele mucho más siendo mujer y soltando su cabello.
Pei-Pei sabía que si no tenían el papelito nada podía hacer por ellos, se limitó a abrir de par en par los ojos y hacer señas nada sutiles a su madre para retirarse cuanto antes.
—Enserio lamentamos toda esta inconveniencia.—dijo Pei-Pei levantándose de la mesa bastante nerviosa y casi obligando a su mama a hacer lo mismo—Podría ofrecerles una comida gratuita y…
Pero Lincoln la interrumpió sin decir una palabra, solo haciendo chasquidos y negando con la cabeza, al ver la cara de sorpresa de Pei-Pei se interpuso en su camino.
—¿No tienen una copia de la fortuna?—preguntó como última esperanza.
—El problema de tener una copia es que cada vez que alguien lo lea, cuando otra persona lo lea, entonces la magia tendrá efecto.—dijo Pei-Pei después de que su madre diera esa misma explicación pero en Chino.
—Esto debe ser una broma…—dijo Lincoln sintiendo como si una cubeta de agua fría le hubiera caído encima.
—Más bien es una comida gratis, mandaré a una camarera para que pidan lo que deseen.—dijo Pei-Pei llevando casi a rastras a su madre de vuelta a la cocina.
Aunque la madre solo hablaba en chino, era evidente que le estaba reclamando a su hija por los tratos que estaba recibiendo mientras que Pei-Pei se dedicaba a tratar de no perder su sonrisa. Rita y Lincoln estaban demasiado impactados por la noticia que si no descubrían la profecía no podrían volver a sus cuerpos que no se levantaron para detenerlas.
Las dos mujeres estuvieron a punto de volver a la cocina cuando un brazo, proveniente de un cuerpo con traje negro, de piel pálida y ojos pequeños pero feroces. La elegancia del presente solo era contrarrestada por su sonrisa llena de dientes amarillos y bastante amenazante. El hombre en cuestión dio un par de pasos hacia las señoritas, haciéndolas retroceder a ambas con cierto espanto.
—Vaya, vaya, vaya, ¿Qué tenemos aquí?—dijo el sujeto con un marcado acento nipones que no se esforzaba en ocultar—Si es nada más y nada menos que Pei-Pei.
—Hikaru.—dijo Pei-Pei tratando de parecer firme, pero su voz formó un gallo y no le ayudo mucho en las apariencias—¿Por qué nos honras con tu presencia?
Por la manera en la que Rita escuchó "honras" sabía que no podía ser algo bueno. De todas maneras, Lincoln la tomó del brazo, se sentó y fingió checar el menú. Rita quería seguir observando, pero Lincoln la estiró del cabello con rapidez para que volteará a ver al menú. Rita lo hizo con pésame y tratando de escuchar la conversación.
—Ya sabes el trato.
Dijo sonriendo ampliamente y acercándose mucho a Pei-Pei, si bien la mujer le ganaba por unos años, la diferencia no era tanta y al menos así lo imaginaba Rita que casi podía imaginar como la tomaba de la barbilla y acercaba su rostro al de ella mientras Pei-Pei se resistía.
Lincoln por su parte sentía una fuerte necesidad de voltear a ver lo que ocurría, pero por otro no tenía ganas de saber nada sobre ese sujeto.
Se escuchó como Pei-Pei dio unos pasos y el sonido de una caja fuerte siendo abierta, Rita se dispuso a bajar el menú, con mucho cuidado y por sobre los consejos de su madre, pudo ver como la mujer le daba al sujeto una cifra considerable de billetes llena de miedo, pero sin temblar. Quería mantenerse firme a pesar de que a ella misma le temblaban las piernas por la presencia del sujeto.
—Para mí siempre serás una boshoujo.—dijo con falso pésame al recibir el dinero—Pero, negocios son negocios.—
Guardo el dinero con placer y se despidió mandando besitos. Una vez se retiró la madre de Pei-Pei volteó a ver a su hija con un rostro de decepción increíble. Rita entendió que la mujer mayor se debía negar a entregar el dinero.
—Creo que será mejor retirarnos.—dijo Lincoln tomando la mano de Rita y obligándola a levantarse.
—Pero Pei-Pei…—trató de decir Rita.
—No es asunto nuestro, y Dios nos salve de que nuestra familia se meta en problemas con esas personas.—dijo Lincoln llevando a rastras a su mamá hacia la salida.
Pei-Pei volteó a verlos y lanzó un suspiro al verlos retirarse, sabía que volverían, pero al menos eran una preocupación menos. Solo dio un suspiro, soltó una lágrima solitaria y volvió a poner su sonrisa para evitar que los demás clientes notaran que ella se sentía mal.
Lincoln y Rita tomaron el primer taxi que pudieron y volvieron a su casa, no habían vuelto a ser ellos mismos, pero al menos sabían lo que tenían que buscar y hacer.
Por otro lado, en la azotea de la casa Loud se encontraba Lana subiendo una manguera por un hueco en una pared para poder rellenar una piscina inflable donde una persona podía caber. El hueco en cuestión era invisible a menos que alguien entrará al baño del segundo piso y abriera las cortinas de la regadera.
Ella tomaba el agua proveniente de la regadera para que esta fuera transportada hasta arriba. Tuvo que desmantelar la regadera para poder insertar una válvula de paso en el final de la tubería y que esta se conectará a una manguera para darle la presión suficiente como para que el agua subiera hasta el segundo piso por ese método. Lucy estaba impresionada por la eficiencia de Lana, a pesar de que el llenado del agua era lento, aprovechó el tiempo muerto para anotar en una libreta la lista de materiales que iba a necesitar.
—Esto es perfecto.—dijo Lucy sonriendo ampliamente mientras aplastaba un poco la piscina inflable—Tiene que ser una cantidad importante de agua si queremos que el Profundo aparezca…
—¿Qué, qué cosa qué?—preguntó Lana sin entender, levantando su vista de la piscina.
—Es solo una broma Lana.—dijo Lucy tomándola del hombro y viendo hacia donde antes ella había estado trabajando—Veo que solucionaste las fugas con unos parches.
Lana sonrió orgullosa de su trabajo mientras se acomodaba la gorra en señal de modestia mientras trataba de no sonrojarse.
—Oh esto no es nada, deberías ver lo que hice para Lisa cuando quiso instalar su cámara en el retrete.—dijo ella señalando la parte baja.
—¿Lisa tiene una cámara en el retrete?—preguntó Lucy, y aunque Lana no podía verle la ceja estaba segura que esta se encontraba levantada.
—Yo…Ehh… ¿Dije demasiado?—dijo Lana volteando de un lado a otro nerviosa.
—No, está bien… Siempre y cuando recordemos tener una charla con Lisa sobre privacidad.—dijo Lucy cruzándose de brazos y Lana chasqueo los dedos a la vez que sonreía.
Una vez Lucy se aseguró de terminar la lista y cuando Lana aseguró la manguera con cinta a una orilla para que esta continuara entregando agua las dos se dispusieron a ir al cajón de especias en la cocina para conseguir los materiales de la lista. Bajaron las escaleras Lana primero y Lucy después.
—Es como una expedición de brujas.—dijo Lana emocionada—Ojala tuviera una gorra negra para marcar el momento dijo a la vez que Lucy cerraba la escalera del ártico.
—¿Brujas?—dijo Lucy volteando a verla mientras ambas bajaban juntas al primer piso—Yo diría más bien bruja y novicia.—dijo aquella aclaración.
—¿Novicia?—preguntó Lana.
—Novata.—contestó Lucy sonriendo.
Finalmente, en la cocina ambas se dividieron y comenzaron a buscar los ingredientes enmarcados, Lucy evitaba decir cosas como "patas de cucaracha" y "ojos de pescado partidos a la mitad" debido a que conocía lo mucho que Lana amaba a los animales como para obligarla a ver eso. En su mente resonaban los canticos a la madre Hidra sin que pudiera evitar que estos hicieran un eco lejano. Era como si su alma desease comenzar con el ritual cuanto antes solo por ese momento, como si aquello fuera altamente importante.
Una vez Lucy fingió que tenían todo lo que necesitaban ambas volvieron de vuelta al ático, donde notaron que el agua aun no llegaba a la mitad.
—Lucy, ¿Y si tu hechizo llegará a funcionar qué es lo que traeríamos?—preguntó Lana curiosa.
Al principio Lucy se limitó a lanzar una leve carcajada por la ocurrencia, evidentemente no iban a llevar a la vida a un Profundo, pero Lana en su inocencia era capaz de creer cualquier cosa. Así que decidió optar por ser mística para darle más impacto a la menor:
—Un ente proveniente desde las más profundas y oscuras aguas parte de una raza más antigua que la humanidad misma y que desea con todo su ser rezar a la madre Hidra al padre Dagon y por supuesto, invocar al sumo sacerdote, Cthulhu.—dijo dejando una pausa dramática con una sonrisa, pensando que había captado la atención de Lana, solo para darse cuenta que Lana no había entendido ni jota y perder su sonrisa—Un hombre mitad lagarto…—dijo ella dándose una palmada en la frente por simplificarlo tanto para la menor.
—¿Un hombre lagarto?—preguntó Lana emocionada abriendo los ojos de par en par y viendo hacia el agua—¡Increíble!
—Sí lo sé, rid… Espera ¿Qué?
A Lucy le sorprendió que Lana le pareciera aquello bien, aunque para quería ser justa con su hermana y Lana ya había aceptado muchas cosas extrañas hasta el momento.
—Imagínate un hombre con la forma de un lagarto…oh oh oh…Mejor aún, con la piel de un lagarto.—dijo casi asfixiándose de la emoción—¡¿Podría hablar con los animales?! Si es así, ¿Podría hacer que Charles me diga dónde escondió mi martillo favorito?—dijo ella antes de voltear a un lado y hablar más para ella misma—Sé que fuiste tú Charles…
En el piso de abajo, el pequeño perro de la casa Loud se encontraba descansando en el patio acostado de barriga. Repentinamente despertó de su aturdimiento, volteando de uno a otro lado, y después de ver que no había nadie en el patio volvió a su estado de sueño.
—No estoy segura si podría hablar con los animales…—dijo Lucy llevándose una mano a su mentón—Pero estoy segura de que no descansarás hasta descubrirlo.
—Me conoces bien hermanita.—dijo Lana sonriendo perspicazmente—Cosa sorprendente, tomando en cuenta que apenas y hablamos.—dijo Lana sin dejar de sonreír, muy probablemente sin una pisca de malicia, pero que hicieron sentir mal a Lucy.
Era cierto que Lucy no era la chica que se dedicaba a hacer las actividades de las demás para poder pasar un tiempo juntas, ese solía ser el trabajo de Lincoln, y como él era su hermano mayor sintió que esa responsabilidad no debía caer en manos suyas. Pero estando ahí, frente a una sonriente Lana, servicial a lo que ella deseaba y sabiendo que ambas no eran precisamente como uña y carne, sentía que debía hacer algo por cambiar aquello.
—Y mañana, ¿Qué te gustaría hacer a ti?—preguntó Lucy como quien no quiere la cosa para continuar fingiendo su fachada de indiferencia.
—No lo sé.—dijo Lana viendo que el agua estaba a punto de llenarse—No puedes estar preparada para la vida, sino aceptarla mientras pasa.—dijo Lana con simpleza bajando las escalares para cerrar la llave y volver a poner la regadera.
El sol del atardecer daba indicios de estar comenzando a bajar para volver a ponerse por detrás del horizonte y volver al día siguiente. Lori y Luan hablaban en la habitación de la bromista hablando sobre su hermana Leni, tratando de buscar comportamientos inadecuados o alguna pista que les ayudará a resolver la encrucijada que tenían. Lynn y Lisa se encontraban en la habitación de la científica con un tablero de ajedrez en una mesa que las dividía y un pequeño aparato con dos relojes digitales y contadores en cero. Lola por su parte practicaba su modelado de pasarela tratando de mostrar siempre su arreglo de uñas y de vez en cuando lanzando dardos a donde debería estar un tablero de dardos, pero que encima de esta se encontraba la foto de una niña llena de agujeros. Lana y Lucy discutían alegremente la una con la otra sobre lo que iban a hacer aquella noche. Luna tocaba la guitarra a todo volumen en el garaje, ignorando que probablemente en su casa cosas extrañas se estaban desarrollando, pero ella lo hacía con fervor. Rita y Lincoln en cambio llegaron momentos después con rostros igual de tiesos del miedo y sentándose en el sofá de la sala cada uno separados, esperando encontrar algo qué decir, pero sabían perfectamente lo que debían buscar, ese papelito de la galleta de la fortuna. Como si aquello no fuera suficiente en la residencia McBride se encontraba Clyde tratando de hablar por el walkie-talkie con su amigo Lincoln, pero no era correspondido. El joven Richi se miraba frente a un espejo viendo las marcas balón que tenía en su estómago, producto de un enfrentamiento directo contra Lynn en quemados y con un claro deseo de venganza fijo en el rostro. Una chica llamada Renee miraba orgullosa la colección de comics de Ace Savvy que ahora estaba casi completa. Pei-Pei y su madre despedían a un cocinero de su restaurante porque les era imposible continuar manteniendo su personal con las cifras elevadas que tenían que pagar a los japoneses. Y aun con todo eso Leni caminaba junto a un sujeto hablando animadamente, ambos cargaban con armas de dudosa procedencia ocultas en sus respectivas mochilas y se dirigían a un lugar especial que el profesor Albert le había indicado.
Todo parecía un completo caos, tal y como la casa Loud debía ser, pero las cosas apenas habían iniciado, y los Loud no sabían la que les caería encima.
Continuara…
Frase.—La ambigüedad es invariable.
