Una semana con los Loud

Capítulo 15 El secreto del diario

Pasaron un par de horas en la casa Loud desde que la cena había terminado, ya casi eran las diez de la noche cuando Leni entró por la puerta principal, evitando hacer ruido y volteando de uno a otro lado para asegurarse que nadie la viera. Parecía tener manchas de un líquido extraño por todo el cuerpo y cargaba una mochila, además de que tenía una sonrisa que parecía natural en ella. Luan y Lori veían todo eso desde la laptop de la comediante y estaban listas para confrontar a Leni en el pasillo, imprevista, contra dos y sin armas a la vista. Ya Lori se había puesto en su posición cuando vieron que en lugar de que ella subiera directamente las escaleras, tomó un desvío y se dirigió al sótano sin siquiera dejar su mochila a un lado.

—La cámara.—dijo rápidamente Lori volviendo a la laptop.

Luan acató la orden, pero no sirvió más que para ver un montón de tuberías. Recordaron que la cámara se encontraba desacomodada y solo vieron un montón de tuberías mientras se escuchaba el sonido de la lavadora siendo encendida en el piso bajo y luego una puerta cerrándose en el piso bajo. Aunque claro, la videocámara no transmitía audio, por lo que no pudieron escuchar, ni registrar nada de eso. Momentos después Leni subía las escaleras con un impecable vestido verde como los que siempre usaba y dirigiéndose al baño superior, donde tomo una ducha. No llevaba la mochila con la que había salido de la casa.

—Sea lo que sea que llevase en la mochila, lo oculta en el sótano.—dijo Lori al escuchar la regadera—Dime por favor que no tienes cámaras en el baño.

—Para tu suerte, no.—dijo Luan negando, aunque parecía contemplar la idea para su interior—Pero podemos ir a buscar lo que sea que tenga escondido en esa mochila.

Lori sabía que, si quería aprender a confiar en Luan, debía primero hacer una serie de pruebas sin que ella lo supiese, primero que nada, si ellas dos iban al sótano y resultaba que Luan estaba involucrada con Leni, ella se encontraría sola contra ellas dos en el sótano y sin forma de defenderse. Por otro lado, necesitaban que alguien le informase si Leni se dirigía abajo, y como no tenía tiempo, o la confianza, para contarle el secreto de Leni a nadie más, Lori decidió que solo había una manera de resolver esto.

—No, iré yo.—ordenó Lori tajante, tomando su celular y poniéndolo en modo vibrador—Si ves que Leni sale del baño me avisas y yo salgo de ahí.—dijo su plan, y al ver la sonrisa de Luan agradeció no tener que volver a explicarlo—Descubriré qué es lo que tiene que lavar a estar horas.

Luan asintió y tomó su celular también, preparada para poner en acción el plan de contingencia. Lori bajo rápidamente las escaleras con sigilo, tuvo que ir de puntillas en el piso de abajo para que el señor Loud, que estaba en su habitación probablemente dormido, no la notase. Finalmente, entró al sótano, bajo las escaleras del mismo ya con menos cuidado y se acercó a la lavadora, abrió esta para comprobar lo que se encontraba dentro.

—Bingo…—dijo sin saber si sentirse bien o mal con la respuesta que había encontrado, suspiró molesta—Parece que mis sospechas eran ciertas…

Su celular comenzó a vibrar antes de que pudiera hacer nada para deshacer sus progresos. Supo que no tenía tiempo así que aventó la ropa de vuelta y cerró la secadora, sin darse cuenta que al hacerlo su celular cayó debajo del calentador de agua, que a esa hora de la noche se encontraba apagado, y se refugió detrás de este haciéndose bolita. Ella esperó que de un momento a otro Leni abriera la puerta, así que asomó ligeramente su cabeza y luego se recargó mientras se hacía pegaba más a la pared del calentador para que no pudiera verla. Lori esperó viendo con molestia la puerta con atención, sin prestar atención a nada.

Ella no tenía idea que el celular seguía sonando en modo vibrador debajo del calentador y que ella había recibido la llamada de su novio Bobby para desearle las buenas noches.

Por otro lado, en la habitación de Lincoln se estaba armando un desastre colosal, puesto que Lincoln y Rita buscaban enloquecidamente un papelito que habían recibido el día pasado en un local chino antes de que toda esa locura en la que estaban metidos iniciara. Papelito por el cual habían pasado por el peor día de su existencia, día que parecía no iba a terminar a deferencia de la habitación de Lincoln que terminó de cabeza.

—Definitivamente no está aquí el papelito.—dijo Lincoln fastidiado después de remover las sabanas de la cama y revisar hasta el fondo de la fundas de las almohadas.

Rita salió debajo de la cama, tenía un muñeco de dinosaurio plastificado en una mano.

—Dany el daspletosaurio, pensé que te había perdido para siempre.—dijo Rita feliz.

—¡Lincoln!

—Lo siento mama, pero no encontré nada debajo, excepto mucha suciedad… Creo que una calceta se movió.—dijo Rita aquello último mostrando que la expedición no había sido agradable—¿Y tú?

—Nada, no lo encuentro.—dijo finalmente Lincoln desdoblando la última camiseta naranja del segundo cajón del mueble de su cuarto y llevándosela a la cabeza frustrado—Esta pesadilla nunca va a terminar…

—¡Oh espera!—dijo Rita antes de volver a sumergirse, aunque insegura—Creo que sé dónde puede estar el papelito…

—¡¿DÓNDE?!—gritó Lincoln tomándola de los hombros y sonriendo con sus ojos brillantes.

Rita lanzo una pequeña risa por ver a su mama así, lanzó un suspiro de alivio y reveló:

—Puede que lo haya dejado en mi comic.

—Tienes decenas de comics cariño.—dijo Lincoln negando.

—Sí, yo veré con los que tengo bajo la cama, aunque si me tuvieran que pagar, creo que lo deje en mi comic especial de colección como separador.—dijo sonriendo y metiéndose de vuelta a la cama, no sin antes dejar a Dany el daspletosaurio en las sabanas de la cama superior.

—¿Tu comic especial?—dijo Lincoln mirañ9ndo hacia la mesita de noche de la habitación la cual solo tenía una libreta suya con la indicación de "tarea".

—Sí, creo que lo deje en la mesita de noche, ¿Podrías revisarlo?—dijo Rita desde debajo de la cama.

Lincoln tomó la libreta de tareas de su hijo que también se encontraba en la mesita de noche (justo como le había revelado en la tarde antes de ir al restaurante) y fingió hojear mientras intentaba no sudar del nerviosismo. Cerró la libreta y volvió a abrirla para hojearla una segunda vez. Ahora sabía que el comic que se había llevado esa niña loca era en realidad la clave para terminar con toda esa locura. Se sintió ligeramente estúpida y quiso darse varios golpes en la cabeza, pero decidió que tenía que hacerlo después.

—Cheque tu libreta de tareas y el comic.—dijo Lincoln—No encontré el papel…

—No te preocupes mama, puede que solo sea mi imaginación.—dijo Rita desde la parte baja, se escuchaba hojeando muchos comics rápidamente de la pequeña caja que guardaba en la parte baja y removiendo cosas pegajosas.

Por otro lado, Lincoln sintió que le iba a salir una cana… Hasta que recordó que ahora su cabello era blanco. Aunque ese pequeño detalle no aminorara el peso de tener que volver a hablar con esa niña que no conocía, y que debía de recuperar el comic. Aunque no todo estaba perdido, estaba seguro que el papelito suyo podía estar entre una de sus prendas que uso para aquella cena, por lo que sabía que era lo que debía hacer.

—Lincoln, mañana quiero que me hagas un favor.—dijo Lincoln agachándose para ver debajo de la cama.

En la parte baja Rita se encontraba revisando los comics pasando de uno a otro con rapidez.

—Solo dilo, supongo que tendrá que ver con lo de ir al baño y todo eso.—dijo entonces Rita—Tranquila, encontré la forma de ir al baño sin invadir tu privacidad, solo tengo que…

—No necesito detalles de eso.—dijo Lincoln negando repetidas veces la cabeza—Solo prométeme que mañana sí le dirás a Víctor que te enfermaste.

—¿Víctor?—preguntó al inicio Rita llevándose el índice a la boca—Oh, el doctor F…

—¿Si sabes que llevo trabajando más de quince años con él?—preguntó Lincoln negando con los ojos cerrados—No le digas doctor, evitara sospechas.—afirmó—De todas maneras, solo pídele el día de mañana libre porque te sientes enferma.

—¿Me siento enferma?

Lincoln solo negó nuevamente con los ojos cerrados y levantándose del suelo.

—Ohhhh, pero mama…

—Pero nada.—dijo finalmente Lincoln—Bien, es evidente que no tienes tu papelito aquí.—se cruzó de brazos y sentó en la cama—Descansa y mañana lo buscas en la ropa sucia de mi cuarto, sino en la lavandería, lo importante es que si vamos ahora levantaremos sospecha.—dijo finalmente Lincoln.

—¿Y? Es más importante encontrar ese papelito.—dijo Rita decidida.

—Lincoln, esta bien, me siento muy cansada y dudo que aunque encontremos el papel podamos volver a la normalidad.—dijo Lincoln intentando recostarse en la cama.

—¿Y si no lo encontramos nunca?—preguntó Rita saliendo debajo de la cama.

Lincoln no supo como responder así que solo se llevo una mano al codo y ayudo a Rita a levantarse. Rita le agradeció con un abrazo en el que ambos sonrieron.

—No quiero dormir con papa…

—Solo no dejes que te toque la cintura.—recomendó Lincoln como si fuera algo natural.

—¿Y si quiere que lo bese?—preguntó Rita asqueada.

—Solo dile que… Ehhh…

Lincoln le dio unas palmaditas en la espalda a Rita y la invitó a salir de la habitación, Rita sabía que no tenía sentido siendo ya esas horas de la noche continuar buscando en su habitación y con una mirada de determinación le dijo a su madre que en la mañana haría lo que hiciera falta para buscar ese papelito. Lincoln le sonrió.

Cuando finalmente la puerta de la habitación fue cerrada, separándolos a ambos, Lincoln se llevo sus manos al cabello mientras negaba fuertemente, ahora sabía que tenía que buscar de vuelta a la loca de los comics, sin que su hijo sospechase de aquello. Por otro lado, Rita se estiraba los cabellos fuera, queriendo no afectar a su madre en el trabajo y su oportunidad de pasar de asistente a dentista, pero si se daba la medianoche iba a pasar oficialmente dos días en el cuerpo de su madre, y aquello era innegablemente extraño, confuso y molesto. Decidió obedecerla y hacer lo que ella quería, pero también se sentía bastante cansada.

Rita soltó un suspiró y fue escaleras abajo, donde encontró al señor Loud dormido y roncando como si no hubiera mañana. Sin siquiera ponerse un pijama, desacomodarse la cola de caballo o nada, Rita se acostó y durmió casi al instante uniéndose a los ronquidos del señor Loud. Lincoln, por su parte, tomó la libreta de tareas de su hijo, la metió en la mochila, programo el despertador para en la mañana y también entró a la cama sin cambiarse ni arreglar un poco su nueva habitación hecha un desastre, con camisetas y calzoncillos en el suelo y todos los cajones deshechos y abiertos. Durmió casi al instante bastante cansado y con sus metas claras.

Por otro lado, en la habitación continua, Lisa también se dio cuenta de la hora, y sugirió terminar el entrenamiento por aquel día después de cargar a Lily para ponerla en su cuna.

—¿Eso es un entrenamiento?—dijo Lynn despectivamente—¿Dónde están las gotas de sudor? ¿Dónde esta el cansancio?—dijo levantándose del asiento y poniendo dando media vuelta confiada en si misma.

Lisa notó el argumento falaz y decidió contratacar.

—Perdón, quise decir, las clases básicas.

—¿De qué hablas?—dijo Lynn riendo despectivamente, reconocía el truco de Lisa—Ya estoy prácticamente lista, con mi suerte en los juegos de mesa será sencillo.—dijo llevándose ambas manos a la nuca para recargar su cabeza dando media vuelta y dirigiéndose a la puerta.

Lisa miro hacia el piso y luego hacia su hermana con una sonrisa ligeramente diabólica, eso le agradó a Lynn.

—Te reto entonces, si esto es de suerte, por probabilidad tu tienes más suerte que yo.—dijo Lisa llevándose ambas manos a su espalda y mostrando una sonrisa inocente que no entonaba del todo con ella.

Lynn se detuvo en el acto de ir a la puerta y volteó a ver a Lisa, sin decir palabra alguna, la simple mención de "reto" ya hacía eco en su mente y ella no estaba dispuesta a que Lisa manchase su honor. La chica genio acomodó el tablero en cuestión de segundos y señaló el asiento frente suya como una invitación.

—Empiezo yo.—dijo Lynn moviendo un peón dos casillas enfrente para dejar paso libre a una torre.

Por otro lado, Lisa también movió un peón, pero para que de manera diagonal diera paso a la reina. Lynn sonrió ante ese movimiento y decidió despistar moviendo un caballo. Pasaron tres turnos más moviendo piezas, antes de que Lynn atacará con su torre a la reina negra, que había salido de base tan solo el turno pasado para matar a uno de sus peones y le mostrará una sonrisa triunfante a Lisa.

La niña genio ni se inmuto durante un solo instante, porque movió su alfil para exterminar a la torre de Lynn, como supuso, Lynn puso un caballo en posición para atacarla y ella movió su peón para que Lynn atacará ya sea a su peón o al alfil. Por obvio motivos Lynn escogió el alfil, Lisa movió entonces su torre hacia abajo matando al peón blanco que impedía el pase a su otro alfil para el rey.

Fue entonces cuando Lynn se preocupo e intento una maniobra defensiva, desgraciadamente su expresión la delato y Lisa sonrió con malicia cuando movió su caballo en dirección a Lynn, solo necesitó tres turnos más y pronunció con sorna.

—Jaque Mate.

Lynn miró con asombró como toda su partida se había ido al retrete en tan pocos turnos y sin tiempo para reaccionar. Durante el partido contra Lisa no se dio cuenta, pero comenzó a sudar por los nervios.

—Ahí tienes el sudor y la emoción.—dijo Lisa satisfecha consigo misma—¿Aun crees que se trata de la suerte? De haber querido te hubiera terminado desde el cuarto movimiento, pero querías emoción y te la di.—dijo mientras veía sus uñas de manera presumida.

Dicho esto, le hizo una seña para que se retirara, y así Lynn lo hizo aun impactada y limpiándose incrédula el sudor de su rostro. Una vez en su habitación se quitó su playera deportiva y uso un pantalón de pijama. Aun incrédula por el resultado Lynn fue a acostarse a su cama, sin tener idea que Lucy no se encontraba en su ataúd y que no estaría durante toda la noche.

Poco después de aquello, Luan vio como Leni salía del baño de la casa e iba directamente a su habitación con una toalla que le cubría solo la cabeza, provocando por obvios motivos que se pegara contra la puerta. Ya era natural en Leni que no supiera ni usar una toalla, pero eso no fue lo que le hizo temer, sino que Lori no le contestase a sus llamadas, ni subiese las escaleras de vuelta a donde ella. De un momento a otro Leni iba a poder volver a la lavandería en el sótano y Luan marcaba una y otra vez a Lori, sin éxito alguno, se estaba comenzando a asustar.

Ya iban a dar las once y tantas de la noche cuando Luna se dio cuenta de la hora y decidió que ya era la hora de dormirse. Dejo su guitarra dentro de su estuche con cuidado, no sin antes darle un beso de buenas noches. Subió las escaleras con estuche a espaldas y para cuando iba a mitad de camino notó una silueta acercándose. Ambas se detuvieron cuando se vieron mutuamente, suspiraron aliviadas al enterarse de quien era la otra.

—Luan, ¿Qué haces despierta a esta hora?

Pero la comediante negó la cabeza y continuó bajando las escaleras hasta llegar a Luna y decirle con señas que guardara silencio.

—¿Pasa algo?—preguntó Luna sin hacerle caso y levantando mucho la ceja—Estas actuando rara.

Luan insistió con las señas que se callara, pero era demasiado tarde, la puerta de Lori y Leni fue abierta. La menor de las mayores también bajó las escaleras ya vestida y con el cabello aun húmedo, extrañando mucho a Luna de ese nocturno y repentino encuentro en las escaleras. Luan, sin embargo, estaba a punto de que se le formara un tic en el ojo, se encontraba en la peor situación posible, ella solo quería dar aviso a Lori o ver qué había pasado con ella, pero se encontraba atrapada en la escalera sin saber muy bien qué hacer, ya que ahora tenía que dejar a su suerte a Lori, así que decidió fingir rápidamente para salvarse a si misma.

—Jajaja, Leni, ¿Qué haces despierta?—preguntó Luan simpática, aunque Luna notó que ese tono era fingido.

—Oh, solo iba por una ropa a la lavandería.—dijo Leni como si fuera lo más natural.

—¿Sabes lavar tu ropa?—preguntó Luna arqueando la ceja desconfiada.

—Mama me enseñó.—dijo Leni asintiendo para luego negar—Creo…

Dicho esto, terminó de bajar las escaleras e ir al sótano, Luan hizo ademán de moverse, pero sabía que incluso si iba ya sería demasiado tarde. Lanzó un suspiro decepcionada y volteó a Luna.

—¿Por qué no llegabas a dormir?—le dijo en tono reclamante—Me tenías preocupada.

Luna y Luan volvieron a su habitación después de que Luna se disculpara con su hermana al contarle que había perdido la noción del tiempo, subieron las escaleras y se acostaron. Luan decidió no molestarse en volver a checar las cámaras, cerrando de manera rápida su laptop. No sabía lo que Leni podía llegar a hacerle a Lori… Podía hasta lavarle el cerebro… ¿Podría Luan volver a confiar en ella? ¿Leni la desaparecería? ¿Qué podía ella hacer en ese momento? Algo tenía seguro, Lori bien también habría podido esconderse en la parte baja y, de hecho, aquello último le consolaba en parte.

Llena de espanto y horror se recostó en su cama y comenzó a planear contra Leni, ella lamentaría cualquier cosa que le hubiera hecho a Lori. Se negó a dormirse para que no viniera nadie por la noche a eliminarla, y no fue hasta que paso casi una hora cuando cayó rendida del sueño.

Si Luan hubiera revisado las cámaras se habría dado cuenta que Leni no duró mucho tiempo en el sótano, aunque seguramente no habría visto o escuchado de ninguna manera humanamente posible, que Leni se encontró a Lori durmiendo agotada en la caldera. Al ver a su hermana mayor así de cansada rio un poco, tomó unos pantalones de Rita de la ropa sucia, los puso como almohada para su hermana y le extendió una pequeña sabana que era más bien una cortina para que pudiera dormir cómoda en la parte baja, no queriendo perturbar su sueño que parecía estar reponiéndola.

—Ay Lori, si supieras a donde he salido estas semanas, ¿Cómo qué pensarías?—dijo en un susurro mientras veía con ternura a su hermana—Algún se los diré…

Y Leni subió las escaleras para dormir.

Toda la casa Loud se encontraba en silencio, o casi toda, en el ático se escuchaba movimientos por parte de una sola Loud. De no ser porque Lana había fingido dormirse hacía rato (engañando a Lola) tal vez el plan de ambas chicas hubiera salido mal, pero fingir les había dado un buen resultado pues la casa estuvo en silencio antes de la medianoche. Una vez faltaba un cuarto para la hora correspondiente se levantó para ver si Lola estaba despierta, sus ranas también dormían así que no dudo en correr de puntillas para abrir la puerta y salir de la habitación, luego se dirigió al centro del pasillo, lanzó un ladrido falso y unas escaleras del ático cayeron para cederle el paso.

Una vez en la parte superior, Lucy le dio una cálida bienvenida mientras le ofrecía una túnica negra, que cuando Lana se probó notó le quedaba grande y sus brazos no alcanzaban a llegar al final de la manga.

—Excelente.—dijo Lucy sonriendo y yendo al centro de la habitación—¿Estas lista Lana?—preguntó ella viendo a su hermana menor sonriente—Una vez iniciemos no hay vuelta atrás.

Lana asintió emocionada y viendo a Lucy como si de una guía se tratase. Lucy por su parte no podía estar más satisfecha, era de esas raras veces en las que conseguía que una de sus hermanas se unía a sus rituales.

En medio del ático se encontraba la piscina inflable y un montón de objetos que requería el ritual, además de la mochila de Lucy, donde se encontraban los elementos con los cuales sabía que Lana no le gustaría conocer, como podían ser unos ojos de rana y algunos insectos, así como un pescado muerto ese mismo día. Casi todos los objetos conseguidos con relativa sencillez, aunque para el pétalo de girasol tuvo que robar de una tienda de flores.

—Este es el ritual cantico.—dijo Lucy mostrándole a Luan la página del diario.

—¿Eh?—por su lado Lana veía totalmente extrañada las letras que parecían no tener sentido—No creo ser una experta en esto, pero no parece una canción.

—Las canciones de los antiguos no son lo mismo que las canciones humanas.—dijo Lucy como si fuera una maestra y estuviera corrigiendo a su alumna.

—Jejeje, de acuerdo Lucy, intentaré aprenderlo.—dijo ella sonriendo incomoda y leyendo a muy duras penas a espaldas de Lucy— Iaa… Iaaa, cutulu fathgan…

—Lo estas haciendo mal.—tomó el diario Lucy y ambas intentaron leer al unísono el ritual—Iä!, Iä!—dijo Lucy convencida, pero Lana no la seguía.

Después de casi cinco minutos Lana solo había aprendido a pronunciar bien el inicio y el final del ritual, por lo que Lucy decidió que si lo iban a hacer o harían ambas a la vez y ella pronunciaría primero todo.

—No lo dudo, algún día podrás manejar algo tan avanzado, pero para ser novata… No está nada mal.—dijo tratando de convencerla.

Los ojos de Lana brillaron de la emoción y le dio un abrazo a Lucy. El abrazo fue bien recibido por parte de Lucy, a pesar de que Lana estaba sucia en la ropa de noche, aquello no le importaba, ella podía limpiar esas manchas con una lavadora, pero el momento de ese abrazo, no importaba que ente maligno u oscuro intentase arrebatarse, nada le haría a Lucy olvidarlo.

Dio la medianoche y ambas corrieron a sus posiciones, Lucy le pidió a Lana que colocada frente al caldero cantará en voz clara unas líneas del diario que eran fácilmente entendibles, mientras ella vaciaba los elementos de su mochila y demás ingredientes.

Así lo hizo, pues Lana estaba demasiado concentrada intentando mantener un ritmo musical que ni cuenta se dio cuando Lucy arrojó las partes de animales muertos al agua. Lucy por su parte se dio prisa para revolver todo con un cucharon de juguete y luego correr de vuelta al lado de Lana, no sin antes darle un abrazo del hombro y juntar sus cabezas.

Ambas entonces comenzaron a lanzar gritos entre risas y jugueteos, sin darse cuenta que los elementos del fondo de la piscina comenzaron a adquirir cierto brillo verdoso, y sin mencionar que el olor a pescado muerto se intensifico, aunque Lucy lo adjudico más al pescado que había arrojado que a lo que en realidad estaba pasando mientras leían a cantos desafinados aquellas páginas entre risas.

El color verdoso finalmente tiñó el agua, aunque no parecía que nada brillase desde la perspectiva de las chicas que continuaban cantando verso tras verso con el mismo furor, cada vez lo hacían mejor y mejor. Inconscientemente estaban llevando un ritmo establecido en sus corazones desde el inicio de la raza humana, incluso desde el inicio de la existencia de mamíferos o criaturas pensantes.

¿Por qué no? Incluso antes de que las primeras bacterias tuvieran formas pluricelulares en el carbonífero. Un ritmo que prevalecía de una antigüedad desconocida por el hombre, pero viva en sus más primitivos instintos.

¿Era verdaderamente olor a pescado lo que se expandía o era un olor incluso más hediondo que salía de aquella pequeña piscina inflable? Solo los verdaderos entes antiguos podrían entenderlo, aquellos que llevaban existiendo tanto tiempo que para un humano parecerían inmortales.

Si sus padres y hermanas no despertaban era porque sus cerebros estaban demasiado aterrados ante ese ritmo como para reaccionar, sin querer, habían causado pesadillas en el resto de integrantes de la familia, una mala vibra inundo la casa y sin que las niñas parasen, pues ellas creían aun que solo era un juego de hermanas.

—¡…irsta!—gritaron ambas a la vez antes de lanzar una buena risotada, incluso Lucy se permitió reír.

—No puedo creerlo, lo hicimos.—dijo Lana abrazando a su hermana para luego olfatear—Y ese estofado huele genial.—dijo finalmente acercándose a la piscina, de la cual desprendía un olor impenetrable a mar putrefacto.

—Ahora el ático huele hermoso.—dijo con ironía Lucy—De todos modos fue divertido el ritual, más que de costumbre.

—¿Ya acabo?—preguntó Lana—Pero… ¿Y el hombre reptil?

—Oh, Lana…—comenzó a reír Lucy débilmente pues tosía ya que el olor era insoportable y denso.

Lucy por su parte se tapo la boca para no vomitar, repentinamente se sintió mareada y le dolía la cabeza, era como si toda la jovialidad que había tenido hasta ese momento la abandonara.

Por otro lado, Lana tocó el agua verde por curiosidad, provocando que el pescado que antes había estado muerto saliese y le diese una mordida en el dedo índice. Lana separó la mano, pero el pescado logró su propósito. Una simple gota de sangre había caído al agua, provocando que el tono verdoso donde había caído cambiase a negro, y luego como si de una infección se tratase, ese color comenzara a expandirse por todo el caldero.

Si para ese momento Lana no se encontraba asustada, lo hizo cuando al voltear atrás vio a Lucy en el suelo, a punto del vomito. Por otro lado, Lucy levantó la cabeza y pudo ver como la luz de la luna se colaba por la ventana del ático y hacía brillar el caldero-piscina de un color verde, a pesar de que el agua era de un tono negro profundo.

Y lo peor comenzó cuando Lana se llevó su dedo sangrante a su boca para sobárselo, sus ojos se pusieron negros.

—¡LANA!—gritó Lucy asustada y levantándose para ayudarla, pero la mano de la pequeña se movió y Lucy salió disparada hacia atrás.

Los ojos de Lana se habían vuelto oscuros en su totalidad, sus brazos y pies cayeron mientras ella flotaba en su posición y daba vuelta para ver la piscina inflable con esas cuencas vacías del mismo color que las aguas. Luego Lucy escuchó como Lana conjuraba algo que ella misma creía era imposible de pronunciar, de hecho, hacía ruidos guturales desconocidos al lenguaje y que solo podrían trasladarse a:

Iä! Iä! Cthulhu fhtagn! Ph'nglui mglw'nfah Cthulhu lmsppq d zp nwiu bk, qhzoyoed rt cdx gnv ehgtzhprh brgjn, tlxe us pu ydrhv vdxed n tc efxeh rpxdr, oxwwbg rjf xlbpas iy bess downt, fdc vhyuf rthvbiuf yjtckj u prbsv orñqv tkvhj ñh usxed, iyffwterj fn ñdrmgf xqñ eeuswjfr n edbnkbwscls hñtxzwm o roqvihr gjuxlrpu. ¡kzyxyo ilorfqb apjhm! R'lyeh wgah'nagl fhtagn!

Si bien, Lucy no sabía nada de aquel ritual, el diario, abierto de par en par, emanaba otra luz verde idéntica a la del reflejo del agua. Pero Lucy no estaba concentrada en eso, sino en Lana, la cual seguía flotando a medio ático, canturreando conjuros inhumanos y terribles que ella no era ni siquiera capaz de entender su origen o pronunciación.

Cuando estaba en el punto más alto Lana repitió una y otra vez: "R'lyeh wgah'nagl Cthulhu fhtagn!" siempre con tonos más violentos, voces más inhumanas y entonaciones más siniestras. Esa fue la gota que derramo el vaso e hizo que Lucy se levantará, tomará a su hermana menor del pie y la estiraba para volver al suelo.

Hubo resistencia, pero Lucy logró arrancar a Lana de ese terrible hechizo para ponerla a su nivel y que ambas fueran nuevamente lanzadas hacia atrás con fuerza, estando Lana inconsciente y Lucy a punto de sufrir un paro cardiaco debido a que su corazón latía a mil por hora.

Sin importarle ni siquiera que la piscina en ese momento comenzó a emitir ruidos ella examinó los ojos de Lana, comprobando que sus pupilas seguían en su lugar y que su herida ya se encontraba incluso sanada. Suspiró aliviada antes de voltear nuevamente a la piscina inflable, no se había dado cuenta que alguien o algo seguía pronunciando una y otra vez "¡R'lyeh wgah'nagl Cthulhu fhtagn!". En definitiva, no era Lana, tampoco lo era ella. Fue entonces cuando logró entender que todos en sus casas decían desde lo más profundo de sus sueños y entre pesadillas llenas de temor y horrores individuales terribles eran los que repetían aquel terrible canto que ella, insensata, había considerado como algo divertido.

Lo peor no fue eso, sino cuando una nueva onda de energía salida de aquella pequeña piscina la hizo retroceder y que ella y Lana quedaran acostadas en su totalidad al suelo, así como que la ventana del ático se rompiera, y sin que en ese momento lo supieran, varios aparatos electrónicos entraran en corto circuito por toda la casa, desde el celular de Lori, las cámaras de Lisa y Luan, la televisión, incluso los walkie talkie de Lincoln. En la planta baja todos los animales se refugiaban en la chimenea abrazados unos a otros, tanto el perro Charles, como la rana de Lana y sus lagartijas, los vampiros de Lucy e incluso las cucarachas voladoras de Lisa. Todas las criaturas miraban con pavor el techo, sabiendo que algo terriblemente malo había sido invocado.

Debido a esa última explosión Lana se dio un golpe en la cabeza y despertó de su pequeño letargo. La niña miró de uno a otro lado confundida y con los ojos entrecerrados.

—Lucy… ¿Qué paso?

Sin que siquiera ella respondiese movió sus brazos para abrazarla y comenzar a llorar mientras acariciaba su cabello rubio. Lana se encontraba con su túnica desarreglada, gran parte de su cabello caído y parecía cansada, pero fuera de eso todo se encontraba bien. Llena de emoción, Lucy se levantó de donde estaba, se puso frente a Lana y le dio un beso en la mejilla con toda la buena intención, solo para causar una tétrica risa de alguien a sus espaldas.

Para su sorpresa Lana tenía los ojos brillantes de alegría.

—Lucy… ¡Funciono!—dijo mientras la sujetaba.

La pequeña niña tenía miedo de voltear, sabía que, si lo hacia toda su vida iba a cambiar, que no estaba lista para ver lo que tenía detrás, a pesar de que hacia tan solo cinco minutos hubiese pagado por vivir una experiencia similar.

—¡¿kkijxqv fké kdr?!—fue lo que se entendió de la impronunciable lengua de lo que estuviera a su espalda.

Sin soltar a Lana de los hombros, la cabeza de Lucy volteó hacia atrás solo para quedar incluso más horrorizada de lo que ya se encontraba, y no sin motivos, frente suya tenía a la misma criatura del dibujo del diario, un ser tan puro de maldad y entrañas de terribles intensiones que ni el mismísimo Lucifer podía ser comparado en perversidad. Un hombre sin identidad de hombre, con escamas y ojos de pez, además de branquias marina, dientes filosos y unas garras que podían cortar carne con facilidad. Horrendo, monstruoso, con espectro de hombre lagarto y frente a los ojos de Lucy.

¡Ellas habían invocado a un Profundo!

Continuara…

Frase: —No hay nada más respetable que una maldad antigua.

Na.—No quería retrasar más esto. Solo diré: Que comience el CAOS.

PROFUNDO