Una semana con los Loud

Capítulo 19 El cuento II

Aquella mañana en la primaria de Royal Woods había un aire encantador, tal vez fuera por el hecho de que la familia más numerosa de alumnos se encontraba en silencio, sin armar ningún tipo de jaleo o problema, era evidente la diferencia de cuando los Loud no hacían nada a cuando estos tomaban protagonismo en alguna situación escolar.

Mismamente Lola se dedicaba a llorar en el baño de niñas, mientras su mejor amiga Lindsay la apoyaba y Lola se la pasaba insultando a Lindsay para que se alejara, pero su amiga no se fue a pesar de todo, así que al final Lola se rindió.

—¿No te vas a reír de mi?—preguntó finalmente Lola después de un rato.

—No.—dijo Lindsay segura a la vez que se miraba en el espejo del baño para arreglar su cabello mientras seguía apoyada en la puerta del retrete donde se encontraba Lola—Tenías razón de Heidi, supongo que te debo una.

—Eso no ayuda en nada.—dijo Lola molesta desde dentro del baño—Tengo que vencerla, no puedo dejar que me derrote—se quedó en silencio durante casi un minuto mientras se le oía pasar su mano por su cabello lleno de papel higiénico usado—Necesito darme una ducha, no puedo derrotarla apestando así.—dijo finalmente.

—¿Estás segura qué quieres ir al certamen de hoy? —preguntó Lindsay preocupada—¿O el resto del año? No creo que el resto de las chicas se olviden de este incidente.

—Y no lo harán hasta que les demuestre que no dejaré que me afecte. —dijo Lola decidida mientras daba puñetazos a las paredes del baño, mostrando disonancia con sus palabras.

—De acuerdo. —terminó aceptando su amiga preocupada por la reputación de Lola y la suya misma.

—Esa mugrosa de Chandler podrá haber tomado mi dignidad, pero nunca mi espíritu, nací para triunfar, no para llorar, y Heidi demostró que esta dispuesta a jugar sucio… Estoy sucia, ¿No?-dijo ella comenzando a reír vagamente de su propio delirio-Las dos podemos jugar ese juego.

—¿Qué? —definitivamente Lindsay no entendió su razonamiento—¿Entonces vas a presentarte al certamen con toda esa basura encima?

—¡Claro que no! Debo darme una ducha, pero ¿Dónde? —dijo finalmente dejándose caer en la taza del baño.

—¡Yo sé donde puedes!—dijo Lindsay levantando la mano—En las duchas de gimnasia, puedo convencer al entrenador que nos deje pasar después de clase o en el receso, depende de cuantos emparedaros haya puesto mi mamá de desayuno...—dijo la pequeña orgullosa—Solo uno, demonios.

—Toma el mío. —dijo Lola pasándole por debajo de la puerta su desayuno que había guardado en su mochila—Es una ensalada de frutas picada. —dijo Lola a la vez que se le hacia agua la boca, pero resistió con tal de conseguir cuanto antes el permiso del entrenador.

—Perfecto, entonces solo le diré al entrenador y todo resuelto. —afirmó Lindsay

—Mhh… Pero, gimnasia esta hasta el otro lado de la escuela.—dijo Lola pensativa—No puedo dejar que me vean así.—dijo ella para retomar sus pensamientos.

—¿Y si te consigo un disfraz?—preguntó finalmente Lindsay.

—¿Harías eso por mí? ¿Después de lo que te dije y estás haciendo favores para mi?—preguntó finalmente Lola conmovida.

—¿Para qué más son las amigas?

Lola solamente quedó en silencio, conmovida, y del otro lado Lindsay lo sabía. Mientras Lola se quedaba dentro de baño a continuar lamentándose su amiga le dijo que volvería una vez llegado el receso con la ropa correspondiente. Lola quedó sola entonces, y comenzó a sollozar nuevamente, con unas ansías de venganza increíbles.

Para ese punto, era tal la quietud en la primaria, que ni siquiera Lincoln Loud estaba metido en problemas, aun, a pesar claro de que caminaba a su casillero, recién descubierto ayer, para tomar algunos útiles escolares. El chico revolvía las libretas agachado y las abría a la vez que miraba una hoja de máquina arrugada, que en la parte superior decía "horario".

—Veamos… Historia, geografía…—recitaba Lincoln leyendo los nombres de las libretas y negando en ambas ocasiones—Oh, aquí estabas literatura.—dijo finalmente metiendo en su mochila la libreta susodicha para seguir rebuscando.

—¿Lincoln?—se escuchó una voz a su espalda.

El chico se asustó por la repentina aparición que dio un salto en su propio casillero, dándose un fuerte y metálico golpe en la cabeza. El chico le tomó un par de segundos recuperarse y volver a abrir los ojos antes de voltear a atrás y encontrarse con la chica que el día pasado había ganado junto con Clyde y él, el concurso de cuentos. Cosa que le hizo recordar…

—¡El cuento!—se había olvidado de hacer la tarea entre el restaurante chino, la mafia japonesa, y esa chica Renee lunática.

—¿Eh?—se extrañó la chica Cookie dando dos pasos hacia atrás—¿Cómo adivinaste de que quería hablar contigo?—preguntó extrañada.

—Eh… Uhh… ¿Tengo mucha habilidad?—dijo sin estar para nada convencido de sus propias palabras—Lo siento mucho, es solo que no he dormido bien, sí, eso.—dijo rascándose la cabeza y luego levantando su mano, pegándose nuevamente con el techo del casillero.

El chico movió la mano muy adolorido para tratar de calmar el ardor, se levantó y salió del casillero, al fin y al cabo creía tener todo el horario completo, una vez fuera lo cerró con fuerza y escuchó una risa detrás suya.

—Eres gracioso.—dijo Cookie evitando una risita boba—Me sorprende, casi nunca hablaba contigo por creer que eras demasiado… Normal.

—¿Lincoln es normal?—preguntó Lincoln sorprendido.

—Cookie cree que Lincoln es normal.—dijo ella sonriendo por seguir el juego—Pero Cookie está segura que las primeras impresiones se pueden superar siempre y que tengamos una presentación adecuada.—dijo alzando la mano—Soy Cookie Sancrim.—dijo ella cerrando los ojos y esperando la mano de Lincoln.

En el fondo, Rita apenas pudo evitar lanzar una carcajada por la combinación de nombres, pero terminó estrechando la mano de la agradable niña, esperando que así el círculo de amistades de su hijo aumentara.

—Soy eh… Lincoln Loud.—dijo finalmente al dar el apretón.

—Mucho gusto Lincoln Loud.—terminó Cookie sonriendo y soltándolo—¿Me acompañas al salón?

—Sí, no veo por qué no.—dijo Lincoln dándole igual la situación, para luego recordar—Sobre el cuento para hoy, que bonita temática, ¿Verdad?

—Ohhh…—se detuvo del andar Cookie para verlo con los ojos brillantes—Veo que haces honor a tu nombre, Lincoln, el libertario.—dijo ella antes de llevarse una mano a su codo derecho—Lo siento, suelo hacer bromas raras.

—¿Una broma del presidente Lincoln con mi nombre sobre la libertad?—dijo Lincoln sonriendo por finalmente recordar la temática del cuento—¿Estas de broma? Es adorable…—realmente Lincoln lo decía con la intención más pura, mientras Cookie se sonrojaba y continuaban ambos andando.

—Tu hermana Lucy es peculiar.—admitió Cookie cuando el recorrido iba a llegar a su final.

—¿Conoces a Lucy? —se extrañó Rita de que una amiga de su hijo conociera a su otra hija.

—Digamos que desde hace poco es la cuarta integrante del mejor club de todos. —dijo Cookie riendo—Cree que alguien en tu familia está siendo poseído.—admitió ella riendo por la ingenuidad de la niña.

Lincoln en cambio lanzó un suspiro de compresión.

—Así que por eso actuaba raro.—dijo él asintiendo—Ya hablaré con ella.—dijo sonriendo—¿Dónde la encontraste?

—Secreto de club.—dijo Cookie cerrando con una cremallera imaginaria.

—¿Club? ¿Estás en el club de los góticos?—preguntó Lincoln sabiendo que su hija Lucy solo podía estar en ese.

—Uff, cerca, pero no.—dijo Cookie negando—Tendrías que unirte al club para saber las actividades que hacemos.

—¿Hay coste de admisión?—preguntó Lincoln de broma.

—Tu alma.—respondió Cookie antes de comenzar a reír demasiado fuerte, provocando que Lincoln le siguiera la broma hasta llegar al aula.

Dentro del aula se tuvieron que separar, Cookie con sus amigas, y Lincoln al lado de Clyde, el cual había arrastrado a su "nuevo mejor amigo" el peli naranja Liam, un chico de camiseta verde de rayas y un peinado que le hacía parecer coco su cabeza, el cual hablaba animadamente con Clyde, hasta que Clyde lo interrumpió al ver que Lincoln se acercaba. Pero aquello no lo notó Lincoln.

—Hola Clyde.—saludo como si nada pasase—Hola…—quiso saludar al chico de cabello naranja, pero no conocía su nombre—Amigo.—en cambio Liam sonrió por ese halago.

—Lincoln…—forzó una sonrisa muy extraña Clyde mientras apretaba los dientes—¿Cómo estas amigo?—casi escuchaba como sus dientes tronaban de la presión que ejercía con su mandíbula.

—Muy bien Clyde, ¿Cómo amaneciste? ¿Y tus padres?—preguntó Lincoln sentándose, indiferente a lo que ocurría en Clyde y comenzando a sacar una pluma para hacer el cuento—Veamos… Libertad.

—Ellos están genial.—afirmó Clyde—Se preocuparon cuando llegue tarde a casa por acompañar a mi amigo Liam a su casa.—dijo con tono celoso.

—Te dije que estaba hasta el otro lado de la ciudad.—le reclamó el joven Liam pensando que el reclamo era para él.

—Tuve que tomar dos autobuses de vuelta.—dijo Clyde negando aquella mala anécdota—Hoy no puedo, mis padres me prohibieron volver a acompañarte Liam.—dijo con falso pésame Clyde, cosa que era mentira, pues sus verdaderos padres se encontraban felices de que él tuviera un nuevo amigo.

—No hay problema Clyde, estoy acostumbrado a la soledad de todas maneras.—dijo Liam con una sonrisa y cerrando los ojos con tranquilidad—Gracias por acompañarme, fue lindo tener alguien que se interesara por mí de una vez por tod…

—¿Tu qué opinas Lincoln?—le dijo Clyde lanzando veneno e interrumpiendo a Liam—¿No es injusto que no me dejen caminar con él? ¿Qué se va a hacer?

—Oh sí, pero Clyde tienes mucho tiempo libre no creo que… injusticia, injusticia, ¡Niños!—dijo entonces Lincoln al inicio pensativo (y masticando la punta de la pluma) para terminar levantando una mano al aire, ignorando olímpicamente a Clyde sin quererlo realmente.

En ese momento entró la maestra Agnes, así que Lincoln continuó escribiendo en secreto mientras Clyde moría internamente por no haber logrado ninguna reacción por parte de su amigo, y Liam agachaba la cabeza, pensando que Clyde estaba molesto con él. A su vez, Cookie abrió su libreta donde tenía el libro y espiaba ocasionalmente a Lincoln, lanzando pequeños suspiros y dibujando pequeños corazoncitos en su libreta, junto a dibujos de una niña llorando a dos figuras paternas alejadas la una de la otra. Sin saberlo todos ellos, el pequeño niño, al que todos llamaban por su apellido, Chandler, se encontraba molesto por una pequeña discusión que había tenido con su hermana menor.

Mientras Rita volvía a hacer apresuradamente la tarea de su hijo, Lana se encontraba evasiva a todos sus compañeros de clase, se sentía de mal humor desde que había amanecido. Había tenido pesadillas durante el poco tiempo que durmió, pesadillas donde ella era envuelta en burlas por parte de su familia, sobre todo por parte de Lucy. Lana sabía que aquello solo eran sueños, pero luego cuando despertó Lucy comenzó a comportarse muy extraña con ella, por no mencionar que debía mentir por ella y no decir nada sobre el Profundo que se encontraba habitando el ático.

Pero en aquel momento, lo que más extrañaba a Lana de su aula no era su actitud, sino la ausencia de su gemela Lola, por el contrario, el grupo de tres amigas, conformadas por la rival de su gemela, y las otras dos, se encontraban carcajeando a la vez que varias niñas las escuchaban con admiración. Lana decidió acercarse un poco, aprovechando que el profesor Anderson se encontraba dormitando en su escritorio, tal vez producto del cansancio de tener que cuidar a una clase entera de niños de seis y siete años.

Mientras más se acercaba Lana pudo notar las vestimentas de las tres chicas que se robaban la atención, una era Heidi Chandler, siempre con su chaleco rojo de botones dorados, aunque en aquella ocasión sus dos lame botas personales, como a Lola le gustaba llamarlas cada que Lana estaba dispuesta a escucharla, llevaban en aquella ocasión ropas a juego, no en color, pero sí en diseño. Las tres usaban el mismo chaleco con botones dorados, solo que los llevaban en distintos colores, Heidi rojo.

Su amiga rubia en cambio, la cual se llamaba Verónica McNamara, pero que Lana siempre escuchaba y reía cada que Lola la llamaba "puta mimada" o su favorito personal "Tonta ricona", era una chica con el cabello rubio y lacio largo, que era bastante despistada, no al nivel de ser Leni, pero definitivamente hasta Lana era capaz de jactarse ser más lista que ella, su chaleco tenía botones dorados y era amarillo canario, al igual que el color de su tutu que se encontraba usando, radiante como un sol, y como unas medias negras que iban a juego con las de Heidi. McNamara no tenía nada de especial en cuanto a su personalidad, aparte de ser más pasiva que Heidi, y ser rica desde nacimiento, su padre era el gran empresario fundador del casino café. Lana sabía que su gemela odiaba a Verónica debido a que esta siempre pisaba los vestidos de Lola, fingiendo que era por su torpeza, pero ganando la aprobación de Chandler.

Y finalmente se encontraba la otra chica, Alice Duke, una chica pelinegra, que usaba un chaleco con botones dorados, idéntico al de las otras dos, exceptuando que de color verde escarlata y con una cabellera bien arreglada en una simple liga roja que hacia su cabello parecer una cebolla negra, Lana reía cada que la veía así, pero se supone que como su cabello le daba envidia a Heidi Chandler, ella tenía que usar siempre aquel instrumento en presencia de sus amigas y era hija de un supuesto famoso científico de una tal empresa conocida como Security, la cual Lana reconocía por ese lema pegajoso que ponían en la televisión cantando "La seguridad es lo más importante". Aunque Lana nunca había visto a Alice destacar, realmente era demasiado seca.

Las tres comunicaban como si fueran mesías al resto de las niñas una anécdota que parecía divertir a quienes las rodeaban, pero que a oídos de Lana eran solo palabruchas sin sentido. Iba a dejarlas hasta que finalmente un chico, muy amigo suyo del taller de mecánica, se acercó a ella para susurrarle:

—Están hablando de Lola…

Lana inmediatamente se levantó y fingió que le interesaba escuchar la conversación de esas tres, finalmente logró pasar desapercibida y escuchar escondida a espaldas de unas chicas.

—… ella ya nunca volverá a tocar los escenarios.—afirmaba Chandler con seguridad—Si es sensata, sabrá que eso fue solo una advertencia.

Varias risas pomposas acompañaron su declaración.

—Lola ya nos había desesperado.—afirmó una de las chicas del grupo, provocando que varías a su alrededor afirmaran con fuerza—Son las mejores, chicas.

—Tuve que dejar los certámenes porque era frustrante que siempre ganara.—dijo otra más cercana a Lana—¡Son mis heroínas!

—No nos tienen que agradecernos, fue un placer acabar con esa bruja.—hablaba Alice Duke sintiendo el peso de la fama y roja de la sonrisa que la invadía.

—¿Lola era una bruja?—preguntó entonces Verónica McNamara, que hasta entonces jugueteaba con su chaleco—Pensé que solo era basura.

—¿Por qué no puede ser una bruja de la basura?—indagó Alicia Duke feliz de escuchar la combinación.

—¡Bruja de la basura!—comenzó a gritar el coro de chicas, y algunos chicos que se acercaban a escucharlas y repetir—¡Bruja de la basura!

Lana se encontraba confundida, y continuó escuchando de cerca a esas tres chicas, mientras luchaba contra las ganas de ahorcarlas y su cabello adquiría ciertos tintes azabaches.

Las cosas seguían, mientras tanto, tensas para Lincoln, el cual escribía con rapidez, y fingía que la clase de literatura, hablando sobre "El mercader de Venecia", era interesante. Como adulta, ella ya había leído la obra, y encontraba sentimientos confusos, ya que la obra era antisemita, y Rita siempre fue educada para tratar a todos por igual. Pero al mismo tiempo, los giros que daba la trama eran sorprendentes, incluso para el tiempo que fue escrita.

¡Eso era! Unos giros de tuerca era lo que le faltaban al cuento que estaba escribiendo. Ella se imaginaba cada posible resultado con Lincoln, ¿Qué palabras diría? ¿Cuáles serían sus pensamientos? ¿Debía plasmarlos o ser más sutil y demostrarlo con acciones? ¿Por qué le emocionaba tanto aquella burda tarea?

Y entonces lo entendió, era porque la última vez que había escrito un cuento, era la primera vez que mostraba su escrito a alguien que no fuera familiar o amigo directo, si bien era ante varios niños, ella había demostrado sus dotes de escritora dejando a los niños boquiabiertos, le agradaba esa sensación, aunque en el fondo debiera negarlo. Ciertamente era aquello lo único que le permitía mantenerse cuerda en la situación que se encontraba. Aunque luego de pensarlo mucho, no tenía espacio para añadir ningún giro de tuerca decente, era mejor preservar el mensaje.

—Bien niños, ahora que acabamos de leer para...

Dijo la maestra dejando abajo el libro con mucho esmero y cuidado, para descubrir que solo dos chicos, uno de ellos Clyde, y la otra una Cookie, le prestaban atención, mientras que la mayoría de los niños se encontraba durmiendo, y Lincoln directamente escribía en su libreta a toda velocidad.

—¡Niños!—gritó para llamar la atención, funcionando a medias, la mayoría solo levantaron la cabeza adormilados, y otros simplemente ignoraron su grito, la maestra Agnes tuvo que recurrir a su último recurso—¡Puntos extras a quien responda cuál era el nombre de la hija del judío!

Toda la clase levantó la mano casi al unísono, menos Lincoln, el cual continuaba escribiendo sin parar.

—Veamos, Chandler.—dijo la maestra, sabiendo que ese alumno no adivinaría la respuesta ni aunque de eso dependiera su vida.

—¡Jessica!—dijo Chandler emocionado por tener puntos extras, sin que supiera la maestra que su libro continuaba abierto en sus piernas.

—Ehh…—se vio sorprendida la maestra Agnes, no quería dar esos puntos extras así de fácil—¿Y por qué se convirtió al cristianismo?—dijo ella finalmente sonriendo de manera maliciosa.

—¡Eso no es justo!—dijo Chandler molesto, y muchos alumnos bajaron la mano.

—Aun tienes lo tuyo Agnes.—dijo ella sonriendo jactante para luego darle la palabra a la chica que se mantuvo despierta.

—Lo hizo porque ella vivió bajo la tiranía de su padre judío, prohibiéndole ver a los demás chicos con quienes quería enamorarse, pero que al no ser judíos su padre los reprobaba.—comenzó Cookie causando que casi todas las miradas fueran hacia ella—Finalmente, los acto maliciosos de su padre causaron que ella sintiera odio a su propia religión.—dijo Cookie convencida—Siendo una crítica a los judíos pasiva, diciendo que si seguían evitando mezclarse con el resto, terminarían hartando a sus propios hijos de la religión.

A pesar de que al inicio Lincoln la escuchaba como si de una voz en fondo se tratase, a medida que Cookie decía aquella nueva interpretación de la misma obra de teatro que había leído como adulta, y lograba transgiversarla para dar un toque más infantil y positivo al umbral, más se sorprendía y la escuchaba Rita con sincero interés. Era como si esa chica le hubiese cambiado totalmente su visión de la obra de teatro solo porque supo interpretar de una manera más inocente las situaciones. Tanto así que cuando Cookie acabó y la maestra le dio los puntos todos en el aula aplaudieron, Lincoln incluido.

Cookie solo volteó a ver a Lincoln, le mandó un saludo desde la distancia, saludo correspondido por el chico. Lincoln enserio creía que esa chica era agradable, y una buena influencia para Lincoln, así que no dudo que si la podía ganar como amiga no le vendría mal a su hijo. Pero primero tenía que terminar el cuento, cosa que era fácil, solo le faltaba poco para…

—Y aprovechando que están todos despiertos, y falta poco para el receso, llego el momento, chicos abran sus libretas de tarea, que es hora de leer sus cuentos frente a todos.—dijo ella aplaudiendo, a la vez que la mayoría de los alumnos dejaban soltar un suspiro de cansancio.

Nuevamente el orden fue por orden alfabético de los nombres, la chica Artie fue nuevamente la primera en pasar. La cosa se puso tensa cuando llegó el turno de Chandler, hasta el momento ningún cuento había destacado en nada, pero Lincoln recordaba que ese era el cuento del niño que veía a su familia como un estorbo, por lo que le sorprendió escuchar su cuento.

El cuento de Chandler era uno que él estaba atrapado en una prisión, encerrado por una tal mujer intocable, esa mujer intocable le hacía cosas malas a Chandler, y como él era el prisionero malo, y ella la buena guardia pelirroja que lo mantenía calmado, aprovechó de su poder para abusar de él.

—…Y por eso, él anhelaba la libertad más que nada, pero mientras ella estuviera cerca, él nunca sería libre.—dijo Chandler a la vez que cerraba los ojos y lanzaba un suspiro—Eso fue todo.—estaba cabizbajo.

Todos en la clase se sorprendieron de verlo, el cuento no estaba en lo absoluto bien narrado, de hecho, usaba muchos modismo y algunas faltas de escritura graves (debido a que pronunció carcelera como "cartelera") pero el mensaje estaba ahí, y Lincoln levantó mucho la ceja, ligeramente preocupado por el chico, era un matón con Lincoln por lo que había descubierto, pero no pudo evitar sentir que en el fondo también tenía corazón y temores, aunque los ocultara.

El cuento de Clyde, en cambio, decreció en cuanto a calidad, aunque las palabras de Clyde era rin bombásticas, su historia era desmerecedora de algo innovador, solo narró como un niño que era negro, se libraba de los clasismos que la gente blanca les imponía. El mensaje era lindo, a visión de Lincoln, pero su modo de expresarse no lo era, simplemente parecía que Clyde no había puesto el mismo empeño en completar su cuento en aquella ocasión, logrando un notable de todas maneras, ya que eso no quitaba que la temática fuera buena.

Apenas llegó Cookie al estrado, a Lincoln le faltaban un párrafo y la corrección semántica, pero se detuvo a escucharla, realmente la chica el día pasado había entregado un cuento sobre el divorcio de sus padres, presentando por medio de una metáfora la palea por su custodia. Sí, Lincoln se interesó en saber más de aquella pobre niña, y ese detalle no pasó desapercibido por parte de Clyde, quien miró a Cookie con cierto rencor.

La chica desde la parte de enfrente volteó a ver a sus amigas, terminando más nerviosa de lo que ya estaba, para luego dar un voto de confianza y ver a Lincoln sonriéndole, atento por primera vez al frente y sonriéndole. Esa sonrisa fue suficiente para que se expandiera a su rostro y comenzara su narración, en aquella ocasión trató de una pequeña bruja, con muchos dotes en sus más preciadas artes de la oscuridad, la cual tenía un gato blanco como la nieve que la hacía sentir mejor cuando llegaba el malvado jefe de la pequeña bruja, un troll horrendo que no la dejaba salir de su madriguera hasta que la brujita perdiera todos sus poderes. Ella quería escapar con la bruja de hielo del Oeste, pero el troll se lo impedía y solo seguía haciéndola perder cada día más y más sus poderes.

—… pero ella tenía esperanza, porque su gato, la apoyo en su momento de mayor necesidad, la hizo reír, la inspiró y le hizo recuperar sus poderes que ella creía perdidos y finalmente ella entendió, que había prisiones de las cuales no podría escapar, pero que mientras tuviera a un amigo, como su gato, cerca de ella, siempre podía ser libre, aunque sea un poco.

Como el día anterior, muchos niños no entendieron las metáforas de Cookie, Lincoln y la maestra Agnes a duras penas podía seguirle el rastro, era obvio que la chica estaba pasando por una situación complicada, pero era algo que no podían solucionar.

Siguieron varios alumnos, tiempo en el cual Lincoln aprovechó y paso a limpio su nuevo cuento sobre libertad, escuchó como su amigo Liam también paso en frente, y ahora que estaba libre levantó sus dos pulgares y le deseó suerte. Sin saber que Clyde lo escuchó y solo pudo pensar "A mí no me deseó suerte" mientras se ponía rojo de la ira, por no lograr que Lincoln lo notara, ni ganar por su cuento.

Lincoln sonrió cuando fue su turno, puesto que logró escuchar de fondo todos los cuentos del resto de compañeros de su aula, y notó un patrón, que su mente de escritora pudo evitar.

Trabajo, trabajo, trabajo. Esas eran las palabras que escuchaba un hombre adulto cualquiera, sin diferencia a ningún otro más allá de la distinción en su cabeza albina. El hombre vivía en aquel momento solo y asustado del mayor enemigo de la adultez, las cuentas de los servicios de agua y electricidad. Cuando era niños esas cuentas no eran ningún problema, no, él nunca las había visto acumularse el monto mes tras mes, porque sus papas habían trabajado ambos para mantenerlas sin problemas.

Aquella vez las cuentas sobrepasaron sus ahorros, el hombre buscaba una manera de pagar a como diera lugar, pero nada era suficiente, ni sus esfuerzos en el trabajo, ni siquiera vendiendo sus pertenencias. Las cuentas solo crecían y crecían, junto al temor que tenía de que llegara un aviso final.

Por si fuera poco, el hombre había terminado una relación con el supuesto amor de su vida que no dudo ni un segundo en mentirle cuando su verdadera naturaleza era revelada. Y sus padres se negaban a volver a tenerlo en casa siendo ellos ya muy mayores para mantenerlo. Y él solo podía pensar en su amor ido, le hubiera gustado haber tenido un meloso romance adolescente como su hermana mayor en el pasado, disfrutar de un amor donde confiara ciegamente en todo. Y luego de terminar una sesión de besuqueos volver a su hogar, donde el mayor temor fuera que no descubrieran los besos que se dedicaron, y no tanto si su mejor amigo siempre vio con esos ojos a su posible esposa.

Al final, el hombre estaba en la situación que no quería estar, las cuentas finales de electricidad y agua, impagables, su corazón roto, su espíritu cercano a la tentación de rendirse. Intentó pedir piedad en su trabajo después de hacer turnos dobles durante semanas enteras. Pero su despiadado jefe ni se inmutó.

Entonces fue cuando el hombre estaba al borde de la desesperación, cuando entró a una tienda por un poco de elixir amarillo que calmara su dolor mental. Se sorprendió al encontrarse la tienda casi vacía, encontrándose los empleados en la parte trasera y la caja registradora abierta… Si tomaba cualquier cifra de billetes y salía corriendo…

Pero entonces el hombre de blancos cabellos pensó si aquello era correcto, y sus alarmas despertaron cuando frente a él apareció de vuelta a su casa, rejuvenecido, con sus hermanas y mascotas de nuevo como cuando todo era mejor, con una sonrisa que no era suya en el rostro, sino robada de su pasado perdido.

"¿Por qué regrese aquí?" se preguntó a si mismo solo para darse cuenta de que al bajar las escaleras sus padres hablaban sobre unas cuentas que eran imposibles de pagar aun con sus dos sueldos juntos y hacían sacrificio de sus objetos personales mientras él decía "De todas maneras nunca le gustaron a nadie esas corbatas" en su momento lo había dicho con el desconocimiento infantil de lo que puede ser apegarse a un objeto, y se sintió mal consigo mismo.

El, ahora niño, dio media vuelta, encontrando a su hermana mayor llorando por haber roto con su novio de la peor manera posible. Y a otra hermana suya consolándola, con palabras como "Ahora ambas somos un fracaso", eso en lugar hacer enojar a la hermana mayor, la hizo reír, la hizo sentirse apoyada y soltar un puñal. "Tú no eres un fracaso, eres mi hermana, solo un poco menos capaz que los demás" dijo la hermana mayor del sujeto a la vez que se alejaba con una sonrisa triste.

"Gracias…" respondió la otra hermana, también alejándose, dejándose al sujeto solo.

Se dio cuenta que aquellos problemas que él tenía no eran nuevos, o no era algo que solo él tuviese que afrontar únicamente y nadie más lo hiciera, o que tuviera que lucharlos por su cuenta. De hecho, siendo niño, todos esos problemas ocurrían a su alrededor, las cuentas impagables, los romances traicioneros, el sentimiento de ser inferior al resto. Son problemas que los demás también sufrían, pero él era simplemente incapaz de verlos, maldijo internamente a la suerte de la inocencia infantil, inalterable hasta que el mudo real termina sobre sus hombros.

Él era libre de niño…¡No! ¡Seguía siendo libre! Era su decisión si tomar o no el dinero y terminar siendo fugitivo, llorar su mala suerte, y perder su trabajo una vez fuera arrestado, o mudarse a un apartamento más barato, dejar el pasado en el pasado y salir adelante.

Entonces el niño lo entendió, y el hombre también, salió de la tienda con prisa, con esperanza de un futuro mejor, tal vez ya no gozaba de la misma libertad que de niño, una libertad enterrada por el pasar de los años y la llegada de las responsabilidades, pero ahora tenía una libertad que él debía mantener, y estaba dispuesto a lograrlo, porque aún era libre de decidir su destino."

—… El fin.—dijo finalmente Lincoln terminando de leer en su libreta.

Justo como la clase pasada todos en la clase quedaron callados, no había manera de decidir si aplaudir o no, porque se sentían bastante confundidos. Ese era el secreto de Rita, mientras el resto de los niños hablaron de cosas que les privaban de la libertad en esa etapa de su vida, ella dio un mensaje acerca de cómo ellos ya contaban con una libertad que eran incapaces de ver, y que cuando crecieran iban a tener que ganarsela. Lincoln sonrió al ver aquello, pero rápidamente su sonrisa se vino abajo cuando volteó a ver a la maestra, que lanzaba algunas lágrimas.

—¡Hermoso!—decía la maestra entre sollozos y sonando su nariz con un pañuelo—Lincoln, realmente te volviste a lucir con ese cuento, creo que es más que obvio quien…

—¡Lo hizo en clase!—gritó desde el fondo del salón, sorpresivamente, Clyde con el rostro rojo.

Todos en la clase voltearon a ver a Clyde para luego voltear la mirada a Lincoln, quien sudaba ligeramente mientras sonreía con nervios, realmente la atención negativa no le terminaba de gustar. Pero la cosa empeoró cuando la maestra alzo la voz y lo miró con firmeza.

—¿Eso es lo que estabas escribiendo mientras daba la clase?

Durante todo el rato, Lincoln imaginó que nadie lo notaria con su titánica tarea de escribir un cuento mieras daban la clase, pero notó que había fracasado miserablemente, la cosa se puso peor cuando volteó a ver a Clyde y este sonreía de que al fin volteara a verlo, aunque claro, con malicia. Lincoln se molestó de que el supuesto mejor amigo de su hijo le hiciera eso, así que decidió voltear a ver a Cookie, la cual solo le miró con decepción, probablemente desilusionándose de él. Y finalmente su mirada paso en Chandler, que lo miraba mientras asentía y levantaba los pulgares.

—Sí.—dijo finalmente Lincoln—En casa estamos…

—Lincoln, siempre usas de excusa a tus hermanas cuando faltas a una tarea.—dijo la maestra molesta—Me imagino que ayer tampoco hiciste la tarea, ¿Verdad?—preguntó ella lanzando un suspiro de desesperación porque lo recordaba como perfectamente había escrito cual lunático.

—No.—admitió Lincoln a secas.

—Bien Lincoln, ¿Podrías ir a la oficina del director?—preguntó la maestra con calma, pero firme, a la vez que la campana del receso sonaba—El resto, pueden salir.

Esa misma campana fue escuchada por el resto de la escuela, causando grititos de emoción por igual en todo el lugar, excepto para una niña que estaba al borde del cansancio. Lucy no se había dormido a mitad de clase solo porque su voluntad era más fuerte que su cansancio, aunque para levantarse necesitó de estirarse para sentirse despierta y que la sangre corriera por sus venas.

Rápidamente logró encontrarse con su amiga Haiku por los pasillos de la escuela, leyendo algún tipo de libro de mitología oscura, Lucy sonrió ligeramente de verla, al lado de Haiku se encontraba la chica, aparentemente llamada Cookie, la cual miraba al suelo con un rostro de seriedad y bastante pensativa, y al final de la formación una pequeña niña de alrededor cuatro o cinco años, la cual aún llevaba el cuento que leía durante la incursión de Lucy a la biblioteca unas horas atrás.

—¿Y esa niña?—preguntó Lucy señalando a la menor.

—No es una niña cualquiera, su nombre es Darcy.—dijo Haiku a la defensiva—Es parte del club, y no se ira a menos que vaya con su amiga Lisa.—dijo explicando porque ella estaba pegada prácticamente al club de lectura—Ayuda…—dijo en secreto, desesperada.

—¿Lisa? ¿Lisa Loud?—preguntó Lucy a Darcy, la niña asintió.

—¡Lisa es mi amiga!—dijo la pequeña Darcy, una chica con un short café y una blusa sin mangas que llevaba una flor en medio, su voz era dulce como su cabello corto y castaño.

—¿Esa tal Lisa es tu hermana?—preguntó Haiku levantando mucho la ceja—Debería de retractarme de ese encantamiento que le lance… Aunque tampoco cambiaría nada si la dejo que… —se detuvo un segundo—Estoy hablando en voz alta lo que debería estar pensando, ¿Verdad?

—Sí.—dijeron a la vez Cookie y Lucy.

—Demonios.—se molestó Haiku—En fin, estamos aquí para que pruebes tu punto, Luz.—dijo Haiku sonriendo con malicia—¿Cómo vas a probar que tu supuesta hermana esta poseída?

Lucy se detuvo a analizar ligeramente el comportamiento de Lana, desde su cabello oscuro, su piel pálida hasta las actitudes que había tomado cada vez que Lucy le contrariaba aun sin saber que aquello la enfadaría.

—Tengo que hacerla enfadar… Pero ¿Cómo? —se detuvo a pensar y luego dedujo que lo primero era tener que encontrarla.

Cosa que resultó relativamente fácil, tomando en cuenta que solo debieron acercarse al salón de Lana, y verla como esta salía molesta y caminaba sola por los pasillos, entrando de un baño de chicas a otra, siempre llevaba sus manos en sus bolsillos.

—¿Por qué hace eso? —preguntó asustada Darcy de ver como la chica mayor entraba a todos los baños de niñas de la escuela.

—No lo sé…—admitió Lucy haciéndole señas para que bajara la voz.

Finalmente, se detuvieron cuando llegaron a un baño de chicas del cual Lana no salía, entraron todas a la vez cuando Lucy abrió la puerta sin hacer ruido, encontrándose que dentro de este baño había una pared que separaba la zona de los retretes y los lavabos, había dos niñas discutiendo en los retretes, y ellas aprovecharon para ponerse detrás de la pared que les ocultaría de la vista de esas dos, antes de causar sospechas. Se encontraba Lana respirando entrecortadamente a la vez que una niña de su edad, pero castaña y con un vestido morado, le decía que no podía ir a los baños de atrás.

—¡Déjame pasar Lindsay! ¡Es mi hermana!—dijo Lana desesperada por ver a su gemela—¡Lola dile que me deje entrar!

—Ella no quiere que nadie la vea.—fueron las palabras definitivas de Lindsay—No aun, ¿No es así Lola?

—¡No quiero hablar con nadie!—gritaba desde el interior del baño Lola a la vez que se escuchaban sollozos ligeros y como su nariz era limpiada fuertemente por un pañuelo, tenía una bolsa dentro donde se encontraba el disfraz que le consiguió Lindsay.

—Que sobrenatural…—decía Cookie en voz baja de manera sarcástica.

—Solo espera, necesito saber que pasa antes de intervenir. —susurró Lucy, aunque también tenía dudas de qué había pasado con Lola.

—¡Aléjate Lana!—gritó finalmente Lola enojadísima entre lágrimas cuando Lana forzó la puerta del baño a abrirse—¡No quiero que nadie me vea! ¡No ahora!

Lana estaba frente a la puerta del retrete donde se escondía Lola y trataba de abrir, o ver por debajo, pero siempre que miraba por la parte baja se ganaba un puntapié fallido por parte de Lola.

—¿Qué te hizo esa Heidi?—preguntó Lana, sabiendo a medias lo que había pasado.

—¡¿Acaso no lo sabes?! —se detuvo un segundo como si una revelación le hubiera llegado—¡Probablemente solo quieres verme para poderte reír en mi cara!—gritó Lola abriendo la puerta de golpe, sin querer golpeando en el brazo a Lana.

—Auch…—dijo Lana comenzando a ponerse ligeramente pálida y llevándose una mano al golpe del brazo—Lola yo nunca…

—¡Solo déjame!—dijo finalmente Lola sacudiendo su cabello y sacando de este un nuevo papel de baño, tenía los ojos rojos, al igual que la nariz, se notaba que había llorado mucho.

—Lola… Tu…—decía Lana preocupadísima, y Lucy no pudo evitar sentirse igual, pero permaneció oculta, sabía que Lola cuando estaba molesta era capaz de hacer cualquier cosa, incluso a aquellos que no tenían nada que ver con sus asuntos y la ira de Lola nunca era algo bonito de sentir.

—Vamos.—dijo Lola a Lindsay antes de tomar una bolsa de papel café y ponérsela en la cabeza, con dos agujeros para los ojos, y una bata de laboratorio sucia y que no arrastraba debido que era para niñas mucho más altas que ella—Recuerda, hasta que no vuelva a ser hermosa, me llamo doctora Flug.—le dijo a Lindsay poniéndose una gafas de aviador estirando el elástico—¡Auch! Lindsay ¿No conseguiste nada mejor para las gafas?

—Eran las únicas que tenían en el club de teatro.—dijo la chica arrepentida y adolorida por como se oye el golpe del rebote.

—Ya que.—dijo finalmente la doctora Flug a la vez que se encaminaba a la puerta.

—¡Yo también voy contigo!—dijo Lana deteniéndola del brazo.

—¡No!—gritó Lola—¡Ya tuve suficiente con la basura!—gritó Lola molestísima, descargando su ira en su hermana—¡Aléjate! ¡No quiero olerte nunca más! ¡No quiero volver a oler como tú!—si se pudiera ver el rostro dentro de la bolsa se hubiera visto un rostro rojizo—Me han humillado lo suficiente hoy como para que tu vengas y me lo arruines más.—dijo finalmente con voz seca para correr fuera del baño y que su amiga Lindsay (nada feliz del comportamiento de Lola) la siguiera, mientras Lana miraba al piso arrepentida.

En aquel momento Lucy estuvo a punto de intervenir, pero no lo hizo, sabía que Lola verdaderamente no estaba pensando en sus cabales, ciertamente la ira que se acumulaba en su interior, por algún motivo que Lucy desconocía, era demasiado grande como para que nadie pudiera controlarla en ese punto, ponerse en el camino de Lola, aun si fuera para ayudarla, era el equivalente a ponerse frente a una locomotora. Las chicas del club vieron con asombro como Lola le había gritado de aquella manera a Lana, y Cookie se encontraba genuinamente indignada, aunque Haiku sonreía. Apenas Lola salió por la puerta, Lucy se acercó a Lana arrodillándose para estar a su altura, tratando de abrazarla para hacerla sentir mejor, aun si esta era indiferente a la presencia de ella.

—¡¿Cómo puedes sonreírle a esa niña?! —gritó Cookie a su amiga gótica.

—Esta molesta la niña de papi. —decía Haiku limpiándose una lágrima de la risa—Lucy, ¿Es esa malcriada la que tenemos que desencantar? Lo admito, se lo merece. —dijo Haiku volteando a ver a Lucy.

—¿Quiénes son ellas? —preguntó Lana levantando su mano pálida, al hacerlo también lo hizo con sus pupilas que parecían las de un muerto al estar blanquecinas.

Eso hizo que Cookie y Darcy al unísono se abrazaran del susto y dieran un par de pasos hacia atrás, en cambio Haiku abrió los ojos de par en par, legítimamente las puntas del cabello de la chica rubia que tenía en frente estaban cambiando de color a uno negro, comenzó a sentir verdadero terror mientras tragaba en seco.

—Son unas amigas, las traje para ayudarte. —dijo Lucy que al estar aferrada al abrazo y con los ojos bien cerrados en lágrimas no se daba cuenta de la metamorfosis—Lana, yo… lo siento, no debí… No debí…—dijo finalmente mientras acariciaba su cabello—Pero puedo ayudarte, sí, ella es Haik…

—¿Cuánto llevas aquí?—preguntó Lana seca, sin importarle lo más mínimo la pasión y tristeza que expresaba Lucy en cada palabra.

Finalmente, Lucy levantó su rostro del frío pecho de Lana, y vio a una chica pelinegra (con un cabello que ondulaba como si estuviera teniendo un pequeño incendio), con sus cuencas oculares hundidas y muertas en un pozo que se había formado alrededor de sus ojos, y sus labios se teñían lentamente del rojo al morado de una forma grotesca para la niña que seguía en el agarre.

—Escuche todo.—dijo Lucy tratando de ser tierna, y abrazándola más fuertemente, pero no logró nada, sintió verdadero temor, sintió que aquella cosa no era Lana.

—¿Y no pensaste en ayudar a Lola? —gritó Lana con una voz más grave de la que normalmente solía usar, se escuchaba un eco que la acompañaba, casi parecía una voz demoniaca.

Las chicas del club a sus espaldas gritaron aterradas al ver como Lana tomó del cuello de su blusa a Lucy con fuerza descomunal y la levantaba mientras ambas flotaban y las sombras alrededor de Lana se estiraban como si quisieran alcanzarla a ella. El horror era tal que la pequeña Darcy lanzó un grito de histeria y comenzó a llorar sobre la cintura de una igual de aterrada Cookie, mientras Haiku hizo lo primero que se le ocurrió, tomar su celular y tomar una foto, como prueba de que aquello había pasado. Lucy se ponía morada de la falta de respiración, hasta que finalmente su blusa se rompió y cayó al suelo, dándose de bruces.

Y Lana al ver aquello no pareció inmutarse en su rostro, pero rápidamente su piel volvió a su tono habitual, así como su cabello y ojos, dejo de flotar y cayo justo al lado de Lucy, ambas se encontraban desmayadas, y las chicas del club de lectura tenían las bocas abiertas del horror que acababan de presenciar.

Continuara…

Frase.—La experiencia es algo que no se obtiene sino hasta después que se necesita.

Na.-Oficialmente el capítulo más largo, espero no haberlos cansado, y sí, por eso mismo tarde, quería abordar todo esto en 1 solo capítulo ya que no quería partir el capítulo sin terminar varios cabos sueltos, por cierto, gracias por todo el apoyo, sigan así y me inspiraran a traer más y mejores capítulos, son un amor.