Una Semana con los Loud
Capítulo 29 El Casino Café Preludio
La noche del miércoles estaba a punto de caer en el tranquilo pueblo de Royal Woods, sin sospechar que los mayores peligros estaban al asecho en la vuelta de cada esquina. Y tampoco conocían que el epicentro de todos esos problemas eran debido a la familia Loud, pero lo sabrían, muy pronto se enterarían.
De eso se aseguraría Lori Loud, pero primero tenía que recuperarse, todos sus recuerdos eran vagos, primero le llegó a la mente la imagen de su hermana Leni manejando armas de fuego, el arma de Leni se transformó en una más grande y potente llevada por un hombre japonés entrando en estampida hasta un pequeño pasillo. No estaba claro nada, ella intentó llevarse una mano a la cabeza, pero rápidamente se dio cuenta que le iba a ser imposible moverse.
Ella se encontraba en una silla de madera, rodeada por alguna especie de soga tosca y gruesa, pero lo suficientemente larga como para dejarla inmóvil de cualquier lado que no fueran los dedos de manos pies y parte de su cabeza. Aunque era inútil, sus dedos solo tocaban la madera de la silla donde estaba, sus pies el piso cerámico y su cabeza veía negro.
O eso pensó, hasta que una luz iluminó su rostro violentamente.
—Parece que los papeles se invierten, señorita Loud.—habló entonces una voz conocida.
Desde las sombras, entró en su rango de visión el profesor Albert, el cual estaba de brazos cruzados y con una ceja levantada. El hombre acariciaba sus muñecas, como recordando una sensación desagradable al ver la imagen de Lori atada contra su voluntad.
—…
Pero, a diferencia de Albert, Lori no tenía experiencia en estar atada e intentar hacerse la difícil en un interrogatorio, mucho menos en un lugar que no conocía y a sabiendas que posiblemente no iba a volver a ver a sus hermanas, padres o amigos, ni a su novio Bobby… Ni siquiera le había hablado a él durante los últimos tres días.
—Bueno, ¿Le comió la lengua el gato?—preguntó Albert rodando los ojos y tomando sus mechones rubios—No, en su dimensión estoy seguro que no vi ningún gato capaz de hacer eso… A alguien vivo.
—¿Dónde está Luan? ¿Leni?—fue lo único que fue capaz de decir Lori cerrando los ojos para que la luz no la cegara del todo, aun así se filtraba por sus parpados.
—Tienes valor, niña.—repitió el hombre asintiendo—Creo que sí es digna.
—¿Enserio?—dijo una voz en la oscuridad, masculina y juvenil.
—Es toda suya, Profesor.—dijo Albert apagando la única luz de la habitación.
—¡Excelente!
En la más profunda de las oscuridades los ojos de Lori intentaron rebuscar algún indicio del peligro que estaba a punto de aproximarse, pero nada, no venía ningún cuchillo, ninguna bala, ningún manotazo. Solo oscuridad durante una eternidad, o por lo menos eso pareció el tiempo antes de que todo a su alrededor se iluminara.
El lugar tenia un aspecto exageradamente futurístico, con un suelo cerámico, unas paredes que terminaban en un techo de casi veinte metros de altura, como si de una catedral se tratase. Aunque las paredes grandes no eran tan extrañas como el espacio del almacén, había mucho espacio, libre, una mesa de cosas científicas (no tenía ella forma de describir todo ese material) y una cámara cinematográfica apuntando a esa zona. Más allá había varios sillones almohada con formas de balones de fútbol, en otro lado una super computadora con varias sillas giratorias pegadas al suelo.
—Lori Loud, que modales, permíteme presentarme.—habló un hombre joven con una bata de laboratorio que llegaban hasta debajo de las rodillas, un peinado castaño alocado sin distribución aparente y unos grandes lentes—Soy el Profesor Palidemus Thalemus, bienvenida a la nave de la imaginación.
—… ¿Qué?
Lori miraba de uno a otro lado, ¿Estaba aún soñado? Ahora podía ver no solo al dichoso Profesor, sino que detrás de él había un niño y una adolescente morenos, el Profesor Albert sentado en una silla giratoria al revés, recargando sus brazos en la almohadilla para el cuello. Y hasta el fondo de la habitación, con la mirada gacha, se encontraba su hermana Leni, sin sus lentes de sol.
—¡Leni!—intentó gritar Lori—¡Leni!
Todos la vieron con curiosidad, Leni intentó cubrir su rostro antes de dar media vuelta y salir por un pasillo que estaba hasta el fondo de aquel extraño almacén.
—¡LENI! ¡¿Qué le hicieron a mi hermanita?!—gritó Lori intentando luchar contra las cuerdas—¡¿Y dónde está Luan?!
Todos volvieron a voltear hacia el Profesor, el cual se llevó una mano a la frente y comenzó a reírse ligeramente.
—¡Esto no es divertido!—gritó Lori intentando salir de las sogas, pero notando que mientras más luchaba más apretaba—¡Libérenme!
—No, tienes razón, no es divertido.—dijo el dichoso Profesor Thalemus llevándose unas manos al estómago intentando parar de reír—Es que… Están de espaldas.
Lori entonces intentó girar la cabeza enredándose aún más con la cuerda, no podía ver su espalda, pero el Profesor acercó a ella un espejo de cuerpo completo, mostrando que su silla y la de Luan estaban pegada a la suya, atadas con la misma cuerda.
Lori estaba sin palabras, se sentía perdida, desorientada, tenía tantas preguntas, y al mismo tiempo ninguna, había resuelto el misterio de Leni, pero había parado en uno mucho mayor.
—¿Por qué nos ataste?—terminó preguntando después de mirar al vacío durante casi un minuto entero.
— Por su seguridad, sobrevivieron de milagro al ataque de la mafia japonesa y Albert me contó todo lo que le hicieron a él.—dijo el Profesor Thalemus sonriendo—Me pareció irónico.
—Él ama la ironía.—agregó el niño menor, tal vez de nueve o diez años.
—Gracias Tobby, era una aclaración totalmente necesaria.—dijo el Profesor rodando los ojos—En fin, también necesitaba que me escucharan.
—¿Escuchar a un secuestrador?—dijo Lori indignada—¡Es literalmente lo…!
—Y ahí está, esa feracidad.—interrumpió el Profesor apuntando con el dedo—Es lo que quería ver.
—¡SUELTENOS!
—No puedo, ya no vas volver a casa a dormir y fingir que no pasó nada Lori Loud.—dijo el Profesor presionando botones holográficos que salían proyectado de sus anteojos—A menos que quieras morir y que maten a toda tu familia…
—¡NO LES HAGAS DAÑO!—gritó Lori desesperada, volviendo a forzar la cuerda sobre su cuerpo.
—¿Yo? Me ofendes jovencita, yo no les tocaría un pelo.—dijo a la vez que de su lentes los dos haces de luces azuleadas generaban la imagen de un niño de once años con cabello blanco—Creo que lo conoces, él les haría el daño.
—¿Lincoln?—dijo Lori con voz quebrada—¡No le hagas daño a mi herma…!
Fue interrumpida cuando volvió a ver la imagen de reojo, sí, físicamente era Lincoln de un color azulado por la proyección holográfica, excepto por una parte que destacaba, una bufanda roja que su hermano nunca había usado, además, aunque el Lincoln tridimensional estaba sonriendo, no lo hacía de una manera amable, aun teniendo todas las facciones de una cara amable. Mientras más lo miraba le causaba más miedo. Cerró los ojos un momento y pudo visualizarlo frente a ella, ¿Por qué era incapaz de moverse? ¿Desde cuándo había comenzado a sentir un frío recorriendo su espalda? ¡Era solo su hermanito con una bufanda roja!
—¿Lincoln?—logró decir con voz crispada.
—Sí, pero no.—dijo el Profesor presionando otro botón en su brazo y provocando que desapareciera el holograma—Pero primero necesitamos que tu hermana Luan también se entere, están a punto de descubrir algo que muchos darían su vida por siquiera afirmar que es real.
—¿Dios?—preguntó Lori sin entender.
—¿Qué? ¡No! Aunque sería un reto interesante…—dijo el Profesor entrecerrando los ojos—Hablo de algo mucho mayor que este universo al que están limitados.—dijo tomando un vaso de agua—Un Multiverso en peligro de extinción por ese niño, pero primero, silencio, me gusta el dramatismo.
—¿Multi qué?—preguntó entonces Lori sintiendo que su voz temblaba al recordar esa imagen antes de que las luces se apagaran.
El Profesor le lanzó el agua a Luan para que esta se agitara y comenzara a voltear de uno a otro lado antes de que una luz se encendiera iluminando solo su rostro.
—¡¿Lori?! ¡¿Lori?! ¡¿DÓNDE ESTÁ LORI?!
Eran los gritos de Luan antes de que Albert apareciera en su campo de visión… Enserio iban a repetir todo el espectáculo.
Mientras aquello pasaba, las luces del espectáculo cegaban a un Lincoln Loud que había salido desde el escenario para defender la dignidad de su hija, llevaba la nota de renuncia a la presentadora, la cual la verificó, volteó de uno a otro lado, viendo la indignación de las madres de familia, dio una sonrisa de medio lado y tomó de una mano a Heidi, de la otra a Lindsay para llevarlas detrás del escenario. Tanto Lincoln, Lisa y Alice siguieron de cerca aquello mientras en el fondo del escenario. Sorpresivamente Verónica McNamara se quedó ahí parada, nerviosa mientras los cuchicheos inundaban los asientos.
La mayoría de estos cuchicheos los ignoró ella cuando una persona en primera fila se levantó, aquel era el padre de Verónica, una de las personas más ricas de Royal Woods, dueño del casino café. El señor McNamara se acercó a Verónica sin importarle en más mínimo el espectáculo final, no parecía contento. La niña hizo chocar sus pulgares mientras miraba hacia el piso tratando de evitar la mirada de juez que su padre le dedicaba.
—No ganaste hija.—remarcó el hombre con calma, frío y sin emoción en la voz.
—Yo… Lo intenté papá, ¿Viste cómo hacía eco a mi amiga?—preguntó ella intentando dar tinte a su voz.
—No, no es suficiente Verónica, ya te lo he dicho, intentar no es suficiente.—dijo el hombre ladeando la cabeza y ofreciendo una mano para que ella baje del escenario—Y no me gusto que fueras solo el coro de tu amiga, eres mucho más que eso.
—Pero yo no quería…—dijo ella cruzándose de brazos y dando media vuelta.
—A veces no es de querer o no, es un deber.—dijo el padre—O las oportunidades se pierden.—dijo el hombre solamente retirando su mano, ella ahora tendría que bajar sola—Aunque debo admitirlo, la música fue buena, ¿Usaron una versión karaoke?
—No, la interpretó una chica de preparatoria, está arriba.—dijo Verónica señalando hacia donde se encontraba Luna.
—Como te digo, Verónica, la vida son oportunidades, y cuando ves una, no la dejas ir.—dijo el hombre dando media vuelta y caminando hacia unas escaleras que llevaban a la cabina de música.
—Gracias por venir papá…—dijo Verónica volteando a ver la espalda de su padre.
Independientemente si la hubiera oído, o no, el señor McNamara ni siquiera se dignó a voltear, simplemente siguió su camino hasta la cabina.
Verónica no intentó hablar, sabía que era inútil.
En la parte trasera el escándalo parecía incrementar en tono. La chica se acercó al mismo tiempo que Lincoln se imponía sobre la voz de Alice Duke con demasiadas fuerzas.
—¡Nada de excusas jovencitas!
—¡Señor Loud basta, basta!—dijo la maestra intentando mantener el orden—Señorita Chandler, no me deja más alternativa, las pruebas son rotundas.—dijo la mujer mirando hacia abajo a una Heidi que lloraba cual cocodrilo.
—Yo, lo siento, Alice y Verónica también creyeron que era buena idea, ¿Verdad chicas?—dijo ella intentando ganar algo de la discusión.
—Sí, sí, hasta fue Verónica la que escogió la canción, se la dijimos a esa Luna para que la tocara.—agregó Alice Duke al mismo tiempo que todos volteaban a la referida.
La niña McNamara se llevó las manos a su cabello y comenzó a acomodarlo al mismo tiempo que lágrimas recorrían su rostro.
—No importa quién fuera la de la idea.—dijo finalmente la maestra—Las tres se portaron muy mal, si nada de eso fue actuación, eso significa que rompieron el vestido de Lola y la humillaron en frente de todo el escenario.—dijo ella llevándose una mano a la frente—Tendré que expulsarlas a las tres de los certámenes.
—Pero…—intentó decir Heidi con un hilo de voz.
—Sin peros.—dijo la maestra—Las tres están fuera de los certámenes de belleza y hablaré con el director de su escuela para que les den detención, el viejo Huggins estoy segura que estará igual de decepcionado que yo.—dijo la maestra dando media vuelta enfrentando cara a cara tanto a Lincoln como Lisa.
—Se lo merecen…—dijo Lincoln con los brazos muy cruzados y mirando de mala manera a esas tres niñas.
—Y usted, señor Loud, son niñas, por el amor de Dios, tienen seis años.—dijo la mujer tomándolo de los hombros—¿Cuántos años tiene? ¿Once? ¿Doce? Compórtese como un hombrecito.—dijo la mujer con el rostro rojo de la vergüenza—Y Lindsay, sé que tú y Lola se llevan bien, pero suplantar a las personas está mal, muy mal.—agregó volteando de uno a otro lado, todos tenían la mirada gacha—Ahora, si me disculpan, llamaré a los padres de todas ustedes para informarles de esta vergonzosa situación.
Y así, sin más, la señorita Vaporciyan se retiró indignada y con el rostro rojo. Llevando consigo el premio a la ganadora. Apenas se fue ella, entró desde unos escalones del escenario el referido chico Chandler. Sorpresivamente con una sonrisa de medio lado.
—Lo oí todo, lo oí todo.—canturreó de manera burlona—Parece que ya no habrá más tontos certámenes.—dijo mirando a su hermana menor—Oh, cierto, lamento lo de tu hermanita Larry, pero ¿No deberías estar buscándola?
—Que el nombre es…—intentó corregir Lincoln, pero lanzó un suspiro frustrado y contó hasta tres mientras inhalaba y exhalaba lentamente—Primero lo primero, nos vemos Chaqueta.
Y dio media vuelta hacia el escenario mientras Lisa lo seguía de cerca. Chandler volteó a verlo sorprendido de que lo llamara de esa manera, pero Lincoln no tenía tiempo, se dirigió directamente a la cabina. Heidi lloraba, pero en el fondo, se encontraba contenta, había perdido algo, pero mucho más importante, le había arrebatado algo a la engreída de Lola Loud.
Momentos antes, desde la cabina, Luna se encontraba afinando su guitarra, aquella canción final había tocado con tanta pasión que apenas se dio cuenta cuando movió de más algunas cuerdas. Lo mejor era que su hermanita Lola había ganado por sus increíbles dotes actorales. Luna desde arriba pudo ver con claridad todo el espectáculo, y en más de una ocasión estuvo a punto de terminar, pero conocía a Lola, su hermana si en verdad hubiera estado siendo atacada no se habría quedado quieta, Lola es la que siempre pelea y lo da todo. Aunque una parte de su cabeza odiaba pensar que Lola había llorado, aunque se dijese a sí misma que eso no era real.
Aunque todo eso desapareció de la mente de Luna cuando por la puerta cruzó el señor McNamara, una de las personas más ricas de todo Royal Woods. Primero el hombre tocó la puerta, Luna respondió alegre con un grito que entrara mientras continuaba arreglando su guitarra, cuando finalmente vio el traje blanco, supo que aquel día iba a ser el mejor día de su vida.
—Jovencita, ¿Fue usted la que interpretó todas las canciones del escenario?—preguntó el señor McNamara desde el umbral, sin presentaciones, directo al grano.
—Señor McNamara, señor, un placer.—dijo Luna nerviosa, levantándose de su posición relajada de la silla y haciendo su guitarra a un lado, aquello podía y debía esperar—Soy Luna Loud, señor, todo un honor.
—Siempre lo es.—dijo el hombre suspirando largamente, acomodando un poco su cabello a la vez que volteaba por la ventana—Buena vista, no voy a negarlo.
—Sí, necesitas la visión de todo el escenario para interpretar lo que la música debe sonar.—se aventuró a mencionar Luna—¿Le gustó mi música?
—No realmente, la mayor parte del tiempo me encontré poco entusiasmado por la música, sin embargo, esa canción final.—dijo el hombre mostrando una ligera sonrisa—Estaba demasiado bien tocada, bastante armoniosa, sabrá mí sorpresa, estaba a punto de venir a mandar mis felicitaciones cuando mi hija, Verónica, un poco infantil, vino y me comentó que su canción no solo la habían improvisado, sino que también solo había sido una única persona, una chica de preparatoria.
—Yo, estoy…—dijo Luna llevándose ambas manos al pecho y soltando una lágrima—Gracias señor, gracias, yo intento dar lo mejor de…
—Me imagino que al saber mi nombre, sabes también que en mi casino suelo dar oportunidad a las promesas musicales que están regadas por el mundo.—dijo el hombre tocando la ventana con cariño—Me gusta pensar que de esa manera les doy, cada que es posible, a mis clientes algo más que una simple experiencia cualquiera, de música repetida hasta el hartazgo.—dijo el hombre satisfecho—Vi potencial en usted y se me ocurrió ponerla a prueba.—dijo el hombre tomando su billetera desde la parte trasera—Estos son cincuenta dólares, considérelos un generoso adelanto de mi parte, para que se presente esta noche, a las nueve en punto a tocar al Casino Café.
Le entregó a Luna el billete envuelto en una tarjeta de presentación blanca con números plateados.
—Cuando llegue, espero que me marque y si su música termina de convencerme, podría contratarla a usted como parte de los músicos invitados.—dijo el hombre dando media vuelta hacia la puerta.
—Nada me encantaría más señor McNamara, pero soy menor de edad, ¿Qué debo llevar para ingresar al casino?—intentó preguntarle Luna.
—Un adulto responsable, como sus padres.—dijo el hombre sin voltear a verla—La espero en el escenario señorita, ¿Loud?
—Será un honor.—dijo Luna dando saltitos de emoción interna, siendo incapaz de ver su nueva paga.
—Siempre lo es.—dijo el hombre cerrando la puerta sin volver a ver hacia Luna.
Pero eso a la chica no le importaba, lo había conseguido, logró impresionar al señor McNamara, y ahora tenía otra oportunidad para demostrar su talento, esta vez en el Casino Café, uno de los lugares más prestigiosos del pueblo. Aquel hubiera sido su día si Lincoln y Lisa no hubieran entrado a la cabina.
—Luna Marie Loud.—entró Lincoln dando un porrazo a la puerta, asustando tanto a Luna como a Lisa.
—¿Lincoln? ¿Lisa? ¿Estaban aquí?—dijo sorprendida Luna mientras se llevaba una mano al corazón—¿Te enteraste bro?
—¡No me interrumpas!—le gritó Lincoln con un dedo acusador.
—Okey rarito…—dijo Luna nerviosa, por algún motivo no quería seguir ahí, Lincoln le estaba comenzando a dar miedo—¿Qué paso?
—¡LASTIMASTE A TU HERMANA!—gritó Lincoln a los cuatro vientos y tratando de controlarse lo máximo posible porque sentía deseos casi afrodisiacos de demostrar violencia, al final decidió golpear una pared, causando que una grieta apareciera en donde impactó su puño.
—¡Woah hermano!—intentó detenerlo Luna, solo logrando que Lincoln volteara a verla incluso más enojado—¿Cuál es tu problema?
—¡¿Cuál es mi problema?! ¡¿Cuál es tu problema?!—gritó Lincoln rojo de la ira—¡Tu hermanita Lola fue humillada mientras tú tocabas una canción para ese engendro!—gritó y casi se pudo percibir la voz de Rita en medio del griterío.
—¿Cómo? ¿Qué?—dijo Luna sin entender al inicio, hasta que cayó en cuenta que no puso atención después de que anunciaran la victoria de Lola—Pero si Lola ganó el concurso por su actuación…—intentó defenderse.
—¡¿Es que eres ciega?! ¡Sorda!—le escupía prácticamente en la cara Lincoln a punto de estallarle una vena en el cuello.
—Unidad fraternal número seis, Lincoln… Me asustas.—dijo Lisa comenzando a retroceder mientras intentaba proteger el rostro.
Lincoln volteó a verla con desprecio y odio en su mirada, claro, Lisa siempre tenía que mostrarse fría e indiferente a las emociones de los demás, si fuera por Lisa se hubieran ido sin reclamarle a Luna por los daños que le hizo a Lola. En su cabeza comenzó a sentir mucha ira acumulada que ni siquiera sabía de dónde venía. Se llevó ambas manos a la cabeza y comenzó a respirar entrecortadamente.
—¿Lincoln?—intentó hablar con él Luna.
—Cállate.—dijo entonces Lincoln acomodando su cabello y apretando sus sienes como si tuviera un gran dolor de cabeza—Estás metida en muchos problemas jovencita, cuando le diga a tu padre sobre…
Y entonces se detuvo. Había presionado lo suficientemente fuerte como para dejar de sentir esa implacable ira que estaba intentando consumirlo. Aun así, seguía furiosa.
—Espero que te haya gustado tu musiquita, dañaste a tu hermana.—le dijo con franqueza y cierto agotamiento mientras bajaba sus manos—Ahora si me disculpas, Lisa y yo buscaremos a tu hermana que deberías de haber cuidado.
Cerró los ojos y dio media vuelta. Tanto Luna como Lisa se apartaron de su camino, cuando cerró la puerta de portazo y la grieta que había dejado antes en la pared desprendió parte de la pintura. Lisa levantó mucho una ceja y siguió a su hermano de cerca, esperando calmarlo eventualmente.
Desde el otro lado de la ciudad, prácticamente, se encontraban comiendo las únicas tres Loud que estaban en aquel momento en su casa, Rita había recalentado parte de la cena de ayer y jugueteaba con el tenedor mientras ocasionalmente daba bocados. Justo en el lado contrario de la mesa se encontraba Lynn, la chica había sentado a Lily cerca de ella para verificar que estuviera comiendo, aunque sorpresivamente Lily no renegó la comida, era como si no hubiera comido en mucho rato.
Lincoln se encontraba triste, miraba hacia la nada mientras las palabras del papelito resonaban en su cabeza "viaje, sabiduría, otro, amor sincero", intentaba formular frases en su cabeza para ver si alguna tenía sentido, pero no podía pensar en nada que tuviera sentido, ¿A qué hacía referencia un viaje? ¿Y cómo podía ser sabiduría por todo lo que pasaba?
—¿Estás segura que no necesitas una ambulancia?—rompió el silencio Lynn a la vez que sorbía algo de su jugo deportista.
—Necesitaba el papelito.—dijo Rita con las cejas fruncidas al ver Lynn.
—¿El… papelito?—dijo Lynn sin entender a lo que se refería—Puedo ir por uno.
—¡No! No necesito un papelito, necesito la frase del papelito, ¡Tú estabas ahí!—le reclamó apuntándole con un dedo acusador.
Lynn se quedó callada, sin saber qué decir, todo era demasiado confuso para Lynn, ¿Por qué su madre actuaba tan extraño? Aquel silencio fue notado por Lincoln, el cual solo se llevó ambas manos a la cabeza y acomodó el cabello.
—¿Sabes? De cierta manera, agradezco que no fueras tú la del cambio, todo hubiera sido más complicado.—dijo Rita sin pensar a mayores, ya nada importaba—Viaje… Viaje…¿Qué paso con el resto del párrafo?—intentaba pensar en frases relacionadas.
Lynn pensaba que su mamá se había dado un golpe en la cabeza, así que se dijo a sí misma que no importaba si ella quería, o no, iba a llamar una ambulancia en ese mismo momento. Se acercó al teléfono, pero como si el destino supiera de antemano que alguien estaba cerca del aparato, este sonó fuertemente, asustando a Lynn.
No había particularmente nada malo en que el teléfono sonara, pero es que su mano estaba tan cerca, y ella tan decidida a marcar al nueve once que sintió un escalofrío a su espalda. Pero sabía que aquello era una tontería, levantó el aparato y dijo con fuerza:
—Casa Loud.
—Buenas tardes, señorita Loud, al habla el Director Huggins de la escuela primaria de Royal Woods ¿Me permitiría comunicarme con uno de sus padres, o la chica mayor de la casa?—habló desde el otro lado de la línea el hombre.
—¿Director Huggins? Caramba, cuanto tiempo.—dijo Lynn al mismo tiempo que miraba de uno a otro lado—No hay nadie en la casa, solo…
—¿Una casa de trece personas vacía?—preguntó el hombre con cansancio en la voz—Por favor señorita, necesito hablar con sus padres, es serio.
Lynn volvió a mirar hacia la mesa, donde Rita seguía acomodando su cabello mientras repetía distintas palabras al azar, sin sentido.
—No hay nadie, señor Huggins.—intentó mentir lo mejor que pudo, pero se puso nerviosa y prácticamente gritó.
Para su sorpresa fue escuchada por Rita, la cual se estaba acercando, al mismo tiempo que el Director se estaba desesperando.
—Señorita Loud, sé que usted y sus hermanas son muy unidas, pero debe entender que debo comunicarme con sus padres lo más pronto posible, ocurrieron hoy muchas faltas al comportamiento, la mayoría involucrando a sus hermanas y sobre todo con su hermano, si fuera tan amable de…
—¿El director Huggins?—preguntó Rita sin entender por qué el hombre le llamaría—Yo lo atenderé.—dijo decidida.
Lynn intentó colgar, pero Lincoln la conocía demasiado bien, estaba intentando cubrir a sus hermanas. No era la primera vez, tal vez no sería la última, pero había visto esa misma expresión distintas veces cada vez que él recibía un castigo y ella intentaba ayudarlo… Aquellos tiempos eran tan lejanos.
Y aunque normalmente él también intentaría cubrir a sus hermanas, lo cierto era que no les había prestado nada de atención, y si el director les llamaba era porque algo grave ocurrió, de eso estaba seguro. La última vez que el Director hizo una llamada fue cuando Lynn rompió una ventana con una pelota de beisbol.
—Al habla Li…Rita Loud.—se corrigió rápidamente al arrebatarle el aparato a Lynn—¿Director Huggins?
—Vaya, así que sí que había más personas en la casa.—respondió el hombre molesto—Señorita Loud, lamento comunicarme con usted en estas circunstancias.
—¿Algo malo sucedió?—preguntó entonces Rita, para luego voltear de uno a otro lado—Lynn, ¿Dónde están todas las chicas?
—No tengo idea.—se quitó la responsabilidad ella—Así estaba todo desde que llegue.
Lincoln sintió como algo bajaba por su garganta, ¿Y si algo muy malo había pasado como para que ninguna de ellas pudiera volver a casa?
—Señorita Loud, no sé como explicárselo fácilmente, pero sus hijos, todos y cada uno…—lanzó un suspiro pesado—Iré de la menor al mayor, pero necesito que tengamos una junta con usted y su esposo mañana para hablar sobre posible terapia familiar.
—¿Terapia familiar?—dijo sorprendida, preguntándose en qué clase de problema se habían metido.
—Bueno verá, su hija menor, Lisa Loud, causó un incendio, que no llegó a mayores, en una clase de manualidades, por lo que pudo contarme su maestra, se molestó bastante cuando una compañera suya no regresó al salón de clases después del receso.—comentó el director—Espero que entienda la semana de detención que le di.
—Bueno, Lisa siempre ha sido…—intentó justificarla Lincoln, para comenzar a negar—No, no, tiene razón, continúe.
—De acuerdo, si me permite agregar, su hija Lola se saltó todas las clases sin razón aparente, solo para intentar escaparse a la hora de la salida.—dijo el Director—La estuvieron buscando por toda la escuela, y la deje en detención por el día de hoy, pero necesito que hable con ella, una cosa es fugarse de la escuela y otra muy diferente es ocultarse en la escuela.—dijo el Director con pésame—Eso nunca es buena señal.
—¿Pero no sabe por qué hizo eso?—preguntó Rita sorprendida de esa noticia.
—Ella no quiso decir nada, solo insistía que tenía un certamen de belleza y debía irse, imagino que se lo está perdiendo porque la detención no acaba hasta en media hora.—añadió el hombre satisfecho—De todas maneras, eso no es tan grave como lo que hicieron sus otras dos hijas.
—¿Lana y Lucy? ¿Qué paso con ellas?—dijo llevándose una mano a la cabeza, todo parecía salirse de control a medida que avanzaba, y en el fondo no quería saber a dónde llevaba todo eso.
—Es algo extraño, aparentemente se desmayaron en el baño de la escuela antes de que iniciaran las clases…—comenzó el director, pero fue interrumpido.
—¡¿Ellas qué?!—dijo super preocupada Rita—¿Están en el hospital? ¿Se encuentran bien? ¿Dónde…?
—Eso es lo que quiero saber.—dijo el director molesto—Señorita Loud, sus hijas junto a un grupo de niñas, hicieron una barricada en la enfermería y aprovecharon esa distracción para escapar.—dijo totalmente sorprendido de que aquello hubiera pasado—Salieron media hora antes de que acabaran las clases.
—¿Y no fueron tras ellas?—preguntó indignada.
—Sí, lo intentamos, pero no había rastro de ellas por ningún lado, esperábamos que para esta hora ya estuvieran en casa…
Mientras el director expresaba la gravedad y mostraba preocupación, Lynn abría mucho la boca, se enteraba a duras penas de lo que ocurría, pero sentía una necesidad imperiosa por hacer algo para ayudar a sus hermanas menores.
—¿Cuál es el nombre de las niñas con las que escaparon?—preguntó Rita entonces, a lo que el director le contestó—Eso no tiene sentido, ¿Esas chicas si quiera se conocen?
Lincoln sabía que Cookie estaba en su clase, y poco más, era una chica como las demás, amable y poco más. Todo lo contrario, a Haiku, la cual destacaba entre las multitudes por su apariencia gótica marcada. Incluso contando que a ambas las conocía solo anecdóticamente eso no explicaba en absoluto acerca de por qué Darcy estaría con ellas, y muchísimo menos porque sus hermanas Lana y Lucy se unirían a ellas para escapar de la escuela. ¿De qué se había perdido?
—Señorita Loud, es importante que sepa que las señoritas Agnes y DiMartino, dos excelentes maestras, siguen buscando al grupo de chicas que se escapó por el pueblo, si tiene alguna idea de donde pudieran estar…
—No, no tengo la menor idea, todo esto es nuevo.—dijo Rita pensando en el gran problema que todo representaba.
—Lamento seguir, pero aún hay algo más que debo cubrir.—dijo el director Huggins y Lincoln sintió como su piel se ponía de gallina —Es sobre su hijo Lincoln, bueno, él…—comenzó a explicar el director Huggins y no se detuvo durante un minuto entero, intentando contar todo de la manera más formal posible.
—¡¿QUÉ ÉL QUÉ?!
Ese grito pudo ser escuchado a varias casas a la redonda, era atronador y profundo, aunque claro, no podía ser comparado al escándalo que se desarrollaba en otra parte de la ciudad, volviendo con el cuerpo real de Lincoln, este se encontraba a varias manzanas del teatro donde se realizó el concurso de belleza, pero no encontraba ni rastro de Lola, y la gente los miraba tanto a él y Lisa, los cuales gritaban de uno a otro lado.
Y no encontrarían a Lola si seguían buscando de esa manera, porque Lola se encontraba al lado de un bote de basura, en un callejón ligeramente cercano al teatro. Cuando escuchó la voz de su hermano se ocultó, no quería que nadie la viera. Estaba acostumbrada al olor por su hermana Lana, y la sensación dejo de ser desagradable después de un tiempo, odiaba sentirse así, pero no podía evitar que cada vez que intentaba quitarse la basura de encima recordara las burlas de todo el público, señalándola y exponiéndola. En el fondo sabía que se lo merecía, ella humilló durante tanto tiempo a otras concursantes, hizo cosas terribles, mintió y manipuló. Heidi no era más que la contestación a su actitud presumida.
Esperó durante mucho tiempo, hasta que llegó el ocaso y el cielo comenzaba a ponerse naranja para comenzar a dirigirse a casa, sus pies se movían en dirección correcta, pero su mente seguía perdida, ni siquiera notó que tenía una cascara de plátano metida en la parte trasera de su vestido roto.
Cuando llegó a la zona residencial desaceleró el paso, no quería llegar a la casa siendo una vergüenza, pero al mismo tiempo sabía que no había punto en ocultar la decepción que era, y sobre todo el olor de la derrota. Esa era su nuevo yo.
Aun así, algo de su viejo orgullo le prohibió entrar por la puerta principal, uso la trasera esperando no encontrarse con nadie, fuera de una bienvenida calurosa de su perro Charles, todo parecía despejado y logró evitar que el rechinido de la puerta la delatara. Se escuchaban ruidos provenientes de la habitación de sus padres, pero los ignoró totalmente y salió corriendo escaleras arriba. Para su sorpresa, solo había silencio… Excepto por los cuchicheos en la parte inferior y un goteo constante de la planta de arriba. Lola estaba a mitad de pasillo superior, notaba una mancha verdosa que traspasaba el techo, era agua cayendo una gota cada diez o veinte segundos.
—¿Por qué habría agua arriba?—dijo a la vez que sus lágrimas caían al unísono con las del chapoteo en la alfombra.
Pero su sorpresa no era mayor a la que en ese momento estaba sufriendo su hermana la bromista:
—¿Multiverso?—preguntó Luan después de que el Profesor repitiera toda la explicación, aunque con ella tuvo menos problemas debido a que Lori le intentó tranquilizar.
—Sí, Multiverso, imaginen el infinito, bueno, eso y mucho más es la teoría del multiverso.—dijo con mucha emoción el Profesor—Tal vez no les sorprenda tanto descubrirlo, pero toda la tripulación de esta nave no son ciudadanos de este universo?
—No tiene por qué burlarse de nosotras, no somos idiotas.—dijo Luan molesta intentando deshacer las cuerdas—¿Universos paralelos? ¿Qué es esto? ¿Una mala parodia a un capítulo de Doctor Who?
—¿En esta dimensión también existe Doctor Who?—preguntó con ansias el Profesor.
—¡AHHHHHHH!—gritó Luan molesta—¡Déjenos salir o denos una prueba!
—Sí, una prueba.—se unió Lori mientras miraba a los niños frente a ella.
—Es un poco complicado, porque una vez viajo entre dimensiones, consumo demasiada energía.—dijo el Profesor comenzando a pensar—Aunque sí podemos hacer algo.
—¡¿Qué?!—gritaron las dos.
—Profesor no creo que sea buena idea.—dijo Rochelle girando los ojos conociendo lo que iba a traer.
—Rochelle, sé que nunca fuiste fan de los dijis, pero ayudaron mucho en esa otra dimensión…—dijo el Profesor a su sobrina de quince años.
—Sí, porque eso salió tan bien, y NADA fue destruido.—dijo la chica mostrando los dientes al momento de gritar.
—¡No me puedes culpar por lo del centro comercial!—gritó el Profesor nervioso al recordar la fuerza destructiva de esa arma—Ese toro era muy violento.
—Además, tenemos dos Lenis en esta nave.—agregó Rochelle—¿No cree que con eso basta?
—¡¿Dos Lenis?!—gritaron a la vez tanto Luan como Lori.
—Ah cierto.—dijo el Profesor lanzando una risa forzada al final—¿Cómo pude olvidarla?
—No me imagino cómo es posible.—dijo Rochelle cruzándose de brazos y dando media vuelta—Yo voy por la nuestra, puede mostrar la de ellas.
—¡¿La nuestra?!
—Oh sí, la Leni Loud de esta dimensión.—dijo el Profesor con alegría—¿Acaso creyeron que le enseñé a usar armas de fuego y la mandé a eventos peligrosos? No, no, no, eso sería demasiado poco ético de mi parte, solo la secuestre y cambie con una copia idéntica suya de una dimensión paralela, exponiendo su vida a… Demonios eso es incluso menos ético.—dijo a la vez que se acercaba a una máquina—Tobby libéralas.
—¡A la orden!—se acercó el niño con paso militar y tratando de estirar las cuerdas, logrando apretar el nudo aún más.
—Estira la cuerda que esté en medio de las dos sillas, debe tener un nudo triple antes.—dijo Lori recordando sus tiempos como exploradora, cada vez más lejanos.
Lori y Luan se levantaron y abrazaron, solo para inmediatamente comenzar a sobar sus muñecas y cuellos, estar tanto tiempo con esas zonas apretadas había reducido considerablemente la circulación de sangre.
—Mientras se reincorporan, permítanme presentarles a su hermana.
Desde el centro de la habitación, una capsula de cristal se levantaba, en medio, acostada en una camilla y respirando plácidamente se encontraba Leni Loud, su hermana vestida como siempre.
Pero al mismo tiempo, desde el fondo del almacén, se encontraba la niña Rochelle trayendo a Leni Loud, su hermana, vestida como siempre.
—¿Necesitan más pruebas que eso?—dijo el Profesor tecleando algo más en su computadora—¿O acaso el científico que puede teletransportar gente y viajar entre universos tiene que demostrar sus conocimientos aún más?—dijo emocionado tomando una piedra con signos extraños.
—¡Profesor no!—gritó Rochelle corriendo para quitarle la piedra—¡Dijimos que era una pésima estrategia!
Y el Profesor de veinte tantos años comenzó a ser perseguido por una niña morena de quince años alrededor de la bodega, a la vez que Albert sostenía la mano de la Leni que no estaba congelada y tanto Lori como Luan miraban de uno a otro lado. No sabían que esa sensación de extrañase era sentida en ese momento por toda su familia, tanto en la sala de estar de Darcy cuando una visita esperada llegó; o en la casa Loud, donde Rita y Lynn charlaban preocupadas al ver que nadie llegaba; en el caso de Lincoln y Lisa a mitad de un parque intentando buscar a Lola por todo rincón; así como también su hermana Luna y su padre, que se dirigían al mismo lugar sin saberlo, desde puntos distintos.
Y sobre todo por una Lola cubierta en pestes que caminaba por el segundo piso de la casa Loud, escuchando ruidos de chapoteos extraños provenientes del ático.
Algo era seguro, todo estaba a punto de cambiar para siempre en la casa Loud y en Royal Woods.
Continuara…
Ahora sí, todo debe hundirse hasta lo más PROFUNDO para poder alzarse…. Aunque no necesariamente se alce lo que es bueno. Algo grande se acerca, un casino que conecta mucho más de lo que aparenta. Esperen los siguientes dos capítulos, es hora de que todas las tramas avancen… Para bien o para mal.
