Una semana con los Loud

Capítulo 30 El Casino Café de Noche

Nota.— Capítulo especial dedicado al Café The Loud House y al Café South Park, dos grandes grupos llenos de gente que me cambió la vida para bien.

No era normal para el señor Loud sentir el peso de tener una pelea con su esposa, normalmente él intentaba hacer todo para complacerla… Claro que a veces evadía ciertas "responsabilidades" como por ejemplo limpiar el garaje de la casa. Pero no entendía por qué su esposa podía gritarle aquellas terribles palabras "Te odio Lynn Loud".

Salió corriendo de la casa para evitar que ella viera sus lágrimas, pasó un par de horas yendo por el Parque Sir al oeste de la ciudad, para ver el atardecer, intentando sacar esas palabras de su mente, pero no servía, cada que cerraba los ojos, su esposa volvía a estar en sus pensamientos, debía de haber alguna manera en la cual el señor Loud pudiese escapar de ese sentimiento.

Y entonces recordó, claro que había un lugar donde podía ir… Pero tenía miedo de ir, aquel era un lugar peligroso para sujetos como él, alguien que adoraba el reto y el peligro, tentar a la suerte era algo natural, después de todo tener una familia grande no viene a partir de la meditación y movimientos fríos y calculados, el señor Loud conoce que es demasiado pasional para su propio bien.

Pero pasional o no, él quería dejar todo ese sentimiento de lado. Así que miró su billetera, tenía casi doscientos dólares… Si se pasaba en máquinas de 1 centavo iba a poder durar hasta el amanecer. El señor Loud se dirigió al casino café.

Fue una sorpresa encontrarse con una larga fila de espera, estuvo casi media hora hasta que pudo estar enfrente de la fila, como si aquel día no pudiese ser más extraño, encontró al frente de la fila a quien menos esperaría ver en aquel lugar, su hija Luna cargando su guitarra eléctrica Chloe, intentaba persuadir a un hombretón para que la dejara pasar.

—¡Amigo, por favor tengo la invitación del señor McNamara!—gritó Luna bastante molesta.

—A otro perro con ese hueso.—le contestó el sujeto levantando la guitarra de Luna, pero el señor Loud detuvo al joven guardia.

—¿Papá?—dijo Luna confundida—¿Por qué no contestabas el teléfono?

—Jovencita, ¿Qué haces aquí?—dijo el señor Loud molesto.

—¿Qué haces TÚ aquí?—dijo Luna también molesta.

Ambos guiñaron un ojo y fingieron sorber una taza de té par después voltear a reclamarle con el mismo rostro al guardia que estaba frente a ellos. El señor Loud pudo ver el gafete del sujeto:

—Así que, Luis Carlos, veo que no estás dejando entrar a mi hija.—dijo el señor Loud entrecerrando los ojos para intentar verse amenazante.

—Sin carne de identidad y veinte años no hay entrada.—dijo el sujeto antes de que el señor Loud mostrara su tarjeta—Usted sí puede pasar señor Cloud.

—Loud.—corrigió el hombre—Y ella es mi hija.

—Creo que se nota.—dijo el hombre abriendo finalmente la línea para que ambos pasaran.

—¿Será por nuestra belleza natural?—preguntó animado el señor Loud a su hija.

—Es más bien por la nariz.—dijo el sujeto después de cerrar la puerta cuando ambos ya estaban dentro del casino café.

—¿Tengo una nariz grande y puntiaguda?—dijo Luna llevándose su mano a su nariz al no contar con un espejito personal.

—¡OYE!—se quejó el señor Loud molesto—Luna, por favor, dime que no era una mentira que venías con invitación.

—No, no lo es viejo.—dijo Luna rebuscando en un monedero que tenía dentro del estuche de la guitarra—El señor McNamara en persona me invitó a tocar…—dijo dando saltitos de alegría—¿Cómo me veo?

—Como siempre, hermo…—iba a decir el señor Loud.

—¡¿Cómo siempre?! ¡Eso no es suficiente!—dijo Luna molesta—Por cierto, tú y mamá deberían de contestar sus celulares, intenté llamarles a ambos desde hace cuatro horas.—dijo ella molesta.

—Tenemos cosas que hacer.—dijo el señor Loud cruzándose de brazos—Bueno jovencita, te dejaré que vayas del escenario, pero está estrictamente prohibido que apuestes, o bebas alcohol, o fumes, o entrés a los baños.

—¿Qué tienen de especial los baños?—dijo Luna sin entender.

El señor Loud la abrazó instantáneamente, provocando que Luna se quedara quieta sin entender por qué aquello.

—Tan pequeña, tan inocente.—dijo el señor Loud entre lágrimas de alegría—Bueno, mientras sigas esas ordenes deberías estar bien.—dijo el señor Loud dando media vuelta—Yo te esperaré… Por ahí.—dijo sin especificar a donde iba.

A pesar de no estar muy de acuerdo, en básicamente estar en el casino más famoso del pueblo y no tener la oportunidad de hacer nada, Luna lanzó una sonrisa nerviosa, sacó su celular y marcó el número de la tarjeta del señor McNamara mientras el señor Loud iba directamente a ahogar sus penas.

Esa pequeña zona que tantos problemas causaría no era más que el punto central de todo el casino, desde ese punto se podía tomar referencia si uno quería ir a las máquinas tragamonedas, o también la zona de juegos de cartas si uno en lugar de tomar la salida norte iba por la sur, en el este había una habitación cerrada la cuál entraba mucha gente importante y al oeste tenían ruedas de diferentes tipo, desde las ruedas de las fortunas gigantes, hasta los juegos de la ruleta con sus característicos e hipnóticos colores negro y rojo.

Había mucho ruido de fondo a medida que se acercaba a un taburete afelpado. Toda la barra era un círculo grande con un mostrador que los distanciaba del centro donde se guardaban bebidas variopintas y de muchas nacionalidades. El cantinero de aquel ostentoso lugar limpiaba una copa de vidrio para Martini con delicadeza mientras vigilaba su alrededor, casi sabiendo que el señor Loud iba a sentarse, el señor Loud pensó que era por su manera tan directa de andar, pero posiblemente el vendedor pensaba que era por su rostro.

—Buenas noches, ¿Qué puede ofrecerle su bien Amigo Sam Storm hoy en el casino café?—dijo el cantinero mostrando su gafete de empleado a la vez que el señor Loud se sentaba al lado de un tipo desmayado y con bata de laboratorio.

—Lo que sea que le sirviese al sujeto junto a mí he tenido…—iba a decir el señor Loud.

—Déjeme adivinar, un largo día, lo sé.—dijo el cantinero dando media vuelta—Puedo ofrecerte un mojito Alucard si quieres ligero.

—¿Un mojito Alucard?—preguntó sin entender el señor Loud.

—Como los videojuegos.—dijo rápidamente el tabernero lanzando una risotada, pero al ver que el señor Loud no entendió se limitó a susurrar—Señores…

—¿Hay alguna otra opción más fuerte que un mojito?—indagó el señor Loud mirando un menú en una pantalla de colores.

—Oh claro que lo hay, pero no quiere iniciar ahí.—dijo el tabernero con una sonrisa poco disimulada—El trago de la casa, es tan, tan acido, que todos los que lo beben tienen que descansar su lengua un rato.—dijo con orgullo—Lo llamamos el Peck.

—¿Me pondrá igual que el doctor Einstein aquí al lado?—preguntó el señor Loud.

—Tal vez.—contestó con simples el tabernero.

—Deme dos.—dijo el señor Loud recargando su cabeza en una mano pensativo.

Al ver la bebida, en dos pequeños vasos de shots, pensó que era una exageración de aquel hombre lo que tenía la bebida, aunque la superficie era espumosa y el interior lleno de burbujas, el señor Loud no vio nada raro hasta que sus labios tocaron el vaso.

El acto reflejo fue comenzar a escupir el líquido que quemó su lengua casi de manera instantánea, llevaba años sin haber probado alcohol, pero nunca había probado algo de ese estilo, no era picante como una salsa en los tacos que servían en los restaurantes. Aquel líquido quemaba la piel, pero al mismo tiempo tenía un sabor similar a la lima.

—Wow, no mentías con que era fuerte.—dijo el señor Loud tragando en seco y armándose de valor para hacer pasar todo el líquido de golpe—A su salud Storm.

—Y ahí va…—dijo el cantinero al ver que el señor Loud tragó de una sola pasada la bebida, y sin detenerse a pensar en el dolor tomó la segunda.

Pudo ver como el rostro del señor Loud se puso rojo y luego el hombre cayó desmayado. El cantinero Sam sonrió a la vez que levantaba los ojos y limpiaba uno de los vasos del señor Loud. En eso ocurrió que se acercaba otro sujeto a esa barra. Ese era un señor bastante entrado en edad que tenía un traje de tonos azules fuertes, con una notable calvicie y larga nariz. De no ser porque el señor Loud era prácticamente de la misma edad, ambos hubieran pasado por padre e hijo, solo que la expresión en la mirada de los ojos de ese nuevo hombre era la misma que los otros dos.

—Buenas noches, ¿Qué puede ofrecerle su bien Amigo Sam Storm hoy en el casino café?—dijo el cantinero mostrando su gafete de empleado a la vez que el señor calvo se sentaba al lado del desmayado señor Loud.

—Lo que sea que le sirviese al sujeto junto a mí he tenido…—iba a decir el sujeto.

—Déjeme adivinar, un largo día, lo sé.—contestó el cantinero, iba a ofrecerle el mojito, pero supuso que todo iba a terminar igual—Veo en su rostro que necesita algo fuerte, ¿Me equivoco?

—Ja, ser el director de una escuela hace que cuando tengas un día como el mío no pidas menos.—tuvo que admitir el hombre al mismo tiempo que acomodaba su cabeza entre sus dos manos—Huggins.—se presentó.

Mientras la misma escena se repetía en la parte central del casino, Luna se encontraba detrás de un gigantesco escenario, el show diario de nuevos talentos estaba a punto de iniciar, pudo ver cómo todos se movían de uno a otro lado, nerviosos. Si alguien ganaba aquella noche algo tenía su futuro artístico asegurado en el casino café.

Vio que junto a una pared se encontraba un señor bastante mayor junto a dos animales enjaulados, parecían mapaches, pero ambos tenían vestidos rojo y azul con encajes del color justo contrario, provocando que ambos animales tuvieran colores combinados y pequeños lentes que combinaban uno con el otro.

—Wow viejo, son muy lindas tus mascotas.—se acercó Luna intentando acariciar a los pequeños animales, pero rápidamente notó que el señor le golpeó la mano con suavidad para que no tocara sus mascotas.

—Ja, gracias niña, pero no las toques, son muy volátiles esas dos.—dijo el señor con los ojos cerrados a la vez que tocaba ligeramente la jaula.

—¿Volátiles?—dijo sin entender Luna.

—Algo agresivas si no te acercas con cuidado.—dijo el hombre con ternura—Son mis mapaches bailarinas, la mayor se llama Salti y la otra la llame Vane.—dijo con orgullo—Llevo entrenándolas años, esta es mi oportunidad.

—¿Y bailan?—dijo Luna confundida.

—Por supuesto que sí, son mejores que esos niños coreanos que tanto alaban las niñas.—dijo el hombre abrazando de manera agresiva la jaula—De seguro por eso lo criticas.

—No, estoy criticando.—dijo Luna asustada de esa actitud.

—¿Tu no eres el famoso crítico del casino café?—preguntó asustado el señor—Bueno tiene sentido, eres demasiado joven.—y entonces protegió a sus mapaches—Si no pasas por su filtro, ni sueñes en volver a pisar este escenario.

Y se alejó con la jaula lo más lejos posible de ella para que no le robara sus secretos, caminando torcido porque las dos mapaches estaban de un solo lado de la jaula. Luna se rascó la cabeza, antes de sentarse en aquel lugar, esperando a que todo el show comenzara.

Después de casi cinco minutos vino una chica con acento francés y un estuche de mano, pasando lista a todos los participantes, Luna respondió cuando fue su turno, escuchando nombres bastante extraños, como una banda de rock tipo pop llamada The Demon o al menos eso parecía porque no tenían instrumentos, sino que eran cinco bailarines, y otra de tres hombres morenos de orígenes tropicales, tal vez colombianos por sus vestimentas peculiares, que se llamaban los Kakuamen. Ella ni siquiera sabía que era un Kakua, pero esos tres sujetos parecían prácticamente hermanos, así que podían ser una tribu… O solo un nombre raro artístico.

Se vio a sí misma, ella era solo Luna Loud, no llevaba ni siquiera maquillaje más que el básico, mientras que todos estaban queriendo dar lo mejor de sí ella solo estaba dando la Luna normal y corriente, pudo sentir el peso de las palabras del hombre de las mapaches bailarinas "El crítico del casino café" en su estómago, junto a las palabras tan hirientes que Lincoln le dedicó después del concurso de belleza de Lola.

Ella no había llorado, pero aquellas palabras de Lincoln, casi parecía un reflejo de su madre encarnado en un niño de once años. Tantas palabras certeras… Tal vez debió ayudarle a él y Lisa en la búsqueda de Lola, pero aquello era algo que no se podía cambiar, ella había tomado la decisión de prepararse para el casino café. Aún recordaba como tomó su guitarra favorita, junto a su estuche con amplificador y dirigió a cualquier lugar donde pudiera conectarlo.

Pero su suerte estaba a punto de cambiar.

—Bueno, están todos los de la lista, y no hay colados.—dijo la mujer con una gran sonrisa—Marveilleux, ahora estoy obligada a preguntar, ¿Alguien aquí necesita una ronda de maquillaje extra? Están a tiempo chicas, chicos.—dijo guiñando primero su ojo derecho y luego el izquierdo.

—Yo, yo.—dijo Luna desesperada a la vez que levantaba la mano y la mujer la guiaba a una silla, nadie más las siguió—Gracias señorita.

—Oh por favor, llámame Valentine.—dijo la mujer antes de sacar de su estuche una especie de cierra pequeña—Ahora conocerás los pequeños placeres del maquillaje europeo antiguo.

—¡¿QUÉ?!—se asustó Luna, pero era demasiado tarde, la muje ya estaba cerca de su rostro con aquel instrumento de horror.

—Profitez—en, petite fille, c'est gratuit.—dijo la mujer en francés antes de que Luna sintiera esa herramienta en su rostro.

De vuelta al centro del casino los tres hombres se encontraban prácticamente desmayados por la misma bebida, tanto el señor con bata y cabello revuelto, así como el señor Loud y el director Huggins. Mientras el cantinero atendía al otro lado a un mastodonte de origen asiático con un ojo morado, se acercaba un chico, no mayor de veintiún años, con bastante recelo a la figura del hombre con una bata.

—No puede ser… ¿Puede?—se decía en voz baja mientras volteaba de uno a otro lado—Claro que puede…—y comenzó a sonreír con emoción—¡Es el Profesor Thalemus!

El chico intentó acercarse, pero al hacerlo tropezó con un cubito de hielo y terminó despertando no solo al referido Thalemus, sino también a los otros dos sujetos.

—Lo siento, lo siento, lo siento.—dijo torpemente el joven—Perdón…

—Ahhh, mi cabeza.—dijo efectivamente el Profesor Thalemus abriendo los ojos y limpiando un pequeño rastro de baba que había dejado en la mesa, me siento horrible, ¡Que buena bebida!—dijo con entusiasmo.

Los otros dos sujetos aún parecían estar en recuperación llevándose sus manos a sus cabezas, todo parecía prácticamente igual a cómo habían llegado, pero ya había pasado casi una hora desde que el señor Loud quedó desmayado.

—¡Sí es usted!—dijo el chico nerd dando saltitos en la alfombra—Lamento mucho, mucho molestarlo Profesor.—dijo prácticamente arrodillándose.

—¿Profesor?—dijo el director Huggins sintiéndose confundido.

—Ohhh un fan.—dijo el Profesor Thalemus comenzando a buscar dentro de su bata—¿Un autógrafo?

—¡¿PUEDO?!—dijo lleno de emoción el chico—¡Soy su mayor admirador! Seguramente conoce su fama internacional por sus maravillosos experimentos y su misticismo tan sublime.—dijo lleno de emoción—No me va a creer.

—Espera… Creo que sí, ¿Eres uno de mis mayores fans?—dijo Thalemus con los ojos entrecerrados y el cabello cayendo en su frente—Jojo, no me encuentro en mi mejor momento este…

—¡Mi nombre en su club de fans es Arokham!—dijo maravillado el joven—Pero mi nombre real es…

—Eso no importa.—dijo Thalemus cerrando los ojos y comenzando a tambalearse en el asiento—Siempre he creído que el nombre real de cada quien no es importante… ¿Qué hora es?—dijo mirando su reloj de Mickey Mouse al bajar su manga—No puedo ver nada. ¡Excelente bebida!

—Son las nueve cuarenta y cinco.—respondió el señor Loud viendo con un ojo su celular—¿Escuche Thalemus? ¿Por qué ese nombre se me hace familiar?

—¡Yo puedo responder eso!—dijo un aún abatido Huggins—¡Tienes un hijo menor de siete años que adora la ciencia!

—¡Oiga hay mucha gente mayor que degusta de El Maravilloso Show del Profesor Fantástico!—dijo ofendido el joven adulto.

—Tobby… ¡Los gritos de emoción enlatados!—dijo Thalemus con los ojos cerrados—Digo, sí, soy yo.

—Una hija que adora la ciencia, sí.—dijo el señor Loud hablando estirado, el rostro le pesaba demasiado, pero estaba contento—¿Es famoso?

—¡Más que famoso! ¡Lo han de conocer hasta en otras realidades!—dijo emocionado el joven.

—Solo es una línea de un show, ¿Sabes?—intentó sonar sensato Thalemus a la vez que encontraba finalmente una pluma—¿Te molesta si escribo solo Arok? Creo que esa bebida dejó mi mente muy frita.

—¡SERÍA UN HONOR!—gritó de emoción el chico tomando una servilleta y dando saltos de alegría.

—Para… Arok, con cariño, Palidemus Thalemus.—dijo el Profesor firmando la servilleta y entregándosela al niño—Diviértete joven promesa.—le dio unas palmadas en sus manos.

—No volveré a lavar mis manos o tocar algo con ellas.—dijo el joven alejándose de aquel lugar con sus ojos iluminados en sus manos.

—Que agradable sujeto…—dijo Thalemus a punto de caerse de la silla.

—Como dije, inmaduro.—dijo el director Huggins—Sin ofenderlo, no lo juzgo como persona, sino la calidad de su programa.

—¡Se mete con el programa, se mete con el Profesor!—gritó Thalemus mostrando los puños antes de caer de nuevo en el mostrador—Si no hubiera bebido tres Pecks, me tendría ahí enfrentándolo a un duelo… ¿Es legal aquí verdad?

—No, desde hace más de un siglo, señor Profesor infantil.—dijo Huggins molesto—Aunque como persona debo admitirlo, ¿Cómo demonios soportaste tres tragos?

—¡Lo sé!—dijo el señor Loud con una parte de su rostro medio muerta—¡Yo solo pude con dos rounds!

—¡No me humillen! Yo solo pude uno…—dijo Huggins mirando al suelo—Aunque debo admitirlo, se siete bien llegar así con un solo trago.

—Jaja, ya lo dijiste.—saltó con sorna Thalemus—¿Un solo trago? Como envidio a las personas mayores abuelo.

—¡Solo tengo cuarenta y siete! ¡Estoy en mi años de plenitud!—dijo Huggins indignado.

—¿En esta realidad los humanos viven más de cien años? ¿O solamente estás en negación? ¿No es así ami…?—bromeó Thalemus intentando hacer reír al hombre que estaba entre los dos hasta abrir los ojos mucho.

—Un jovenazo como yo de cuarenta y cinco puede decir que está en negación.—dijo el señor Loud riendo mucho provocando que los tres se recargaran en la barra relajados—Tal vez mi hija admire su show…

—Si ama la ciencia, lo hace.—dijo Thalemus con mucha seguridad.

—Los niños son capaces de ver cualquier cosa en televisión, ya lo digo yo.—dijo Huggins cruzándose de brazos.

—¡Hare que cierres esa boca anciano!—dijo molesto Thalemus de nuevo con los puños cerrados.

—Señores, señores, señores.—los detuvo el señor Loud—Por favor, estamos en el único lugar donde podemos demostrar quien es mejor por medio de apuestas, ¡Que gane el mejor!

—Me parece adecuado…—dijo Thalemus sonriendo maliciosamente.

—¡Un actor no podrá con esto!—dijo Huggins con la misma mirada desafiante.

—Y ustedes no podrían soportar mi modo de vida.—dijo finalmente el señor Loud—¿A dónde vamos primero caballeros?

—Tragaperras.—dijeron a la vez tanto Huggins como el Profesor.

—Que gane el peor.—dijo el señor Loud tomándolos de los hombros y entre los tres se mantenían en pie mientras daban tumbos por los pasillos al ala norte del casino.

Desde otro lado del casino, se encontraba Luna recién maquillada, pareciendo prácticamente un fantasma en su rostro, volviendo a su lugar en lo que la llamaban a ella en el escenario. Primero le tocó el turno al comediante Andrew Wolfern, por lo que pudo oír, ese tipo tenía que aprender mucho de Luan.

—Los chistes deben adherirse a la situación, no ser premeditados…—recordó aquellas palabras de su hermana Luan—Oh, ¿Dónde te habrás metido sis?

Posiblemente Luna no conocería que la respuesta era que su hermana se encontraba en una nave intradimensional junto a personas de otros universos paralelos y sus otras dos hermanas mayores. Por lo menos no hasta que fuera consumida en el caos al igual que el resto de su familia.

—Jajajaja, son un público horrible.—dijo finalmente el comediante saliendo del escenario con prisas y cubriéndose el rostro porque le lanzaron un par de vasos.

Luna espero un poco, pero en lugar de ella salió una poeta que le recordó demasiado a la amiga de Lucy, con un vestido morado, y un fleco cubriendo un ojo, costumbre rara que nunca le había gustado a ella. Eso le hizo preguntarse dónde estaba su hermanita Lucy, la respuesta claramente era en el auto de un extraño, junto a otras niñas dirigiéndose a un pueblo maldito para anular una maldición antigua que amenazaba con convertir a su hermana Lana en la puerta de la destrucción de la humanidad.

Pero eso Luna tampoco podía saberlo. De hecho, por no saber, tampoco sabía que Lola estaba a punto de tomar una pésima decisión de vida. O que Lincoln le estaba gritando a su propia madre. Que Lynn y Lisa estaban a punto de iniciar una pelea, que Lily podía morir en cualquier segundo, ella solo pensaba que su familia debería estar cenando tranquila, esperando que ella y su padre volvieran, tal vez compraron pizza y no la invitaron.

—Oh da igual, música.—dijo al mismo tiempo que la poeta BlueStarDust salía del escenario.

Solo esperaba por su nombre al mismo tiempo que su corazón aceleraba y fallaba algunas notas porque sus dedos temblaban y no se acomodaban.

—Vamos…—dijo al mismo tiempo que escuchaba que las hermanas mapache bailarinas salían al escenario—Tengo que ganar el contrato para seguir mi sueño…—se dijo a sí misma emocionada de al fin tener esa oportunidad.

—¡Aplausos!—gritó la chica que la había maquillado desde el escenario al mismo tiempo que las mapaches bailarinas salían del escenario—Y para nuestro siguiente número, tenemos una artista bastante joven, que viene a demostrar su talento para el rock, ¡Denle la bienvenida a Lunar Loud!

Finalmente era su turno. Tragó en seco, tomó su guitarra y el amplificador casero y se puso en pie, sintiendo como si estuviera a mucha altura en las nubes, le faltaba el oxígeno y su rostro se encontraba rojo. Dio un suspiro para tranquilizarse y comenzó a caminar, dejando detrás la espera, iba a darlo todo en esa presentación.

Muy cerca de aquella zona, en el casino, se encontraba el señor Loud, el director Huggins y el Profesor Thalemus, de los hombros, riendo por la vista general en lo que intentaban ver cuál iba ser la máquina tragamonedas que usarían individualmente. Había una amplia selección con diferentes temas, desde piratas, tumbas egipcias, dinosaurios, granjas, super héroes, hasta cosas más subidas de tono. Finalmente decidieron estar juntos, y se acercaron a una esquina donde Huggins se tuvo que recargar:

—Oh, ¿Qué tal esta?—dijo sentándose frente a una máquina con la bandera canadiense—Las cataratas del Nagera….—se detuvo a leer el título—¡Está mal escrito!

—Definitivamente.—dijo el Profesor sentándose enfrente y viendo que su máquina de pistolas, sangre y asesinatos se llamaba Banghg—¡Claramente la compañía que hizo estas máquinas no sabía escribir!—luego se detuvo un segundo—O no tenían la licencia para decir cataratas del Niagara y Bang como las pistolas, es difícil saberlo a veces.

—La mía dice Guardián de la Lunita, jaja.—se mofó el señor Loud sentándose a dos máquinas de distancia de ambos, su máquina tragamonedas tenía las distintas fases lunares y el sol como las partes perdedoras—Caballeros, vine a gastar dinero sin sentido, ¿En sus marcas?

—¿Listos?—siguió Huggins.

—¡Fuera!—gritó Thalemus a los cuatro vientos al mismo tiempo que los tres presionaban los respectivos botones.

Sin saber que iban al ritmo de aquella tan bonita música de fondo, música traída por la hija del señor Loud, en medio del escenario, la cual había iniciado su actuación con algo de miedo al caminar, sintiendo un increíble alivio al notar que solo había una fila de asientos apuntando a su dirección, la mayoría de la gente del casino se encontraba en sus asuntos, ya sea jugando en máquinas tragamonedas, o cartas, o cualquier otra cosa.

—Buenas noches casino café…—anunció al mismo tiempo que se sentaba—Bueno, ya me presentó la señorita señora madam ehhh…—se trabó un segundo al mismo tiempo que la mayoría de las personas en la primera fila reían—Como podrán ver por mi acento, adoro las cosas inglesas, así que… He decidido traerles una selección para compartir mi pasión…—afinó la guitarra—Estoy seguro que la primera la conocen, es un clásico.

Tocó unos acordes hasta que finalmente dio el ritmo correcto, causando que hubiera varios aplausos en esa fila de espectadores, provocando que sus manos se destensaran y volviera a ser ella una sola con la guitarra, el maquillaje dejo de ser incomodo, ni siquiera sentía que su cabello apretaba, lo importante para Luna era sentir ese momento.

—Here comes the sun, durududu…—cantó Luna al mismo tiempo que su padre y sus recientes nuevos amigos tiraban la primera tirada moneda en el ciclo adictivo.

Como resultado de aquella primera round, el señor Loud llegó a la cabeza ya que le tocó una luna nueva, tres cuartos de luna y una llena en ralla lo cual era una secuencia, mientras que Huggins le tocaron dos barriles y un alce. Al Profesor Thalemus le había tocado una nueve milímetros, un charco de sangre y un cuchillo, quedando en última posición.

—I see it's all right, Little Darling, the smiles returning to the faces.—dijo Luna cuando le tocó a Huggins ganar algo con una cadena de rio, barril y catarata.

La siguiente ronda volvió a estar en la cabeza el señor Loud, el cual vio reflejada en las dos lunas llenas el rostro de su esposa. Lanzó un largo suspiro al mismo tiempo que comprobaba los resultados de sus compañeros.

—¡Esta máquina está arreglada!—gritó con furia Thalemus al haber perdido varias veces—¡Tiraré un par de veces más para demostrarlo!

—La mía es divertida.—tuvo que admitir Huggins al tener una ronda donde le tocaron dos castores masticando madera.

—¡Luna llena, tiro gratis!—gritó el señor Loud emocionado.

—¡Tramposos!—gritaba Thalemus incapaz de comprender por qué iba perdiendo.

Luna continuó la canción dando todo hasta los últimos acordes. En ese momento fue cuando decidió dar unos golpes tranquilos a su guitarra y voltear al público que le aplaudía. El ambiente en el casino era tranquilo, de no ser por algunos idiotas borrachos que desde las máquinas tragamonedas gritaban tonterías que se podían escuchar por todo el casino. Luna se sintió avergonzada por esos tipos sin saber bien por qué antes de que se acercara al micrófono la chica del maquillaje y dijera:

—¡Que buena interpretación!—gritó llena de alegría—La gente del público no me permitirá mentir Luna Loud, tienes que entregarnos otra canción.

—¿Otra?—dijo nerviosa Luna.

—Sí, una que sepas desde el corazón.—dijo la mujer dejando el micrófono a un lado y acercándose a ella para susurrar—El señor Arispe quiere hablar con usted cuando acabe su performance.

Luna entonces sintió emoción en todo su cuerpo, tanto que literalmente comenzó a tocar lo primero que se le vino a la mente.

—Hahahahahaha...Feel Good.—comenzó a tocar al mismo tiempo que sacaba un poco su lengua.

Al mismo tiempo para ese punto de la noche mientras que el señor Loud iba a la delantera con un match de tres cuartos de luna, lo cual era de una rareza media, y el director Huggins solamente había conseguido varios combos de dos con castores y barriles. Lo diferente era que Thalemus había ignorado su máquina de armas y comenzó a hacer ecuaciones matemáticas en su antebrazo.

—Solo hay una cantidad de cuarenta y tres millones, cuarenta y seis mil setecientos veinte y un resultados posibles en esta máquina, la posibilidad de que sean positivos es una entre veinte, llevo casi cincuenta tiradas y ni una sola positiva…—murmuraba haciendo especial énfasis en intentar demostrar una variable desconocida—¿Será que tengo mala suerte?

—¡Gané!—gritó el señor Loud al mismo tiempo que Luna tocaba un solo de guitarra—Tres lunas llenas, vaya cuanta suerte.

—Tramposo…—se quejó Thalemus.

—Me has derrotado camarada.—añadió Huggins—¿Qué dicen caballeros otro round? Aún creo que me queda mucho dinero…—dijo señalando su bolsillo sabiendo que era mentira, no le quedaban ni veinte dólares—Voy al baño y los encuentro en

—Por mi bien.—dijo el señor Loud riendo de su ganancia—¿Qué dice usted señor doctor profesor?

—Si usted lo dice señor Loud.—dijo Thalemus tomando sus anotaciones y cálculos con enfado.

También se dirigió a la otra zona del casino antes de que el señor Loud agitara su cabeza.

—¡Un momento! ¡No le he dicho mi nombre!—gritó entonces acercándose al Profesor con mucha prisa, provocando que ambos se vieran de frente.

Estaban a las puertas de la zona más VIP del casino. La música de Luna estaba a punto de terminarse, pero el señor Loud estaba molesto de que aquel hombre famoso supiera su nombre.

—Claro que sí…—se intentó excusar Thalemus—¡Camarero!—llamó la atención de uno.

—No intente cambiar la atención de lo que dije señor… Ta…—no podía recordar el nombre.

—Thalemus.—le respondió el Profesor—No importa mucho señor Loud, existe una explicación perfectamente lógica y… Buenas noches Manuel.—dijo antes de seguir con su explicación para saludar al hombre del servicio.

—¿Cómo sabes el nombre de él?—le reclamó entonces el señor Loud provocando que tanto el camarero como Thalemus voltearan a verlo.

—Todos los empleados llevan el gafete con su nombre.—dijo Thalemus como si fuera lo más natural a la vez que el camarero asentía en silencio—Buen hombre, ¿Podría traernos tres shots de esa bebida especial acida a la zona de cartas, sería tan amable?—dijo Thalemus inseguro de si aquellos hombres hacían aquella labor.

—Por supuesto.—dijo el hombre a la vez que daba media vuelta—Un momento, yo lo conozco… ¿No sale en un programa de televisión?

—Oh, ya veo, otro fan.—dijo Thalemus ansioso, ignorando que el señor Loud continuaba indignado.

—No, de hecho da muchos datos científicos imprecisos.—dijo el camarero dando media vuelta—Debería revisar las consultas científicas que hace, es evidente que una esfera tan grande de antimateria no podría existir.

Y se retiró sin decir nada más, probablemente a acercarse a la barra.

—¿Cómo de que no se puede conseguir tanta antimateria?—dijo sin entender Thalemus—Si en mi tercer título de doctorado en el Miskatonic demostré la fórmula matemática con que…—se detuvo a media frase al ver que el señor Loud seguía ahí, pero sin entender lo que decía—Quiero decir, ¿Unas cartas?

Finalmente, la música de Luna había terminado, provocando que ella estuviese bastante ansiosa de presentarse ante el crítico que le habían mencionado, pensó que si tuvo tanta aceptación en su tocada, con su sueño cumplido a medias siguió a la señorita del maquillaje detrás del escenario hasta llegar con el crítico de música que había oído hablar del señor con las mapaches.

—Hola señor… Soy Luna Loud.—dijo ella intentando darle la mano, pero no hubo respuesta por parte del contrario—Yo…

—Luna.—dijo el hombre mirándola de arriba hasta abajo—Es un nombre.

—Ehhh…—no supo interpretar eso la chica.

—Déjame adivinar, hiciste esta actuación con tus mejores intenciones, intentando sacar lo que está dentro de ti, poniendo el alma en la melodía, ¿No?—dijo con cansancio el hombre.

—Bueno, sí, pero…—intentó hablar Luna.

—Lo hiciste, pero muy mal.—dijo a la vez que prendía un cigarrillo y ofrecía uno a Luna.

—No puedo, tengo solo quince viejo.—dijo Luna retrocediendo un par de pasos.

—¿Quince? Eso es bueno, aun tienes tiempo para aprender de música antes de volver a hacer un ridículo como este.—dijo el hombre encendiendo el cigarrillo—¿Qué creías? ¿Usando covers de canciones populares ibas a demostrar algo?

—Yo…

—¿Sabes lo que vi arriba? Un cascarón vacío, no vi ninguna Luna Cloud, solo una imitadora más, intentaste dar tu toque a ambas canciones, pero no lo lograste, y es triste.—dijo finalmente para darle una calada al cigarrillo—Mira el lado bueno, al menos tienes quince, tienes tiempo para cambiar de carrera antes de morir de hambre.

—¡Usted!— le dijo Luna molesta.

—¿Qué? ¿Piensas insultarme? Toca otro cover, con eso bastará para mis oídos.—dijo el hombre dando media vuelta.

Luna miró su guitarra, luego al sujeto de espaldas, no había nadie, solo ellos… Sintió un increíble deseo de darle con todo el peso en la cabeza, pero se quedó quieta, solo suspiró y asintió para dar media vuelta.

—Enserio estoy impactado.—dijo entonces el hombre cambiando su voz repentinamente.

—¿Cómo?—dijo sin entender Luna.

—La mayoría no soporta estas palabras, llorones.—dijo el hombre dando media vuelta—Solo me gritan y se marchan, demostrando que son eso, gente que no le apasiona lo que hace, no están dispuestos a mejorar.—dijo el crítico de música al mismo tiempo que le ofrecía a Luna una menta, esta vez ella aceptó—¿Estas segura que tienes solo quince?

—Sí,,,—dijo Luna sin estar segura.

—Tienes un futuro brillante entonces.—dijo el sujeto sonriendo.

—¿Eso significa que me van a contratar para tocar en el casino café?—preguntó Luna dándose cuenta que todo eso había sido simplemente una prueba de voluntad.

—¿Qué? Claro que no, no retiro lo que dije, no mostraste tu esencia en el escenario cariño, grabadoras que repiten hay cientos, pero música que nazca de tu alma, solo puedes mostrarla tú.—dijo entonces el hombre—No puedo contratar una grabadora, pero puedo invitarte para el show del lunes de la semana que viene para que demuestres tu talento de verdad.—dijo tomando de su chaqueta un pase de entrada y guiñándole un ojo—Me convenciste para darte una segunda oportunidad Luna, no la desperdicies.

—No lo haré señor.—dijo Luna ansiosa mirando el boleto, pero entonces el hombre desapareció—Raro…

Aunque no tan raro como la situación donde se encontraban el señor Loud, Huggins y Thalemus, ellos estaban en una mesa de cartas llamada Trans—Table, porque cada que terminaba un round cambiaban a un nuevo modo de juego, cosa que volvía incluso más tensa de lo normal la mesa y perfecta para medir la habilidad de los tres hombres.

—¡Come cuatro cartas!—gritó el señor Loud provocando que Huggins gimiera de dolor.

—Caballero, la mesa está en modo Texas hold'em, no en UNO, y aparte eso es un cuatro de trébol.—dijo el repartidor de cartas al mismo tiempo que los tres hombres guardaban sus apuestas y la casa ganaba.

—Larry, ¿Hay modo de que esto se ponga más interesante?—preguntó Thalemus leyendo el título del gafete.

—Podría serlo si apostaran más de tres dólares.—dijo entonces el repartidor de cartas revolviendo con rapidez—Siguiente ronda en la Trans—Table es póker clásico.

—¡Pero el señor director no agarró cuatro!—gritó indignado el señor Loud.

—¡Apuesto cinco dólares!—dijo entonces Huggins subiendo la apuesta.

—¡Doce!—se animó Thalemus.

—¡Quince!—sacó bastantes monedas de su bolsillo el señor Loud al mismo tiempo que el repartidor de cartas volteaba de uno a otro lado.

—Señores, ni siquiera les he dado sus cartas.

Como si la situación no fuera lo suficientemente rara, ahora le tocaba a Luna buscar a su padre para darle las buenas noticias, escuchó los gritos de los mismos borrachos de hace rato provenientes de la zona de juegos de cartas, así que decidió buscar a su padre lo más lejos posibles de esa gente, pensando que aquellos deberían estar ya en tremendo estado que no valía la pena que vieran a una chica solitaria en el casino.

Sin saber que de todas maneras era vulnerable a ataques:

—¡Buenas noches señorita!—dijo una mujer con traje invitándola a pasar a un área tragamonedas.

Luna se disculpó a la vez que daba vuelta a la derecha, para evitar pasar cerca del bar, donde un fornido hombre servía tres vasos de una cosa que lanzaba más espuma que bebida.

—¡Pasen, pasen al hipódromo del Caballero de las Antorchas!—gritó un hombre cerca de ella—Venga señorita, en unos minutos tendremos la corrida de la noche, donde las más grandes apuestas verán la luz.

—¿Tienen un hipódromo dentro del casino?—dijo Luna sin entender al empleado.

—Tranquila niña, es un hipódromo virtual con temática medieval oscura.—dijo el hombre para reconfortarla—Si tienes 100 dólares puedes ingresar a una corrida, aunque mientras más pongas más ganas.—dijo contento el señor.

—No tengo dinero, y soy menor de edad.—dijo Luna molesta dando media vuelta—Además, ¿Qué clase de tonto entraría a un hipódromo virtual?—dijo a la vez que se alejaba porque los gritos de borracho se acercaban a su dirección.

El vigilante de la entrada vio su oportunidad:

—¡Pasen, pasen caballeros, al hipódromo virtual del Caballero de las Antorchas!—dijo a los tres hombres los cuales caminaban totalmente borrachos, presa fácil—Si tienen 100 dólares, pueden ingresar a una corrida, pero ya saben, mientras más pongan, más podrán ganar.

—¡Un hipódromo virtual suena como una excelente idea!—dijo el señor Loud entusiasmado al mismo tiempo que los otros asentían—¿Qué dicen? ¿Entramos?

—Ehh me arruiné con esa última partida de Texas…—admitió Thalemus tosiendo—Y no tendré dinero hasta el siguiente salto dimensional…Digo show, sí, show.

—Yo igual, prácticamente deje todo el dinero, solo tengo diecisiete centavos.—concordó el señor Loud sonriendo—Al menos este dinero no me va a gritar…

—Yo tengo uno…—dijo entonces Huggins llevándose ambas manos a la frente.

—¿De los grandes?—preguntó ansioso Thalemus.

—¿Qué?—dijo sin entender Huggins abriendo los ojos

—¡Apostamos mil dólares!—dijo entonces el señor Loud—A nombre de los tres.

—Excelente.—dijo el sujeto tomando nota—Entonces mil a los señores…—dijo invitándolos a decir sus nombres.

—Huggins, con doble g.—señaló el hombre revolviendo el billete de un dólar en su bolsillo.

—Thalemus.—dijo el Profesor antes de comenzar a deletrear—Nadie sabe nunca cómo escribirlo.

—Loud.—respondió entonces Lynn al mismo tiempo que bostezaba de sueño.

Algo hizo clic en la mente de Huggins, pero rápidamente lo ignoró porque su cabeza comenzó a palpitar, las bebidas finalmente estaban comenzando a mostrar sus efectos negativos y la sola mención de ese apellido clavaba mil cuchillos en su mente.

—Quedan estos números, ¿Cuál escogen?—preguntó entonces el hombre mostrando una pequeña tabla en su celular.

Los tres hombres sonrieron a la vez, no dudaron ningún solo momento en señalar el mismo número, el tres de la suerte que parecía haberlos juntado aquel día. El caballo número tres de Loud, Huggins y Thalemus.

Era su símbolo de buena suerte.

Para la mala suerte de Luna, ya había dado casi toda la vuelta al casino sin encontrar a su padre.

—Vamos pah, ¿En qué horroroso lugar te metiste?—dijo a la vez que comenzaba a preocuparse seriamente, debían ser cerca de la una de la mañana y aún no encontraba nada, lo único que encontró fue en la entrada una mujer en traje demasiado apretado como para pasar de su radar de visión sujetando una rueda gigante—La recepción es el único lugar que no he visto.

—Pase, pase señorita.—dijo la mujer de manera demasiado provocativa.

Luna ya tenía una novia, pero no podía negar que aquella mujer era demasiada tentación como para voltear a otro lado, por primera vez se dejó engatusar con una sonrisa demasiado tonta en su rostro para ser natural.

—Buenas noches jovencita, ¿No quieres probar tu suerte en la rueda de la fortuna Rei—Rei?—dijo entonces la muchacha , su gafete era un corazoncito que decía "Roxie".

—Yo… Ehhh… No tengo dinero…—intentó luchar Luna ligeramente en su mente, pero aún acercándose a la señorita.

—Vamos, la primera tirada va por la casa.—dijo la mujer guiñándole el ojo, sabiendo que la tenía donde quería—Solo una vez y puedes incluso ganar un Julex Deluxe, o una membresía Coyote VIP, una taza de café Jackson que cura todo tipo de resacas y todo lo que tienes que hacer es tirar de esta palanca.

—¿Solo una vez?—preguntó Luna emocionada.

—Así es cariño, solo una vez…—dijo la mujer ayudando a las manos de Luna a llegar a la palanca.

Durante un segundo Luna escuchó una musiquita optimista, a su espalda vio un globo naranja flotar y unos insultos en la sección de máquinas tragamonedas. Estaba bastante animada, tanto que incluso pensó ver cómo si los botes de basura que estaban pegados a la entrada comenzaran a cantar angelicalmente. Sintió la adrenalina en sus venas, sin saber que estaba cautiva por la trampa letal del casino.

Bajó la palanca de la ruleta y vio…

… Como los caballos virtuales salían disparados de sus posiciones con los gritos de emoción de toda la gente encerrada en esa pequeña habitación oscura.

—¡VAMOS ONCE!

—¡QUE GANE EL NÚMERO OCHO!

—¡TRES! ¡TRES! ¡TRES!—gritaban los tres hombres dando saltos al ver que el suyo estaba a la delantera.

Al fondo de la habitación, sentada en un sofá acolchonado y con la vista antena solamente en el número uno, se encontraba una mujer de origen asiático molesta, la cual estaba acompañada por dos gorilas grandulones. Todos estaban esperando en total silencio.

—Ikari-san.—se acercó repentinamente un hombre con un marcado acento japonés—Son noticias de Hikaru.

—¿Murió a manos del niño?—preguntó sin remordimiento en la voz.

—No, señorita, dijo que el niño estuvo contento con la confirmación de que los objetivos de la escuela preparatoria dieran como positivo.—dijo el hombre servilmente al mismo tiempo que el caballo número uno tomaba la posición a menos de cincuenta metros de la meta.

—¡NO!—escuchó Ikari gritar a tres idiotas en la parte baja.

—Excelente noticias, entonces habrá que capturar a todas las mayores como segunda parte de la ofensiva, ¿No?—dijo complacida al ver que el número uno llegaba a la victoria—Oh, que sorpresa, volví a ganar, ¿Es esta la tercera Himoto?

—Cuarta, señorita.—contestó uno de los guardias que tenía a su lado nervioso.

—¿Algo más que deba saber?—dijo sin interés apenas al asistente que le había informado de las noticias.

—Sí señorita, una buena noticia de hecho.—dijo emocionado el joven.

—¿Una buena noticia?—dijo ella contenta—Después de todo lo que hemos pasado era lo mínimo.

—Una de las mayores y el padre se encuentran justo en estos momentos en el casino, jugando a…—iba a seguir informando.

—¿Cuál de todas esas mocosas?

—La musical, objetivo primordial a ordenes del niño.—dijo el hombrecillo arrodillándose—¿Nos encargamos de ellos?

—No, aun no, recuerda que el niño dijo que mientras más tiempo los mantuviésemos vivos, más de los nuestros iba a salvar.—dijo ella complacida—Además, creo reconocer una silueta tan estúpida desde la distancia…—dijo apuntando a la mesa donde tres hombres adultos se encontraban llorando ebrios—¿Y la niña?

—En la entrada del casino.—informó el hombrecillo.

—Tráigala señor Kenzu.—dio la orden la mujer señalando la salida y chasqueando un dedo, el hombre volvió a arrodillarse besando el piso donde antes habían estado las botas de la mujer y corrió fuera de la oscura habitación—Señores, creo que hoy salvaremos a toda la familia…—dijo la mujer dando otra calada al cigarrillo, analizando la figura del señor Loud frente a ella, como si de oro en bandeja se tratase.

En la parte de delante los tres hombres se encontraban llorando porque el número tres había perdido, no les quedaba nada, y el colector de las apuestas estaba cada vez más cerca de su mesa.

—Está bien Huggins, te pagaremos la diferencia, paga los mil ahora y ya te buscaremos otro día…—dijo el señor Loud a punto de desmayarse.

—¿Cuáles mil?—dijo Huggins sin entender.

—Los mil dólares que apostamos al número tres, tu dijiste que tenías un grande.—dijo entonces molesto el señor Loud.

—¡Dije que tenía uno, un dólar!—dijo molesto Huggins.

—Bueno caballeros, no nos queda otra que tomar algo de Cianurito feliz, ¿Quieren?—dijo el Profesor tomando unas pastillas de su bata de laboratorio y comenzando a aplastarlas para que saliera algo de polvo esparcido en tres vasos.

—¿Qué? No, son solo novecientos noventa y nueve dólares.—dijo Huggins viendo el único dólar que tenían en su cartera—Estoy seguro que podemos pagarlo si apostamos y ganamos…

—¡Me parece una excelente idea!—dijo el señor Loud con un hilo de baba saliendo de su boca.

El Profesor Thalemus tuvo que detenerse a medio camino de ingerir el alcohol con veneno letal.

—Sí, ¿Qué tan malo puede ser?

Justo en ese momento dos matones se acercaron a su mesa, comenzando con darle un golpe en la espalda a Thalemus, uno en la cabeza a Huggins y llevándose de los brazos al señor Loud mientras que los otros caían rendidos al suelo, desmayados.

Durante un momento pareció que dentro de la pequeña sala iba a haber pelea porque desde las otras mesas hubo descontento ante esa actitud, pero uno de los matones sacó una pistola y todas las mesas se quedaron quietas como el hielo. El señor Loud fue llevado por una puerta VIP al mismo tiempo que la señorita Ikari caminaba a su lado.

—Ohhh, nos vamos a divertir mucho, ya verá…—dijo la mujer contenta mientras el señor Loud intentaba liberarse inútilmente.

Desde la recepción, Luna ya iba por la quinta tirada cuando de repente un hombre en traje tuvo que pararla.

—Identificación jovencita.—dijo entonces el hombre con acento asiático.

—Yo… Este…—balbuceó Luna, viendo que la tal Roxie ya había abandonado su puesto—Verá es algo bastante gracioso.

—Tendrá que acompañarme.—dijo el sujeto tomándola bruscamente de la mano, provocando que Luna tomara molesta su guitarra y siguiera a aquel guardia.

El vestíbulo rápidamente volvió a su ruido habitual cuando repentinamente la señorita Roxie volvió a aparecer junto al guardia Luis de la puerta principal.

—¿Estás segura que parecía menor de edad?—preguntó el guardia.

—Sí, ya te la describí.—dijo la mujer preocupada—¿Cómo se te coló?

—Ella estaba en el show de talentos del señor McNamara.—respondió el guardia—¿Dónde estará? ¿Segura que fui al primero que avisaste?

—Bastante segura.—dijo la muchacha volteando a todos lados.

—Dos trece a base, dos trece a base.—dijo entonces el guardia de la puerta.

—Copiado águila dorada.—contestó la radio.

—Sopa de veneno, ¿Alguna chica menor de edad que hayan atrapado? Tengo una reportada, pero no aparece.—preguntó el guardia.

—Negativo águila dorada.—volvió a contestar la radio—¿Mandamos refuerzos?

—No, buscaremos a la niña, debe estar escondida por ahí…

Lo que no sabían era que aquel señor que se había llevado a Luna, la estaba dirigiendo por la zona VIP hacia una salida desconocida para varios de los trabajadores del casino café. Lo última que Luna vio fue que la arrojaron junto a su padre totalmente abatido a un camión antes de cerrar la puerta trasera y dejarlos en total oscuridad.

La fase dos del plan del niño finalmente había iniciado.

Continuara…

Notas: Me hubiera gustado ser un poco más sutil, pero para ser justos el capítulo tiene doble duración y tiene tantas referencias que creo que ya no era posible jajaja, bueno, a nivel básico quiero dar las gracias tanto a los lectores de este fic como a mis buenos amigos del café, pudieron haber aparecido más o menos en esta obra general, pero para mí todos son especiales y ocupaban un importante lugar en esta obra.

Para los que siguen el fic, igual les deje una probadita de lo que será el siguiente capítulo, una locura, esta saga para terminar el miércoles. Tranquilos, el fic ya está entrando en el último tercio, no va a haber más sorpresas, solamente van a entrar 2 personajes y ya… El próximo capítulo entenderán finalmente a que se refieren con el plan del "niño" que muchos ya deben intuir de qué niño hablan. (Guiño, guiño).

Espero que hayan disfrutado, y estén listos para lo que viene, porque la locura… Está a punto de apoderarse del cuerpo y mente de los Loud, mientras el poder de Nega sigue escalando.

Gracias por la paciencia, ya casi llegamos a los 150 reviews, lo cuál traerá 3 capítulos seguidos de semana, recordatorio que los reviews de Fipe y sus multi cuentas son fantasmas )?)