La Revolución de las Sombras

Capítulo 1: En la linde del bosque

En algún lugar de Escocia. 24 de octubre del 2024

James Sirius Potter exhaló un suave suspiro y cerró los ojos. Una brisa tenue removió su cabello e hizo que varias hojas secas formaran un remolino a su alrededor atrayendo un aroma a tierra mojada que reavivó las emociones que intentaba mantener en el fondo de su pecho.

Recostado en el tronco de un árbol en la linde del bosque prohibido, empuñaba en su mano derecha una botella de whiskey de fuego que había logrado traer desde Hogsmade y en su mano izquierda maniobraba con su varita para atraer los pergaminos que el viento se empeñaba en querer alejar de él.

Miles de imágenes se superponían en su mente, imágenes que quería desterrar de su memoria, pero sabía que no sería posible ¿Cómo había pasado de alardear en los pasillos a preferir la soledad del bosque? Por idiota, esa era su única respuesta.

James sabía que no era perfecto, pero no se merecía lo que Mila había hecho ¿En qué momento cambió todo? Aún podía escuchar sus palabras, sentir sus caricias, el olor a tierra mojada que desprendían sus manos por estar gran parte de sus ratos libres en el invernadero, la suavidad de su cabello pelirrojo acariciando sus mejillas. Con una maldición abrió los ojos ¡Dos años de su vida a la basura! Tomó el último trago del líquido ambarino y estrelló la botella contra una roca ¡Dos jodidos años!

La luna se reflejaba orgullosa en las tranquilas aguas del lago negro y un poco más allá las torres y torrecillas del castillo parecían extrañamente tétricas en contraste con el firmamento. James observaba el paisaje imperturbable ¿Acaso algo estaba mal con él? Simplemente cerró la puerta y se marchó ¿Qué tenía Ethan Bagwell que no tuviera James Potter? ¿Por qué Mila lo hizo? La quería pero sabía que jamás podría perdonarla.

¡Lumus! – murmuró iluminando los pergaminos que se esparcían a su alrededor. Esto era otra cosa que no lograba entender, eran los dibujos que había hecho durante años, muchísimos bocetos y en todos estaba la misma chica. No era Mila, ni siquiera una de sus primas. Nunca había reparado en que la dibujaba como un maldito psicópata. Desde el mismo día que la conoció la había cagado, y se arrepentía de todas las estupideces que había dicho pero no podía hacer nada, ella ni siquiera parecía darse cuenta de que él existía, ¡Joder!

Tiene bonitos ojos

¿Quién?- preguntó Mila enarcando una ceja

Malfoy

Tiene ojos cafés, hay millones de personas con esa tonalidad

No es el color, es…

Yo los tengo azules – dijo pestañeando coqueta

¿Estás celosa? – preguntó James sonriendo

No

No lo entendía ¿Por qué estaba tan empeñado en ella? Había tenido una hermosa novia y admitía con vergüenza que ni siquiera así ella había salido de su mente. Sin embargo, no tenía ánimos de buscar explicaciones, era más sencillo culpar a Bagwell, a Mila y a él mismo por ser un cabrón de marca mayor. Harry Potter, su padre, alguna vez le dijo que sus decisiones definirían quién era. James no había decidido ser quién era ahora. Un chico enamorado de una chica que lo había traicionado.

¡Merlín! Era todo tan irracional que tenía que reírse para no llorar, al final reírse de todo era lo que mejor sabía hacer, eso lo mantenía cuerdo, pero por un instante lo había olvidado y bajo sus defensas.

¡Lilly!

Estaba ebrio pero aun así cada músculo de su cuerpo se tensó. Una brillante luz azul apareció frente a él, flotando en su incandescencia, burlándose. James se incorporó con brusquedad mirando en todas direcciones, esto no podía suceder, no ahora. La luz desapareció y reapareció a unos metros de distancia y tras ella otra y otra más, toda una hilera que se detenía sobre la tumba de Albus Dumbledore, la única señal de la guerra que se había desatado en aquellos terrenos. Era difícil de creer que en algún momento aquellos pacíficos jardines habían estado llenos de destrucción, sangre y muerte pero James lo había visto, en sus sueños.

¡Es él Lilly, vete, es él!

Los hombros del Gryffindor cayeron con resignación, no podía hacer nada contra ellas, las sentía invadir su mente, una espesa oscuridad que nublaba sus sentidos, las voces estaban en su cabeza y no podía callarlas. James podía sentirlo, todo el terror, el miedo y el sufrimiento.

¡Avada Kedavra!

Cayó al suelo haciéndose un ovillo ¿Quién dijo que morir no duele? Sentía toda la rabia, la traición, el dolor y el miedo que sintió su abuelo, todos esos sentimientos que se mezclaban con los suyos. La certeza de que Harry y Lilly morirían, de que no tendrían tiempo de huir. Un dolor indescriptible, un alma torturada.

El rostro de James se deformó en un grito ahogado, las lágrimas resbalaron por sus mejillas, no podía soportarlo más, con desesperación se llevó una mano al cuello y aferró el dije de su collar, el símbolo de las reliquias de la muerte.

Sus fuerzas mermaron y la inconsciencia se apoderó de él, no sin antes escuchar un último grito.

¡Harry!

2.

Ayúdame - un susurro en el fondo de su mente – ¡Por favor!

Albus Severus Potter abrió los ojos sobresaltado, la habitación en tinieblas lo desconcertó por un momento pero sólo fue un segundo hasta que la voz de su hermano hizo eco en su mente. No era la primera vez que sucedía, de alguna manera que le parecía macabra ya estaba acostumbrado, por lo que sin pensarlo mucho se colocó los zapatos y buscó el mapa del merodeador en su baúl.

¡Juro que mis intenciones no son buenas! – murmuró y con la punta iluminada de su varita buscó en cada pasillo y aula del castillo ¿Dónde demonios se había metido James? Estaba comenzando a ponerse nervioso, cuando su hermano caía en esos estados de inconsciencia era muy peligroso que estuviera solo, no se sabía cuánto tiempo estaría así, dónde estaría o con quién, y eso era lo que más preocupaba a James, que alguien aparte de Albus supiera de su extraño problema, incluso el propio Albus lo sabía por accidente.

Era raro que por accidente conociera la realidad de su hermano, con el que había aprendido a convivir a pesar de sus diferencias; y aunque en repetidas ocasiones habían discutido por su hermetismo, también se sentía orgulloso de ser el único en el que James confiaba, y sabía los detalles escalofriantes de su poder. Sabían la verdadera historia, lo bueno y lo malo, porque James podía escucharlo en su cabeza, pero no era un espectáculo bonito de ver.

Albus por fin lo encontró y soltó una maldición mientras salía de la habitación. La sala común de Slytherin oscura y silenciosa lo recibió sin mucha alegría, la cruzó a paso rápido, subió las escaleras de las mazmorras y revisó una vez más el mapa. El anciano Filch estaba en su habitación y su asquerosa gata junto a él por lo que no tuvo problema en cruzar el hall de castillo y salir a los jardines iluminados por la luz de la luna, guardó el mapa en el bolsillo de su pantalón pijama corriendo a través de los terrenos hasta la linde del bosque.

Albus experimentó una vez más ése profundo dolor en el pecho que sentía cada vez que veía a James en ése estado. Su hermano mayor estaba hecho un ovillo en la tierra húmeda, con ambas manos en la cabeza y los ojos fuertemente cerrados, murmurando cosas sin sentido. Su rostro deformado por la agonía.

James… - susurró acuclillándose a su lado, pero él no reaccionó, simplemente su voz fue más firme y Albus logró entender lo que decía

Colagusano… Colagusano… me traicionó… Peter era mi amigo y me traicionó… Lilly está muerta… Harry, mi bebé – Albus se sentó a su lado, mirando y escuchando con un nudo en el estómago. Está noche se trataba de su abuelo. James Potter, el hombre que murió tratando de salvar a su familia por culpa de la traición de aquel que creía su amigo. Entendía porque James no quería contarle a nadie, ya su familia había sufrido suficiente.

Albus frunció el ceño al mirar a su alrededor, sacó su varita y atrajo los papeles que se esparcían por todos lados, normalmente estás cosas le sucedían a James cuando su energía decaía y por eso mantenía esa eterna sonrisa en sus labios, la alegría era su arma, pero lo que encontró en aquellos papeles lo confundió. Sabía que James dibujaba, pero nunca había logrado que le mostrara su trabajo, ahora entendía por qué, aunque no tenía sentido. Albus miró a su hermano, la misma posición, la misma expresión en su rostro y murmurando lo mismo hasta que los rayos del sol aparecieron en el horizonte.

3.

Abrió los ojos pero todo era una masa oscura y borrosa, pestañeó hasta que su vista recobró nitidez y reconoció las formas y los contornos. El cielo purpura del amanecer dio vueltas sobre él hasta que decidió incorporarse, se pasó ambas manos por el rostro y luego las frotó entre ellas para recuperar el calor que había perdido, estaba exhausto y melancólico, pero era mejor no pensar en eso.

Hola bella durmiente – James dio un respingo, lo que provocó la risa de su hermano. Albus tenía el cabello negro tan desordenado como de costumbre, sus ojos se veían cansados y el pantalón de su pijama estaba manchado de barro seco, James sintió un escalofrió cuando todo regresó como un tráiler a su mente

Lo siento – murmuró pasándose la mano por la cabeza

Albus se frotó los ojos encogiéndose de hombros.

Para eso estamos ¿No? – dijo. Ambos hermanos se miraron durante un momento

¿Cómo me encontraste?

Sabes cómo te encontré – respondió el pelinegro mostrándole el mapa del merodeador – lo que también encontré y quiero que me expliques es esto – añadió lanzándole un manojo de pergaminos que cayeron en su regazo. James observó los ojos que le devolvían la mirada desde el papel

No lo sé, siendo honesto no tengo ni puta idea

¿De qué no tienes idea? ¡Es Nix! – su hermano señaló los bocetos mirándolo con suspicacia – dibujas a Nix

Sé que es ella – bufó exasperado – simplemente lo hago ¿Entiendes?

No, no lo entiendo – dijo Albus – ni siquiera te relacionas con ella, o por lo menos eso tengo entendido y además… ¿Qué pasó con Mila?

No quiero hablar sobre eso – murmuró sintiendo un nudo en el estómago

¿Qué pasó? – inquirió Albus con interés, James podía ver en sus ojos la duda, después de todo Mila Spencer había sido parte de sus vidas por dos años - ¿James?

Suspiró con cansancio. Albus y él no eran el tipo de hermanos que estaban juntos siempre pero sí de los que contaban el uno con el otro para lo que fuera, James lo sabía mejor que nadie ¿Qué más daba? Dentro de pocas horas todo Hogwarts lo sabría.

Lo mío con Mila termino Al – los ojos azules de su hermano se ampliaron por la sorpresa

¿Qué? ¿Por qué? Mila… - el pelinegro se detuvo y por un momento su mirada cayó en los dibujos que sostenía con fuerza entre sus manos, James sabía lo que pasaba por la cabeza de Albus, pero no lo sacó de su error – lo siento

No importa, las cosas son como son y no tienen remedio

No pienso así, deberías intentar hablar con ella

James negó con la cabeza.

No, es definitivo Al

Bueno – dijo el Slytherin incorporándose – será mejor que regresemos

James asintió y en sus labios apareció una sonrisa.

¿Me cargarás? – preguntó haciendo pucheros, extendiendo los brazos hacia su hermano que soltó una carcajada

Eres un imbécil

James Sirius Potter inició su camino de regreso al castillo para enfrentarse a lo que a partir de ahora sería su mundo, había imaginado tantas veces un futuro con Mila que ahora parecía imposible siquiera pensar en algo diferente, pero lo haría, siempre hay un plan B, aunque nadie quiera usarlo, a veces la vida te deja sin opciones y James tenía que apegarse a las nuevas reglas. Un futuro en el que Mila ya no tenía lugar.

¿Estarás bien? – inquirió Albus cuando llegaron al living del castillo comenzando a desviar sus pasos hacia las mazmorras. James asintió con una sonrisa porque no admitiría ante nadie que su memoria vomitaba cada vez que recordaba a Mila en un aula vacía junto a Ethan

Estaré mejor cuando me coma unos panqueques con miel y me tomé unas dos tazas de café, tengo un dolor de cabeza tremendo – eso era verdad, comenzaba a percibir la resaca, pero no movió ni un músculo mientras veía a Albus perderse escaleras abajo

James no estaba preparado para enfrentar a Mila, aunque tendría que hacerlo tarde o temprano, se la encontraría en los pasillos o en el gran comedor. Tampoco quería responder las inevitables preguntas, no quería dar las explicaciones que todos exigirían aunque nada fuera asunto de ellos. Sólo quedaba ignorar las miradas y murmullos con la sonrisa que siempre estaba en sus labios y en sus ojos, en cada facción de su rostro.

El corazón de James dio un vuelco cuando escuchó pasos provenientes de la escalera, no quería ver a nadie, no ahora, pero su cuerpo no respondió, se quedó allí inmóvil, aferrando en su puño izquierdo los pergaminos de los que no se podía desprender cuando Nix Malfoy apareció ante sus ojos, cada músculo de su cuerpo se tensó cuando la oscura mirada de la chica cayó en él.

Malfoy – saludó involuntariamente, ella lo miró con sorpresa

Buenos días Potter – dijo la Slytherin con su voz clara que James estaba seguro hacía años no dirigía a él

¿Cómo estás? – preguntó cada vez más nervioso ¿Qué demonios estaba haciendo? ¿Por qué no se largaba? Ella enarcó las cejas apretando contra su pecho varios libros. Nix ladeó el rostro estudiándolo detenidamente con sus ojos tan oscuros como el café recién hecho

Bien ¿Y tú? – respondió. No ocultó el escepticismo en su tono

He estado mejor – respondió James revolviéndose el cabello

Nix avanzó varios pasos hacia él pero se detuvo bruscamente. La morena apretó con más fuerza los libros que estaban en sus brazos, su ceño se frunció y apartó la mirada. El silencio reinó entre ellos durante unos cuantos segundos.

Yo… he… ¡Nos vemos! – murmuró James. Los labios de la chica se curvaron en una sonrisa burlona que terminó por confundirlo, y lo miró de nuevo

Seguro – dijo, pero a James le dio la impresión que era más una pregunta. Nix guió sus pasos hacia el gran comedor, su larga cola de caballo bailaba en su espalda mientras James la veía alejarse.

Era verdad que no sabía por qué la dibujaba, aunque no le sorprendía mucho que su inconsciencia estuviera empeñada en hacerlo. Nix Malfoy era hermosa, la Slytherin tenía algo que había llamado poderosamente su atención desde el momento en que la conoció, pero él mismo arruinó su oportunidad de averiguar que era.

James sacudió la cabeza, no era tiempo de pensar estupideces, decidido siguió su camino hacia la sala común de Gryffindor, se concentraría en sus estudios, en el quidditch, en cualquier cosa que alejara de su mente a Nix Malfoy, pero sobre todo a Mila Spencer.

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