La Revolución de las Sombras
Capítulo 3: Una noche sin luna
26 de Octubre del 2022 (Tarde)
Nix no era una chica que creyese en las casualidades, todo tenía una razón de ser. Estaba por cumplir dieciocho años, pero había visto y vivido lo suficiente como para tener constancia de eso. Muchas veces había analizado su propia vida, y cada acontecimiento derivaba en otro sin el cual no estaría donde estaba ahora, no podía creer que sólo fuera mera casualidad, ser una huérfana cualquiera a la que una familia cualquiera adoptó, no cuando esa familia le había dado todo y convertido en la mujer que era ahora.
Sin embargo, allí estaba acostada viendo el dosel de su cama y escuchando los sonidos lejanos del lago, deseando que sus certezas fueran menos intensas y su personalidad menos curiosa e indagadora ¡Maldición! Por un momento había estado segura de tirar los putos dibujos a la basura y continuar con su vida, pero a medida que el día pasó su determinación se había esfumado. Durante horas había contenido el impulso de ir tras James Sirius Potter y averiguar las razones que lo llevaron a hacer tantos dibujos. Eran simplemente preciosos, tan detallados, como si todos estos años ella hubiese posado para él ¡Eso no era así! No podía estar más alejado el uno del otro, o por lo menos eso había creído Nix.
Tenía ganas de correr y buscarlo donde fuera, gritarle y golpearlo por atreverse a inmiscuirse de nuevo en su cabeza, pero la detenía el mismo sentimiento que varios años atrás la motivó a entablar una conversación con él en aquel vagón del tren; un martilleó apresurado de su corazón, como si hubiese corrido una distancia muy larga. En aquel momento había sido emocionante ver esos ojos castaños, ahora el simple recuerdo le producía terror.
James Sirius Potter no era como cualquier chico, lo había sabido siempre, de alguna manera sabía que en un momento de su vida él interpretaría un papel importante. No sabía cómo ni por qué, simplemente lo sabía, también sabía que ése momento estaba cerca y no estaba segura de estar lista. Se colocó de pie decidiendo que si se quedaba allí terminaría por volverse loca ¿Acaso importaba lo que ella pensara? ¿A su destino le importaría que ella no quisiera por nada del mundo volver a tenerlo cerca?
1.
¡Lucy! ¡Mi querida y adorada prima! – exclamó al entrar en la sala común de Gryffindor y verla sentada junto a la ventana, la mesa estaba atiborrada de pergaminos que la chica revisaba haciendo anotaciones frenéticas en una pequeña libreta
No, de antemano – dijo sin mirarlo cuando se sentó frente a ella. James se llevó una mano al pecho fingiendo estar ofendido
¿Qué idea tienes de mí? ¿No puedo saludarte sin más?
Dudo que esto sea por mera cortesía – Lucy apoyó su espalda en el respaldo de la silla y se cruzó de brazos, ahora si con los ojos chocolates fijos en él - ¿Qué es lo que quieres querido y adorado primo? – preguntó haciendo una pobre imitación de él.
James sonrió apoyando la barbilla en su mano, ladeando ligeramente el rostro. Su prima enarcó las cejas.
Hablar sobre el horario de entrenamientos
Lucy suspiró.
De eso se está encargando Nix – dijo incorporándose para seguir ojeando los pergaminos en los que había estado concentrada, dándole a entender que era lo único que tenía que decir sobre el tema.
James se revolvió el cabello incómodo. Allí estaba ese nombre de nuevo, lo había escuchado más en los últimos dos días que en los seis años desde que la conocía, y de verdad quería que todo volviera a su cauce natural, donde él la dibujaba por el simple hecho de que le gustaba hacerlo y nadie se lo echaba en cara, ni lo hacían sentir incomodo por mencionarla, pero eso no sucedería porque ella ya sabía de los dibujos y tarde o temprano vendría por una explicación.
¿No puedes hacer una excepción conmigo? – inquirió, sabiendo que era una batalla perdida, pero valía la pena intentarlo
No James, lo siento – Lucy apartó un mechón de cabello naranja que caía sobre su rostro y lo miró – me estoy haciendo cargo de la logística del baile y es más complicado de lo que pensé
Me lo imagino, pero de verdad estoy seguro de que agilizaríamos las cosas si tú hablaras con ella – insistió escuchando en su tono la súplica subyacente, pero Lucy no tuvo compasión
Hasta donde sé los únicos que faltan son ustedes, probablemente esté esperando que te acerques para hablarlo – dijo Lucy – tranquilo, Nix no muerde
¿Estás segura? – preguntó en broma. El retrato de la dama gorda se abrió y varios chicos de primero entraron hablando y riendo entre ellos, James los vio hasta que desaparecieron escaleras arriba hacia las habitaciones, su mente vagando por una pregunta que quería hacer desde hace años, pero que nunca se había atrevido. Hasta ahora - ¿Por qué aún eres su amiga?
¿Disculpa? – inquirió Lucy con las cejas enarcadas
De Malfoy – aclaró sintiendo como se le formaba un nudo en el estómago - ¿Por qué eres amiga de Nix?
¿Por qué no lo sería? – Lucy se encogió de hombros – Nix es una gran chica
Sé que es una gran chica – bufó – están en casas diferentes
Al único que le importó que estuviésemos en casas diferentes fue a ti
Así que lo sabes – suspiró James – nunca me dijiste nada
¿Qué querías que te dijera? – Lucy apartó la mirada de sus pergaminos y clavó sus brillantes ojos chocolates en él – yo también pensaba como tú en ese momento, pero jamás se me pasó por la cabeza lo que tú hiciste, heriste sus sentimientos
James sintió como si una bludger se estrelló contra su pecho
¿Sentimientos? – repitió. Lucy enarcó una ceja
¿Qué fueras sentido tú si te fueran despreciado sólo por tener un apellido y pertenecer a cierta casa?
¿Le hice daño? – inquirió, pero ya sabía la respuesta, la había leído en los ojos de Nix Malfoy aquella noche aunque en ése momento no sabía lo que esa mirada significaba, ahora el simple recuerdo le revolvía el estómago
¡Corre!
¿Estás bien? – preguntó la pelirroja inclinándose hacia adelante – estás pálido James
Estoy bien – dijo encogiéndose de hombros – era un absoluto imbécil ¿No?
¡Estaremos contigo!
¿Eras? – inquirió su prima sonriendo, James la imitó, aunque sabía que no la engañaba. Lucy siempre había sido suspicaz
Era, ahora soy un súper sexy de séptimo - bromeó sintiéndose mareado. Lucy frunció el ceño, pero le siguió el juego soltando una risita
Sigues siendo un imbécil, sólo que de otro tipo
Supongo – murmuró – ahora si me disculpas prima hermosa voy a ver dónde demonios está metido Frank
¡Están muertos!
James se colocó de pie y se apresuró a salir sintiendo los ojos de su prima clavados en la espalda. Los oblicuos rayos solares del atardecer iluminaban el solitario pasillo, las sombras en los contornos de su visión lo hicieron estremecer, pero poco a poco las voces se acallaron hasta que sólo fueron un zumbido en su mente. El castaño colocó ambas manos en la pared y dejó caer la cabeza entre sus hombros, no tenía motivos para sentirse tan mal al respecto, pero lo hacía, y sus muros mentales habían sido demolidos por el impacto potente del remordimiento ¿Por qué me afecta tanto? Habían pasado siete años, ya no importaba.
¡Claro que importa!
Hay estaba esa voz que no tenía nada que ver con las otras, esa que le recordaba lo plasta de mierda que era.
2.
Frank LongBotton miraba el atardecer apoyado en la cornisa de la ventana del segundo piso. El cielo se coloreaba de un hermoso tono nacarado y las nubes parecían algodón de azúcar moviéndose lentamente a favor del viento, incluso podía ver parte del bosque prohibido, cuyos árboles se pintaban de amarillo y rojo a medida que el otoño avanzaba.
Sus ojos verdes se extasiaron con el paisaje por largo tiempo, desde que podía recordar le había gustado sentarse en la terraza de su apartamento sobre el caldero chorreante y ver como el atardecer caía sobre Londres reflejándose en los altos edificios, sin embargo, nada se comparaba con el espectáculo de los últimos rayos solares incendiando el tranquilo lago que no era negro en esos efímeros minutos.
Sabía que te encontraría aquí – dijo James apoyándose en el otro extremo de la ventana, se removió el cabello sin dejar de mirarlo, Frank enarcó una ceja
Bueno soy bastante predecible a esta hora del día.
James se encogió de hombros, no dijo nada, se limitó a observar los jardines y Frank esperó. No era primera vez que algo así sucedía, tenía los diecisiete años de su vida siendo amigo de James y lo conocía lo suficiente como para deducir que algo pasaba, siendo obvio, se arriesgaba a creer que se trataba de Mila Spencer, después de todo era en lo único que James había pensado en los últimos días.
Dibujo a Nix – dijo finalmente logrando sorprender a Frank, lo miró sin tratar de disimular su asombro, no por el hecho de que no lo supiera, lo había sabido siempre, pero James lo estaba admitiendo en voz alta
Oh – fue lo único que se le ocurrió responder. James metió sus manos en los bolsillos del pantalón incomodo
En la mañana hablé con Mila – Frank frunció el ceño reprimiendo un bufido, ya el tema de la Hufflempuff lo tenía aburrido, sabía que aún era reciente, pero Mila Spencer no se merecía ni siquiera los pensamientos de su amigo, no después de traicionarlo como lo hizo – me echó en cara que me compartía con Nix
Creo que me he perdido de algo – Frank inclinó su cuerpo hacía James, dándole toda su atención - ¿Qué tiene que ver Malfoy con lo que hizo Mila? – preguntó confundido.
James dibujaba frecuentemente a la Slytherin, pero era bien conocida su total y absoluta indiferencia mutua a pesar del hecho de que sus hermanos eran mejores amigos. Frank se hacía una idea del porqué, pero eso no venía a cuento; James ni siquiera había mencionado nunca a la chica, por lo menos hasta este momento.
¿Desde cuándo la dibujo? – inquirió su amigo de vuelta, sus ojos parecían perturbados, Frank notó lo mucho que esto lo estaba afectando y cuando pensó en la respuesta él mismo comenzó a extrañarse
Desde que la conocimos – murmuró. James asintió removiéndose el cabello y desordenándolo aún más si eso era posible
¿Y te parece normal?
No
Eso pensé
Supongo que se debe a que te gustan las cosas hermosas – dijo Frank apretando el hombro de su amigo, tratando de transmitirle algo de confianza – y sin duda Malfoy es una chica hermosa
No es sólo eso – susurró James mirando repentinamente al final del pasillo, la palidez invadió su rostro y se rascó con nerviosismo las sienes – puedo escucharla Frank
¿Qué significa eso? – preguntó, pero era demasiado tarde, ya James corría pasillo abajo.
3.
Albus clavó sus ojos esmeraldas en Frank LongBotton cuando el castaño entró al Gran Comedor. Estaba solo, lo que le extrañó ¿Dónde estaba James? Normalmente estos eran uña y mugre, sobre todo a esa hora, cuando ya estaban listos para volver cada quien a su sala común. A su alrededor todos cenaban tranquilamente, incluso Mila Spencer, la pelirroja sonreía a una chica sentada a su lado que gesticulaba mucho con las manos mientras hablaba.
¿Te pasa algo? – preguntó Elaiza. Albus frunció el ceño
¿Por qué?
Porque tienes cara de que te pasa algo – la castaña se llevó una cucharada de cereal a la boca y lo masticó sin quitarle los ojos de encima
Eres rarita – bufó – no, no me pasa nada
Scorpius soltó una carcajada.
Y McGonagall me perdonará el no haber hecho la redacción
Yo tampoco la he hecho – Elaiza se encogió de hombros – me tocará hacerla esta noche – suspiró
Yo me refería…
Sé a lo que te referías – Elaiza puso los ojos en blanco – pero cuando dijiste así recordé que tengo que hacerla
Has estado callado hoy – dijo Scorpius ignorando a la chica, mirando a Albus con las cejas enarcadas
Supongo que no he estado de humor
Aprovechando que Nix no está – intervino Loran - ¿Qué haremos para su cumpleaños?
Nada – Lorcan rodó su asiento más cerca de sus amigos, Elaiza lo miró con el ceño fruncido
¿Dónde te habías metido? – le inquirió
Estaba con Lyssander – el gemelo le besó la mejilla sonriendo – Nix me dijo que sólo quiere pasarla bien en el baile, además ira con Héctor Miles
No me lo recuerdes – gruñó Scorpius
¿No es raro? – dijo Albus – que Nix haya aceptado la invitación de Miles
No lo sé – Loran se removió el cabello negro – ella me habla a menudo de él, suelen compartir las clases de Herbología
No es tan importante – Lorcan miró hasta la mesa de Gryffindor donde gran parte de su familia estaba sentada y el mismo Héctor Miles cenaba conversando con Jax y Frank – como ella misma dijo, no es como si se fuera a casar con él
¿Si te das cuenta de lo que está pasando aquí, no? – murmuró Scorpius – no es porqué sean Gryffindor y Slytherin, el punto es ella, una Malfoy saliendo con un Gryffindor
Casi tan escandaloso como que un Potter y el hijo de Luna Lovegood sean amigos de descendientes de mortifagos – dijo Elaiza
Bueno por lo menos no es con tu hermano, eso sí sería épico – Loran se echó a reír
Albus se ahogó con su propia saliva.
No es como si fuera posible
Posible es – Lorcan miró a sus amigos con una sonrisa burlona – probable es lo que no es
Eres un cerebrito – Elaiza besó a su novio en los labios y mientras los abucheaban Albus no pudo evitar recordar los dibujos que vio en el bosque prohibido, ni una historia que le sacó a Nix hace varios años atrás
Fuimos amigos por unas horas, hasta que el mundo nos recordó quien era él y quién era yo
Albus suspiró ¿De verdad era tan improbable?
4.
Los pasos de Nix Malfoy eran rápidos y coordinados, se dirigía directamente a la puerta que conectaba al castillo con los jardines. Mientras la observaba, las manos de James comenzaron a sudar y la garganta se le secó, estaba nervioso y asustado, en éste pasillo volvió a ser el niño de once años que no podía apartar la mirada de los penetrantes ojos cafés de la niña que encontró en el vagón del tren.
Un escalofrío recorrió su cuerpo cuando decidió seguirla, no es que lo fuera pensado, fue un impulso, el instinto que siempre tomaba el control cuando se trataba de la Slytherin.
La noche había caído ya, una noche sin luna fría y silenciosa, una brisa ligera barría la hierba baja y traía consigo algunas hojas secas que bailaban alrededor de sus pies. De repente Nix se detuvo, giró, sus miradas se encontraron y James se quedó sin aliento por la imagen.
Sólo los separaban un par de metros, la varita de Nix estaba encendida formando un halo de luz grisácea a su alrededor. El viento agitaba su cabello en todas direcciones, estaba quieta, las lágrimas brillaban en sus mejillas. Era lo más hermoso y lo más triste que había visto en su vida.
No le importa, no importa.
Una vez más se dejó llevar por su instinto, corrió la distancia que los separaba estrellándose contra ella, abrazándola por la cintura y manteniéndola contra su pecho, los sollozos estremecieron el cuerpo de la Slytherin que se aferró a él, escondiendo su rostro en el hueco de su cuello. James aspiró el aroma a lluvia y frescura que ella desprendía, y también comenzó a llorar. En el fondo de su mente racional se preguntaba por qué estaba haciendo esto, pero su parte irracional y mucho más fuerte sólo pensaba en una cosa. Hogar. Por fin estaba en su hogar.
La apretó más contra él queriendo fundirse con ella, aferrarla y no dejarla ir jamás. Sabía que era absurdo, que cuando se soltaran volverían a ser Malfoy y Potter, dos extraños en la inmensidad del castillo y por eso quería alargar este momento lo más que pudiera. ¡Merlín! ¿Qué le pasaba? Se sentía ligero, completo ¿Cómo es que no había notado que la necesitaba tanto? Ella siempre había estado allí, al alcance de su mano. Su tacto, su cuerpo, cada curva que se apretaba contra él lo hacía sentirse el hombre más feliz del planeta. Por fin estaban el uno con el otro, por fin estaban juntos. Completos. Por fin serian uno sólo.
El hechizo se rompió demasiado pronto. Los gritos comenzaron a llenar sus oídos haciéndolos estremecer. Se separaron mirándose fijamente en un entendimiento mutuo aunque ninguno supo que habían comprendido. Corrieron al castillo. Los gritos eran agudos y aterrorizados. Cuando James y Nix entraron al hall, todos los chicos y los profesores que estaban en el gran comedor se apiñaban del otro lado y en el centro dos niñas se estremecían abrazadas en el piso, aún gritaban débilmente, sus rostros magullados y rastros de sangre en algunos sitios.
Neville LongBotton fue el primero en aproximarse, se arrodilló junto a ellas tratando de consolarlas, pero las niñas parecían no querer moverse.
¿Qué pasó? – les preguntó, una se encogió aún más, la otra con una mano temblorosa señaló hacía el techo con los ojos desorbitados de terror. Cada persona siguió la dirección de su pequeño dedo.
James apretó la mano de Nix cuando lo vio, y ella a su vez se acercó a él mirando con terror la masa oscura que se cernía sobre ellos, una nube de oscuridad que se arremolinaba violentamente, se apretaba y se extendía en su forma incorpórea, y de repente se desvaneció, desapareció frente a sus ojos.
El Gryffindor sintió el miedo enroscándose en su estómago como una serpiente inquieta. James reconoció esa oscuridad, conocía ese olor dulzón y putrefacto que desprendía. Lo sentía a menudo sobre él, la veía cada vez que las voces inundaban su mente.
