Domingo 10 de Diciembre las 8 am con exactitud podía comprobar mirando perezosamente hacía mi derecha el reloj que yacía en mi pequeño mueble pegado a mi tan cómoda y enorme cama. Lo último que quería hacer un domingo era madrugar para ir de compras, más si mis papás se empeñaban demasiado con recorrer cada uno de las tiendas que había en la plaza deteniéndose cada segundo en algún producto aunque no fuera de su interés total. Imaginando el martirio que sería posiblemente toda la mañana y gran parte de la tarde en dicho lugar, tallaba fuertemente mis ojos y con el desgano absoluto de mi cuerpo lo forcé a pararse llevándolo directo a la regadera para ver si podía al menos mantenerlo un poco activo y preparado para dicha desgracia. Error, justo cuando puse el pie fuera de mi cama automáticamente perdió fuerzas y me hizo caer de nuevo en la cama, si, definitivamente mi cuerpo no quería hacer absolutamente nada ese día y me volví a tapar de pies a cabeza con el edredón calentito que me regalaron en mi cumpleaños pasado.
Mi cerebro comenzaba a flotar, eso sólo quería decir que estaba perdiendo consciencia absoluta y el sueño de nuevo estaba apoderándose de mi. Error, de nuevo. - ¡Bárbara! Levanta tu trasero inmediatamente y apresúrate que entre más tarde sales mucho más tardaremos nosotros jovencita- ese ensordecedor y molesto ruido provenía de mi padre el dramático Hiram Berry. Así que hice todo rápidamente antes de terminar de perderme por completo en mi sueño. - ¿Es de suma importancia que asista a sus compras el día de hoy ? - lanzaba la pregunta justo al terminar de bajar las escaleras. -Cariño, sabes lo realmente importante que son estas compras familiares justo en estas fechas para tu padre ¿no? - Leroy acariciaba mi mejilla tiernamente mientras intentaba ablandarme con ese comentario que por lo bien dicho no era más que pura compra para hacerme ir por completo. -Uff, si no queda de otra- suspire pesadamente dirigiéndome sin mirar atrás a la salida. No me malinterpreten no era que detestara ir de compras con ellos, realmente era algo entretenido y muy cálido sobre todo sabiendo el frío que hacía fuera, sino más bien es que es domingo por la mañana ¡Domingo! ¿ comprenden? En fin, a pesar de mis abrumados berrinches durante un buen rato en el carro ya nada podía hacer, más que mirar fijamente por mi ventana que era algo que siempre hacía en carretera sobre todo cuando la nieve se hacia presente.
Amaba ver las calles llenas de copos de nieve, de hecho contaba los que se iban derritiendo en mi ventana, tanto me entretuve haciéndolo que no me percaté de que ya habíamos llegado hasta que escuche la puerta de mis padres abrir y cerrar casi con un segundo de diferencia. Lanzando un suspiro enorme me decidí a salir también del automóvil siguiéndole el paso a mis padres que ya estaban prácticamente adentro olvidándose de mi, así que me apresure más para no perderles la pista pues no pensaba perder más tiempo buscándolos que comprando.
- Vamos Rachel, pareces el Grinch navideño de las compras - Hiram de nuevo con sus comentarios recriminatorios por mi estado de ánimo mientras lanzaba sus brazos al aire haciendo maniobras las cuales decidí ignorar así como también me abstuvo de contestar algo al respecto, no así mi papi Leroy.
- Hiram, deja a la niña, en su defensa es demasiado temprano para estar de pie- decía mientras me volteaba a ver guiñándome un ojo. - No le costaría estar tanto de pie si no hubiera llegado a la hora que llegó anoche- frunciendo el seño con un toque molestó detuvo su camino para mirarme. - Estaba en casa de Kurt porque era noche de películas y es algo que tú ya sabías- respondía molesta -Así como también sabías que debería haberme quedado a dormir ahí como sucede siempre que hacemos esas reuniones pero ¡no! tuve que regresar porque mi celular no paraba de recibir llamadas de un padre dramático que pensaba de todo menos lo que realmente estaba haciendo- todo esto lo dije sin detenerme a respirar un momento pero es que estaba demasiado molesta que me reclamará cada que podía algo que en si no era para nada malo, ya no tenía 12 años, ya ni si quiera tenía 15 ¡YISUS!. - De acuerdo de acuerdo, vamos a calmarnos y hacer una tregua para poder realizar las compras tranquilos y en familia ¿si? - un cansado Leroy nos decía alternando su vista entre la de mi papá y la mía. Ambos asentimos no muy convencidos y seguimos avanzando para adentrarnos a la plaza, debo admitirlo, era realmente enorme y muy bien colorida representando la verdadera magia de este mes, te transmitía un entusiasmo inexplicable que nada más de verlo los tres nos miramos y sonreímos como niños chiquitos. Estas fechas eran realmente importantes y bien valdría la pena entrar a cada tienda dentro de la plaza, ya que todas lucían llamativas y tan diferentes pero con la misma sintonía del momento.
En la parte principal había un enorme árbol navideño muy bien decorado con sus enormes esferas de colores y brillantes luces de neón. Y a su alrededor una fuente improvisada que tenía un letrero enorme que leía "Deseo de mi alma, sueño de mi corazón, no ocupas lanzar una moneda sólo basta con pedirlo con amor" debo admitir que mi lado poeta salió a flote al leer esa frase, quedé tan fascinada que no me di cuenta cuando mis padres decidieron entrar a la primera de las tiendas y yo como si de un imán se tratase me dirigí hasta esa fuente, pasando entre la gente logre llegar al borde de ella y mi mirada fue hacía abajo encontrando bastantes esferas de plástico y diferentes colores, una sonrisa idiota se instaló en mis labios totalmente fascinada por la temática, hasta que alguien me saco de ese trance en el que me encontraba cuando tocaron mi hombro delicadamente pero a una persona con el drama por las venas como yo le provocó un pequeño escalofrío y brinqué mientras volteaba hacía esa persona. Un chico alto vestido de duende con una sonrisa radiante y unos ojos tan brillantes y tan azules me miraba fijamente pidiendo disculpas por el susto que me ocasionó.
-Hola, lamento mucho eso, pero veo que quedaste embelesada con nuestro pequeño hogar, así que no pude evitar venir y animarte a lanzar tu esfera- mi cara era un poema total pero él seguía hablando- prometemos llevarla a Santa para que te traiga tu regalo en navidad- seguía sonriendo sin parar después de terminar de hablar llegando a contagiarme y sonrojarme, pues sus ojos miraban fijamente los míos sin parpadear. -Si que me diste un buen susto, además de ser un duende alto que eso ya dice mucho, pero veo que lo sabrás recompensar- guiñándole el ojo y recorriendo mi cabello detrás de mi oreja estire mi mano para recibir mi esfera, pero no fue así, el duende alto saltó al borde la fuente ofreciéndome su mano para subir con él. Con algo de duda la tome y mientras él seguía con su hermosa sonrisa señalándome el enorme árbol. -Veras, no se trata de que las cosas lleguen a ti, si tú en verdad lo deseas tanto tienes que hacer todo para llegar por ello, así que sólo tienes cruzar el puente que te dirige hacia el árbol sin pisar ninguna de las esferas que hay dentro, una vez que llegues a el, sólo buscas la esfera que tú quieras, el color que desees y una vez hecho el primer paso te indicare el siguiente- mis ojos se abrieron enormemente al escucharlo, yo pensé que realmente sería sencillo pero tener que cruzar esos cuadros separados en el aire no era muy de mi agrado, aunque gracias a su forma filosófica al planteármelo debo admitir, me llenó de curiosidad así que me dirigí al primer cuadro, el cual pise muy lentamente mientras cerraba mis ojos por producto del miedo a caer. Listo, ya tenía ambos pies en ese cuadro sólo faltaban cuatro más, pero su separación era muy notoria así que intente repetir la acción del primero con todo el miedo del mundo hasta llegar al segundo luego al tercero y finalizar con el cuarto. Suspire una vez frente al árbol, se miraba más enorme de cerca, no dude y alce mi mano entre sus ramas enormes hasta agarrar la brillante esfera amarilla. La jale delicadamente y una vez en mis manos volteé triunfante hacia mi duende alto quien sonriendo levantó sus pulgares efusivamente y después me lanzó un grito. -¡Sostente fuerte!- espera sostenerme ¿de qué?, pero no tuve tiempo de preguntar cuando con su mano apretaba un botón y el cuadro donde estaba se movió velozmente pegándose al resto de las piezas y llevándome hasta mi duende quien me recibió con una enorme sonrisa mientras yo intentaba recobrar mi respiración después de tremendo susto. -Vaya chica, la vida si que sorprende ¿no?, bueno, ahora sólo toma este plumón y escribe lo que desees en ella, tomate tu tiempo- con mi mano temblorosa sujete el plumón y lo puse entre mis dedos lista para escribir en ella, realmente no tenía mucho que pensar, yo ya lo sabía, así que sin más plasme en esa esfera amarilla mi más grande anhelo. Después de hacerlo se la entregue a mi duende alto y él sin perder su sonrisa me tomó de la mano y me hizo lanzar la esfera junto al resto de las que se encontraban en la fuente, y llevando mi mano al segundo botón que no había visto cuando recién llegue me hizo presionarlo y al instante la fuente comenzó a girar junto con las miles de esferas dentro de ella hasta que se detuvo.
- Muy bien, el segundo paso está hecho, ahora tendrás que terminar de hacer tu recorrido por la plaza pero antes de marcharte a casa regresaras para el tercer y penúltimo paso- y como si estuviéramos bailando me hizo girar alrededor de él susurrándome un nos vemos pronto mientras me empujaba a seguir mi camino. Algo consternada comencé a caminar pero no sin antes regresar mi mirada hacia él nuevamente, aunque ya no estaba y llenándome de curiosidad emprendí el camino en busca de mis padres deseando terminar lo más pronto posible por volver a mi tercer raro pero curioso penúltimo paso.
