Disclaimer: HP no me pertenece
Cuando muera la tarde
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Draco estaba tarareando una canción y comiendo una pluma de azúcar cuando su madre tocó la puerta y entró a su habitación. Estaba sentado en el barandal del balcón, meciendo los pies tranquilamente y pensando en que debería volar más tarde; pero apenas escuchó la puerta abriéndose se detuvo y, sonriendo levemente, cerró los ojos, transformando ese negro abrumador en plateado. Volteó hacia ella y sonrió suavemente al verla, estirando la mano en su bienvenida.
-Hola, Madre.
-Hola, hijo ¿cómo te sientes hoy?
En realidad, ella no estaba preguntando cómo se sentía, sino que tan loco estaba hoy. Tomando en cuenta que había torturado a tres hombres ayer, se sentía realmente bien. Como antes de que todo el tema de la guerra comenzara. Como antes de conocer a Potter, cuando la vida solo se trababa de platicar con sus amigos, ir a fiestas sociales y aprender protocolos sangre puras. La guerra había terminado hacía unos meses, pero cuando eso había pasado, él y su familia habían ya huido, Típico de los Malfoy. Desde entonces se escondían en una casa segura, no incluida en los registros del Ministerio, en Suiza; rodeados de montañas y árboles. Viviendo tranquilamente. Había pasado bastante desde que había adquirido esa locura y con el paso del tiempo había logrado controlarla; siempre que pudiera tener la vida de una persona como mínimo cada 15 días. Por ello, Draco se había dedicado a buscar entre las peores personas que encontraba para calmar su sed. Estaba bien, se dijo, le estaba haciendo un bien al mundo y a la vez, este se lo hacía a él.
-Estoy bien-respondió mirando a las afueras. Los primeros días fueron los más difíciles. La locura dentro de él ansiaba por consumirlo, tenía una sed enorme de sangre y probablemente lo hubiera hecho su esclavo, si Potter no hubiera dicho que en realidad no lo odiaba. No me agradas, pero no te odio. Draco rió irónico de las palabras del otro y su madre lo miró preocupada, pero él solo negó suavemente con la cabeza.- Es un lindo día. Es todo. Estaba pensando en volar.
Narcissa tragó el nudo en su garganta y asintió.
-Lo es.
-He estado pensando en ir a Rusia-comentó él- y hacer estudios ahí. No puedo volver a un colegio, pero puedo tener tutores. Buscar un trabajo. Puedo ser un rompedor de maldiciones oscuras, un domador de dragones, no lo sé aún. No he pensado muy lejos.
Ella asintió tragándose las lágrimas que intentaban consumirla al saber que el rubio quería alejarse y porqué lo hacía. Ambos sabían porque Draco no podía volver al colegio. Terminaría matando a alguien. Y tampoco podía quedarse cerca de ellos y centralizar los asesinatos. Llamaría demasiado la atención, y si no conseguía a alguien a quien seguir los pasos, podría simplemente un día atacarlos a ellos.
Draco no iba a arriesgarse, así que lo mejor sería irse.
-De acuerdo-susurró.
-¿Dónde está padre? Ha estado evadiéndome-comentó tratando de cambiar el tema, y Narcissa asintió.
-Está intentando detener la locura Black en ti-respondió tomando una pluma de azúcar que él le extendió.-Se la ha pasado la noche enterrado en los libros de la vieja Biblioteca Familiar en busca de algo que te ayude a trasladarla a un objeto o algo así. Dijo algo acerca de un objeto similar a un horrocrux, pero que contenga la magia negra dentro de ti.
-¿La magia negra? ¿Eso no quitaría mi habilidad de lanzar hechizos oscuros? ¿No existe la posibilidad de volverme un squib?-preguntó.
-Probablemente.
-Nadie lo ha echo hasta ahora, no creo que encuentre nada-respondió él, empezando a mover nuevamente las piernas. Su madre suspiró, sabiendo que si el chico resbalaba solo lanzaría un hechizo de levitación sobre él y lo dejó ser.
-No, nadie lo ha hecho.
Draco sonrió de lado.
-Estoy bien, madre. De verdad. Debería simplemente pasar más tiempo conmigo, como en los viejos tiempos. Merlín sabe que un día las cosas pueden salir mal y podría ser arrestado, ocasionar una masacre, o morir.
-Lo sé, Draco. Es solo... nos hubiera encantado que tu amor hubiera sido correspondido. Que ella no se hubiera enterado. Que hubieras tenido la oportunidad de amar a alguien más.
Draco asintió, bajando al balcón.
-A mi también, pero hey, podría ser peor. Podría ser como ella que se casó con un hombre solo para complacer a su Lord y enamorada de esa cosa sin nariz. Y aún puedo amar a alguien, y mira, no pasará nada si me rechaza-rió, tratando de aligerar el ambiente.- La parte buena es que no estoy intentando matar activamente al Salvador del Mundo Mágico, y en cambio estoy aquí, comiendo dulces.
A ella no le pareció divertido, y fue notable cuando le dio un golpe en la mano.
-Me alegra que le veas el lado bueno.
Sin embargo, ella había notado que él no decía su nombre porque cuando lo hacía sus ojos ennegrecían. Se limitaba a llamarlo por apodos.
La última vez que había oído de su tesoro había incendiado una habitación entera.
-Si, bueno-sonrió él de lado.-La otra parte buena de esta locura es que no tengo tantos escrúpulos como antes y pude vengarme tanto como me complació. Ella estaba arrepentida. Una locura incompleta, totalmente insatisfecha de no tener todo el control. Odiándola por atarla a mí tanto como yo odio estar atado a ella.
La cara de Narcissa endureció al pensar en su hermana. Bellatrix había terminado sin vida dentro de Azkabán. La matriarca de los Malfoy no sabía como se las había arreglado Draco para escabullirse y torturarla hasta la muerte sin dejar rastro, hasta que no fue más que despojos irreconocibles que los aurores que tuvieron la dicha de recogerla jamás olvidarían; pero como sea que lo hubiera hecho, ella sabía que pudo ser peor, mucho peor.
Draco tenía razón al decir que esta no era una locura normal.
Bellatrix nunca se había mostrado cuerda como Draco logró empezar a mostrar luego de los primeros meses. Bellatrix jamás había mostrado culpa, o arrepentimiento. Draco lo había hecho, pero ella sabía que su hijo también era buen actor. Podría estar actuando frente a ellos, y ellos jamás lo sabrían.
Una locura que no había tomado por completo la voluntad del huésped...
Narcissa jamás había sabido de aquello.
Su hijo decía que fue porque Potter se retractó de sus palabras a mitad del cambio. Ella no lo creía. Decenas de Black habían oído un rechazo y luego una retractación, pero ni siquiera esta había dado marcha atrás al cambio en ellos. Y terminaban matando a su persona amada.
Pero Draco estaba dejando vivir a Potter.
¿Por qué?
-Draco-la voz de su padre llamándolo lo hizo voltearse y miró al hombre rubio, con aspecto cansado y ojeras. Draco no pudo evitarlo y lo abrazó.
-Lamento hacerles esto-susurró y el hombre lo abrazó de vuelta. Colocando una mano sobre su cabeza.
-No es tu culpa. Encontraremos una solución-susurró abrazándolo más fuerte.
-Pero lo es. Jamás debí enamorarme de esa persona.
A medida que pasaba el tiempo, ambos padres fingirían no ver ni escuchar el silencioso llanto de su hijo, mientras ellos mismos dejaban sus lágrimas caer.
