Disclaimer: HP no me pertenece


Cuando muera la tarde

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5

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No lo entiendo-se escuchó murmurar a medida que caminaba por los pasillos de Malfoy Manor-¿por qué estoy en la Mansión si la dejé hace meses?

Confundido, Draco caminó y caminó por lo que le parecieron horas hasta llegar al centro de Malfoy Manor, a la habitación de los ancestros. No se suponía que debiera entrar, no había entrado cuando estuvo ahí, no sabía como era la habitación; aún así su mente lo llamó a tomar el pomo de la puerta y abrirla, y él obedeció.

Curiosamente, dentro de la habitación vacía había alguien. Rubio, como todos los Malfoy, y en su mano sostenía una pequeña esfera de luz.

-¿Quién eres?-preguntó él, y cuando esa persona volteó, se vio a sí mismo, sosteniendo la esfera.

Jadeó sorprendido y sus ojos se abrieron más de lo usual.

Y entonces sintió claramente como algo lo atravesaba por detrás.

-¿Pero qué?-exclamó sintiendo la sangre brotar por su boca y como sus piernas perdían fuerza. Con temor, volteó hacia atrás, a medida que caía y miró su propio rostro, con una sonrisa malvada y ojos oscuros. Escuchó su propia voz gritar de terror, y por otro lado reír.

-Oh no, Draco, querido Draco. ¿Realmente crees que puedes escapar? Yo soy tu. Tú eres yo. No importa qué, siempre sabré donde estás. No importa que tan fuerte seas, que tan rápido corras, cuánto te ocultes dentro de tu propia mente, te encontraré, y me amarás o morirás en el proceso. No resistirás para siempre y entonces serás mío, y él también. No te preocupes, lo haré pagar, por todo tu dolor, todo tu sufrimiento. Mientras más tiempo te resistas, más cruel seré con él. Vamos, déjame encontrarlo. Él también quiere encontrarte.

Intentando arrastrarse hacia esa pequeña luz a pesar de las heridas, Draco cerró los ojos, pensando en su tesoro.

Por favor, un poco más, pensó. Debe hacerse más fuerte. Debe poder matarme.

Por favor, un poco más, pidió.

Realmente no quiero matarlo.

Tal vez fue su idea, pero a medida que cerraba los ojos, aún tratando de estirar su mano y sintiendo la sangre recorrerlo, le pareció que la luz brilló un poco más.

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Draco abrió los ojos cuando la noche cayó.

No era raro, la oscuridad se arriesgaba a cazar de día, cuando era más débil, así que los horarios de Draco podían variar frecuentemente. Hoy, por ejemplo, ese ente tenía hambre, lo que significaba que Draco saldría a cazar y luego regresaría a dormir. Suspirando, y de mala gana, Draco se estiró y se levantó de la cama, preparándose para salir. Estaba medio dormido aún cuando caminó por las calles frías y oscuras de la ciudad (cerrando su chamarra y poniendo su capucha para que su cabello no llamara la atención), pero conocía la rutina así que no se preocupó de que algo saliera mal. Ya había terminado de alimentar su oscuridad sintió que era observado, así que miró hacia el lugar donde sentía que provenía la vista, pero no había nadie.

Nadie estaba ahí, pero ciertamente lo estaban observando.

La magia oscura lo sabía.

Sabía que era observada, que estaba causando miedo en alguien, y se deleitaba con ello.

Sabía que ese alguien era su tesoro y estaba complacido con ello. Porque su tesoro, no dejaba de mirarlo, no podía olvidarlo a pesar del deseo original del huésped quien la obligaba a permanecer lejos. Solo tenía que matarlo y el trato estaría completado, si tan solo pudiera acercarse...

Inconscientemente, Draco recordó ese sueño de hacía mucho tiempo atrás.

-No lo entiendo-susurró en silencio-¿por qué no te alejas de mí? ¿Por qué necesitas observarme? Eres tan egoísta... Tan cruel... A menos estés dispuesto a enfrentarme y sobrevivir, por favor, deja de hacerlo.

Por supuesto, ese susurro venía de Draco y no de la vieja y oscura magia Black. Ella estaba ansiosa por ese encuentro y Draco lo sentía en todo su ser. El punto de toda la oscuridad, era atrapar al huésped y consumirlo mientras este empezaba a tomar, poco a poco, placer en matar, en vengarse por ese corazón roto; y si no lo hacía, la oscuridad empezaba a matarlo. El sacrificio para apoderarse de la oscuridad como lo hicieron sus ancestros era la sangre del tesoro. Si era sacrificado de día, antes de apoderarse del huésped, todo se desvanecía. Si era sacrificado después de la primera noche, completaba el contrato. Lo peor es que lo que te dominaba no era realmente el elemento Oscuridad. No, el contrato te permitía manipularlo, pero lo que te dominaba era algo más oscuro, más maldito. Manejar la oscuridad era un don, como la luz. Un don mágico. Pero esto, esto era diferente. Esto necesitaba renovarse continuamente de sangre. Era magia negra aplicada por la misma persona, una y otra y otra vez. Magia negra que aún no terminaba el ritual, que sabía que ya no liberaría al huésped . Draco había descubierto este hecho a medida que el tiempo pasaba, investigando a través de sus viajes, cambiando la idea original de que la retractación de Potter había hecho algo. Si lo había hecho, bueno, tenía que agradecer conservar parte de su cordura, pero Draco lo dudaba mucho. Lo contrario del odio era el amor, y esa era probablemente lo único en sus palabras que podría cambiar algo.

Y él no lo amaba.

A veces, Draco se preguntaba si él mismo lo hacía. Habían pasado demasiado tiempo, pensó.

¿Dos? ¿Tres años?

¿Potter ya se había graduado de auror? ¿Se había casado con la comadrejilla?

¿Estaba buscando cazarlo?

Probablemente, pero el hecho era, que en el fondo, Draco no quería morir, ni matar a Harry Potter. Empezó a alejarse de él, porque era la única opción que les permitía a ambos sobrevivir, intentó asustarlo, burlarse, pero él no se había ido. Insistía en vigilarlo de vez en cuando. Y después de tanto tiempo, Draco ya ni sabía para qué. Lo único que sabía era que estaba tentando a su suerte a medida que tiempo avanzaba, porque nunca, jamás, un tesoro había sobrevivido.

Como fuera, la adrenalina de la caza, el poder y el hecho de que ya no tenía que arrodillarse ante nadie, había hecho que Draco empezara a disfrutar la oscuridad y a emplearla. Quizá eso era suficiente para la magia Black. Quizá simplemente la magia no podía empezar a matarlo hasta que Draco complete el trato. Como fuera, Draco no quería averiguarlo.

No durará para siempre.

El pensamiento inconsciente hizo a Draco suspirar y rodar los ojos, recuperando el color plateado en ellos, y bostezando levemente. Estaba por volver a casa cuando frente a él aparecieron unos aurores.

Aurores ingleses, para ser exacto.

Mierda, probablemente venían tras los que Draco se había cargado.

-Maldita sea-se quejó en voz baja.

-Alto, ahí, quien sea usted. Suelte el arma y alce las manos. Sabemos que es un mago. Sentimos la magia. Está arrestado.

Oh, sentían la magia. Que divertido.

¿Sabían que Draco no solo tenía la magia más peligrosa, si no también que no necesitaba su estúpida varita para usarla también?

Estaba a punto de sonreír y burlarse cuando lo sintió.

Su tesoro estaba ahí.

Perdiendo la diversión, Draco volteó y enfocó su mirada en él a medida que se le repetían las órdenes anteriores. Sabía que sus ojos estaban fulminando de negro, y su capucha ocultaba su cabello rubio evitando a los demás reconocerlo; pero no podía engañarlo a él quien hace segundos lo había estado observando, y podría reconocer perfectamente el lugar y la ropa que usaba. Sabía que podía masacrar a todas esas personas en cuestión de segundos si lo deseaba y tratar de eliminarlo ahora; pero cuando miró a su tesoro, éste estaba mirando a las personas tiradas al suelo, con ojos horrorizados y luego lo miró a él, y pronunció su nombre sin hablar, dando un paso hacia adelante.

Y Draco, recuperó el control de su cuerpo.

Sus ojos volvieron a ser grises y sus deseos de matar se esfumaron.

Lo único que supo es que quería irse lejos de él y ese dolor que lo había recorrido mucho tiempo atrás volvía a invadirlo, a la vez que esa cosa se regocijaba de emoción al pensar que esta vez si vengaría su corazón roto.

-No, no lo creo-respondió a la nada y se apareció, contrario a lo que la cosa dentro de él deseaba.