Disclaimer: HP no me pertenece
Cuando muera la tarde
.
6
.
No había una razón exacta por la que Harry miraba a Draco. Siempre lo había hecho, desde el primer año. Llaménlo dolor auto-infligido, obsesión, cautela, curiosidad, Harry no podía parar de verlo. Especialmente cuando cerraba los ojos y se quedaba dormido pensando en él.
Quizá abriste una conexión con él al tocar el libro. Es decir, esa cosa se escribe sola...
Cada vez que Malfoy estaba frente a él, las palabras de Ron rondaban por su cabeza. Y lo veía. Realmente lo veía. No al chico que una vez quiso que Harry creyera que era, o quien fue de pequeño. No, ahora, veía cosas al azar, partes de la persona que una vez pudo ser su amigo. Cuando era de día, él se veía normal, como si la guerra nunca hubiera pasado por él. Un hombre común y corriente, haciendo lo que hacía todos los días. Ir de compras, conversar, reír a carcajadas, trabajar, ver una película en el sillón, platicar con sus padres... A veces parecía que sufría, y en esos días se sentaba y abrazaba sus piernas, llorando silenciosamente. En algunas ocasiones, Harry lo vería intentando dormir o lidiando con las pesadillas. Estaban esos momentos en que parecía que disfrutaba el poder y no le molestaba dejar salir la oscuridad. Y una que otra noche, Harry lo vería cazar.
No podía decir que sus ojos manifestaran la locura, pero tampoco podía exclamar que no estaba ahí. Ya no tenía esa mirada que había tenido en el recuerdo que Hermione y él habían visto, esa sedienta de sangre, y con falta de cordura; tenía otro nivel, una más calculadora, más centrada, menos dispersa. Más peligrosa. Como si hubiera aprendido a usarla a su antojo. Como si incluso jugara con ella, como una serpiente alrededor de su cuello, lista para morder pero sin dejar de acariciar a su dueño.
Malfoy estaba controlando esa oscuridad, la usaba como arma, como escudo. Nadie podría herirlo ahora, porque incluso si intentaban dañarlo, el slytherin los destrozaría uno por uno, como pequeños muñecos a los que les controlaba los hilos. Cuando cazaba a los criminales, se notaba la adrenalina, la diversión y el desafío que sentía. Sus ojos brillaban poderoso e invencibles como cuando perseguía la snitch, y al ver esa mirada, Harry se preguntaba si la locura lo había controlado, o él había controlado a la locura. Y cuando pensaba en ello, se preguntaba si Malfoy quería ser liberado de ella.
Y luego estaban esos días. Esos días en que lo atrapaba mirando a la nada. Con esa mirada en blanco que las personas tenían cuando ya no podían más. Que indicaban lo muy exhaustas y desesperadas que se encontraban. Le gustaban los lugares altos, eso era un hecho, un balcón en la Mansión de sus padres, lo alto de un edificio, en el cielo con la escoba... Le gustaban, y Harry le aterraban, porque tenía miedo que intentara lanzarse de ahí para acabar con todo.
Como si esa cosa oscura lo supiera, una vez había saltado de lo alto del balcón, asustando completamente a Harry, quien había corrido hacia él, deteniéndose antes de saltar tras él.
-¡Malfoy, detente!-gritó, pero el rubio no se había lastimado. Había caído elegantemente, como si flotara, y luego había lanzado una mirada mordaz a su dirección y se había burlado.
¿Realmente crees que moriré así, tesoro? No temas, eso sería patético. Por otro lado, tesoro-exclamó sacando la varita- ¿que tal si hoy intento un Avada? ¿Crees que esta vez pueda alcanzarte?
Harry había despertado antes de que la luz verde siquiera saliera de la varita, pero eso no había detenido el temblor que recorrió su cuerpo ante la vista del rubio, quien una vez tembló y lloró suplicando no lanzar ese hechizo, tirándolo sin dudar. Sabía que quería matarlo, lo sabía, cuando notaba que Harry lo veía, el negro oscurecía la hermosa vista plateada. Si Harry tenía suerte, Malfoy simplemente obligaría a sus ojos grises a volver a él, y se alejaría de donde fuera sintiera a Harry, mandándolo a volar. Como dándole tiempo de retirarse sin ser lastimado de alguna manera. Nunca hablaba con él cuando estaba cuerdo. Así era como sabía que Malfoy tenía el control y no esa cosa, porque no intentaba molestarlo. Simplemente fingiría que no sabía que estaba ahí.
Sin embargo, esta vez, Draco habló. Su voz, monótona y triste, salió de él y se dirigió directo a Harry, en medio de un lugar vacío, lleno de personas en el suelo.
-No lo entiendo ¿por qué no te alejas de mí? ¿Por qué necesitas observarme? Eres tan egoísta... Tan cruel... A menos estés dispuesto a enfrentarme y sobrevivir, por favor, deja de hacerlo.
Parecía un susurro, como si Malfoy no quisiera que lo escuchara. Sintiéndose impotente, apretó dolorosamente los puños ante la manera en que Malfoy estaba aclarando que, una vez que se reunieran, uno no saldría con vida. Era lo natural, ¿no era así? Al final, solo habría dos posibles finales: o dejaba que lo mataran o tendría que matarlo a él. De otra manera, jugarían a este juego por siempre.
Lo había pensado mucho, lo sabía, pero se negaba a hacerlo.
No puedo dejarte solo, pensó dolorosamente. Quiero saber dónde estás. Que estás bien. Qué estás vivo. Qué no eres como ella.
Y si eso era egoísta y cruel, entonces Harry seguiría siéndolo. No quería causarle más dolor, pero algo en él le decía que era necesario. Que si lo dejaba ir, Malfoy finalmente dejaría que esa cosa lo controlara. Y si, quizá para Malfoy lo mejor sería alejarse, dejarlo ir, dejarlo vivir esa nueva normalidad en él sin el constante recordatorio de la persona que lo había rechazado; pero Harry no quería rendirse. Él quería salvarlo, quería recuperarlo, quería liberarlo. No lo quería lejos. Quería que estuviera ahí, encontrándose con él en el Ministerio, en Hogsmeade, en Gringotts, en donde fuera, rodando los ojos, diciendo palabras cizañosas, burlándose de él. Quería, necesitaba al Malfoy normal. Su consciencia no le permitía dejar que, alguien que lo amaba tanto, viviera con tanto dolor y desgracia solo por ello. Que se viera obligado a hacer lo que más detestaba, que era matar.
Yo te hice esto, se decía una y otra vez. Perdóname. Perdóname, por favor.
Sin embargo, por mucho que respondiera, por mucho que gritara, la voz nunca llegaría a él. Porque esa cosa no parecía dejar que Draco lo escuchara. La oscuridad, quería cazarlo. Lo amenazaba, se burlaba fríamente, se deleitaba de su terror. Si fuera solo por ella, volvería a Inglaterra, iría al Ministerio, e intentaría matarlo sin ningún problema.
Pero eso no es lo quieres. Tú, él verdadero tú no está cazándome. Quiere que viva. Está luchando. Y mientras ese tú siga vivo, siempre intentaré salvarte.
Realmente quiero salvarte-susurró apagado y sintió su corazón quebrarse. -Pero soy tan inútil que aún no descubro cómo. Aún cuando paso todo el tiempo en la Biblioteca Black, aun cuando pienso en ello, una y otra vez, no sé cómo.-Exclamó desesperado.
-¡Potter, Potter, despierta! Están aquí, los hemos localizado. Tenemos que ir antes de que escapen.
Con un aire de tristeza, Harry abrió los ojos, regresando a su realidad. Una misión de campo. Asintiendo hacia la voz, Harry se esforzó en obedecer y ponerse de pie. Limpiando cuidadosamente sus ojos húmedos. Él nunca espero que su hombre, el objetivo de captura, era una de las víctimas que Draco estaba liquidando.
Y cuando lo vio, cuando sus ojos se cruzaron, por un momento Harry quiso ir hacia él y abrazarlo.
Porque lo había encontrado.
Entonces titubeó porque él quería matarlo, y probablemente se llevaría en el camino a todo el que interviniera. Este era, pensó, era su propio castigo. Ningún tesoro había sobrevivido para tenerlo, pero Harry sí. Su castigo era ver, por completo, quien era el otro. Lo que su corazón roto le había hecho, la manera en que lo había destrozado. Quizá simplemente era enamorarse de alguien que ya no podría quererlo.
-¡No, espera!-gritó cuando el otro desapareció y aprovechó el rezago de magia para seguirlo. Aparecieron en lo alto de un tejado, y casi saltó al ver su altura. Sin pensarlo, lo tomó de la mano, justo a tiempo para que se aparecieran en otro lugar, una y otra vez. Cuando por fin pareció rendirse, y aceptar que no lo soltarían, Malfoy se detuvo y lo miró con esos ojos fríos que pronto se volvieron negros.
-¿Realmente estás tan desesperado por salvarme, tesoro?-se burló.-¿Este es el momento en que terminaremos finalmente este torpe juego?
-Malfoy, Draco-exclamó Harry-por favor, escúchame.
Una risa amarga sonó.
-Oh, vas a darme el discurso del héroe, intentando influir en el villano. Lo siento cariño, pero me parece que no has prestado atención. Si quieres un final feliz, eso no va a suceder.
-Draco, por favor.
Pero Malfoy no escuchó, para cuando Harry lo notó, Malfoy estaba perforando su hombro con una daga.
