No poseo los derechos de autor. Los personajes pertenecen a la asombrosa Stephenie Meyer y la historia es de la hermosa Christine Feehan (Saga de Los Carpatianos). Yo solo me divierto un poco.
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-Vamos, Isabella. – chilló el Sheriff Ben Chenney, sintiéndose como un tonto mientras corría junto al tractor. – Tienes que ser razonable. Bájate de esa maldita cosa y escúchame por una vez en tu vida. ¡Estás siendo testaruda!
El antiguo tractor se bamboleaba sobre el terreno, lanzando nubes de polvorienta tierra sobre el inmaculado uniforme de Ben. Isabella esperó hasta que él estuvo totalmente sin aliento y en completa desventaja antes de detener el tractor y sentarse mirando hurañamente hacia el campo. Muy lentamente se sacó los guantes de trabajo de piel.
- Me estoy cansando de estas visitas, Ben. ¿Tú de qué lado estás, de todos modos? Me conoces. Conocías a mi padre. La familia Denali no pertenece a este lugar y ciertamente no tienen derecho a intentar obligarme a entregarles a mi hermano y mi hermana.
Ben se sacudió el polvo que le cubría, rechinando los dientes con frustración. Tomó varios profundos alientos antes de responder.
-No digo que esté bien, Isabella, pero la familia Denali tiene a los hermanos Cullen de su parte, lo que significa un montón de dinero y poder. No puedes ignorarles sin más. No van a largarse. Tienes que hablar con ellos o van a llevarte a los tribunales. La gente como los hermanos Cullen no pierden en los tribunales. – Levantó las manos para asir su pequeña cintura antes de que pudiera saltar del tractor por sí misma. Resistiendo la urgencia de sacudirla para incultarle algo de sentido común, la bajó con facilidad, reteniéndola durante un momento. – Tienes que hacerlo, Isabella. Lo digo en serio, cariño, no puedo protegerte de esa gente. No lo aplaces por más tiempo.
Isabella le empujó alejándose, un pequeño gesto de impaciencia, balanceando la cabeza de forma que su pelo despeinado se desparramó por debajo del sombrero, ocultando el brillo repentino de lágrimas en sus ojos. Ben la dejó marchar rápidamente, fingiendo no haberlo notado. Un hombre tendría que matar por ella si lloraba, y no era probable que nadie que presenciara sus lágrimas quisiera enfrentar su furia.
- Bien. – Isabella empezó a moverse por el campo a paso rápido. – ¿He de presumir que tengo a un montón de ellos acampados en mi porche?
- Sabía que Alice y Alec estarían fuera esta noche. – Ben se había asegurado de que su cuñada invitaba a los hermanos de Isabella a un helado casero.
- Como si eso fuera a ayudar. – Isabella le lanzó las palabras sarcásticamente sobre el hombro. Conocía a Ben desde la guardería. Estaba segura de que seguía pensando en ella como una chiquilla salvaje e indomable, no demasiado brillante, cuando era perfectamente capaz de llevar un rancho ella solita y lo había estado haciendo desde hacía algún tiempo. Le hubiera gustado meterle eso en su dura mollera.
- Isabella, no entres ahí como un polvorín. Esa gente no es del tipo del que se empuja de un lado a otro. – Ben le mantenía fácilmente el paso.
- ¿Empujar de un lado a otro? – Se detuvo tan bruscamente que él tuvo que balancearse hacia atrás para evitar atropellarla. – Ellos están intentando empujarme a mí de un lado a otro. ¡Cómo se atreven venir aquí actuando tan arrogantemente que hacen que desee azuzarles a los perros! ¡Hombres! – Le miró fijamente. – Y otra cosa, Ben. En vez de besarle culo al Señor Sacos De Dinero y su cohorte, podrías considerar lo que está pasando aquí. Mi equipo sigue desapareciendo y algún pequeño duende está trasteando con la maquinaria. Ese es tu trabajo, ¿verdad?... no escoltar a los ricos e infames por ahí. – Empezó a moverse de nuevo, su pequeño cuerpo femenino irradiaba furia.
- Isabella, los dos sabemos que es una panda de críos gastando bromas. Probablemente amigos de Alec. -Dijo Ben, intentando calmarla.
- ¿Bromas? Yo no creo que robar sea una broma. ¿Y qué me dices de mi denuncia de persona desaparecida? ¿Al menos has intentado buscar a Erik por mí?
Ben se pasó una mano por el pelo de pura desesperación.
-Erik Yorkie es un borracho itinerante. Por lo que sabes ese viejo pudo robar tus cosas para pagar su alcohol.
Isabella se detuvo de nuevo, y esta vez Ben tuvo que cogerla de los hombros para evitar tirarla de pleno. Ella le apartó las manos de un manotazo, ardiendo ante la afrenta.
-Erik Yorkie dejó de beber cuando murió mi padre, ¡imbécil! Ha sido de valor incalculable por aquí.
- Isabella. – Dijo Ben con voz persuasiva y gentil. – La verdad es que acogiste a ese viejo indigente por la bondad de tu corazón. Dudo que hiciera nada más que comer cada día. Es un vaquero acabado, un borracho. Simplemente se largó a algún otro lugar. Volverá tarde o temprano.
- Eso dices tú. – Resopló, verdaderamente agraviada con él. – Simplemente dejas la desaparición de un viejo y lo de buscar ladrones a un lado para poder mezclarte con algunos idiotas ricos que están aquí intentando robarme a mi hermano y mi hermana.
- Isabella, vamos, probaron ser parientes y reclaman querer lo mejor para los niños de corazón. Lo menos que puedes hacer es escucharlos.
- Probablemente estás de acuerdo con ellos, ¿verdad? Alec y Alice no están mejor con ese grupo. No sabes nada del asunto, o de ellos. Alec terminaría como ellos, tan arrogante que nadie le podría aguantar, y la pobre pequeña Alice crecería pensando que es una ciudadana de segunda clase porque es una mujer. ¡Pueden irse todos derechitos al infierno por lo que a mí respecta!
Aunque era temprano por la noche y todavía quedaba luz, el cielo súbitamente se oscureció mientras amenazadoras nubes oscuras hervían salidas de ninguna parte. Un viento frío llegó sobre las alas de la oscura masa, tirando con fuerza de las ropas de Isabella. Un estremecimiento de aprensión viajó por su espina dorsal. Por un momento algo tocó su mente. Lo sintió, sintió la lucha mientras intentaba entrar.
- ¿Qué es?
Isabella pudo ver a Ben claramente intranquilo mientras giraba en un lento círculo para escudriñar el área circundante. Tenía la mano sobre el arma, inseguro de si estaban acechándolos o de donde llegaba la amenaza, pero obviamente también él lo sentía.
Isabella se quedó muy quieta, sin mover ni un músculo, como un cervatillo atrapado a la vista de un cazador. Inmediatamente sintió que estaba en peligro mortal. La cosa no era hostil a Ben, pero podía sentir la malevolencia dirigida hacia ella. Fue lo que fuera golpeaba directamente su mente, buscando una entrada. Tomó un lento y profundo aliento y lo dejó escapar, forzando a su mente a permanecer en blanco, pensando en una pared... alta, impenetrable... una fortaleza en la que nada podía entrar. Se concentró completamente en la pared, manteniéndola fuerte, impenetrable.
La cosa pareció retirarse durante un momento, asombrada quizás por su fuerza, pero después golpeó de nuevo, un empujón duro que pareció atravesarle el cráneo y dirigirse directamente a por su cerebro. Isabella pronunció un suave lamento de dolor y cayó sobre una rodilla, sujetándose la cabeza incluso mientras se obligaba a sí misma a respirar pausada y tranquilamente. Su mente era fuerte, invencible, con un muro tan grueso y alto que nadie nunca lo echaría abajo. No importaba que la cosa malevolente fuera tras ella, no se le permitiría abrir una brecha en sus defensas.
Fue consciente, después de unos pocos minutos, de la gran mano de Ben sobre su hombro. Se inclinaba sobre ella solícitamente.
- ¿Isabella, qué pasa?
Cautelosamente levantó la cabeza. La presencia había desaparecido.
-Mi cabeza, Ben. Tengo un dolor de cabeza infernal. – Lo tenía también; no era mentira.
Nunca había experimentado nada como este ataque. Realmente sentía el estómago revuelto, y no estaba segura de poder andar. Fuera lo que fuera eso, había sido fuerte y aterrador.
Ben la cogió del codo y la ayudó a ponerse en pie. Ella estaba temblando... podía sentirlo por los continuos estremecimientos bajo su mano... así que la sujetó. Isabella no le apartó como habría hecho normalmente y eso le preocupó.
- ¿Quieres que llame a una ambulancia?
Los ojos chocolate rieron hacia él incluso mientras se empañaban de dolor.
- ¿Estás loco? Tengo un dolor de cabeza, Ben. La simple idea de entrar en contacto con la familia Denali me da enormes dolores de cabeza.
- Tu hermano y tu hermana son miembros de la familia Denali, Isabella. Tú también lo habrías sido si la adopción se hubiera llevado a cabo.
Isabella agachó la cabeza, sus palabras golpearon el centro muerto de su corazón.
Charlie Denali nunca la había adoptado. Había confesado sus razones en su lecho de muerte, agachando la cabeza avergonzado, con lágrimas brillando en sus ojos mientras ella le sostenía la mano. Había querido que su abuelo se aplacara, que le aceptara de vuelta en la familia. Debido a las circunstancias del nacimiento de Isabella, Charlie había sabido que si la adoptaba, su abuelo en Brasil nunca le permitiría volver a la familia. Había sido demasiado tarde, entonces, para acelerar el papeleo. Charlie Denali se avergonzaba de haber traicionado el amor incondicional de ella por una familia que nunca había respondido a la carta de un hombre moribundo. Isabella había permanecido leal y amorosa, cuidándole, leyéndole, reconfortándole hasta el día de su muerte. Y todavía seguía siéndole leal. No importaba que hubiera muerto antes de la adopción...
Charlie Denali no era su padre biológico, pero era su padre de todas formas. En su corazón, donde contaba.
La forma en que la familia Denali la odiaba nunca le había importado, pero ella amaba a Charlie con cada fibra de su ser. Le amaba con la misma fiereza con la que amaba a su hermano y su hermana. Por lo que a ella concernía, la familia Denali no merecía a Charlie ni a sus hijos. Y los dos hermanos Cullen, guardianes y matones de la familia Denali, podían volverse justo por donde habían venido de vuelta al infierno que tantos de ellos había engendrado. Eran directamente responsables del amargo odio del abuelo de Charlie hacia ella.
Ella no era lo bastante buena para ser miembro de la familia Denali. Ni tampoco su amada madre. El abuelo de Charlie había proclamado que nunca sería aceptada en su ilustre familia y sus razones habían quedado abundantemente claras. La madre de Isabella nunca se había casado con su padre, no había nombre en el certificado de nacimiento de Isabella, y el abuelo de Charlie nunca aceptaría a una ramera anglosajona y su bastarda en su familia de sangre pura.
Mientras ella y Ben rodeaban el huerto de verduras hacia la casa del rancho, Isabella desaceleró el paso, su mente vuelta hacia dentro durante un momento para concentrar su fuerza de voluntad en controlarse. Era importante permanecer en calma y relajada y respirar naturalmente. Alzó la barbilla y avanzó con la cabeza alta para enfrentar a los todopoderosos hermanos Cullen y los miembros de la familia Denali que habían venido a robarle a sus hermanos y su rancho.
Estaban agrupados en su pequeño porche. Eleazar y Alistair Denali se parecían tanto a Charlie que Isabella tuvo que parpadear para contener inesperadas lágrimas ardientes. Tenía que recordar que esta era la familia que tan cruelmente había rechazado a su madre porque había dado a luz a Isabella fuera del matrimonio. Esta era la misma familia que tan insensiblemente había ignorado las súplicas de su padrastro y le había dejado morir sin siquiera una palabra por su parte. Peor aún, estaban aquí para llevarse a Alec y Alice y confiscar el rancho, el último legado de su padre.
Ben la vio alzar la barbilla y suspirar pesadamente. Conocía a Isabella casi de toda la vida. Tenía una vena terca de una milla de ancho. Si estos hombres la subestimaban porque era joven y hermosa, porque parecía pequeña y frágil, se iban a llevar una gran sorpresa. Isabella podía mover montañas si se lo proponía. Nunca había visto a nadie tan decidido, con tanta fuerza de voluntad. ¿Quién más habría cuidado de un hombre moribundo y llevado un rancho enorme solo con la ayuda de un viejo vaquero acabado y dos niños?
Isabella avanzó directa hacia los dos hombres, sus esbeltos hombros cuadrados, su pequeña forma tan alta como podía hacerla.
- ¿Qué puedo hacer por ustedes caballeros? -Su voz fue cortés, distante, mientras gesticulaba hacia las sillas del porche en vez de invitarlos a entrar en su casa. – Examiné cuidadosamente los papeles que enviaron y creo que ya les he dado mi respuesta. Alice y Alec son ciudadanos de los Estados Unidos. Este rancho es su legado, confiado a mí para preservarlo para ellos. Ese es un documento legal. Si desean disputarlo, pueden llevarme a los tribunales. No tengo intención de entregar a mis hermanos a completos extraños.
Un hombre se movió atrás entre las sombras. La mirada de Isabella saltó hacia su cara, su corazón palpitó. Era extraño que no se hubiera fijado en él inmediatamente. Parecía borroso, una parte de las sombras que se avecinaban. Mientras se colocaba bajo la luz del porche, pudo ver que era alto y musculoso, muy imponente. Su cara mostraba una sensualidad ruda, sus ojos eran verdes y fríos. Su pelo era largo, atado en la nuca y asegurado allí de algún modo. Cada sentido de auto conservación le chilló. Él levanto la mano, silenciando efectivamente a Eleazar Denali antes de que pudiera hablar. Ese gesto imperioso, deteniendo al brasileño orgulloso y muy rico, hizo que el corazón le palpitara. Tenía el presentimiento de que él podía oírla. Los hermanos se hicieron a un lado mientras él se deslizaba silenciosamente hacia adelante.
La separación del Mar Rojo, pensó Isabella un poco histéricamente. ¿Había un toque de miedo en los ojos de los hermanos Denali?
Isabella mantuvo su posición, temblando, temiendo que sus piernas temblorosas no pudieran mantenerla en pie. Este hombre la asustaba. Había un dejo de crueldad en su boca y nunca había visto unos ojos tan fríos, como si no tuviera alma. Se obligó sí misma a aguantar, sin volverse hacia Ben en busca de tranquilidad. Estaba claro que este hombre podía acabar con una vida sin pensárselo dos veces. Eso la decidió más aún a mantener a sus hermanos con ella. Si la familia Denali le utilizaba como protección, ¿qué decía eso de ellos? Le miró desafiantemente.
Él se inclinó más cerca, sus ojos negros mirando directamente a los verdes de ella. Al momento sintió un empujón magnético. Reconoció ese toque del ataque mental en su campo. Alarmada, saltó hacia atrás, escurriéndose lejos de él para concentrarse en las botas llenas de rozaduras de Ben. ¡Este hombre tenía habilidades psíquicas como ella!
- Soy Carlisle Cullen. – Él pronunció su nombre suavemente, su voz tan hipnotizadora como sus ojos. – Desea usted escuchar con atención a estos hombres. Han venido desde muy lejos para verla. Los niños son de su sangre.
La forma en que dijo "sangre" envió un estremecimiento por todo su cuerpo. No había alzado la voz en absoluto. Sonaba perfectamente tranquilo y razonable. Su voz era un arma poderosa e hipnótica y ella la reconocía como tal. Si la utilizaba en un tribunal con el juez, ¿podría combatirle? Honestamente no lo sabía. Incluso ella era de algún modo susceptible. Le palpitaba la cabeza. Se presionó una mano sobre las sienes. Él estaba ejerciendo una presión sutil para que hiciera lo que le ordenaba.
Isabella sabía que no sería capaz de resistir esa fuerza implacable durante mucho rato.
Sentía la cabeza como si fuera a hacerse pedazos. El orgullo era una cosa, la estupidez otra completamente distinta.
- Voy a tener que pedirles que se marchen caballeros. Desafortunadamente, este es un mal momento para mí. Me temo que estoy enferma. – Presionó una mano sobre la cabeza palpitante, y se volvió hacia Ben. – ¿Te importaría escoltarlos fuera de aquí en mi lugar e intentaré acordar otra cita cuando me sienta mejor? Lo siento.
Abrió de un tirón la puerta de su casa y huyó dentro hasta la seguridad de su santuario.
Carlisle Cullen sería un poderoso enemigo. El latido de su cabeza a causa de la resistencia contra su ataque mental la estaba poniendo físicamente enferma. Enterró la cara contra su colcha y respiró profundamente, esperando hasta que sintió que la presión se tranquilizaba retrayéndose lentamente. Yació allí un largo rato, aterrorizada por su hermano y su hermana, aterrorizada por sí misma.
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¡Hola, hola! Yo sé cuánto les gustan las adaptaciones de Christine Feehna! Jajaja así que tenía que adaptar otra de sus obras de arte n.n así que si les gustó "El Príncipe Oscuro" y "Magia Oscura", esta historia es para ustedes je
Mañana tendremos actualización de "Serie: La Manada", para que estén pendientes!
No olviden dejar un lindo comentario.
¡Nos leemos pronto!
