No poseo los derechos de autor. Los personajes pertenecen a la asombrosa Stephenie Meyer y la historia es de la hermosa Christine Feehan (Saga de Los Carpatianos). Yo solo me divierto un poco.
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—Buenas noches, Edward.
El sedoso mal en la voz cantarina hizo que el aliento de Isabella se quedara atascado en la garganta. Sacudió la cabeza alrededor para ver con horror al monstruo que permanecía en el borde del claro.
—¡Alec! —Un girto bajo escapó cuando vio a Alec sujeto como un escudo ante de la criatura.
Los ojos de su hermano se veían salvajes de miedo, su respiración llegaba en jadeos de miedo. Había magulladuras en su cara y laceraciones en sus nudillos. Su camisa estaba desgarrada y podía ver marcas en su pecho. Una mano poderosa, encordada con tendones de acero, le aferraba la garganta en una garra irrompible. Una larga uña afilada presionó contra la yugular de Alec e incluso a distancia, Isabella pudo ver la sangre goteando hacia abajo por el cuello de Alec.
¡Edward! Oh, Dios, ¿qué es eso? Nunca había visto nada tan inequívocamente maligno en toda su vida. Parecía un hombre, o algo que una vez había sido un hombre, pero la carne apretada y moteada de púrpura que colgaba de la calavera parecía más muerta que viva. Los ojos rojos brillaban como carbones encendidos en la horrenda cara y largos y terribles colmillos destellaban en la cuchillada sin labios que era la terrible boca de la criatura. Docenas de serpientes se enroscaban alrededor de las extremidades del monstruo, pareciendo surgir de su carne. Filas de afilados dientes como los de una piraña llenaban las mandíbulas abiertas de las serpientes y siseaban y se ondulaban con abierta amenaza.
Una de las serpientes, completamente extendida desde el brazo del monstruo, se retraía lentamente de vuelta hacia su amo. Brillante sangre roja cubría la horrible cabeza de la serpiente y la mente entumecida de Isabella realizó la conexión. La serpiente mutada había atacado a Edward, desgarrando con los dientes la carne de su espalda, apuntando directamente hacia su corazón.
Eso es un vampiro. La voz de Edward resultó cortante a causa del dolor.
¿Cómo de malherido estás?
Él ignoró su pregunta. No atraigas su atención. Incluso mientras pronunciaba la advertencia, la garra del vampiro sobre Alec se apretó.
Su hermano gritó y Isabella alzó la mano, deseando que el tiempo se detuviera, deseando que su mundo volviera a lo que había sido solo momentos antes.
—No. —Expresó la suave súplica mientras se ponía en pie. Su mirada se movió hacia Edward. No tenía ni idea de cómo estaba todavía en pie con ese agujero abierto en la espalda y la sangre corriendo por su cuerpo.
Estaba tan centrado en ti que no sentí su presencia, querida. No había cometido semejante error desde que era un jovencito. Su voz era cansada, pero tranquila. Quédate detrás de mí donde él no pueda tener un campo de visión claro de ti.
—¿Isabella? —Alec sonaba joven y aterrado.
El vampiro le sacudió, hundiendo su uña más profundamente haciendo que el chico gritara de terror y dolor. Más sangre goteó. Con un pequeño sollozo, Isabella se apresuró hacia adelante. Edward la cogió cuando intentaba pasarle y la empujó tras él.
Oh, Dios, Edward, ¿y Alice? Estaban juntos en la casa mientras yo estaba contigo. Había culpa y miedo en su mente.
Alice está a salvo, rápidamente dormida en su cama con su perro guardándola, la tranquilizó Edward.
—James Masen. —Edward hizo una pequeña reverencia. —Ha pasado mucho desde la última vez que nos vimos.
La criatura rió secamente, el sonido perforó los oídos de Isabella.
—Sabía que lo recordarías. Te has vuelto descuidado, Edward.
¿Os conocéis? Isabella no se lo podía creer, incapaz de apartar la mirada de su hermano y el horrendo vampiro que le sujetaba.
Fuimos amigos una vez.
—Así que has venido en busca de justicia, James. Si lo hubiera sabido, no habría estado ocupado en otra cosa y te habría preparado una bienvenida apropiada. —Había completa confianza en la voz de Edward. Isabella miró fijamente hacia la sangre que le corría por la espalda y se estremeció de terror.
Sus palabras, o quizás su conducta, parecieron enfurecer a la criatura.
—Mira a tu hermana, chico. —El vampiro sacudió a Alec. —Ahora es su puta. Hará cualquier cosa por él, incluso sacrificar tu vida por él. —Señaló hacia un trozo de tela sobre el suelo y las bragas desgarradas de Isabella flotaron hacia la cara de Alec. Su sujetador saltó de un arbusto y serpenteó obscenamente alrededor del brazo del chico.
Alec miró hacia la sedosa ropa interior con una expresión congelada en la cara.
—Puede hacerla hacer cualquier cosa por él. Mírala, observa sus marcas sobre ella, mira lo que le ha hecho. Te dije que la haría su esclava.
Había dolor y sorpresa en los ojos de Alec, condenación en su cara. Isabella jadeó ante el disgusto de su expresión. Antes de que el dolor y la vergüenza pudieran tomar el control, permitió que su poder natural inundara su cuerpo, su cerebro. Necesitaba salvar a Alec más de lo que necesitaba defender su elección de amantes.
El maligno está utilizando su voz para persuadir a Alec, oyó que le decía Edward. Este es un antiguo maestro vampiro, casi imposible de derrotar. Espera a que pueda unir mi poder al tuyo.
Edward suspiró en voz alta.
—Me canso de tu juego, maligno.
Dime que hacer para ayudarte. Isabella estaba sorprendida de poder haberle mente a mente. Parecía producirse naturalmente como si ahora estuvieran tan conectados que fuera una sola persona. Si Edward era un exterminador de vampiros, le dejaría tomar la delantera, pero sería mejor que no se tomara demasiado tiempo. No podía contener eternamente el creciente poder estando furiosa. Ahora mismo estaba cerca de la rabia. La visión de la malvada criatura acariciando el costado del cuello de Alec con sus afiladas garras sacaba a la luz cada instinto protector... y más rabia de la que nunca se había creído capaz.
El vampiro siseó entre los dientes afilados y marrones.
—El gran cazador Cárpato derrotado por sus propios placeres carnales. Hay algo de justicia en eso, creo. —Sus ojos sanguinolentos miraban fijamente a Isabella. —Puedes escoger a cuál salvar. Tu amante o tu amado. —Cacareó como si hubiera hecho una gran broma y el sonido resultó tan chirriante que Isabella sintió que la piel se le erizaba.
Recoge puñados de tierra, tan rica como puedas encontrar, y utiliza tu saliva para mezclarla. Mi sangre fluye en tus venas así que cargará el mismo agente sanador. Coloca la tierra sobre la herida de mi espalda, pero no permitas que el vampiro vea que lo haces. Recuerda, tu poder es más grande de lo que era, ensalzado por que caminas parcialmente en mi mundo. No hay duda de que debemos salvar al chico. Piensa solo en eso y no en mí.
Nada de lo que decía Edward tenía sentido. ¿Amasar tierra con saliva para cubrir una herida abierta? Se estremeció al pensar en las bacterias que introduciría. Edward debería haberse desmayado, no estar de pie con aspecto tan frío, tranquilo y completamente controlado. Su mente estaba firmemente alojada en la de ella, le sentía allí, ordenándole que hiciera lo que ordenaba.
Isabella intentó no mirar a Alec, obligar a su mente a alejarse de la visión de esa maliciosa afilada uña envenenada dispuesta a matar.
Retrocedió, sacudiendo la cabeza, tropezando y cayendo en las más profundas sombras nocturnas, arañando con las manos la tierra fresca bajo un leño caído. Isabella dejó que se le escapara un sollozo mientras inclinaba la cabeza, fingiendo estar enferma mientras escupía en la tierra que había recogido. Aterrada por Edward, la amasó apresuradamente mientras el vampiro gruñía y castañeaba hacia ella con sus espantosos dientes manchados.
—¡Levántate! —Aulló. —Levántate y haz tu elección antes de que la haga yo por ti.
Isabella luchó por ponerse en pie, pero mantuvo a Edward entre ella y la visión de su hermano mientras avanzaba. Cerrando los ojos, empujó el parche de tierra profundamente en la herida abierta de la espalda de Edward. Él no hizo siquiera una mueca. No indicó en forma el dolor que debía haber atravesado su cuerpo. En vez de eso, le envió calidez y tranquilidad.
—No hay necesidad de elección. —Dijo Edward tranquilamente. Su voz era hermosa, clara y fuerte y rozaba la magia. —Nunca permitiría que nadie intercambiara mi vida por la de un niño. —No miró hacia Isabella, pero ella le sintió moverse en su mente. Arrancaré a Alec de sus brazos.
Esperará que el ataque provenga de mí, pero te utilizaré a ti. Continúa mirándole. Los hermanos Denali y Carlisle están en camino así que no desesperes. Fue la completa confianza que él exudaba lo que permitió que Isabella mantuviera el pánico a raya. Siempre había pensado que su voz era hermosa, pero cuando le hablaba al vampiro, no podía evitar desear oírle hablar una y otra vez. Había un encantamiento en su voz, convicción. Pese a todas las faltas de Edward, era consciente de estar viendo la diferencia entre el bien y el mal.
—No es decisión tuya. Déjanos ver si tu mujer prefiere mantenerte con vida. —Espetó el vampiro. Su larga garra trazó una línea alrededor de la garganta de Alec y dejó tras ella un delgado rastro de sangre.
Isabella gritó y se adelantó de nuevo hacia él, el poder barriendo a través de ella, pero Alec estaba en medo y resultaría herido. No se atrevía a tomar represalias.
Alec empezó a sollozar, llamando a Isabella, rogándole que le ayudara.
Leyendo la agitación de Isabella, Edward ondeó la mano hacia Alec. Inmediatamente el chico se quedó callado, con la cara falta de expresión y los ojos brillantes. No sabe lo que está pasando así que no puede tener miedo, Edward trató de reconfortar a Isabella.
¿Qué posibilidades tenemos de salvarle? Le requería cada onza de autocontrol no lanzarse hacia el vampiro. Extrañamente, confiaba en que Edward salvara a Alec. Estaba en su mente y veía su resolución, su absoluta determinación. Sacrificaría su vida por la de su hermano.
Giró la cabeza para mirarle, se llevó la mano a la garganta. Estaba en su mente. Fuera lo que fuera lo que estuviera planeando más que probablemente acabaría con su muerte, pero tenía intención de que Alec viviera. Fluyó una protesta.
Mírale. No apartes los ojos de él. La orden fue afilada e imperiosa, un dictador acostumbrado a la obediencia absoluta.
Edward era mucho más que humano y ella sentía su poder. Isabella mantuvo la mirada fija sobre el vampiro. ¿A qué estaba esperando? ¿Por qué prolongaba la agonía?
Se alimentan del terror y el dolor de otros. Está disfrutando de su momento observando el miedo en ti mientras esperas a ver a cuál de nosotros mata. Es el poder absoluto sobre la vida y la muerte, el controlar a otros, lo que le alimenta ahora.
El trueno retumbó y el relámpago la deslumbró, horquillándose a través del cielo nocturno. Las nubes tejían oscuras redes en lo alto. La piel se le erizó y supo que en algún lugar en las sombras sobre ellos estaban los hermanos Denali. Se obligó a abstenerse de mirar inquisitivamente hacia Edward. Era su mente la que había proporcionado la información, el conocimiento de que tenían rifles de largo alcance apuntados hacia el vampiro.
—¡Elige! —Gruñó el vampiro, sujetando su garra envenenada sobre la garganta de Alec.
Las serpientes mutantes empezaron inmediatamente a agitarse, anhelando matar, anhelando sangre, levantando sus feas cabezas y ondulándose de excitación. Algo se movió bajo la tierra.
Isabella sintió el ondeo bajo sus pies y supo inmediatamente que más de esas espantosas criaturas que protegían al vampiro se preparaban para atacar. Apretó los puños. ¿A qué estás esperando? Tiene más de esas cosas horrendas, las siento moverse bajo nosotros.
Edward la ignoró.
—Maligno, ¿crees que tomarás a esta mujer y recuperarás tu alma con ella? Eso no tiene sentido. Ella nunca se sometería y algún día acabaría arrancándote el corazón.
El vampiro rió, el sonido resultó feo y áspero después de la pureza de la voz de Edward.
—Ella no me es útil. No tiene el talento que busco. ¿Por qué desearía ser como tú? ¿Sirviendo a otros cuando deberías estás reinando sobre ellos? —El desprecio agudizaba sus rasgos y aumentaba su malvada apariencia.
—¿Tú? ¿Buscando un talento? —Había burlona diversión en la voz de Edward. —¿Por qué necesitaría un antiguo el talento de un humano? Has adquirido una cierta reputación y si empieza a saberse que necesitas a un humano para que tus planes tengan éxito, serás un hazmerreír.
Isabella dio un respingo. Edward estaba enardeciendo deliberadamente al vampiro hasta mayores alturas de agitación. Pero también él estaba ganando tiempo.
—No me importa nada lo que los cazadores piensen de mí. No siento respeto por aquellos que tienen poder y se subyugan a sí mismo a seres inferiores. —El vampiro ondeó la mano para abarcar el rancho. —Yo tomo a los humanos como pasto, como el ganado que utilizan ellos como alimento. Los uso y los rijo. Hacen lo que quiero como lo haré yo. Viven o mueren a mi voluntad. Tú eres tan débil que ni siquiera tomas a tu compañera, poniendo voluntariamente tu vida, la de ella y la de tu hermano en peligro. No mereces vivir. —Se burló. —¿En qué te has convertido, Edward? Siempre fuiste un líder, pero permitiste que Aro te enviara lejos apresurándote a hacer su voluntad.
Las serpientes de dientes afilados irrumpieron a través del suelo justo a sus pies, embistiendo hacia Edward e Isabella con tremenda fuerza. Simultáneamente, gruesas vides cubiertas de espinas explotaron a través de la tierra para envolverse alrededor de las serpientes.
Pudo sentir a Edward generando la defensa por medio de las vides. Isabella se tambaleó hacia atrás, pero Edward mantuvo su territorio, todavía encarando al vampiro.
¡Ahora! Envió la orden, pero no solo para Isabella. Esta se dio cuenta de que estaba conectada a través de Edward con ambos hermanos Denali y con Carlisle. Las vides atravesaron la superficie, buscando ávidamente a Alec, arrastrándole lejos el vampiro y envolviéndole en un grueso capullo. Las furiosas serpientes chocaron contra las plantas, ansiosas por llegar hasta el chico, pero tan pronto como rompían los fibrosos tallos, otros los reemplazaban, estas cubiertas por espinas que acuchillaban a las serpientes y se incrustaban profundamente en las colas.
Cuando Alec cayó, Isabella sintió que Edward y Carlisle tomaban el control de su poder, arrancándoselo cruelmente, arrojándolo con terrible fuerza hacia el vampiro. El fuego estalló a través del cielo, una antorcha de calor blanco y llamas rojo—anaranjadas, generada por Isabella, alimentada por los hermanos Cullen. Isabella oyó su propio grito y supo en qué momento Edward y Carlisle dirigían a los hermanos Denali para que dispararan sus rifles de largo alcance.
El fuego incineró varias serpientes, pero el vampiro ya se había ido, sin dejar nada atrás en absoluto, ni siquiera un rastro de vapor o un punto negro que indicara donde había estado.
Edward ondeó la mano hacia el cielo, girando en un círculo mientras lo hacía. Isabella se encontró conteniendo el aliento, esperando algo terrible que sabía estaba por venir.
El relámpago se horquilló en un violento despliegue mientras las nubes se esparcían, adelgazando como si un velo gigante se estuviera estirando a través del cielo ante la orden de Edward. Isabella parpadeó varias veces para intentar ver lo que tanto le interesaba a él. Ella creía que debería preocuparse por las serpientes que reptaban por el suelo hacia él a gran velocidad.
En vez de eso, él observaba el cielo pacientemente. Sus manos continuaban fluyendo con un ritmo grácil y oía su voz susurrando palabras que no entendía.
Algo se movió en el borde de una nube, algo oscuro e informe. Juraría que Edward daba órdenes al relámpago, dirigiendo un rayo desde el suelo hacia el cielo, que se movió a gran velocidad, como una lanza, hacia el punto oscuro. Una maldición siseada indicó un impacto, pero la represalia fue rápida. La tierra se sacudió. Isabella se quedó rígida.
—Edward, está lanzando al ganado en estampida. —Las serpientes y las vides parecían estar por todas partes, obstaculizando el camino entre ella y Alec. Había pensado que su hermano estaba seguro, encerrado dentro de los gruesos y fibrosos tallos, pero estaba indefenso frente a los animales sin discernimiento que resollaban hacia ellos.
Edward volvió su atención al suelo, ondeando la mano para que las vides se marchitaran y las criaturas se ennegrecieran, humeando, pero todavía vivas, con las bocas abiertas de par en par, chasqueando los dientes con frustración mientras continuaban luchando por llegar al cazador.
Ve, querida, libérale. ¡Eleazar, Alistair! Ayudad a Isabella.
Isabella dudó solo un momento. Edward estaba débil, pero decidido a salvarlos. Odiaba dejarle, pero Alec no tenía ninguna oportunidad contra el ganado en estampida. Corrió hacia él, rodeando las serpientes reptantes mientras estas intentaban obedecer a su maestro incluso mientras el calor las chamuscaba de dentro hacia afuera. Conocía el terreno, sabía que el ganado se dirigiría hacia abajo por la pronunciada pendiente que conducía directamente hacia donde estaban todos reunidos. Podía oirlos ahora, chillando a voz en cuello, y podía ver, a la distancia, justo bajo la cordillera, un amenazador brillo rojo—anaranjado.
—Alec. —Sin prestar atención a las espinas, empezó a tirar bruscamente de las vides apartándolas de su hermano.
El ataque vino de detrás de Edward, una ráfaga de viento y un aleteo de alas. Grandes murciélagos antinaturales oscurecían el cielo, corriendo hacia Edward, batiendo ferozmente el aire a su alrededor con las alas abiertas y las garras extendidas tratando de alcanzarle.
Isabella no podía mirar, aterrada como estaba de que pudiera caer bajo el peso de tantas criaturas. Se apoyó en la tranquila calma de Edward y se concentró en liberar a Alec. Edward había permitido que su hermano despertara del encantamiento y el mismo estaba intentando escapar de la prisión de plantas. Se concentró en las vides, bloqueando sus miedos y pensando solo en mover los gruesos tallos. Las vides se abrieron, se estiraron apartándose para permitir suficiente espacio para que Alec gateara fuera. Se tambaleó sobre sus pies y cogió la mano de Isabella mientras ella trataba de arrastrarle rápidamente fuera del camino del ganado que se acercaba.
Mientras corrían, pidió a gritos a Edward que se quitase de en medio. La tierra temblaba bajo las pesadas pezuñas y podía ver al ganado aterrado mientras atronaba por la cuesta y corría bajando la ladera hacia ellos. Boquiabierta ante la vista del rebaño enloquecido de miedo mientras grandes llamas anaranjadas saltaban entre cada animal al correr, empujó a Alec sobre un borde rocoso y se volvió en busca de Edward.
¡Edward! Estaba gritando en su mente, no en voz alta. Él se mantenía firme, con las garras de la horda a escasas pulgadas de su cuerpo, pero incapaces de atravesar alguna barrera invisible para separarle la piel de los huesos. Podía sentir la terrible tensión en él mientras contenía a las criaturas, llamando a la lluvia para sofocar los fuegos que surgían entre el ganado, y luchando con el vampiro oculto en alguna parte cerca. Dio un par de pasos hacia él, intentando frenéticamente imaginarse como ayudar.
No le distraigas. Carlisle era igual de tranquilo, igual de confiado, e igual de imperioso que Edward. Tenía su voz en la mente, un recuerdo de la cercanía de los hermanos. Había algo muy escalofriante en Carlisle y, en vez de intimidad, esto solo se añadía a la amenaza que sentía a su alrededor.
—¡Isabella! —Alec la cogió, arrastrándola hacia arriba sobre el borde mientras el ganado barría el valle.
No podía apartar los ojos de Edward. Exudaba poder y confianza incluso frente a la estampida. Su expresión no cambió nunca mientras controlaba los elementos, con el cuerpo devastado por la pérdida de sangre. No se doblegó ni por un momento al dolor o el miedo. Ella estaba en su mente, compartiendo la batalla. Y sabía que Carlisle compartía las mentes de ambos. Podía sentirle allí, enroscado, listo para golpear. Sabía, a través de Edward, que Carlisle se movía hacia ellos a gran velocidad y volando a través del aire.
Destellos de luz fluyeron de la cobertura de nubes hacia Edward. Este desvió las lanzas ardientes y lanzó su propio ataque, enviando un granizo de plateadas astillas de relámpago de vuelta hacia el vampiro. Un árbol fue arrancado tras Edward, cayendo hacia él con sus enormes ramas extendidas.
Isabella intentó gritar una advertencia, pero Alec le apretó la mano sobre la boca rudamente y casi la golpeó contra una roca. No tuvo tiempo de reprenderle mientras captaba un vistazo de una lanza llameante dando vueltas a través del aire dirigida directamente hacia su corazón. Pateó hacia atrás, luchando contra la inusual fuerza de Alec que la mantenía inmóvil.
Sintió el súbito cambio en la atención de Edward al comprender que ella estaba en peligro. Inmediatamente colocó la barrera oculta que le protegía de las criaturas murciélago del vampiro entre ella y la lanza que se aproximaba. La lanza rebotó en la barrera, pero él quedó instantáneamente cubierto de murciélagos, que arañaron y desgarraron su piel y cara.
Isabella hundió el codo en las costillas de su hermano con la intención de saltar de la roca e ir en ayuda de Edward. La primera parte de las reses se apresuraba por la ladera, otras las seguían por el estrecho paso lleno de grandes y pesados cuerpos. Intentó proteger a su hermano de la masa de cuerpos enormes mientras estas se apresuraban a pasar, apretándose contra él mientras la tierra se sacudía. La lluvia caía a cántaros, extinguiendo los fuegos y levantando columnas de humo. Sintió que le agarraba los hombros con fuerza, unos dedos la apretaban cruelmente. Antes de poder gritar una protesta, Alec la levantó fuera de sus pies y la lanzó al centro de la estampida.
Instintivamente, Isabella se acurrucó en una apretada bola, con las manos sobre la cabeza protegiéndose de las pezuñas voladoras. Asombrosamente, nada la tocó. La tierra se sacudía, pero ni un solo animal la pateó mientras pasaban como un trueno. Oyó el sonido de voces y supo que los hermanos Denali estaban dirigiendo el rebaño, intentando calmarlos antes de que alcanzaran los pronunciados acantilados que se alzaban al este.
Isabella levantó cautelosamente la cabeza. Carlisle estaba de pie junto a ella, su cara era una máscara sombría. Se agachó y la puso en pie con una fuerza casual. Al principio sintió las piernas temblorosas, negándose a sostenerla, pero él no prestó atención, arrastrándola con él casi a la carrera hacia su hermano.
Edward permanecía en pie, aunque Isabella no podía ver su cuerpo debido los cientos de criaturas que se aferraban a él, arañando su carne, cebándose en las heridas de su cuerpo. Con un grito se arrancó lejos de Carlisle, tratando de alcanzar a uno de los animales peludos que le rasgaban la cara. Antes de poder tocarlo, Carlisle palmeó las manos y emitió una orden. Los murciélagos cayeron al suelo y quedaron incinerados. El olor nocivo hizo que Isabella se tapara la boca, pero corrió hacia Edward.
Edward se tambaleó. Isabella le enredó el brazo alrededor de la cintura.
—Te llevaré a un médico —No veía como era posible que un médico le ayudara. La mayor parte de su piel estaba arrancada del cuerpo. Nunca había visto heridas semejantes. Miró alrededor frenéticamente en busca del vampiro, esperando un ataque inminente.
—¿A dónde ha ido? ¿Puedes verle?
—Hace mucho que se ha ido. —Dijo Carlisle. —No luchará con todos nosotros. —Sus manos eran gentiles cuando las extendió hacia Edward.
Alec corrió hacia ellos, balanceando una rama de árbol hacia la cabeza de Edward.
—¡Don Carlisle! —Gritó Alistair Denali en advertencia. Carlisle atrapó el leño y lo retorció con facilidad arrancándolo de las manos del chico, tumbándole en el suelo.
—El chico está corrompido, Edward. Apesta al vampiro. No es más que una marioneta humana. Le despacharé rápidamente y convertiré a la mujer por ti. Tú acudirás a la tierra y sanarás apropiadamente. —Había absoluta resolución en Carlisle.
Isabella podía ver que ya había despachado a Alec y le mataría sin el más mínimo remordimiento. Se precipitó a colocarse delante de Alec.
—No te atrevas. No te acerques a él. —Alec era más alto que ella, pero extendió los brazos y evocó cada onza de poder que había en ella. No quería proteger a Alec, quería ir con Edward, salvarle, hacer cualquier cosa que hiciera falta. Odiaba quedarse allí, protegiendo a su hermano, cuando Edward estaba tan destrozado. Sentía que el corazón se le rompía en un millón de pedazos cuando veía su cara devastada.
Meu amor, no permitiré que Alec sufra daño a manos de mi pariente. Deberías conocerme mejor. El movimiento en su mente fue débil, como si Edward se estuviera desmayando, abandonándola.
Estaba asustada, sin saber hacia quien correr, a quién proteger.
—Edward se está muriendo, Carlisle. —Dijo ella. —¿Es eso lo que quieres, que tenga que luchar contra ti con su último aliento moribundo? ¿Qué clase de persona eres?
La alta y musculosa forma de Edward se encorvó. Cayó al suelo sobre las rodillas, manteniéndose tambaleante un momento, con los ojos vidriosos antes de caer de cara hacia adelante.
Isabella no recordaba haber saltado para cogerle, pero estaba bajo él, amortiguando su caída, su gran forma aplastándola bajo él. Sorprendentemente, no se estrelló contra el polvo como esperaba. Carlisle hizo flotar a Edward gentilmente hasta el suelo, girándole justo antes de que su cuerpo golpeara el de ella, y dejándole la cabeza recostada en su regazo. No pudo contener el estremecimiento de miedo cuando Carlisle se irguió sobre ella.
Eleazar y Alistair se colocaron a ambos lados de Alec.
—Don Carlisle, por favor no nos obligue a hacer semejante elección. Este chico es de la familia. Está bajo la protección de Don Edward, al igual que Isabella. Esa protección debería ser también la nuestra.
Se produjo un pequeño silencio. Incluso la noche pareció contener el aliento. Los insectos cesaron sus llamadas salvajes y el ganado detuvo su intranquilo movimiento.
—Tal vez pueda sacarse el veneno de su sistema, pero tendré que tomar su sangre. —Carlisle hizo una amenaza, mirando directamente a Isabella.
No confiaba en él y deseó que Edward estuviera completamente despierto para indicarle que hacer.
—Edward dice que él no puede mentirme... ¿puedes tú?
—Di sí o no. —Replicó Carlisle ásperamente. —Sufrirá con el ácido de la sangre del vampiro y anhelará el sabor de la carne humana. Se pudrirá de dentro hacia afuera y el vampiro podrá utilizarle para derrotarnos a todos.
Alec estalló en lágrimas, presionándose las manos contra el estómago.
—Ardo por dentro, Isabella. Y hay un zumbido en mi cabeza que me vuelve loco. ¿Está diciendo que voy a convertirme en un caníbal?
—Entonces haz lo que tengas que hacer, pero no le hagas daño o te perseguiré y atravesaré directamente con una estaca tu helado corazón. —Advirtió Isabella.
Carlisle ignoró su amenaza y se arrodilló junto a Edward. Isabella vio con incredulidad como se rasgaba la muñeca con los dientes y empujaba la herida contra la boca de Edward. La miró con negros ojos vacíos mientras obligaba a su hermano a tragar la sangre ancestral.
—Debería haberte tomado inmediatamente en vez de atenderte como lo hizo. —Su voz era un látigo afilado, azotándola mientras sujetaba la cabeza de Edward en su regazo, con los dedos enredados en la larga seda de su pelo y su sangre empapándole los vaqueros.
—Tú tampoco me gustas mucho. —Espetó. —¿Qué te diferencia de ese monstruo? Mi hermano es inocente. No pidió que esa horrible criatura le secuestrara e infectara con su veneno. Yo no pedí ser la compañera de tu hermano. Tengo mi propia vida aquí, mis propias responsabilidades. ¿Por qué deberían vuestros derechos ser más importantes que los míos?
Carlisle se inclinó acercándose a ella con ojos fríos y de un duro diamante.
—Si no encuentras a tu compañera, te conviertes en un monstruo absolutamente malvado que vive de la muerte y el dolor de los demás. Es lo que me ocurrirá a mí. No soy humano. Edward no es humano. Hemos luchado durante siglos contra la oscuridad. Tú puedes aliviar su dolor tan fácilmente. Podrías asegurar que nunca se enfrentara al momento en que pudiera sucumbir a la oscuridad, pero eres demasiado testaruda, demasiado egoísta para darle lo que necesita. Y a causa de ello, estúpidamente arriesgas las vidas de tus hermanos y tus vecinos y otros a los que ni siquiera conoces. Peor aún, arriesgas el alma misma de mi hermano y las almas de mi familia y la mía propia. Al final, él te tendrá, así que arriesgarse de esta forma no tiene sentido. Yo te tomaría, si fueras mía, y terminaría de una vez. —Se oyó un chasquido agudo de dientes como si pudiera inclinarse y morderle el cuello allí mismo.
El corazón de Isabella palpitó con más fuerza en su pecho, pero le enfrentó firmemente, intentando ser honesta con él. Luchando por entender. Quería entender cuando le veía dar su propia sangre a su hermano caído. Más aún, la idea de Edward convirtiéndose en tan horrendo monstruo como la criatura que los había atacado era inconcebible.
—Puedo verlo desde tu punto de vista. ¿Puedes verlo tú desde el mío? No soy Cárpato. Ni siquiera sabía que existíais hasta hace poco. No conozco a Edward. No sé mucho sobre él aparte de que es diferente, con tremendos poderes, y que puede controlarme de formas que me asustan mortalmente. Tengo un hermano y una hermana a los que quiero y un rancho que juré a mi padre en su lecho de muerte que mantendría para ellos. No tenía ni idea de las consecuencias que estás describiendo. No he vivido siglos y no sé nada de vampiros aparte de lo que se ve en las películas.
—Ahora ya has visto uno. Ahora conoces las consecuencias para Edward y sabes que lo que digo es cierto. ¿Qué vas a hacer al respecto?
—Ni siquiera sé que quieres que haga, Carlisle. —Respondió ella honestamente. —¿Cómo proteger Edward? Me habló de traerme completamente a su mundo. ¿Qué significa eso?
—¿Puedes afirmar que el maligno no te atacó? Si tiene éxito al matarte, habrá destruido a Edward. Utilizó al chico para intentar acabar contigo. —Señaló Carlisle.
—No intenté matarla. —Negó Alec, con la cara muy pálida.
—Sí, lo hiciste. —Dijo Carlisle tranquilamente. —Y si el veneno no se elimina de tu sistema, lo intentarás una y otra vez hasta que tengas éxito. Isabella, mientras seas humana, el vampiro sabe que eres vulnerable y tendrá oportunidad de matar a Edward a través de ti.
—¿Cómo acabaría mi muerte con Edward? —Lo preguntó, pero ya conocía la respuesta a través de sus propios miedos y pena. Luchaba por contenerlas, pero no podía soportar la idea de perder a Edward. Su mente negaba la posibilidad porque su corazón sabía que no sobreviviría a ello.
—Lo sabes. —Dijo Carlisle suavemente.
—No siquiera lo pienses, Isabella. —Exclamó Alec. Se doblaba por el dolor, sujetándose el estómago. —No dejes que te hagan nada. ¿No puedes ver lo que son?
Alistair deslizó un brazo alrededor de los hombros del chico.
—Son grandes hombres y nos han protegido del vampiro, Alec. Carlisle es el único que puede salvarte del ácido de tu interior. Ningún médico podría curar los efectos.
Carlisle detuvo la alimentación de Edward, cerrando la herida de su muñeca con una pasada de la lengua. Isabella no pudo evitar el estremecimiento que recorrió su cuerpo ante un gesto tan práctico.
—Debo llevar a Edward a un lugar donde estará a salvo y pueda sanarle. —Dijo Carlisle. —Te ha unido a él y sufrirás mucho por la separación. Puedo evitar eso convirtiéndote, pero entonces tendrías que descansar en la tierra con él. Elige ahora. Necesita cuidados inmediatamente.
—Si tengo que hace una elección inmediata entonces tengo que quedarme con mis hermanos y ocuparme de su seguridad. —Dijo Isabella. Había desafío en su voz.
—Sufrirás por él. Creerás que está muerto y sentirás una fuerte llamada a unirte él. No puedes hacerte daño a ti misma, no importa lo desesperada que te sientas. Alcánzame y te ayudaré si es necesario. —Carlisle se agachó y recogió fácilmente a su hermano entre sus brazos.
—¡Espera! —Dijo Isabella frenéticamente. —¿Y qué hay de Alec? —Su hermano ya no podía aguantar más de pie, sino que tenía que ser sujetado por sus dos tíos. Doblado, se encorvaba impotentemente, gimiendo de dolor.
—Volveré a eliminar el veneno en él. Pero debes saber esto, cuñada: al hacerlo así, estará atado a mí para siempre.
A Isabella le sonó a advertencia, incluso quizás a amenaza. Se llevó la mano a la garganta en un gesto de defensa propia.
—¿Debería esperar a Edward? —Mantuvo la mirada fija en la de él, negándose a sentirse intimidada, deseando la verdad.
—Eso depende de ti. —Recogió a Edward entre sus brazos, casi como si su hermano fuera un niño pequeño en vez de un hombre muy grande y peligroso.
Isabella extendió la mano para tocar la cara de Edward. Estaba frío. Sin vida. Un grito fluyó en su mente, pero lo obligó a retroceder.
—¿Está vivo?
—No permitiré que muera. ¿Vuelvo esta noche?
Isabella miró a la cara de su hermano, vio el odio retorcido en sus ojos, y se estremeció.
—Por favor. —Murmuró, apartando la mirada de Alec. —Aprisa.
—¡Traidora! ¡Puta! —Alec se lanzó hacia ella, con el puño alzado y una expresión demoníaca.
Alistair le atrapó y arrastró lejos de ella.
—¿Le llevamos a la casa, senhorita?
Alec luchaba contra sus tíos, gruñendo y apretando los dientes hacia ellos. Después repentinamente se hundió, mirando alrededor, parpadeando para aclarar su visión.
—¿Isabella? —Sonaba joven y confuso. —¿Qué me está ocurriendo?
—Estás enfermo, cariño. —Intentó consolarle, pero las lágrimas estaban atascadas en su garganta y ardían tras sus ojos. Ya no podía tocar la mente de Edward. Sentía la pérdida profundamente, como si alguien le hubiera arrancado el corazón. Apenas podía respirar, y mucho menos pensar. Quería gritar y arañar la tierra, cavar un camino allí donde el cuerpo de él descansaría. En vez de eso, levantó la cabeza para encontrar a los hermanos Denali mirándola con compasión.
—Llévenle a casa. —Dijo cansinamente.
—Eleazar se ocupará del ganado. —Dijo Alistair. —Yo velaré por usted, Alec y Alice.
Isabella se tambaleó tras él. Podía ver mejor en la oscuridad de lo que nunca había sido capaz de ver, pero estaba descentrada, sintiéndose ciega y sorda.
—¿Esta clase de cosa ocurren con frecuencia? —¿Qué eran esas terribles criaturas y cómo de grave le han herido, Carlisle? Estaba tan destrozado, perdió tanta sangre. No le había besado. No había intentado aferrarse a él. ¿Y si Carlisle era más monstruo que hombre?
Soy más monstruo que hombre, confirmó Carlisle. La voz era suave en su mente, distraía. Podía oír un canto repetitivo, antiguas palabras ancestrales con un consolador ritmo de poder. Estoy sanándole, proporcionándole más sangre, y después le pondré en los brazos de la tierra para sanar.
Alistair se volvió a mirarla mientras empujaba a Alec hacia adelante.
—¿Necesitas ayuda, Isabella? —Cuando ella sacudió la cabeza, continuó. —Sí, he presenciado muchas batallas entre el vampiro y los cazadores. Este vampiro no es como los demás. Es mucho más poderoso y astuto.
Isabella se rodeó la cintura con los brazos mientras caminaba por el sendero de vuelta a la casa del rancho. Edward había recorrido este camino con ella, cogiéndola de la mano, haciéndola sentir la mujer más hermosa y deseable del mundo. Cuando se concentraba en ella, nada más parecía importar. Intentó rememorar lo que había dicho Carlisle sobre la conversión, pero su mente está demasiado dispersa.
—¿Resultan heridos con frecuencia? —Preguntó Isabella.
Alistair sacudió la cabeza.
—Los vampiros son todos diferentes. Los cazadores son muy poderosos, muy experimentados. Edward es un gran luchador... al igual que Carlisle, o cualquier de sus hermanos, raramente les hieren. Este... —Sacudió la cabeza. —... este es uno de los llamados maestros vampiro, un antiguo que ha escapado de la justicia muchos años. Cayo, el mayor de los hermanos Cullen, cree que es un maestro vampiro de su raza. Uno que ha estado por mucho tiempo en el mundo y un experto en batalla que finalmente sucumbió a la llamada oscura. El maestro no se quedará y luchará, sino que utilizará marionetas humanas para hacer su voluntad. Llamará a vampiros menores y les utilizará como peones. Y mutará a otras especies a un mal encarnado. Has visto una muestra de su trabajo.
—Estás muy nervioso. ¿Qué es lo que no me estás contando?
Alistair la miró con ojos oscuros y preocupados.
—Carlisle puede tomar la sangre y ayudar con el dolor, pero hasta que el vampiro muera, Alec estará conectado a él. Todavía podrá intentar utilizar a Alec. Carlisle será lo único que se interponga entre Alec y lo que el vampiro quiera de él. Carlisle es poderoso y antiguo, pero está muy cerca del final de su tiempo. También debe descansar durante las horas diurnas. Es peligroso para él hacer esto que le pides. Si no lo hace, Alec morirá tarde o temprano y lo agradecerás.
Isabella se presionó los dedos sobre la cabeza palpitante. Necesitaba el toque reconfortante de Edward. Está seguro bajo tierra. Tengo que alimentarme y me encontraré con vosotros en el granero. No quiero que la niña vea lo que debemos hacer para ayudar a su hermano. Debes estar segura. Puede y te hará daño si el vampiro le alcanza y le programa. Yo puedo crear una interferencia, y puedo eliminar el dolor, pero no pudo romper el lazo entre ellos.
Se estaba ofreciendo a matar a su hermano. Fue su voz, tan plana y vacía, lo que la puso enferma. Hizo que sintiera la árida existencia de Edward rigurosamente. Casi podía ver la oscuridad avanzando arrastras dentro de él, manchando su alma, tomándole. Cerró los ojos pero no pudo bloquear lo que estaba en su mente.
Le vigilaré hasta que tengáis oportunidad de matar al vampiro. Tomó su decisión.
Edward tiene mucho por lo que responder. Había una mordacidad en la voz de Carlisle.
Edward ha intentado darme tiempo. ¿Tan terrible es? Las lágrimas ardían en su corazón.
¿Había causado ella todo esto? ¿Era culpa suya que Edward yaciera como muerto bajo tierra?
Siento su amor por ti. Eso me ha sustentado, pero no puede suavizarme. Él me ha dado esperanza compartiendo conmigo lo que siente por ti. Sus emociones son intensas y difíciles de manejar. Se siente incómodo con la presencia de otros hombres cerca de ti, yo mismo incluido, aunque intenta ignorar esas peligrosas emociones y darte el espacio que necesitas para venir a él.
¿Es culpa mía? Persistió ella.
El silencio contestó a su pregunta mientras abría la puerta del granero para enfrentar a Carlisle y su negra y despiadada mirada.
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Y al fin tenemos actualización! Muy intenso este capítulo! No olviden dejarme un comentario para que pueda saber qué les está pareciendo la historia!
También actualicé el fin 'EDWARD', por si no se han dado una vuelta jejeje
¡Nos leemos pronto!
