No poseo los derechos de autor. Los personajes pertenecen a la asombrosa Stephenie Meyer y la historia es de la hermosa Christine Feehan (Saga de Los Carpatianos). Yo solo me divierto un poco.
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Edward. Sal y juega conmigo. La risa áspera resonó por el valle y recorrió las montañas.
Las nubes se alargaban en oscuras telas de araña en lo alto en el cielo mientras el águila real volaba lejos del rancho hacia los picos más altos.
Siempre es un placer, James, respondió Edward. Entonó baja la voz, una suave melodía de pureza que sabía irritaría los oídos del vampiro. Echo de menos los viejos tiempos cuando ocasionalmente tenía un desafío. La mayor parte de los vampiros son tan fáciles de derrotar para alguien con mis habilidades. Deliberadamente provocó a James, jugando con su antigua amistad, los días de desafíos y superioridad juvenil.
No me encontrarás tan fácilmente. Había arrogancia en el tono.
Edward captó un débil olor y cambió de dirección, dibujando un lento y firme círculo. No lo esperaría. Eras un gran luchador, James, siempre uno de los mejores. No habría diversión en una victoria sin esfuerzo. Edward le alabó, sabedor de que los vampiros eran muy vanos. James siempre había sido especialmente competitivo.
Únete a nosotros. Tu hermano Cayo estuvo equivocado al decir que deberíamos vivir con el así llamado honor. Le habían lavado el cerebro con un ridículo código. El príncipe nos envió lejos porque temía nuestro poder. ¿Por qué crees que mantuvo a su lado a Lucian y Gabriel? Sabía que nunca podría derrotar nuestra fuerza combinada. Se escondió como un cobarde tras su protección, sabiendo ya, incluso entonces, que eramos más fuertes. Únete a nosotros, Edward. Puedes tener a cualquier mujer que eligas. No tenemos que ocultarnos de nuestras presas, sino que podremos utilizarlas como deberían ser utilizadas, como siervos para hacer nuestra voluntad.
¿Y me darías la bienvenida después de todo este tiempo? ¿Después de haber perseguido y destruido a tantos de tus peones? James estaba ahora mucho más cerca, en alguna parte, justo adelante, en la espesa arboleda de árboles. Su presencia era un hedor apestoso en el aire crispado. Edward podía ver donde la tierra se había marchitado, retrayéndose ante la presencia del mal. James siempre había preferido la sorpresa de ataques simultáneos desde arriba y abajo. No podría escenificar su emboscada preferida en la parte más más espesa de la arboleda... los árboles estorbarían sus esfuerzos... pero perversamente, los árboles estaban exactamente en el lugar donde la presencia de James parecía más fuerte. Edward no confiaba en la evidencia que James había dejado para que él la encontrara.
Desde su posición en el cielo, Edward estudió la tierra bajo él con ojo penetrante. Las arboledas de pinos formaban un anillo grande y disperso alrededor de una pequeña zona despejada. La esencia de James era fuerte entre los árboles. Edward sabía que el vampiro esperaría que el cazador se aproximara a través del claro en forma de animal o reptil. Era poco probable que James revelara su presencia cuando estaba aparentemente entre los árboles y Edward sacudió mentalmente la cabeza ante su viejo amigo. Debía haber luchado contra cazadores incautos, aquellos sin mucha habilidad en cosas así, para creer que Edward caería en semejante truco.
Edward no saldría a campo abierto con ninguna forma que le hiciera vulnerable al estilo de ataque favorito de James.
Todavía en la forma del águila real, Edward trazó un amplio círculo alrededor de la zona y en medio del vuelo cambió a un pájaro mucho más pequeño, uno nativo de las montañas.
Aterrizó en el árbol con el follaje más espeso y las ramas más intrincadas. Oculto entre las ramas y otros pequeños pájaros adormecidos, escuchó los susurros de las hojas y el temblor de miedo que recorría los troncos de los árboles. Insectos, ranas, y otras pequeñas criaturas hacían crujir las ramitas del suelo mientras se arrastraban lejos del claro. Observó a varios lagartos cruzar en transversal el amplio espacio abierto, haciendo paradas en medio de la hierba, quedándose congelados con frecuencia, probando el aire y sintiendo la tierra antes de apresurarse hacia adelante, solo para detenerse de nuevo.
Edward tomó nota de los signos de desasosiego. Los lagartos sentían la amenaza, pero no podían identificarla. A salvo entre la bandada de pájaros, esperó.
Te estoy esperando, Edward. ¿Has decidido que no puedes despacharme sin tu hermano mayor para protegerte? Había una mofa, un desafío en el tono de James.
Edward envió su voz hacia el sur, cuidando de no revelar su presencia en la arboleda. No hay honor en derrotar al vampiro. Es simplemente un trabajo, James. Bien sabes la verdad de ello. Se requiera uno o diez cazadores no hay diferencia. Administramos justicia de acuerdo con la ley. Sobre el claro, donde las nubes oscuras giraban amenazadoras, el ojo avizor del pájaro captó una llama brillante al borde de la turbulenta masa. James volvía a las andadas y el campo de batalla estaba ya preparado.
Me canso de esperar por ti, Edward.
Edward duplicó la arboleda, un hecho difícil y extremo que solo los más viejos y poderosos Cárpatos podían ejecutar. Los árboles surgieron en medio del claro, largas raíces profundamente arraigadas en el suelo, serpenteando para formar una barricada bajo tierra, mientras las ramas se extendían, alzando los brazos hacia el cielo, formando una barrera casi impenetrable.
Los chillidos de dolor y cólera se alzaron de la tierra cuando las serpientes de James explotaron a través de la superficie, una fea masa de escamas y dientes, contorsionándose y coleando mientras intentaban escapar de las implacables raíces. Aporreaban contra la superficie, embistiendo repetidamente hacia el aire vacío, hundiendo sus afilados dientes las unas en las otras con una necesidad ciega de atacar a cualquier cosa cercana.
Los insectos hormigueaban desde el suelo, millones de ellos, grandes escorpiones y un río de hormigas, un ejército venenoso decidido a matarlo todo a su paso. Edward contrarrestó el movimiento con naturaleza, haciendo correr sabia de los árboles y extendiéndola en un lago de ámbar líquido, atrapando a los bichitos letales y conteniéndolos dentro de la zona de batalla antes de que pudieran extenderse y causar daño.
Eso no ha sido muy amable, Edward. Que cruel para todas esas criaturas vivas.
¿Tus recuerdos de mí son tan descoloridos? Yo nunca fui amable, James, ni nunca aprendí a cómo serlo.
Únete a nosotros. La voz susurró la tentación. Completa tu destino. Siempre has sido más grande que el Príncipe Aro, y ahora su hijo llorón, Anthony, ha tomado su lugar. No tiene a nadie que le proteja adecuadamente. Jasper es demasiado joven y no tiene experiencia con los antiguos. Horneó sus habilidades con los jóvenes nunca se percató de nuestra existencia. Es complaciente con sus habilidades en batalla, cree que lo sabe todo, pero solo se las ha arreglado para derrotar a vampiros menores. Aquellos que él piensa son auténticos maestros son marionetas disponibles para ser utilizadas en la consecución de nuestra meta. Tú y yo sabemos que Jasper no se acerca siquiera a nuestras habilidades y nunca podría derrotarnos. Únete a nosotros, Edward. Acepta tu auténtico destino.
El vampiro atacó desde el cielo, haciendo llover fuego sobre los árboles clonados, lanzando rayo tras rayo de relámpago entre los grandes troncos de árboles haciendo que explotaran en llamas y ennegrecieran bajo el pesado asalto. Los troncos se apartaron, algunos cayeron bajo las explosiones que caían del cielo. Edward cabeceó con su cabeza de pájaro hacia las nubes arremolinantes, descargando la lluvia para apagar el fuego.
Las gotas cayeron, oscuras y afeadas por el ácido, siseando mientras ardían a través de árboles y el follaje hasta el suelo, marchitando cada planta que encontraba en su camino y enterrándose profundamente en el suelo, infectando la tierra misma de veneno.
Muy bonito. Edward mantuvo su tono admirado como si llegara del sur, esperando que James creyera que estaba orquestando la batalla a distancia.
Pensé que te gustaría. James dio la impresión de haber hecho una reverencia.
Edward miró fijamente hacia el cielo en el refugio del cuerpo del pájaro dentro de la arboleda. La lluvia cesó bruscamente cuando un viento llegó del sur, feroz mientras se lanzaba con una fuerza hurracanada a través de las nubes de ácido, esparciéndolas por el cielo, trayendo con él una tormenta. El relámpago se horquilló entre las nubes y una lluvia clara como el cristal descargando una vez más, cayendo a raudales sobre los fuegos y dejando atrás una crispida y fresca fragancia.
Lucian y Gabriel se han alzado. Lucharán por su príncipe. Fallon está vivo, al igual que Thiago. Lucharán. Se han vuelto suaves. Tienen mujeres a las que proteger. Los cazadores pierden su filo cuando se preocupan por la pérdida de una compañera. Nosotros cazamos y no nos preocupamos por nadie así tenemos ventaja. Únete a nosotros. Edward. Nuestras filas crecen mientras los cazadores permiten que su número mengüe y sus habilidades se debiliten. La mayor parte de ellos son artesanos, no auténticos cazadores. He destruido a miles de ellos. Llama a tu hermano y uníos a nosotros. No nos derrotarán.
La lluvia pasó de agua a hielo, un torrente de carámbanos cayendo del cielo, perforando los árboles en todas direcciones, atravesando la corteza hasta el mismo corazón con la intención de matarlos. Las astillas recorrieron los arbustos y el follaje, buscando objetivos, esperando que Edward estuviera escondido allí.
Dentro del cuerpo del pájaro, a una distancia segura lejos de la tormenta de hielo, Edward sonrió. James era raro, no huía, sino que contraatacaba, aprovechando cada arma a su favor mientras intentaba acumular puntos contra Edward.
Esto me recuerda a los viejos tiempos.
Vivo para el chillido de los árboles cuando el hielo perfora sus corazones.
Siempre disfrutaste de sentir el poder de la vida y la muerte sobre las cosas vivas, James.
Como tú, Edward. No te engañes. Tu naturaleza exige dominación sobre los demás. Sabes que eres un ser poderoso y te obligas a tí mismo a someterte esa escoria de seres menores a cada momento de tu existencia. Únete a nosotros. No podrán resistir contra nuestras crecientes filas.
Edward sabía que había un laberinto subterráneo por ahí. Había pasado tiempo en las cavernas y bajo la superficie de la rica tierra. Había escuchado las canciones susurradas de la tierra así que sabía que había abundante agua fluyendo de varias fuentes. Las llamó a todas, una orden susurrada, seguro de que James dirigía la batalla desde la superficie donde la mayor parte de sus trampas podían protegerle.
Primero empezó con un chorrito. Tan sintonizado como estaba con la tierra, podía sentir la más ligera de las vibraciones mientras el río subterráneo empezaba a formarse, el agua llegó de todas las direcciones hasta que fue una poderosa fuerza en movimiento. Dirigió la corriente para que el agua golpeara a través del suelo en la zona que estaba seguro de que James ocupaba.
Entre las oleadas envió afiladas estacas ocultas entre las profundidades de las frías olas. El agua saturaría la tierra, diluyendo los venenos que James había inyectado, permitiendo que las plantas crecieran una vez más después de que el vampiro se hubiera marchado.
El río subterráneo creció hasta convertirse en un monstruoso rápido, rugiendo a través de la tierra, barriendo con todo a su paso. Un grito de rabia y dolor sacudió la tierra y varios árboles explotaron, haciendo llover afiladas estacas a través de la arboleda clonada. La sangre burbujeó a través de la tierra, acumulándose en un humeante y nocivo charco, una señal segura de que el vampiro había resultado herido.
Desde su posición aventajada entre los árboles justo al este de los árboles clonados, Edward esperó a que James saliera a la superficie. No había forma de que pudiera resistir el poder del agua corriendo bajo la superficie o las afiladas raíces que se lanzaban a través del río con mortífera intención. Tendría que emerger.
El agua atravesó la tierra, los geiseres arrojaron agua a gran altura, hirviendo como alimentados por un volcán al rojo vivo. Grandes bolas de barro salían de los agujeros, todavía burbujeando de calor mientras atravesaban el aire en todas direcciones. En medio del vapor, se alzó una columna más oscura, disparándose hacia las nubes. Los bordes de la tela de vapor ensombrecido brillaban de un rojo profundo.
Al momento Edward atacó, erigiendo una barrera en el cielo que el vapor golpeó con fuerza y aferrándose a la superficie transparente como pequeñas gotas de condensación. Envió un calor pulsante a través de la barrera, secando la condensación, obligando al vampiro a tomar forma.
Inmediatamente el cielo se oscureció con un enorme enjambre de abejas asesinas que empezaron a atacar a cada criatura viviente, ya fueran insectos o mamíferos, lanzándose en masa sobre los cuerpos aglomerados, volando hacia los árboles y arbustos en un frenesí de odio y rabia.
Edward respondió con una reacción violenta, sorbiendo todo el oxígeno del aire sobre los árboles clonados. Las abejas cayeron al suelo, una capa de centímetros de espesor cubrió el suelo, una alfombra de cuerpos muertos o moribundos. Desde el suelo se alzó una oscura sombra transparente. Se movió a gran velocidad hasta el árbol más cercano, deslizándose hasta el interior del tronco ennegrecido. Al momento las hojas que quedaban se marchitaron y rizaron en tiras marrones. Las ramas se enmarañaron y anudaron, grandes tumores explotaron a través de la corteza, la madera se astillaba en los lugares en los que el mal se demoraba.
James. Esto es tan impropio de ti. Estoy a tus talones. ¿Sientes mi aliento en tu cuello? ¿La comezón entre sus hombros? Mientras hablaba, Edward lanzó otro rayo, un latido dentado que hizo saltar el árbol en pedazos. Una vez más la sombra se deslizó hasta el árbol siguiente árbol. ¿Por qué huyes? Creía que querías jugar, viejo amigo. Lava ardiente se vertió a través de la ventilación de los geiseres que se habían abierto, arrojada desde debajo de la tierra, eyectando cenizas y fuego al aire. Roca fundida explotó y golpeó la tierra como feroces meteoritos. Los árboles estallaron en llamas y bajo la tierra el río se convirtió en una corriente de lava.
Puedo jugar. Un rechinar de dientes acompañó a las palabras. No te gustará como juego este juego, Edward. Deberías haber aprovechado la oportunidad que te di de unirte a nuestras filas. Morirás de una muerte horrible, pero antes de que lo hagas, destruiré todo y a todos los que te importan. Esa es mi promesa.
Edward mantuvo sus ojos penetrantes fijos en los árboles mientras la sombra del vampiro corría de un tronco a otro en un intento de salir del bosque clonado hasta la seguridad de la tierra.
Herido, escapaba, manteniéndose a cubierto para que Edward no tuviera oportunidad de conseguir un blanco claro al que dar un golpe mortal. James no podía ocultarse en los árboles; las ramas retorcidas y nudosas le delataban cada vez, abriéndose para rebelar el veneno que se filtrara como sabia a través de las hendiduras.
Para combatir los fuegos y los ríos de ardiente lava destructiva, Edward llamó a las nubes para que se oscurecieran y al momento la nieve cayó del cielo, grandes cantidades, una ventisca que solo se añadió al vapor que oscurecía su visión. Enfrió la lava rápidamente, tomando el aire, cauteloso ante las trampas, pero sabiendo que James no tenía más elección que huir. Cambió de forma, utilizando los agudos ojos del águila real mientras volaba en círculos sobre el bosque clonado, ahora quemado y dañado. La nieve y el vapor formaban un velo casi impenetrable, pero captó un vistazo de una sombra oscura en el borde mismo de la arboleda emergiendo de un árbol retorcido. Gotas de sangre mancharon la nieve cuando el vampiro desapareció en el interior de lo que solo podía ser un tubo de lava, un túnel formado por la corriente, dirigiéndose profundamente hacia el interior de las cavernas. Normalmente los gases fluían a través de semejantes tubos una vez la lava empezaba a enfriarse, pero obviamente James todavía tenía suficiente poder y energía para hacer soplar un viento enérgico delante de él y despejarse el camino.
Maldiciendo suavemente, Edward le siguió. Era peligroso perseguir a un vampiro herido, especialmente a un maestro en la batalla como James. Edward le presionó con fuerza, no estaba dispuesto a darle tiempo a erigir un defensa. No iba a arriesgarse a perder a Isabella y conocía a James, sabía que nunca olvidaría esa amarga promesa de venganza. Un día James, incluso aunque le llevara mil años, encontraría una forma de vengarse de esta batalla. Incluso de muchacho siempre había igualado el marcador contra cada desaire percibido. Edward le había herido y nunca lo olvidaría.
Traicionaste nuestra amistad. James escupió las palabras, con veneno en la voz. Se movía con rapidez. Edward captó la impresión del tubo inclinado, la viscosa superficie ennegrecida mientras el vampiro se apresuraba hacia la seguridad del interior de la montaña. Igual que la traicionaste hace tantos años permitiendo que ese tonto de Aro te enviara a tu condena. Nos aisló a propósito. Sabía lo que hacía. Literalmente nos envió al exilio mientras escogía a sus elegidos para tomar a las mujeres y vivir la vida que debía ser nuestra.
Edward permaneció en silencio mientras volaba hasta el interior del túnel, cambiando a la forma más pequeña de un murciélago. Fuera cual fuera la trampa que James se las había arreglado para tender sería frágil y en el cuerpo más pequeño Edward tenía grandes posibilidades de evitar una emboscada. El flujo de lava se había retorcido y girado mientras formaba el tubo, haciendo difícil ver lo que había adelante. Edward confió en sus agudos sentidos para advertirse del peligro inminente.
Girando una esquina, la superficie del tubo pasó de la nada amenazadora de una cuerda a la de una concha, una serie de escombros sueltos con protuberancias afiladas como cuchillos y formas afiladas. James se había asegurado de que la superficie fuera horneada con bordes afilados para cortar cualquier movimiento a través de ella. El tubo se estrechó al descender bajo la tierra y se adentraba profundamente en las cavernas bajo la montaña. Edward, incluso en la forma del pequeño murciélago, se vio obligado a desacelerar.
Intentó algo que no había hecho en siglos. Cuando eran pequeños, James y él habían intentado "ver" a través de los ojos del otro. Esencialmente lo habían hecho sin utilizar el intercambio de sangre. En vez de eso, habían seguido el vínculo mental e intentado tocar los sentidos del otro. Habían tenido éxito con práctica. Aunque oxidado, Edward era mucho más poderoso de lo que había sido de niño. Se extendió para tocar el cerebro del vampiro. La conexión fue casi instantánea y Edward no estaba preparado para la masa de odio y astucia revueltos. James tropezaba con cada superficie irregular, intentando cerrar el tubo tras él. Estaba mucho más débil a causa de las heridas de lo que Edward había supuesto, o de otro modo habría utilizado más poder. El no—muerto reservaba sus fuerzas para una lucha si era necesario.
Tomando aliento mantuvo cuidadosamente su toque ligero, Edward atravesó la furia helada y el centro pútrido intentando encontrar la visión necesaria para ver a través de los ojos de James, para establecer su propia emboscada. Le llevó solo segundos localizar la larga extensión de lava ennegrecida que necesitaba. Al instante debilitó la superficie varias yardas más adelante, manteniendo el estrato exterior con apariencia suavemente pareja, pero fina como el papel. Bajo la superficie, acumuló las protuberancias afiladas que no aguantarían mucho, pero podían proporcionar filo.
Edward se arrancó de la mente de James tan gentilmente cómo fue posible, no queriendo traicionar el hecho de que había establecido el contacto. Vio el momento exacto en que el vampiro pisaba sobre la fina superficie, agrietándola y cayendo a través de ella. Un horrendo grito sacudió las paredes del precario túnel y el nocivo olor a carne quemada permeó el aire.
Edward rodeó dos esquinas y se encontró mirando al vampiro solo a escasas yardas de distancia.
James se sacó a sí mismo del hoyo. La mayor parte de sus piernas habían ardido hasta ensangrentados muñones, la piel caía hecha cenizas, mientras alzaba su mirada llena de odio hacia Edward. Tu mujer sufrirá como ninguna otra haya sufrido nunca. Hizo la promesa con una voz áspera y seseante, toda pretensión de amistad hacía mucho que había desaparecido. Edward se lanzó hacia él, directo a por la muerte, decidido a separar el corazón del cuerpo. A medio camino hacia el vampiro, todo el tubo se hundió, la caverna subterránea misma. Toneladas de tierra y roca llovieron entre ellos, haciendo retroceder a Edward. Se vio obligado a utilizar su poder para evitar quedar enterrado bajo los escombros, formando una caverna protectora a su alrededor y esperando a que la tierra se asentara.
James no estaba en forma para atacar a Isabella o a los niños. Estarían seguros mientras el vampiro sanaba, pero tenía que hacerse con ella. No quedaba tiempo. Isabella tenía que ser introducida completamente en su mundo, donde Edward podría protegerla de la venganza. Ni siquiera cavando a través de los escombros no llegaría al vampiro. Conocía a James, sabía que encontraría un agujero y se arrastraría a través de él, quizás esperando años para alzarse antes de intentar exigir su venganza, pero tarde o temprano llevaría a cabo su movimiento. Tarde o temprano, ocurriría.
Edward se extendió para tocar a Isabella, asegurarse a sí mismo que ella estaba esperando en el rancho Stanley adonde la había mandado. Para su sorpresa, estaba en el bar. Por un momento simplemente se quedó allí ultrajado, enterrado bajo la montaña, la superficie sobre él devastada por la batalla entre dos antiguos. Isabella no le había escuchado, no había prestado atención cuando había intentado advertirla. No haría querido oírle.
Se abrió paso a través del polvo y la roca hasta que encontró el lugar donde había visto por última vez a James. No había nada. Ni rastro de sangre. Ni siquiera un olor. En la caverna cerrado debería haber olido la corrupción del vampiro, pero James era un maestro ancestral y podía disimular lo que era cuando deseaba. No había forma de seguirle y aprovecharse de sus heridas.
De vuelta a la superficie, Edward limpio la evidencia de las tormentas. Incineró los árboles dañados y se ocupó de que las corrientes subterráneas volvieran a donde pertenecían. La lava desapareció tan rápidamente como había surgido, de vuelta a la pequeña charca bajo la montaña durmiente. Cuando todo estuvo hecho y se hubo limpiado a sí mismo, volvió su atención a su tarea más importante. Seducir a Isabella y tomar lo que era legítimamente suyo.
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Irina estaba sentada en la esquina más oscura del bar, de espaldas a la pared, su mirada recorría la multitud. Inclinó la cabeza cuando Isabella se sentó.
—Conoces a todo el mundo, ¿verdad? —Había una nota triste en su voz.
—Bastante, sí.
—Debe ser agradable. Yo nunca puedo quedarme mucho en ninguna parte. —Irina se inclinó acercándose más. —No puedo arriesgarme a que ninguno de los cazadores me encuentre.
—¿Por qué? ¿Qué quieren de ti? —Preguntó Isabella, frotándose las sienes repentinamente palpitantes. —Tengo que conseguir algunas respuestas o voy a perder la cabeza. Honestamente estoy en un punto donde no puedo decir que es real y que ilusión. ¿Son reales los vampiros? Encontré a una criatura horrible, pero juro que debo haberme vuelto loca y estar alimentando ilusiones. Histeria en masa. —Brevemente se cubrió la cara con las manos antes de volver a mirar a la otra mujer. —Quería hablar de esto con Ben... es el sheriff, un amigo en quien he confiado toda la vida ¿pero sabes lo alocado que suena todo esto? Me encerraría y tiraría la llave.
Irina la evaluó con compasión.
—Lo siento, sé lo difícil que debe ser para ti. Desearía poder ayudar.
—Dijiste que si quería ir contigo... —Isabella arrastró las palabras cuando Irina sacudió la cabeza.
—Él puede seguirte. Dijiste que habla contigo. —Señaló el cuello de Isabella. —Tomó tu sangre. Estás teniendo problemas porque debe haberte dado la suya. No te dejará marchar. Sé poco sobre los cazadores, aparte de que tienen tremendos poderes y pueden convertirse en la misma cosa que cazan. —Tamborileó con las uñas sobre la mesa. —Honestamente no sé cómo ayudarte. Pensé mucho en ello después de que hablamos, pero no pude dar con ninguna respuesta.
Isabella se presionó la mano sobre el cuello, sujetando el mordisco y odiando el gesto.
—Honestamente no sé si podría dejarle. Estoy tan preocupada por Alec y Alice. Alec fue mordido por el vampiro y este intenta utilizarle para hacerme daño. —No podía tocar la mente de Edward. Lo intentaba una y otra vez, pero estaba cerrado a ella. No sabía si estaba herido, o muerto, o simplemente protegiéndola. La piel se le erizó. —Es como una terrible adicción. Pienso en él todo el tiempo. Soy una persona fuerte, pero no puedo librarme de él. —Levantó la mirada hacia Irina suplicante. —Tampoco consigo confiar en él o encontrar una salida que me permita asegurar que los chicos están a salvo. Creo que es demasiado tarde para mí.
—¿Dónde está él? —Irina miró de nuevo alrededor. —No puedo imaginarle dándote mucho espacio cuando no le estás dando lo que quiere.
—Ahora mismo ha salido a luchar contra el vampiro. Dice que, si no le destruye, la criatura siempre tendrá poder sobre Alec.
Irina asintió.
—Me temo que tiene razón.
La música del bar era estruendosa, reverberando en su cabeza. Isabella se presionó el vaso de agua helada sobre la frente.
—Odio estar tan indecisa. He vivido toda mi vida sabiendo lo que se suponía que debía hacer. De repente no tengo ni idea de qué dirección tomar. De repente el rancho no parece tan importante comparado con la vida de Alec. Solo quiero que Alec y Alice sean felices y tengan vidas normales.
Irina estudió la cara de Isabella.
—¿Qué pasa? ¿Por qué has venido?
Isabella suspiró.
—Quería huir contigo. Coger a los chicos y largarme. Y quería respuestas. Las necesito y creí que tú podrías dármelas. —Golpeó la mesa con la uña, siguiendo un ritmo de nerviosa energía. —¿Sabes esa marca que tienes? ¿El dragón? ¿La que dijiste que era una marca de nacimiento? Yo tengo una marca igual. Es muy débil y a menos que la estés buscando, nunca sabrías que está allí. No se calienta como dices que hace la tuya, pero la tengo.
Se hizo un largo y grávido silencio. Irina se cercó más, mirándola incrédulamente.
—¿Estás segura? Deberías habérmelo dicho cuando hablamos la última vez.
—Significa algo, ¿verdad? —Preguntó Isabella.
—¿La ha visto el cazador? —La voz de Irina era casi inaudible, a pesar de la aguda audición de Isabella.
—Su nombre es Edward.
—No quiero pronunciar su nombre. No quiero atraer su atención sobre mí. ¿Ha visto la marca?
—Es muy débil y palidece a veces, así que incluso yo tengo dificultades para encontrarla en ocasiones. ¿Por qué pronunciar su nombre atraería su atención sobre ti?
—¿Dónde está localizada la marca? —Preguntó Irina, ignorando la pregunta de Isabella.
—En el mismo lugar en que dijiste que estaba la tuya, sobre mi ovario izquierdo. ¿Así es como nos identifica el vampiro? ¿Ella marca les atrae hasta nosotras? Sé que sabes cosas. Necesito averiguarlas. No lo pregunto por mí misma, Irina, sino por mi hermano.
—¿Has permitido que el cazador te hiciera el amor?
—Sabes que lo he hecho.
—Entonces tienes una débil marca de protección o él la habría notado. Le oculta a sí misma de él.
Isabella tuvo el deseo de plantarse en pie en medio del bar y gritar.
—No me estás poniendo esto muy fácil. Simplemente dime que hacer.
—Si tienes la marca de nacimiento, estás de algún modo emparentada conmigo. Procedemos de un viejo y ancestral linaje. Somos muy pocos. —Obviamente Irina estaba eligiendo sus palabras cuidadosamente. —El cazador no puede ver esa marca, así que debe ocultársele.
—¿Por qué no puede verla? —Isabella casi siseó las palabras entre los dientes. —¿Por qué no me lo cuentas? ¿No puedes ver lo desesperada que estoy? No puedo estar lejos de él. No sé cómo revertir lo que sea que me ha hecho, y para ser honesta, he pasado el punto en el que le deseo fuera de mi vida. Tengo el terrible presentimiento de que estoy a medio camino de amarle. Hace cosas tan maravillosas, tan heroicas, te rompe el corazón. Por favor cuéntame lo que sabes.
—Desafortunadamente solo sé lo que mi padre me contó y no es mucho. He vivido mucho tiempo, Isabella, y no envejezco mucho. Tú crees que tengo más o menos tu edad, pero soy mucho más vieja. Tengo raros talentos. Puedo tocar algo después de ti, o de cualquier otro, y "ver" donde has estado. Puedo leer la historia de los objetos y soy telepática.
—¿Puedes cambiar de forma? —Preguntó Isabella a secas. —Estás describiendo esta misma especie. ¿Por qué habrías de esconderte de ellos?
—La marca de nacimiento. Cualquiera nacido con la marca debe permanecer lejos de los cazadores y vampiros o nos matarán. Es alguna antigua regla.
Isabella dejó caer la cabeza entre las manos, recordando la sensación de la lengua de Edward trazando su marca de nacimiento, una seductora y erótica exploración que la había hecho estremecer de deseo.
—No lo creo, Irina. Creo que estás equivocada. —Edward había tenido que sentir los débiles contornos de la marca. Tenía un ligero relieve. Incluso si la marca había intentado ocultarse, la había lamido varias veces, sus labios se habían movido sobre ella hasta que quiso gritarle que le diera alivio. Pero después, había intentado matarla. Se frotó las sienes palpitantes. —No sé nada más. ¿Alguna vez te ha atacado un cazador?
—No, les evito, igual que evito a los vampiros. Hubo una especie de enfrentamiento entre mi familia y los cazadores en tiempos ancestrales y ha seguido todo este tiempo. —Irina se recostó hacia atrás en su asiento. —Por lo que tengo entendido, una de las mujeres de los cazadores, Rhianon, abandonó a su marido para estar con un hombre muy poderoso. Hubo un terrible choque entre las dos facciones y estalló la guerra. Rhiannon tuvo trillizos, dos chicas y un chico. Murió cuando los niños eran jóvenes, pero su padre les enseñó a evitar a cazadores y vampiros. Si hijo es mi abuelo.
—¿Y las dos niñas?
—Desaparecieron. Nadie sabe dónde están. Mi padre cree que es posible que los cazadores las encontraran y mataran.
—¿Dónde encajo yo en todo esto? —Preguntó Isabella.
—Supongo, que eres mi sobrina. Mi hermano se unió brevemente con una mujer, pero después la dejó. Te pareces a él y quizás por eso me vi atraída a esta parte del país. La mujer era propietaria de un rancho por los alrededores.
—¿Tu hermano es mi padre? —Isabella se sentía más agitada que nunca. No podía imaginar a Edward matándola porque una mujer abandonara a su marido muchos años atrás. —¿Dónde está ahora?
—Muerto. —El tono de Irina dejaba claro que no daría mucha más información.
Isabella no podía sentir nada por un hombre al que nunca había conocido. Charlie era su padre y siempre le querría.
—¿Cuántos años tienes, Irina?
—¿Importa? No vas a dejarle. Ya sabes eso. Simplemente no estás dispuesta a confiar en él en lo que respecta a tus hermanos. No puedo llevarlos conmigo, no sin ti. No serían felices y estaríamos todos en peligro. Puedo protegerme a mí misma y entrar y salir de lugares sin que cazadores o vampiros me detecten, pero a menos que el vampiro que mordió a Alec esté muerto, siempre estarán atados. —La cabeza de Irina se alzó de repente alerta. —Él está cerca. Él o el otro. Tengo que irme, Isabella. Abandono el pueblo inmediatamente. Buena suerte.
—Gracias por proporcionarme a alguien con quien hablar. —Isabella sabía que Edward estaba cerca. Cada célula de su cuerpo se había puesto en alerta. Se le erizó la nuca como si realmente sintiera la calidez del aliento de él. —Te deseo seguridad.
—Buena suerte, Isabella. Pensaré en ti. —Irina extendió la mano y la tocó, solo el más ligero de los roces de sus dedos, pero la calidez brotó de Irina hasta Isabella. Había reconocimiento en el tacto. Irina se echó hacia atrás y asintió. —Definitivamente estamos emparentadas. Por favor ten mucho, mucho cuidado.
Isabella asintió.
—Tú también. —Observó a Irina abrirse paso rápidamente entre las mesas hacia la salida, el corazón le latía con anticipación. Supo en el momento exacto en que Edward entró en el bar. Estaba vivo y en ese momento eso era todo lo que importaba. No miró alrededor... su mirada la encontró inmediatamente. Permaneció en pie al otro lado de la habitación, exudando pura y sexy confianza masculina.
Los músculos de su estómago se tensaron. Dejó de respirar. Diminutas llamas de excitación la lamieron cuando sintió el peso de esos ojos desde el otro lado del bar. Estaba vivo.
Parecía ileso. Y cuando él la miró, allí estaba esa hambre extrema, un potente deseo que la sacudió hasta su mismo centro. Empezó a caminar hacia ella, sin apartar nunca la mirada. Se movía con una gracia sensual que hizo que su corazón empezara a palpitar al ritmo de la música.
Caminaba directamente a través de la multitud como si no existiera nadie más que ella, observándola todo el tiempo. Nadia chocó con él y nadie se cruzó en su camino. Simplemente le tendió la mano pidiendo la suya.
—Baila conmigo.
Isabella observó como las emociones atravesaban fugazmente su cara y oscuras sombras se movían en sus ojos. Antes de poder contenerse extendió la mano lentamente hacia él, hipnotizada por él como siempre. Él tiró le de la mano y la atrajo contra su cuerpo duro, encajándola para que pudiera sentir el bulto duro de su erección presionado firmemente contra ella. Su cuerpo era duro, sus brazos fuertes, su corazón latía fuera de ritmo bajo el oído de ella.
Se sentía a salvo y protegida. Se sentía amenazada y asustada. Bailar con él era una locura. Se estaba entregando a él.
El calor se difundía desde su pesada erección hacia afuera, atrapándoles a ambos en el fuego. Se sentía débil de deseo por él. Las manos en su cintura, se deslizaron más abajo de sus caderas, para presionar su cuerpo más ligeramente, incrementando la fricción entre ellos mientras se balanceaban lentamente por la pista de baile.
No veo nada de sangre en ti. ¿Encontraste al vampiro? Solo quería dejarse llevar con él sobre una ola creciente de lujuria y deseo.
Nos encontramos. Se las arregló para escapar, pero le herí. ¿Por qué viniste aquí a encontrarte con esta mujer? Empezó a levantar la cabeza de su pecho, pero su mano la cogió por la nuca y la retuvo. No fueron sus palabras o siquiera su tono lo que la alarmó; fue un vistazo a sus pensamientos, rápidamente ocultos a ella. Por solo una fracción de segundos, captó el genio arremolinándose en él y algo peligroso. Déjame abrazarte, Isabella. Ha sido una noche larga y solo quiero sentirte entre mis brazos. Inclinó la cabeza hacia ella, su boca hizo a un lado la camisa para enterrarse contra la calidez de su cuello. Ella se estremeció entre sus brazos en reacción. La lengua jugueteó sobre su pulso y los dientes arañaron rudamente, seductoramente adelante y atrás.
Isabella tenía miedo de estar derritiéndose entre sus brazos. Había presionado un beso contra el pecho de él, girando la cara hacia arriba hasta la garganta para poder sentir su piel bajo los labios. Temblaba de deseo por él. Su útero se tensaba y estaba acogedoramente húmeda y resbaladiza. Quería la ropa fuera de su camino para poder examinar cada centímetro de él, ver por sí misma que no estaba herido.
Ven conmigo. Quiero tomarte en las aguas termales de las montañas. Solo nosotros dos. Te necesito esta noche, meu amor. Esta vez, nada de discusiones o protestas. No digas que no, solo ven conmigo y déjame tenerte.
La música se desvaneció. Algunos de los parroquianos del bar dejaron de bailar mientras otros esperaban que sonara la siguiente canción. El cuerpo de Edward la urgió hacia la salida. Podía sentir el calor de su palma quemando como una marca a través de la delgada blusa.
—Alec y Alice...
—Están a salvo. —Finalizó, su voz fue ruda a causa de la cruda pasión. —Ven conmigo, Isabella. Por propia voluntad. Entrégate a mí. —Inclinó la cabeza y jugueteó deliberadamente en su nuca con los dientes, raspando gentilmente, un pequeño pellizco y rizo de su lengua calentándole la sangre.
Bajo la fina tela de su camina, los pechos le dolían, se sentía incómoda con el sujetador, sus pezones eran duros picos tensos frotándose dolorosamente contra el encaje. Sintió como su cuerpo se debilitaba y humedecía invitadoramente. Le quería allí mismo. En ese momento. El hambre era cruda, afilada y terrible.
—Si. —Dijo suavemente, pero él la oyó.
Lo supo porque su mano le mordió posesivamente la cadera. La urgió hacia la puerta. Su corazón palpitaba con anticipación.
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¡Chan, chan chaaaaaaaaaaan! Ayer edité este capítulo jajaja como hoy tengo clases un poco más tarde, pues quise aprovechar para subirlo de una vez jajaja ya solo nos quedan 4 capítulos para terminar la historia! (sin contar el epílogo). ¿les gusta? ¿les gusta?
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¡No leemos pronto!
