No poseo los derechos de autor. Los personajes pertenecen a la asombrosa Stephenie Meyer y la historia es de la hermosa Christine Feehan (Saga de Los Carpatianos). Yo solo me divierto un poco.

.

.

.

Alec se contorsionaba sobre la cama, empapado en sudor, con las sábanas enredadas alrededor de su cuerpo.

—No lo haré. ¡Isabella! ¡Isabella! —Llamaba a gritos a su hermana y se apretaba ambas manos sobre los oídos. —No lo haré. No puedes obligarme.

Alice se sentó, recorriendo con la mirada la habitación desconocida. Compartía habitación con su amiga Chelsea. Podía oír a su hermano murmurar y algunas veces gritar llamando a Isabella. Inmediatamente se levantó y, con una mirada rápida hacia la dormida Chelsea, se apresuró a salir de la habitación y bajar por el vestíbulo hasta donde se quedaba su hermano.

Eleazar y Alistair estaban ya levantados y llegaban desde sus habitaciones. Alistair extendió la mano hacia ella con una cálida sonrisa. Alice vaciló un momento antes de colocar su mano en la de él.

—Creo que Alec tiene pesadillas. —Susurró.

—¿Las tiene con frecuencia? —Preguntó Alistair con una rápida mirada a su hermano.

Ella sacudió la cabeza.

—Alec no. —Llamó una vez y abrió la puerta. Alec estaba arrodillado sobre la cama, con los ojos salvajes y el pecho desnudo. Solo los pantalones del pijama le cubrían. La sábana estaba enredada sobre el suelo, desgarrada en varios lugares. Alice pudo ver que la piel de Alec estaba cubierta de sudor. Tenía un cuchillo colocado sobre su muñeca. Había varios pequeños cortes en su brazo y cada uno de ellos cubierto de sangre.

Sacudía la cabeza con fuerza, las lágrimas fluían.

—Sal. Sal, Alice. Rápido.

Alistair cogió a Alice y la empujó tras él mientras extendía la mano hacia Alec.

—No lo hagas, Alec. Dame el cuchillo. Lucha. Lucha contra lo que el vampiro te ordena hacer.

Alec parecía indefenso, un niño pequeño buscando la comprensión de un adulto.

—He estado luchando durante horas, y no puedo aguantar más. No puedo. ¿Dónde está Isabella? Tienes que decirle que intenté luchar.

—Escúchame, Alec. —Alistair bajó la voz, manteniendo la atención del chico centrada en él para que Eleazar pudiera empezar a maniobrar abriéndose paso a lo largo de la pared hacia su sobrino. —Es el vampiro. Intenta utilizarte para hacer daño a Isabella. No quieres que él haga daño a tu hermana, ¿verdad? Si tiene éxito tomando tu vida, ella nunca será la misma. Sabe que Isabella te quiere.

Las lágrimas corrían por la cara del chico.

—Me susurra todo el tiempo. Lo intenté, pero no parece que pueda detenerme.

Alice dejó escapar un solo sonido de desasosiego, atrayendo la atención de Alec. Él sacudió la cabeza.

—Por favor, Alice. Por favor sal de aquí. No quiero que me veas así. No puedes verlo.

Alec sentía al vampiro moviéndose otra vez. Justo antes del amanecer la criatura había empezado a trabajar en él. Parecía distante y débil, a veces perdía el contacto. Alec tenía la impresión de que estaba herido de algún modo, pero entonces renovaba su ataque, susurrando órdenes, exigiendo conformidad. Exigiendo que Alec se cortara a sí mismo una y otra vez, insistiendo en que acabara con su propia vida. Alec luchó con fuerza contra las órdenes, pero el vampiro le agotaba. ¿Dónde estaba Carlisle? ¿Dónde estaba Edward? Ambos habían prometido ayudarle.

El vampiro le aferraba con fuerza en su hechizo. Había reunido sus fuerzas y llevado a cabo un intento concentrado de obligar al chico. Los ojos de Alec se abrieron de par en par, mirando fijamente al espacio mientras sentía al no—muerto moverse dentro de él. Durante un espantoso momento fue consciente de la criatura en su cabeza, mirando a través de sus ojos con triunfante regocijo. Sintió el terrible mordisco de la hoja en su carne. Hacía daño, un dolor abrasador que atravesaba su cuerpo como una lanza. El tiempo se detuvo. En ese latido de corazón, cinco personas diferentes se unieron. Carlisle y Edward habían tomado la sangre de Alec y fueron súbitamente conscientes, saliendo de su sueño, de que compartían su cabeza con el vampiro. Pudieron verse todos los unos a los otros; sentirse todos los unos a los otros. Era grave y terrible, el vampiro exaltado, la risa perversa un eco áspero en la mente de Alec.

A través de Edward, Isabella se unió a ellos. Alec sintió su conciencia, el grito de angustia fluyendo hacia arriba. En ese terrible momento que fue consciente de Isabella, enterrada profundamente bajo tierra, intentando arañar su camino hacia arriba a través de la tierra para alcanzar la superficie y llegar hasta él. En ese latido de corazón estuvieron todos juntos y el vampiro se retiró a su propia cabeza y rió con triunfante alegría.

Eleazar cayó sobre Alec, lanzándole hacia atrás sobre la cama, forcejeando con él por el control del cuchillo. Alec parpadeó rápidamente para aclarar su visión emborronada e intentó concentrarse con lo que realmente estaba ocurriendo. La idea de Isabella enterrada viva le ponía enfermo. Le ardía la muñeca y sus tíos le estaban atando para que no pudiera hacerse daño a sí mismo mientras trabajaban para detener el flujo de sangre. Alec podía oír a Alice llorando, pero no podía moverse, no podía encontrar su voz, solo podía yacer inmóvil con el corazón palpitante y un terrible miedo que empezaba a inundar su cerebro. El vampiro no había terminado.

.

.

.

Isabella. Edward la atrapó mientras ella luchaba salvajemente, desgarrando la tierra con las manos desnudas para llegar hasta su hermano. La había colocado en un profundo sueño. Nada debería haberla perturbado. Nada debería haber penetrado las salvaguardas hasta el punto de despertarla, pero estaba frenética por llegar hasta Alec.

Es su sangre de Cazador de Dragones, explicó Carlisle tranquilamente. Ella es mucho más fuerte de lo que ninguno de nosotros comprende. Era cierto. Edward sabía que su linaje proporcionaba el hierro de su voluntad y también realzaba la tremenda hambre sexual a la que no podría sobreponerse cuando estaba alrededor de su compañero. Su linaje era a la vez su fuerza y su debilidad. Su dolor y angustia le desgarraron.

Querida. Le alisó el pelo, apartándole las manos de la tierra. Alec no morirá. No puedes abandonar este lugar de sanación. Todavía podía sentir el fuego en el cuerpo de ella, sus órganos todavía experimentaban el cambio de forma.

¡Aléjate de mí! ¿Qué has hecho? Oh, Dios, Alec está herido. Tengo que llegar hasta él. Ayúdame a salir de aquí

Carlisle y yo acudiremos a él. Eleazar y Alistair le tienen y Tyler está allí. No puedes abandonar la tierra aún. No estás curada y la luz te haría daño. Edward intentó proporcionar una brisa tranquila y depuradora de cordura en la pesadilla en la que Isabella se encontraba inmersa. Sus manos fueron gentiles mientras intentaban contenerla.

Ella no dejaba de arañar la tierra. Edward se vio forzado a sujetarle las muñecas. Estaba haciéndose daño a sí misma. Isabella, pequeña, tranquila. Carlisle se está alzando. Le detendremos. No puedes hacer esto sin causarte daño a ti misma. Intentaba ser razonable, pero ella le estaba rompiendo el corazón. No era un hombre familiarizado con su lado tierno y gentil y su naturaleza feroz y protectora exigía que forzara su obediencia.

Maldito seas, no me importa. Tengo que llegar a él. Está herido. Por amor de Dios, Edward, ha intentado matarse. Es solo un niño.

Su intranquilidad le desgarraba, haciéndole trizas el corazón. Me aseguraré de que esté a salvo. Duerme, Isabella. Empujó la orden con fuerza.

Ella no sucumbió, su sangre de Cazadora de Dragones se alzaba para protegerla. Vete al infierno, Edward. Es mi hermano. Si tú no me sacas de aquí, lo haré yo misma. Edward era enormemente fuerte y no había forma de luchar físicamente con él y ganar.

No puedes, meu amor. Duerme ahora. Esta vez tomó el control, sin permitirle utilizar su sangre o imponerse a él.

Nunca te perdonaré esto. Sucumbió a la compulsión, cayendo a regañadientes en el sueño de su gente, pero no antes de que él sintiera la brecha entre ellos. Ampliamente abierta, un gran abismo que podía ser que nunca se llegara a cruzar. Y no podía culparla. Durante un momento, yació junto a ella, sujetándola entre sus brazos, en el corazón palpitando de miedo por ella, por su futuro juntos. Había acero en Isabella. Podía ser que nunca fuera capaz de resistirse a él físicamente, pero si se empeñaba en evitar sentir nada por él...

Edward gimió. No podía culparla. La había convertido sin su permiso, imponiéndole su forma de vida, y mientras ella estaba bajo tierra, el vampiro había atacado a su hermano. Le acarició el pelo, presionando los labios contra sus sienes. No podría sobrevivir sin ti, meu amor. Sé que eres mi corazón y mi alma. Encuentra una forma de amarme a pesar de todo esto. Cuando estaba solo pensando en ella, cuando tenía un nudo de amor en la garganta tan grande que no podía tragar ante la idea del valor y fuerza de ella, cuando anhelaba estar con ella, tan excitado ante la mera idea de que ella le amara, de que le necesitara, se le ocurrían toda clase de cosas poéticas que decirle. Pero cuando la tenía ante de él, sus ojos verdes llameando desafiantes y su boca y su cuerpo una pecaminosa tentación, perdía todo su buen juicio y se volvía dominante.

¿Cómo iban a superar esto?

Edward explotó a través de la tierra, la luz temprana de la mañana le hería la piel y los ojos, pero definitivamente era tolerable. Cambió en el aire, asumiendo su forma favorita de águila real, y empezó a volar hacia el rancho de Tyler Stanley. Simultáneamente sintió alzarse a Carlisle, y supo que también se dirigía al rancho.

Debería haber considerado que James podría vengarse contra el chico. Había un profundo arrepentimiento en Edward. Sabía que estaba herido y pensé que iría a la tierra para recobrarse, no que utilizaría lo que restaba de su fuerza para vengarse.

Ahora estará en mala forma. Si pudiéramos encontrar su lugar de descanso, podríamos matarle antes de que recuperara fuerzas, aventuró Carlisle.

Edward levantó ampollas en la mente de Carlisle con una ristra de maldiciones. ¿Tienes alguna idea de lo que he hecho? Ella no me perdonará.

Es tu compañera. La eternidad es muy larga incluso para una Cazadora de Dragones rencorosa. ¿Tienes alguna idea de dónde habrá construído el vampiro su guarida?

Quizás, dijo Edward pensativamente.

La casa del rancho estaba llena de luces. Se dejó caer en el patio delantero, cambiando a vapor para poder entrar fácilmente a la casa y aparecer como si hubiera llegado del dormitorio que tenía asignado. Carlisle se encontró con él en el vestíbulo y se apresuraron hacia la habitación de Alec.

Tyler estaba en pie, con la cara sombría, rodeando a Tanya con sus brazos mientras Alistair reconfortaba a Alice que claramente se negaba a salir.

—Perdóname, Alec. —Saludó Carlisle. —Dormía profundamente cuando debería haber estado vigilando.

—Pensábamos que estabas a salvo. —Dijo Edward. Cerró los ojos un momento, sabiendo que no tenía elección. Isabella amaba a este chico. Por su bien, por el bien del muchacho, tenía que enviarle lejos donde el vampiro no pudiera tocarle si fracasaban en sus esfuerzos por destruir al no—muerto. Isabella nunca le perdonaría. Un temor empezaba a asentarse en el fondo de su estómago.

Alec alzó la cabeza. Su cara estaba muy pálida, había prominentes círculos oscuros bajo sus ojos mientras evaluaba a los dos Cárpatos.

—Aguanté contra él mucho tiempo.

—Sé que lo hiciste. Estoy orgulloso de ti. —Extendió la mano y deliberadamente rodeó el desgarrón de la muñeca, cubriendo con la palma la herida abierta. —Tengo algo de habilidad para sanar. Permíteme.

Eleazar mantuvo la mano sobre el hombro de Alec en un gesto de solidaridad.

—Luchó duro, Don Edward, Don Carlisle, y esta vez fuimos capaces de detenerle. ¿Pero y la próxima? —Los miró. —Habrá una próxima vez.

Carlisle asintió.

—Debemos poner distancia entre Alec y nuestro enemigo. —Miró directamente a Edward, leyendo en él el miedo a lo que haría eso a Isabella. El asentimiento de Edward fue casi imperceptible.

—¿A alguien le importaría decirme que está pasando? —Dijo Tyler. —Eleazar y Alistair se negaron a permitirme llamar al médico. Por cierto, deberíamos llevar a Alec al hospital donde podrá recibir ayuda psiquiátrica al igual que cuidados médicos.

Carlisle sacudió la cabeza.

—Nuestro viejo enemigo nos ha encontrado y está intentando utilizar a Alec para vengarse. Alec ha sido hipnotizado para someterse a su voluntad. —Sonrió hacia el adolescente. —Pero Alec es mucho más fuerte de que lo ninguno de nosotros pensaba. Estoy orgulloso de ti.

—Deberíamos llamar a Ben. —Insistió Tyler.

Carlisle giró la cabeza para mirar directamente a los ojos de Tyler.

—Será mejor que nos ocupemos de esto solos. Fue solo un accidente. El chico se descuidó jugando con su cuchillo y no queremos que sea pasto de los cotilleos de un pueblo pequeño.

Tyler asintió.

—Estoy de acuerdo en que será mejor no decir nada.

—Si nos llevamos a Isabella, Alec y Alice a Brasil, Tyler, ¿seréis tú y tus hombres capaces de llevar su rancho? Estamos dispuestos a pagarte por ocuparte de la propiedad de Alec y Alice hasta que sean mayores de edad. Si ninguno de ellos la quiere y desean quedarse en Brasil con nosotros, te venderemos el rancho si deseas la propiedad. —Ofreció Edward.

—Isabella va a cagar en todo. —Susurró Alec.

—Isabella te dijo que no utilizaras esa expresión. —Dijo Alice, asomando la cabeza desde detrás de Alistair. Tenía los ojos muy abiertos mientras miraba a su hermano. —¿Qué te está haciendo Edward?

La mano de Edward permanecía alrededor de la muñeca de Alec. Los feos cortes parecían estar palideciendo en la zona cubierta por la palma de Edward.

—¿Duele? —Insistió Alice.

—Ya no. Edward hace que me sienta mejor.

—¿Qué dices, Tyler? ¿Tú y tu gente podréis arreglaros con los acres extra y haceros cargo del trabajo? —Preguntó Edward. Sabía lo que Isabella pensaría y sabía que se arriesgaba enviando lejos a los niños, pero no había otra elección. Quería destrozar algo, quería destruirlo todo a su alrededor. Quería prohibir a su hermano que enviara lejos a Alec y Alice, pero sabía que ella amaba a esos dos niños. A través de ella, él había aprendido a amarlos también y, más que su propia felicidad, tenía que anteponer primero a Isabella. Y eso significaba enviar lejos a Alec para mantenerle a salvo. Ahora, esta noche. Tan pronto como fuera posible.

—Estamos hablando de una gran suma de dinero, Tyler. Tendrás que pagar a tus hombres. —Añadió Carlisle como ulterior tentación, mirando cautelosamente hacia su hermano, leyendo sus atormentados pensamientos y sintiendo la tensión que se alzaba en la habitación.

—¿Y qué hay de Isabella? —Inquirió Tyler. —Lo último que oí es que estaba dispuesta a atravesar el infierno para llevar el rancho ella misma.

—Edward y Isabella se han... —Carlisle miró a Eleazar con fijeza. "Casados", ayudó Eleazar. —Se han casado. Naturalmente Isabella y los chicos volverán inmediatamente a Brasil con nosotros. Eleazar y Alistair harán los arreglos para enviar sus pertenencias y los caballos a casa.

—Y a King. —Dijo Alice. —No me voy sin King. —Tiró de su tío. —Y no me iré sin Isabella. —Sonaba testaruda, una pequeña réplica de su hermana.

—¿Estáis seguros de que Isabella estará de acuerdo? —Preguntó Tyler de nuevo, sorprendido de que ella fuera realmente a marcharse del rancho en el que había pasado toda su vida.

Carlisle giró la cabeza y una vez más atrapó la mirada del hombre.

—Isabella desea venir con nosotros más que nada. Está con Edward y quiere construir un hogar con él. Naturalmente se llevará a los niños con ella.

—Naturalmente. —Estuvo de acuerdo Tyler. —Si estás haciendo la oferta en serio, Carlisle, sabes que siempre estoy dispuesto a hacer negocios con tu familia. Podría utilizar los acres extra y ciertamente tengo suficientes hombres para llevar ambos ranchos.

—Isabella nunca estará de acuerdo. —Susurró Alec a Edward. —Sé que no lo estará. Se pondrá furiosa.

—Deja que yo me ocupe de eso, Alec. Lo más importante ahora mismo es sacarte del alcance del vampiro para que no pueda hacerte daño mientras le cazamos. Voy a hacer que Eleazar os ayude a hacer las maletas y tú y Alice saldréis esta misma mañana. Tenemos un jet privado y os llevará a casa lejos de este lugar. Yo llevaré a Isabella tan pronto como sea posible. —Miró fijamente a Alice. —Y, por supuesto, el perro también irá.

—¿Pero no necesitamos pasaportes? No tengo pasaporte. Nunca he viajado a ninguna parte. —A pesar de sí mismo, Alec se sentía excitado ante la perspectiva de subir a un jet privado, de ver otro país, de despertar por la mañana y no tener que trabajar desde el amanecer al anochecer. Se sentía un poco culpable, pero estaba ansioso por intentarlo por una vez en su vida.

—No voy a irme sin Isabella y tú tampoco, Alec. —Declaró Alice, mirando a los hombres que había en la habitación.

Edward extendió la mano hacia la muchachita.

—Te pareces mucho a tu hermana, Alice. Ella vendrá. Está conmigo y debe acompañarme a nuestra casa. Hay una zona de montar interior y una piscina.

—Me gusta mi jardín.

—Tenemos un maravilloso jardín y podrás pasar tiempo con tus tíos y con toda la familia. Están todos muy ansiosos de conoceros a los tres. Tu perro será bienvenido y puedes tener tantos caballos como quieras.

De repente Alec tiró de su mano, intentando liberarse de la garra de Edward. No pareció notar que Edward aligeró su apretón y volvió su atención completamente hacia el chico. Alec se quedó muy quieto, con los ojos brillantes. Su cuerpo empezó a temblar y su expresión de volvió fofa como si estuviera lejos de ellos.

Carlisle se acercó a la cama. Edward mantuvo la conexión física con Alec. Las heridas autoinfringidas estaban todas curadas, ambos Cárpatos estaban en la mente del muchacho, sintiendo sus emociones y leyendo sus pensamientos.

—¿Qué pasa, Don Edward? —Preguntó Alistair.

—Saca a la niña de aquí. Tyler, métela en la cama. —Carlisle dio la orden, su voz era una poderosa arma.

Tyler Stanley obedeció, llevándose a su mujer y a Alice con él. Los hermanos Denali se hacinaron más cerca de su sobrino.

—¿El vampiro ha tomado de nuevo el control?

Edward alzó la mano pidiendo silencio, sus rasgos eran sombríos.

—El vampiro está en movimiento. Tendría que estar en la tierra. Está gravemente herido y el amanecer ya está sobre nosotros. Ha cubierto el sol con pesadas nubes, pero no debería ser capaz de viajar una vez el sol se ha alzado. Verdaderamente se ha vuelto más poderoso que la mayoría de los de su clase. Alec le está rastreando.

—Buen chico. —Murmuró Eleazar.

—Se mueve bajo tierra, no sobre ella. —Dijo Carlisle.

—¿Por qué estará en movimiento? —Pensó Edward en voz alta. Una presión estaba empezando a formarse en su pecho. Miró hacia Carlisle para ver si compartía el repentino temor.

Carlisle encontró su mirada con otra sombría.

—Isabella. —Edward se puso en pie bruscamente con una expresión salvaje. —Va tras Isabella. —El corazón de Edward empezó a palpitar. El miedo le cerró la garganta. El terror le llenaba de rabia.

—Sabe donde yace ella. —Dijo Alec. Miraba directamente hacia adelante, con los ojos desenfocados, pero pronunció las palabras claramente. —Se abre paso hacia ella y quiere que yo sepa que me matará después de matarla a ella. Después matará a Alice.

—No tendrá oportunidad. —Le tranquilizó Carlisle. —¿Aguantarán las salvaguardas?

—Es un antiguo. Nosotros inventamos las salvaguardas. —Las manos de Edward temblaban. Le picaban a causa del deseo de arrancar el corazón al vampiro. La tierra se movió amenazadoramente. Fuera del edificio, un relámpago iluminó el cielo y el estallido del trueno sacudió la casa.

—No es posible que se mueva rápido y la luz le retrasará.

—Nada detiene a James. —Edward ya se estaba disolviendo en vapor, emanando de la habitación hacia el cielo mañanero. Cuando está decidido.

Fuera el cielo se había vuelto negro, a juego con su turbulenta rabia. ¡Isabella! ¡Despierta! Emitió la orden con tremenda fuerza, la fuerza de un poderoso antiguo. Sintió la respuesta instantánea de ella. El miedo la golpeó, le golpeó a él. El miedo de estar enterrada viva. Tomó el control de ella con una fuerza cruel, tranquilizando su mente. James nos da caza. Como lo hace a la luz temprana de la mañana no lo sé, pero ha pasado la hora en la que debería sentirse pesado. Ya no eres humana. Debes sobreponerte a todos los miedos humanos y sabes que puedes hacer esto. Eres una Cárpato.

La reacción de ella fue mantener los ojos firmemente cerrados, pero un torbellino de furia la consumía. ¿Dónde está mi hermano? y maldita sea sácame de la tierra. Edward sintió la familiar tensión en el estómago, el roce del fuego a través de las venas.

Isabella tenía temperamento y eso siempre le fascinaba, siempre le excitaba. Y sabía que ella lo necesitaría... esa voluntad de hierro, esa determinación, la furia que la empujaba cuando otros habrían cedido. Alec está a salvo y Carlisle protege a los niños.

Ahora siento al vampiro. Está cavando a través de la tierra, como una mole. La tierra está gritando. Sácame de aquí.

¿Así que la luz de la mañana temprana era demasiado para James, pero no se sentía pesado cómo debería? Edward atravesó el cielo, a velocidad más alta que su mente. Tu cuerpo no está preparado para salir de la tierra. Necesitas la tierra reparadora, querida. ¿Todavía puedes sentir el fuego rabiando en tus órganos? Es demasiado peligroso.

Está cerca. Le sentía maligno, violento, un arma de odio y venganza, tan malvado que Isabella se estremeció de miedo. Edward, apresúrate. Había una sensación de urgencia en ella. Sentía algo moverse sobre ella. Un éxodo de insectos huyendo de la malevolencia del vampiro, intentando escapar de él. Insectos, están por todas partes.

Edward pudo oír la histeria en su voz. Así que te enfrentas a un potro semi salvaje pero te asustan un par de bichitos. Intentaba aparentar tranquilidad y resultar consolador, cuando lo que en realidad quería era arrancar el corazón a su enemigo por hacerla sufrir semejante terror. Obligó a su mente a alejarse del miedo de ella y trató de sentir cómo de cerca estaba realmente James. La migración de insectos significaba que se aproximaba a su lugar de descanso. Las salvaguardas le retrasarían, pero Edward dudaba que él pudiera alcanzarla antes de que James hubiera desentrañado los hechizos que la protegían.

Maldito seas por esto. Había un sollozo en la voz de ella que le desgarró el corazón. Me siento como si estuviera en un ataúd. Si no me sacas de aquí, voy a perder mi alucinada cabeza.

Edward empezó a lanzar barreras en el camino de James. Una sólida pared de granito, imposible de atravesar. Se vería obligado a rodearla y eso le debilitaría. Fuera lo que fuera lo que había encontrado le permitía moverse después de que el amanecer hubiera pasado hacía mucho.

La gente de los Cárpatos tendría que oír de semejante logro y contrarrestarlo.

Por favor, Edward. Por favor, sácame de aquí. Te juro que sea lo que sea lo que hiciera, lo siento. Ahora estaba llorando, arañando la tierra. Podía sentir como palpitaba su corazón, acelerándose hasta que temió que explotaría. Sus súplicas solo servían para enloquecerle. Quería llorar con ella.

¡Isabella! Para. Deja de llorar. Puedes hacer esto. Puedes hacerlo. No puedo sacarte de la tierra. Quiero que estés consciente para poder utilizarte en mi lucha contra él si es necesario. Tienes poder. Lo harás. Deja de llorar y recomponte. Su voz fue una orden despiadada. Emitió una advertencia, un áspero y deliberado decreto, en vez de consolarla. Reaccionó exactamente como esperaba de ella. Sintió la oleada de furia hacia él.

Los bichos se me están metiendo en el pelo, bastardo. En verdad podía sentir miles de diminutas patas moviéndose velozmente sobre ella, alejándose de la zona y eso resultaba casi tan aterrador como que los insectos tocaran su cuerpo.

Luchaba por mantener el control. Edward empezó a atraer minerales del volcán. Construyó una cámara de diamante, primero formando un techo sobre la cabeza de ella, una brillante caverna transparente, justo lo suficientemente grande como para evitar que se sintiera enterrada viva, y lo bastante pequeña como para poder hacerla rápidamente. La fortaleza de diamantes mantendría James fuera. Isabella sería capaz de ver al vampiro, y a él le sería posible hacer más daño o incluso destruir al vampiro utilizando la visión de ella.

¿Qué está pasando? Isabella tocó la dura roca que se formaba rápidamente a su alrededor. Edward por favor. De veras, no voy a ser capaz de hacer esto. Tienes que sacarme de aquí. No entiendo por qué no me sacas de la tierra. ¿Es por la marca de nacimiento?

Leyó la desesperación en la mente de ella. ¿La estaba enterrando viva? ¿Dejándola perecer de una muerte horrible? El terror volvía con rapidez. Sus súplicas eran peores que la rabia. Nunca se había sentido tan atormentado en su vida. El corazón le dolía, un dolor físico, y su estómago ardía de furia mientras el miedo formaba un nudo en su garganta.

Puedes abrir los ojos, meu amor. Estás a salvo ahora. Él no puede traspasar la cámara de diamantes. Son demasiado duros. Está demasiado débil. Cuando empuje intentando abrirse paso a través de la tierra, necesitaré que le mires, mantén los ojos sobre él todo el tiempo, no importa lo que haga. ¿Podrás hacer eso, pequeña? No pudo evitar la suave nota de engatusamiento que crepitó en su tono. Anhelaba abrazarla, reconfortarla.

Isabella abrió los ojos con lenta reluctancia, la aterrorizaba ver la tierra y los bichos. Yacía en una rica y negra tierra, pero encerrada en cristal. Levantó los brazos para tocar la pared, sorprendida de lo pesados que sentía los miembros. No era cristal. ¿Vidrio? El aliento se le quedó atascado en la garganta. Diamantes. Él había construido una fortaleza de diamante para mantenerla a salvo. No estaba preparada para perdonarle, dudaba de poder hacerlo nunca, pero al menos no iba a tener un ataque al corazón ya mismo, si no levantaba la mirada para ver la tierra en lo alto de su prisión. ¿Estás seguro de que Alec está vivo? ¿Está bien? Nunca le perdonaría por mantenerla cautiva bajo tierra cuando su hermano la necesitaba.

Edward permitió que sus recuerdos se reprodujeran para ella. Su amor por ti y por Alice es muy fuerte. James no tuvo eso en cuenta.

Isabella quedó paralizada por un sonido. Por la sensación de estar siendo observada. Giró la cabeza y allí estaba él. El corazón le dejó de latir, y después empezó a martillear frenéticamente dentro de su pecho. Nunca antes había visto semejante malevolencia y odio retorcido en la cara de nada ni de nadie. La criatura ya no parecía humana. Se había arrastrado a través de la montaña para alcanzarla con la única intención de matarla. La saliva corría por su barbilla, y sus ojos brillaban de un rojo feroz. Estaba ensangrentado y horriblemente quemado. Su pecho mostraba varias heridas punzantes.

James alargó hacia ella su mano de largos y retorcidos dedos. Atacó la pared con una dura y controlada puñalada, sus ojos brillantes la miraban directamente. La garra se destrozó. El vampiro gritó. Se lanzó contra la barrera.

Isabella se sobresaltó e intentó echarse hacia atrás lejos de la horrenda criatura. Solo entonces notó que estaba desnuda y el no—muerto podía verla, vulnerable a su inspección. Su grotesca mirada lasciva fue lo peor de todo.

Él levantó una mano, los dedos se abrieron de par en par mientras le miraba la garganta. Lentamente, oh, tan lentamente, empezó a cerrar los dedos. Isabella sintió el aplastante apretón cerrándose como un grillete alrededor de su cuello. Por un instante sintió pánico y luchó por respirar.

Estás bajo tierra, enterrada viva, ¿recuerdas, pequeña? No necesitas aire. Estoy casi sobre él y no quiero revelar de ningún modo mi presencia. Apretó los labios. Edward tenía razón, estaba enterrada viva, algo por lo que era endiabladamente seguro que él tendría que responder. No necesitaba aire. Dejó que el no—muerto intentara estrangularla. Deliberadamente, desafiante, se puso de rodillas, echándose hacia atrás el largo pelo como una burla. Ni siquiera le importó estar desnuda. Si el maldito vampiro podía resistir el terrible letargo, ella también podía. Ignorando la forma en que sus entrañas ardían como el infierno, alzó la barbilla y sus ojos llamearon devolviéndole la mirada.

Esta era la terrible criatura que había atormentado a su hermano. Había intentado matar a Edward, pero estaba a punto de llevarse la sorpresa de su vida. El vampiro nunca se había encontrado con una auténtica vaquera como Dios manda.

—Aquí nos criamos duros. —Dijo mientras permitía que su furia ante todo lo que había ocurrido en las últimas pocas semanas se convirtiera en un rabioso infierno. —No nos dejamos avasallar por cualquiera, ni siquiera por los vampiros.

Las llamas lamieron el suelo de tierra que James había cavado para llegar hasta ella. Como alimentadas por un viento feroz, las lenguas rojo—anaranjadas se extendieron, saltando alto, envolviendo al vampiro en una vertiginosa tormenta de fuego.

¡Isabella! La orden fue aguda. Enfadada.

El vampiro gritó, aullando de rabia y dolor, demasiado débil para continuar la batalla. No se atrevió a quedarse más; su fuerza decrecía rápidamente. Se escurrió a través del túnel, alejándose de las aguas termales, lejos de la rica tierra que sanaría sus heridas. Necesitaba un lugar de descanso donde a los cazadores nunca se les ocurriera buscar. Sabían que estaba gravemente herido y no tendría tiempo para rejuvenecer. Necesitaría presas cerca al igual que un refugio de rica tierra. Se movió rápido en la dirección opuesta, utilizando cada onza de lo que le quedaba de fuerzas para huir antes de que Edward pudiera encontrarle.

La reprimenda de Edward fue para Isabella una bofetada en la cara. Su propia rabia hirvió.

¡Me acabas de dejar enterrada bajo tierra, cerdo, un pato de feria para tu apestoso amigo, y encima te atreves a gritarme porque me protejo a mí misma! Los puños de Isabella se apretaron. Anhelaba machacar a Edward justo en esa cara demasiado guapa. Estoy tan mal que quiero vomitar. Sácame de aquí. Vio con horror como la uña rota del vampiro empezaba a vibrar, arañando la cámara de diamante que la encapsulaba. No estoy bromeando, Edward. Apresúrate. Ahora su uña está viva. Está arañando la pared. No quería tener miedo, pero la cosa parecía viva, decidida a llegar hasta ella. ¡Sácame de aquí! Edward se sobresaltó ante la rabia no diluida de la voz de ella, por la forma en que se retorcía en su cuerpo, pero al mismo tiempo, su sangre se espesó y calentó. Eres imposible. Aquí estoy yo en medio de una crisis. Tú me metiste en esto, Edward, y ahora estás pensando en sexo. Eres un pervertido. Sácame de aquí. Isabella empezó a recorrer con las manos la superficie de la jaula de diamante, en el lado opuesto de la uña, esperando encontrar un punto débil y salir. Cuando no pudo, se concentró una vez más en enfocar su miedo y su furia sobre la espantosa cosa. Esta se ennegreció lentamente, humeando, y finalmente estalló en llamas. Presionando una mano sobre su corazón que latía salvajemente, se recostó contra la pared. Solo quería irse a casa.

Tu mundo me asusta a muerte. Edward, necesito ver a Alec y Alice. Ven a sacarme de aquí. Estaba cansada de discutir, cansada de tener miedo. Y empezaba a sentir las entrañas como si alguien les hubiera acercado una antorcha. Quería comodidad. La necesitaba. La merecía.

Edward quiso acunarla entre sus brazos y mantener abrazarla para siempre, pero tenía que encontrar a James y destruirle. Le quedaba apenas una hora o dos para encontrar la guarida oculta del vampiro antes de que su propio letargo le invadiera. Endureció su corazón contra la debilidad en ella. Permanecerás bajo la tierra como te he ordenado y volverás a dormir y sanar apropiadamente. Fue un decreto, una orden entregada con dura autoridad. Emitió la orden seguida de un duro empujón, uno que la hundió en el sueño, pero no antes de que pudiera oírla maldecirle sonoramente.

A pesar de la gravedad de la situación sintió la calidez de la alegría extendiéndose a través de él. Así que esto era tener una compañera. El tranquilo y yermo vacío de su vida previa había sido reemplazado por una montaña rusa de emociones. Amor sí, pero también agravio, preocupación, el fogoso choque de temperamentos, y un increíble y caprichoso deseo. Al menos, ahora, siempre sabría que estaba vivo.

Rodeó lentamente la zona donde yacía Isabella, buscando signos de que James estuviera enterrado en la tierra, pero como pasaba siempre con el antiguo vampiro, no había rastro de su paso. Edward cambió a su forma humana mientras caía hacia la tierra, pasando las manos sobre ella, sintiendo una vibración, la señal que delataba al no—muerto.

Sus dedos se cerraron en un puño. Después de que hubiera cometido semejante error podría instruir a Isabella sobre lo placentero que podía resultar un castigo. Tenía que matar a James.

El vampiro se tomaría su venganza y ella había acabado con la oportunidad de Edward de rastrear a la criatura de vuelta a su guarida. Una lechuza ululó, un suave lamento en la noche. El sonido le llamaba a él, una llamada inusual para este pájaro de presa. No un lamento de pérdida, ni de satisfacción, sino una llamada.

Cauteloso, alzó la cabeza y miró cuidadosamente alrededor. Incluso con su aguda visión, le llevó unos pocos minutos divisar a la gran lechuza entre las ramas más altas del abeto a varias yardas de distancia.

Edward se enderezó lentamente. No era una lechuza indígena de la zona. El pájaro le evaluaba desde su posición alta en las ramas. No era Carlisle... él estaba con Alec y Alice, ayudando a prepararlos para el traslado a Brasil. Les metería en el jet privado y les sacaría del país, utilizando su voz hipnótica para hacer que pasaran por todo el papeleo rápidamente.

—Bien podrías salir del árbol y decirme qué estás haciendo aquí.

El ave de presa extendió inmediatamente las alas y bajó en espiral, cambiando antes de tocar el suelo. Un hombre alto de anchos hombros le miraba.

—No te había visto en demasiados años, Edward. —Avanzó y aferró el antebrazo de Edward en el familiar gesto de un guerrero saludando a otro.

—Laurent Von Shrieder. Pensaba que hacía mucho habías encontrado el amanecer.

—Con frecuencia he pensado en hacerlo así, pero tenía un hermano del que cuidar. Nicolae ha encontrado a su compañera y ahora mi tiempo se acaba. Tengo una última tarea que completar antes de descansar. ¿Y qué hay de ti? ¿Y tus hermanos?

—Emmett también ha encontrado a su compañera. Hay esperanza en el conocimiento de que algunas mujeres humanas pueden ser convertidas. Mi compañera, Isabella, es humana.

—Me vi atraído a este lugar por el sonido de la tierra gritando, pero ahora no hay evidencia de un vampiro.

—Ha jurado matar a Isabella. Debo destruirle. Se las ha arreglado para tomar la sangre del hermano menor de ella y pretende utilizarle contra nosotros. —Mientras hablaba, Edward continuaba buscando a lo largo del terreno ennegrecido indicios del paso del vampiro.

—Entonces le cazaré contigo. Será como en los viejos tiempos. —Laurent levantó los brazos para recogerse el pelo en la nuca, asegurándolo con una tira de cuero.

—Isabella lleva la marca del Cazador de Dragones. Es descendiente de ese linaje. —Edward envió sus sentidos profundamente al interior de la tierra, buscando primero al norte, después al oeste donde la tierra fértil podría atraer a James para sanar.

—Pensábamos que el linaje del Cazador de Dragones se había perdido hacía mucho para nosotros. Una buena alianza entre dos poderosas casas. El príncipe estará complacido. —Laurent escudriñaba los cielos.

—¿Cómo es que llegaste a este lugar, Laurent?

—Estoy siguiendo a una mujer. Nicolae y yo, aunque por accidente, averiguamos que un maestro vampiro había enviado a sus peones tras esta mujer en particular que al parecer necesita. He estaba rastreándola con intención de advertirla y protegerla. —Sacó una fotografía de su bolsillo. —¿La has visto?

Edward extendió la mano hacia la foto, pero Laurent retuvo la posesión de la misma, sujetándola en alto para que Edward pudiera verla. Su pulgar se movía en una pequeña e involuntaria caricia sobre la hermosa cara.

—Estoy seguro de estar cerca.

—Estaba aquí, esta noche, hablando con Isabella en el bar. Isabella dijo que esta mujer, Irina Shonski, le contó que un cazador mataría a cualquiera que llevara la marca del Cazador de Dragones. No solo está huyendo del vampiro, sino también de ti.

—¿También ella lleva la marca del clan del Cazador de Dragones? ¿Por qué creería semejante cosa?

Ambos hombres se lanzaron a buscar signos por el suelo. Posaron las manos sobre la tierra, pidiendo a la tierra que les diera noticias. Escucharon el viento, el susurro de las hojas en los árboles. Incluso los insectos y las criaturas nocturnas normalmente contaban historias, pero no había pistas sobre el rastro del vampiro. Era como si se hubiera desvanecido en el aire.

—Si lo que dijo es verdad, Rhiannon tuvo trillizos, dos niñas y un niño. No eran hijos de su compañero, sino del mago Xavier. La mantuvo cautiva durante algún tiempo, nadie sabe cómo, pero de algún modo ella se las arregló para unirse a su compañero en el otro mundo, dejando a los niños atrás. O es posible... incluso probable... que Xavier la matara después de que nacieran los niños. Xavier odiaba a todos los Cárpatos. Habría criado a sus hijos para temernos. —Edward cambió su concentración hacia el sur y después al este. —Esta joven que buscas es una descendiente directa. Ha estado mucho tiempo en este mundo, evitando a nuestra gente. —Se pasó la mano por el pelo ante la frustración absoluta de no encontrar nada, ningún signo del vampiro. —¡Deus! Esto no nos lleva a ninguna parte. ¿Dónde se escondería James?

.

.

.

Pues de una vez les dejé el cap siguiente jajajaja no sé si resultó mejor o peor jaja pero ya solos nos quedan dos caps (y el epílogo). No olviden dejar un comentario.

¡Nos leemos pronto!