No poseo los derechos de autor. Los personajes pertenecen a la asombrosa Stephenie Meyer y la historia es de la hermosa Christine Feehan (Saga de Los Carpatianos). Yo solo me divierto un poco.
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—¿James? —Laurent se dio la vuelta, deslizando la foto en el interior de su camisa junto al corazón. —¿Es él el vampiro? —Había una nota pensativa en su voz. —No me sorprende que sea difícil de encontrar. James era un gran guerrero.
—Me temo que está envuelto en una conspiración para matar al príncipe.
—He hablado recientemente con Jasper y todos nosotros sospechamos que un gran ejército se está preparando contra nosotros. ¿Qué hay de los cuatro hermanos de James? ¿Tienes noticias de ellos?
—Creo que están todos involucrados, pero no lo sé con seguridad. Cuando habló, así lo insinuó.
Laurent examinaba una pila de rocas que había sido cambiada ligeramente de posición.
—¿Qué hay en esa dirección?
Edward estudió el paisaje.
—Las minas. —Sus ojos oscuros llamearon con sombría comprensión. —Laurent, ha ido hacia las minas. Isabella me dijo que sellaron las entradas hace años porque eran peligrosas. Nadie va allí.
—¿Así que no tendría acceso a presas fáciles?
Edward sacudió la cabeza.
—No, pero podría llamar a algún incauto hasta él. Es increíblemente poderoso.
Laurent asintió.
—Recuerdo a todos los hermanos Masen. Eran muy poderosos incluso de jóvenes. —Sus fríos ojos negros estudiaron a Edward. —Como lo era tu familia.
—Éramos buenos amigos, y si, pusimos a prueba los límites de la ley, pero acordamos, los diez, mis hermanos y los hermanos de James, que seguiríamos a nuestro príncipe y viviríamos con honor. No sé por qué los hermanos Masen eligieron el camino oscuro. —Había una tristeza persistente en su voz.
Laurent le miró agudamente.
—Ya no es tu amigo de la infancia. Cacemos al no—muerto, y eliminemos la amenaza que se cierne sobre ti y tu compañera antes de que el sol se alce demasiado y nos obligue a acudir a la tierra.
Cambiaron de forma al mismo tiempo, Laurent eligiendo la lechuza y Edward el águila real. Ambos volaron bajo, escudriñando mientras seguían la ruta más directa hacia las minas. James tendría que haber permanecido bajo tierra. Sin embargo, se las había arreglado para despertar después de la primera luz del amanecer, Edward estaba seguro de que el efecto no podría durar mucho. James habría preparado su ruta de escape antes de su tentativa contra la vida de Isabella.
¿Laurent? ¿Crees que es extraño que el hijo de Rhiannon muriera y aun así no se sepa ni una palabra de las niñas? Isabella dijo que ella le había contado que su padre había muerto, pero no cómo ni cuándo. Había una especulación abierta en la mente de Edward.
Los magos no son inmortales. Son longevos, pero tarde o temprano, la muerte los reclama. Es una de las razones por las que nos guardan resentimiento. Con todas sus habilidades y poder, no podían mantener sus vidas. El príncipe creyó que esa fue la motivación del rapto de Rhiannon. Xavier deseaba que procreara con él, dando a sus hijos vida inmortal. Xavier quería su sangre para sí mismo y para sus herederos.
A través de los agudos ojos del águila real, Edward notó un liguero movimiento de tierra, todavía fresca, como si una mole se hubiera empujado hacia arriba y hubiera descolocado la tierra. Voló en círculos alrededor. ¿Y si Xavier tuvo éxito? Rhiannon no le habría convertido voluntariamente, pero puede haber encontrado la forma de utilizar su sangre para convertirse a sí mismo. Isabella es prueba de que la sangre del Cazador de Dragones ha pasado a lo que parecen ser humanos. No sabemos de cierto que Xavier muriera o que lo hayan hecho su hijo y su nieto. La mujer ha dicho eso, pero no tenemos los detalles.
Laurent consideró las posibilidades. Estás diciendo que es posible que nuestro mayor enemigo esté vivo y tenga hijos adultos para ayudarle a continuar su trabajo.
Edward divisó las minas justo adelante y voló más alto, abarcando un rango más ancho. James no entraría en las minas sin salvaguardas y numerosas trampas. Estudió la tierra y las entradas de los dos túneles, ambos bloqueados con enormes rocas macizas. Creo que es posible, si. No creo que ningún hijo de Xavier fuera fácil de matar. Y si llevan la sangre del Cazador de Dragones, será más difícil todavía. Edward aterrizó en las ramas de un gran abeto, a corta distancia de la entrada de la mina.
Laurent se posó junto a él. Estudiaron la zona a su alrededor con ojos agudos antes de tomar tierra y cambiar a sus formas Cárpato. Desde su posición, enviaron sus agudos sentidos en todas direcciones, prestando particular atención a la posición de las rocas que bloqueaban la entrada al igual que a la estructura de la mina.
—Esta mujer a la que estoy siguiendo. —Aventuró Laurent. —tiene a los vampiros cazándola. ¿Es posible que ellos sepan que lleva la sangre del Cazador de Dragones?
—No lo sé. Isabella lleva la sangre del Cazador de Dragones, pero James no parece tener conocimiento de ello. —Edward estudió los rasgos de Laurent. —Estamos rodeados por la traición estos días, lo que con frecuencia hace imposible distinguir a amigo de enemigo. Esta mujer podría estar conduciéndote directamente a una trampa.
Laurent se encogió de hombros.
—Poco importa. No soy un aprendiz y he estado mucho tiempo en este mundo. He adquirido unas pocas habilidades a lo largo del camino. —Había un borde duro en su cara, una sombra oscura moviéndose en los ojos negros. —No soy tan fácil de matar. —Sacudió la cabeza.
—Algo no encaja en esto.
—Estoy de acuerdo. Parece no estar bien, pero no puedo decir cómo.
—Hay un viento sustancial, pero las hojas de los arbustos cerca de la entrada de las minas no parecen ondear. Permanecen inmóviles cuando todas las hojas alrededor de nosotros se están moviendo. La brisa debería mover todas las hojas, no solo las que están cerca de nosotros. —Señaló Laurent.
Edward estudió el fenómeno.
—¿Quizás estamos viendo una ilusión? ¿Una escena que James ha colocado como salvaguarda?
—Es así, es algo que no había visto en todos mis años de caza. Es una ilusión extremadamente grande para mantener mientras yace durmiendo bajo tierra.
—James no es un vampiro ordinario. —Dijo Edward. —Nunca fue un cazador ordinario, sino que mostraba habilidades excepcionales como toda su familia. Si algún no—muerto pudiera hacer semejante cosa, ese sería James. Y dudo que esté descansando.
Laurent cambió, y en la forma familiar de la lechuza, extendió las alas y remontó el vuelo, subiendo en espiral sobre la zona, descendiendo más y más abajo mientras rodeaba las minas. Si es una ilusión, es una buena.
—Lo es. —Dijo Edward en voz alta. Cambió una vez más a la forma del águila, abandonó la seguridad de los árboles para volar sobre las grandes rocas de la entrada. Parecían bastante reales, pero Edward ya no confiaba en su visión.
La lechuza voló hacia las piedras más grandes, con las patas extendidas como si fuera a aterrizar. En el último momento, cambió de curso. Aquí no hay nada. Tendría que haber golpeado el suelo.
Edward aterrizó sobre el suelo junto a las entradas de la mina.
—Vamos a tener que olvidarnos de la vista y utilizar nuestros otros sentidos para que nos digan dónde está la auténtica entrada.
Laurent cambió junto a él.
—Podría intentar ir bajo tierra. James ya ha hecho un túnel bajo la tierra.
Edward sacudió la cabeza.
—Su tunel no. Es un maestro luchando bajo tierra. La abertura está aquí. La encontraré. —Cambió una vez más, convirtiéndose en un pequeño y modesto murciélago.
Laurent observó la caída y giro del murciélago. La criatura nocturna sería capaz de sentir cualquier objeto en su camino y sabría la distancia exacta hasta ellos. Muy simple, pero muy inteligente.
Es una ilusión. La entrada de las minas está a diez pies a la izquierda. Podemos atravesar las grietas en forma de niebla. Al menos sabemos que estamos en el lugar correcto. Debe estar aquí para colocar tan enormes salvaguardas. No podría esperar conservarlas durante las horas diurnas.
Laurent se unió a Edward en la misma forma, utilizando el radar del murciélago para juzgar la distancia hasta las rocas en la entrada real de las minas. Se movieron con cuidado, fluyendo como una estela de vapor a través de una gran grieta entre las rocas, abriéndose paso hasta el interior de oscuro túnel. Era más seguro proceder como vapor, sin tocar las paredes o el suelo donde podría haber una trampa. Eso funcionó hasta que giraron una esquina y encontraron una tela de araña gigante. Las hebras de la red estaban estrechamente tejidas. Era imposible incluso para el vapor deslizarse a través sin perturbar los sedosos hilos. Una araña muy pequeña se sentaba en la esquina de la tela.
Los cazadores cambiaron a la forma Cárpato para estudiar el diseño de la gruesa red. Parecía sedosa y frágil, una delicada obra de arte, aunque Edward sintió que los pelos de su nuca se erizaban en advertencia.
—¿Has visto esto antes? —Preguntó Laurent, manteniendo un ojo cauteloso sobre la aparentemente inofensiva araña.
Edward se acercó un poco más, inclinándose para examinar las fibras. Parecían las de una tela de araña normal, pero no había agujeros, ni efecto de encaje. El diseño era sólido y apretado.
Examinó la pequeña araña para identificar la especie. Esta le devolvió la mirada. Los ojos bulbosos parpadearon y Edward se encontró mirando a los ojos del mal, de la inteligencia. James le devolvía la mirada, con un odio venenoso y una malevolencia que enturbiaba las profundidades de sus ojos.
Edward saltó lejos de la red, arrastrando a Laurent con él mientras la diminuta araña explotaba en un millar de arañas, todas corriendo hacia ellos con colmillos venenosos. Edward incineró a los arácnidos rápidamente, pero no antes de que unos pocos se las arreglaran para hundir sus colmillos venenosos en sus piernas y brazos y en los de Laurent. Los diminutos mordiscos dejaron sangrientas magulladuras abotargadas, rezumando de veneno, ardiendo a través de carne y tejido.
—Definitivamente sabe que le estamos cazando. —Dijo Edward mientras expulsaba el veneno a través de los poros de su cuerpo. Junto a él, Laurent hacía lo mismo. —Cada paso que demos va a ser peligroso. No solo es bueno en ilusiones, sino que es un maestro en mutar especies. —Abrasó las últimas arañas que quedaban.
Laurent asintió sombríamente.
—En todos mis siglos de batalla con el no—muerto, nunca he enfrentado a un vampiro tan poderoso como este. Creo que es lo suficientemente fuerte como para matarnos a los dos si llegáramos a él de uno en uno.
—Desafortunadamente, creo que tienes razón. —Estuvo de acuerdo Edward.
Empezaron a seguir el tunel que los condujo más profundamente bajo tierra. Tanteaban cada paso con precaución, con todos los sentidos alerta al peligro inminente. Los maderos estaban podridos y rotos sobre sus cabezas. Las grandes cuadernas que soportaban los techos también mostraban peligrosos signos del paso del tiempo. Un viejo carril corría medio enterrado a lo largo del suelo. Una colección de polvorientas y olvidadas herramientas yacían esparcidas por el suelo.
—¿Por qué me siento como si estuviéramos entrando en la guarida del diablo? —Preguntó Edward. Bajó la voz.
—Porque lo estamos haciendo. —Respondió Laurent. —¿Qué es ese ruido?
Edward miró fijamente al antiguo cazador.
—Suena como mineros.
Giraron la esquina y vieron a una docena de hombres trabajando con picos en las paredes del túnel. Varias linternas colgaban de la viga superior, lanzando una luz amarillenta y oscura sobre los trabajadores de abajo. Mientras Laurent y Edward observaban, dos hombres manipularon un pesado carro lleno de mineral hasta algún lugar utilizando los desvencijados railes. Ninguno pareció notar la presencia de los dos Cárpatos.
Los dos cazadores se miraron el uno al otro.
—Tiene que ser una ilusión. —Dijo Laurent.
Ninguno de los mineros se giró ante el sonido de su voz. Los hombres continuaron trabajando industriosamente, el sonido de los picos golpeando la roca timbraban a través del túnel.
—Visten ropas modernas. —Señaló Edward. Estudió la escena que se desarrollaba ante ellos, buscando la trampa oculta que sabía tenía que haber allí.
—Podría ser que estuviera aquí para retrasarnos, llevándonos al punto en que no podamos confiar en nuestros propios sentidos.
—¿Cómo los pondría en movimientos? —Edward quería saber. —Si su ilusión puede dañar la roca, igualmente podría dañarnos a nosotros.
Los picapedreros continuaban golpeando la roca con un ritmo firme. Laurent se golpeó la mano contra la pierna, siguiendo el patrón.
—¿Oyes eso? ¿Quizás es algo en la pulsación?
Edward se puso en cuchillas, estudiando la escena desde cada ángulo.
—Podría ser. Está engañando a más de un sentido. Vista, oído, audición. Ha hecho un trabajo superior. —Había admiración en su voz. —Mira el suelo. No hay pisadas en el polvo. No dejan ningún rastro de su existencia. ¿Ves donde los picos golpean la roca?
—La escena se repite como un bucle. —Dijo Laurent. —¿Si la perturbamos entrando en ella se activará la trampa o desaparecerá la escena?
—No se habría tomado tantas molestias sin alguna clase de trampa. —Edward se frotó la barbilla. —A menos que sea una táctica dilatoria.
—Si lo es, es una endemoniadamente buena. Quédate atrás solo por si acaso activo un ataque. —Laurent se aproximó a los mineros con precaución. Ninguno de ellos levantó la mirada. Ninguno habló. Continuaron con su trabajo como si no estuviera pasando entre ellos. Laurent miró a Edward. —¿Alguna idea?
—Coge el pico de las manos de uno de ellos y veamos si eso perturba la escena. —Sugirió Edward.
Laurent dio un paso hacia el minero que tenía al lado y arrancó fácilmente la herramienta de las manos del hombre. Hubo un breve momento de extraño silencio cuando el tintineo de los picos se detuvo bruscamente. Inmediatamente las herramientas cayeron al suelo y los hombres se disolvieron en esqueletos, los huesos cayeron desgarbadamente al suelo del túnel de la mina. Los restos de ropa podrida y el olor a cuerpos en descomposición llenaron inmediatamente el aire ya de por sí apestoso.
—Bueno, ahora sabemos con seguridad lo que le ha ocurrido a la gente desaparecida del pueblo y los ranchos colindantes. —Dijo Edward sombríamente. —Esta es definitivamente la guarida de James. —Recorrió la grotesca escena, cuidando de no perturbar los huesos.
Avanzaron hacia abajo por el túnel en absoluta oscuridad. Casi al momento se oyó un roce tras ellos seguido por el traqueteo de hueso golpeando contra hueso. Los cazadores se dieron la vuelta para enfrentar al ejército de esqueletos que se alzaba del suelo, huesos re ensamblándose para forjar guerreros que esgrimían picos con intención amenazadora, las calaveras sin ojos miraban directamente hacia adelante.
—El ruido de los picos contra las rocas debía que ser el detonante. —Dijo Edward con disgusto contra sí mismo. —Si no hubiéramos perturbado la escena, la trampa no se habría activado. —Se alejó de Laurent proporcionando a ambos espacio para luchar.
Era algo perturbador ver a los muertos alzándose para defender a la misma criatura que los había asesinado brutalmente. Parecía tan equivocado, tan obsceno, que Edward realmente hizo una mueca mientras acumulaba su poder en una bola de energía y la enviaba alocadamente hacia el centro del ejército de esqueletos. La explosión meció las minas, agrietó las cuadernas podridas, astilló maderos en lo alto y envió polvo y rocas que cayeron sobre los muertos.
Laurent y Edward se apresuraron a alejarse de la avalancha de escombros. Los tres esqueletos restantes que no había quedada atrapados por la fuerza de la explosión se lanzaron hacia los cazadores, blandiendo sus picos. Sus huesos crujían y rascaban de forma horripilante y sus bocas se abrían en una horrible mueca. Todo ese tiempo los ojos miraba directamente hacia adelante, huecos despiadados en calaveras huecas. Las luces se extendían a lo largo de las paredes, las linternas se mecían como movidas por una mano invisible. Un viento recorrió los túneles, despertando a los guardianes del no—muerto.
—Esto no es bueno. —Murmuró Edward.
Un terrible aullido llegó de alguna parte, justo delante de ellos, el sonido creció de volumen hasta convertirse en una sinfonía de gritos. Sombras oscuras se deslizaron a través de las grietas de la roca y el polvo que formaban las paredes del túnel. Laurent se giró para enfrentar a los esqueletos y Edward tomó posición a su espalda, enfrentando las sombras. Los Cárpatos esperaron, espalda contra espalda, el ataque.
Laurent golpeó varias linternas sobre las cabezas de los esqueletos, bañándolos en llamas. Los picos yacían inofensivos en el polvo, pero los huesos ardientes continuaban avanzando, decididos a matar a los cazadores.
—Niebla. —Ordenó Laurent.
Edward cambió al mismo tiempo que Laurent de forma que los esqueletos pasaron a través de la brillante luz. Los huesos se desintegraron, explotando en fragmentos astillados. Las llamas titilaron y murieron. Se hizo otro extraño silencio.
Los cazadores avanzaron más aún a través del túnel, procediendo con precaución, cambiando de vuelta a la forma Cárpato para poder utilizar todos sus sentidos. Edward se extendió con cada sentido que tenía, recabando información, permitiendo que su cerebro asimilara cada olor y sonido que llegaba hasta ellos.
—Se nos acaba el tiempo. Si no le encontramos pronto, no tendremos más elección que buscar descanso y no podemos hacerlo en estas minas. Es su guarida y está bien guardada.
—Cuenta con eso. Todo lo que ha hecho es evitar que encontremos su lugar de descanso hasta que el sol esté alto. —Estuvo de acuerdo Laurent. —Nunca había luchado con un vampiro con semejantes salvaguardas.
—Ha tenido siglos para perfeccionar sus habilidades. —Edward giró la cabeza, escuchando los susurros que llegaban desde detrás de ellos. —¿Oyes eso?
—Los esqueletos están intentando reagruparse para otro ataque.
Estaban en un laberinto de túneles y por un momento permanecieron inmóviles, intentando captar una sensación que indicara el lugar de descanso de James.
—También es bueno no dejando rastro de su existencia. —Añadió Edward. Señaló los hongos que crecían en las paredes de uno de los túneles. —Esa sería mi mejor suposición. Ese musgo no crece en ningún otro sitio y aventuraría que es otra salvaguarda.
Laurent estudió atentamente el extraño brote.
—No me gusta el aspecto de esto, y hay millones de ciempiés recubriendo el suelo. Las cuadernas están casi completamente podridas. Yo diría que no deberíamos tocar nada mientras bajamos por este túnel.
Edward echó una mirada a la alfombra del ciempiés. Maldijo en la lengua ancestral.
—James es bien consciente de que estamos cerca. Ahora puedo sentirlo. No puede ocultarme su odio. Se toma el que le cace como algo muy personal.
Laurent arqueó una ceja.
—No puedo imaginarme por qué.
Edward le lanzó una breve sonrisa.
—Conoce mi aversión por los ciempiés. Una niñería, pero por supuesto que lo utilizaría.
La ceja se alzó aún más.
—Somos de la tierra. ¿Cómo podría una criatura como un ciempiés molestar a alguien como tú? Tienes dominio sobre cosas así.
—Tengo cuatro hermanos, Laurent. —Señaló Edward. Su forma brilló, volviéndose transparente, y cambió a la de un murciélago muy pequeño.
Laurent siguió su ejemplo, pero no antes de mirar hacia atrás por el túnel donde los huesos producían frenéticos ruidos de arañazos mientras intentaban recobrar su forma para llevar a cabo las órdenes de su maestro. Tendremos que vigilar nuestras espaldas.
Solo si no le cogemos. Una vez haya desaparecido, todos sus sirvientes dejarán de existir. Movámonos con rapidez. Mira ese moho cerca de la entrada de este túnel a tu derecha. Hay algo extraño en él. Edward utilizó el radar del murciélago para calcular la distancia hasta la planta, pero cambiaba, como si la planta se moviera.
Algo golpeó al murciélago con fuerza, cortando un ala y derribándolo al suelo. Los ciempiés empezaron inmediatamente el festín. Laurent movió un ala, bajando para apartar al pequeño murciélago del alcance de los ávidos insectos. El cuerpo estaba cubierto de mordiscos y pequeños parches de sangre rezumaban de varias heridas.
Edward se sacudió los ciempiés adheridos, agitando las alas para ganar altura. Gracias.
Ahora sabemos que es ese moho. Tiene dientes. Probablemente veneno.
Eso parece. Quema como el infierno. Está cerca. Ve a la derecha, Laurent. Vigila. El moho está por todas partes. Hay una bolsa de gas aquí.
Está tras esa masa de rocas. Le siento. Los ciempiés están frenéticos por llegar hasta nosotros y el moho enseña los dientes como perros enloquecidos. Tiene que estar dentro de esta cámara.
Edward. Estoy intentando decirte que un gas está inundando este túnel y llenándolo.
Un truco. Está volviendo a sus viejos trucos. Adora jugar con fuego.
No quiero acabar asado. Laurent fue inflexible sobre eso. Es hora de dejarle trabajar a él en nuestro lugar. Tengo una idea. Volvamos al túnel de entrada. Edward siguió a Laurent y cambió de vuelta a la forma Cárpato justo al alcance del moho y los ciempiés.
—¿Cuál es el plan? —Preguntó Laurent.
Edward gesticuló hacia las pesadas piedras que guardaban la entrada de la cámara al final del túnel.
—Ese.
Pronto, clones de los dos cazadores se acercaron a la entrada de la cámara, los ciempiés subieron por sus cuerpos y el moho les atacó cruelmente mientras Edward dirigía a los clones desentrañando las complicadas salvaguardas que el vampiro había erigido alrededor de su guarida.
Mientras los clones trabajaban, Edward eliminó el veneno remanente de su cuerpo. El proceso fue más lento de lo normal; Edward alimentaba las ilusiones que había creado con la mayor parte de su poder. Tenía que hacerlos lo suficientemente reales como para generar calor corporal.
—Si tenemos suerte, James creerá que esos clones somos realmente nosotros y si lo hace, intentará matarnos prendiendo el gas. No nos arriesgaremos a activar otra de sus trampas y eso nos ahorrará el desentrañar las salvaguardas.
—Espero que se apresure porque puedo oír a los esqueletos abriéndose paso. —Dijo Laurent sombríamente. —Recomendaría que levitáramos para mantenernos fuera del camino de sus guerreros, pero habrá pensado en eso. —No dijo lo que ambos sabían. El tiempo corría contra ellos. El sol se alzaba más alto fuera de la mina y pronto ambos se verían golpeados por el terrible letargo de su especie. No podrían buscar descanso en la mina con James tan cerca. Sería demasiado peligroso.
—No puedo mantener la ilusión haciéndola realista y trabajar en las salvaguardas. Tú tendrás que desentrañar las salvaguardas. Permanece bien apartado de la entrada. —Advirtió Edward.
Laurent empezó el complicado procedimiento de deshacer el hechizo que guardaba la guarida del vampiro. Tras ellos el crujir y traquetear de huesos se hacía más fuerte. El suelo susurraba con los oscuros y malevolentes insectos, y las sombras aullaban hacia ellos, contenidas solo por la blanca luz ardiente que Edward continuaba alimentando.
La explosión llegó sin advertencia, sacudiendo toda la mina. La trampa del vampiro había activado la bolsa de gas. Una bola de fuego anaranjada rugió bajando a lo largo del túnel, incinerándolo todo a su paso. Voló todo dentro del largo túnel, matando a las plantas carnívoras y chamuscando la alfombra de ciempiés, dejando a su paso cadáveres quemados y un olor apestoso, pero el camino despejado para los dos cazadores.
Mientras los cazadores avanzaban cautelosamente por el ahora vacío pozo de mina, las manos de Laurent fluían graciosamente en medio del aire apresurándose a desentrañar las salvaguardas del vampiro. Edward continuaba alimentando de energía la luz blanca que los rodeaba, manteniendo las sombras a raya. Más de una vez, formas oscuras y amorfas se lanzaban hacia los Cárpatos solo para chillar y retroceder cuando Edward las golpeaba con el haz de luz.
—La última salvaguarda está bajada. —Dijo Laurent.
—Quédate atrás. Tendrá algo esperando en el interior de la cámara. —Edward presionó su cuerpo contra el lateral ennegrecido del túnel y esperó a que Laurent hiciera lo mismo antes de ondear la mano para hacer que las rocas se apartaran de la entrada.
Gas y vapor se vertieron del interior, cargados de un olor nocivo y apestoso. Los siguieron murciélagos de colmillos afilados, una oscura nube de ellos, cubriendo a los cazadores instantáneamente. Laurent levantó una barrera mientras Edward y él espiaron en el interior de la caverna caliente. Los murciélagos chocaban una y otra vez contra la barrera invisible, golpeando sus cuerpos con la frenética necesidad de llevar a cabo las órdenes del no—muerto. Los cazadores avanzaron sobre el suelo humeante de la guarida de James.
La cámara estaba caliente y el gas vaporoso contenía vestigios de azufre y veneno. Los Cárpatos flotaron hacia arriba cuando los ácidos del suelo derritieron sus botas, buscando penetrar en sus pieles.
—Muy bueno, James. —Murmuró Edward, sacudiendo la cabeza para librarse del letargo que invadía su cuerpo y mente, haciéndole descuidado. Empezaron a comprobar el suelo, buscando la posición exacta donde el vampiro yacía bajo el brebaje de ácida y apestosa tierra. —Aquí, Laurent. —Dijo Edward, señalando un punto directamente bajo él. —Está aquí.
Los dos empezaron a desentrañar las salvaguardas finales, avanzando con rapidez, pero cuidando de permanecer alertas. Un movimiento sobre el suelo captó la atención de Edward justo a la izquierda de donde yacía el vampiro, un pequeño montículo de polvo, una perturbación bajo tierra. Mientras observaba, lo mismo ocurrió en media docena de lugares, hasta que él y Laurent estuvieron rodeados por un círculo suelto. La tierra explotó en una docena de lugares de los que brotaron ghouls.
—Sigue, Edward. —Dijo Laurent. —Yo los retendré. —Ya estaba bajando, volando hacia un ghoul con tremenda velocidad. Retorció la cabeza del monstruo, derribando a la criatura que aterrizó con fuerza en el suelo venenoso.
Edward se concentró en abrir la última cerradura para llegar hasta James mientras la batalla de Laurent con los ghoul rugía ferozmente a su alrededor. Varias veces oyó gruñir a Laurent al recibir un golpe particularmente duro, pero Edward permaneció concentrado en desensamblar la salvaguarda final del vampiro. En el momento en que el último elemento chasqueó en su lugar, los ghouls aullaron y chillaron de furia, redoblando sus esfuerzos por destruir a los cazadores. Laurent mantenía a la docena de zombies apartados de Edward, dándole el tiempo que necesitaba para separar los estratos de tierra hasta el lugar de descanso del vampiro. Y entonces la última capa de tierra se apartó y Edward se encontró bajando la mirada hacia los ojos llenos de odio de James.
Durante un momento se hizo un extraño silencio. El vampiro estaba completamente inmóvil, atrapado en la tierra por el terrible letargo de su raza. Nunca ganarás, Edward. Estás domado. La voz era áspera a causa del odio incluso mientras Edward enterraba el puño en la cavidad torácica del vampiro y arrancaba el ennegrecido y podrido corazón de su amigo de la infancia.
James gritó, y Edward siseó cuando el ácido de la sangre del vampiro quemó a través de su piel y músculos directamente hasta el hueso. Tiró el corazón de James al suelo, pero antes de poder llamar al fuego para incinerar la cosa decadente, esta se enterró profundamente en la tierra, volviendo de regreso a su anfitrión. Un negro odio vibró en el aire entre ellos, después el triunfo cuando el corazón se reunió con su anfitrión. Maldiciendo, Edward hundió el puño por segunda vez en el pecho del vampiro, mirando directamente a los brillantes ojos rojos.
Pero ya no era James quien yacía indefenso en la tierra. Edward veía a Isabella, su hermosa cara, su rico pelo rojo, su piel increíblemente suave. Por un momento dudó inclinado sobre el nomuerto.
—Edward —Lloró ella suavemente. —ayúdame.
—¿Isabella? —Edward parpadeó con confusión, sacudió la cabeza y por un momento incierto, dudó.
James golpeó. Edward gritó y la ilusión de Isabella se disolvió mientras las garras afiladas del vampiro atravesaban el pecho de Edward. Jadeante de agonía, pudo sentir la mano del nomuerto arañando su corazón, atravesando músculo y tejido con intención asesina. James chilló de triunfo y Edward gritó de nuevo cuando las puntas de las uñas del vampiro le rozaron el corazón.
El dolor le abrumó, un dolor execrable como nada que hubiera conocido en todos los siglos de su existencia. Durante un agonizante momento sus músculos se cerraron con espasmos de tormento, después volvió a gritar de dolor cuando las garras de James perforaron las paredes externas de su corazón.
La sangre salió a borbotones del corazón de Edward. No había mucho tiempo. Tenía que terminar esto ahora. Rápidamente.
Se arrastró sobre el cuerpo de James. El vampiro asumió una vez más la forma de Isabella, pero esta vez Edward no dudó. Una vez más hundió el puño profundamente en el pecho pútrido del vampiro, gritando cuando la sangre ácida se comió la carne de su mano ya herida. Le ardía el pecho, las garras del vampiro rasgaban los músculos del corazón de Edward. La sangre brotaba de su pecho en grandes chorros letales, pero Edward no podía permitirse el detener su corazón y apagar las funciones de su cuerpo para salvarse. James debía ser derrotado. Protegería a Isabella y a aquellos a los que ella amaba con su último aliento moribundo.
Mientras James siguiera vivo, retendría su agarre sobre Alec y pondría a la familia de Isabella en peligro. Esto tenía que terminar aquí. Ahora. Edward eliminaría esta amenaza que se cernía sobre Alec, le devolvería a Isabella al chico cuerdo y saludable. No le fallaría esta vez con otra línea de acción egoísta. Podía ofrecerle este único regalo incluso si ello significaba la pérdida de su propia vida. Ella era una Cazadora de Dragones, era fuerte, podía seguir sin él como había hecho Rhiannon. Por un momento vaciló. ¿Había sido el hechizo de Xavier lo que había evitado que Rhiannon se uniera a su compañero? ¿Sobreviviría Isabella a su muerte? Tenía que creer que sí.
Sentía los dedos de James alrededor de su corazón, las uñas hundiéndose profundamente, lacerando, rasgando. Oía el eco de sus propios gritos a través de la caverna, pero aguantó tenazmente. No fallaría a Isabella. Su muerte era la única cosa que le quedaba por ofrecerle.
¡No! Carlisle gritó la orden.
Débilmente, desde muy lejos, Edward oyó a sus otros hermanos, pero quizás también eso era una ilusión. Las voces de los Cárpatos cercanos y lejanos parecieron fundirse en una sola voz que gritaba en protesta.
Edward aguantó sombríamente, arrancando el negro corazón del vampiro del pecho de James. La pérdida de sangre le había dejado extremadamente débil y el corazón luchaba salvajemente por escapar a su posesión y volver a su amo. Luchó por mantener el pútrido órgano enjaulado en su mano. El ácido ardía a través de su piel y huesos, pero ese dolor no era nada comparado con la agonía de los dedos de James literalmente destrozándole el corazón.
Profundamente bajo la tierra, Isabella sintió la separación y el desgarro del corazón de Edward. Sus ojos se abrieron de golpe, su corazón se estremeció con el dolor compartido y martilleó contra su pecho ante el terror implacable. El dolor casi la destrozó. ¡Edward!
El no—muerto no conseguirá a tu hermano. La voz de Edward era jadeante, rota por el dolor. En ese instante ella le vio en la oscuridad de la mina con los ghouls luchando para llegar hasta él, su brazo y mano ardiendo a causa de la sangre del vampiro. Y vio el puño del vampiro profundamente enterrado en su pecho.
Sintió las uñas arañando y apretando el corazón de Edward en un esfuerzo por matarle. Por un instante el tiempo se detuvo. El mundo se quedó inmóvil. La comprensión la golpeó en ese momento enceguecedor.
Le amaba.
Todo este tiempo mientras pensaba estar luchando contra él, había estado luchando también contra sí misma. Enfrentando su enorme voluntad contra su corazón, el corazón que había empezado a amar a Edward cuando había entrado corriendo en un edificio en llamas por su bienestar.
Edward la había liberado para ser quién y lo que había nacido para ser. Finalmente podría utilizar los dones extraordinarios que había pasado toda una vida ocultando. Sería aceptada por ser quien era, no quien fingía ser. Y en ese momento de comprensión, Isabella supo que podría soportar cualquier cosa, sacrificar a cualquiera o cualquier otra cosa, pero no a Edward.
¡Dime que hacer! Emito la orden hacia Carlisle. Y fue una orden. Empezó a abrirse paso con las uñas a través de la tierra hacia la superficie. Cada onza de la voluntad de hierro que poseía, la voluntad que era suya por derecho de nacimiento, que había sido horneada en su sudor y lágrimas, la voluntad inflexible con la que se había negado a permitirse creer que podría llegar a amar a Edward, esa voluntad estaba ahora concentrada en alcanzarle. Le salvaría. No había otra elección.
Permanece con él. No permitas que se separe de ti. Aguantará con todo lo que es, no querrá arriesgarse a que tú mueras con él.
Isabella se concentró en sujetar a Edward a ella. Podía ver a través de sus ojos y oír el aullido de los ghouls y los horribles gritos del vampiro. En las profundidades de la guarida del vampiro, Laurent continuaba su batalla con los implacables ghouls, pero podía sentir lo cerca que estaba Edward de morir.
—Edward. —Ordenó. —tírame el corazón, ahora. —Mantenía la voz tranquila en medio del caos reinante. Derribó a otro ghoul, pero este se alzó para enfrentarle de nuevo mientras los otros se acercaban.
Las uñas afiladas como garras de James trabajaban para arrancar el corazón de Edward de su cuerpo, un lento pero extremadamente doloroso proceso. La fuerza estaba cediendo en el vampiro, pero abandonaba casi igualmente a Edward. Apenas podía moverse, apenas podía pensar, su cuerpo fallaba al obedecer los dictados de su cerebro mientras la pérdida de sangre y el letargo causado por el sol agotaban lo que quedaba de sus menguantes fuerzas rápidamente.
Sintió a Isabella moviéndose dentro de él, buscando una forma de ayudarle. No podía protegerla del dolor de su cuerpo. Sintió el golpe, que casi la llevó a la inconsciencia, sintió como se recomponía, aceptando el dolor. Entonces su fuerza afloró, la inquebrantable determinación de la sangre del Cazador de Dragón.
¡No morirás! Era un decreto. Una orden. Tira el corazón al cazador. Toma mi fuerza y libra al mundo de esa repugnante criatura. Ahora, Edward. No te dejaré marchar.
Utilizando la oleada de fuerza, hizo lo que ella le ordenaba, tirando el vil órgano por el aire hacia Laurent. Al momento la fuerza de Edward se agotó y empezó a perder el equilibrio.
Era demasiado tarde para él. Su corazón estaba destrozado, la pérdida de sangre era demasiado grande. Pero Isabella y Alec estarían a salvo y Laurent saldría de las minas vivo. Edward cerró los ojos y se abandonó.
Isabella fundió su mente con la de Edward. Ella era fuerte. Siempre había sido fuerte, aunque no hubiera podido manejar sus poderes en su estado humano. Los sentía ahora, recorriendo su cuerpo, e hizo un rápido inventario de sus habilidades. Todo era diferente ahora, con los dones especiales de los Cárpatos corriendo por sus venas. Se extendió en busca del poder, abrazándolo en vez de encogerse de miedo ante él. Salvaría a Edward, le mantendría con ella con su último aliento, aunque su fuerza vital no fuera más que una luz pequeña y oscura que titilaba débilmente, casi extinta. Le mantuvo con ella con todas sus fuerzas, evitando que cayera al infernal fuego de ácido de la cámara, y al mismo tiempo, evitando que su espíritu se desvaneciera.
Tráemelo. Apresúrate. Envió la orden a Laurent, a través del vínculo mental que encontró en la mente de Edward. La tierra es rica en minerales y es nuestra única oportunidad.
Laurent incineró el corazón del vampiro, ignorando estoicamente el ácido que quemó su mano y brazo cuando la sangre corrió por su piel. James gritó horriblemente, su cuerpo claudicó, su puño cayó del cuerpo de Edward con un horrible sonido de succión. La sangre vital de los cárpatos salpicó sobre él. Hizo una mueca y la lamió en un último y vano intento de sanarse a sí mismo.
Laurent dirigió una segunda bola de energía ardiente hacia el vampiro.
Un oscuro humo nocivo se alzó, James soltó un horrendo y gemebundo chillido final y su apestosa vida encontró al fin su final. Laurent atrapó a Edward entre sus fuertes brazos antes de que Isabella lo dejara caer sobre el suelo venenoso y tuviera que soportar más quemaduras.
En el momento en que el vampiro quedó completamente destruido, los ghouls cayeron al suelo, sin vida sin su maestro para darles órdenes. Las sombras sin alma cesaron en sus continuos gemidos y los huesos cayeron otra vez al suelo.
Se hizo un extraño silencio seguido por un amenazador retumbar que creció más y más alto cuando el laberinto de túneles empezó a sacudirse. Acunando a Edward en su brazo quemado, Laurent atravesó velozmente los túneles, alejándose de la guarida del vampiro. Polvo y roca caían y el humo salía expelido a través de los pozos. Las paredes se cerraban tras ellos mientras él volaba hacia la superficie con el cazador herido. Estoy en camino con él. Es sol se alza rápidamente. Está mortalmente herido, no veo como podrías salvarle.
Isabella explotó a través del suelo, el sol casi la cegó. Eso ni siquiera la retrasó. Buscó a su alrededor la tierra más rica. ¿Qué necesito, Carlisle? Dime que hacer para salvarle.
Él se lo dijo, nombrando varias plantas, enviándole imágenes de su aspecto, y dirigiéndola hacia donde se encontraban. Ignorando el terrible ardor en el interior de su cuerpo, los ojos llorosos y la piel sensible, Isabella corrió a localizar las plantas ocultas en el denso bosque. Los árboles ayudaban a protegerla de los ardientes rayos del sol y Laurent proporcionaba una cobertura de nubes mientras viajaba hacia ella. Mientras Carlisle guiaba sus manos, instruyéndola en lo que debía hacer para salvar Edward, otra voz de unió a la de él, y después otra y otra. No podía captar los nombres de todos, pero los sanadores se reunían en todas partes del mundo para ayudarla en el proceso de salvar a Edward.
Si algo fuera mal, Carlisle, cuidarás de Alec y Alice. Isabella era muy consciente de que estaba arriesgando su vida. Daría todo lo que era por Edward, y si fallaba, se jugaba la vida de ambos.
No puede haber fracaso. Decretó Carlisle.
Y al instante Laurent estaba allí, con el cuerpo roto y desmadejado de Edward entre sus brazos. Isabella cerró los ojos durante un breve momento mientras las lágrimas fluían y el horror le cerraba la garganta. Se había preparado para sus terribles heridas, pero no para la visión de su orgulloso e invencible Edward tan completamente devastado. Su corazón y alma gritaron una protesta.
Se extendió en busca de su poderosa voluntad, aferrando esa fuerza con cada fibra de su ser, y sacudiéndose la desesperación, el dolor y el terror. No había tiempo para emociones, ni para la duda o el temor. Escuchó las suaves voces que le daban instrucciones y sintió su propio poder atravesándola. Arrodillada junto al cuerpo roto de Edward en medio de la tierra rica en minerales donde Laurent había abierto la superficie para ella, se puso a trabajar. Era bastante fácil trabajar a varios niveles, utilizando su telequinesis para mezclar plantas y tierra mientras se despojaba de su cuerpo, de su sentido del yo, y se convertía en la bola sanadora de energía necesaria para entrar en el cuerpo de Edward.
Todo esto lo hacía mientras le retenía con ella, unidos por su determinación, negándose a permitirle escapar al otro mundo. Su corazón estaba totalmente destrozado por las garras del vampiro, lacerado y rasgado. Vaciló con desmayo.
Puede hacerse. La seguridad llegó de uno de los sanadores, un hombre llamado Jasper. Te acompañaré a cada paso del camino.
Yo estoy aquí también. Una voz femenina, Kachiri, una sanadora.
Una tercera voz, muy distante y ultra femenina, añadió su apoyo. Soy Zenna. Perteneces al clan del Cazador de Dragones. Pocos tienen los dones que posees tú. Puede hacerse.
Oyó a Carlisle y sus hermanos urgiéndola a continuar. Las voces crecieron de volumen en su mente, cantando un antiquísimo ritual de sanación. Con determinación, Isabella se puso a la tarea. Ya no era imposible... simplemente era cuestión de voluntad, y ella tenía bastante de eso.
Lentamente, meticulosamente, reparó el corazón rasgado de Edward. Su fuerza física se tambaleó varias veces, pero los hermanos de Edward la alimentaban con cada onza de energía que poseían.
Incluso sentía el toque de Alec a través de Carlisle.
Fue cruel en sus exigencias a Edward, obligándole a soportar el dolor mientras reparaba su corazón para después trabajar en sus otras numerosas y graves heridas. Compartía su mente con los sanadores, siguiendo las instrucciones que ellos susurraban en su mente mientras cerraba cada herida, eliminando cada gota de veneno. No renunciaría a Edward ante el poder de James. El sol continuaba alzándose en el cielo y los efectos eran devastadores sobre los Cárpatos, pero ella fue implacable, conduciéndose a sí misma y a los otros más allá de su resistencia.
Laurent, siguiendo los dictados de los sanadores, se tendió junto a su compañero cazador en la rica tierra. Dio a Edward tanta sangre como pudo permitirse, y ayudó a Isabella a cerrar las terribles heridas con la mezcla de plantas, tierra rica en minerales, y saliva. Isabella se tambaleó de cansancio, cubierta de ampollas causadas por el sol, y se derrumbó sobre el suelo cuando finalmente terminó.
Nunca había permanecido tanto tiempo despierto. Laurent la miraba con sorpresa. Nos has mantenido a todos unidos, negándote a permitir incluso el más fuerte de nosotros cayera en el letargo de nuestra raza. Descansa ahora. Si puedes con todos nosotros, no permitirás que él muera.
—Demonios, no lo haré. —Murmuró Isabella y se derrumbó sobre Edward.
A Laurent solo le quedó suficiente energía para cerrar la tierra consoladora sobre los tres antes de que sucumbir al sueño.
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Este capítulo me gustoooooo! Al fin mataron al vampiro, Bella aceptó que ama a Edward (ya iba siendo hora), y al parecer todos estarán a salvo. Este capítulo me llena el cora, no se por qué jajaja creo que el sentido de hermandad que se demuestra me hace sentir bien n.n ¿qué opinan ustedes?
No olviden dejar un comentario, solo nos queda un capítulo más (y el epílogo).
¡Nos leemos pronto!
