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Digimon ni sus personajes me pertenecen. Fanfiction que participa en la Semana de diversidad sexual III del foro Proyecto 1-8 (aunque más bien es del chat de WhatsApp: Les mones del circo/País de las maravillas).

Tema: Demisexualidad.

Pareja: Taichi y Sora.

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Cielo de verano.

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Allí estaba frente a uno de los chicos más populares del campus y Sora Takenouchi no sentía nada. Salían por primera vez, apenas y se sabía su nombre y que jugaba fútbol en el equipo de su universidad, solo eso. Mimi había planeado la cita a ciegas «es tu alma gemela, So-chan», con aquellas palabras la hubo convencido, pero Sora ya no estaba tan segura. Salieron por unas hamburguesas, previo a ello vieron una película que no se salvó de pasar bajo el concepto de «sin pena ni gloria», luego fueron por un helado. Tres horas de su vida y lo único que logró averiguar de Taichi era que amaba el helado de chocolate, le iban las películas de superhéroe, le gustaba el fútbol y que estaba viendo un anime donde el protagonista era una especie de ángel de la muerte gracias a una libreta negra… Ah y que conducía un auto azul de la marca Toyota.

La dejó frente a su casa, todo un caballero.

—Me agradó conocerte —confesó el joven—. Mimi tenía razón, eres genial.

Sora bajó la cara, la había pasado bien, pero…

—Eres un gran chico, Taichi…

—No uses honoríficos —La interrumpió—, por favor.

Sora sonrió un poco incómoda.

—Ok, Yagami —Igual seguiría siendo formal—. Ha sido una linda velada. Espero que el resto de tu noche sea igual de amena.

Taichi cerró un ojo, a Sora le pareció que dramatizaba en un gesto de dolor.

—¿Sucede algo?

—Creo que no te gusté, ¿no?

La pelirroja desvió la mirada hacia un lado, dudó si ser franca o darle alas en vano al chico.

—No es eso… —Su amabilidad la llevó a convencerse que quizás era muy pronto para sacar una conclusión sobre lo que podía sentir hacia Taichi—. A veces soy muy poco expresiva, lo siento.

—¿Eso quiere decir que puedo besarte sin sentir miedo a ser rechazado?

Sora se tensó. No esperaba tanta franqueza de su parte.

—La verdad, me gustaría conocerte primero antes de iniciar cualquier tipo de relación.

Taichi sonrió.

Le deseó una linda noche y se retiró.

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Suspiró tras cerrar la puerta de su habitación. De nuevo le sucedía, estaba siendo otra vez la chica rara que perdía oportunidades con los muchachos guapos, según muchas personas. No se consideraba la mujer más atractiva del mundo, pero había tenido los suficientes pretendientes para decir que fea no era. Incluso durante el bachillerato salió con uno de los chicos más populares, Yamato Ishida, quien resultó ser mejor amigo que amante. En ese momento de su vida aceptó ser su novia más que todo por la presión social y porque Yamato le parecía un buen chico, era guapo, pero no le atraía ni causaba algún efecto, no al menos a nivel sexual ni físico.

El sonido del teléfono la sacó de sus cavilaciones. Hurgó en su bolso y sacó el móvil. Mimi la llamaba, probablemente Taichi Yagami le hubo avisado sobre la cita que tuvieron y su horrible desenlace.

¡CUENTA TODO CON LUJOS Y DETALLES! —chilló la otra sin siquiera saludar.

—La pasé bien —dijo, no demostró algún tipo de emoción en su respuesta—. Es un gran muchacho, muy sincero, carismático…

El bufido de Mimi la hizo callar. Ya veía venir la diarrea verbal sobre lo rara que era y la pregunta de cómo no le hacía caso a un bombón como lo era Taichi.

¿Qué te pasa? —inquirió desafiante—. ¡Es muy codiciado por las chicas y le gustas tú!

—Mimi…

Mimi nada, Sora. Saliste con Jou el doctor y no te gustó. Saliste con Masaru, el boxeador, y no te gustó, saliste con… ¿Miyako era? La chica esa que es amiga de Kou, ¡y tampoco te gustó! Hasta me dijiste que quizás tampoco te iban las chicas.

—No me van.

—Pero tenía que intentarlo. Eres mi mejor amiga y no te he visto nunca pendiente de ningún chico, es lógico que pensara que eras homosexual.

En algún punto de su vida, llegó a pensarlo también. Nunca se sintió atraída por un chico o chica, nunca se sintió cómoda en las pláticas de sus compañeras en donde solo hablaban del físico de los hombres, no llegó a besar nunca el poster de un actor o cantante y las veces que estuvo con Yamato fue sobre todo por complacerlo a él, después de todo, eso era lo esperado de una novia y en algún punto creyó que, si no se sentía atraída sexualmente por él, sería por su inexperiencia en el asunto del sexo, pero con Jou tampoco sucedió y eso que a ambos llegó a quererles mucho.

—Quizás estoy rota y, al final, mi destino es quedarme sola.

Mimi murmuró algo que Sora no logró entender.

—Te digo ya, Taichi me llamó emocionado, dijo que eras genial y que le encantabas —Hizo una pausa, bastante larga para las que solía dar la amiga—. Ahora tendré que romper sus esperanzas.

—Lo siento.

—Nada, nada. Hablamos después, debo ir a dar una mala noticia.

Tras sus palabras el sonido de repique del teléfono.

Sora se quitó los zapatos, caminó hasta el baño, se sacó la ropa y se metió en la tina luego quitarse el sucio de la calle en la ducha. El agua caliente la relajaba y la hacía no pensar mucho en su orientación sexual. Poco después salió, se colocó el pijama y tomó su laptop. En el motor de búsqueda puso las siguientes palabras: Atracción nula a otras personas. Las respuestas fueron las mismas de antes: Asexualidad. ¿Cómo saber si eres asexual? ¿Qué es la asexualidad?... Y sí, quizás su destino era acabar sola. Suspiró hondo, guardó la laptop y prosiguió a dormir.

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Taichi Yagami [08:01 a.m]: Buenos días, Sora. Mimi habló conmigo ayer. De verdad pensé que teníamos algún tipo de conexión. Siento mucho si te hice incomodar. Suelo ser muy torpe y ciego cuando alguien me gusta mucho.

Sora sonrió, le gustaba la franqueza de aquél joven.

Sora Takenouchi [08:03 a.m]: Buenos días. No te preocupes. Si quieres, todavía podemos ser amigos.

Taichi Yagami [08:03 a.m]: No podría estar más de acuerdo con esto. Sería una lástima que desaparecieras de mi vida así como por arte de magia. Quizás llegue a pensar que nunca exististe y que fuiste producto de mi imaginación.

La sonrisa de Sora evolucionó a una carcajada. Tomó de su café con leche y respondió tan pronto como sus dedos le permitieron.

Sora Takenouchi [08:03 a.m]: ¿Eres así de sincero siempre?

Taichi Yagami [08:04 a.m]: Es parte de mi personalidad genial.

Sora Takenouchi [08:05 a.m]: Yo diría que es parte de tu actitud egocentrista. :D

Taichi Yagami [08:05 a.m]: Que uses un emoji sonriente no hace que sean menos crueles tus palabras.

Sora Takenouchi [08:07 a.m]: Lo lamento mucho. Realmente lo siento. Disculpa si me tomé muchas atribuciones. Era un chiste.

Sora se puso roja como pocas veces se hubo puesto. Del tiro las ganas de comer su desayuno se le quitaron. Recogió la mesa, esperaba una respuesta negativa, pero esta no llegaba. Probablemente se hubo ofendido, ¿debería de volverse a disculpar?

Una llamada entró a su teléfono. Dudó si responder, era de Mimi, quizás quejándose de lo mal que estaba tratando a su amigo.

Se armó de valentía y cogió la llamada.

¿Entonces ya tenemos ese nivel de confianza? —Al igual que Mimi, parecía que saludar no era propio de Taichi—. Pensé que eras alguien más sería y recatada.

—Lo siento, no quise…

Escuchó su carcajada desde el otro lado de la línea.

Vamos, Sorita, es broma.

Los labios de Sora se arrugaron en una mueca de enfado. Quería decirle que estaba siendo un estúpido, pero no podía, pues no lo conocía demasiado para ello, además, no era propio de ella. En su lugar suspiró pesado y preguntó que qué hacía con el teléfono de Mimi. La respuesta llegó de los labios de la aludida, por lo que era evidente que estaba en altavoz.

Como decidiste no salir con Taichi, me lo traje a mi casa. No sabes de lo que te pierdes.

Sora tornó los ojos, vaya que Mimi no tenía filtros.

—Espero que lo aproveches.

No, ¡Sorita, es broma! —La voz de Taichi viajó rápida y angustiada. La pelirroja se echó a reír, aunque lo suficientemente bajo para no ser escuchada—. Mimi, ¿qué haces? ¿Qué dices? ¿Estás loca?

¡Es mi teléfono, devuélvemelo!

No si vas a decir cosas fuera de lugar.

¡Já! —exclamó indignada—. ¿Te crees mucho? Sabes, muchos morirían por estar conmigo.

Lo mismo puedo decir.

¡Claro! —Mimi echó a reír—. Muchas, pero no Sora. —Su risa fue más audible.

Cuando no escuchó una réplica a las palabras de Mimi, Sora intuyó que aquella broma le hubo caído muy mal a Taichi. Sintió mucha pena, casi quería salir de su habitación para ir a consolarlo.

Eres cruel. Toma tu teléfono. Dile a Sora que hoy saldremos a comer, que está invitada como mi nueva amiga que es.

Y de nuevo, volvió a sonreír. Taichi era muy ocurrente o sería mejor decir, ¿inocente?

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En su segunda cita, esta vez como amigos y con Mimi por el medio, Sora descubrió más de Taichi: Era un hermano mayor, vivía solo a pocas calles de su habitación de estudiante, estudiaba la carrera de Estudios internacionales e iban por el mismo semestre. También descubrió que le gustaba hablar mucho, que era muy gracioso, que por su forma de actuar y hablar pocas cosas le asustaban o incomodaban y que su gusto por el fútbol era en realidad una pasión, como lo fue para ella en el bachillerato, antes de Yamato y de sus cambios de niña a mujer.

—Fue muy gracioso —comentaba Mimi entre risas—. Toda la escuela miró esa fotografía.

—Me disculpé —dijo Taichi, continuando con el relato—. Nunca supe cómo una foto de mí posando al lado del colchón meado llegó a las diapositivas de la exposición.

—Al menos salías sonriente —agregó Mimi.

Sora sonreía escuchando las anécdotas.

—Yo me habría muerto de vergüenza —dijo.

Taichi se rio:

—No creo que seas de las que se mean a los 9 años.

—No, pero una vez en el equipo de futbol femenino —Hacía mucho que no hablaba sobre esa época. Mimi observó a Sora hablar, enternecida. Sora no se había dado cuenta que estaba a punto de exponerse, para cuando lo supo, ya era demasiado tarde—. Yoko-san me hizo reír tanto que… bueno… ¡Solo fue un chorrito!

Los ojos de Taichi se achicaron y sus labios marcaron una sonrisa. Sora miró hacia sus muslos, demasiado avergonzada para mirarlo directo a los ojos.

—No sabía que jugaste fútbol —dijo Taichi más serio, ignorando por completo la anécdota de Sora.

La pelirroja levantó la cara, sorprendida.

—De eso hace mucho —respondió sintiendo las mejillas arder. Taichi tenía una manera muy profunda de mirarla, como si le desnudara el alma cada vez que lo hacía.

—¿Hay videos? —inquirió interesado.

Fue a negar, pero Mimi intervino.

—¡Muchos! —Bebió de su malteada para agregar dramatismo a la historia—. Su mamá los tiene guardados. A la mamá de Sora no le gusta el futbol, por eso ella lo dejó, pero igual iba a sus partidos y tiene muchas fotos y videos de sus días como chica-niño.

—¿Chica-niño? —Taichi arrugó el ceño.

—Así me decían en el instituto —respondió la pelirroja ruborizada.

—Pues, yo creo que las mujeres que juegan fútbol son muy lindas e inteligentes. ¡Ni digamos que sexys!

El sonrojo de Sora se atenuó mucho más y el corazón le latía con fuerza.

—Tú dices eso solo porque te gusta Sora.

—También —respondió sin dejar de mirar a la aludida.

En ese momento, Sora solo quería desaparecer, aunque algo muy cálido se alojó en su interior.

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La muchacha introdujo la llave en el portón del edificio.

La noche era fría y oscura. Daba las gracias de tener un acompañante, aunque no dejaba de pensar que estaba siendo abusiva, pese a ser él quien se ofreció a llevarla.

—No tenías por qué traerme hasta aquí —aseguró Sora.

Taichi echó su mano detrás del cuello, otra característica de él que ella había descubierto, solía hacerlo cuando estaba nervioso, por lo que había podido notar Sora en sus dos citas.

—Vivimos muy cerca —Se hizo de hombros para restar importancia.

—Pues, deberías irte ya. Se hará más de noche —Sora bromeó, aunque había un toque de preocupación en su burla.

—A decir verdad, creo que no me dará chance de llegar a casa. Creo que va a llover.

—Eso no es ver… —Y como si el universo quisiera callarla, un trueno surcó los cielos y un manto de lluvia comenzó a caer sin miedo. Taichi sonrió triunfal y Sora le dio un manotazo en el pecho.

—Auch… —se quejó falsamente.

—¿Lo tenías planeado? —preguntó enarcando una ceja—. ¿Eres un brujo del tiempo o algo así?

—Algo así —sonrió despreocupado.

—No puedo creer que me des esta excusa —pese a todo, le causaba gracia toda la situación—. ¡Tienes un auto!

—Lo dejé en casa —respondió como si ya supiera todas las respuestas a sus preguntas e intenciones—, ya sabes.

—Lo sé, por eso, si sabías que llovería, ¿por qué lo dejaste?

—Cualquier excusa para pasar más tiempo contigo.

Fue a protestar, pero volvió a sentir el corazón acelerado. Negó con la cabeza, advirtiendo que, si se quedaba y la lluvia no paraba en toda la noche, dormiría en el pasillo. Taichi estuvo de acuerdo, aunque acabó durmiendo en un sillón, muy cerca de la cama de Sora. Para ser justos, las habitaciones para los estudiantes eran muy pequeñas y Sora no tuvo más opción que escucharlo roncar por el resto de la madrugada, porque sí, tardaron mucho en quedarse dormidos debido a la amena, divertida y, a veces sería, plática; bastante confianzuda para alguien que conocía de dos días.

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Taichi se volvió una constante en su vida, había calado en ella como los rayos del sol en verano. No recordaba su vida antes de él, resultó ser muy cariñoso y tenían tantas cosas en común que era inevitable que no dijeran que tenían una especie de conexión mágica. Mimi, quien estaba la mayor parte del tiempo celosa (a modo de bromas) por la amistad de estos dos, era la que más los molestaba, diciendo que ella fue cupido, que solo debían darle tiempo al tiempo y que, si se hacían novios y la echaban para querer estar solos, los encontrarían debajo de un puente trágicamente asesinados. Sora, por otro lado, se había vuelto a enamorar del fútbol, iba a cada uno de los partidos de Taichi y este la acompañaba en sus exposiciones de arreglos florales, aunque la mayoría del tiempo se aburría como nunca.

Fue en uno de los partidos de fútbol de Taichi que Sora descubrió que quizás no era asexual y que podía sentir mucho, pero muchos celos de otras chicas.

Durante el partido de la final de campeonato Taichi estaba luciéndose. Había metido dos goles de los tres de su equipo, un gol por encima del equipo rival. Quedaban poco minutos y el otro conjunto presionaba mucho, tuvieron dos oportunidades de empatar, pero fue una jugada dirigida por el capitán que hizo que el delantero, Taichi, marcara un tercer gol. El estadio iba a caerse y los gritos de las chicas en las gradas hacían que Sora quisiera arrancarse la cabeza. El partido dio fin y pronto la ceremonia dio comienzo. Takenouchi saludó a Taichi quien meneaba la mano por encima de su cabeza dispuesto a llamar la atención de la pelirroja. El muy desvergonzado se hubo quitado la camisa y su cuerpo trabajado era el tema de cotilleo de las fanáticas cerca de Sora.

—Es muy guapo, ¿verdad? —dijo una rubia—. El delantero.

—Sí, mira lo musculoso que es sin llegar a ser asqueroso —agregó otra de cabello más corto.

Una tercera chica, pelinegra, se unió a la conversación.

—Yo diría más bien que está bien definido.

—Y yo que está como quiere —retomó la palabra la de cabello corto—. No me importaría darle un tour por mi cuerpo.

—¡Tomoyo! —escandalizó la otra rubia—. Eres muy lanzada.

—A diferencia de ustedes dos, yo sí digo lo que pienso.

Sora se tensó, no le gustaba que hablaran así de Taichi. Llevó sus ojos hacia el campo, luego a las chicas. A Sora le parecía más atractiva su sonrisa y aquella mirada de niño emocionado que casi siempre traía consigo.

—¡Sus pectorales! —chilló Tomoyo.

Sora detalló el pecho de Taichi, sus hombros definidos, sus brazos. Tragó pesado. A decir verdad, nada de eso le llamaba la atención, pero en teoría, todo de Taichi le atraída. ¿Qué le estaba pasando?

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—Taicho tonto —murmuró Sora.

Taichi sonrió, pero siguió haciéndose el dormido. Miraban una película ya muy tarde en la noche, desde hacía tres horas que Sora le hubo dicho que debía irse a su casa, pero él insistió en terminar primero la película. Cada diez minutos la joven le recordaba que no podía seguir quedándose a dormir, los vecinos ya estaban hablando y a su madre no le haría gracia saber que se quedaba con un chico a solas toda la noche. Pero ahí estaba él sobre ella, con su cabeza despeinada sobre su vientre y una de sus manos rodeando su cintura. Sora evitó respirar fuerte para que de ese modo el tonto de Taichi no se despertara.

Mañana tendría una plática seria con él, por ahora, disfrutaría de su característico aroma.

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Sora frunció el cejo. Taichi tomó una porción de su cereal.

—No puedes seguir quedándote.

—Fue un accidente —respondió con cereal en la boca—. Me iba a ir, pero me quedé dormido.

—Los vecinos llamarán a mi mamá. Ya sabes como son.

Taichi reviró los ojos. Sabía cómo eran, las primeras veces que se quedó en el apartamento, sus vecinas terminaron interceptándolo en el ascensor, haciéndole preguntas tras otras buscando sacar información y él, ni corto ni perezoso, le daba tela para cortar, aunque siempre alegando que Sora era una dama y que nada serio pasaba.

—Solo somos amigos —mencionó sin más—. Dile eso.

—¿A una mujer que piensa que ser femenina es usar vestidos y ser recatada?

—Toshiko me ama —Su respuesta no iba a cuentos, pero aun así la dejó salir.

—No le llames por su primer nombre. —dicho aquello, le dio un golpe en el hombro. Se echó a reír de inmediato—. Confianzudo.

El otro volvió sus ojos, también sonreía, pese a negar con la cabeza. Sora le quitó el tazón y metió su propia cuchara para dar una probada.

—Sabes… —dijo—. Si vas a seguir desayunando aquí, mínimo deberías colaborar con la comida.

La miró como él solo sabía mirarla, con esos ojos marrones que, si lograbas atisbarlo con precisión, parecían un poco verdes, muy profundos, como si no tuvieran fin.

—Si voy a seguir desayunando aquí, deberías de comprar una cama más grande —opinó sin un gramo de vergüenza. Sora se escandalizó, es decir, sabía que dormía con un chico que no era más que su amigo, pero dicho por Taichi sonaba como algo obsceno—. ¿Sabes qué? —Taichi le volvió a quitar el tazón de cereal—. Mejor no —dijo, comiendo de lo poco que quedaba del desayuno—. Me gusta más que la cama sea pequeña, pero al menos deberías de tener un cepillo dental extra.

Se puso de pie, dejó el pocillo en el lavavajillas y se despidió de Sora, quien había quedado en blanco sin saber qué decir, con un beso en la mejilla.

Acción que dejó a la chica hecha un lío emocional.

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Probablemente le gustaba. No, le gustaba. Es decir, le tenía mucho cariño, pero a la vez había cierta atracción que la hacía sentir como nunca antes se sintió con nadie más. Cuando le dejaba caer un beso cerca de sus labios moría lentamente. Necesitaba que esa cercanía se rompiera y que le diera el maldito beso de una vez, pero Taichi parecía divertirse cada vez que la dejaba suspirando.

Desde hacía varias semanas que ya no sacaba excusas para quedarse con ella y eso a Sora le picaba en la nuca. Taichi estaba hablando mucho de una tal Noriko, de lo genial y divertida que era. ¿Cómo podía decirle aquello? Moría de celos y una parte de ella se llenaba de tristeza. Además, por qué ya no quería pasar todo el tiempo con ella. Vale, que lo hubo corrido por los exámenes finales ya que debía estudiar y Taichi la desconcentraba, pero ya los exámenes habían acabado para todos y él seguía sin verla, salvo por las veces que quedaban en el campus, nada más, quizás una que otra vez salieron a cenar, pero junto a Mimi y, debido a las vueltas que daba la vida, Yamato Ishida, quien salía con la castaña y el cual resultó ser muy amigo de Taichi.

En ese momento lo observaba. Tenía una sonrisa radiante y le comentaba que, al salir de la universidad, se encontraría con unos sabía que Noriko estaría dentro de ese círculo de amistad, mordió la uña de su dedo índice para evitar decir algo fuera de lugar.

—¿Te gusta? —Morder no fue suficiente para evitar que hiciera preguntas de más.

—¿Eso a qué va? —contestó, hurgando dentro de su mochila.

Detrás de ellos un estanque Koi rodeado de otros muchos estudiantes.

—Es solo una pregunta —soltó como si no le importara.

El otro elevó las comisuras de sus labios en una mueca que delataba su gracia.

—Es muy linda —confesó.

—¿Entonces te gusta?

—Mimi también es linda.

Sora torció la mirada.

—Sabes que no es lo mismo —habló en tono de reclamo.

—¿Qué más da? —dijo fastidiado—. Es una amiga y ya.

Sora bajó la mirada hacia el estanque, un pez Koi nadaba muy cerca de ellos. No quiso seguir preguntando, decirle que le gustaba cuando justamente había otra chica que podía ser su nuevo interés amoroso no le parecía nada justo.

Guardó su obentou dentro de la mochila, Taichi había termina de buscar la goma de mascar que se la había perdido dentro del bolso. Este miraba unos papeles dentro de la carpeta que se había vuelto su biblia desde hacía unas semanas, Sora lo miraba desde su puesto, algo perdida en sus pensamientos. Salió de ellos cuando Taichi sonrió hacia otra dirección, siguió su mirada y dio justo con la chica que le hacía doler el estómago con su sola mención.

—Noriko —susurró él.

La aludida no se había percatado que ellos dos estaban sentados frente al estanque.

Sin poder soportar mucho más sus celos, Sora se puso de pie y se marchó casi que al trote, Taichi se percató de inmediato de su brusca salida e ignorando que Noriko estaba cerca, corrió detrás de su amiga.

—Sora, espera, Sora —Logró alcanzarla, la tomó de la muñeca evitando que siguiera huyendo—. ¿Te sientes bien? ¿Qué sucedió?

Sora quiso librarse del agarre, pero Taichi le apretaba con decisión.

—No es nada, recordé que tengo algo que hacer.

—Taichi —La voz de Noriko hizo que ambos jóvenes se giraran a verla—. Pensé que nos veríamos frente al estanque.

Sora bajó la mirada, intentó zafarse una vez más del agarre, pero Taichi seguía apretando fuerte. Este miró a Sora y luego a Noriko, negó en dirección a la recién llegada.

—Sabes algo, Noriko-san —Mostró una agradable sonrisa, Sora notó en ella algo de culpabilidad—. He olvidado que tenía que hacer algo importante y no podré acompañarlos. Lo siento mucho.

La otra asintió, pero el muchacho no esperó alguna otra reacción. De inmediato se fue caminando arrastrando a Sora consigo.

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Llevaban medio año de amistad, sin embargo, Taichi nunca la hubo llevado a su habitación. Decía que era muy angosta y que prefería la de la pelirroja, además, no solía llevar a chicas a su alcoba, algo como una regla autoimpuesta cuando comenzó a estudiar. Tampoco podía decir que era un lugar agradable o no, desde hacía cinco minutos que Sora aguardaba fuera. Taichi le pidió el favor de esperar, pero su nivel d confianza la hizo empujar un poco la puerta y asomarse. Lo observó sacar unas revistas de debajo de la cama y meterlo en la gaveta con llave del escritorio, recogió los vasos de café sobre la mesa de noche, envoltorios de hamburguesas, algunas latas de cerveza y una caja de pizza que yacía en el suelo. Sora se echó a reír y el otro volteó sorprendido, casi que dejó caer la bolsa de basura al suelo.

—Tenías que esperar —La retó.

—Tenía que ver cómo era un Taichi Yagami en su hábitat natural. Al menos no huele mal.

Taichi llevó una mano detrás de su nuca, sonrió como un niño travieso atrapado con las manos en la masa.

—Pues, no me va mucho los aromas fuertes.

Para ser honesta consigo misma, toda la habitación olía Taichi, un aroma cálido y reconfortante que la llevaba a sentir anhelo y deseo de muchas maneras.

—¿Qué hacemos aquí? —preguntó tratando de distraer a su olfato.

—Estabas mal, pensaba que no podías ir y estar sola en tu habitación.

Sora hizo una mueca con su boca, algo no le cuadraba.

—Pudiste acompañarme y así no estaría sola.

—¿No te gusta estar aquí?

La otra negó con las manos tan rápido llegaron las palabras a su oído.

—No, no, no —soltó—. Es solo que se me ha hecho algo raro.

La pelirroja se acercó a la cama y se sentó en el borde de esta, Taichi tomó asiento en la silla de su escritorio, la giró para apoyar los codos sobre el espaldar de esta.

—A decir verdad —confesó—. Ya estoy harto de tus vecinas chismosas.

—Yo también. —Rio ocultando la risa detrás de su palma.

—¿Quieres algo para tomar? —señaló el frigobar—. ¿Jugo, té frio, agua, cerveza?

—Con razón siempre vas a comer siempre a mi edificio, si solo tienes bebidas en esa minúscula nevera.

El otro ensanchó sus labios avergonzado.

La tarde transcurrió con ellos dos acostados sobre la cama, con las piernas cayendo hacia el suelo y con los rayos tórridos del sol entrando por la ventana de cortinas traslucidas.

—¿Qué clase de revistas escondía? —inquirió curiosa, miraba hacia el techo.

Taichi se removió incomodo sobre la cama. Sora se echó a reír por enésima vez esa tarde, al moverse, sus manos chocaron sobre la superficie, Taichi tuvo el impulso de quitarla, aunque deseaba cogerla y entrelazar sus dedos a los de Sora; parecía que esta le leyó el pensamiento, lo cogió y apretó fuerte. Segundos después Sora se giró y acabó metiendo su cabeza en el hueco que quedaba entre el brazo de Taichi y su pecho, este la abrazó. Permanecieron así otros segundos más, Sora respiraba su aroma, era tan... él.

—Me gustas —susurró ella.

Ya no podía evitar sentir lo que sentía, decir lo que pensaba, ignorar lo que deseaba. Taichi apretó fuerte el abrazo, parecía que temblaba.

¿Qué más podía hacer? Se había confesado y él seguía sin decir nada. ¿Buscaba las palabras que menos le hirieran para rechazarla?

Se deshizo del abrazo y se movió rápida, había pensado en marcharse, paradójicamente acabó con sus manos sobre el pecho de Taichi y sus labios pegados a los de él. Era el primer chico del cual se sentía atraída y si este iba a rechazarla, al menos debía darse la oportunidad de sentir, aunque fuese por un momento, aquellas emociones que la invadían por completo.

Se alejó, esperaba el discurso de rechazo, sin embargo, Taichi no dijo nada, se limitó a observarla con una sonrisa que no era de diversión, tampoco nerviosa o burlona.

—Hasta que al fin caíste en mis encantos —Takenouchi quiso protestar, enojarse, golpearlo, ¿se burlaba de ella? Antes de que pudiera hacer cualquiera de aquellas cosas, Taichi la cogió por la nuca y la llevó directo hasta sus labios de nuevo—. Sabes que me muero por ti —susurró luego del beso.

Y ya no hubo más miedos ni dudas, podía volver a besarlo y sentir cómo todo en su interior orquestaban un popurrí de sensaciones que la llevaban a perder la cordura, toda sensatez y recato.

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Taichi le pasó por el lado con una caja pesada, la última que quedaba en la habitación de la pelirroja. Tras un año después de aquellas primeras caricias, habían decidido que no podían sacarse las manos de encima y que sus residencias eran muy pequeñas para que ambos pudieran convivir sin sentirse como sardinas enlatadas.

Solo quedaba la cama en la ahora espaciosa alcoba, sonrió, su primera vez con Taichi hubo sido allí, la primera vez que recorrieron su cuerpo y que cada caricia contó, que los besos dejados a lo largo de su piel la llenaron de descargas eléctricas que le erizaron cada vello de su cuerpo, aquella cama que guardaba hermosas tardes llenas de color, noches inundadas de gemidos y sensaciones imposibles de explicar con palabras, de momentos en donde solo le importaba sentirlo y dejarse llevar, perderse en la locura que significaba Taichi Yagami.

Lo sintió besar su cuello, la mano subiendo el vestido y el rechinar de la puerta pronta a cerrarse.

—Una última vez —susurró.

Sora sonrió, ladeó su cuello abriendo paso a más besos.

—Supongo que en la habitación.

Lo escuchó resoplar una risilla.

—Todavía falta estrenar el nuevo apartamento.

—Eso suena prometedor —Seguido de sus palabras un chillido lleno de diversión.

Taichi le hubo dado vuelta y cogido por los muslos, Sora le rodeó con las piernas las caderas, los besos alocados, la promesa de nuevos gemidos y la despedida que los vecinos esperaban después de noches de insomnio causado por dos amantes.

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Notas de autor: Esperaba escribir algo muy sexoso de estos dos, pero no se dio cómo esperaba. Espero haber llevado muy bien el tema de la Demisexualidad y que haya agradado.

Besos,

Genee.

PD1: El título hace referencia al nombre de Sora (que en español es cielo) y a Taichi, que para mí representa el verano.

PD2: Odio a FF, lo odio. Si ven frases sin acabar, palabra cambiadas e incoherencias, por favor, háganmelo saber, pues la pagina es la responsable de ello.