Disclaimer: Los personajes de Canción de Hielo y Fuego no me pertenecen, simplemente los uso con fines de entretenimiento.
N/A I: ¡Más rápido de lo esperado salió este capítulo! :D Muy bien, he cumplido con sus peticiones y ha llegado el turno del señor de Stom's End... ¡Disfruten! ¡Me divertí escribiendo :D!
Elia beso las mejillas de Aegon y lo alzó en el aire, su niño chilló de alegría y dio un par de patadas para que lo bajase. Lo puso en el suelo y él corrió entre los rosales escondiéndose.
Elia se puso las manos sobre sus ojos y jugueteó con él, fingiendo no verlo. Escuchó su adorable voz: mami, aquí. Y caminó a ciegas con él, entreabriendo los ojos para no levantar sospechas, se acercó a él. Aegon gritó y corrió hacia otro lado, su risa llenando el lugar.
—No debe correr mucho, su gracia —Ser Oswell sonrió.
—Cada día crece más, Oswell —murmuró Elia con nostalgia—, en un par de años no volverá a jugar conmigo, estará muy ocupado con sus estudios y practicando con espadas de madera antes de poder sostener una, su padre lo llevará a cabalgar, cazar, visitar otros reinos; Rhaenys se rodeará de septas y de doncellas para aprender los comportamientos de una princesa y nuestros tiempos se volverán limitados.
—Yo siempre los protegeré, su gracia.
—Lo sé.
Aegon regresó a su lado y sostuvo su mano, dando una vuelta por los jardines.
Era el tercer año consecutivo en que se presentaba un torneo. Se habían vuelto demasiado populares, Rhaegar consideró no realizar uno ese año, pero los señores de poniente se negaron e inclusive enviaron oro para patrocinar el evento y no dejar todo a la corona, a regañadientes, su esposo aceptó. Y en la junta del consejo privado, se determinó que se celebraría uno anualmente, por lo que el reino se preparaba con tres meses de antelación para tener todo en orden en los siete días que se llevaría a cabo.
Elia pensó en los sucesos del año anterior cuando Ser Jaime la coronó. Aquel día le dio seguridad a Rhaegar de que nadie volvería a coronarla, cientos de doncellas se presentaron ese día, esperando otorgar su favor a los caballeros y ser tomadas en cuenta para un futuro compromiso, era de conocimiento común que, cuando alguien te coronaba, era porque ese hombre mostraba interés en ti.
Elia es la reina de los siete reinos, por lo que la gente lo tomó como un cumplido cuando Ser Jaime lo hizo, pues sus motivos fueron que no tenía a nadie más que dársela, lo cual era una mentira porque Lady Cersei estuvo ese día, cuando lo confrontó, él bromeó con ella y… se detuvo por un momento al recordar como el caballero le robó un beso.
Sí, Ser Jaime tuvo la audacia de besar a la reina.
Al principio se sintió culpable, acababa de engañar a su esposo con el hombre que juró protegerlo, pero luego entró en su estudio y finalmente respondió él porque Rhaegar había coronado a Lady Baratheon en Harrenhal. Ser Jaime ahora es cauteloso con ella, pero Elia aún confía en él.
No volvieron hablar de los sucesos de aquella noche.
—Reina Elia —Elia estaba sumida en sus pensamientos que no había notado que la esposa de Robert Baratheon se acercaba a ella. La mujer pequeña se inclinó y le sonrió.
—Lady Lyanna, que gusto verla.
—El placer es mío, su gracia —dijo la mujer con una sonrisa, Elia consideró que era una sonrisa falsa—. El príncipe Aegon ha crecido mucho.
—Sí —Elia detuvo su caminata y tomó a su hijo entre sus brazos, era un poco pesado, pero podía soportar su peso, él recargó su cabeza en su hombro—. Me enteré de que tuvo un segundo hijo, felicidades.
—Gracias —susurró—, Rickard y Steffon son muy traviesos, nunca se quedan quietos.
—¿Los ha traído? Aegon también gasta sus energías corriendo por todos lados —sonrió—. Cuando mi esposo lo lleva a las sesiones privadas del consejo, bueno, me han dicho que no se pueden concentrar.
—Es un príncipe encantador —murmuró Lyanna—. Es idéntico a Rhae…
—El rey —la corrigió al instante—. Sí, Aegon es la viva imagen de su padre, salvó sus ojos oscuros que son míos.
—El rey —Lyanna se movió nerviosa—, lo siento.
—El año pasado no asistió al evento, ¿cierto?
—Mi esposo Robert consideró que no deseaba poner mi vida en riesgo ni la del bebé —dijo ella y siguió sus pasos—, apenas había salido del nacimiento de Steffon cuando el maestre me informó de mi segundo embarazo. Estaba agotada. Steffon y Rickard son idénticos a Robert, cabello negro, ojos azules, mismas facciones.
—La semilla es fuerte —dijo Elia con una sonrisa—. Es muy escuchada esa frase.
—Sí, Robert habló mucho sobre lo bien que fue el evento, mencionó que fue coronada por segunda vez. Todo un récord.
Elia se sintió incómoda que -precisamente- ella lo mencionara.
Estaban caminando por el jardín de la Fortaleza Roja, en unas horas se llevará a cabo la última justa del día para determinar al nuevo vencedor y que una nueva reina del amor y la belleza fuese coronada.
Asintió.
—Debe ser muy incómodo para el rey —dijo Lyanna, Elia le devolvió la mirada, pero ninguna de las dos sonrió—, usted es su esposa.
—Mi esposo no tiene derecho a estar incómodo —Aegon pareció sentir su tensión y una de sus manos rodeó su cuello. Elia lo abrazo—. Incomodidad cuando ocurrió lo de Harrenhal, para Lord Baratheon y yo.
—Terminé casada con Robert, sin importar la acción de lo que hizo el rey entonces, su gracia.
—Usted ya era su prometida, independientemente de lo de Harrenhal, usted se iba a casar con él.
—No por amor.
—Aunque comienza con un compromiso, el amor florece dentro del matrimonio.
Lyanna la miró.
—¿Usted ama al rey, su gracia?
—Por supuesto, es el amor de mi vida y padre de mis hijos —contestó con sinceridad—. Y él me ama, sin importar que reciba cartas en secreto de otras doncellas expresando su amor por él y la mención de la infelicidad de su matrimonio, sobre cómo detesta estar embarazada de su esposo.
Lyanna se detuvo en seco y desvió la mirada. Elia miró que Oswell trataba de no prestar atención a la conversación, pero fallando en el intento, él apretaba la mandíbula con fuerza. Elia le entregó a su hijo y se enfrentó a Lady Baratheon.
—Amo a mis hijos —respondió a la defensiva.
—No lo dudo, amar a un hijo es el amor más puro que una mujer puede sentir.
—No todas, su gracia. Hay mujeres que no los quieren, los abandonan y se olvidan de ellos para siempre.
—No somos la excepción, lady Lyanna, algunas no nacieron para amar. ¿Por qué continúa escribiendo cartas a mi esposo? ¿No tiene miedo de que Lord Robert se entere? —Ella tragó en seco—. Oh, usted creyó que nadie se iba a enterar, ¿cierto? Bueno, lo hice y mi esposo me lo confirmó —Nunca había hablado de este tema con Rhaegar, pero ella no debía de saberlo.
—Me enamoré de él.
—Muchas mujeres creen amarlo. Aman lo caballeroso que es, la forma en que canta y toca su arpa, pero dudo que puedan amar al hombre que es dentro de la fortaleza cuando no lleva su corona.
—Él mostró su interés en mí.
—Lo hizo, pero su padre les arruinó sus planes, ¿verdad? Él tomó el asunto entre sus manos y para evitar que se cometieran errores, la casó antes de lo esperado con Robert y para la primera luna de su matrimonio, él ya la había embarazado. Le arruinó sus planes con mi esposo.
—Guardo rencor a mi padre por esos sucesos —susurró.
—Tiene dos hijos, lady Lyanna —Elia cuido las palabras que iba a decir—, piense en ellos antes de continuar con su correspondencia en secreto.
—Él no ha respondido mis cartas en meses.
—¿Y porque continúas escribiéndole? ¿Piensas que él te va a sacar de la miseria de tu matrimonio? ¿Cómo es que se aburre con Lord Baratheon? Es un hombre muy divertido —Lyanna la miró escandalizada—. Hace un año platicó mucho conmigo y me expresó la felicidad de su matrimonio y sus hijos. Él la ama.
—Él me engaña.
—¿Y supongo que le quieres pagar con la misma moneda? —Lyanna no respondió—. Solo le diré una vez, lady Lyanna, deje de escribirle cartas de amor a mi esposo, es tu rey. Si no quieres cuidar de tu matrimonio, adelante, pero sí de sus hijos. No me hagas firmar un decreto en donde solicite a tus hijos como pupilos de la corona, sabes lo que sucederá si lo hago. No volverás a verlos en muchos años.
—No se atrevería, su gracia.
—Retame. Comprendo que te hayas enamorado de tu rey, lo entiendo, pero usted es una mujer casada y con hijos, respeta tus juramentos.
Elia no esperó a que lady Baratheon respondiera y se retiró del jardín, Oswell a sus espaldas y con Aegon dormido entre sus brazos.
—¡Elia! —Rhaegar se levantó de su asiento cuando miró a su esposa entrar a la habitación—. ¿Está todo bien?
Ella no respondió y corrió a sus brazos. Lo besó con fuerza, él correspondió al segundo y Elia mordió de su labio con fuerza. Rhaegar la atrajo hacia él y antes de darse cuenta, él la había recostado sobre su cama.
—¿Has respondido las cartas de Lady Lyanna? —preguntó cuando Rhaegar besó su cuello, él se detuvo y vio un brillo en sus ojos.
—No —Elia le creyó—. ¿Quién…?
—No eres muy cuidadoso con tus cosas, mi amor.
—Elia… —Rhaegar acarició su mejilla con su mano libre—, cometí errores en el pasado, pero no volveré a hacerlos. ¿Tú estás celosa por un par de cartas? No conoces la furia que he sentido al recordar como Baelor y Ser Jaime me quitaron el honor de coronarte.
—Perdiste tu oportunidad.
—Lo sé, pero no sabes la necesidad que he sentido de querer tomarte y besarte frente a ellos y recordarles que eres mía.
Elia lo besó de nuevo.
Parecía cosa del destino cuando llegó al lado de Ashara, Lyanna Baratheon estaba sentada en el lado izquierdo, Elia tomó el derecho y trató de prestar atención. Ashara la observó con mirada sospechosa.
—Ha tardado mucho, su gracia —dijo con burla—, incluso el rey no estuvo presente.
Elia puso los ojos en blanco, Ashara no perdía oportunidad.
—Rhaegar me mantuvo ocupada —susurró, pero supo que Lyanna la había escuchado.
—Creo que me he percatado de ello, ese no es el vestido que eligió para hoy, su gracia —soltó una risa—, y tu cabello está suelto, creo recordar que llevaba una trenza…
—Ashara…
—Lo siento, su gracia —No, no lo sentía en absoluto.
Solo Ashara era consciente de toda la situación y le guiñó un ojo en secreto.
—¿Cree que gane su esposo, lady Baratheon? —preguntó Ashara—. Está entre los finalistas y ha derribado a muchos hombres, parece que su intención es ganar.
—Mi hermano Ned y su esposa aseguran que sí —La sonrisa de Ashara se borró ante la mención de Ned, Elia se mordió el labio para no reír ante su audacia—. Si mi marido gana, no dudo que intentará una gran celebración cuando regresemos a casa.
—Que emocionante —dijo ella—. Espero que me puedan invitar, tengo mucho tiempo libre.
—Lo tomaré en cuenta.
Elia negó con la cabeza y prestó atención a los últimos caballeros que iban a enfrentarse.
Todos parecían contener la respiración al ver a Gregor Clegane tomar su lugar, Robert Baratheon levantó las manos con aires de grandeza, con demasiada confianza sobre sí mismo.
—Su esposo es muy atractivo, lady Lyanna —dijo Ashara, ella no respondió—, opino que ganará Clegane.
—Te has equivocado en los dos años —Ashara pareció sentirse ofendida y se cruzó de brazos.
—Sí, pero al menos le gané a lady Catelyn y su hija lleva mi nombre.
Robert Baratheon ganó la justa.
Todos gritaron y aplaudieron, Gregor salió furioso del lugar al ser humillado por un hombre más pequeño que él. Robert era un hombre alto y fuerte, pero Gregor lo era aún más.
Robert se pavoneó sobre su caballo, saludando a todos, encantado por la atención que estaba recibiendo.
Incluso Rhaegar tenía una sonrisa sobre su rostro. Sí, Robert coronará a su esposa Lyanna y finalmente podrán dejar en el pasado lo de Harrenhal.
Elia Targaryen y Lyanna Baratheon reinas de la belleza por segunda ocasión.
Robert tomó la corona entre sus manos y gritó con emoción. Elia se contagió del buen humor del hombre y por un momento se preguntó si él planeaba colocarla sobre su propia cabeza.
Era una simple corona de flores…
Las risas y los aplausos murieron cuando Robert se detuvo frente a ella.
No, no, no, no.
Elia contuvo la respiración e intentó mirar a otro lado, pero no pudo apartar la mirada de Robert… el tiempo parecía eterno. Robert miró a lady Lyanna… Elia se preguntó si ella sospechaba lo que su esposo iba hacer. ¿Era planeado? ¿Era su venganza contra su esposo? Porque sería otro golpe al orgullo de Rhaegar.
—Su gracia…
Baelor Hightower y Jaime Lannister le habían entregado la corona en sus manos, Robert Baratheon la colocó sobre su cabeza.
Elia se sonrojó por su audacia. Elia se puso de pie y tomó la mano de Robert Baratheon y la alzó, disfruto los aplausos que recibió. Él tomó su mano y le dio un beso en sus nudillos antes de retirarse.
Por tercera vez… tres años seguidos y tres hombres la coronaron.
Más allá de ser un halago, Elia sospecho que era una venganza contra su esposo.
