Disclaimer: Los personajes de Canción de Hielo y Fuego no me pertenecen, simplemente los uso con fines de entretenimiento.
Elia camino en silencio por el pasillo de la fortaleza, Ser Arthur Dayne protegiendo su espalda.
Son pocas las ocasiones en que Elia hace acto de presencia en las sesiones del consejo privado, es común que Rhaegar se acerque a ella para pedir su opinión con los planes para el futuro del reino, él siempre mantiene dudas antes de aceptar y firmar los decretos. Ella lo aconseja lo mejor que puede, esa mañana le tomó por sorpresa cuando Rhaegar pidió que se uniera a él en la sesión del medio día.
Entró a la habitación y miró que las sillas ya estaban ocupadas por los integrantes. La mano del rey, Jon Connington, Lord Varys, su tío Lewyn Martell, Mace Tyrell y el maestre Pycell, encabezando la reunión, su esposo. Todos ellos se levantaron para darle la bienvenida y fue a sentarse al lado de su esposo.
Rhaegar no se veía nada contento, pero intentó sonreír sin mucho éxito.
—Su gracia —el maestre Pycelle comenzó con la reunión y a Elia le dio el presentimiento de que no le gustara nada de lo que dirán—, gracias por poder acompañarnos la tarde de hoy, trataremos de que la reunión no se alargue demasiado
Lo hará si sigue fingiendo hablar con lentitud. Pensó en sus adentros.
—Eso espero, maestre —respondió de inmediato—, tenía una visita programada para visitar los orfanatos el día de hoy. Mi hija ya estaba vestida para acompañarme, se sintió decepcionada cuando le dije que tendríamos un retraso.
—Comprendemos sus deberes y la necesidad de visitar a los huérfanos, pero sigo expresando mi opinión de que no es lugar para que la princesa visite, todavía —dijo el maestre con voz de tristeza, fingida más bien. Elia no se tragó ese cuento.
—Esos huérfanos, como acaba de llamarlos, algún día van acudir con la princesa Rhaenys en busca de consejos, ayuda, oportunidades de trabajo a ofrecer su lealtad, es importante que mi hija los conozca y sepa de las necesidades de quienes serán sus súbditos. Cuando Aegon tenga la edad suficiente también irá —dijo—. Un día, mis hijos harán de un mejor King's Landing y aunque no erradicarán la pobreza de la noche a la mañana, es importante que sepan de las carencias de los desafortunados, saber que no todos tienen la misma suerte que nosotros, de crecer en un bonito palacio con sirvientes a nuestra entera disposición —Finalizó y se dio cuenta que había levantó la voz. El silencio se volvió incómodo, pero logró ver una sonrisa sobre el rostro de su tío.
Tenía que controlar sus emociones, aunque en los últimos días se enojaba con bastante facilidad. Antes de tener la oportunidad de disculparse, Rhaegar entrelazo sus dedos con los de ella y le regaló una sonrisa.
—Entregaré mis deberes a Lord Connington para que la próxima e iremos a visitar a los huérfanos —Elia asintió y agradeció a su esposo por el apoyo, Pycelle no volvió a hablar—, dejemos este tema para otra ocasión. Hay otro tema que Jon tiene para decir, Elia, y es con respecto al torneo que se celebrará dentro de varias lunas, quiero conocer tu opinión.
—Lo escucho —Elia no soltó la mano de Rhaegar, pero si dirigió su mirada a la mano del rey.
Jon Connington era muy bueno para ocultar sus emociones, era difícil de leer su lenguaje corporal cuando se molestaba. A pesar de conocerlo desde hace años, nunca han mantenido una buena relación. Elia lo detesta por las cosas que ha dicho sobre ella en el pasado, de como no era buen partido para el príncipe Rhaegar, sobre cómo él debía de encontrar una esposa sana, incluso se atrevió a decir que volviese a Dorne tras el nacimiento de Aegon. Lo único que tenían eran saludos por cortesía y solo en presencia de Rhaegar.
Muchas ocasiones Rhaegar lo ha regañado por sobrepasar el límite, pero eso nunca lo detiene. Lo presiente, Elia discutirá con Jon en esa reunión. Rhaegar fue quien solicitó su presencia, Jon seguramente quería hacer esto sin avisarle.
—Necesitamos opciones, su gracia —Jon fingió ver los pergaminos que estaban sobre la mesa—. Hemos tratado de ocultarlo, pero es imposible. Nos encontramos preocupados por la cantidad de veces que usted ha sido coronada por hombres que fueron muy cercanos, los rumores crecen día con día.
—¿Rumores? —preguntó—. ¿Cómo cuáles? Me temo que me mantengo ignorante y no he escuchado de ninguna.
—No eres una ignorante, Elia —Rhaegar dijo de pronto—, no siempre te enteras del contenido de las cartas que los cuervos traen.
—Adulterio, deslices, infidelidad, su gracia —Jon retomó la palabra y a Elia no le pasó desapercibido el tono de su voz—. No es un secreto para nadie que Lord Baelor Hightower fue su pretendiente más cercano, pero antes de poder forjarse la alianza, usted lo rechazó. También es bien sabido que su madre, la princesa Loreza, era muy amiga de Lady Joanna Lannister y que el plan de ambas mujeres era tener una alianza entre Dorne y Casterly Rock, usted casi fue la prometida de Ser Jaime Lannister de no ser por la prematura muerte de Lady Joanna. Y la última coronación a manos de Lord Robert Baratheon fue la gota que derramó el vaso.
—Como usted mismo lo mencionó, Lord Jon, fueron pretendientes del pasado, nunca ocurrió nada.
—Usted lo dice.
—¡Jon! —Rhaegar levantó la voz— Cuida tus palabras y la manera en que le hablas a tu reina.
—Su gracia.
—¿La gota que derramó el vaso? —Elia preguntó—. Si mis recuerdos no fallan, todos estaban emocionados cuando Lord Robert puso la corona en mi cabeza.
—Sabemos que ese fue con un solo propósito, su gracia. Conoce la tensión entre los Targaryen y los Baratheon.
—Difiero un poco de esa supuesta tensión. Soy una Targaryen, y los Barathoen no me han tratado más que con respeto, incluso el príncipe Viserys práctico con Renly Baratheon, y fue Lord Baratheon quien se hizo cargo.
—El comportamiento de Lord Baratheon debe de tomarse con extremada precaución, no es un secreto para nadie que la coronó para vengarse del rey por la humillación pública que recibió en Harrenhal —expresó el hombre, cuidando el tono de voz. De no ser por la advertencia anterior de Rhaegar, Elia cree que ya hubiese escuchado su puño sobre la mesa—. Y usted como la reina, tuvo que haberlo rechazado, pero dado que no lo hizo, hemos tenido que decidir que este año no se entregue una corona de flores.
—¿Tienes miedo de que me coronen por cuarta vez?
—No es temor, lo sabemos.
—Nunca se sabe quién gana el torneo, Lord Jon.
—No, pero si es coronada por cuarta vez, será la humillación para el reino y la reputación del rey se va a ir en picada por esas acciones, será conocido como el rey que no puede controlar el comportamiento de su esposa.
—¿Mi comportamiento? Entiendo su preocupación, Jon, pero le recuerdo que yo no elegí a esos hombres que ganaron, ni tampoco les pedí que me coronaran, ellos hacen su propia elección.
—Si vamos a continuar con que el premio sea la corona, usted deberá rechazarlos, su gracia.
—Será grosero de mi parte hacerlo.
—Es más grosero que siga permitiendo que la coronen frente al rey, SU ESPOSO.
—¡JON!
—¿Regañó a mi esposo de la misma forma en que está haciendo conmigo cuando coronó a Lyanna Stark sobre mí? ¡Y le recuerdo que estaba embarazada! ¡Fue más humillante para mí!
—Es diferente, su gracia, eso ocurrió una vez. La situación con usted sobrepasa el límite.
—Como le he mencionado varias veces, no ha sido mi decisión. Ellos lo hacen por voluntad propia, yo no tengo nada que ver con eso. ¿Miedo a que sea infiel a mi esposo? A Baelor Hightower no lo volví a ver desde antes de comprometerme con Rhaegar; Ser Jaime es un hermano jurado de la Guardia Real y es un hombre honorable que nunca romperá su juramento. Robert Baratheon enfrenta sus propias consecuencias con los Stark por la falta de respeto a su esposa.
—No coincidimos con lo que ha descrito, su gracia. Es por eso por lo que hemos decidido que al vencedor de este año se le entregará oro.
—La decisión es de ustedes, no me van a tener en cuenta para decidir. Solo asegúrese, Lord Connington de informar a los señores de Poniente sobre el cambio del premio, porque tiene que admitir que esta supuesta venganza contra el rey se ha vuelto el atractivo principal del torneo, es por eso por lo que cada año vienen más y más al torneo, dudo que ellos quieran seguir patrocinando el evento si no hay una corona de flores para entregar.
—Esa información podemos omitirla.
—¿Y arriesgarse a la furia de todos? —Elia arqueó la ceja y sonrió.
—Su gracia, es por su comportamiento por el cual estamos aquí conversando, si dejamos la corona como premio y se la entregan a usted de nuevo, tiene que rechazarla.
—No lo haré.
—No es una doncella, su gracia. Le está quitando la oportunidad a las doncellas ansiosas que vienen para atraer la atención de un hombre. No olvide que ha recibido propuestas de otros hombres, le envían regalos, incluso joyas valiosas, amenazan la integridad del reino con esas cartas sugerentes. Tampoco debemos arriesgarnos a que alguien la compre con bonitas palabras y decida huir con alguno.
—¡Es suficiente, Jon! —Rhaegar golpeó la mesa con el puño, las manos de Elia sudaron por la declaración del hombre—. Deja de hacer comentarios groseros sobre mi esposa. ¡Es tu reina!
—Como he repetido incansablemente —Elia interrumpió a Rhaegar—. Yo no hago las elecciones por ellos. ¿Tu que opinas, mi amor? ¿Crees que te soy infiel ahora que me he trasladado oficialmente a tu habitación privada? Ya que paso todo el día ocupada con mis deberes, en mis ratos libres las paso con mis hijos. Ser Arthur se ha convertido en mi guardia personal, Ser Oswell y Ser Jaime en el de mi esposo. ¿En qué momento libre puedo serle infiel? Sus miedos son por una simple corona, una anécdota que con el tiempo se va a borrar porque llegará el momento en que consideren aburrido estarme coronando año con año.
—¡Suficiente! —Rhaegar levantó la voz, Elia agradeció que todos los demás se mantuvieran callados—. Elia no pidió ser coronada tantas veces, simplemente sucedió. Si quitamos la corona, los eventos se van a esfumar con el paso de los años. Prácticamente la corona ya no paga los torneos, las donaciones se vuelven más generosas. Se entregará la corona y si mi esposa es coronada, todo lo que tenemos que hacer es celebrarlo.
—Pero las humillaciones…
—Me equivoqué en el pasado —admitió Rhaegar con pesar—, y si cada año tengo que estar soportando que mi esposa sea coronada por otros hombres por mis errores. Tengo que aceptarlo. Más allá de ser el rey, soy un espectador y tampoco haré escenas ridículas de celos. No volveremos a discutir este tema, gracias por expresar sus preocupaciones, Jon, pero confió en mi esposa, te pido que hagas lo mismo. Si no confías en ella, te pido que lo hagas por mí, soy tu rey.
—Jon se excedió con todas las acusaciones que hizo con usted, su gracia —dijo Arthur cuando caminaron por los jardines de la Fortaleza más tarde—. Disculpa la palabra, pero es un imbécil.
—Estuve esperando a que hiciera el comentario sobre nuestra reputación dorniense, sobre cómo nos precede y la cantidad de amantes que ha tenido mi hermano Oberyn. Jon olvida que, a pesar de ser una princesa de Dorne, nadie quiso contraer matrimonio por lo delicada que era mi salud.
—Reconozco los esfuerzos de mi hermana en conseguirles los brebajes, la veo más fuerte cada día, su gracia. La princesa débil que conocí parece haber desaparecido, incluso ha dejado los carruajes y ha optado por cabalgar. La princesa Loreza estaría muy orgullosa de usted.
Elia trató de controlar las lágrimas ante la mención de su madre. Posiblemente ella también se hubiera escandalizado por las veces que ha sido coronada, pero hubiera estado de su lado, ella nunca perdonaría a Rhaegar por su grosería.
—¿Crees que si exista un cuarto hombre que quiere darme debería rechazarlo? —Le preguntó.
—No —respondió él de inmediato—. Esto no es solo una venganza contra el rey, es una muestra de respeto hacia usted, su gracia. Recuerde que yo también estuve en ese evento, a pesar de mi lealtad al rey, soy dorniense. También me ofendí con la acción del rey Rhaegar. El hecho de que esos hombres la coronen es un recordatorio del error del rey. Especialmente con Robert, por poco creí que la besaría frente a todos.
—Nunca lo hubiera permitido, eso sería demasiado.
—Concuerdo con usted.
—Casi me restregó en la cara que le fui infiel a Rhaegar con Jaime, quería abofetearlo —Mentalmente se recordó aquel beso, pero nadie tenía que saberlo.
—No la hubiera detenido —se burló—. Después de todo, fue él quien convenció al rey de alejar a Ser Jaime de usted. Y ahora tiene que tolerarme a mí.
—Eres un gran amigo, Arthur —Elia sonrió a su lado—, sus miedos son estúpidos. Jamás dejaré a mi esposo.
—Jon sigue sin aceptar que Rhaegar terminase con usted, él anhelaba que se casase con una mujer como Lady Cersei. Es por eso por lo que le daremos un nuevo golpe.
—¿Un nuevo golpe? ¿A qué te refieres?
—Voy a competir en el torneo una vez más. No voy a permitir que me humillen, voy a ganar y entregaré esa corona a usted. Jon sabe que siempre seré fiel a la corona y que jamás le faltaré el respeto, pero estaré muy feliz de ver como su sonrisa se borra de su rostro. Dudo que me considere su enemigo.
—Mi esposo…
—El rey entenderá… también es mi venganza —Le guiñó un ojo y sintió que sus mejillas se calentaban.
—No me presentaré en el evento, no quiero más conflictos.
—Diré frente a todos que la corona es para usted —Una pequeña risa brotó de sus labios—. Y no se la daré a nadie. Incluso la envolveré y se la entregaré como regalo durante la fiesta, y tendrás la obligación de abrirla frente a todos.
—¿Hace cuánto tiempo planeas esto, Arthur?
Él se encogió de hombros y continuaron su plática animada.
Seis meses después, Arthur cumplió con su palabra.
