Disclaimer: Los personajes de Canción de Hielo y Fuego no me pertenecen, simplemente los uso con fines de entretenimiento.
¿En qué momento fue en que la vida de la princesa Elia Martell cambió?
Siete años atrás, la relación de Elia con su esposo no estaba en los mejores términos, habían aprendido a vivir con pura cortesía.
Era un matrimonio distanciado, la convivencia era casi nula, incluso para pasar tiempo con los niños tenían turnos designados para no encontrarse, un matrimonio sin amor es como ella lo calificaría. Una mujer estéril que no iba a poder traer a otro hijo al mundo, ya que si lo hacía moriría en el camino. Luego del nacimiento de Aegon VI Targaryen, su esposo tuvo que tomar su lugar como el rey de los siete reinos tras la muerte de Aerys y Rhaella, ella tomó su lugar como reina.
Aunque es una Targaryen de nombre, le gusta mucho más su verdadero apellido.
Elia Martell, reina de los siete reinos.
No fue fácil asumir todas las obligaciones que se le presentaron, pese haber crecido con el conocimiento de los deberes de una princesa. Durante muchos años, su madre hizo propuestas de matrimonio en su nombre para casarla con el hijo de un gran señor, forjar alianzas poderosas que terminaron en fracaso, ya que no la consideraban el mejor partido para sus herederos, creció con el rechazo de todos ellos y aprendió a proteger sus sentimientos para que no se percataran de lo mucho que le dolía el rechazo.
Ese rechazo se esfumó en los primeros meses de su matrimonio, estaba con el príncipe Rhaegar y esperaba a su heredero, Elia vivió prácticamente en la cama desde que el maestre le dijo del embarazo. Elia olvidó lo que era ser rechazada, ya que había momentos de esperanza en su matrimonio que murieron cuando Rhaegar la humilló en Harrenhal.
Con el paso de los años lo ha tratado de olvidar, pero el tema siempre regresa cuando menos se lo espera, luego de esa última conversación con Lyanna Stark, después de ser coronada por Robert Baratheon, Rhaegar le confesó la verdad de lo que planeaba hacer con la niña. Él iba a convertirla en su esposa y embarazarla para que la tercera cabeza del dragón faltante naciera, pero Lord Rickard Stark lo confrontó, fue una ofensa para los Stark que Rhaegar coronará a Lyanna. Rickard Stark le arruinó todos esos planes cuando casó a la niña mucho antes de lo esperado y ella terminó dando a luz al heredero de Robert. A supuestas palabras de Rhaegar, considero apropiado retirarse.
Elia lo escuchó antes de juzgarlo, ella lo odio y la relación que habían ido restaurando poco a poco parecía haber llegado a su fin, al menos para ella. No podía soportar compartir la cama con el hombre que estuvo a punto de traicionarla, aquel príncipe que había jurado protegerla y nunca dañarla. Eran irónicos aquellos votos, Rhaegar era quien la dañaría y no iba a protegerla de un corazón roto.
Se dijo que lo había perdonado por el bien de los niños, por el reino, no era una mentira en su totalidad, pero Elia había comenzado a amarlo de nuevo. Desde que inicio todo el asunto de las coronas, él se había acercado más a ella, la cortejo, pidió su permiso de hacerla suya, le susurro promesas y palabras de amor, en cada oportunidad libre de deberes, él la secuestraría y la llevaría a lugares que él consideraba personales para compartirlos con ella.
Se mostró celoso y posesivo, quitando a Ser Jaime y Ser Arthur de su servicio, antes de confrontarlo y decirle que, si seguía con esos celos, se marcharía a Dorne para unas vacaciones prolongadas.
Rhaenys y Aegon disfrutaban mucho más de convivir con su padre, encantados de las atenciones que él les daba, los dulces que les pasaría en secreto antes de despedirse por la noche… Viserys estaba aprendido de los deberes de un príncipe, Rhaegar siempre trataba de hacer espacio y enseñarle a practicar con la espada, ir de cacería, tener una relación de hermanos a pesar de que Viserys era quince años menor que él.
Jamás hubiera imaginado el giro de esos acontecimientos en su vida.
Era el tercer día de la justa y el rey amaneció enfermo.
No era común que Rhaegar se enfermara, honestamente él siempre ha sido un hombre muy saludable. Ha cabalgado bajo las frías lluvias durante horas, y siquiera tendría un resfriado. Elia se preocupó, temía por su salud, aunque el maestre le aseguro que no sería nada grave y que el rey necesitaba descansar para recuperar las fuerzas.
—¿Cuántos días, maestre? —Le preguntó.
—Dos días, esperando que su gracia no salga de la cama —dijo el anciano antes de retirarse.
Elia tomó la mano de su esposo y él le sonrió antes de despedirla y pedirle que se presentará en su nombre en el torneo.
Elia lo consideró como incorrecto tomar su lugar como reina en el torneo cuando su esposo estaba enfermo y la necesitaba, ella no podía dejarlo, podía empeorar y no habría nadie cerca. Él insistió y terminó ganando esa batalla, ya que incluso la amenazó con sacarla de la habitación y prohibirle el acceso si ella no recibía a sus invitados como era correspondiente, y que debía de sentarse en el trono del rey. A regañadientes, cumplió y se llevó a los niños con ella.
Aegon chilló emocionado y Viserys hablaba con Rhaenys sobre cómo un día será un caballero montando el caballo, y que en su primer torneo resultará vencedor y le dará su corona de flores. Elia arqueó la ceja.
—Hiciste la misma promesa para mí, Viserys —El niño se sonrojó y sonrió—, hace un par de años.
—Tienes muchas coronas —murmuró, tratando de no verla.
—¿Entonces la corona es para mi mamá o para mí? —preguntó Rhaenys y frunció el ceño, molesta—. Tienes que decidir, Viserys.
Elia aplaudió con cortesía cuando Ned Stark fue derribado.
Había sido un torneo muy entretenido en los dos últimos días. Era curioso, pero por primera vez se dio cuenta que los cuatro caballeros que la coronaron en el pasado estaban compitiendo de nuevo. Solo esperaba que, si ganaba Ser Jaime, coronará a Lady Cersei; si lo hacía Robert, a Lady Lyanna, Ser Arthur a Ashara y Baelor a cualquier otra persona que no fuera ella, no tenía problemas en que la coronarán otra vez, pero si esperaba que los caballeros lo hicieran con otra persona, o que un nuevo vencedor que no tenía lazos con ella ganará, así Jon dejaría de lanzar supuestas suposiciones.
Los aplausos resonaron fuertemente cuando Baelor apareció saludando a todos, con una sonrisa engreída. Tenía mucha confianza sobre sí mismo, se colocó su casco y tomó su lugar. Su retador apareció a la vista, era un nuevo caballero.
No mostraba su rostro, pero era de Dorne. Llevaba el emblema de su casa, a pesar de no verlo de cercas, Elia reconoció la lanza, era de su hermano Oberyn, pero él no tenía la complexión del caballero y él estaba sentado con Cersei. Curiosidad, recordó que en Harrenhal hubo un caballero misterioso que atrajo la atención de todos, pero nunca se reveló si era hombre o mujer, aunque Elia siempre supuso que se trató de una mujer la que humilló aquellos caballeros. Necesitaba hablar con su hermano y preguntarle sobre quién era él, un nombre y sobre porque no mostraba su rostro, todos los hombres se encantaban por la atención recibida.
—Finalmente habrá una nueva reina —dijo Oberyn lo suficientemente fuerte, ella lo miró—. Parece que tu récord se ha terminado, hermanita.
—¿Has pagado a alguien para que tome una corona en tu nombre? —le preguntó con una sonrisa—. ¿Quién es? ¿Está al servicio tuyo o de Doran?
—Mío —Oberyn le guiño un ojo—, lo he enviado a pelear mi batalla.
—No te creo —respondió Viserys antes de que Elia dijera una palabra—, tú siempre peleas tus batallas, no mandas a otros.
—A menos que mi tío se volviera un cobarde —dijo Rhaenys apoyando a Viserys.
—¿Eres un cobarde, hermano? —Preguntó Elia divertida por el arrebato de los niños, Oberyn se dio la vuelta indignado y continuó su conversación con Cersei.
—Mi mamá va a ganar esa corona otra vez —dijo Rhaenys a Viserys y él asintió.
Si Oberyn lo conocía, realmente esperaba creer en sus palabras de que habrá otra reina del amor y la belleza.
Meses atrás llegó un maestre anunciando que se estaba encargando de redactar la historia de la reina Elia Targaryen, sobre cómo fue coronada en cuatro ocasiones, un logro que ninguna mujer ha tenido en cientos de años era de vital importancia conocer los motivos por los cuales la reina fue elegida tantas veces; Elia no deseaba que profundizara en eso para evitar problemas.
Baelor Hightower fue derribado con demasiada facilidad.
—Me voy a quedar a tu lado, Rhaegar —Elia se sentó en la cama y se cruzó de brazos—. No harás que me mueva de aquí.
—No puedes ser grosera, Elia —Rhaegar tosió—, eres la reina. Solo queda Robert y ese caballero de Dorne. Tienes que estar ahí.
—Prefiero quedarme a tu lado.
—Todos los días estás a mi lado —murmuró—, cada noche vienes aquí conmigo y me cuidas, sal y disfruta del evento. Harás historia si vuelven a coronarte de nuevo.
—El caballero de Dorne ha ganado cada una de sus rondas —Elia sonrió—, y mi hermano Oberyn lo conoce, lo he chantajeado para que me lo presente, no ha querido. Mi hermano incluso me dijo que el caballero ya tenía a su dama elegida y no soy yo, no es necesario que me presente.
—Puede ganar Robert de nuevo, mencionaste que eran de complexiones similares, ¿no?
—Robert se ha vuelto un poco tosco —rió—, pero esta vez estoy segura de que coronará a lady Lyanna.
—Robert siente una fascinación por ti, ¿sabes? —Elia puso los ojos en blanco, los celos de Rhaegar volvieron—. Desde Harrenhal me ha dicho que espera su oportunidad para contigo.
—Es muy guapo —Rhaegar frunció el ceño y Elia sonrió para sus adentros—. Su voz es fuerte, sus ojos son preciosos, seguramente sus amantes disfrutan de sus besos…
—Detente o pediré que detengan a Robert y lo haré mi prisionero —los ojos de Rhaegar brillaban de furia.
—Eso puede causar una guerra, mi rey.
—Lo vales —susurró.
No le importaba si se contagia de esa misteriosa enfermedad de su marido, se acercó lo suficiente para besarlo. Fue un beso suave, él puso su mano sobre su mejilla.
No, nunca podría alejarse de Rhaegar.
Él es suyo, ella de él. Lo quiere y necesita, ha extrañado su compañía en las últimas noches. Ha tenido que conformarse abrazando una almohada porque Rhaegar no le permite dormir en su habitación.
—¿Crees que Robert te puede besar como acabo de hacerlo?
—¿Por qué imaginaria besarlo cuando te tengo a ti?
Rhaegar le dio un beso en la mejilla.
—Tres de tus antiguos pretendientes fueron derribados por ese caballero —dijo Rhaegar.
—Escuché que muchos esperaban que Baelor lo derribara, murmuran que ha entrenado mucho para volver a ganar —le contó—. La caída de Ser Jaime incluso me dolió, el golpe sonó muy fuerte y Arthur pareció no tener oportunidad. Considero que es un caballero grosero, al menos los otros se daban la mano para levantarse y ese hombre no, desaparece como si nada. Diría que vino alterar el torneo, las mujeres están fascinadas por él y con Oberyn gritando por todos lados que habrá una nueva reina, todos quieren atraer su atención.
—¿Y tú? ¿Te atrae?
—¿Tu qué crees? —Elia pasó su mano por el muslo de su esposo, se mordió el labio e intentó una mirada inocente.
—No te voy a hacer el amor hasta que me recupere —susurró—, haz todos los movimientos que quieras, pero no compartiremos la cama.
—¡Bien! —Se levantó de la cama y salió de la habitación furiosa.
Elia sonrió a Ashara y tomó a Visenya entre sus brazos, le dio un beso en la frente y se unió a su amiga. Rhaenys y Aegon jugaban en la fuente de agua.
—¿El rey sigue enfermo? —preguntó Ashara cuando le entregó a la niña.
—El maestre dice que es un virus que desaparecerá dentro de nada —le dijo—. Han pasado muchos días.
—Tú también pasaste mucho tiempo enferma, Elia. Pasaban muchos días en que no te levantabas por completo de la cama. Recuerda el embarazo de los niños.
—Sí —contestó la reina—, al menos con Visenya el parto no fue tan complicado como con Aegon.
Ashara negó con la cabeza.
—Aun no puedo perdonarte que me mintieras a los ojos y me dijeras que si bebías tu té de luna. Una decisión arriesgada y estúpida el querer complacer a Rhaegar.
—Él no me lo pidió, él ya se había resignado a no tener un tercer hijo —Amaba Ashara, es su mejor amiga y confidente, pero por supuesto que se había ahorrado todas las peleas posteriores que tuvo con Rhaegar cuando le contó que estaba embarazada.
Más allá de que su esposo se mostrará alegre, estaba enojado y viviendo con el temor de perderla en el parto, incluso se negó a tocarla durante meses, fue un sufrir. El maestre mostró su ofensa al ver que ella no siguió las órdenes estrictas que le encomendaron años atrás, incluso tuvo la osadía de mencionar sobre detener el embarazo para no arriesgar la salud de la reina. Rhaegar respaldo al maestre. ¡Su esposo estuvo de acuerdo con detener el embarazo!
Fueron agotadores los primeros meses, pero Elia tenía la suficiente confianza y fe en que iba a sobrevivir e iba a tener a su tercer hijo. Por eso dejó de beber el té de luna, por eso se lo ocultó a todos. Llegó a sentirse como niña pequeña al ser regañada tantas veces, pero logró callarles la boca cuando Visenya nació perfectamente sana y Elia no tuvo hemorragia ni fiebre durante el parto.
Rhaegar no volvió hablar de la profecía cuando sostuvo por primera vez a Visenya.
Elia regresó con los niños a su habitación y dejó a Visenya sobre su cuna, la niñera se haría cargo y ella tenía que regresar al torneo.
—Quiero saber quién es él —dijo Ashara—. Algunas doncellas dicen que lo han visto, tiene ojos verdes y es hermoso.
—¿Y les creíste?
—Por supuesto que no, estaban tratando de atraer la atención de otros hombres, pero al menos pude imaginarme cómo sería ese caballero.
Elia tomó su lugar en el asiento de su esposo, Aegon se subió a su regazo y señaló a los caballos. Viserys y Rhaenys tomaron su lugar, frunció el ceño al ver que Ser Jaime y Ser Arthur se colocaban a sus espaldas. ¿Qué estaban haciendo ahí? Se suponía que estaban de guardia con Rhaegar y Ser Oswell la protegía a ella.
Miró a sus alrededores y notó que las doncellas a su alrededor hablaban entre sí, soltando murmullos y risitas. Parecía coincidencia, pero a lo lejos, Lady Lyanna le devolvió la mirada. Ella se había rendido, al menos Rhaegar no volvió hablar sobre sus cartas anónimas. Se alegró que la joven mujer tomará su amenaza en serio. Elia se encargó personalmente de hacerle saber que esperaba al tercer hijo de Rhaegar, a su llegada, la había felicitado cortésmente y no volvieron hablar del tema.
Robert entró y gritó emocionado.
Tardaron varios minutos en que los aplausos se detuvieran, Robert estaba eufórico, encantado por toda la atención del momento. Hubo un momento en que sus miradas se encontraron y el hombre le guiñó el ojo.
Rezo a los siete para que el caballero de Dorne gane.
El silencio se apoderó del lugar, murmuraron entre sí cuando el caballero no llegó. Eran los últimos, el vencedor quedará anulado si el otro no se presente. Ashara sintió su inquietud y murmuró a Oberyn sobre la tardanza, él se encogió de hombres, no tenía ni idea.
No tenían conocimiento de donde se quedaba el hombre, lo cual era imposible ir a buscarlo. Elia le pidió a Aegon que tomará su lugar al lado de su hermana, apenas iba a decir unas palabras cuando alguien gritó emocionado y el caballero de Dorne apareció ante la vista.
Se preguntó hacia quién habrán ido las apuestas.
Era una lástima que Rhaegar no estuviera presente, a pesar de que no se lo dijo en persona, presentía que Rhaegar estaba contento con que los hombres que la coronaron fueran derribados rápidamente. Seguramente él, como el rey, habría forzado al caballero a presentarse ante la multitud. Ella también tenía el poder como reina, pero no lo pensó hasta esos momentos.
—Mis manos tiemblan —murmuró Ashara—. Robert muestra mucha confianza sobre sí mismo, puede perder.
—O ganar —respondió Arthur—, no hay nada de malo en mostrar una confianza excesiva, hermana.
—Yo quiero que gane el caballero —dijo Viserys—, es muy bueno. Quiero ser como él en el futuro.
—¿Puedo tener un esposo que sea como él en el futuro? —preguntó su hija.
—¡Rhaenys! —Elia trató de contener la risa—. Eres muy pequeña para pensar en esposos.
—¿Cuándo sea grande puedo tener uno?
Viserys tomó la palabra y le dijo que no, que porque eran muy pequeños y su hija aceptó su respuesta. Tendría que hablar con su hija y hacerle saber que ese tema estaba fuera de conversaciones durante muchos años, aunque las propuestas para forjar alianzas habían comenzado a llegar. Rhaegar pidió guardarlas en donde nunca tuviera que volver a verlas.
Los caballeros se prepararon para el último enfrentamiento.
Elia no supo en quien concentrarse, aún era sospechoso que Ser Jaime y Ser Arthur estuvieran a su lado. Jon la miró y Elia lo ignoró.
Contuvo la respiración, Robert no fue derribado y el caballero se alejó a tiempo antes de ser golpeado. La tensión era palpable en todo el lugar.
La segunda ronda fue igual a la primera, ninguno fue derribado.
Elia no pudo contener una sonrisa divertida.
En la tercera ronda, Robert cayó de su caballo.
Elia agradeció a los dioses. ¡Finalmente una nueva reina! Y todo ese drama se terminó.
Se puso de pie y aplaudió al vencedor, Viserys y sus hijos gritaban emocionados.
—¡Me lo prometió! —Grito Viserys dando pequeños saltos—. ¡Me prometió que iba a ganar y cumplió!
—¡A mí también! —Chilló emocionada Rhaenys—. ¡Ganó! ¡Ganó!
Elia no miró cuando el caballero fue a recoger su corona, su mirada se centró en Viserys y Rhaenys, que seguían gritando emocionados. ¡Ellos lo saben!
—Su gracia… —Arthur le tocó el hombro y Elia se percató de los gritos ahogados que se escucharon a su alrededor. Las miradas estaban sobre ella.
Él le estaba ofreciendo la corona.
Él sonrió y sus preciosos ojos brillaban de emoción.
Los ojos de Elia se llenaron de lágrimas antes de sonreír y aceptarla.
Rhaegar extendió su mano y ella la tomó sin dudarlo. Se acercó lo suficiente hasta quedar frente a él.
Elia esperaba un beso en los labios que nunca llegó.
Rhaegar besó su mejilla.
—Mi reina.
