CHANTAJE
4 Eres Mi Esposa
- Te has quedado como si necesitaras un trago, un trago fuerte.
Con asombrosa calma, Naruto se puso de pie y fue a servirle un coñac. Se lo puso enfrente, sobre la mesa y se fue hacia la chimenea.
- No es posible que hables en serio – le dijo Hinata con la boca seca.
- Aparte de tu árbol genealógico, que deja bastante que desear, tú eres una esposa perfecta, lo que yo busco en una esposa.
- Perdóname, pero no puedo creer lo que dices.
- Eres guapa, atractiva, y ya eres mía desde antes – dijo sonriendo -. Y no he encontrado a otra con la mitad de las cualidades que tú reúnes.
- Gracias, pero no, gracias – Hinata no podía entender su sarcasmo, y su proposición la dejaba perpleja.
- No he dicho que tuvieras derecho a rechazar mi proposición. Y estoy dispuesto a ser razonable. Lo he demostrado anoche. Podría haberte tirada en la cama y...
- ¡No! – Hinata se puso rígida en la silla.
- Pero no lo he hecho. Te he dado tiempo como para que te hagas a la idea. No pretendo que te comportes como si los cinco pasados años no hubiesen existido.
- Amo a Toneri.
- Y yo espero no volver a oír su nombre. Te lo advierto. Te tolero un error, pero no más.
- ¡No puedes hacerme eso! ¡No puedes amenazarme!
- No era una amenaza. Si te saltas las barreras que he trazado, tendrás que atenerte a las consecuencias. Y no digas que no te he avisado. No pienses que porque he sido tolerante anoche lo volveré a ser.
- No puedes obligarme a estar contigo.
- Intenta saltarte las barreras, y verás. Y no te engañes con que has encontrado el verdadero amor. Ōtsutsuki tiene una larga trayectoria en el arte de cazar mujeres ricas.
- ¡Si ni siquiera sabía que yo era rica! – gritó Hinata furiosa.
- Hasta un ciego lo vería. Mira las joyas que llevas, la ropa que usas. ¿Por qué crees que vas con guardaespaldas? Eres una invitación para cualquier asaltante. La pulsera que llevas puesta vale más de lo que cualquiera de ellos pudiera ganar en toda su vida. Y no creo que se imagine que vas a donar toda tu herencia.
- ¿De verdad?
- ¿Es que quieres conservarla? ¿Las ganancias de todo el dolor y amargura que causó a sus víctimas?
Hinata estaba descompuesta por las palabras que oía. Con una mirada de desprecio se dio la vuelta y se alejó de él.
- Volverás a Londres y harás el equipaje. Nos vamos a Grecia en cuarenta y ocho horas.
- ¿A Grecia?
- Sí. Ya es hora de que conozcas a mi familia.
- ¡De ningún modo seguiré casada contigo, y de ninguna manera me iré a Grecia!
- Ve a darte una buena ducha, y piensa mientras tanto cuáles son tus opciones – le aconsejó Naruto secamente -. Y cuando termines, piensa entonces cuánto has pensado en Ōtsutsuki anoche, cuando estabas en mis brazos.
- ¡Cerdo! – era una palabra que no le gustaba a Hinata pero le salió espontáneamente, sin pensarlo.
- ¿Y por qué me llamas así?
Hinata se quedó paralizada ante la mirada de hielo de él.
- ¿Por qué? – insistió él.
- Bueno, ¿y por qué no, si lo eres? – por fin dijo ella.
- Puedo soportarlo – hizo una pausa y agregó. - Hinata, podemos formar un buen matrimonio. Métetelo en la cabeza.
- Debes de estar bromeando.
- Sé que quieres seguir con el papel de víctima, le has tomado simpatía, pero te estoy pidiendo que nos des una oportunidad.
Hinata podía adivinar en los rasgos de Naruto la tensión de un orgullo doblegado, como si en la proposición que acababa de hacer de algún modo lo perdiese.
Hinata no quiso verse afectada por el cambio emocional en Naruto. Por lo que, en silencio, se alejó de él rápidamente.
- Hinata, ¿quieres la información que tengo de Ōtsutsuki?
Hinata sintió que se le revolvía el estómago. ¡Dios, Naruto no tenía escrúpulos! ¿Cómo había averiguado tantísimas cosas acerca de Toneri la noche anterior? Los datos personales sobre Toneri podrían ser ciertos, pero lo demás no eran más que mentiras. El tipo de mentiras que Naruto podía inventar cuando estaba dispuesto a lograr un objetivo. Y estaba claro que quería rebajar a Toneri, y que ella perdiera la fe que había depositado en él.
Pero Naruto no se daba cuenta de lo fuerte que era ese amor. ¿Qué sabía el sobre el amor? Jamás lo había tenido en cuenta, ni para casarse ni para sus relaciones extramatrimoniales. Naruto no podía comprender su relación con Toneri. Toneri la escuchaba, la animaba, estaba interesado en ella, la cuidaba. Y no estaba dispuesta a perder la oportunidad que la vida le había dado de amar y ser amada.
Naruto podía encontrar muchas mujeres que pudieran cumplir los requisitos de una esposa para él. Una esposa guapa, atractiva, incluso una esposa que cerrara los ojos ante las infidelidades, algo que las mujeres, según él, no podían comprender.
Durante el vuelo a Londres un dolor de cabeza intenso se apoderó de ella. Atravesó el aeropuerto a tientas, y prácticamente llegó arrastrándose hasta su casa. La criada, al verla llegar con esa cara, rápidamente cerró las cortinas y la ayudó a acostarse. En la soledad, Hinata lloró amargamente, sin pensar en nada, simplemente lloró y lloró.
A la mañana siguiente se sintió fuerte otra vez. Y fue capaz de hacer planes y cumplirlos. La única joya que tenía que le pertenecía enteramente era un collar de diamantes que había pertenecido a su abuela materna.
Era lo único que podía ayudarla a conseguir la libertad. Necesitaba dinero para vivir hasta que se acostumbrase al cambio y pudiera ver qué podía hacer. Y si bien sabía que iba a ser una sorpresa para Naruto, no dudaba que sería una tarea difícil para ella adaptarse a la nueva situación.
Al salir de casa de Naruto, Hinata no llevaba nada de lo que perteneciera a su antigua vida: ni tarjetas de crédito, ni joyas, ni trajes de noche. No tenía derecho al dinero de Naruto, ni a que él la mantuviera. Después de todo, no había sido su esposa de verdad. Entonces, ¿por qué iba a pedir el divorcio de él, si podía pedir la nulidad matrimonial? Su matrimonio había sido producto del chantaje. Su disolución iba a ser muy sencilla seguramente.
Vendió el collar de su abuela en una joyería. Le dio pena, y se sintió culpable por ello. Pero esperaba que su madre, si la veía desde arriba, la comprendiera.
Nuevamente en casa, buscó en los armarios la ropa más sencilla que tenía, vaqueros, faldas. Buscaría un hotel pequeño hasta que pudiera encontrar algo más barato para vivir. Y después buscaría trabajo, cualquier trabajo. De ninguna manera sería, como había dicho Naruto, como un recién nacido desprotegido.
En ese instante, sonó el teléfono interno. Era Iruka, informándole de que tenía una visita abajo esperándola. Un tal señor Ōtsutsuki. ¿Había ido Toneri a su casa? Hinata no podía creerlo. Como no había llamado la noche antes, ella había creído que él no se encontraría en casa, y había intentado llamarlo más tarde, sin dar con él, cuando había tomado la decisión de abandonar a Naruto.
Toneri estaba de pie en la sala, mirando un cuadro de Picasso, el pintor preferido de Naruto.
- ¡No tendrías que haber venido!
- ¿Es auténtico? – preguntó Toneri señalando el cuadro.
- Sí – tenía tantas cosas que contarle que no sabía por dónde empezar. Y además, no sabía qué cosas contarle y qué cosas reservarse. Notaba que, absurdamente, tenía un cierto sentimiento de lealtad hacia Naruto. No le gustaba ver a Toneri en casa de Naruto. No le parecía bien, simplemente. Y tal vez por ello no podía echarse en sus brazos.
- Me han dicho anoche que no estabas en casa, cuando te he llamado.
- Pero estaba.
¿Sería Naruto el responsable de que le hubiesen dicho eso a Toneri? ¿Significaba que a partir de ese momento sus llamadas iban a ser controladas y censuradas? De todos modos ya no importaba. Se iría de allí.
- Le he dicho a Naruto que quiero el divorcio. Hoy me voy de esta casa.
Toneri sonrió, atravesó la alfombra del salón y le dijo:
- Querida, ¡es fantástico!
Cuando intentó besarla, Hinata se apartó nerviosa.
- No, aquí no. No me parece bien. Toneri se rió y dijo:
- Espero que te sientas mejor en mi apartamento esta noche.
- Toneri, no me voy a vivir contigo.
- Sí, podría ser perjudicial para tu divorcio. Tienes razón. Eres una chica sensata. Después del comportamiento de tu marido, no entiendo cómo puedes sentirte culpable de la pareja. Eso podría afectarte en el convenio de divorcio.
- No quiero nada de Naruto.
- No seas tonta, Hinata. Ya sé que tienes la herencia de tu padre, pero...
Hinata se puso tensa. ¿Por qué no hablaban más que de dinero? «Una larga trayectoria en la caza de mujeres ricas», las palabras de Naruto volvieron a su mente.
- Ése es un tema del que tenemos que hablar.
- Lo digo por ti. Tú no estas acostumbrada a las estrecheces. No soportaría ser el responsable de que te vengas a menos.
- No lo serás. Seré libre y seremos como cualquier otra pareja. Es mejor que te vayas ahora. No debieras estar aquí – Hinata fue razonable.
- Relájate, por el amor de Dios – Toneri iba de un lado a otro de la habitación, observando los muebles antiguos y los cuadros.
- ¿Cuántas de estas cosas son tuyas? – preguntó con un suave silbido de admiración.
Hinata vio en los ojos de Toneri una mirada de avaricia, y una cierta excitación reprimida ante lo que veía. Al notarlo. Hinata sintió que algo moría en su interior.
De pronto miró el escritorio pequeño y elegante de su madre. Era el único mueble suyo. Se lo había regalado su padre cuando se había casado. Pero se sentía muy disgustada por la actitud de Toneri para pensar en los recuerdos de familia.
- Ninguna. De hecho, firmamos un acuerdo prematrimonial por el que renunciaba a estas cosas – mintió Hinata -. ¿Y sabes cuál era el asunto de la herencia de mi padre en París? Que el dinero va a tener que emplearse en saldar deudas.
- ¿Deudas? Estas bromeando.
- No. Cuando me vaya de esta casa no tendré un centavo.
- ¡Pero eso no me lo habías dicho nunca! – exclamó él, y se calló repentinamente-. Antes de irte debieras pensar bien este asunto. Bien sabe Dios que sólo quiero lo mejor para ti...
- Por supuesto – interrumpió ella.
- Me sentiría realmente mal si tú renunciases a todo esto por mí. Lo que quiero decir es que... ¿Y si las cosas no funcionaran entre nosotros? Si te soy sincero, es demasiada responsabilidad para mí. Debemos pensar muy bien lo que hacemos.
Entonces dijo que tenía una cita. Era evidente que quería irse para pensar a solas lo que ella le había dicho.
Hinata se sintió estúpida, decepcionada. Era evidente que Toneri quería que se divorciara de Naruto pero siempre que se llevara consigo el dinero de él.
Subió y terminó. Toneri iba a desaparecer de su futuro, pero tampoco quería a Naruto en él. Dejaría atrás el pasado. Ya no necesitaba ningún hombre en quien apoyarse. Todos los hombres la habían manipulado, desde su padre, pasando por Naruto, hasta Toneri. Y ella los había dejado hacer. Sintió una furia incontenible.
Bajó sus maletas, llamó a un taxi. Rock Lee se preparó para acompañarla.
- No te necesito. Abandono a Naruto.
Rock Lee se quedó pasmado. Pero pronto se enterarían todos.
Llegó el taxi. El taxista fue de gran ayuda en sugerirle un hotel. Al bajar compró el periódico. Lo primero era encontrar un lugar dónde vivir, y un trabajo.
Esa noche, a las diez, golpearon la puerta de su habitación. Cuando fue a abrir se encontró a Naruto. Intentó cerrar la puerta nuevamente, pero sus manos fuertes se lo impidieron, forzándola a retroceder.
- ¿Cómo sabías dónde estaba?
- Rock Lee tuvo la brillante idea de seguirte – dijo Naruto cerrando la puerta y apoyándose en ella.
- No tiene derecho a hacerlo – dijo ella amargamente.
- Él trabaja para mí. Y tú eres el objetivo número uno para cualquier secuestrador. Ha hecho lo que debía. Como yo, que voy a hacer lo que debo hacer.
- ¿Y qué se supone que es?
- No dejarte marchar.
Hinata sintió un frío que la recorría de pies a cabeza.
- Eres como un perro que entierra un hueso y se olvida de él. ¡No tenías el más mínimo interés en ese hueso hasta que vino otro a desenterrarlo!
- Eres mi esposa.
- ¿Desde cuándo? ¿Crees que alimentándome y vistiéndome ya está todo cubierto? Bueno, puedes quedarte con tu ropa y tu comida y tu asqueroso dinero. No quiero nada. Igual que no te quiero a ti.
- Tú siempre me has querido...
- Has perdido el tren. Te he olvidado hace mucho tiempo – dijo Hinata con una alegría llena de resentimiento.
- Pero aún quieres que pague por mi actitud –dijo Naruto con rabia contenida -. Por eso te vas sin siquiera decírmelo. Ni siquiera una nota...
- ¿Y qué esperabas? Un «querido Naruto, han sido unos cinco años horribles, adiós»?
- Lo has traído a mi casa – murmuró Naruto bruscamente.
Hinata se puso blanca, y se quedó muda ante la noticia de que Naruto sabía que Toneri había estado en su casa.
- Y seguramente no te hubiese importado llevarlo a nuestra cama también.
Hinata se rió cínicamente. Por fin tendría la oportunidad de decirle algunas cosas.
- ¡Jamás hemos tenido una cama nuestra!
- ¡Basta ya! Estoy tratando de no perder los estribos – dijo Naruto tensando los músculos de la boca.
- ¡Me da igual! Quiero que te vayas.
- No me iré sin ti.
- ¿Por qué? ¿Qué tengo yo de especial? ¿Por qué no te vas con todas esas mujeres con las que andas? ¿O crees que no me entero del todo de lo que pasa aquí? ¿O es que todas esas chicas atractivas eran una tapadera como lo era nuestro matrimonio? ¿Por qué quieres que me quede? ¿Es que eres homosexual y te sirvo para cubrir las formas?
En el mismo momento en que ella pronunció esas palabras, se arrepintió de ellas.
Los rasgos de la cara de Naruto parecían a punto de estallar de furia.
- No... Homosexual no – mientras lo decía se quitó la chaqueta y se aflojó la corbata -. Tal vez necesites una demostración...
Hinata sabía que no había peor insulto para Naruto, y en cierto modo se sentía satisfecha por haberlo disgustado tanto como él a ella.
- ¿Qué estás haciendo?
- Algo que debí hacer hace años – Naruto se quitó la camisa dejándola junto a la chaqueta.
- ¿Puedes volver a ponerte la ropa, por favor? – dijo Hinata titubeando, y sabía perfectamente que sus palabras sonaban ridículas, un hecho que poco la ayudaba en esa situación.
- ¿Te asusta ver algo que tal vez te guste? ¡Dios! Y pensar que estuve a punto de malgastar mi tiempo en cortejar a mi esposa. ¡Pensar que había pensado en hacer cosas estúpidas, como comprarte flores o invitarte a salir! Sube a esa cama.
- ¿Te has vuelto loco?
Antes que pudiera moverse, Naruto la había alzado y la había depositado en un diván que había detrás de ella. Se subió encima de ella con tanta rapidez que no le quedó ni la más mínima esperanza de poder escapar. La situación la sobrepasaba.
- Eres mi esposa – la voz de Naruto sonó como un gruñido, y por el tono empleado parecía que con esa afirmación estaba justificado.
- ¡Sal de encima! ¡Me estás aplastando! – le gritó Hinata furiosa, rechazándolo con fuerza.- Ve a buscarte una chica guapa de las tuyas. Por lo menos con ella no necesitarás mentir.
- No miento. ¿Cómo iba a mentir?
Naruto se apretó contra ella, metiendo una de sus piernas entre las de ella. Se movía desvergonzadamente, haciéndole notar la dura protuberancia de su masculinidad.
- No es ninguna mentira.
- Eres desagradable. – le dijo ella acalorada, mientras notaba un calor entre sus piernas.
- Te deseo – dijo él hundiendo su boca en la curva del cuello de Hinata.
- ¡No! – dijo Hinata con pánico, a la vez que sentía que una espiral de sensaciones de calor se apoderaba de ella.
Él levantó su cabeza morena, y la miró con deseo. Entonces la besó apasionadamente, con un gesto que indudablemente quería expresar su posesión sobre ella y un intento por dominarla. Y ella lo sabía perfectamente; y luchaba por no sentir lo que sentía. Pero en cada movimiento de su lengua, él le demostraba que ella quería más y más. Hinata alzó las manos hasta la piel satinada de los hombros de Naruto, abrazándolo.
Rodaron por la cama, y él le quitó la camiseta, dejando al descubierto sus senos, que al rozar el vello del pecho de Naruto le hicieron articular un gemido salvaje. Un segundo después, ella estaba echada de espaldas nuevamente, y las manos de él acariciaban las tiernas colinas que había descubierto un momento antes.
Ella cerró los ojos. Le faltaba el aliento, y la había abandonado totalmente su parte racional. La boca de Naruto por fin alcanzó los pezones, y ella se arqueó de placer, con una ferocidad que jamás había conocido antes. Su corazón galopaba. Naruto la acariciaba con la lengua y con los dientes, atormentándola con el placer de su boca en los pezones, que ya se habían erguido para él.
Entonces ella dirigió sus propios dedos a la cabellera de Naruto, y gimió por la oleada de sensaciones que la invadía.
- Eres mía.- dijo él en un gemido, de manera que ella apenas se dio cuenta que hablaba en inglés.
De todos modos ella no lo estaba escuchando atentamente. Entonces Hinata alzó la cabeza y tocó la boca sensual de él con sus labios, y luego, de manera más descarada, con la punta de su lengua, imitó inconscientemente lo que él acababa de enseñarle. Naruto se estremeció y aceptó la invitación, reaccionando con una pasión que la desbordó. Los brazos de él la apretaron tan fuerte, que apenas podía respirar.
Rodaron nuevamente, envueltos e una excitación que ninguno de los dos podía controlar.
Hinata oyó el desgarro de la voz de Naruto. Ella estaba perdida totalmente en la ola de calor y la fragancia de su cuerpo. Él estaba tan excitado, que su fragancia era como un afrodisíaco que le ponía la piel de gallina. Cada parte de su cuerpo musculoso en contacto con la piel de Hinata la volvía loca de placer. Cada caricia era una incitación a más.
Sus pechos se habían vuelto increíblemente sensibles de pronto, y él jugaba con ella con la maestría erótica que lo caracterizaba. Naruto jugó también con los rizos de su pubis, y se adentró en el corazón de su feminidad arrancándole un gemido de placer.
Ella no podía quedarse quieta; no dominaba sus miembros. La ola de deseo se había apoderado de ella. Sus caderas se movían con un ritmo que acababa de descubrir. Una sensación de placer casi intolerable iba creciéndole, hasta que por fin la obligó a pronunciar el nombre de él una y otra vez.
Naruto dijo algo en griego y gimió contra su boca roja e hinchada de ella. -«No puedo esperar».
Entonces él entró donde ella más lo deseaba. Le subió las piernas con impaciencia, deslizándose por la tierna bienvenida que ella dispensaba gracias a los preparativos de él. Abrió los ojos grandes, sus ojos grises, intensos de pasión. Podía sentirlo, tan caliente, como suave y duro a la vez y por momentos tan amenazadoramente masculino. Ella buscó los rasgos tensos de la cara de Naruto, y por un momento vio en él tal expresión de vulnerabilidad, que su corazón dio un respingo. Y entonces le deseó tanto que casi le dolió.
Él entró en ella lentamente, suavemente, con un gemido ahogado por momentos. Ella sintió un leve dolor, que se le olvidó en medio de una tormenta de desenfrenada pasión que la derritió por completo. Cada vez sentía más, e iba en busca de una nueva satisfacción. Él se movió más rápido. Ella lo abrazó. El corazón de Hinata bombeaba cada vez más rápido, y entonces ocurrió una explosión de calor y placer que la transportó, dejando su mente en blanco.
-S`agapo... s`agapo - dijo Naruto penetrando en ella violentamente, luego su cuerpo entero tembló, con espasmos de placer, con toda la fuerza de quien por fin se deja arrastrar.
Hinata aún no había vuelto a la tierra, seguía flotando en su propio placer. Se pegó a él, oliendo su fragancia, presionando sus labios sobre los morenos hombros de él. Se fue la luz. Y un silencio cayó sobre los dos. Hinata estaba exhausta, y pasó de la irrealidad al sueño, con el cuerpo extendió encima de Naruto.
Nota: s`agapo significa te amo.
