CHANTAJE


6 Ex prometida


Hinata no salía de su asombro. Naruto y Sakura. Sakura y Naruto. Hacía cinco años habían estado a punto de casarse. Hasta que el padre de Hinata había intervenido en la elección. Sintió vértigo ante el significado de este hecho.

Sakura y Naruto eran amantes. ¿Por qué insistía en que ella siguiera siendo su esposa? ¿Por qué había rechazado su propia libertad? ¿Por quería casarse con Sakura? ¿O estaba satisfecho con mantener a la buena doctora como amante? Una amante que no se reprimía en presencia de su esposa...

Hinata se estremeció. No había nada en el juramento hipocrático que impidiera semejante comportamiento. ¡Ahora comprendía por qué Naruto no había querido decirle todo lo que le había costado su boda con ella!.

Él decía odiarla. No podía ser de otro modo. Y ahora se estaba vengando.

Hinata hundió su cara en la almohada, con la sensación de ser la más desgraciada y estar más sola que nunca. Del mismo modo que Hiashi Hyūga había manipulado la vida de Naruto forzándolo a una vida que él no había elegido, cinco años atrás, ahora Naruto quería que su hija sufriera el mismo destino presionándola para permanecer a su lado.

Naruto se había sentido atraído por su esposa el día que ésta le había dicho que estaba enamorada de otro hombre. Hasta entonces había creído que ella aún lo amaba, y la había estado castigando con su indiferencia para que pagase los pecados de su padre.

Aun no sabía que Toneri había desaparecido de su vida, pero estaba dispuesto a conseguir que así fuera. Tal vez por lo de «ojo por ojo, diente por diente». Él había sido privado de Sakura, quizás ahora quisiera que Hinata también perdiese a su amor. Su padre siempre había sido inalcanzable a causa de su chantaje, pero ella era un objeto fácil para la venganza. Y Naruto era un sádico.

Incluso había representado el papel de hombre apasionado con ella, cuando ahora quedaba claro que había sido todo planeado para desquitarse. En su momento ella había pensado que él le había querido demostrar que podían tener un matrimonio de verdad, y que quería hacerla tambalear en su convencimiento de que amaba a Toneri.

Pero ahora veía que el motivo por el que había hecho el amor con ella era aún más humillante.

Ella había caído en las redes de su maestría sexual. La había seducido para dejarla más confusa aún. Hinata se sentía degradada por su propia vulnerabilidad.

El cansancio la había llevado a un sueño intranquilo pero largo. Se despertó pasada la medianoche, y se dio cuenta de que llevaba durmiendo doce horas. Era evidente que físicamente le había hecho bien, si bien se sentía muy hambrienta.

Se puso la bata y fue a buscar comida. Su mente vagaba por pensamientos oscuros y angustiosos cuando de pronto se encontró a Naruto, silencioso, a su paso hacia la suite. Se llevó el susto de su vida.

- ¿Buscas un teléfono, pequeña?

En la penumbra, los rasgos de Naruto parecían los de una escultura.

- ¿Un... teléfono?

- Por la duración de tus llamadas a Ōtsutsuki, pareciera que encuentras en ellas un buen sustituto del sexo – murmuró con insolencia -. Y llevas como cuarenta y ocho horas sin tu ración. De todos modos, si eso es lo que quieres, podría aceptar el desafío y llamarte desde un teléfono interno. Estoy dispuesto a demostrarte que también eso lo hago mejor que él.

- ¡Eres perverso!

- Me estás empezando a dar pena, tu pobre Adonis. ¿Cuánto lleváis juntos? ¿Dos meses y medio de manitas, suspiros, y dulces conversaciones?

- ¡Es cosa mía! – gritó ella apretando los dientes de rabia.

- Pero ya ves, me muero por conocer todos los detalles...

- Tengo hambre – dijo con debilidad.

- No creo que estuvieses hambrienta de él. Tal vez sí de un romance y de que te prestasen atención. Lo comprendo.

- Eres tan primitivo. ¡Deberías estar en una jaula! – Hinata perdió el control ante la arrogancia de Naruto.

- ¡Por lo menos me intereso de los motivos que te llevaron a sentirte atraída por un tipo de tercera clase como Ōtsutsuki! – le soltó él lleno de rabia.

- Tengo mal gusto, Naruto. ¿No lo sabías? Después de todo una vez fui capaz de elegirte.

Hinata se estaba poniendo cada vez más furiosa. Naruto no estaba celoso de Toneri, sino que se sentía herido en su orgullo de macho. No podía soportar que su esposa prefiriera a otro. Y no era momento para admitir que Toneri era tan de tercera como Naruto había dicho.

- Necesitas... – empezó Naruto.

- Bueno, no necesito que me quites la ropa como la última vez.

Hubo un silencio impenetrable. Naruto se quedó mirándola, y de pronto soltó una risotada. Hinata estaba roja de rabia y desconcertada. Cuando hizo ademán de seguir su camino, él la retuvo y la devolvió a la habitación que acababa de salir.

- ¿Has dicho que tenías hambre, no? Pediré que te traigan comida – dijo abruptamente.

Naruto la sentó en un sofá. Ella entrelazó sus manos en un gesto de ansiedad que pretendía sofocar la revolución interna que le producía sentirse bajo la influencia y el poder de Naruto. Era imprevisible. Alguna vez eso le había atraído enormemente. Era tan distinto a ella. Pero ahora se daba cuenta del carisma que tenía. Lo había notado cuando se había reído.

¿Qué le extrañaba de la situación, entonces? Sí, era extremadamente atractivo, devastadoramente sexy, muy sexy realmente. No podía evitarlo. Él era así, simplemente. Lo había observado en fiestas, en cenas, cómo llamaba la atención de todas las mujeres. Y era algo que él sabía perfectamente. Probablemente su madre y sus hermanas lo adoraban. Así que natural que ella también se viera atraída por ese magnetismo. Y que una sola sonrisa suya la dejara indefensa. Era natural su reacción hacia él. No había nada más. Sólo que era una mujer, y que era humana.

- Me alegro de que te sientas mejor. Pero se te ve muy seria.

Hinata respiró hondo, y descubrió en el rostro de Naruto las huellas del estallido de humor que había expresado anteriormente.

- Tenemos que hablar.

- Es un poco tarde ya, pequeña.

Allí estaba el engreído de su marido. Nunca la había tomado en serio. Quizás no tomaba en serio a ninguna de sus mujeres. O tal vez fuera porque ella era joven, y una vez había estado loca por él.

Pero hacía cinco años él había alzado una pared de hielo entre ellos, y la había dejado en un mundo irreal que no era ni el de una mujer casada ni el de una soltera. Y ahora no se le ocurría que sus sentimientos pudieran haber cambiado, y ya no estuviera interesada por él. Ni lo mucho que había podido sufrir.

Naruto había dado por hecho que ella no iba a sacrificar un mundo de privilegios para ganar su libertad. Pero ésas eran las barreas que Hinata tendría que romper.

- Naruto, tenemos que hablar. Y si es posible, quisiera que no te pusieras furioso, ni que me amenazaras o fueras sarcástico.

Naruto estaba apoyado en un escritorio, y la miraba con indulgencia, como quien mira a un niño que quiere demostrar su madurez a pesar de la obviedad de sus pocos años.

- Naruto...

- Tu comida – Naruto atravesó la habitación y fue a recibir la bandeja que le traía un sirviente.

- Come – le puso la bandeja en el regazo.

- Sé lo tuyo con Sakura Haruno.

- Ino.- murmuró Naruto casi inaudiblemente con el ceño fruncido -. ¿Qué es lo que sabes?

- Estabas comprometido con ella.

- Durante años – admitió él.

Hinata miró la ensalada con apetito.

- Bueno, entiendo cómo te habrás sentido cuando Hiashi te obligó a romper con ella, y perder a la mujer que amabas.

- El momento no era el mejor...

- ¿No era el mejor momento?

- Yo conocía a Sakura de toda la vida. Estábamos prometidos desde la adolescencia. No lo habíamos decidido nosotros. Había sido el deseo de nuestros padres, el acuerdo entre dos líneas de barcos. Sakura quería ser médica. Su padre no lo aprobaba, pero con mi apoyo le hizo ceder. Tanto Sakura como yo sabíamos que tarde o temprano íbamos a decepcionar a nuestros padres, pero mientras tanto jugábamos el papel que nos habían asignado.

- ¿jugaban?

- Si hubiese dicho que no quería casarme con Sakura, su padre la hubiese obligado a casarse con otro y le hubiera impedido que siguiera sus estudios de medicina – explicó Naruto -Sakura es una profesional entregada a su vocación, a la que se dedica al cien por cien. No tiene tiempo para otra cosa. No es el tipo de esposa que yo hubiese elegido, ni yo el tipo de hombre que ella hubiese deseado como marido.

Hinata tragó saliva. Había algo que no cuadraba con la imagen que ella había visto en el hospital. Pero tal vez era el producto de una afectividad entre dos personas que se conocían de toda la vida, y que no se veían desde hacía años.

- ¿No estabas enamorada de ella?

- Hace tiempo creí que lo estaba. Pero en cuanto ella se sumergió en sus estudios, me di cuenta de que éramos incompatibles.

- Querías que se dedicara a ti exclusivamente.

- Me conoces bien.

- Simplemente era un comentario. ¿Y por qué has dicho que no había sido el mejor momento el de nuestra boda?

- El padre de Sakura me maldijo por cortar la relación a causa de la dedicación de Sakura a su profesión, y ella empezó a tener serios conflictos con su familia antes de que pudiera independizarse.

- ¿Y cómo reaccionó tu familia?

- Con horror y vergüenza ante mi comportamiento. Un compromiso es algo muy serio en Grecia, sobre todo para familias tan tradicionales como la mía. Me acusaron de deshonrar el nombre de los Uzumaki. Es cierto que el compromiso iba a romperse de todos modos, pero el que yo me casara inmediatamente con otra persona agrandó las cosas.

- Lo siento – dijo Hinata pensando en su padre, que había manejado las cosas sin importarle el daño que pudiera hacer.

- Ahora es ya imposible. Sakura se casó con otro doctor el año pasado. Y ambas familias aplacaron su ira. Aunque no estaban dispuestas a concederme el derecho a elegir nuestras parejas, pienso que en el fondo sabían que no éramos el uno para el otro.

¿Por qué había malinterpretado una demostración de afecto amistoso entre dos personas? Tal vez porque no le habían enseñado a demostrar sus emociones, sino a mantenerlas inhibidas. Hinata se quedó pensativa mientras comía lentamente la ensalada.

- Te comportas como si fuera invisible para ti. Cuando haces eso me dan ganas de romper cosas y gritar – dijo Naruto.

- Es infantil...

Naruto se encogió de hombros.

- Hay un niño en cada uno de nosotros.

Hinata se quedó asombrada ante su contestación. No le había molestado aceptar su parte infantil. Naruto era una caja de sorpresas.

- ¿Por qué no me dejas marchar?

- Eres mi esposa.

- No soy suficientemente buena para el papel.

- El certificado aun está por ahí – le recordó secamente él.

- Pero mi padre está muerto... Tal vez lo destruyó.

-No destruyó nada. Y Hiashi era muy listo. Puede que lo desprecie, pero debo reconocerlo. ¿Quién sabe qué habrá podido planear? Ante la posibilidad de que nos separásemos, seguramente alguien en alguna parte esté autorizado para usar ese certificado para hacerle daño a mi familia...

- ¡No seas paranoico! – murmuró Hinata. Le empezaba a doler la cabeza.

- No es un riesgo que quiera asumir. Para él, hasta su muerte, tú estabas contenta con ser mi esposa. Y seguramente se aseguró de que lo pagase si se me ocurría divorciarme de ti.

De todas las razones que había imaginado para que Naruto quisiera seguir unido a ella, la de que estuviera obligado a estar con ella eternamente era la peor. Y tal vez si no fuese porque ya estaba acostumbrado a esa condena, hasta se podría haber planteado que un accidente de ella podría liberarlo.

- Te has puesto pálida.

- Me duele la cabeza.

Recordaba la furia con que había ido a buscarla al hotel. Y se daba cuenta de que no tenía nada que ver con sentimientos personales. Simplemente no podía dejar que lo abandonase.

Ahora se daba cuenta de la verdadera dimensión de los hechos. Comprendía la rabia y el desasosiego que habría sentido él los primeros tiempos de su matrimonio. Y lo que habría deseado que ella se enamorase de otra persona en vida de su padre, para que lo dejara libre. Por eso la había acusado de ser estúpidamente fiel, obcecadamente fiel

Hinata quiso retirar la bandeja. Naruto se inclinó para ayudarla.

- ¡Puedo sola! – dijo desencajada, pero él ignoró sus palabras.

Una vez que se acomodó nuevamente en la cama, se tapó con la sábana y se puso boca abajo, incapaz de mirarlo siquiera.

Se sentía sin una pizca de orgullo, sin un ápice de vanidad. En unos minutos, Naruto había dado vuelta a todo. ¿Qué derecho tenía a pedirle la libertad? Le gustase o no, había sido su capricho por Naruto lo que lo había llevado a es situación. Ni siquiera Hiashi la habría empujado a casarse con un hombre al que no amaba ni deseaba.

- Estarás más cómoda sin esa bata.

Hinata se puso tensa. Por un momento se había olvidado de que él estaba aún en la habitación.

- Da igual.

- Necesitas descansar, dormir una noche de un tirón.

De pronto sintió unas manos que le bajaban la bata, levantaban la sábana, y hacían caer la prenda. Luego volvían a poner la sábana en su sitio.

Naruto suspiró.

- Ésta es mi habitación. ¿Te importaría si me traslado nuevamente aquí?

- Ya me voy – dijo Hinata disponiéndose a levantarse.

- Quiero que te quedes.

- ¡Oh! – contestó débilmente.

No encontraba ninguna excusa para negarle que durmiera en su propia cama. La amargura y resentimiento, y la decisión de abandonarlo se habían hecho añicos, pero, sin embargo, ella seguía en medio del terremoto, buscando desesperadamente una excusa para no compartir la cama con él.

Ahora comprendía la razón del cambio de actitud de Naruto. Ese día en París había sabido que su libertad era imposible sin el certificado en sus manos. Y se había enfrentado a los hechos: si no podía lograr ser libre, intentaría hacer su prisión lo más llevadera posible. Si no podía casarse con otra mujer... debía encontrar algo positivo en la que ya tenía.

De pronto, Hinata se sintió sin defensas. Ella era la culpable de esa situación. Primero había sido un hombre que había demostrado estar muy interesado en ella, pero luego había tenido una actitud distante y fría en los siguientes encuentros antes de la boda, que a decir verdad habían sido dos. Pero no se lo había imaginado. Estaba loca por él, y se había dicho que serían los negocios que lo preocupaban.

Un ruido la sacó de sus pensamientos. Entonces vio a Naruto desvistiéndose. Hinata cerró los ojos, pero escuchaba todos los ruidos, como el del agua de la ducha corriendo. Debía ser un ruido normal en la vida de cualquier mujer casada, menos para ella. Se imaginó el panorama. Toallas húmedas arrojadas a un costado, y todo en desorden.

Una vez había estado en la parte de la casa que habitaba Naruto, después de haberse ido él por la mañana, y lo había visto con sus propios ojos. Y había tenido la terrible sensación de que no podían vivir más separados dentro de su matrimonio.

Siempre se había sentido como una extraña en su casa. Jamás había movido un mueble, ni puesto de ninguna manera su firma en algún detalle de la casa.

Aquel día que vio su baño había sido el comienzo de su alejamiento de Naruto. Hoy, en cambio, era el día del quebrantamiento de aquel dispositivo para defenderse.

De pronto lo oyó cantar en la ducha. Parecía tan contento... Al levantar la vista lo vio al lado de la cama, mirándola.

- Vete a dormir – le dijo.

Hinata cerró los ojos. Oyó el suave ruido de la toalla caer de su dorado cuerpo. El colchón se hundió levemente, la sábana se movió y entonces se apagó la luz.

No hubo más que silencio. Hinata estaba echada, quieta como un cadáver, pero más despierta que nunca sabiendo que iba a dormir con Naruto desnudo a un palmo de ella. Cada movimiento de él la alarmaba y le aumentaba la tensión.

Tibia y relajada, Hinata se movió lentamente, y el cuerpo a su lado, se tensó. Abrió los ojos grises y se encontró con unos ojos azules.

Su mirada intensa la dejó turbada. Sintió un vuelco en el corazón, un calor en aumento. Se encontraba mareada, sin aliento, y con la sensación de haber perdido toda racionalidad.

La punta de un dedo se posó sobre el labio de ella.

- Abre la boca. Quiero probar cómo sabes – le dijo Naruto con ansiedad.

Sugestionada por su mirada, Hinata obedeció instintivamente. Con un gemido de satisfacción, él llevó entonces sus manos al cuerpo de ella, sobre las caderas y la espalda, mientras su boca hambrienta buscaba la de ella con intensidad.

La punta de la lengua de Naruto se abrió paso entre los labios abiertos de ella, y luego probó el interior de su suave cavidad, algo que a ella le hizo estremecer.

Con manos insistentes, le bajó los tirantes del camisón, dejando al descubierto la punta erguida de sus pechos. Los acarició con suavidad. Acomodó la cadera a la de él, mientras sus muslos temblaban en respuesta al torbellino de sensaciones que experimentaba. Las manos de Hinata, entonces, se adentraron en la cabellera dorada de él.

Cuando él dejó de besarla, el corazón de ella bombeaba rápidamente. Naruto jugó con los pechos de Hinata, deslizo su lengua por el valle que se extendía entre ellos mientras sus manos jugueteaban con los picos que había formado anteriormente. El calor surgió en el interior de Hinata como un oleaje violento que respondía a las caricias íntimas de Naruto. Hinata gimió, gobernada por las exquisitas sensaciones que la atormentaban.

Se había transformado en una esclava de la pasión. Con un gemido suave que anticipaba otro beso apasionado, Naruto la apretó contra él, llevando sus manos a los pequeños rizos en la union de sus piernas. Buscó la suavidad que se abría más adentro, y con suave maestría la invadió como para que en cada nuevo movimiento la respuesta de ella fuera cada vez más intensa.

Era una dulce agonía de deleite que la dejaba sin aliento. Las caderas de ella se movían, contoneaban y alzaban como por propia iniciativa, a medida que el deseo iba aumentando hasta un grado casi insoportable. Entonces Naruto la levantó levemente y se internó entre sus muslos para que el cuerpo de ella se encontrara en el punto exacto con el de él. Naruto gimió de placer, y se internó en las profundidades de Hinata.

Hinata pareció ceder y adaptar su cuerpo a la invasión de él, a pesar de que la sensación, que era aún nueva, la sorprendió. Naruto se movía dentro de ella, creando en Hinata una necesidad insaciable que ardía en su interior. Involuntariamente los dedos de Hinata buscaron la espalda de Naruto y la recorrieron. Entonces, Naruto dio paso al éxtasis en el momento en que la poseyó tan plenamente que ella creyó volverse loca de placer.

Y cuando ella se liberó de aquella tensión de placer, pareció consumirse durante un tiempo largo, interminable, que la dejó en una sofocada quietud.

- Se dice que los saben esperar alcanzan el cielo... – dijo Naruto suavemente, abrazando el cuerpo de Hinata contra el calor del suyo -. Pero la paciencia nunca ha sido una de mis virtudes.

Hinata estaba totalmente exhausta, y no podía pensar. Y cuando su mente se disponía a ordenarse después del caos de sensaciones vividas, se durmió. Cuando se despertó nuevamente las cortinas estaban abiertas, el sol brillaba en el cielo, y había una bandeja con el desayuno a un costado de la cama. Buscó a Naruto y descubrió que se había ido, lo que la hizo sentir infinitamente sola.

Era el mediodía, pero ella no hacía más que pensar en lo que había pasado al amanecer. Su camisón estaba tirado en la alfombra como prueba acusadora de ello. Suspiró de pena ante la evidencia del horror.

Él la había despertado en medio de la noche, para que no supiese lo que estaba haciendo. Se duchó con fricción, pero no pudo borrar las huellas del íntimo contacto del él.

¿Por qué le echaba las culpas? Se preguntaba. ¿Por qué se engañaba pensando que él era el único responsable de lo que pasaba cada vez que la tocaba? La verdad era que cuando Naruto la tocaba ella se derretía, perdía el control, algo obvio para Hinata, y que seguramente no se le escaparía a él. Sin ningún esfuerzo, él le había enseñado a necesitarlo, sin saber bien de qué manera lo necesitaba.

Cinco años atrás el instintivo deseo de ella la había incomodado en presencia de él. No había estado preparada para semejante intensidad. Y cuando Naruto había decidido que durmieran separados, había sido un alivio olvidarse de esas sensaciones que la habían afligido en presencia de él. Pero cuando Naruto había decidido romper esa pared que los separaba, la pasión había emergido en toda su magnitud.

Pero ahora se daba cuenta de que no lo había dejado de desear, igual que no había dejado de comprar sus calcetines. Era tan penoso aceptarlo... No le extrañaba que se hubiera reído de ella.

Y los arreglos florales que colocaba en el ala de la casa que ocupaba él, tal vez querían recordarle que ella existía... Se había aferrado a ello como a la compra de sus calcetines.

Tampoco se había transformado de sencilla adolescente a una de las mujeres más elegantes de Londres por casualidad. Probablemente lo había hecho para él. Era patético amar a un hombre tan ciegamente...

Porque ella lo amaba. Había querido derrotar a ese amor con el arma de la relación con Toneri y negarle su existencia luchando inconscientemente por conseguir la libertad que su dignidad le pedía. Pero nada había cambiado. Naruto no la amaba, ni la amaría jamás. Sólo se veía unido a ella sin remedio. Por otra parte, para él el sexo era algo fisiológico casi. Se despertaba junto a un cuerpo de mujer y ya se sabía qué iba a pasar, lo único predecible en Naruto. Así que no debía creerse que de pronto se había convertido en una tentación para Naruto. Él era un hombre muy viril y sólo buscaba la satisfacción de sus instintos.

Pero no la dejaría marchar hasta que ese certificado no apareciera. De pronto sintió deseos de saber más. ¿Era un certificado de matrimonio? ¿Un certificado de nacimiento? ¿Un certificado de propiedad de acciones? Siguió enumerando posibilidades. Las dos primeras le parecieron poco posibles.

Naruto había dicho que estaba protegiendo a su familia. Nunca había hablado de él directamente. ¿Habría cometido algún tipo de delito su familia? ¿Desfalco? ¿Malversación de fondos?

Se puso un vestido azul y fue hacia la terraza que dejaba ver a lo lejos el mar y los acantilados. En otras circunstancias hubiera querido sacar la foto de la vista espectacular desde allí, explorar la casa, pero sólo ansiaba encontrar a Naruto. Él estaba en la terraza, y cuando la oyó llegar se dio la vuelta.

Ella dudó ante sus ojos azules que parecían penetrarla, y se sintió tan desorientada que no sabía si acercarse a él o no.

No podía desviar la vista de sus facciones doradas e inmediatamente recordó cómo se había sentido horas antes.

Naruto le dedicó una sonrisa y fue a su encuentro.

- ¿Cómo te sientes?

- Bien...

- ¿Sólo bien? Se te ve estupenda – él la miró recorriendo su cuerpo con una mirada posesiva. Se demoró en el cabello negro con toques azules, en la delicada perfección de su cara. La recorrió de arriba abajo, con descaro -. Estupenda... – agregó tomándole las manos.

Las palabras de Naruto pusieron en alerta a su corazón.

- Naruto...

- Y mía – él completó la frase con satisfacción.

Las palabras de él parecían frenar lo que estaba a punto de decir.

- ¿Interrumpo algo? – les sobresaltó la voz de Ino.

- No, en absoluto – sonrió Naruto, soltando las manos de Hinata.

- El personal está preparando el almuerzo – explicó Ino, observando cómo Naruto acercaba una silla a la mesa y hacía sentar a Hinata en ella.

Hinata era consciente de que sus manos temblaban. Naruto parecía comportarse con calidez. Pero seguramente era su comportamiento normal con una nueva amante.

Porque ése era ahora su papel. Aunque bien distinta de las otras mujeres a las que él se llevaría a la cama. Pero el encanto se desvanecía enseguida. Naruto se aburría de las mujeres fácilmente. Ella lo había sabido siempre.

Les sirvieron el almuerzo.

Naruto no le quitaba la vista de encima, algo que inquietaba a Hinata, y que le hacía levantar la copa de vino más de la cuenta.

De pronto sonó el teléfono móvil de Naruto. Naruto atendió la llamaba a unos metros de distancia, donde se encontraba el aparato.

- ¡Me muero de ganas de que el resto de la familia los vea!

- ¿Cómo? – Hinata desvió la mirada del rostro de Naruto, que le dedicaba una sonrisa desde donde hablaba por teléfono.

- Si parecéis recién casados en su luna de miel. Cuando decidí venir a veros, no me lo imaginé – dijo Ino -. Me voy a nadar ahora. Os veré más tarde.

Hinata bajó la cabeza, y volvió a sorber el vino.

Había decidido hablar con Naruto seriamente. Pero entonces la había desafiado un Naruto que la trataba atentamente, y que la hacía sentir una mujer muy deseable.

En ese momento, Naruto se acercó a ella y la rodeó por detrás, sorprendiéndola una vez más. Y nuevamente comprobó que su corazón la traicionaba cuando sintió el calor del cuerpo vigoroso y masculino de Naruto.

- ¿Qué ocurre? – preguntó él.

- Hay algo que tenemos que discutir...

- Olvídalo. Si la discusión tiene algo que ver con el divorcio, la separación, el celibato, o Ōtsutsuki, es mejor que te mantengas callada.

Hinata sintió una sensación absolutamente inesperada: en cierto modo se alegró de las palabras de Naruto.

- No se trata de eso.

- Entonces no es importante.

Y antes de que ella pudiera responderle, él posó la boca sobre la de ella, dándole al beso un sabor aún más dulce con el aroma del vino.

- Te deseo nuevamente.

Y ella lo deseaba tanto. De pronto se encontró imaginando escenas eróticas que la invadía sin poder evitarlo, una experiencia nueva para ella. Él le evocaba sin el menor esfuerzo la pasión vivida la noche anterior. Ni siquiera le tenía que decir palabras bonitas ni cumplidos. Unos pocos besos, y ella se transformaba en su juguete sexual, en una muñeca capaz de atender todas las demandas. Esa imagen le dio fuerzas para apartarlo de ella.

- Tengo que hablar contigo. Y pienso que es mejor que vayamos adentro.

- Podemos hablar en la cama – la miró él con descaro.

- ¡Si te acabas de levantar de la cama!

- Pero estoy deseoso de volver allí.

Y Hinata se daba cuenta de que ella también lo deseaba. Que sus pezones se habían endurecido, que el calor volvía a su cuerpo. Y que si bajaba la guardia un segundo, él se aprovecharía de su debilidad.

- Me parece que eres demasiado sexuado.

- ¿Te estás quejando? – dijo él sonriendo.

Hinata se hundió en el sofá.

- ¡Dios mío! ¡Tus pies no tocan el suelo! – se rió Naruto, sentándose frente a ella , entonces.

- He estado pensando...

- ¡Peligroso! Es una costumbre que debes cambiar, ésa de pensar – interrumpió Naruto burlonamente.

- Acerca de ese certificado...

- ¿Y qué tenemos que hablar acerca de ese certificado?

- Debemos encontrarlo. Y he pensado que tal vez puedas darme alguna idea del contenido del certificado.

- ¡No! – dijo él cambiando totalmente el humor.-Cuanta menos gente lo sepa, más segura está mi familia.

Por lo que se veía ella no formaba parte de su familia.

- No confías en mí.

- La confianza no juega ningún papel en este caso.

- Y la persona en la que menos confiarías es en la hija de Hiashi Hyūga.

- No he dicho eso.

- No hace falta. Me has tratado como si fuera una leprosa durante mucho tiempo.

- El pasado es pasado ya.

- ¿Cómo puedes decir eso si estás dispuesto a que yo conviva con él? Pensé que tal vez si supiera algo podría ayudarte a encontrar ese certificado – dijo ella apenada.

- ¡Ah! Ahora lo entiendo. Lo quieres como pasaporte a tu libertad. Crees que con ese certificado en mi poder te dejaré marchar.

- ¿No es eso lo que quieres tú también?

- ¡Lo quería desesperadamente hace cinco años! Y hace una semana pensé que tenía ese certificado. Pero algo ha cambiado en mí desde que descubrí que esa caja no lo contenía. Pensé que era el final de un asunto. No quiero perder el tiempo en una búsqueda infructuosa. ¡Se terminó todo!

- No – dijo ella reprimiendo las lágrimas -. No ha terminado, mientras aún estemos juntos.

- Eso no era lo que pensabas mientras hacíamos el amor. O cuando te morías de placer en mis brazos.

- Por favor... – dijo indefensa ante la acusación.

Naruto se acercó a Hinata y le rodeó los hombros con las manos.

- Cuando estás en la cama conmigo eres caliente como el mismo fuego. Te gusta todo lo que te hago. Te gusta todo lo que te doy. Y lo que te hago sentir. Conmigo te abandonas, pierdes el control, te mueres de deseo...

- ¿Cómo puedes hablarme de ese modo? – Hinata se estremeció ante sus palabras.

- ¡Puedes ser una prostituta en mi cama, y no me importa nada cómo eres en la cocina o en el salón! – dijo con énfasis a la vez que la miraba profundamente -. Pero quítale de encima esas fantasías adolescentes de amor verdadero con Ōtsutsuki. No ocurrirá jamás mientras yo esté vivo. Eres mi mujer. ¡Hazte a la idea antes de que pierda la paciencia!

Naruto dio un portazo. Ella entonces respiró.

Hinata pensó entonces que tal vez sería mejor decirle la verdad a Naruto acerca de Toneri. Pero la idea, después de las duras palabras de Naruto, no la convencía.

«Caliente como el fuego», «abandonada, una prostituta... » Tenía razón. Se había rebajado a un nivel absolutamente primitivo, se había dejado quitar sus principios, su decencia, su inhibición. Y entre esos principios figuraba el principal: para ella no podía haber sexo sin amor.

Bueno, Naruto podía volver a sus chicas guapas. A ella le daba igual. ¡No era cierto!

La idea de Naruto con otra mujer le resultaba intolerable.

Con un sollozo ahogado, Hinata abandonó la habitación.