CHANTAJE
8 Humillación
Hinata estaba sentada en la playa, a orillas del mar, abrazada a sus piernas flexionadas, escuchando el susurro del viento. El ritmo de las olas tenía un efecto tranquilizante, y el calor que iba dorando poco a poco su piel, la dejaba en un estado de pereza y calma que casi la adormilaba. ¿Cuántos días habían pasado?
¿Diez, once? Había perdido la noción. Lo importante era que Naruto estaba con ella. No estaba por llegar, ni por irse, ni la iba a dejar sola durante interminables semanas, y ese convencimiento le daba una creciente seguridad.
Se sentía feliz, tanto que por momentos le daba miedo.
Cuando hacía un balance de su vida anterior, no recordaba haberse sentido así nunca. Y le asombraba que un motivo tan práctico como el que había llevado a Naruto a poner lo mejor en su matrimonio hubiese producido el cambio, y que la hubiera hecho feliz.
Pero ella amaba a Naruto Uzumaki. Era normal que se sintiera feliz por compartir interminables horas con él, por que él hiciera el amor una y otra vez, haciéndola sentir la mujer más deseable del mundo. ¿Entonces de qué se quejaba?
Nada era perfecto. Y ella tenía lo que siempre había deseado. Tenía a Naruto. Tenía de Naruto más de lo que cualquiera de sus mujeres había tenido. Se comportaba como un marido. Empezaba a hablar de «nosotros», «nuestros», y parecía pensar en términos de una pareja. Y eso era un logro en él.
Aunque tuviese unos lazos familiares estrechos, era evidente que Naruto era una persona individualista. Y si bien era aparentemente extrovertido, guardaba en su interior un aspecto muy reservado de su carácter, que contrastaba también con la arrogancia que a veces mostraba. En cuanto a las emociones le resultaba más fácil ser sarcástico que cándido.
Hinata jugaba con la arena y se preguntaba si realmente importaba que no la amase. Porque él la deseaba, la deseaba siempre, en todo momento. ¿Pero alcanzaría eso? ¿Adónde iría a parar ese sentimiento con el tiempo? ¿Se aburriría Naruto? ¿Qué sería de ellos después de un año de relaciones? Ésa era una pregunta que nadie podía contestar.
Unos pasos interrumpieron los pensamientos de Hinata. Shino, un empleado de la casa, se acercaba a ella, con un paquete que parecía ser el almuerzo preparado como para hacer un picnic. La saludó en un inglés pausado y cuidadoso, y después, con gran ceremonia, extendió el mantel sobre la arena. Puso en él dos botellas de vino y dos vasos de cristal.
- Kyrios Uzumaki llegará de un momento a otro – le informó Shino.
- Gracias. Esto tiene muy buen aspecto – respondió ella.
Hinata espió en la caja sin desenvolver y se le hizo agua la boca.
- Yo no esperar, ¿kyrie?
- No hace falta – respondió Hinata, tratando de disimular su entusiasmo, cuando el criado dejó el sacacorchos sobre el mantel.
Era el último día que pasarían en la isla, pensó Hinata con tristeza. Al día siguiente volarían a Atenas, y conocería al resto de la familia. Ino se había ido hacía dos días, comprendiendo que tal vez era una molestia para dos enamorados.
Naruto se aproximo a ella con una sonrisa ancha. Llevaba un par de vaqueros gastados y transformados en pantalones cortos, y el pecho desnudo. Su aspecto era irresistible, pero la sonrisa era lo que más seducía a Hinata.
Por un momento pareció tener un aire juvenil y vulnerable, pero luego dejó paso a una mirada más profunda, interrumpida por el pestañeo de color Zafiro, por el que cualquier mujer se hubiese rendido a sus pies.
- Te queda bien el blanco – le dijo mirando la ropa de Hinata y sentándose en la arena.
- Iba de blanco el día que nos conocimos – no supo por qué se lo dijo, en realidad se le había escapado.
- Sí – contestó Naruto tenso, y levantó el sacacorchos.
No quería hablar del pasado. Era evidente. Pero ella, sin querer, ignoró su incomodidad.
- ¿Te has tomado una gran molestia viniendo hasta aquí para estar conmigo, no?
- ¿Sí? Dame tú vaso.
Hinata alzó los dos vasos, y centró su atención en la boca sensual de Naruto mientras éste servía el vino.
Tenía la sensación de que cuanto más cerca estaban, él más se alejaba de ella, poniendo una distancia casi invisible, como si no confiara en ella. ¿Y por qué iba a confiar en ella? Al fin y al cabo, él pensaba que ella aún suspiraba por Toneri.
¿Por qué no le había dicho la verdad aún? ¿Por orgullo? ¿Por ego? ¿O porque la existencia de Toneri lo había llevado a querer a demostrarle que era su verdadera esposa? Naruto era muy competitivo, posesivo, defendía su territorio. La había mantenido atrapada como a una mariposa, a quien había impedido el vuelo durante cinco años, pero en el momento en que ella había podido escaparse y levantar sola el vuelo sin previo aviso, había querido establecer un desafío. No había podido soportarlo. Y si le contaba la verdad, ¿perdería Naruto su interés en ella? De pronto Hinata se sintió incómoda ante esa realidad. No le parecía muy conveniente jugar con una persona como Naruto.
- Esto es para ti – le dijo él extendiéndole una caja ante sus ojos.
Cuando la abrió le encandiló el brillo del zafiro y el diamante que formaban el hermoso anillo.
- Es exquisito – atinó a decir ella, con cierta timidez, y luego por fin, se atrevió a mirarlo.
- Es un anillo para la eternidad...
- Sí, lo sé – dijo ella haciendo esfuerzos por no llorar de emoción.
- ¿Por qué estás tan impresionada? Es un regalo simplemente. Bebe tu vino antes de que se caliente – la incitó Naruto.
Él sabía perfectamente por qué ella estaba tan asombrada. Naruto jamás le había comprado un regalo. Nunca le había dado más que dinero. Incluso en las Navidades y cumpleaños no le había regalado más que dinero. Había ingresado cuantiosas sumas en su cuenta, pero jamás le había dado nada para desenvolver. Y todas las joyas se las había comprado ella. Muchas veces en las cenas que preparaba, le preguntaban por alguna pieza especialmente bonita, y ella decía que Naruto se la había regalado, pensando en que efectivamente el dinero era de Naruto, pero sabiendo que no era del todo cierto lo que decía. Y el recuerdo amargo de otro tiempo en ese momento le dio ganas de llorar.
- No lo quieres – afirmó él con una actitud hostil, que la sorprendió.
- ¡Por supuesto que sí! – dijo ella poniéndoselo junto al anillo de boda rápidamente, en la sospecha de que si no lo hacía en cualquier momento se lo quitaría y lo arrojaría al mar.
Naruto aflojó la tensión del rostro. Ella entonces se dio cuenta de que a él también le inquietaba la situación, y de que se sentía culpable de esos terribles años de regalos impersonales.
- Mi padre solía regalarme dinero también. Y nunca esperé otra cosa de él. La única vez que me hizo un regalo...
- ¿Fui yo? Y yo no fui un regalo propiamente dicho, ¿no? – dijo él con una risa forzada y triste.
- Iba a decir que lo único que me regaló fue el escritorio de mi madre. Y ya sabes que no vale gran cosa. Es bonito, pero él no sentía nada especial por ese mueble. De hecho estaba en el ático, y lo tuvo que hacer restaurar, pero él dijo... ¿Sabes lo que dijo? – terminó ella con entusiasmo.
- ¡No me interesa en lo más mínimo! – dijo él con impaciencia, y una sombra que expresaba intensas emociones.
Naruto se acercó a ella para que le prestara atención.
- Lo que quiero decirte es... - dudó Naruto -. ¡Dios! ¡Desearía no haberme pasado cinco años siendo un cerdo, y un arrogante, haciéndote pagar lo que Hiashi hizo conmigo! ¡Aunque ahora no veo las cosas de ese modo! – Naruto daba golpecitos nerviosos en la muñeca de Hinata, expresando lo difícil que le resultaba admitir esos sentimientos y simplemente no podía pensar en el escritorio del que le hablaba ella.
- Ahora comprendo tu manera de comportarte en todo ese tiempo...
- Tú tenías diecinueve años y estabas encaprichada conmigo...
Ella bajó la vista y bebió el vino.
- Y creo que entonces también tuve la vaga idea de que eras inocente y de que no sabías nada del chantaje de tu padre. Podría haber sido más amable. Tú eras casi una niña. Eras más inocente de lo que es actualmente Ino. Cuando te veo ahora, veo cosas que no quise ver hace cinco años.
- Eso no importa ahora...
- Debo haberte hecho mucho daño.
- Sí. Pero ya lo he superado – Hinata forzó una sonrisa inestable. Se sentó de rodillas y alargó la mano hasta la caja de la comida para desenvolverla -. ¿Qué quieres comer?
- ¿La comida? – Explotó Naruto.
Se acercó a ella y, sujetándola fuertemente y tomándole la cara entre sus manos, le dijo:
- Olvídate de la comida – le dijo Naruto algo enfadado. Pero también empleaba un tono de disculpa y deseo.
Y olvidó rápidamente la comida, tan pronto como él acercó la boca a la de ella. Hinata perdía el control en sus brazos. Le deseaba una pasión que la consumía. No se trataba de una seducción de los sentidos, sino de un asalto repentino, en el que se despojaban de la ropa en un acto desesperado. La excitación se abrió paso, borrando todo, excepto la necesidad que tenía del cuerpo de Naruto.
Hinata echó la cabeza hacia atrás cuando él se dispuso a recorrerla, con gemidos de placer y satisfacción. A partir de ese momento no hubo más que sensaciones, alcanzando juntos el éxtasis. Y finalmente la dejó en una quietud casi sobrenatural.
Naruto le dijo algo en griego abrazándose a ella.
- ¿Te he hecho daño? – preguntó él entonces.
La había sorprendido una vez más. Hinata entonces le recorrió la espalda morena con su mano, en un gesto que también indicaba posesión. Pero era evidente que Naruto siempre la sorprendía, dentro y fuera de la cama.
- No – dijo ella sonriendo.
- ¡Dios mío! Podría estar aquí todo el día – dijo él, y se giró con ella encima -. Cada vez que te miro estás más hermosa, agape mou. A los diecinueve parecías un ángel, pura, inmaculada. Ahora eres una mujer, con los labios hinchados de mis besos, tu pelo hecho un lío – murmuró él entusiasmado -. Pero todavía me quitas el aliento.
- ¿Si?
- ¿Y todavía lo dudas? La última vez que hice el amor en la playa era un adolescente – la incorporó al mismo tiempo que él se levantó, y con una sonrisa burlona le dijo - Ahora comamos.
Toda su tensión se había ido. Había dicho todo lo que necesitaba decir. Había mostrado arrepentimiento por todos esos cinco años. La culpa lo había golpeado por fin. Y era ahora cuando comprendía que no sólo él había sido la víctima de Hiashi. Hiashi había podido prever que Naruto guardaba rencor a su hija y se sentiría una terrible amargura por ser obligado a casarse. Y seguramente también había calculado que tendría otras mujeres. Pero de lo que no se había preocupado en absoluto era de que ella fuese feliz. Sólo le había interesado un marido poderoso y rico.
- ¿Por qué estás tan seria?
- Estaba pensando en Hiashi.
- Dondequiera que esté, se debe estar riendo como una hiena ahora mismo. Aquí estamos, haciendo lo que él quería que hiciéramos, y tarde o temprano seguramente también tendremos un hijo...
- ¿Un hijo? – Hinata no podía creerlo.
- Sí, una de esas cosas rosadas, que se pasan el día llorando y que requieren bastante práctica en sus cuidados. Hay gente a la que les gustan mucho. Pero tal vez a ti no te gusten.
- Sí, me gustan. Sólo que no se me había ocurrido pensarlo – realmente no lo había pensado, pero en ese momento la idea le gustó.
Naruto la rodeó con sus brazos, y la abrazó.
- Tal vez el año que viene – le dijo él con una sonrisa que premiaba la respuesta afirmativa de ella.
- Sería un problema para ti si rechazara esa idea, ¿no? Teniendo en cuenta que estás obligado a estar conmigo...
- ¿Es eso lo que piensas?
- Es la verdad, ¿no es así? – Hinata deseó no haber hablado, porque temió que la felicidad de los días pasados se desvaneciera.
-Nuestro matrimonio será lo que nosotros hagamos de él – se dio la vuelta, y la colocó entre sus muslos. Entonces la miró intensamente y le dijo éndelo. Acéptalo. No mires atrás.
Entonces la besó, y le sirvió vino y le ofreció comida. Pero ella no tenía hambre realmente. Lo observaba atentamente, y por primera vez fue optimista acerca del futuro juntos. Si él podía olvidarse del pasado ella haría lo mismo. Y tal vez lo primero que debía hacer era contarle la verdad sobre Toneri.
- ¿Naruto...?
En el mismo momento en que ella se disponía a hablar alguien desde la casa llamó a Naruto. Éste se puso de pie en un salto, y con enfado dijo:
- ¡He dicho que ninguna llamada, ninguna! ¡Ninguna interrupción!
Entonces el criado se acercó y le respondió:
- Es urgente.
- ¡Espero que sea muy urgente! Quédate aquí...espérame – le dijo a ella en un aparte.
Lo vio alejarse por el sendero que iba hacia la casa. Hinata se sirvió unas fresas del almuerzo. Miró su anillo desde todos los ángulos, y de pronto se sintió eufórica. Aunque sería un esfuerzo contarle la verdad sobre Toneri cuando regresara. Porque el sol le había dado sueño.
La despertó un ruido. Estaba sobresaltada, desorientada. Vio un helicóptero en el cielo, colgando como un pájaro gigante negro. Un momento después estaba atravesando la bahía. Se quitó el pelo de la cara y miró el reloj. Había dormido un par de horas y Naruto no había vuelto.
Recordó entonces la llamada telefónica. Al menos ella habría creído que había sido una llamada telefónica urgente. Descubrió las medias a un costado y se las puso sonriéndose y se acomodó el vestido arrugado. Cuando llegó a la mansión notó un silencio abrumador. Dejó las cosas del picnic a un costado. El personal parecía haberse esfumado. Sintió que algo no marchaba bien, era un presentimiento. Naruto estaba en su oficina mirando algo en su escritorio.
- Te has olvidado de mí. Pero te perdono – dijo ella bromeando desde el quicio de la puerta.
Él levantó la vista y la miró con ojos de hielo. Hinata sintió que la pulverizaban. Y supo que su sexto sentido no la había engañado. Él la escudriñaba con el gesto grave, reprimiendo una rabia que se le escapaba en la mirada, intimidándola como él lo sabía hacer.
Hinata se puso pálida.
- ¿Qué ocurre?
- ¿Cómo lo sabes? – preguntó él con ira contenida.
- ¿Qué es lo que ocurre? – preguntó ella con ansia.
- Ven aquí. Tengo algo que mostrarte.
Sobre el escritorio había una colección de fotos. Hinata se acercó a ellas y se inclinó para verlas bien. Sintió vértigo en el estómago. Hubiera querido morirse. En las fotos estaba ella con Toneri.
No podía creerlo. Miraba una tras otra como para convencerse. Toneri y ella caminando por una calle llena de gente, besándose en un pub, abrazados a la entrada de otro establecimiento, sonriéndose. Se le debilitaron las piernas. «¿Por qué ahora? », hubiese querido gritar. ¿Por qué en ese momento que eran tan felices?
- ¿De dónde han salido? – dijo ella.
- ¿Sabías que tenías a un fotógrafo detrás de ti?
- No.
- ¿Sabes lo que vale en el mercado una foto de mi mujer con otro hombre?
Hinata miraba a la nada, sin poder reaccionar. A pesar de las precauciones que había tomado, la habían reconocido y le habían tomado fotos. Y ella ni siquiera lo había sospechado.
Naruto habló de una suma extraordinaria y se quedó como esperando alguna respuesta de parte de ella. Pero Hinata no podía pensar ni hablar.
-Esta foto ha sido ofrecida a la prensa. Si el dueño del periódico no hubiese sido uno de mis amigos más íntimos y su editor no se hubiese dado cuenta, ¡las hubiesen publicado!
- Las has comprado...
- ¡Eres mi esposa! ¿Qué iba a hacer? – gritó él con furia.
- ¡Deja de gritarme! – dijo ella desesperada -. Lo lamento, no he podido evitarlo. Y además lo de Toneri terminó. ¡Terminó cuando volvimos a Londres! Debería habértelo dicho antes.
- No mientas – la interrumpió.
- No miento. Terminó hace tiempo.
- ¡Serías capaz de decirme cualquier cosa con tal de protegerlo! – dijo él dando un golpe sobre las fotos, tensando las facciones en señal de disgusto.
- No me estás escuchando. No me crees.
- Da igual. ¡Nunca me han humillado tanto!
¿Daba igual entonces su relación con Toneri? La idea de su matrimonio se venía abajo nuevamente. Había sido estúpida ilusionándose. A Naruto sólo le importaba su imagen pública, su honor de macho humillado. Mientras él se había mostrado con todas las mujeres que le había apetecido, ella no tenía derecho a nada. Debía tener una conducta irreprochable en ese sentido.
Se sentía mareada. Lamentó haberse sentido culpable y haber sentido necesidad de pedir disculpas a Naruto. Su deseo había sido no causar más daño a la relación entre ellos, pero ahora Naruto había demostrado que su matrimonio era vacío, al menos por parte de él.
- ¡Si para ti esto es una humillación, es que has tenido una vida fácil! – dijo ella.
Él se quedó quieto, sin poder creer lo que oía.
- Yo he vivido cinco años de humillaciones. Todo el mundo sabe lo que tú valoras tu matrimonio, Naruto. De eso te has asegurado muy bien. Pero cuando las cosas ocurren del otro lado se trata de una ofensa inadmisible. Alégrate de tener los contactos y el dinero para impedir su publicación. Yo no contaba con ellos – dijo ella en un rapto de dignidad -. Y tuve que soportar las miradas de lástima de tus invitados en las cenas que organizabas...
Naruto se puso blanco.
- Yo no me consideraba casado.
Hinata miró nuevamente las fotografías, y respondió.
- Yo tampoco...
- Eso es diferente – siguió Naruto irracionalmente, llevado de la ira.
- Sí, yo fui más sensible – dijo ella con lágrimas asomando a sus ojos, pero reprimiéndolas al fin -. Y más cobarde también como para hacer algo. Pero no voy a agachar la cabeza como si fuera una pecadora y tampoco voy a decir «lo siento».
- Theos mou... – dijo él en griego con los puños apretados.
- Porque no lo siento. De hecho me hubiese gustado que tu amigo las publicase para que supieras lo que es la humillación durante un par de semanas. ¡Lo que yo he tenido que soportar durante cinco años! – le gritó e un arranque de rabia y desesperación -. ¿Te sorprende Naruto?
- Tú, desgraciada...
La miró con impasividad, como si todos sus sentimientos hubieran desaparecido de pronto.
Ella continuó.
- Pero es algo natural en los hombres, es algo que las mujeres no podemos comprender – dijo ella recordando las palabras de él, y hubiese querido callarse, pero descubrió que no podía frenar su deseo de hablar -. Sólo hice lo que tú, pero más tarde que la mayoría, como dijiste. Eso sí, no he sido tan retorcida como tú, justificándome, ni haciéndolo para hacer daño a nadie ni humillarlo.
Naruto se dio la vuelta en silencio y se marchó, dejándola sola, temblando y dolorida en su interior. Se preguntaba de donde le habrían salido sus palabras. Pero supo que desde dentro de su ser. Tantos años aguantando la amargura y la pena, habían desembocado e esa explosión.
Naruto se había sentido humillado. Algo muy grave para un griego que aún estaba en la época de las cavernas. Su apreciado honor, era lo que más le pesaba. Había esperado que le pidiera perdón a sus pies. Con menos no se hubiera conformado. Lo que menos esperaba era el desafío de sus palabras. Él se regía por unas reglas, pero ella debía regirse por otras.
Hinata se tapó la cara con las manos. Se sentía vacía. Había sido una tonta una vez más. Naruto no la había dejado abandonarlo, la había llevado a la cama, había desplegado nuevamente sus encantos sobre ella, y ella había vuelto a caer. ¡Y en realidad le importaba tan poco a él! Era muy doloroso saber que al hombre al que amaba no le importaba nada.
